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15 de septiembre de 2016

El pino de las Tres Cruces

Se desplomó hace 25 años. Las inclemencias y el paso del tiempo terminaron por hacer mella en este viejo gigante del Guadarrama. Sin embargo, fue la mano del hombre quien terminó por darle el último empujón. Dicen las buenas lenguas que sumaba cerca de 500 años y que era necesaria la participación de tres personas para poder abrazar su perímetro. Tales eran las dimensiones de este ejemplar de pino laricio, enclavado en el interior de un ángulo perfecto dentro del valle de Cuelgamuros, en la base del cerro de la Carrasqueta en dirección hacia el Collado de la Portera del Cura
Parte del tronco del pino de las Tres Cruces
Su ubicación privilegiada está relacionada con su nombre, pues el árbol cumplía la función de hito al separar los términos de tres pueblos: Guadarrama, Peguerinos y San Lorenzo de El Escorial. De ahí que se grabaran en su tronco las tres cruces por las que se terminó conociendo a este majestuoso pino. Ya en viejos anales, en los contratos de los tapiadores de la Cerca de Felipe II, se citaba a un anterior "pino copado" como demarcación territorial. El pino de las Tres Cruces vino a sustituir esta función a lo largo de los siglos y tal fue su importancia, que aparece señalado en mapas del siglo XIX. El pino fue testigo mudo de la empalizada que mandó construir el rey Sol para acotar los bosques y jardines que rodeaban a su exagerada obra de San Lorenzo. Llegando a situar al pino en una esquina perfecta. La denominada también como Pared Real, sufrió modificaciones y arreglos por parte de sus predecesores a los que poco debió importarles la presencia de un árbol que crecía lentamente a 1530 metros de altura. 

Para llegar hasta el lugar donde se encontraba este coloso, no se me ha ocurrido mejor ruta que seguir en paralelo la misma pared que separa los valles de Cuelgamuros con los de la Jarosa. Recordar en este punto, que está prohibido sobrepasar estos muros e internarse en Cuelgamuros, conocido también como Valle de los Caídos. Terrenos que pertenecen a Patrimonio Nacional y a los que sólo se accede pasando por caja. Se recomienda por tanto evitar la tentación de auparse hacia el otro lado, sobretodo en diversos puntos del recorrido donde se observa la facilidad humana de saltarse la normas. En teoría hay multas para los brincadores. 
La vereda
Un buen punto de partida puede ser el acceso al segundo quiosco del embalse de la Jarosa, donde podemos tomar de referencia un punto azul, cuya finalidad indica una pequeña ruta local que marcha a la búsqueda del agua. De inicio se transita tranquilamente hacia la cola del embalse por una ancha pista forestal. Una malla metálica que nos ha ido acompañando, a nuestra izquierda durante un buen trecho desaparece antes de atacar una fuerte subida. En este punto, puede apreciarse que el último arroyo en alimentar al pantano es en realidad un trasvase subterráneo, cuyas aguas conecta con el embalse de la Aceña. Al otro lado de la montaña. Cabe destacar la importancia de esta obra de ingeniería civil, que suministra al embalse de la Jarosa del líquido elemento desde tierras abulenses.

El camino correspondiente con el pateo prosigue por una pequeña pared, un ligero escarpe que sirve de aperitivo del fuerte desnivel que aguarda hacia el final. Sirva esté leve repecho sin importancia como aviso, y cuyo horizonte amenaza vigilante una enorme cruz de granito. Silueta cargada de historias, recelos y discusiones que no vienen al caso en el día de hoy. La susodicha ruta local se desvía hacía la izquierda, por una ancha pista a la búsqueda de la famosa Cerca. Catalogada como BIC en 2006. Alcanzado el murete toca ascender en paralelo, to´parriba hasta el final, buscando en estos primeros compases los divertidos entresijos que otorga la vegetación y la roca. Enseguida se alcanza una pista que atraviesa el muro, con la salvedad de que la verja metálica contiene un potente candado a prueba de intrusos. Esta abertura debió de realizarse posteriormente, ya que el muro carece de jambas en los laterales y parece ser, que queda algún resto del muro pedregoso en el suelo. La subida continua a través de un sendero y con una pendiente asequible. Antes de alcanzar un nuevo camino, aparece una buena colección de rocas. Vestigios de alguna antigua construcción adheridas al muro. Posiblemente restos de la Guerra Civil que vigilarían el camino citado. Camino cuyo trazado prosigue alegremente al otro lado de la cerca a pesar de la prohibición. Habitual paso donde los osados se aventuran a descubrir los encantos del valle prohibido. 
El tocón
Sin embargo recomiendo seguir por la senda paralela al muro. La de la legalidad, por escondida y por contar con la belleza del silencio del bosque. Un bosque que comienza a rodear la vereda con su habitual encanto, sólo roto por el sonido de alguna alimaña escondida o por el alegre canturreo de los arroyos. Riachuelos que cuentan con acceso propio en la cerca a través de trabajados hoyuelos en los bajos del muro. Se acerca el momento de atacar el cordal montañoso. El premio gordo de la excursión llega con un fuerte desnivel final a lo largo de una jodida pendiente a superar en zigzag. La dichosa pared va ganando altura y elevándose firme sobre la ladera de la montaña. El tramo es hosco y hasta resbaladizo pero finalmente la Cerca de Felipe II gira en angulo recto hacia el sur, hacia el collado de la Portera del Cura, mientras que en el interior de la esquina yace un tocón, el ultimo resto del pino de las Tres Cruces anclado sobre la tierra. Parte de su tronco permanece recostado, blanco e inerte a la espera de la lenta descomposición de este antiguo Gigante del Guadarrama. 

El pino en 1991.
Cortesía de Miguel Ángel Blanco
En 1991, el artista Miguel Ángel Blanco, estuvo presente en su caída final. Recogiendo parte de su madera para elaborar los libros caja de una colección de su obra titulada Biblioteca del Bosque. En uno de estos libros caja conserva un fragmento de su corazón lígneo. Al parecer se plantaron tres pinos laricios como homenaje al viejo tótem serrano. Fui incapaz de adivinar si todavía perduran o dónde diablos fueron colocados. 

En el cordal de la montaña se pasea el conocido GR10 que atraviesa toda la sierra del Guadarrama. El viento resopla con gracia las alturas, aprovechando el trampolín de la ascensión. Hacia el sur, la Cerca de Felipe II se mantiene casi recta hasta donde la vista alcanza. Sólo el simpático saliente de la antigua vivienda de la Portera del Cura interrumpe las líneas. Hacia el norte, el cerro de la Carrasqueta, y más allá, la figura sobresaliente de un pino cuyas formas parecen querer aprovecharse del empuje de los vientos, como una vela que se acopla al constante devenir de las brisas de montaña. Ya saben a donde me dirijo.

Álbum
Panorámica Collado Portera del Cura
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Bibliografía
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Diario ABC (Madrid) 15/8/1973. Página 11. Luis Manuel Auberson
Catálogo Árbol Caído. Miguel Ángel Blanco. Octubre-Diciembre de 2008


En rojo, el camino de vuelta


16 de junio de 2016

La Herrería del Berrueco

El embalse de la Jarosa está ubicado en el noroeste de la comunidad de Madrid, pertrechado en un pequeño valle donde se recogen las aguas de cuatro arroyos que descienden por las vaguadas del cordal montañoso. Aunque estos riachuelos estén dotados de nombre, la sabiduría popular ha otorgado el certero orden numérico para clasificar dichas aguas. Primer, segundo, tercer y cuarto arroyos respectivamente.

Panorámica de La Herrería del Berrueco a principios del siglo XX - Ayuntamiento de Guadarrama
Alrededor del pantano se encuentran los repoblados pinares y una estrecha carreterilla. Esta calzada sirve de acceso a un par de áreas recreativas para el disfrute humano del campo. En ese trayecto y al lado del vallado, que separa el embalse del asfalto, llama la atención una simple ruina en forma de fachada. Se trata de la espadaña de una antigua iglesia o ermita, a tenor de su pequeño tamaño. En su parte superior destacan dos simples vanos, donde la imaginación humana rápidamente transforma en dos oquedades visuales que parecen vigilar el valle donde hoy día se asienta el agua embalsada. Esta escasa y única construcción, representa el último vestigio de un antiguo poblado que se encontraba justo donde yace el pantano de la Jarosa. Como tantas otras localidades que acabaron sus días bajo la necesidad humana de acaudalar el liquido elemento. Seguramente esta Herrería del Berrueco, pues ese era su nombre original, sea el menos atractivo y de menor importancia, sobre todo cuando debía quedar bien poco de su pasado antes de la inauguración de la presa en 1969, como bien nos indican las escasas referencias que el tiempo ha permitido prevalecer sobre la breve historia de este poblado. Sin embargo, se quiera o no, y de ahí la publicación de esta entrada, formaba parte de la sierra del Guadarrama. Mejores motivos no podrán encontrarse.

Lamentablemente hay muy pocos datos y/o archivos que hagan referencia al pasado de esta pequeña aldea. Así que el ejercicio de establecer una simple historia cronológica se convierte en un simpático juego de malabares, donde se da pie a cortas reseñas, historias paralelas o simples menciones por parte de otros aspectos más llamativos. También hay que destacar las inevitables lagunas que surgen en determinados tiempos menos dados al estudio y hechos relevantes. Geográficamente el pueblo de Guadarrama es el más cercano, y a cuya jurisdicción pertenecía La Herrería. Sin embargo, las guerras se cebaron con fuerza en esta localidad y también en sus archivos, perdidos en épocas de ocupaciones como la guerra de la Independencia o la más cercana Guerra Civil Española. Para hallar, una leve referencia a la fundación de La Herrería, hay que trasladarse a la cercana Villa de El Escorial y al mismo origen de esta localidad, donde hay que remontarse a la época de la reconquista, a lo largo de la Edad Media para buscar la fundación de diversos poblados ferreros en la vertiente sur de la sierra. 


En principio se maneja un arco temporal entre los años de 1088 hasta 1150. Tiempos de avance cristiano sobre los musulmanes que llegaron a rebajar la marca fronteriza a la línea del río Tajo. Y con la conquista de la ciudad de Toledo como dato más significativo. En estos años de idas y venidas sobre la sierra de Guadarrama, se irían asentado los primeros pobladores sobre la vertiente sur de la sierra. Creando en este pequeño flujo los primeros núcleos urbanos, provenientes principalmente del Concejo Segoviano y el control que propiciaban las milicias denominadas como Caballería Villana. Estos últimos representaban aquellas gentes que podían permitirse adquirir y mantener, por sus propios medios, caballo y armas. Pues eran la vanguardia que debían mantener un territorio en constante peligro por las incursiones de castigo que llevaban a cabo almorávides y almohades. A partir de 1150 puede decirse que la frontera se establece finalmente en el Tajo, reduciendo el peligro de sufrir ataques en la vertiente madrileña de la sierra. La colonización de estas tierras viene acompañada por la actividad ganadera y su necesidad de ganar nuevos pastos, así como el control de los pasos naturales por parte de la Caballería Villana. El Concejo Segoviano se establece como el principal órgano regulador, cuyo control da origen a los primeros poblados y espacios acotados a los que se pueden poner nombre, como Monesterio, Scurial, Fuentelámparas... y por supuesto las primeras Ferrerías

En su origen, estas ferrerías, eran pequeñas explotaciones siderúrgicas capaces de reducir el mineral del hierro para poder transformarlo en aperos de labranza, objetos y armas. El padre José de Sigüenza, bibliotecario del monarca Felipe II, las describe como ferrerías de monte, donde se trabajaba al aire libre con uno o más hornos de reducción. También las describe "de aire", porque normalmente estas ferrerías se establecían en lugares donde el viento ayudase a los hornos a avivarse de manera natural en lugares montañosos y apartados. Estos hornos estarían situados en los claros de los bosques y tendrían una forma cilíndrica, con paredes de piedra de diversa altura y en donde se enterraba una parte, alrededor de medio metro, por debajo del nivel del suelo. Sería en la base donde se abrirían los huecos para la entrada del aire. Curiosamente el lugar donde se depositaban las escorias de los trabajos realizados dio nombre al municipio de El Escorial. De estos tiempos surgen pequeños núcleos donde se desarrollaba estas pequeñas tareas preindustriales, siendo el origen de los poblados de La Herrería (en el término del Escorial), La Herrería de Fuentelámparas y por supuesto, La Herrería del Berrueco.  
Trabajos en un horno / Imagen de ezagutubarakaldo.net
Mencionar que existe una leve disputa derivada de la palabra ferrerías, pues otros autores defienden la raíz herrén del radical latino fárrago, -inis, cuyo significado describe a un terreno sembrado de forraje o pasto para las bestias. El herrén sería entonces el lugar donde poder alimentar al ganado. El investigador Gregorio de Andrés, explica que el concepto ferrerías estaría relacionado con el lugar donde abundan las praderías o campos de herrenes. Para el caso de La Herrería del Berrueco ambas hipótesis serían acertadas, pues en el enclave donde se asentaba el poblado bien podría haber contraído trabajos del metal y también como zona para aprovechar el pasto que habría en el valle donde hoy se encuentra el embalse de la Jarosa.

Cédula de Alfonso VII - 1 de mayo de 1152 
y El puerto del Berrueco

"Dono autem vobis nominatos montis et serros, nominatim et singullatim a porto del Berrocco qui dividit terminum Abulae et Segovia usque ad portum de Loçoyam omnibus intermediis montibuet serris et vallibus; ita quod sicut aqua descendit de decurrit versus villam vestram a summitate ipsorum montes eos usque ad Madrit, ab ac die usque ad perpetuum"
El risco de la Nava / Francisco Javier Bravo Tarifa
Otro dato importante es el nombre completo del poblado, el cual hace alarde de un aspecto concreto, del Berrueco. Un berrocco, no es ni más ni menos, que una piedra granítica de grandes dimensiones y que resalta por su tamaño o por una ubicación privilegiada. En 1152, el rey Alfonso VII dictó la separación de las tierras a lo largo de las cumbres serranas en beneficio del Concejo de Madrid, y por supuesto de su aprovechamiento. De este modo se creó un conflicto de intereses entre los segovianos, que habían iniciado la repoblación y explotaban tradicionalmente estas tierras, frente a los primeros, llamemoslos madrileños. Los habitantes de esas tierras veían recompensados sus esfuerzos de frontera contra los musulmanes. Como por ejemplo el asedio que sufrió la ciudadela de Madrid en 1110, villa agraciada por esta concesión del rey, donde se delimitaban las tierras y sus cuencas fluviales desde el puerto de El Berrueco hasta el puerto del Lozoya, (Navafría en la actualidad). 

Este segundo paso de montaña es fácilmente identificable, mientras que el denominado como Berrueco ha llevado a confusiones a lo largo del tiempo. Existe la aceptación popular que coloca el paso de montaña en la vertiente segoviana de la sierra, aprovechando la Cañada Real Leonesa y su ascensión por el pinar de Aguas Vertientes a través del Collado del Hornillo, cerca de la localidad de San Rafael. La actual mole granítica de la Peña Blanca sería el supuesto peñasco que sobrevuela por encima de la pista forestal, y que desciende hacia Pinares Llanos en el término de Peguerinos. Un lugar ya visitado por este blog.
Construcción del Valle de los Caídos / F. Javier Bravo Tarifa 
Sin embargo, al otro lado del cordal montañoso se encuentra otra opción rocosa. El catedrático, Gregorio de Andrés, coloca al colosal Berrueco en un roquedal conocido como el Risco de la Nava. Justo el lugar donde un tal Francisco Franco eligió la construcción de su faraónica basílica, sirviendo esta mole granítica como base de la enorme cruz que domina en la actualidad el valle de Cuelgamuros. La lógica montañosa colocaría al cercano collado de la Portera del Cura como el paso de montaña; y que accedería a conectar con la Cañada Real Leonesa en tierras castellanas, muy cerca de la otra opción citada anteriormente. El beneficio otorgado a Madrid por parte del rey tiene sentido si el puerto del Berrueco se encuentra en una dirección que ayude a sortear la sierra, y de paso avanzar hacia la llanura madrileña. Mientras que la otra opción, solo sirve para superar el collado del Hornillo y continuar por la Cañada Real hacia el suroeste, en dirección a Ávila.

La cercanía del poblado de La Herrería del Berrueco ayudaría también a situar el paso de montaña en la Portera del Cura, siendo bien visible su roquedal desde la ubicación del poblado a modo de guía, como si de un gran faro se tratase para los caminantes de la época y como referencia desde lugares bien lejanos por la planicie madrileña. Especial importancia debió tener para nuestro poblado en sus inicios, al controlar y servir de base como puesto fronterizo en los primeros compases de la repoblación, siendo además el acceso de nuevos pastos para el ganado trashumante al sur de la sierra.

Del puerto del Berrueco poco más se ha citado a lo largo de la historia, seguramente fue un simple paso carretero que sorteaba la serranía, como otros tantos portezuelos de rango inferior que aún hoy pululan en la sierra (Reventón, Calderuelas, Arcones...) El cercano e importante camino de Balat Humayd árabe, junto al puerto de la Fuenfría, fueron los caminos más concurridos para superar la sierra de Guadarrama en el medievo. Mientras que el Berrueco quedaría relegado a un segundo plano, que sin embargo, muestra cierta importancia en el origen y fundación de La Herrería del Berrueco. Curiosamente y para cerrar este capítulo, aparece un dato relevante a finales del XVI. El monarca Felipe II, mandó construir una gran Cerca de piedra, para disfrute de la realeza, alrededor de los llamados bosques reales de San Lorenzo. En un documento de la época se redacta "como se ha de hacer la cerca de pared, desde encima del Puerto Viejo, bajo de cabeza Aguda, derecho a la fuente de Gil Cubillo, hasta el derecho al Prado Moro". Actualmente la Cerca alcanza el collado de la Portera del Cura, debajo del Cerro de La Carrasqueta que bien pudiera ser la cabeza Aguda del texto, mientras que los Prados Moros todavía mantienen esa nomenclatura en la actualidad, aunque ampliada al plural. La coincidencia del collado y la designación añeja del puerto, permite aventurar la correlación del Berrueco con este Puerto Viejo, cuyo nombre también varía en el tiempo, tornándose en Puerto de Cuelgamuros, según la época o mapa consultado.
Puerta cegada de la Portera del Cura / JGM
Obviamente se desconoce el trayecto de este puerto perdido por el paso del tiempo, aunque gracias a la Cerca de Felipe II, podemos aventurar algunos datos importantes. En la carretera que une San Lorenzo con Guadarrama existía la denominada como Puerta de Hierro. Es decir, el acceso abierto en la gran Cerca que comunicaba ambos municipios. Siguiendo la muralla de la Cerca aparece otra abertura en el muro, algunos kilómetros más arriba en los pinares de la Jarosa. Dentro de los pinares hay dos pistas forestales que unían ambos valles, visibles y ampliados en la actualidad pese a la presencia del vallado de piedra. La primera se encuentra cerrada por una amplia cancela mientras que la segunda muere junto al muro pese a continuar al otro lado. Ambas pistas nacen desde el mismo lugar donde estaría el poblado de La Herrería del Berrueco, y que hoy nos llevan hasta la base del Risco de la Nava.

Una tercera puerta se encuentra en el mismo Collado de la Portera del Cura. Cegada en la actualidad con piedras en mampostería y que se corresponde con el acceso del llamado Puerto Viejo descrito anteriormente. Todavía pueden verse las ruinas de alguna vivienda adosada al muro de la Cerca para dar cobijo a quienes controlaban el paso de montaña. 

Lógicamente estas puertas respetarían los caminos trazados con anterioridad para dar salida y entrada con el correspondiente control. Con cierto arrojo se puede aventurar que el puerto del Berrueco sorteaba las cumbres por el collado de la Portera del Cura, dando por hecho la existencia de diferentes ramales que nos llevarían, por un lado a San Rafael y a Peguerinos, a través de la Cañada Real Leonesa en la vertiente castellana, y por otro, a la cercana Herrería del Berrueco que seguiría después hasta Guadarrama. Otro ramal conectaría con la Cañada Real Segoviana, descendiendo por el valle de Cuelgamuros y pasando por las dehesas de Campillo y de Monesterio hasta el puente del Herreño.
Mapa compactado con los términos de Guadarrama, Peguerinos y San Lorenzo de finales del XIX
Se recomienda ampliar / Instituto geográfico nacional

Llegados a este punto, no está demás citar a un viejo gigante del Guadarrama. El Collado de la Portera del Cura también sirvió como referencia para situar la linde de los términos de Guadarrama, Peguerinos y San Lorenzo de El Escorial. En lugar de colocar un mojón o hito granítico, sobresale en viejos escritos la cita de un "pino copado", como referencia simbólica sobre el paso montañero. Posteriormente fue sustituido por otro pino, llamado de las Tres Cruces, por la incisión en su tronco, de tan emblemático signo y que representa a los pueblos colindantes. El árbol aparece incluso citado en mapas del siglo XIX, demostrando su importancia montañera y las colosales medidas que le otorgaban los 500 años que se calculaba tenía este magnífico ejemplar. Para 1991 el pino se desplomó sobre la tierra, dentro de la famosa Cerca, siendo sustituido por tres pinos laricios como homenaje al viejo tótem serrano.

A pesar de la cédula del rey Alfonso VII, los conflictos entre segovianos y madrileños apenas menguaron por el control de estas tierras. Dando pie a una constante refriega que va variando en el tiempo. El 28 de julio de 1208. El rey Alfonso VIII, reconoció unas lindes previas realizadas por Minaya, alcalde de Segovia, a lo largo de la Transierra para asegurarse la legitimidad de las nuevas pueblas que empezaban a asentarse y señalar los términos de los concejos de Segovia, de Madrid y de Toledo. 

Finalmente en 1275, el rey Alfonso X intervenía en el continuo pleito fronterizo añadiendo el control del sexmo, llamado Real de Manzanares a la corona. Se destaca en un documento, la repoblación de Navalquexigo, Monesterio, Galapagar y Ferrería del Berrueco a finales del XIII. Dicha repoblación viene a remarcar la existencia del poblado de la Herrería del Berrueco con anterioridad y la necesidad de volver a poblar determinados núcleos urbanos para asentar el poder político sobre las tierras conquistadas a los musulmanes. En todo este tiempo anterior debieron de llevarse a cabo las llamadas razzias, operaciones relámpago que diezmaban tierras y poblaciones efectuadas por almorávides y almohades en territorio cristiano. La inclusión del poblado en el Real de Manzanares constituyó un nuevo estatus que se mantuvo hasta el final de su historia.

En 1504 Guadarrama alcanzaba el título de Villa, gracia concedida por el rey Fernando el Católico junto a otros pueblos como Colmenar Viejo y Trijueque en una carta fechada en Medina del Campo. Un avance enorme que corroboraba la importancia del municipio por aquel entonces. Dentro del ámbito de Guadarrama estaban Los Molinos y la propia Herrería del Berrueco. Municipios menores que se encontraban bajo la jurisdicción de Guadarrama.

Viviendas de Guadarrama y el abrevadero de Los Caños / Ayto Guadarrama 
Gracias a Juan José Moreno Casanova, se conocen una serie de ordenanzas, datadas en 1580, donde se concretan una serie de normas sobre los usos de explotación del cercano pinar (la Jarosa) y de la organización agraria de la villa. Previamente ya se habían publicado una serie de normas acordes al buen gobierno en el municipio de Guadarrama, y por extensiva hacia Los Molinos y la propia Herrería. Pero las ordenanzas de 1580 tienen mayor importancia por intentar hacer valer la mejor forma de aprovechar y explotar los montes, tierras dedicadas a la agricultura y a la regulación del ganado en las áreas de jurisdicción del pueblo. Se buscaba explotar de manera lógica los recursos naturales, pues eran parte importante de la riqueza de la villa. De este modo surge la protesta de Guadarrama contra la Herrería por el aprovechamiento de los bosques. Y la reclamación de los vecinos de la Herrería contra Guadarrama por los mismos motivos. Cabe citar dentro de los lógicos enfrentamientos pueblerinos, la emancipación de Los Molinos en 1666, convirtiéndose en villa ante las constantes demandas de sus vecinos frente a la prepotencia que solía ejercer Guadarrama.

A pesar de ser una colonia de Guadarrama y gracias a estos documentos, se puede apreciar ciertos nombres de relevancia, como algunos alcaldes de La Herrería, que responden a los nombres de Alonso Horcajo en 1575 y Alonso Pérez en 1580. Representantes ambos de los intereses del poblado en la promulgación de las ordenanzas en aquellos lejanos años. De las ordenanzas, como ya se ha comentado, vienen a regular la correcta explotación de los recursos y la búsqueda de maximizar las pequeñas parcelas destinadas a la agricultura. Concerniente a la Herrería, se citan algunas normas sobre la explotación del pinar. Como la prohibición de arrancar pinos, aprovechamientos de teas o la de castigar la entrada del ganado en los montes. Por este último motivo surgen los pequeños vallados de piedra a lo largo de los campos y que forman parte del paisaje actual. 

Un siglo más tarde, entorno a 1679, el censo poblacional de La Herrería lo conformaban los vecinos Francisco y Juan Hernández. Además de dos viudas pobres. La perdida de habitantes pone en evidencia las escasas opciones económicas de la Herrería, emigrando sus vecinos en búsqueda de mejores oportunidades para ganarse la vida por la escasez de recursos que proporcionaría un poblado de tan reducido tamaño y aislado en comunicaciones de mayor entidad. Y eso que en 1631 aparecen registradas una serie de minas por encima del poblado, llamadas la Penosilla y la Escalerilla que debieron tener una explotación ínfima y sin mayores beneficios. Seguramente la cercanía de Guadarrama fue el primer punto de partida hacia nuevas expectativas de futuro. A estas alturas parece claro que la aldea estaba sentenciada a terminar de despoblarse con el paso de los años. Poniendo punto y final a la historia de la Herrería del Berrueco.
Restos de la ermita en su ubicación original / Ayto Guadarrama
Sin embargo, este declive contiene su lado pintoresco, al cambiar su nombre original por el de un santo. A finales del XIX, el maestro superior de Guadarrama, dedica unas líneas al poblado de San Macario, en un pequeña obra, donde se describe el municipio donde ejercía su profesión. El maestro, Luis de León, desconoce el origen de San Macario, pero apunta a que fue poblado distinto al de Guadarrama, 
"en San Macario ha existido otro pueblo, esto lo podemos ver, pues se observan restos de cimientos, los muros de cerramiento de la iglesia, que estaba dedicada a dicho santo, y de aquí el nombre, por cierto que para ser parroquia era sumamente pequeña; en su construcción más bien indica ermita; algunos trozos de calle, empedrada a manera de calzada, y un tejar, propiedad hoy de D. Lucio Fernández, es todo lo que queda de San Macario. El sitio es muy pintoresco y a propósito para tener un día de solaz, o, como hoy se dice, propio para una jira campestre."

Luis de León vivió en Guadarrama hacia 1890, y según sus fuentes dicta que San Macario pudiera ser el origen de Guadarrama. El propio maestro descarta esta opción y expone su particular visión sobre las ruinas que aun se mantenían en pie. Por otro lado destaca la referencia de la tejera. Una especie del regreso de la vida a través de una labor industrial, como en el origen de esta historia. La tejera vino a recuperar una actividad en el valle donde se asentaba el ya perdido poblado de la Herrería, con la elaboración de ladrillos y otros materiales necesarios para la construcción. Fabricas que perdurarían hasta los primeros compases del siglo XX. 
Pequeña colecta de ladrillos grabados recogidos por los alrededores del pantano.
 Al de la izquierda se le adivina el nombre / JGM
La Guerra Civil Española supuso la tragedia que siempre suelen acompañar las confrontaciones bélicas. Más aún en Guadarrama, por ser frente de guerra. Al concluir la contienda, el municipio fue prácticamente destruido a causa de las bombas. El denominado como poblado de San Macario también debió de padecer algunos enfrentamientos, por encontrarse en medio de los frentes que se encontraron en los pinares y cumbres de la Jarosa. De hecho, hubo una posición republicana denominada como Cuestas de la Herrería, dando a entender que tal vez no se había perdido del todo la toponimia del lugar.

Tras la guerra, La Herrería / San Macario volvió a tener vida en sus tierras, nuevamente ligado a la actividad de las tejeras y a una serie de oficios dedicados a explotar los recursos naturales del bosque: cerámicas, maderas y resinas principalmente. Incluyendo nuevas construcciones de viviendas que se internaban en el monte para dar cobijo a los trabajadores de aquellas industrias. Aún hoy pueden verse sus restos, principalmente las viviendas de resineros detrás del antiguo restaurante de "El Cordobés".

Espadaña de San Macario, diciembre de 2015 / JGM
En 1948 ya hubo un primer intento de crear una presa en este entorno, aprovechando la confluencia de varios arroyos que dan lugar al nacimiento del histórico arroyo Guatel. Curiosamente los mayores de Guadarrama que conocieron este lugar, previo al embalse, suelen recordar con cierta nostalgia una fuente llamada del Piojo. En un mapa de finales del XIX, se cita una fuente, llamada del Can, muy cerca de la "Hermita de San Macario (derrivada)". Obviamente se trata del mismo manantial. Y que algún intrépido vecino retrató en algún año de sequía. 

Quien suscribe estas líneas mantiene un leve recuerdo infantil de aquellos tiempos de secano, cuando las aguas acumuladas descendieron drásticamente. Mi fantasiosa mente dibujaba la aparición de viviendas, calles y otros edificios sorprendentes que chocaron bastante con la penosa realidad. Un simple puentecillo de madera para sortear uno de los arroyos fue lo más destacable que mis ingenuos ojos pudieron contemplar, aparte de la abundante acumulación de piedras que suelen verse en años bajos en lluvias. La fantasía solo vuelve a aparecer cuando regreso a un mapa, y la toponimia imparte ciertos nombres como la Viña, la Sacristía, Cerro Santo... que tal vez estuvieran relacionadas con alguna actividad del perdido poblado de la Herrería. 

La Cruz sobre el Berrueco al fondo.
El embalse de la Jarosa y leves restos que aparecen cuando el nivel del agua desciende. Dic. 2015 /JGM
Finalmente, el embalse de la Jarosa fue construido e inaugurado posteriormente el jueves 17 de julio de 1969. A las siete menos cuarto de la tarde, el Jefe del Estado, Francisco Franco, junto a otras autoridades dieron la orden de abrir las compuertas de las tres presas que entraban en servicio ese día. Navacerrada, Navalmedio y la Jarosa, se ponían en marcha para cubrir de abastecimiento a los pueblos serranos de Madrid. 

Por suerte y antes de que finalizasen las obras, se decidió salvar de la inundación a la arruinada espadaña de la ermita de San Macario, colocándola en su emplazamiento actual. Gracias. 

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Bibliografía

- Revista Apuntes de la sierra. Nº 200 - Octubre del 2011
- El Escorial. De comunidad de aldea a villa de realengo. Gregorio Sánchez Meco. 1995
- Catalifa, historia de una fortaleza. David Martín del Hoyo y Jesús Rodríguez Morales. 
- Madrid desde la academia. Antonio López Gómez 
- La Villa de Guadarrama en las Ordenanzas de 1580. Juan José Moreno Casanova. Ed Ayto Guadarrama. 2000
- Registro y relación general de minas de la Corona de Castilla. Tomás González. 1832
- Guadarrama. Luis de León. Ed. Ayto Guadarrama. 2001
- Historia de la rondalla de Guadarrama y otras cosas de alrededor. Francisco Jiménez Sánchez. 2000
- Periódico ABC, Viernes 18 de julio de 1969. Página 39

Web
ign.es
apatrizando.com
academia.edu:
- Caminos y documentos en el Madrid medieval. Jesús Rodríguez Morales
- El Real de Manzanares, orígenes y evolución. Charo Gómez Osuna. 2013

ferreriasdemonte.blogspot.com.es/
ezagutubarakaldo.net/

6 de diciembre de 2015

La vega del Samburiel

Las tierras que riegan este río, en el termino compartido entre Cerceda y El Boalo, tienen la fortuna de contener dos pequeños yacimientos de los que suelen denominarse como arqueológicos. Ambos lugares ponen de manifiesto la habitabilidad humana por estos lares a lo largo de la historia. El más antiguo hace referencia a la época prehistórica, gracias a la presencia de un tipo de enterramiento que debía alojar a un reducido grupo de personas. El segundo enclave, también tiene que ver con un camposanto, saltando en el tiempo hacia el período visigodo de la alta edad media.
Bosco cruza el Samburiel
Del río que alimenta con sus aguas estos pastos y a todos sus descendientes desde tiempos pretéritos, tiene también su gracia, al cambiar el nombre de Navacerrada por el de Samburiel dependiendo del lugar geográfico en que se encuentre su caudal. Originalmente nace en las laderas de La Maliciosa en forma de arroyo, después cobra fuerza el río Navacerrada hasta su llegada a Cerceda, donde recibe la afluencia del arroyo Fuentidueña, que circula en paralelo al Cerro Chaparral de la Mina. En esa confluencias de aguas surge el Samburiel en algunos mapas, mientras que en otros hay que esperar a cruzar el puente de Madrid, donde la vega se expande por fin bajo la atenta vigilancia del Monte de Mirasierra. En el supuesto vado que conforman el río Navacerrada y el arroyo Fuentidueña arranca esta mini excursión. Planeada a deshora con el consiguiente fracaso de enlazar los yacimientos descritos al principio de esta entrada. 

De inicio una estrecha vereda nos lleva hasta el citado puente, donde Bosco sorprende a un zorro que cruzaba tranquilamente el escaso caudal, mayor susto debió darse el pobre animal pues reacciono con un buen respingo para salir por patas. No debía esperar encontrarse con

nadie a las 8 de esta fresca mañana de noviembre. En esta zona se ha creado una pequeña área recreativa con bancos de piedra que a estas horas se encuentran helados por la buena pelona caída durante la noche, cinco grados negativos indicaba el coche antes de abrir la puerta. Que nadie se preocupe, voy bien abrigado.


A mano derecha emerge un estirado muro que nos separa del monte adyacente de titularidad privada. Un poco más adelante, al otro lado del muro, se observa un antiguo pozo de cal donde se depositaba la roca caliza extraída de una gruta situada sobre la ladera norte del cerro y visible también desde la distancia que impone el murete. El curso del Samburiel deambula zigzagueante entre fincas privadas mientras camino en círculos a la búsqueda del famoso Túmulo, tras dar alguna que otro vuelta resulta que se encuentra alojado en una finca privada. De hecho, es fácilmente visible en el otro lado, desde el arcén de la carretera que comunica Cerceda con Manzanares. Ande te den.... 

Después de sortear el cauce, en más de una ocasión y dejar atrás una especie de campo de tiro abandonada, me inclino por alcanzar el supuesto cementerio visigodo. A ver si con este hay más suerte. Nuevamente el experimento sale rana. Porque del yacimiento poca cosa
El pozo de cal
puede citarse como digna de ver. En 1960 un par de personas iniciaron la loable tarea de repoblar un cerro llamado Rebollar, a través de sus trabajos se toparon con numerosas tumbas antropomórficas y simples enterramientos con lajas de piedra como cerramiento. El hallazgo atrajo consigo a toda clase de especialistas y a listos del oportunismo, saqueando los restos de una necrópolis que contaba con un centenar de sepulturas. Hoy día, en la urbanización creada en el mismo lugar, queda una especie de miniparque con mesas y bancos de piedra que acompañan al supuesto sarcófago rocoso como muestra de su antiguo asentamiento. Un triste recuerdo de un hallazgo más interesante por los tesoros perdidos.


Es lo que pasa cuando la premura se impone al lógico plan de preparar bien el terreno antes de ponerse a caminar. Obviamente la particular historia del Túmulo y del yacimiento visigodo es más interesante que las alhajas que acompañan esta entrada. Por su parte el Samburiel continua su trazado entre chopos de ribera ajeno a tanta historia, pues su fin llega antes de lo esperado junto al embalse de Santillana, al lado de otro cementerio más moderno. El de Manzanares el Real. 

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Álbum
Pano

Bibliografía consultada
http://boalo.blogspot.com.es/
Apuntes de la sierra. nº 216 - Febrero 2013

http://www.loseskakeados.com/joomla/index.php?option=com_docman&task=doc_download&gid=23195&Itemid=486

10 de junio de 2013

El pino de San Roque

Hacia mucho tiempo que andaba detrás de visitar a este coloso de la sierra de Guadarrama, un simple árbol convertido en cierto tótem montañero y poseedor de una entrañable historia. El Pino de San Roque es el nombre que se le otorga en Los Molinos, aunque es más conocido como el Pino Solitario al dominar en soledad la solana de La Peñota. Su aislada posición se debe a un incendio de mediados del XIX que asoló esta ladera, excepto al protagonista de esta entrada. Supuestamente como el único superviviente de las llamas. Otra característica que le distingue del resto de coníferas en su edad, superior a los 250 años. Cifra que le coloca como uno de los pinos silvestres más antiguos de España. Había pues motivos suficientes para dirigirme a Cercedilla, municipio de salida y llegada del siguiente itinerario a seguir, que es la ruta más popular para dirigir nuestros pasos hacia el majestuoso pino.

Como punto de partida se puede tomar como referencia la propia estación de ferrocarril del pueblo. Después seguir por el mismo anden hasta el sendero de Rodenas, un pequeño trazado en zigzag que asciende bajo la sombra del arbolado. Justo encima sobrepasamos el camino de Puricelli hasta donde nace una ancha pista forestal, más conocida como camino de Los Campamentos. La ruta sigue por esta pista principal sin desviarnos hasta alcanzar los restos de los citados campamentos de La Peñota, en un raso donde Reajo Alto queda a nuestra derecha. Sin embargo la ruta continua por la pista hasta llegar a la fuente de La Mina, un amplio manantial donde reponer agua en caso necesario, aunque de camino solo se lleve media hora desde la salida. Detrás de la fuente se encuentra la vereda de Poyalejos y fácilmente reconocible por estar señalada con círculos rojos. La leve subida anterior sirve solo de calentamiento para lo que se avecina. Esta Vereda de Poyalejos es una de las más conocidas y apreciadas por su dificultad por los bikers de la sierra. Ascender a pie solo conlleva paciencia, puesto que las piedras, raíces y ramas están estratégicamente colocadas para añadir algo de dificultad además de la suma del elevado desnivel a superar. Paciencia y bastón, no queda otra que marcarse un ritmo suave y continuo, pues las prisas nunca son buenas compañeras.

La simpática vereda de Poyalejos
Después de un buen rato esta vereda se cruza con Calle Alta, una pista forestal que proviene desde el alto de La Fuenfría y que recorre en horizontal parte de la montaña. Una buena noticia, pues Poyalejos continúa su ascensión hasta Peña del Águila, sin embargo el itinerario que nos ocupa manda seguir por la amplia pista a mano izquierda según se ha subido. Alrededor de un kilómetro más tarde se llega al Collado del Rey, un nuevo raso que sirve de frontera municipal entre Los Molinos y Cercedilla. También sitúa el punto hasta donde llegó el mencionado incendio, ya que las vistas poco tienen que ver con los pinares precedentes. Una simple alambrada hace hincapié en la separación entre pueblos mientras la ladera comienza a descender de forma abrupta. Sobrepasamos el vallado y enseguida aparece la copa, y después el tronco. Inmensos si tenemos en cuenta que nada hay a su alrededor, salvo el Pino de San Roque, quien comparece sobre las dehesas de Los Molinos y de Guadarrama. Erguido en su particular balcón que le proporciona unas vistas increíbles. El Pino de San Roque disfruta de su posición privilegiada frente al azote de los vientos, de las heladas o de la asfixia del Rey Sol dependiendo de la estación en la que nos encontremos. Solo las raíces que sobresalen de la tierra o los nudos de su tronco permiten vislumbrar parte de la lucha que mantiene con los elementos durante años. Nada mejor que rendir pleitesía a este ejemplar, superviviente, guardián y ermitaño de La Peñota. Es tal su importancia que aparece en el mismo escudo de la localidad de Los Molinos. Si pudiera hablar sin duda se sorprendería de las frecuentes visitas que recibe y contaría viejas historias del pasado a todos aquellos que nos detenemos a contemplarlo. O tal vez sea un viejo cascarrabias, que tilde de domingueros a todos a quienes osamos perturbar su tranquilidad. 

Collado del Rey
El objetivo está cumplido después de numerosas demoras, sola queda despedirse hasta otra ocasión y pensar en como regresar al inicio de la ruta, para ello retrocedemos hasta la alambra anterior y volver a terreno municipal de Cercedilla para descender por la ladera con la valla como guía hacia el este. Ahora toca perder el desnivel adquirido siguiendo los hitos colocados sobre otras rocas más grandes, no existe camino ni sendero visible, lo que hay que hacer es intentar seguir en lo posible las pequeñas acumulaciones de rocas. No importa si desaparecen, ya volverán. Después de un rato de poner a prueba las rodillas en la bajada nos cruzaremos con una estrecha vereda que viene rodeando la ladera de la montaña en la parte de abajo, la cual hay que seguir hacia la izquierda. Esta nueva senda está señalizada con franjas blancas y amarillas en algunas rocas. Al poco de avanzar volvemos a entrar en el bosque, señalizado también por las mismas franjas en los troncos de los árboles, se cruza un arroyo y sin darnos casi cuenta llegamos hasta el campamento de La Peñota, más bien sus ruinas. Terreno ya conocido, solo queda bajar por la pista del principio para volver junto a la estación del tren de Cercedilla.

Albúm
Pano

Bibliografía.
Bosques y árboles singulares de Madrid. Andrés Campos. Ed. La libreria


20 de mayo de 2012

La Cruz de los Sanatorios


Una cruz granítica contempla el paso del tiempo en su particular azotea desde 1953, vigilante al paso de la Nacional VI y sobre el Sanatorio del Generalísimo hacia la izquierda y el antiguo Sanatorio Hispanoamericano hacia la derecha. Este último con alguna que otra tontería siniestra en su pasado. Ambas construcciones forman parte de los múltiples sanatorios, centros hospitalarios o residencias de enfermos, que jalonaron esta parte de la sierra, formando parte de la historia del municipio de Guadarrama durante el pasado siglo XX. Esta cruz no es que sea un monumento apreciado ni tampoco un majestuoso ejemplo de las múltiples cruces que contiene esta parte serrana. Culminada con la enorme cruz en Cuelgamuros o las derribadas cruces falangistas del antiguo camino del Vía Crucis en la pista forestal que nace en el Alto de El León. Un antiguo camino que procuraba llegar hasta el mismo Valle de Los Caídos realizado en los años 40.
Bosco posa para la foto.

La gracia de esta, Cruz de los Sanatorios, es que está enclavada en un saliente de la montaña, en un roquedal que lo convierte en un fantástico mirador natural sobre el valle del Guadarrama. Este privilegiado lugar nos permite obtener una preciosa vista panorámica sin la necesidad de alcanzar ninguna cumbre. Tan jaleado esta el tema de conquistar las cimas montañeras que en ocasiones nos olvidamos del hermoso trayecto y los recovecos que nos ofrecen las laderas.

Tristemente una torreta de electricidad suple en parte la romántica visión de faro que la cruz podría contener para guiar al senderista entre el intenso mar de jaras que lo rodea. Aparte de su antiestética vecina, la cruz debe soportar los vulgares burrajatos realizados por algunos descerebrados visitantes. Alcanzar este altozano es bastante sencillo si seguimos la pista forestal que nace en el km 51 de la Nacional VI, aunque Bosco y yo mismo solemos internarnos por donde no debemos, rebuscando vías estériles o en medio mismo de los matorrales. De este modo más engorroso comprobamos como en otros roquedales cercanos alguien ha dejado sus "marcas" de escalada o como en un sitio tan estrategico se adivinan algunas trincheras de la guerra civil que ascienden hasta la misma base de la cruz.



Para acabar esta entrada un pequeño aporte que tal vez deba borrar en el futuro. Si se sube por la pista forestal que nace al lado del Sanatorio Hispanoamericano, llegamos más adelante al embalse de la finca de Las Encinillas, donde se ha instalado un pequeño parque multiaventura. Si se sigue por la pista, al lado del murete de piedra, nos encontraremos que hasta justo unos metros antes de llegar a la bifurcación que da acceso a un túnel por debajo de la autopista AP6, el murete de piedra se encuentra en parte derruido, por este "acceso" podría internarse dentro de la finca para llegar hasta un curioso roquedal que nos recibe con unas escaleras talladas en la roca, en su cima se encuentra una coqueta mesa y bancos de piedra esperándonos para un supuesto almuerzo. Otro rincón menos conocido y más escondido. 


Per crucem ad lucem.
                               De la cruz a la luz.

8 de marzo de 2011

Quinta de los Molinos: Almendros en flor


Estirando los números, en torno al medio millar de la eterna calle Álcala de Madrid, se ubica un parque con solera por estas fechas, donde el astro rey alardea de su poder para regalarnos pequeños adelantos de la primavera. La Quinta de Los Molinos es bien conocida por los madrileños gracias al florecimiento
de los innumerables almendros plantados en este parque. Después de su momento de gloria, llegará el decaimiento de la flor y el parque volverá a recuperar su rutina diaria de un pequeño lugar de descanso ideado por el arquitecto alicantino César Cort, al construir antaño, un jardín de tipo mediterráneo donde destacan principalmente los almendros y los olivos, sin olvidar a pinos, mimosas y eucaliptos.

Al parque se accede por la entrada de la c/ Álcala, muy cerca del metro
de Suanzes. A partir de ahí, un ancho camino supervisado por
plátanos nos lleva hasta la parte noble donde esta construido un palacete junto a otro edificio facilmente reconocible por su nombre, La Casa del Reloj. Los dos molinos que dan nombre al parque y se encuentran en esta zona y fueron adquiridos para facilitar el regadio del jardin (el parque contaba con dos arroyos que lo cruzaban). En esta parte, también se observa el denominado Campo de tenis, un ancho espacio para regocijo de los más pequeños. La estructura de un invernadero solo permite el paso del aire, desechando años mejores que se complementaban con un semillero cercano. Un par de estanques gemelos han sido precedidos por una pequeña laguna. Las caceras alimentaban el suministro del agua a diversas fuentes y otros estanques perdidos en el olvido.

Hace ya un año que llegue tarde al espectaculo del florecimiento, los arboles se habian sacudido los blanquecinos petalos, para revestir la desnudez invernal con el verdor que anuncia la llegada de la primavera. En esta ocasión he estado algo más atento y he podido disfrutar de la floración de estos arboles. El parque distribuido en diferentes secciones y los almendros disfrutan de su posición de privilegio, alineados en perfecto orden de formación y dispuestos a elevar su belleza según el tiempo les vaya dotando de altura, robustez y frondosidad. A día de hoy La Quinta de Los Molinos disfruta del reconocimiento de sus vecinos, con el paso del tiempo conseguirá acrecentarlo aun más, gracias al lento pero firme crecimiento de sus protagonistas. Dará gusto pasear dentro de veinte años por esta Quinta, hasta entonces habrá que esperar. De momento no tengo ninguna prisa.

 Album Quinta de Los Molinos

14 de enero de 2011

Casa Palacio de Mataespesa


A lo largo de la vida cualquiera puede conocer lugares más o menos interesantes, viajar, vivir y descubrir diferentes culturas para llevar a cabo algo tan manido como abrir nuestra mente. Al contrario de la lejanía, en ocasiones uno puede descubrir pequeños rincones cerca de su propia residencia habitual, y estos lugares pueden tener mayor o menor importancia, pero con la suficiente fuerza para hacer pensar lo poco que se conoce realmente el espacio que nos rodea. La casa palacio de Mataespesa en Alpedrete es uno de mis últimos descubrimientos, admito que parezco un seguidor del romanticismo y que mi vista se centra más en un edificio en ruinas que en cualquier maravilla técnica de ingeniería moderna. La casa palacio de Mataespesa se encuentra en un estado ruinoso, enclavado dentro de una finca y rodeada de vegetación, parecería todo una escena mágica de otros tiempos sino fuera por el vandalismo que sufre, mención aparte de los guarros artistas del grafiti abandonando sus "pinceles" en cualquier lugar menos en un contenedor de basura.


A pesar de todo, este lugar tiene algo de atracción personal, un silencioso paseo por sus restos me embauca a otras épocas y a otros modelos de vivir la vida. En realidad este lugar era una casa señorial del siglo XIX cuyos postreros habitantes serían los Duques de Valencia, siendo María del Carmen y Ramírez de Arellano la ultima referencia que he encontrado sobre la finca. Por parte de la población local y del ayuntamiento ha sido objeto de numerosos debates sobre el uso que debía darse a esta parcela de propiedad privada, parece ser que es suelo urbanizable aunque la crisis pueda hacer retroceder cualquier tipo de especulación al enclavarse dentro una buena masa forestal y con numerosos pasos de servidumbre.

Yo accedí a través de la urbanización del mismo nombre, Mataespesa, dejando a un lado un poema inscrito sobre una piedra y siguiendo una calzada de adoquines hacia la parte frontal del edificio señorial. Son numerosas las edificaciones que hay alrededor, vaquerías, un gallinero, un palomar, una capilla y diferentes casas viviendas. Hacia el noreste hay una cisterna y un poco más escondido, siguiendo una vereda, un magnífico balcón incrustado sobre una roca con vistas hacia Cabeza Mediana. Como ya he comentado las edificaciones se encuentran en un estado ruinoso, multitud de cascotes y escombros que adornan los suelos.



A pesar de todo, la estructura se mantiene firme gracias a los rocosos materiales con que fue edificado y permite imaginar la riqueza e importancia que debió tener en su momento. La casa palacio de Mataespesa se mantiene pues olvidada, donde la vegetación trabaja con sigilo para intentar ocultarla. El denominado "Castillo de Alpedrete" ha sido visitada frecuentemente por los amantes del aerosol y de los que preferiblemente pretenden perderse unos minutos por sus muros, con el murmullo de la naturaleza de fondo y prestos a escuchar algún sonido perdido en el tiempo cuando habitaba la vida alrededor de estos restos.

Album de fotos.