Al bueno de John Dos Passos (1896-1970) se le sitúa, literariamente, dentro de la Generación Perdida. Una clasificación que incluye a un reconocido grupo de escritores americanos que anduvieron un tiempo extraviados por Europa. Ya sea para participar en la I Guerra Mundial, donde recabaron material suficiente para narrar sus experiencias en la contienda; o en plan bohemio, para describir las dificultades de posguerra en el viejo continente, con la capital francesa a la cabeza en su auge cultural. La firma de estas personas destaca a un buen número de autores bien reconocibles: como Hemingway, Fitzgerald o Faulkner, entre otros. Dos Passos pertenecía a una familia adinerada que podía permitirse el lujo de establecer, al joven John, en diversos países europeos donde ampliar su formación académica. Y de ahí, rápidamente a su participación voluntaria en la I Guerra Mundial, cuya labor estuvo centrada en la conducción de ambulancias de la Cruz Roja. Al concluir la guerra, debutó en el mundo de las letras con historias relacionadas a su experiencia personal durante el conflicto.
De esas fechas saltamos a 1951, cuando se publicó: Un lugar en la tierra. Una ambiciosa novela que acompaña a un nutrido grupo generacional sobre la evolución de EEUU a potencia mundial; con fechas centradas desde finales del XIX, hasta el complejo inicio del XX. Una revisión sobre el desarrollo de una sociedad con diferentes puntos de vista, a través de una serie de personajes que forman fragmentos separados en el conjunto de la novela. Por un lado están sus vidas personales, y por otro, su participación individual, dando forma a una historia grupal en forma de contexto que explique por donde deambulan esos personajes. A Dos Passos se le atribuye estructurar sus obras en forma de collage, un estilo propio que expone relatos separados, unos de otros, pero que en conjunto, tienen muchas cosas en común. Porque siempre es más agradable cuando las historias individuales son las responsables de poner relieve a un período concreto.
En primer lugar y de manera colectiva, habría que destacar a las elites americanas, quienes toman conciencia de las oportunidades de negocio y dirigen el afán empresarial de su país, a establecerse por encima del resto de potencias mundiales. El principal apoyo vendrá dado en forma de Guerra Mundial, en una primera edición donde los EEUU miraron de soslayo hasta casi el final, despreocupados en sus propios asuntos salvo por la incorporación final de los voluntarios idealistas. Obviamente, es más fácil prosperar si tú país no ha sido asolado por las armas. Sin embargo y a pesar de esa clara intención de negocio, el libro incorpora otro tema de general importancia: La lucha de clases que se dio en buena parte del mundo occidental a causa de la relevante revolución bolchevique. Una oleada tan importante, que llegó a alborotar a todas la sociedades modernas de la época, cuando las facciones obreras tomaron un notable impulso para reivindicar mejoras en sus condiciones sociales. Los dirigentes y grandes empresarios reaccionaron por igual, sin miedo a buscar la confrontación por diversos medios, pues andaban recelosos de que dicha revolución se extendiera por más países.
En medio de este contexto histórico, Dos Passos narra con detalle la vida de varias personas en capítulos dedicados en exclusividad hacia ellos. Y con el supuesto resultado de que debieran concretarse en una historia principal, o de una suma, que debiera llegar a una situación concreta. Este extraño vaivén desconcierta al lector, que busca a lo largo de las páginas algún nexo o interés relevante que relacione a estos personajes, donde algunos simplemente aparecen para formar parte del entorno, y en ocasiones, sin aportar nada que te anime a seguir con la lectura. Un caso concreto seria el fragmento dedicado a Ana Comfort Welsh. Valdría su biografía para exponer un auge feminista y particular en los inicios del XX, con un texto paralelo sobre la evolución de los movimientos sociales y las aspiraciones de las clases trabajadoras a formarse como un partido que aspirase a trasladar la revolución a los EEUU. Queda la idea y el proyecto revolucionario en el libro, pero Ana Comfort, y los secundarios que la acompañan, desaparecen del mismo.
Sólo destacan individualmente, el dúo formado por Jay Pignatelli y Lucie Harrington, quienes serán los protagonistas reales de la novela, al acaparar, poco a poco, mayor espacio en el texto y con pinta de andar condenados a encontrarse en algún momento de sus vidas. En primer lugar, destaca el protagonismo de Jay Pignatelli. Con un desarrollo que coincide con la propia experiencia vital del autor. Porque John Dos Passos ubica a su adinerado y joven protagonista en un recorrido similar al suyo, como poder criarse en Europa, lector compulsivo a pesar de su miopía y voluntario en la Cruz Roja como conductor de ambulancias durante la I Guerra Mundial. Un paralelismo, en la que Dos Passos ya dio cuenta de sus recuerdos en el conflicto bélico al principio de su función como novelista, con un llamativo salto de 30 años de diferencia a través de La iniciación de un hombre (1919) y Tres soldados (1922).
Con Un lugar en la tierra vuelve a esa misma experiencia para contarnos la vida de Pignatelli y el idealismo personal de este joven. Tras la fórmula conocida de exponer en alto unos pensamientos que le acarreará problemas en el ejército y marcará su destino posterior para convertirse en abogado. Un picapleitos con una clara orientación popular, a la hora de escoger defender a las clases populares. En ese aspecto, destacará por representar a un padre y su hijo de origen italiano, en un juicio que más bien parece un serio aviso al sector anarquista por la violencia que solía desatarse en las manifestaciones y huelgas obreras. Es una causa que recuerda al famoso e histórico caso de los anarquistas, Sacco y Vanzetti. Una inspiración acorde a los sentimientos encontrados entre las clases populares y las posturas que la sociedad escogía. Ningún hombre sensato debe hacer nada para salvar de la catástrofe al mundo capitalista. Cuando antes se liquide el capitalismo, mejor será para la raza humana. Jed Morris
Sin duda, Jay anda por el mundo buscando encontrarse, en un desarrollo continuo con tantos secundarios que en ocasiones pierdo la cuenta de qué diablos está haciendo y con quién carajos está. La novela mejora cuando Pignatelli está quieto en algún lugar concreto, como cuando describe su estancia en la Francia de posguerra o buscándose problemas en las faldas de la mujeres. La historia de Lulie Harrington es otro cantar. Ligada su figura femenina al cuidado del hogar y las tareas que acarreaban las mujeres de su época. Por caprichos del destino, anda tutelada por sus tíos, mientras en ocasiones logra realizar diversas excursiones juveniles con sus amigos a través de los enormes lagos que limitan con Chicago. Dos Passos dedica una fortaleza singular a la señorita Harrington, al describir sus andanzas cotidianas mientras va enamorando a todos los hombres que se cruzan en su camino. Una fuerza narrativa con una larga lista de pretendientes que consideran natural poder elegir a las chica, y que ésta tenga que verse, tanto halagada como forzada a aceptar tales propuestas. Al menos Lulie sabe sortear estas situaciones comprometidas con la elegante gracia que toda fémina suele adquirir con naturalidad rechazar tales proposiciones.
Un lugar en la tierra
Ed. Planeta, 1965
Colección Alcotán
Pero sus reflexiones se desplomaron bajo el peso de lo que hubiera querido decir y no pudo. Porque habría deseado explicar que las consabidas divisas - Libertad, Justicia, Civilización, Democracia - se disolvían en una masa de vulgaridades bajo los pies de los que afirmaban aplicarlas.






.jpg)
.jpg)