21 de diciembre de 2022

Castellano

Mil quinientos veintiuno, y en abril para más señas, en Villalar ajusticiaron a tres capitanes comuneros. Se dio así fin a la revuelta castellana frente al futuro emperador de media Europa y rey de Castilla: Carlos I. Aprovecho los versos creados por Luis López Álvarez para conmemorar el levantamiento de las principales ciudades de Castilla contra las imposiciones económicas del monarca, al que todos veían con recelo tras criarse y recibir educación en Flandes. Porque hace bien poco se superó la redonda efeméride de los 500 años de tan señalada fecha. Sin embargo, la pandemia del Covid 19 dio al traste con todos los fastos que pudieron haberse celebrado y, sobre todo, revindicado por la merma poblacional y otros males que arrastra la vieja Castilla.

En consonancia con el importante aniversario, el escritor Lorenzo Silva publicó Castellano. Un libro que rememora los actos más importantes de la guerra de las Comunidades, a la par que el propio Silva expone su parecer de los mismos. Conviene aclarar que no se trata en ningún caso de una novela histórica, el escritor describe su parecer en este caso y decide obviar la libertad creativa que suelen componer las narraciones históricas. Más bien, Castellano es un elaborado trabajo que mezcla el relato histórico (con apuntes narrativos, críticos e idealizados por el autor) con una visión paralela del sentido personal del escritor hacía sus orígenes y otros aspectos importantes de la historia castellana. Como el iniciático héroe Fernán González, el mitificado Cid o las conquistas de los soldados del reino de Castilla en el Nuevo Mundo recién descubierto.

La lectura del libro se hace bastante amena gracias al buen hacer de Lorenzo Silva, sobre todo en el apartado histórico, al simplificar y ficcionar, en parte, el relato de los actos más importantes y valorar diversos puntos de vista. Los motivos de los insurgentes frente a los leales al rey. Claramente hay tendencia a inclinarse por el movimiento comunero, en especial por el toledano Juan Padilla y su esposa María Pacheco. A esta última reivindica en los capítulos finales por alargar la resistencia a lo largo de 1522, en un claro acto de justicia sobre una mujer que mantuvo el coraje de mantenerse firme en sus ideales y, por supuesto, propios intereses. También es cierto que valora los puntos de vista de un monarca que andaba alejado de los intereses puntuales y locales de Castilla. Seguramente más preocupado en extender su poder sobre Europa y acrecentar un ego personal, o más bien mística, al auparse en el monarca escogido por Dios y que debe hacer frente a la expansión del imperio turco por oriente. 

Un aspecto importante será observar cómo envejece Castellano. Por un lado, los capítulos meramente históricos quedaran ahí, bien resumidos y explicativos de los sucesos más interesantes. Sin embargo, la parte personal seguramente pueda perder fuelle. El interés de la búsqueda de la afinidad castellana de Lorenzo Silva es demasiado personal, una experiencia vital que recorre hacia sus antepasados salmantinos como a diferentes avatares de su vida en la ciudad condal. Además quedan los restos del covid y sus viajes a distintos lugares de Castilla junto a unas restricciones que a estas alturas del 22, quedan lejanas y hasta viejas pese a la cercanía temporal. Para ahondar mejor en la ambiciosa revolución de las ciudades castellanas, se recomienda explayarse en la tesis doctoral de Joseph Pérez: Los comuneros. La verdadera base del libreto de Silva y del que él mismo se siente deudor. 

Pese al olvido general de la efeméride, conviene destacar la aportación de los comuneros como precursores de las grandes revoluciones liberales europeas, pioneros en estas lides junto al ejemplar paralelismo que impone Lorenzo Silva en su libro, al destacar la aportación de otras notables figuras de la historia castellana como nación embrionaria de España, como Francisco de Vitoria, la locura de la conquista americana de Pizarro o la ejemplar referencia del libro de los libros: Don Quijote de la Mancha. Castilla, quien te ha visto y quien te ve.

Castellano
Lorenzo Silva 
Ed Planeta, 2021

12 de diciembre de 2022

Ninja Scroll: La piedra sagrada del dragón

A mediados de los 90 se publicó en España una colección de películas centrada en la animación japonesa (Manga manía) Más conocidos como animes y cuyos títulos, fascículos y demás parafernalia venían a cubrir el auge de esta animación, sobre todo en series televisivas. En una de las primeras entregas, o la primera directamente junto a Akira (la memoria empieza a fallar) estaba Ninja Scroll; una entretenida película dirigida y escrita por Yoshiaki Kawajiri y cuyo argumento nos trasladaba al Japón medieval para seguir los pasos de Jubei Kibagami, un samurái errante que pone su habilidad con la espada al mejor postor y que se verá inmerso en una complicada trama que busca derrocar al gobierno japonés. Sin embargo, la animación japonesa es muy dada a fantasear con las habilidades marciales, y para mayor gloria del espectáculo, desfasar a la hora de construir a los rivales del protagonista, en una suerte de guerreros con habilidades sobrenaturales y engendros monstruosos. 

Pero Ninja Scroll fue todo un éxito, cuya cinta ha terminado por convertirse en un film de culto y de referencia para los amantes del género. Y con el paso del tiempo, el mismo estudio de animación sacó adelante una serie de 13 episodios con vistas a rememorar la popularidad adquirida. La serie fue creada a principios del dos mil, al título de La piedra sagrada del dragón y con la colaboración del propio Kawajiri en los guiones. Nuevamente Jubei Kibagami se verá envuelto, sin quererlo ni buscarlo, en una trama donde el resultado final es hacerse con una antiguo tesoro y por el que pugnarán clanes rivales. Para lograr alcanzar tal meta, es necesario hacerse con una vieja piedra, a modo de joya, que posee poderes místicos y la colaboración de una sacerdotisa, que supuestamente desciende del linaje que poseía tal tesoro. Vista esta mera y simple presentación, ya se intuye que el protagonista se convertirá en el caballero andante de la dama ante los continuos intentos de los clanes rivales por hacerse con la preciada mercancía.

Un clásico: monstruos desproporcionados y tipas voluptuosas

Jubei recibirá el apoyo de Dakuan; el viejo espía con forma de monje vagabundo del filme anterior y de un joven ladronzuelo con escasa aportación para todo. En conjunto, formarán un grupo variopinto con la misión de salvaguardar a la joven sacerdotisa, que tampoco hace gran cosa salvo poner caritas. Lamentablemente, el devenir de la serie cae en un esquema demasiado repetitivo, básicamente el grupeto protagonista sufre la continua persecución de una amplia plantilla de monstruos, demonios y bichos de todo pelaje con la única misión de hacerse con la piedra y los servicios de la joven heroína. Lo curioso es que apenas hay formación de algún tipo de trama o elaboración. Más bien se da por bueno que todo acabe resuelto por Jubei, en plan western con un combate a muerte al final de cada episodio.

La mayor gracia consiste en ver que nueva fantasmada idean los guionistas para desarrollar al monstruo de turno, y que intente rivalizar con la espada del protagonista y su natural querencia a desmembrar miembros para regar con abundancia sangrienta la flipada de turno. El resto de personajes andan de relleno, sin apenas colaborar en algún capítulo concreto ni desarrollar algún tema paralelo que amplíe el simple horizonte descrito. Es una pena que la repetición constante del esquema, temas musicales incluidos, ande por encima de un desarrollo más elaborado, algo que debía darse siempre en una serie aunque uno sepa perfectamente que vende Ninja Scroll a estas alturas. La serie se deja ver sin mayores aspavientos, aunque su mayor merito sea estimular volver al film de los noventa.

Ninja Scroll: la piedra sagrada del dragón
Madhouse, 2003


17 de noviembre de 2022

La bestia humana

Había dejado algo olvidada la saga de los Rougon Macquart y era preciso recuperar su lectura; ahora que toca apurar el año por el escaso nivel de entradas publicadas en el blog. Y nada mejor que recuperar a Émile Zola, autor tan excelso en su narrativa como agotador cuando se explaya a gusto en las páginas de sus libros. Reconozco ser muy fan de un tipo que tenía una capacidad innata de merodear un mismo tema a lo largo de varias páginas sin que decaiga el interés de la lectura. La bestia humana tiene como protagonista principal a Jacques Lantier, uno de los hijos que tuvo Gervaise (la protagonista de La taberna) por parte de la rama familiar correspondiente a los Macquart. Señalar y recordar que este libro representa el décimo séptimo puesto de la saga, sin necesidad de guardar orden cronológico alguno, pues todos los libros son independientes. 

Jacques es un saludable y apuesto joven que trabaja como maquinista, sin embargo alberga un mal enfermizo y mental, una especie de arrebato monstruoso que le lleva a dejarse arrastrar por un arrebato criminal desde que era bien joven. 

Así como otros, al despertar de la pubertad, sueñan con el deseo de poseer una mujer, él se excitaba ante la idea de matarla.

El accidente de La Croix de Maufras

Conocedor de su propio mal, Jacques opta por aislarse y dedicarse con esmero a su profesión, otorgando a su propia locomotora (bautizada como Lison) la atención y los mimos propios que se dan entre amantes. Pero en esta novela, el crimen, las taras mentales y hasta la destrucción recorren de manera férrea a casi todos los personajes que se atreven a relucir sus cabezas. Sin quererlo y al veloz paso de un tren de viajeros, Jacques es testigo fugaz de un asesinato cometido por el matrimonio Roubaud, cuyo marido se ha dejado arrastrar por el embrutecimiento de los celos al degollar a una importante figura empresarial. La investigación policial apenas logra avanzar ante las dudas del principal testigo. Un Jacques que no puede afirmar con certeza los rostros de los asesinos, mientras alrededor del matrimonio se crea una incomoda atmósfera de sospecha y de intriga por ser descubiertos, motivos suficientes para querer ganarse las simpatías de Jacques.

A partir de ahí, el interés aumenta cuanto mayor sea el enredo, porque la supuesta amistad termina por sobrepasar cierto limite, al entregarse la mujer de Robaud, Severine, a los afectuosos brazos de Jacques. Estos amoríos sirven de modelo para tentar al mal que subyace en el interior de Jacques frente a la realidad del crimen cometido y la necesidad de buscar consuelo por parte de ella. Una presión moral que sirve de vía de escape para Severine; de su aventura obtiene un desahogo necesario, incluso feliz, al proyectar planes de futuro gracias al amor correspondido que permite dar rienda suelta a la confidencia de los remordimientos, mientras ella sacia la curiosidad de su amante.

-Es una cosa horrible, le parece a uno que vive en otro mundo, ¡oh, tan lejos, tan lejos! Viví más en aquel minuto que durante toda mi vida pasada. Severine

La relación entre la pareja ocupa gran parte del texto, en un largo desarrollo, propuesto por Zola, para elaborar con mimo los pasos dados por los recién enamorados y el modo de afrontar los problemas que deben superar. Porque a escondidas siempre es más difícil y encima si toca sortear la moralidad de la época.

Una observación moderna podría interpretar la narración con una especie de thriller, al aunar un peligroso triangulo, donde la posibilidad de cometer un nuevo crimen anda enredado entre la enfermiza necesidad del protagonista, los intereses privados de los personajes y los arrebatos humanos. Sin embargo, Zola se reserva la idealización de los planes junto a los posibles remordimientos en aspectos más realistas. De ahí la descripción minuciosa de los actos y pensamientos de los protagonistas, por donde se maneja bien a gusto. Tampoco hay que olvidar que la muerte violenta circula libremente en toda la novela. Es un trayecto cerrado, sin vía de escape sobre los escenarios principales y expuestos en la novela. Desde la ciudad de El Havre; en especial la estación de trenes y las cercanas viviendas de los trabajadores, hasta París, principalmente el pequeño barrio obrero donde retiene Zola a sus personajes. A medio camino surgen otros personajes; junto a una apartada vivienda de campo, habita un guardagujas y su familia, figuras importantes en el desarrollo de la historia por su relación e implicación con los protagonistas. 

Seguramente, el grueso de La bestia humana podría haberse reducido sin necesidad de martillear al lector mediante el periódico tesón de hilar frases descomunales. Tal contundencia sobresale en la novela, a pesar de caer en la temida reiteración centrada en la pareja protagonista y la descripción de sus diferentes fases. Pero Zola mantiene el tipo con maestría, a pesar del habitual machaque que somete a sus personajes, no impide que el lector pueda sentir empatía por ellos. Da igual que estos sean enfermos, asesinos, mediocres o borrachos. La sociedad que representa anda embarcada en la habitual búsqueda de la felicidad, que la logren o mejor aún, que Zola les deje, ya es otra cuestión.

La bestia humana

Émile Zola
Capitán Swing libros. 2010

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Historia natural y social de una familia bajo el segundo imperio.
  • La fortuna de los Rougon (1871)
  • La jauría (1871)
  • El vientre de París (1873)
  • La conquista de Plassans (1874)
  • El pecado del Abate Mouret (1875)
  • Su excelencia Eugène Rougon (1876)
  • La taberna (1876)
  • Una página de amor (1879)
  • Nana (1880)
  • Miseria humana (1882)
  • El paraíso de las damas (1883)
  • La alegría de vivir (1884)
  • Germinal (1885)
  • La obra (1886)
  • La tierra (1887)
  • El sueño (1888)
  • La bestia humana (1890)
  • El dinero (1891)
  • El desastre (1892)
  • El doctor Pascal (1893)


28 de octubre de 2022

Tiempo de victoria: la dinastía de los Lakers

Era un crio, pero al menos llegué a tiempo para ver el final de la dinastía de Los Angeles Lakers en la década de los 80, de cuando el segundo canal de televisión española retransmitía partidos a horas intempestivas los viernes por la noche. Y curiosamente, yo siempre iba con los Pistons. Los míticos Bad Boys que se empeñaron en apartar de la cumbre deportiva la enorme rivalidad dada entre las dos franquicias más exitosas de la NBA: Boston Celtics y Los Angeles Lakers. Un choque del que bebe esta producción televisiva, partiendo de base en el libro de Jeff Pearlman, Showtime. Y en 2022, llega la serie televisiva bajo el paraguas de la plataforma HBO para mostrar un producto meramente americano; pero expandido a nivel mundial por encima de otros deportes de mayor calado en USA. La década de los 80 vino a relanzar este deporte a nivel global, gracias en buena medida al estilo de juego espectáculo mostrado por el equipo californiano.
La sonrisa de la nueva era - HBO
Y a la hora de marcar las pautas, los creadores de la serie, Max Borenstein y Jim Hecht optan por la diversión, por la exuberancia, el exceso y el no va más. Porque vienen buenos tiempos para los Lakers; con la elección del rookie de la eterna sonrisa como nueva incorporación y con la rocambolesca compra de la franquicia por parte de un desenfrenado empresario. Puede decirse que la alegre figura de Magic Johnson y el empresario jeta Jerry Buss, son las principales bazas protagonistas de una serie cuyo tono opta por el libertinaje a la hora de transformar hechos reales para adaptarlos bajo el paraguas de la ficción en una temporada deslumbrante.

Un buen cóctel regado bajo el sol de California, que ayuda a la hora de extender ese entusiasmo a lo largo de 10 capítulos bajo una estructura similar: como la tradicional manía de despedazar el montaje en múltiples planos y puntos de vista diferentes. Un modelo de contar las cosas muy dado en los últimos tiempos y que en esta ocasión aprovechan para incorporar diferentes texturas de la imagen; seguramente buscando un toque ochentero, como cuando las televisiones de la época parecían incapaces de retener el color. También destaca el abultado grano del súper 8, la inclusión de imágenes de la época complementarias en plan documental o señalar mediante textos a personajes reales. Dentro de esa exageración, sobresale la particular manía de dirigirse al espectador, un clásico recurso teatral que invita a exponer el discurso de marras por parte de sus protagonistas y del que se abusa en exceso.

La serie anda sostenida con holgura por un amplio abanico de personajes, allí donde el dinero invertido está plenamente calibrado para relucir el resultado final. Para empezar, cuenta con un elenco de actores reconocidos: John C. Reilly, Sally Field, Adrien Brody… con otros actores debutantes, o menos conocidos, que han sido escogidos con mimo en el casting de turno para cuadrar sus interpretaciones mediante un parecido físico con los protagonistas de la época. Sin embargo, la aparatosa parafernalia de la narración devora parte de las tramas. Es cierto que va en línea con los tiempos veloces y el exceso de información de hoy día, pero también se corre el riesgo de pasar rápidamente, entre tanta imagen, que la serie caiga en el fatal pozo del consumo de usar y tirar. También es cierto que la ayuda extra de la heroicidad deportiva, eleva la emoción del visionado por la emoción del resultado y de las dificultades que ofrecen los rivales. El otro gran debutante, Larry Bird y el equipo de los Boston Celtics, aparecen señalados como los antagonistas de presumibles temporadas futuras. Siempre se es más grande cuando tu rival está a una altura similar o mayor.

Pero la trama humana, recargada por los guionistas, termina por ser engullida por la constante actividad del relato y la brusca solución de cobijarse en el humor. El mayor exponente se da en la secundaria figura de Jerry West, interpretado por Jason Clarke; un personaje retratado de una manera tan desmesurada, que tal vuelta de tuerca termina por ser una jodida caricatura. Sin duda ése es el gran problema a resolver. Dejar espacio al espectador, entre tanto envoltorio, para disfrutar de una época deslumbrante: la transformación del equipo NBA más llamativo y conocido del mundo frente a un desarrollo argumental de mayor peso que la mera exposición del entretenimiento. Falta mayor desarrollo entre tanto salto continuo. El triunfo de los creadores está dirigido al espectáculo, el cual siempre debe continuar. La serie no falla en ese sentido.

Tiempo de victoria: La dinastía de los Lakers
HBO, 2022

21 de octubre de 2022

Pleasantville

Hacia 1998 debutaba en la dirección Gary Ross, uno de tantos acertados guionistas que con el tiempo, terminan por dar el paso a la dirección. Y Pleasantville es su logrado estreno, una entretenida cinta que transportaba, de manera mágica, a un par de hermanos de los noventa al interior de una serie de televisión de los años 50. A pesar del fantasioso traslado a ese especie de universo paralelo, la película trata del conflicto que acarrean los cambios; sobre todo si la rutina diaria se ve corrompida por algo nuevo que trastoca una sociedad herméticamente acostumbrada a lo cotidiano y que consideraba normal. Esta oposición no tiene que ser necesariamente buena, ni mejor, simplemente, expone un cambio donde la libertad de elección individual choca frente a quienes se consideran legitimados a mantener un único punto de vista.

En ese viaje al interior de la serie televisiva, los personajes deambulan en un idealizado lugar donde todos sus habitantes son felices y ni siquiera se plantean la posibilidad de ver qué hay más allá de la calles ficcionadas de su particular universo. Un recurso interesante es el uso del blanco y del negro asociado al pasado y que representa el mundo de la serie tal como se exhibía en televisión. Rápidamente, la pareja protagonista toma conciencia de su extraña aventura y empiezan a trastocar el ideal mundo de sus vecinos. Especialmente Sue (Reese Whiterspoon), menos dada a disimular una personalidad que desconoce y bastante alejada de su propia forma de ser. Su hermano Bud (Tobey Maguire), es un fiel seguidor de la serie e intenta por todos los medios evitar trastocar el modelo de vida de los habitantes de Pleasantville.

Maravilloso contraste
Sin embargo, todo cambia cuando se interactúa con otras personas y tanto Bud como Sue tienen ventaja sobre unas personas acotadas en su forma de vida. Con el impulso de los jóvenes, surge la necesidad del cambio, del despertar y salir de la mitológica caverna platónica para descubrir un mundo con mayores posibilidades en el exterior. Por ahí destaca la mano de Ross a la hora de desarrollar a unos personajes que logran encontrar mayores ambiciones, deseos y vocaciones personales. Una evolución interesante que toma mayor relevancia cuando pequeñas notas de color resaltan los cambios alcanzados en Pleasantville y juegan maravillosamente con el contraste entre los habitantes coloreados frente a los que todavía se mantienen en escala de grises.

En EEUU, ese arrogante país acostumbrado a dar lecciones de libertad y milongas varias al resto, contiene bastantes lagunas negras en su corta historia como nación. Como la persecución, a mediados de los 50, a todo ciudadano sospechoso de mantener ideales comunistas. Curiosamente, el padre de Gary Ross, cuyo oficio también destacó en la escritura, pasó a engrosar las listas de sospechosos por sus ideales en la conocida etapa de la caza de brujas desatada por el senador McCarthy. Una pequeña cruz que de seguro alentó al joven Ross a la hora de elaborar este guion y derivar cierta denuncia y exposición del peligro que supone cuando algunas instituciones, o personas relevantes, se erigen en guardianes de un único punto de vista. Y cuidado con quien se salga de una línea señalada porque será denunciado, señalado y otros ejemplos dados en la historia moderna.

A pesar de tener unos mimbres elogiables y de obtener el favor de la crítica, Pleasantville fracasó en taquilla. Con el tiempo, la película ha ido ganando adeptos, al formalizar con creces el tonto consuelo de cumplir con el mero entretenimiento. Sin duda, se quedó con ganas de aspirar a algo más, lastrada mediante una floja resolución, demasiado yanqui buenrollista que la hace perder fuelle frente a un desarrollo mucho más interesante. En parte es una pena que falle en la gestión final cuando el resto del viaje logra alcanzar un entretenimiento tan sencillo como original.  


Plesantville
Gary Ross, 1998
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14 de octubre de 2022

Orient-Express

Fue uno de los trenes más famosos de Europa y cuyo recorrido conectaba diversas ciudades europeas con el exótico destino de alcanzar las puertas de Oriente. Su origen se remonta a finales del siglo XIX, hasta que su trayecto fue finiquitado a principios del XXI. Cosas del auge de los vuelos económicos y la competencia de los trenes de alta velocidad. Pero en medio de ambas centurias, el Orient-Express tuvo su apogeo a lo largo del siglo XX como medio de transporte, especialmente en su primera mitad. 

Gracias al atractivo que siempre deriva un viaje, la literatura y otras artes, han recabado parte de sus historias en los vagones de esta mítica línea. Y también la económica gracias a la modas elitistas. Seguramente, el Asesinato en el Orient-Express de Agatha Christie, sea la obra más conocida. Sin embargo, otro autor británico, Graham Greene, se adelantó por poco en orientar una historia particular con el viaje férreo como escenario principal. De hecho, es una de las primeras obras de Greene, siendo su primer gran éxito comercial sobre un escritor que alcanzó el reconocimiento mundial a lo largo de su trayectoria con libros como El poder y la gloriaEl tercer hombre o El americano impasible. Títulos reconocidos y llevados al cine, como el mismo libro que abarco en esta misma entrada. Aunque hoy día, su título más conocido es El tren de Estambul, he querido respetar la titulación del libro editado en 1968. 

En la novela se propone un entramado relato coral que toman el tren con destino a Estambul. Destacan en primer lugar, un adinerado empresario de origen judío, una bailarina de cabaret de camino a un nuevo trabajo y el enigmático doctor Czinner. Éste último acarrea la atención del lector, al tratarse en realidad de un antiguo líder revolucionario que pretende regresar a Belgrado desde el exilio para encabezar una planeada insurrección. 

Estaba en una situación similar a la de una casa deshabitada que nunca podría ocuparse, debido a que antiguos fantasmas acudían a veces a morar en las habitaciones. Y él, el propio doctor Czinner, era el último fantasma. Sin embargo, a veces le parecía , porque la experiencia se lo había enseñado, que un espectro, puesto que podía sufrir, podía volver a la vida.

Sin embargo, su figura será reconocida por una ambiciosa periodista en Múnich, quien se instalará en el tren a la caza de una posible exclusiva periodística. En la capital austriaca también se incorpora Josef Grünlich, un profesional del latrocinio que presume de su buen hacer y de no haber sido cazado nunca por sus trabajos.

En toda esa coctelera de personajes, se incluyen también algunos secundarios que dan vida al viaje y suman al grueso del texto expuesto por Greene en los vagones y a lo largo de las paradas. Conviene destacar la manera pausada, pero constante de desarrollar los textos y la forma que tienen de relacionarse todos los implicados. Esta es una de las particularidades de Greene, autor que no tiene ninguna prisa por presentar convenientemente a sus personajes principales y a los que dedica una extensa introducción. No hay prisa ninguna cuando se trata de un viaje de varios días. Porque una vez que estén dentro todos los implicados, surgen las clásicas relaciones entre personajes, la interacción necesaria entre personas de las cuales surgen diversos sentimientos, tanto cercanos como encontrados. Ya dependerá de cada uno si traga la elaboración del menú. Lógicamente, las expectativas sobre Czinner arrastra la mayor atención del lector, pues su viaje conlleva una acción violenta que puede echar por tierra la impertinencia de una periodista. Recordar en este momento que el contexto histórico anda situado en período de entreguerras, cuando la inestabilidad política andaba encabezada por ideales enfrentados.

Con todo, la novela recorre tranquilamente un itinerario dividido en capítulos que concuerdan con diversas paradas importantes. Momento adecuado para el habitual cierre de algún tema concreto y alguna nueva incorporación, mientras el desarrollo conjunto abre nuevas posibilidades que empujan a continuar la lectura. Greene destaca el factor humano, las relaciones entre los personajes y las tiranteces que se crean entre ellos. La lectura puede resultar lenta, de hecho lo es, y hasta pesada si los acontecimientos que narra a veces resultan superfluos cuando con la avidez del lector del siglo XXI anda a la espera de mayores momentos de acción. Estos andan reducidos en favor de una intriga recluida en favor de la palabra, en los trapos ocultos de cada personaje y en las diferentes oportunidades que se crean mientras el tren continua su viaje en el tiempo, indiferente a las menudencias de los protagonistas y la transformación que todo viaje pueda aportar a cada uno de los personajes. El alcance del recorrido individual depende de cada uno. Como en toda aventura.


Orient-Express
Graham Greene 
Ed GP, 1968, Colección Reno



30 de septiembre de 2022

American Beauty

Tiene que ser toda una experiencia poder fardar de un estreno cinematográfico que, posiblemente, se convierta en la mejor película de la filmografía de su director. El británico Sam Mendes lograba triunfar en su debut de 1999 en todas las facetas posibles: crítica, público, taquilla y hasta en el codicioso reconocimiento de los premios. Incluidos cinco Óscars de la academia americana (película, dirección guion, fotografía y actor principal) Y es que American Beauty puede considerarse un clásico moderno sobre el retrato de una familia de clase media alta americana. La típica que llevamos observando y consumiendo en medios televisivos, mediante series de mayor o menor calado, y que vienen a demostrar, o a vender más bien, el triunfo de vida americano con viviendas unifamiliares ubicadas en barrios residenciales, el habitual cuidado de sus jardines, vecinos encantadores y mascotas perrunas.

Sin embargo, la gracia del filme radica en la caída de ese modelo triunfalista, cuando el núcleo familiar anda en descomposición. Un clásico simplista sería achacar a la cacareada crisis de los cuarenta para explicar la deriva que toma el actor protagonista y que a la vez es el narrador de la película. Porque Lester Burnham (Kevin Spacey) anda desorientado a sus 42 años, perdido en su propia mediocridad y vida rutinaria. Pero el resto de la familia también cobra su cuota de protagonismo a lo largo del filme. Su mujer, Carolyn (Annette Benning), también arrastra sus propios problemas derivados de su ansía de triunfo laboral y la estúpida moda de aparentar un modelo de vida equilibrado ante los demás. La necesidad de figurar dentro de un canon que viene marcado por la sociedad, afecta también a la hija de ambos, una adolescente que acumula las preocupaciones propias de una edad que busca reconocerse y ubicarse.
Idilio familiar
El punto de partida para abandonar el vacío existencial dado por Lester proviene de dos puntos distantes. En primer lugar por una atracción obsesiva hacia una amiga de su hija junto a la posibilidad de perder su trabajo, al tener que presentar un informe que demuestre su valía dentro de la empresa. Tales acontecimientos empujan al bueno de Lester a la búsqueda de la añorada felicidad, aquella que andaba oculta entre objetos materiales y modelos de vida acorde a su posición social. Para apoyar estos cambios, vienen a sumar a la causa una nueva familia en el barrio: los Fitts. Éstos están compuestos por un retirado y estricto militar como padre, una madre en estado medio vegetativo y un hijo que toma mayor partido en la película como traficante de marihuana y al establecer una relación sentimental con la hija del matrimonio protagonista.

Curiosamente, las salidas que van tomando los protagonistas para solventar sus problemas andan encaminadas en la parte contraria de lo que supuestamente querría vender el triunfal estilo occidental. Al fin y al cabo toda sociedad esconde bajo el paraguas del disimulo los pormenores de la diversión: drogas, sexo y rock and roll. El verdadero motor de la diversión contenida que propone el guionista Alan E. Ball, el artífice de la mala leche que va acumulando una película en un claro formato teatral, donde brillan unos actores en estado de gracia y lengua afilada. La incorporación de algunas escenas sacadas de algún paréntesis surrealista tiende a enmarcar la buena dirección de Sam Mendes, ahí donde cabe destacar el apoyo inconfundible de una BSO reconocible a pesar del tránsito de los años. 

A día de hoy y gracias a la pandemia, la necesidad de cuidar la salud mental ha ido ganando adeptos derivado por los graves problemas mentales que se han ido incrementando ante la angustia vivida por un enemigo silencioso y que ha trastocado nuestro nivel de vida en los últimos tiempos. Curiosamente, la ayuda médica, farmacéutica o el clásico diván andan excluidos del filme de Mendes, porque siempre es más divertido observar el despropósito en el que se embarcan los demás. Los integrantes de la modélica familia buscan orientar sus vidas en una huida hacía adelante que logra sacar al espectador una sonrisa necesaria, al menos durante las dos horas que dura un estreno singular, gratificante y siempre necesario. 

Sam Mendes, 1999

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22 de septiembre de 2022

Lo peor de todo

Han caído algunos años desde la primera lectura del debut novelero de Ray Loriga; a ojo calculo que fue a mediados de los noventa, y aunque después hubo repetidas ocasiones en las que releí esta novela, la percepción que dejó en su día se ha trastocado con el paso del tiempo en esta nueva visita. Un cambio que adormece el espíritu cómplice que se creaba con el personaje protagonista de Lo peor de todo. Porque por aquel entonces había más similitudes a la hora de enunciar una novela corta con claros tintes terapéuticos y autobiográficos, sobre todo a la hora de compartir inquietudes en una especie de repaso vital que parte desde su tierna infancia hasta el mal paso dado hacia la madurez. Ese áspero tramo que tiende a buscar algún tipo de sentido que permita al narrador ubicarse en la sociedad que le rodea. Similitudes varias si compartes edades parecidas a la hora leer esta novela. 

Para evitarse problemas con sus seres queridos, el protagonista oculta sus nombres en meras mayúsculas, como cuando se refiere por ejemplo a su novia: T, por otro lado, apenas tiene miramientos en dictar a otras personas de corrillo. Como si estuvieras en el colegio y el profesor de turno pasara una lista constante que permite memorizar nombres y apellidos gracias a la continua repetición que se da a lo largo de los años. Toda una contradicción frente a la cautela más personal. Sin embargo el propio protagonista esconde su propio nombre y lo sustituye por el apelativo de Elder Bastidas, apropiándose tal título al leer la placa de un tipo que pertenecía a una secta religiosa.


Ray Loriga debutó con esta obra a una edad bastante temprana, con unos veintipocos si mal no recuerdo, y hasta la actualidad se ha convertido en un escritor de renombre con diversas publicaciones y traducciones a otros idiomas. También es importante destacar sus colaboraciones puntuales en el arte cinematográfico. Por ejemplo, Loriga adoptó su propia novela, Caídos del cielo para llevarla a la gran pantalla, o firmando algún que otro guion cinematográfico (El séptimo día) Ni que decir tiene que Loriga fue uno de mis escritores de cabecera (ya dejé constancia de mi devoción por Tokio ya no nos quiere) hasta que el lógico paso de los años y la amplitud que otorgan otras lecturas dejaron de lado la tonta necesidad de leer toda obra firmada por este escritor y similares. 

El reencuentro con Lo peor de todo viene precedida por un relato anterior, al recordarme Umbral en Travesía de Madrid el esquema repetitivo, simple y contundente del supuesto paso de la juventud hacía un futuro incierto. También a la continua reiteración de ideas que se van mezclando con el supuesto avance narrativo del texto. Es decir, repetir constantemente frases e ideas expuestas a lo largo del texto. Lo mismo que realizó Loriga unos 25 años después, añadiendo y retorciendo tales ideas hasta encontrar la gracieta. En esta novela destaca su tono chulesco, divertido y faltón que funciona gracias a la continua exposición de frases cortas, rotundas y en ocasiones hasta graciosas. 

Cabe destacar el retrato juvenil de la época a través de un tipo desorientado que rememora diversos recuerdos de su vida, desde la infancia escolar hasta su actual camino hacia la madurez. La obra expone todos aquellos temas recurrentes en el crecimiento personal como la perdida de la infancia o la melancolía de los sueños sin cumplir. Lógicamente existe una puerta a la esperanza gracias a la ingenuidad que aporta el amor. Ese alocado sentimiento que parece sufragar todas las penas bajo la protección simbólica de poder encontrar el amor verdadero en una persona destinada a ser la única. Como cualquier canción popera que triunfa cada verano hasta que pasan los años y descubres que hay más opciones por descubrir. Pero en realidad es una mera excusa de intentar ocultar su fracaso vital dentro de una sociedad en la que el protagonista no encuentra ni el sentido ni sitio alguno. Dan ganas de darle la bienvenida al juego, ahora que tengo ventaja claro, porque el juez principal discurre sin detenerse en nimiedades porque avasalla con todo. Está claro que la percepción individual ha cambiado desde hace tanto tiempo, que la única recomendación es que cada uno participe como quiera, o más bien, como pueda. Elder incluido.

Para el director era poco menos que un asesino. Me dijo que me faltaba mucho para ser una buena persona. Pero es que cuando eres pequeño lo último que necesitas es ser buena persona. Cuando eres pequeño piensas que aún te quedan posibilidades de convertirte en un verdadero hijo de puta, así que intentas aprovecharlas.

Lo por de todo
Ray Loriga
Ed Alfaguara, 2008
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2 de septiembre de 2022

Travesía de Madrid

Estaba junto al contenedor de basura con otros tantos libros, éste se salvo únicamente por el apellido del autor: el gran Francisco Umbral, fallecido hace 15 años por estas mismas fechas. Del resto de libros ya se ocuparían otros viandantes o el operario de limpieza. De esta simple guisa cayó en mis manos Travesía de Madrid, la denominada como primera novela del autor pucelano pese a tener publicaciones previas en forma de relatos más cortos. Y es una grata sorpresa empezar una carrera literaria con ganas de romper alguna regla clásica, como la reiteración de frases, e intentar embaucar al lector con una obra que se desarrolla prácticamente en Madrid, y con un protagonismo juvenil que busca la complicidad de los jóvenes de la época a través de una trama que se desarrolla a finales de los 60, o la nostalgia pasajera de quienes vinimos detrás del blanco y negro.

En esta novela hay un único protagonista, un tipo de barrio cuya particular necesidad de sobrevivir le llevará a intentar ganarse la vida a costa de los demás, especialmente del género femenino. Una postura muy ibérica de dárselas de semental para conquistar adineradas maduras o pudientes extranjeras, con la salvedad del interés personal frente al rancio galanteo del macho hispánico, mil veces visto en las clásicas películas de acoso a suecas en bikinis.

-¿Es que ni siquiera va a ir usted a la cárcel a visitar a la Mari? -me dijo antes de partir.
Pero yo seguía a lo de mis palomas, que asesinaba por la noche en la cocina y guisaba como Dios y el diablo me daban a entender.

Como nuestro héroe es todo un embaucador afortunado a la hora de pillar cacho, no le faltarán otras diversiones en muchachas más jóvenes, o simplemente con profesionales del amor que sirvan para enumerar un amplio abanico de estratos sociales que recorra la geografía madrileña. Una inteligente manera de mostrar diferentes pareceres, entretenimientos y análisis de la época retratada entre tanta manada suelta. En ese recorrido, el libro es capaz de abarcar un Madrid adinerado y exclusivo, en especial de quienes andan en su particular burbuja colectiva frente a la noble descripción de otros barrios más humildes, aquellos con los que el protagonista también interactúa y expone de manera natural. En especial con quienes malviven en chabolas y la continua exposición de la llegada de migrantes de los pueblos de España en un momento concreto de desarrollo industrial y urbano del país.

Como la fantasmal lista de mujeres puede hacerse larga y repetitiva hasta perder la noción de qué chica era cuál, Umbral propone otro entretenimiento cuando otra necesidad básica aprieta: tener algo que comer, y para ello surge la conocida salida de la delincuencia como parte importante en el desarrollo del personaje principal. Una exigencia que muestra una larga tradición española gracias a la picaresca o el simple pillaje juvenil, similar al cine quinqui de los 70, cuando los atracos y los robos se realizaban mediante la fuerza de las navajas y la posterior huida motorizada. 

Pero sin duda, el aspecto más interesante del relato es la forma en la que está narrado a lo largo de todas las páginas. Hay un elemento vanguardista que rompe la tradicional continuidad del relato. Umbral fracciona continuamente el avance de la novela al incluir una continua exposición de hechos descritos con anterioridad y que se van intercalando a medida que avanza el grueso del relato. A veces, esta repetición cuadra con lo expuesto, mientras que en otras sirve para rememorar los pensamientos de un protagonista que se agarra a un pasado excesivamente cercano y que guarda cierta relación con el presente que viene desarrollando en un largo verano repleto de experiencias. Al fin y al cabo es un momento crucial de su vida, unas acciones  que tiende a transformar al protagonista desde el mismo momento que sobrepasa diversas líneas personales que terminan por romper con su pasado hacía adelante con todas sus consecuencias. La clásica historia de alcanzar una madurez a golpes, y en parte violenta que rompa con su pasado y se aventura a un futuro impredecible.  

Sin futuro, sí, porque la juventud no lo tiene, no cuenta con él, sino con un presente poderoso que anula todo lo demás.

Travesía de Madrid
Francisco Umbral
Ed Argos Vergara SA, 1980

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28 de junio de 2022

Cádiz

Después de andar a la gresca en asedios previos, este nuevo Episodio Nacional traslada a Cádiz un tercer cerco tras los vistos en las obras de Zaragoza y Gerona. Ante el avance de las tropas francesas a lo largo de la península, la resistencia española termina por aglomerarse en la capital gaditana. Por suerte, el dominio marítimo permite superar el acoso invasor y sobrellevar la presión francesa bastante mejor que las dos ciudades anteriormente citadas. Una esperanza que empieza por acumular a la mayor parte de los diputados de las Cortes españolas, cuyos miembros se trasladan a Cádiz para dar pie a la disputada creación, entre diferentes pareceres de sus señorías, de la Constitución de 1812. La famosa Pepa hispánica que acumuló tantas buenas intenciones y adelantos para la sociedad española, como ineficaz a la hora de ponerse en practica, al hallarse la mayor parte del país bajo el dominio de Francia.

Gabriel de Araceli retoma el protagonismo narrativo en la ciudad que le vio nacer, mientras que Galdós recupera para la causa a diversos secundarios de capítulos precedentes: como la condesa Amaranta, la familia Rumblar, doña Flora de Cisniega o la importante variante femenina de Inés, la joven por la que Gabriel lleva suspirando desde los inicios de sus aventuras. Entre todos formarán la trama de una novela que cuenta con los importantes acontecimientos históricos descritos como telón de fondo.


El importante apoyo militar de Inglaterra en favor de España, toma forma personal en la figura de Lord Gray. Un curioso y extravagante aristócrata inglés que tendrá un protagonismo principal en la trama principal del libro, a través de un entretenido lío de faldas que traerá una suerte de malentendidos, deseos y pasiones ocultas entre múltiples personajes. Para ello es importante rescatar a Inés en la narrativa y situarla en el centro del entuerto para elevar los celos de Gabriel en medio de una complicada situación familiar, al estar la niña tutelada por la intransigente María Rumblar, cuyos ideales aprisiona también las aspiraciones de sus propias hijas. Una clara contraposición política frente al ansía de libertad que se respira por las calles de Cádiz.

-Pero el rey gobierna, y las Cortes, según el uso antiguo, votan y callan. Amaranta

Tal contraste, evidencia un paralelismo con la sociedad de la época entre liberales y absolutistas, facciones políticas que dividirán España en una tradicional confrontación que se extenderá a lo largo del siglo XIX. Galdós expone ambas vertientes a lo largo de las páginas, con visitas esporádicas a los discursos de diferentes figuras históricas en las Cortes o las visitas que se reproducen en casa de la familia Rumblar, tertulias inclinadas al orden tradicional en consonancia al ideal de la matriarca. 

A pesar de la importancia del escenario y de los acontecimientos dados en Cádiz, a la historia propuesta por Galdós le falta empaque en su elaboración. Se echa en falta una mayor complejidad en los supuestos malentendidos que enervan el corazón de Gabriel; a fin de cuentas, el lector lleva bastante tiempo tragando las dificultades de su historia de amor con Inés y los diferentes zarandeos que han dado. Bien pudiera haberse esforzado más en caldear las brasas de los triángulos amorosos que parecen querer evocar alguna obra teatral del siglo de oro español, donde los amantes sufren todo tipo de complicaciones que den contenido al texto. Los clásicos equívocos caen en una brevedad demasiado simple, sin mayor sorpresa que aventure algún punto importante que eleve el interés de la novela, salvo la de esperar a que caiga por si sola mientras el autor nos entretiene con su habitual verborrea entre personajes, algunos puntos cómicos que rescaten su pasión por las quijotadas de personajes agarrados a un ideal caballeresco pasado de rosca y la inclusión de algunos figuras relevantes de la época. 

… el quijotismo español de hoy se parece al antiguo, como se parece el mulo al caballo. Lord Gray

La aventura continua, aunque el listón precedente sobresalga en mayor medida que esta última obra galdosiana. Al menos queda por ver a dónde nos llevan los últimos movimientos de Gabriel, porque normalmente su protagonismo quedaba relegado a una figura más narrativa que a acaparar el protagonismo. Gabriel empieza a tomar decisiones relevantes dentro de sus capacidades y hasta donde alcanzan sus movimientos. Una iniciativa interesante que está por ver hacia dónde se dirige.


Cádiz
Benito Pérez Galdós
Episodios Nacionales, biblioteca El Mundo
Espasa Calpe
Unidad Editorial, 2008

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31 de mayo de 2022

El Silmarillion

A ojo, habrán pasado un par de décadas desde que abandoné la lectura de El Silmarillion, seguramente no sea el único que se bajó del barco tras disfrutar de El señor de los anillos o El hobbit, pero es que El Silmarillion es un libro que difiere bastante de los anteriores. En realidad, es una especie de resumen con la intención de acoger leyendas, cantos, poemas y otras fuentes inventadas por Tolkien para dar forma a su mitología literaria y creada a lo largo de su existencia. Este amplio conglomerado de historietas, vienen repartidas en diversos apartados que se extienden bastante a lo largo de los tiempos narrados por el autor. Porque esta es una de las ventajas de las que disfrutan los protagonistas inmortales que pululan por el libro frente a la libre circulación de los siglos. Que el tiempo pasa pero muchos protagonistas permanecen.

El acopio de estos textos son como cuentos que pueden ordenarse cronológicamente para dotar de cierto sentido las diferentes edades temporales de la llamada Tierra Media, el lugar hacia donde derivan la mayor parte de las aventuras desde otros mágicos lugares y dar forma a El Silmarillion.

Pero a todos nos gusta tener cierto orden, y nada mejor que empezar por el principio, con una especie de génesis que explique el origen y la evolución del idealizado mundo ideado por el autor, influenciado sin duda por los viejos dioses que poblaron las mentes humanas en diversas civilizaciones para dar forma a los suyos propios. Una vez superada la mágica formación del mundo y los celos que señalan al malo de la función, los relatos derivan hacia unas joyas excesivamente hermosas, creadas por uno de los elfos más poderoso: Fëanor. Unas piedras preciosas que serán las causantes de numerosos conflictos por poseerlas, similar codicia a la creada por el Anillo Único y con problemas similares de maldiciones y violencias por poseer tales baratijas. Por ahí ya radica una prueba complicada, a la hora de ubicar numerosas y dispares historias que se reducen en un breve espacio de texto.

En todo ese compendio, surgen ciertos problemas a la hora de acaparar una enorme ristra de nombres, tarea complicada con tantos personajes con el don de recibir numerosos apodos por sus actos, seguir su genealogía y hasta cambiar de nombre propio por algún logro particular; lugares, la geografía siempre ha sido un espacio importante que uno se pierde entre tantas montañas, bosques y ciudades; y sobre todo, los vaivenes propios de las historias narradas. A grosso modo son un buen numero de historias independientes, pero todas andan narradas a una velocidad excesiva. Tolkien abrevia y opta por describir demasiadas acciones en un par de frases sin mayor gracia que dar por bueno lo que nos está contando. Profundidad, motivos o desarrollo más bien escasean. Solamente queda aceptar lo que este buen señor nos dicta en los relatos que funcionan de manera individual pero que son importantes al guardar ciertas conexiones entre éstas y otras historias.

Literariamente, el mayor déficit viene dado por la abreviación de estos relatos. Por un lado se entiende el propósito ideado por Tolkien, al querer resumir tales historias como si éstos fueran poemas épicos recogidos a lo largo de los años y que den sustento a la base de su mitología. Y de hecho funcionan según va avanzando la lectura y vamos adaptando ciertas querencias mientras se devoran las páginas. Labor que se asume por costumbre.

Sin embargo se queda corto, porque rápidamente el lector asume que ahí detrás hay varias historias de grandes dimensiones de las cuales nos han llegado retales. La brevedad de los relatos tienden a verse apresurados y el lector lamenta que no haya una mayor profundidad. Siempre quedará algún punto de interés, alguna reseña interesante que pueda encontrar un mayor espacio. Una pena, porque siempre quedamos con ganas de una mayor profundidad que al mero hecho de acumular acciones sin mayor desarrollo.

Por ahí destacan un par de episodios que cuentan con mayor espacio de texto. Y gracias a este simple hecho de tener más espacio, mayor es el interés al abordar mejor sus historias. A cuento de esto, aprovecho para citar la maldición de Turin Turombar, como mi relato favorito, junto a la historia de amor entre el hombre Beren, el bocazas, (este apodo va de mi parte) y la elfa Luthien. A destacar también la importancia del clásico conflicto entre el bien y el mal. Porque a lo largo de las historias hay una madurez importante, al arrastrar a sus personajes a los meros deseos del poder, la conquista y la arrogancia superioridad de algunos elfos frente a otras razas, el rey Thingol sirve como ejemplo; y como las confrontaciones con el mal, encarnada en una memorable divinidad de constancia planificadora, adquieren un amplio espectro de madurez y de dificultad que emplazan a la Tierra Media a una constante batalla.

Pero Beren rió. -Por bajo precio -dijo- venden a sus hijas los reyes de los Elfos; por gemas y por cosas de artesanía... cuando volvamos a encontrarnos, mi mano sostendrá un Silmaril de la Corona de Hierro.

La historia de Beren y Luthien - obra del artista Jian Guo

A Tolkien le debemos muchas cosas, gracias a su ficticio mundo literario que ha derivado a una sugerente producción hereditaria a través de continuas ediciones y el boom mundial que supuso las películas realizadas por Peter Jackson. Ahora, con la vista próxima al estreno de una nueva serie audiovisual para septiembre de 2022, me he decidido a recuperar esta vieja deuda pendiente. Al menos, el peso de los años ha logrado asentar cierta paciencia, rocosa en algún caso, para atenuar la locura de los nombres que abordan estas páginas. El Silmarillion vuelve al rincón, con el sueño derivado hacia un universo diferente que expone el talento de Tolkien hacia una obra tan personal, inmensa; lo peor de este libro es que ahora te deja con ganas de querer sumergirte en algún relato concreto con la fatalidad de saberse imposible.

Lamentaban amargamente la caída del rey Felagund, y decían que una doncella se había atrevido a lo que no se habían atrevido los hijos de Fëanor,…


El Silmarillion
JRR Tolkien
Ed. Minotauro, 1993
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El Silmarillion


19 de mayo de 2022

Las vírgenes suicidas

Tiene bastante merito el camino individual, personal y profesional que se ha labrado Sofia Coppola a lo largo de los años, incluso a pesar de la alargada sombra que arrastra un apellido descomunal en el séptimo arte. Pero Sofia ha logrado destacar por su trabajo, frente a la constante cita de su apellido cada vez que asomaba cualquier obra de su autoría y sin necesidad de ninguna estridencia publicitaria para lograr el reconocimiento profesional, sobre todo si nos atenemos a una familia repleta de grandes profesionales donde siempre destaca el padre por razones más que obvias. Seguramente el parentesco le abrió más de una puerta pero pocos portazos habrá recibido por su buen hacer. 

La base para su primera película fue la novela de Jeffrey Eugenides: Las vírgenes suicidas. Un filme llamativo, con aire de melancolía adolescente; triste y misterioso sobre el destino de cinco hermanas cuyas vidas marcaron a los jóvenes del barrio en el que vivían. Porque son ellos, los chicos, quienes toman las funciones de la narración, de los hechos que acaecieron en un barrio residencial americano tiempo atrás. El relato se sustenta en una especie de recuerdo, como si de una terapia colectiva tratara de buscar soluciones a la mística que rodeó el destino de las muchachas, las citadas hermanas Lisbon por las que suspiraban los chicos cada vez que ondeaban sus rubias melenas por los pasillos del instituto. La divina juventud de estas adolescentes tenían una importante sobreprotección, dada por una ferviente madre representativa del puritanismo más rancio. La misma que te sonríe de oreja a oreja mientras te pellizca a escondidas para dejar claro quién manda. Esa escolta moral obtiene una desproporcionada respuesta por la más pequeña de las hijas, al intentar acabar con su vida cortándose las venas.

Se mira pero no se toca - Sensacine - D.R.

Esta llamativa situación coloca en la diana de las habladurías a toda la familia, elevando el misterio sobre las muchachas y la búsqueda de soluciones por parte de los padres, como abrir su casa para que sus hijas puedan relacionarse mejor con los muchachos de su edad. Pero el mal que afecta a la menor se traslada como un hongo pernicioso, cuyos males se integra en el interior de los vecinales olmos que adornan los porches residenciales, unos arboles contagiados entre ellos y que derivan en similar condición hacia el destino de las muchachas a lo largo de la película.

A la hora de retratar a la familia Lisbon, Sofia Coppola opta por dar mayor voz y protagonismo a Lux, la hermana que expresa mayores ansias de libertad y el lógico despertar sexual, cuya interpretación recayó en la angelical Kirsten Dunst frente a sus hermanas. Las cuales adquieren, por demérito de la directora y del tiempo dado en la película como meras comparsas. No hay mayor voz por parte de las otras hermanas, vistas desde la distancia por sus aduladores masculinos, quienes buscan continuamente entender, desde la distancia, las complicaciones de la adolescencia y el misterio que rodea el estricto control paterno. La otra gran baza interpretativa viene dada por el matrimonio Lisbon, a través de los eficientes James Woods y Kathleen Turner, dando pie a unos incapaces padres de dar salida las necesidades de unas niñas confinadas a la rigurosa mentalidad de la madre y a la inutilidad del padre.

En el viaje propuesto por Sofia Coppola, destaca la apuesta visual con una mirada limpia sobre una atmósfera con toques de ensoñación; las hermanas son retratadas como diosas iluminadas por un sol rendido a exaltar la belleza juvenil. Esta visión va a tono con el carácter soñador que encierran los recuerdos del pasado propuesto por los narradores de la película, con miradas que cuentan más que muchos diálogos y con la notable participación de la música, un apartado al que Sofia siempre le ha otorgado una valiosa importancia. Sin embargo, según avanza la película y surjan los problemas, la iluminación va perdiendo fuelle de la pureza de la luz inicial hacia otros tonos más tenues según avanza el metraje y se complica la existencia de las niñas. Un punto a favor de Sofia a la hora de estructurar la película con el uso de la imagen retratada.

Han pasado los años desde su estreno, y sin ser una película redonda, Las vírgenes suicidas se mantiene vigente a la hora de abordar la complejidad emocional de la adolescencia a través de unas mujeres que apenas pueden hacer frente al proceso natural del paso de los años. Su tragedia será la única vía de escape frente a la imposición de unos valores caducos que todavía hoy día se dan en buena parte del mundo.


1999
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