22 de septiembre de 2026

Piratas

Hará un par de años, di cabida en el blog una novela de, Alberto Vázquez-Figueroa, titulada como Manaos. En aquella entrada, me explayé algo sobre este divertido autor español que tuvo cierto éxito con sus novelas de aventuras en el último tercio del siglo XX. Incluidas algunas adaptaciones cinematográficas de carácter internacional, para mayor gloria de su bolsillo y para el de Hacienda, según él mismo. 

En este último y cálido verano de 2026, ha llegado a mis manos un título demoledor, conciso y claro sobre la temática de la novela: Piratas. Un sustantivo directo y plural, alejado de mayores esfuerzos literarios. No hay ningún atisbo de engatusar al personal con nombres comerciales. ¿Qué hay de cenar? Pescao, pues chao a la pomposidad marketinera. Por simple curiosidad, he revisado los títulos de la larga obra de Vázquez-Figueroa, y aunque hay de todo, destaca ese carácter austero, simple y modesto de enunciar una única palabra: Hambre, Medusa, Coltán, Pederastas, Sicario, Palmira, Marfil, Tuareg, Ébano, etc. 
Cortesía de Google Gemini
Pero al grano, porque lo interesante está en el interior o eso se dice para justificar fachadas descentradas. El autor ofrece en Piratas un texto bastante entretenido sobre este noble oficio endulzado por el cine en múltiples ocasiones. El protagonista del relato se presenta en una pequeña isla del Caribe español, donde un joven Sebastián Heredia Matamoros ayuda a su padre a buscar perlas en la costa para poder subsistir, pues estos trabajadores son explotados por los gobernadores. A pesar de la humildad familiar, al muchacho se le presume cierta felicidad infantil, hasta que un fatal acontecimiento viene a trastocar las vidas de los habitantes de isla Margarita con la llegada del villano del texto. Un nuevo gobernador con la clara intención de enriquecerse con mayor ansía mediante el trabajo de los demás y ser tan déspota que se encapricha de la madre del protagonista. Para evitar cualquier falsa acusación o una muerte accidental, el padre y el hijo huyen de mala manera por el mar, hasta que son rescatados por un buque pirata. Un famoso navío botado como Jacaré Jack, capitaneado por un simpático escoces y la consiguiente tripulación repleta de sinvergüenzas.

De este modo, nuestro joven protagonista arranca su instrucción al mundo adulto sobre la mar. Y como todo héroe predestinado a mayores logros, rápidamente dará cuenta de cierta astucia, arrojo y desparpajo, atributos que irán engatusando tanto al capitán como al lector, que marcha entretenido en distintas y simpáticas fechorías. La novela de Vázquez-Figueroa acierta en su fabula mediante el entretenimiento y ritmos continuos, pero vuelvo a echar de menos un mayor desarrollo en algunos capítulos. Una elaboración más preparada en las peripecias propuestas que la acción constante. Obviamente, se reconoce que la energía del texto fluye mejor cuantas más aventuras se acumulan, pero hecho de menos algunas intrigas internas en la tripulación pirata, el autor apunta ciertas disidencias pero sin llegar a indagar claramente esos conflictos que darían mayor vida al texto. Porque esas situaciones darían mayor juego al abrir el amplio abanico de personajes que se nombran, pero que no llegan a acumular más que frases sueltas en diferentes espacios bien separados. Es un ejemplo sin más, de nombres que como Nick Cararrota o Zafiro Burman bien podrían haber tenido mayor protagonismo y haber aportado más. Cuando quiere, Vázquez-Figueroa expone otros argumentos sin relación alguna con la historia que esta contando. Como destacar una opinión personal sobre la casa de putas que debía ser la Casa de Contratación de Sevilla, tanto en la propia ciudad como con los desplazados al nuevo mundo. Un inútil monopolio que echaba a perder la exuberancia de tener un continente entero. 

Pero la novela avanza, con el crecimiento lógico de las primeras acometidas del joven Sebastián en el arte de la piratería y la apreciación del capitán sobre el espabilado muchacho. Aparte de la buena construcción del viaje del héroe, toda gran aventura necesita de un villano de altura. Y nada mejor que emparejar en el camino de Sebastián al causante de la destrucción de su unidad familiar, del origen circular que suelen tener todas la buenas historias. Es un rencor clásico, visto y leído en múltiples ocasiones que sirven de pretexto para que el héroe tenga la excusa de alimentar el veneno que lleva dentro. El autor tiene la habilidad de construir una relevante venganza frente al gobernador, Hernando Pedrárias, quien a su vez se revolverá como un gato para reaccionar en una maravillosa perspectiva de añadir más mordiente a la novela. Sin embargo, Vázquez Figueroa se sale de la tangente. Sin animo de destripar nada, el escritor aprovecha un demoledor hecho histórico para ahostiar al lector con la mano abierta, y si pudiera, con algún anillo para que deje marca. Es una salida inusual, colocada claramente con romper una resolución que parecía visualizarse de antemano. Anticlímax lo llaman. Está claro que quería sorprender y lo logra. Que guste o no, es otra cosa bien distinta. Particularmente, no me entusiasma su propuesta después de lograr algo tan atractivo e interesante como provocar que tuviera ganas de seguir pasando páginas. Suele ocurrir cuando se disfruta del vaivén aventurero.  

-En la conciencia de un hombre honrado pesa más la muerte de un canalla que en la del canalla la muerte de un inocente. Miguel Heredia

Piratas
Alberto Vázquez-Figueroa
Plaza y Janés Ed. 1997

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9 de septiembre de 2026

La historia interminable

Resulta curioso haber llegado hasta este libro concreto en 2026, al que reconozco su exitoso pasado, pues me pillaba en edad infantil cuando triunfaba en buena parte del mundo. Curiosamente, yo era más de Momo, en concreto de la película que adaptaba el libro del mismo autor frente a la hecha por Wolfgang Petersen de La historia Interminable. Película que tuvo mayor reconocimiento global. En realidad me daba más mal rollo aquellos hombres grises que negociaban con el tiempo frente a las desventuras de Atreyu, en La historia interminable, y su malogrado caballo (menudo trauma infantil dejó en mi generación). De hecho, siempre pensaba que debía leer la novela de Momo y revisar nuevamente la película porque ya ha llovido bastante desde entonces. Es un viejo propósito sin cumplir a lo largo de los años; y toma tú por donde que una de mis hijas desechó, a las primeras de cambio la lectura de La historia interminable, para dejarme por ahí tirado el librito, tan cerca que lentamente se convirtió en una agradable lectura veraniega.

No ha sido un dèjá vu casual, ni un arranque nostálgico, más bien ha sido un impulso consciente de que tenía que leer un texto principal de mi infancia pese a mis preferencias personales sobre las películas que adaptaban las novelas. Ahora no queda otra que obligarme, realmente, a buscar el libro de Momo y meter de paso en el blog alguna opinión. 

Dentro de poco, La historia interminable alcanzará la madurita cifra de los 50 años desde su primera publicación. Un logro a destacar, gracias a las reimpresiones que la editorial Alfaguara mantiene en el mundo hispanohablante. Es posible que haya decaído su interés e influencia por el lógico transcurrir del tiempo, pero ahí está su sello, ligado a la importancia general que alcanzan los denominados clásicos. Imperecederos textos que logran sobrevivir al simple olvido. La historia interminable parece que prevalecerá, incluida con la citada cifra redonda donde el capitalismo reavivará el ansia cultural con alguna edición especial coleccionable, única y estupenda.

A fin de cuentas, es uno de los grandes títulos literarios del último tercio del siglo XX. Fue escrita por el alemán, Michael Ende y alcanzó un enorme triunfo comercial pese a estar catalogada como juvenil por su carácter fantástico y desarrollo aventurero. Como todo éxito que se precie, La historia interminable tuvo su adaptación cinematográfica en 1984, un hito ochentero con una melodía bien reconocible para quienes rondan y superan el medio siglo de existencia. A pesar del consabido tirón popular del filme, al autor le desagradó sobremanera el traslado de su obra a la gran pantalla por parte de su paisano, Wolfgang Petersen (Das Boot, Troya), con un metraje que se centraba únicamente en la mitad del libro. Porque la novela está estructurada en dos grandes partes. Una primera donde prevalece la misión encomendada a un joven llamado Atreyu de salvar al mundo de Fantasía del avance de un ente conocido como la Nada y que se extiende por todo su mundo. En la segunda parte irrumpe un nuevo protagonista: Bastián Baltasar Bux es un joven rechoncho que al inicio de la historia se esconde en un desván del colegio para enconderse allí de los clásicos abusones de colegio mientras lee un libro que se ha agenciado de manera ilícita. 

En un principio, Bastián se entretiene con las aventuras de Atreyu hasta que su presencia externa comienza a interactuar, poco a poco, con la narrativa del texto hasta ser incluido dentro del propio libro que estaba leyendo. De tal modo, llega a convertirse en protagonista de la historia gracias a que sus deseos e imaginación, son elementos imprescindibles para que Fantasía continúe existiendo. Esta incorporación, es una aportación interesante por parte de Michael Ende, al romper un esquema puramente fantástico y de aventuras. Porque la primera parte parecía estar condenada a la mera repetición, allí donde el joven Atreyu encadenaba diferentes pruebas a superar y donde apenas se veía alguna luz que explicara qué demonios era o representaba la Nada, y por qué está asociada a la extraña enfermedad de la Emperatriz infantil. Ese traslado, conlleva a que Bastián lidere una segunda parte más interesante, por el mero hecho de ahondar en la personalidad de un muchacho acomplejado en el mundo real. El tradicional viaje que todo héroe realiza y que termina por transformarlo. Al fin y al cabo, Atreyu es la referencia de Bastián, el espejo al que quiere parecerse y toma de referente, como cualquier chiquillo de su edad, en esa lejana edad de desarrollo de una personalidad que necesita un guía. 

La particular odisea de Bastián, es que la ventaja que le proporciona Fantasía le hace superar a su héroe y le dota de tal poder, que mola ver como Ende juega con la personalidad del muchacho que debía salvar a Fantasía, en un reverso tan cercano como la de llegar a ser un tirano. Un caso conocido y extrapolable a los salva patrias que terminan siendo devorados por sus propios egos. Mucho más interesante esta segunda parte que la del ideal caballero que supera continuas adversidades y que obviaron en el filme. Además, incluye personajes que van tomando valor en la historia, simples secundarios que aportan algo en la transformación de Bastián y que participan en sus aventuras. 

Tal vez, el mayor problema de la novela sea el exceso. El libro se extiende a lo largo de diversos capítulos donde tiende acumular numerosas rarezas. Como si hubiera una tonta necesidad de incluir toda clase de bichos estrafalarios. Tal despliegue, tendrá sentido en la cabeza del autor, al dar por hecho que cualquiera es capaz de asimilar toda clase de referencias culturales o necesidad de explorar cualquier fantasía a través de personajes inventados. Ende se pasa de frenada con tanto vaivén y tanta criatura fantástica para terminar buscando algo tan básico como la voluntad de afrontar la perdida de un ser amado para reivindicar, simplemente, el uso de la imaginación como una válvula de escape. 

-¿Venís conmigo? -dijo Bastián volviéndose a Atreyu y Fújur-. ¿O tenéis quizá otra de vuestras propuestas?

La historia interminable
Michael Ende
Ed Alfaguara, 1984

17 de julio de 2026

Balada de la playa de los perros

Esta es una de esas novelas que acaban siendo incluidas en una lista meramente personal. La de las lecturas que merecen la pena releer. En su día, Balada de la playa de los perros fue una recomendación de un librero, hará unos veinte años, en tiempos donde se aceptaban de buena gana recomendaciones directas de un extraño sin necesidad de contrastar en un buscador digital. Ésa cifra, la de las dos décadas, es una curiosa unidad de medida que abarca un amplio espacio para rememorar hechos del pasado, allí donde muchas cosas parecen haberse realizado en ese margen, año abajo, años arriba. Seguramente, tenga que ampliar esas dos décadas de referencia a una tercera para incluir recuerdos que vagamente pululan en mi memoria a su impune albedrío. Como si en medio hubiera un gran agujero negro sin nada relevante, mientras lo importante se queda apartado en ese pequeño margen temporal. Algo similar debió pasarle a Cardoso Pires, pues la novela fue publicada en 1982, cuando la historia que narra toma como referencia un asesinato cometido en 1962. Un escabroso crimen real que agitó algo a la sociedad portuguesa de la época, cuyas vidas transcurrían alegremente bajo el control de la dictadura salazarista. Porque nuestros vecinos atlánticos también tuvieron su ración de totalitarismo a lo largo del siglo XX.  
Toca volver a la novela y a su publicación ochentera para destacar la rápida propaganda junto a los elogios que recibió el autor, tanto a nivel local como al europeo, con una gran aceptación de crítica que elevaron a Cardoso Pires como a uno de los grandes escritores portugueses.

La novela expone un hecho real, el asesinato de un militar de alta graduación que revolvió la situación política del país por la posibilidad de que tuviera relación con el intento de acallar un posible intento de golpe de estado. Portugal llevaba unos 30 años bajo la autoridad de António de Oliveira Salazar, y en esas fechas, había un enorme descontento por la guerra colonial de ultramar, en un intento de frenar los movimientos independentistas de Angola, Guinea o Mozambique. Una guerra que provocaba un gran desgaste en las arcas del país y en el enorme esfuerzo de alistar a numerosos jóvenes dentro de una población más bien escasa. Por ahí anda el ejemplo del joven cabo Barroca en el texto, lidiando en tejemanejes políticos cuando su única función en la novela sería buscar el exilio como vía de escape. 

En ese contexto político, el autor prefiere desgranar su historia desde una óptica más personal, a través de una investigación policial clásica donde se hace acopio de datos, detalles y descripciones policiales. A la par, permite recorrer la sociedad portuguesa desde una postura cercana, sin necesidad de hurgar en un complejo complot político, aunque quede expuesto de forma secundaria.

En realidad no es lo importante, Cardoso Pires opta por la individualidad personal, tomando como base al curioso inspector, Elías Santana, y su peculiar modo de proceder para desarrollar una investigación de manera extensiva. El autor se inclina por un texto que acapara demasiadas vueltas a un mismo tema y del que parece no avanzar, mientas te embauca en un adictivo proceder que entretiene con el mismo rollo continuamente. Un ejemplo claro viene dado por la única sospechosa detenida, situada sobre la joven y atractiva Mena. Una empedernida fumadora cuyos continuos interrogatorios sirven para abrir paso a la investigación e intuir qué demonios ha pasado con cierta letanía. De inicio, ella es la única arrestada por el asesinato y se reincide en su persona para intentar resolver el supuesto complot y dar con los compinches que andan huidos. Y en medio de ese escaso proceder, anda metida la pluma del autor, con extensas divagaciones que logran descolocar a un lector que intenta ir resolviendo un texto que sorprende por tomar otros caminos menos frecuentes que el mero hecho de hallar al culpable tras coleccionar pistas. Después del paso del tiempo, reconozco que me encandiló más en el pasado. Tal vez sea causa de la nostalgia, o de aquella primera experiencia que suele marcar con mayor tesón que en una segunda lectura. Al final resuelvo que destacan más las continuas vueltas al mismo tema sin que Cardoso Pires me engañe en una segunda ocasión.  

Un criminal que deja llamaradas en el camino o tiene miedo de la oscuridad o quiere deslumbrar a la policía.

Balada de la playa de los perros
José Cardoso Pires
Ed Alianza editorial, 1998


5 de mayo de 2026

Las cuatro plumas

Escrita en 1902 y adaptada al cine en diversas ocasiones (la última fue en 2002), Las cuatro plumas está considerada como la novela más importante de A.E.W. Mason: militar, novelista y espía británico que en su día destacó también por una serie de novelas precursora de las sagas detectivescas, con la creación del inspector Gabriel Hanaud, que a su vez fue la figura precedente del más famoso, Hércules Poirot de Agatha Christie; aunque el peso del tiempo ha ido relegando las aventuras de Hanaud al olvido; como al resto de obras de Mason. Salvo el libro al que dedico esta entrada, gracias a que esta historia concreta ha visto la pantalla grande hasta en seis adaptaciones. 

Las cuatro plumas contiene una buena mezcla de géneros al batallar entre el romanticismo, el sentido de la amistad, algo de aventuras y el parangón anacrónico del honor. Harry Feversham (en mi edición Reno la traducción sustituyó el nombre de pila por Enrique) es un joven militar que tiene previsto casarse con una joven irlandesa llamada Ethne Eustace. Pero antes de que suceda tal evento, el regimiento al que pertenece el protagonista es requerido para acudir a África, pues el Sudán se ha levantado en armas contra el colonialismo inglés. Feversham ha crecido bajo el peso de la responsabilidad familiar, cuyos antepasados hicieron carrera militar. Un orgullo para las siguientes generaciones que son vigilados bajo la estricta mirada de sus retratos, expuestos en una larga galería de la casa familiar. Un pasillo extenuante para el joven Harry, porque un simple paseo por ese corredor parece transformarse en una revista militar sobre sus hombros, allí donde descansa el buen nombre de su apellido y la responsabilidad que abarca cumplir con un destino prefabricado.

Las tuvo entre los dedos como si estuviera a punto de romperlas. Pero se contuvo. Miró de pronto hacía ella y no separó la vista de su rostro durante un rato. Luego, con mucho cuidado, se guardó las plumas en el bolsillo del pecho. En un intento de pasar desapercibido, Harry renuncia a su cargo militar, pero unos colegas de profesión, y supuestos amigos, descubren el intento de escaqueo de Harry y le envían por ello, unas simples plumas blancas en señal de cobardía. Apuntado por ese cruel destino, donde el sentido del honor figura en una posición muy distinta al del siglo XXI, el señalado Harry toma la decisión voluntariosa de rescatar su honor, acudir por su cuenta y riesgo al continente africano y demostrar su valía frente a quienes le han acusado de cobarde. Resumido así de simple, la novela parece encaminada a adentrarse en la heroica fantasía de un protagonista dispuesto a superar mil obstáculos y lograr la redención gracias a sus actos. No obstante, la narración olvida a Harry a la hora de capitalizar el protagonismo hacia otras dos figuras que completen un famoso triangulo, con la incorporación de la propia Ethne y de John Durrance. Este último es el mejor amigo de Harry, quien desconoce la causa de su defenestración, y que, cábalas de la vida, anda enamoraito perdio de la susodicha, e intenta conquistar su corazón al descubrir la ruptura de la pareja. Tampoco es un bala que se aproveche de tal situación, pues también intentará atar cabos para descubrir qué diablos ha pasado con su colega. 

He ahí que la novela, que apuntaba detalles de aventuras, se ha contentado con unos simples esbozos para centrarse después en otros derroteros más parlanchines. Con los intentos de Durrance de conquistar el corazón de Ethne mientras el relato paralelo de la redención de Feversham queda desdibujado al azar de la búsqueda de noticias por parte de terceras personas. Un buen hacer es trasladar la voz cantante del texto entre diversas personas, gracias a este planteamiento de Mason al planear un aspecto que deriva a la terna psicológica de sus personajes, allí donde puedan ocultar intenciones o exponer parte de otros secundarios. Unas noticias que van incorporando material al relato principal a cuentagotas, y sin necesidad de acudir a la fácil posición del héroe intrépido en territorios exóticos. Dato importante para la época que fue concebida la novela. 

El retorno de uno de los acusadores, el capitán Willoughby, encara un nuevo punto de vista al retirar su pluma en manos de Ethne y que nos sirva de narrador para contar las experiencias de Harry. Se desata entonces el clásico trio amoroso donde cabalgan culpas, deseos y buenas intenciones a través de unos personajes tan pulcros que el lector desearía algún tipo de maldad que añada mayor dificultad al texto de Mason. También ocurre que este señor escribe con una maravillosa pedantería, y el lector termina rendido al modo que ha escogido para contar su historia. Una novela que destaca los puntos de vista transversales a la hora de narrar y estructurar la novela entre la mayoría de los implicados, con un toque de realismo que supera la expectativa fantasiosa de la presumible redención de Feversham. 

Las cuatro plumas
AEW Mason

27 de abril de 2026

V de Vendetta

Un poco antes del cambio de milenio, llegó a los cines una película que logró imponer una estética relevante a través de una flipada mental que terminó por convertirse, con el tiempo, en un referente visual dentro de la historia del cine. El ciberpunk The Matrix (1999) vio la luz gracias a las hermanas Wachowski, con una narrativa y espectáculo visual tan arrollador a lo largo del mundo, que la calculadora capitalista estiró la recaudación hacia una trilogía y posteriores añadidos extras de colaboradores cinematográficos, como la conocida antología, The Animatrix (2003). El impacto del filme fue tan importante, que con paso de los años cualquier producción paralela, asociada al apellido Wachowski, contenía una atención extra. Como por ejemplo la adaptación de uno de los comics más conocidos de uno de los más grandes autores del noveno arte. Alan Moore con su V de Vendetta, cuyo estreno fue en 2006, donde todavía perduraban los ecos y parabienes de la trilogía citada. 
Touché a tú bolsillo, Moore - Warner Bros
La adaptación fue capitaneada por James McTeige, un tipo de origen australiano y con bastante oficio en el sector audiovisual (principalmente como asistente de dirección), el cual recibió el encargo de trasladar a la pantalla grande una obra que ya arrastraba cierta repercusión por su propio peso. Curiosamente, recuerdo abandonar una primera lectura del cómic en aquellos tiempos. Simple y llanamente porque me aburría. Por aquel entonces, era incapaz de conectar con la distopía creada por Moore, y hubo de pasar algunos años para que por fin me obligará a concluir la lectura y el visionado de los dibujos de David Lloyd, cuyas monótonas figuras me resultan pesadas y de difícil seguimiento por el simple hecho de que un buen número de personajes me parecen todos iguales. 

V de Vendetta propone una historia alternativa hacia finales del siglo XX. Conviene recordar que el tebeo fue concebido a mediados de los 80, en una Inglaterra gobernada por una señora (Margaret Tatcher) cuyo sobrenombre quedaba genial en cualquier historieta dibujada: La Dama de Hierro; y puestos a imaginar el futuro, Moore previó una guerra nuclear que dejaría a medio mundo alelado, salvo una aislada isla a cuyo gobierno ascendería un partido fascista que aprovechará la imperiosa necesidad humana de sobrevivir, de echarse a los brazos del primero que le ofrezca cierta seguridad y control frente al caos. Lo que ofrece Nayib Bukele hoy día. Una similitud de ascenso similar al nazismo con un control absoluto, por parte del Estado, de fiscalizar todo el relato.

La historia recae en un pavo que oculta su rostro bajo una mascara teatral, a través del conocido actor Hugo Weaving, quien se ve obligado a actuar a través de la voz y los gestos tras un antifaz versada en una historieta inglesa que evoca a un hombre del pasado llamado Guy Fawkes, el cual intentó volar por los aires el parlamento británico. Como se quedaron con las ganas, un contemporáneo que acapara la V como firma y nombre, toma el relevo de alzarse frente a la tiranía y erigirse en el adalid de la libertad. Esa a la que han renunciado el resto de los ingleses. Una sociedad acobardada bajo la firme suela del opresor y que ha olvidado la clásica referencia española de Fuenteovejuna para sobreponerse. La idea del héroe es una clara muestra de incentivar una revolución por parte de un confeso anarquista como Moore. 
Nuestra reina Amidala - Warner Bros
En el cómic, los habitantes de Inglaterra andan escasos de lo que hoy entendemos por necesidades básicas, mientras que en la película se contentan simplemente con el recorte de las libertades más mundanas. La dupla femenina está protagonizada por Natalie Portman bajo el nombre de Evey, quien intenta ejercer la prostitución para sacarse un extra, aunque confunde al potencial cliente con policías de paisanos que intentarán aprovecharse de ella. Mientras que en el filme su vida corre peligro por el mero hecho de saltarse el toque de queda. El cómic, en ese aspecto, anda más elaborado que la adaptación cinematográfica, cuya limitación de tiempo prefiere centrarse en el recorte de libertades y en la manipulación mediática, incluidos los actos terroristas del protagonista, los cuales se asumen en la desvergüenza de mantener el relato con la perspectiva directa del mundo orwelliano de 1984. Es un ejemplo de la distancia exagerada entre ambos visiones, porque en el cómic hay mayores motivos para rebelarse que en la pose simplona de la película de el gobierno miente a la población para ocultar sus problemas o carencias. 

Por supuesto, la adaptación cinematográfica contiene los elementos necesarios para que esta producción esté destinada a ser un éxito, además de actualizar algunas cuestiones del cómic ochentero frente a un audiovisual que llegó dos décadas más tarde. Por ahí gana la estética, la factura y el buen hacer del dinero bien empleado para crear una atmósfera y mundo propio. Sin embargo, y como suele ocurrir en las adaptaciones, la tijera hace acto de presencia. La película de McTeige se centra justo en lo más importante: la distopia que tiene enjaulada a su población pero que no añade ninguna subtrama del cómic original, ni siquiera aspectos propios de cierta importancia que enriquezcan una película llamativa de inicio. Básicamente, es un calco de las viñetas, exceptuando a algunos personajes. Como el amado líder fascista, al que se le sitúa como un malvado gritón que imparte ordenes a través de una pantalla. Otro secundario, llamado Gordon (amante y contrabandista de Evey en el tebeo) se transforma aquí en un bonachón presentador de TV, que tiene a buen hacer, incluir un sketch homenaje al gran Benny Hill, sintonía y velocidad de reproducción incluidos. Una única y acertada aportación de una película que llega a dejarse ver gracias a su notable apariencia, que cobraría mayor importancia si el espectador desconociese el cómic original. 

En comparación, gana la obra de Moore y el dibujante Lloyd. Gracias sobre todo a esas historias secundarias y transversales que tan bien maneja el guionista, porque esos adornos exteriores embellecen un conjunto del que adolece una película, que a pesar de su presupuesto, termina siendo del montón y su mejor función es favorecer el interés del personal hacia el cómic. 

V de Vendetta
James McTeige, 2006