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17 de julio de 2026

Balada de la playa de los perros

Esta es una de esas novelas que acaban siendo incluidas en una lista meramente personal. La de las lecturas que merecen la pena releer. En su día, Balada de la playa de los perros fue una recomendación de un librero, hará unos veinte años, en tiempos donde se aceptaban de buena gana recomendaciones directas de un extraño sin necesidad de contrastar con un buscador digital. Ésa cifra, es una curiosa unidad de medida que abarca un gran espacio para rememorar hechos del pasado, donde muchas cosas parecen haberse realizado en ese margen, año abajo, años arriba. Seguramente tenga que ampliar esas dos décadas de referencia a una tercera para incluir recuerdos que vagamente pululan en mi memoria a su libre albedrío. Como si en medio hubiera un gran agujero negro sin nada relevante mientras lo importante se queda apartado en ese pequeño margen temporal. Algo similar debió ocurrir a Cardoso Pires, pues la novela fue publicada en 1982 mientras la historia que narra toma como referencia un asesinato cometido en 1962. Un escabroso crimen real que agitó algo a la sociedad portuguesa de la época, cuyas vidas transcurrirán alegremente bajo el control de la dictadura salazarista. Porque nuestros vecinos atlánticos también tuvieron su ración de totalitarismo a lo largo del siglo XX.  
Pero toca volver a la novela, y a su publicación ochentera para destacar la rápida propaganda junto a los elogios que recibió el autor, tanto a nivel local como al europeo con una gran aceptación de crítica que elevaron a Cardoso Pires como a uno de los grandes escritores portugueses. La novela expone un hecho real, el asesinato de un militar de alta graduación que revolvió la situación política del país por la posibilidad de que tuviera relación con el intento de acallar un posible intento de golpe de estado. Portugal llevaba unos 30 años bajo la autoridad de António de Oliveira Salazar, y en esas fechas, había un enorme descontento por la guerra colonial de ultramar, en un intento de frenar los movimientos independentistas de Angola, Guinea o Mozambique. Una guerra que provocaba un gran desgaste en las arcas del país y en el enorme esfuerzo de alistar a numerosos jóvenes dentro de una población más bien escasa. 

En ese contexto político, el autor desgrana su historia desde una óptica más personal, a través de una investigación policial clásica donde se hace acopio de datos, detalles y descripciones policiales. A la par, permite recorrer la sociedad portuguesa desde una postura cercana, sin necesidad de hurgar en un complejo complot político, aunque quede expuesto de forma secundaria.

En realidad no es lo importante, Cardoso Pires opta por la individualidad personal, tomando como base al curioso inspector, Elías Santana, y su peculiar modo de proceder para desarrollar una investigación de manera extensiva. El autor opta por un texto que acapara demasiadas vueltas a un mismo tema y del que parece no avanzar, mientas te embauca en un adictivo proceder que entretiene con el mismo rollo continuamente. Un ejemplo claro viene dado por la única detenida, situada sobre la joven y atractiva Mena. Una empedernida fumadora cuyos continuos interrogatorios sirven para abrir paso a la investigación con cierta letanía. De inicio, ella es la única arrestada por el asesinato y se reincide en su persona para intentar resolver el supuesto complot y dar con los compinches que andan huidos. Y en medio de ese escaso proceder, anda metida la pluma del autor, con extensas divagaciones que logran descolocar a un lector que intenta ir resolviendo un texto que sorprende por tomar otros caminos menos frecuentes. Después del paso del tiempo, reconozco que me encandiló más en el pasado. Tal vez sea causa de la nostalgia, o de aquella primera experiencia que suele marcar con mayor tesón que en una segunda lectura donde destaca más las continuas vueltas al mismo tema.  

Un criminal que deja llamaradas en el camino o tiene miedo de la oscuridad o quiere deslumbrar a la policía.

Balada de la playa de los perros
José Cardoso Pires
Ed Alianza editorial, 1998

5 de mayo de 2026

Las cuatro plumas

Escrita en 1902 y adaptada al cine en diversas ocasiones (la última fue en 2002), Las cuatro plumas está considerada como la novela más importante de A.E.W. Mason: militar, novelista y espía británico que en su día destacó también por una serie de novelas precursora de las sagas detectivescas, con la creación del inspector Gabriel Hanaud, que a su vez fue la figura precedente del más famoso, Hércules Poirot de Agatha Christie; aunque el peso del tiempo ha ido relegando las aventuras de Hanaud al olvido; como al resto de obras de Mason. Salvo el libro al que dedico esta entrada, gracias a que esta historia concreta ha visto la pantalla grande hasta en seis adaptaciones. 

Las cuatro plumas contiene una buena mezcla de géneros al batallar entre el romanticismo, el sentido de la amistad, algo de aventuras y el parangón anacrónico del honor. Harry Feversham (en mi edición Reno la traducción sustituyó el nombre de pila por Enrique) es un joven militar que tiene previsto casarse con una joven irlandesa llamada Ethne Eustace. Pero antes de que suceda tal evento, el regimiento al que pertenece el protagonista es requerido para acudir a África, pues el Sudán se ha levantado en armas contra el colonialismo inglés. Feversham ha crecido bajo el peso de la responsabilidad familiar, cuyos antepasados hicieron carrera militar. Un orgullo para las siguientes generaciones que son vigilados bajo la estricta mirada de sus retratos, expuestos en una larga galería de la casa familiar. Un pasillo extenuante para el joven Harry, porque un simple paseo por ese corredor parece transformarse en una revista militar sobre sus hombros, allí donde descansa el buen nombre de su apellido y la responsabilidad que abarca cumplir con un destino prefabricado.

Las tuvo entre los dedos como si estuviera a punto de romperlas. Pero se contuvo. Miró de pronto hacía ella y no separó la vista de su rostro durante un rato. Luego, con mucho cuidado, se guardó las plumas en el bolsillo del pecho. En un intento de pasar desapercibido, Harry renuncia a su cargo militar, pero unos colegas de profesión, y supuestos amigos, descubren el intento de escaqueo de Harry y le envían por ello, unas simples plumas blancas en señal de cobardía. Apuntado por ese cruel destino, donde el sentido del honor figura en una posición muy distinta al del siglo XXI, el señalado Harry toma la decisión voluntariosa de rescatar su honor, acudir por su cuenta y riesgo al continente africano y demostrar su valía frente a quienes le han acusado de cobarde. Resumido así de simple, la novela parece encaminada a adentrarse en la heroica fantasía de un protagonista dispuesto a superar mil obstáculos y lograr la redención gracias a sus actos. No obstante, la narración olvida a Harry a la hora de capitalizar el protagonismo hacia otras dos figuras que completen un famoso triangulo, con la incorporación de la propia Ethne y de John Durrance. Este último es el mejor amigo de Harry, quien desconoce la causa de su defenestración, y que, cábalas de la vida, anda enamoraito perdio de la susodicha, e intenta conquistar su corazón al descubrir la ruptura de la pareja. Tampoco es un bala que se aproveche de tal situación, pues también intentará atar cabos para descubrir qué diablos ha pasado con su colega. 

He ahí que la novela, que apuntaba detalles de aventuras, se ha contentado con unos simples esbozos para centrarse después en otros derroteros más parlanchines. Con los intentos de Durrance de conquistar el corazón de Ethne mientras el relato paralelo de la redención de Feversham queda desdibujado al azar de la búsqueda de noticias por parte de terceras personas. Un buen hacer es trasladar la voz cantante del texto entre diversas personas, gracias a este planteamiento de Mason al planear un aspecto que deriva a la terna psicológica de sus personajes, allí donde puedan ocultar intenciones o exponer parte de otros secundarios. Unas noticias que van incorporando material al relato principal a cuentagotas, y sin necesidad de acudir a la fácil posición del héroe intrépido en territorios exóticos. Dato importante para la época que fue concebida la novela. 

El retorno de uno de los acusadores, el capitán Willoughby, encara un nuevo punto de vista al retirar su pluma en manos de Ethne y que nos sirva de narrador para contar las experiencias de Harry. Se desata entonces el clásico trio amoroso donde cabalgan culpas, deseos y buenas intenciones a través de unos personajes tan pulcros que el lector desearía algún tipo de maldad que añada mayor dificultad al texto de Mason. También ocurre que este señor escribe con una maravillosa pedantería, y el lector termina rendido al modo que ha escogido para contar su historia. Una novela que destaca los puntos de vista transversales a la hora de narrar y estructurar la novela entre la mayoría de los implicados, con un toque de realismo que supera la expectativa fantasiosa de la presumible redención de Feversham. 

Las cuatro plumas
AEW Mason

11 de marzo de 2026

El ojo del huracán

El ojo de un huracán es un efecto meteorológico bastante curioso, a la par de hermoso y peligroso. Visualmente, llama mucho la atención ese rechoncho agujero, supuestamente más calmado que el vendaval que gira a su alrededor. Menos gracia tendrá si te pilla en medio del mar, alojado en un trasto flotante que pondría a prueba la entereza de cualquier estomago y la capacidad del buque de mantenerse a flote. Por ahí van los tiros del libro dedicado a esta entrada. Ese atractivo salvaje, es una buena pista para indicar un título literario, y hasta repetir frase si es necesario. Porque esta novela concreta, fechada por primera vez en 1976 y con título original de Storm Warning, fue traducido al español como: El ojo del huracán. Con una historia particular durante la II Guerra Mundial.

Unos cuantos años más tarde, otra novela del mismo autor, publicada en origen en 1992 y con título original, Eye of the Storm, fue trasladado al castellano con el reiterativo titular de El ojo del huracán, una llamativa casualidad chapucera que engloba a dos novelas distintas pero firmadas por el mismo autor; sin mayor relevancia que manifestar una singular anécdota dentro de la melopea editorial española.
La novela objeto de esta entrada, es una entretenida aventura comercial que muestra a diferentes protagonistas de la II Guerra Mundial destinados a luchar contra los elementos. A través de un tejido bastante solvente de Jack Higgins, autor con una abundante producción literaria y que se especializó en el genero de espionaje, thrillers, suspense y derivados.

Desde el Brasil parte hacia Europa un navío. Una vieja goleta sueca rebautizada como Deutschland, y que anda guiada por un grupo de marinos alemanes que desean volver a su nación para a reunirse con sus familiares, al constatar la previsible derrota de su país en la contienda. Al mando está el veterano capitán Eric Berger, quien se ve forzado a aceptar a un grupo de monjas como parte de la tripulación, en un peligroso trayecto que incluye cruzar el Atlántico y sortear además a los navíos y submarinos aliados.
-¿Han rezado hermana?
-Sí.
-Bien, para que lo sepa, sus plegarias fueron escuchadas. En este cachivache debe haber alguien que vive virtuosamente. Yo no soy, de modo que debe ser usted. Berger 
Entre las religiosas, se encuentra una novicia de nombre Lotte, cuyos votos se verán comprometidos ante la imponente figura y habilidades de Helmut Richter, el contramaestre del barco. Ambos formarán una sosa e infantil dupla amorosa con el único problema de la condición inicial de la muchacha y el qué dirán del resto. 

En el bando contrario, la novela escoge a sus protagonistas con otro parecer bien distinto, en especial a un viejo almirante americano llamado Carey Reeve, cuyo estado físico da muestras de las medallas obtenidas en su trayectoria militar: tuerto, manco y cojo. Una especie de Blas de Lezo yanqui que parece haber sido desterrado a una remota isla de las Hébridas escocesas. Desde allí, removerá toda la influencia que le sea posible para que lo acepten devolver a la primera línea del conflicto. 

Mayor interés despierta la sobrina del almirante mutilado, porque la enfermera Janet, no solo cumple con solvencia su oficio bajo las bombas que caen sobre su destino en Londres, sino que adquiere un notable protagonismo con la determinación que adquiere una personalidad tan marcada, que es capaz de sostener el relato sin acudir al fácil planteamiento físico o uso de las armasPara completar el tablero multitudinario, Higgins introduce a Paul Gericke, un comandante alemán considerado como uno de los ases en la guía de submarinos y las batallas navales. Los vericuetos que recorre su aventura personal, cosecha un modelo de entretenimiento clásico de superar numerosos obstáculos, una aventura constante que incluye la mejor parte de la novela al incluir continuos giros que embaucan al lector a continuar con la lectura. Y a coger cierto aprecio sobre el educado alemán.

Parte del título ya indica cierto spoiler, aunque Higgins demuestra conocer el oficio para amenizar el relato a través de diversas peripecias. La espina dorsal lo marca el itinerario de la goleta, que pasará por toda clase de vicisitudes hasta parecer un verdadero milagro que logre alcanzar las costas británicas. En ese buque, los tripulantes harán frente a diversas ventiscas naturales (bastante repetitivas) que les obliga a una lucha constante por mantener a flote su viejo cascarón y la cordura humana. Una situación que lógicamente se tambalea por la sucesión de problemas y los días acumulados rodeados de agua. Obviamente, el reparto coral anda encaminado hacia la tradicional resolución donde todos los protagonistas se juntan hacia el final. En un viaje constante que mantiene el interés a lo largo del texto gracias al buen hacer de Higgins y a los personajes que ha ido incorporando. La resolución, el culmen final es otro cantar. Una especie de canto a la colaboración humana frente al caos o catástrofes ajenas a nuestras manos, porque los enemigos pueden incluso colaborar cuando la situación lo requiera. Demasiado exagerado para un genero que merodea con el suspense y expone una realidad poco creíble. 

Oliver Wendell Holmes dijo en una ocasión que el hombre debía compartir la acción y la pasión de su tiempo, pues de lo contrario corría el riesgo de que dictaminaran que no había vivido, y durante casi toda mi existencia he obedecido este precepto con inusitada perseverancia. Por ahora me encuentro atrapado en la telaraña de los días, y el tiempo pasa con una especie de movimiento retardado, y ¿para qué? ¿con qué fin?
Contralmirante Carey Reeve

El ojo del huracán
Jack Higgins
Plaza y Janés, 1982

24 de febrero de 2026

Asesinato para principiantes

Esta novela llegó en 2019, a través de una joven e inteligente debutante en la escritura de nombre, Holly Jackson. Una escritora británica que logró un rotundo éxito con la venta del libro a lo largo y ancho del mundo. Tal gloria, merece una continuación tras otra; hasta completar una trilogía que ya ha marcado tendencia en la literatura juvenil, al estirar las aventuras de su protagonista con los títulos: Desaparición para expertos (2021) y Venganza para víctimas (2022). Aparte de la correspondiente adaptación televisiva mediante una plataforma audiovisual de pago, los espabilados de la editorial, han sabida jugar la carta de la precuela, con otro hallazgo literario denominado como Muerte en la isla (2025). 

Asesinato para principiantes es una novela de carácter juvenil, cuya protagonista está a punto de comenzar el último curso de instituto para, a posteriori, dar el paso a la universidad. Pippa Fitz-Amobi es una estudiante aplicada, brillante y diligente, que expone fielmente la responsable figura del cerebrito de la clase. Al parecer, los estudiantes ingleses tienen que elaborar una especie de trabajo, o proyecto, con cierta elaboración como fin de ciclo. Y para esa tarea, escoge un tema peliagudo. Porque hará como unos cinco años que en la misma localidad donde reside sucedió una tragedia con la desaparición de una popular chica del mismo instituto: Andie Bell. Dos días después, su novio Sal Singh apareció muerto en un bosque cercano, como si se hubiera suicidado atiborrándose a medicamentos y acompañado de una nota donde se atribuía haber asesinado a su pareja. La eficaz policía inglesa continuó con la búsqueda del cuerpo de la chica sin éxito alguno, dando por sentado la póstuma confesión de Sal y los remordimientos que le llevaron a suicidarse. Caso cerrado, pero con la herida abierta en la pequeña localidad de Kilton.

Para la joven Pippa hay algo que no cuadra. A pesar de que hay una pequeña diferencia de edad entre ellos, Pippa retiene un agradable recuerdo de Sal cuando eran más pequeños, cuando amablemente la defendió de los típicos abusones del colegio y recuerda perfectamente la figura de un joven adolescente amable, aplicado e integrado con el resto. Nada que ver con la sombra de un monstruo que los vecinos han ido creando. La obligatoriedad del trabajo estudiantil le permite investigar por su cuenta, con la excusa de cómo trataron el tema los medios de comunicación. Con esta premisa, discurre la novela en primera persona a cargo de la protagonista. La investigación escolar sirve de excusa para poner al lector en antecedentes y acompañar a Pippa en sus averiguaciones, mediante un diario y una serie de transcripciones de las entrevistas que va realizando, un esmerado método que sirve para animar el relato. Ni que decir tiene que la perseverante muchacha, irá encontrando pequeños hilos de los que podrá atar ciertos cabos para continuar sus indagaciones, y empezar a tener constancia de una mayor profundidad en un caso más complejo de lo que aparentaba de inicio.

El libro anda repartido en numerosos capítulos, algunos bastante escuetos donde prima la investigación. Mientras que a la par, se desarrolla algo la vida familiar y social de la protagonista. El clásico ejemplo de cómo afecta el lado personal a una joven que se va adentrando en terrenos pantanosos del pueblo en el que vive ella, su familia y amigos.

La literatura se cierne en un pequeño mal concreto, una especie de guion serializado donde prima el carácter norteamericano de que siempre tiene que suceder algo. En realidad, no es otra cosa que la tonta necesidad de llamar constantemente la atención para mantener alerta al lector con el clásico gancho, o el manoseado cliffhanger que suele dejarse para cerrar capítulos. Hará un año leí un éxito mundial de antaño: Los hombres que no amaban a las mujeres, y aunque mis gustos personales difieren de estas lecturas, las diferencias entre ambas novelas son más que obvias. Sin olvidar el carácter juvenil de, Asesinato para principiantes, ni otras virtudes como la agilidad o la frescura juvenil de atraer la atención con hallazgos relevantes en la continua carrera de obtener nuevas pistas. La obra de Stieg Larsson proporciona una densidad y complejidad mucho más madura y estimulante que el efectismo constante y ligero de Holly Jackson. En realidad no es un reproche, más bien una simple comparación que sirva para situar donde corresponde a cada novela en su lugar. Si tuviera que escoger, gana el sueco claramente.

A pesar de que Asesinato para principiantes guarda interesantes y continuas sorpresas, no deja de ser una obra capitalizada por una obstinada adolescente que se juega la vida con la desvergüenza propia de una edad que se considera intocable. La novela juega en otra liga diferente, cuyo mayor valor es el continuo gancho que permite seguir la novela sin complejos de saber de antemano que se van a suceder diversas sorpresas y revelaciones de secretos, donde toca distinguir cuando Jackson acierta y sorprende de manera satisfactoria, al extremo de reconocer cuando se pasa de frenada. La novel escritora tiene el buen hacer de plantear textos bastante visuales, como si se diera de antemano el caramelo de una adaptación televisiva que la permitiera obtener mayor promoción. Queda por ver hasta cuando durará la moda. De momento, ha logrado que mi hija mayor se lea las dos continuaciones con entusiasmo e interés. Siempre hay algo positivo.

Asesinato para principiantes
Holly Jackson
Ed CrossBooks, 2020

6 de febrero de 2026

Un lugar en la tierra

Al bueno de John Dos Passos (1896-1970) se le sitúa, literariamente, dentro de la Generación Perdida. Una clasificación que incluye a un reconocido grupo de escritores americanos que anduvieron un tiempo extraviados por Europa. Ya sea para participar en la I Guerra Mundial, donde recabaron material suficiente para narrar sus experiencias en la contienda; o en plan bohemio, para describir las dificultades de posguerra en el viejo continente, con la capital francesa a la cabeza en su auge culturalLa firma de estas personas destaca a un buen número de autores bien reconocibles: como Hemingway, Fitzgerald o Faulkner, entre otros. Dos Passos pertenecía a una familia adinerada que podía permitirse el lujo de establecer, al joven John, en diversos países europeos donde ampliar su formación académica. Y de ahí, rápidamente a su participación voluntaria en la I Guerra Mundial, cuya labor estuvo centrada en la conducción de ambulancias de la Cruz Roja. Al concluir la guerra, debutó en el mundo de las letras con historias relacionadas a su experiencia personal durante el conflicto.

De esas fechas saltamos a 1951, cuando se publicó: Un lugar en la tierra. Una ambiciosa novela que acompaña a un nutrido grupo generacional sobre la evolución de EEUU a potencia mundial; con fechas centradas desde finales del XIX, hasta el complejo inicio del XX. Una revisión sobre el desarrollo de una sociedad con diferentes puntos de vista, a través de una serie de personajes que forman fragmentos separados en el conjunto de la novela. Por un lado están sus vidas personales, y por otro, su participación individual que va dando forma a una historia grupal en forma de contexto que explique por donde deambulan esos personajes. A Dos Passos se le atribuye estructurar sus obras en forma de collage, un estilo propio que expone relatos separados, unos de otros, pero que en conjunto, tienen muchas cosas en común. Porque siempre es más agradable cuando las historias individuales son las responsables de poner relieve a un período concreto.
En primer lugar y de manera colectiva, habría que destacar a las elites americanas, quienes toman conciencia de las oportunidades de negocio y dirigen el afán empresarial de su país, a establecerse por encima del resto de potencias mundiales. El principal apoyo vendrá dado en forma de Guerra Mundial, en una primera edición donde los EEUU miraron de soslayo hasta casi el final, despreocupados en sus propios asuntos salvo por la incorporación final de los voluntarios idealistas. Obviamente, es más fácil prosperar si tú país no ha sido asolado por las armas. Sin embargo y a pesar de esa clara intención de negocio, el libro incorpora otro tema de general importancia: La continua lucha de clases que se venía gestando desde el siglo anterior, y que culminó, con la relevante revolución bolchevique. Una oleada tan importante, que llegó a alborotar a todas la sociedades modernas de la época, cuando las facciones obreras tomaron un notable impulso para reivindicar mejoras en sus condiciones sociales. Los dirigentes y grandes empresarios reaccionaron por igual, sin miedo a buscar la confrontación por diversos medios, pues andaban recelosos de que dicha revolución se extendiera por más países. 

En medio de este contexto histórico, Dos Passos narra con detalle la vida de varias personas en capítulos dedicados en exclusividad hacia ellos. Y con el supuesto resultado de que debieran concretarse en una historia principal. Este extraño vaivén desconcierta al lector, que busca a lo largo de las páginas algún nexo o interés relevante que relacione a estos personajes, donde algunos simplemente aparecen para formar parte del entorno, y en ocasiones, sin aportar nada que te anime a seguir con la lectura. Un caso concreto seria el fragmento dedicado a Ana Comfort Welsh. Valdría su biografía para exponer un auge feminista y particular en los inicios del XX, con un texto paralelo sobre la evolución de los movimientos sociales y las aspiraciones de las clases trabajadoras a formarse como un partido que aspirase a trasladar la revolución a los EEUU. Queda la idea y el proyecto revolucionario en el libro, pero Ana Comfort, y los secundarios que la acompañan, desaparecen del mismo. Igual que otros muchos.

Sólo destacan individualmente, el dúo formado por Jay Pignatelli y Lucie Harrington, quienes serán los protagonistas reales de la novela, al acaparar, poco a poco, mayor espacio en el texto y con pinta de andar condenados a encontrarse en algún momento de sus vidas. En primer lugar, destaca el protagonismo de Jay Pignatelli. Con un desarrollo que coincide con la propia experiencia vital del autor. Porque John Dos Passos ubica a su adinerado y joven protagonista en un recorrido similar al suyo, como poder criarse en Europa, lector compulsivo a pesar de su miopía y voluntario en la Cruz Roja como conductor de ambulancias durante la I Guerra Mundial. Un paralelismo, en la que Dos Passos ya dio cuenta de sus recuerdos en el conflicto bélico al principio de su función como novelista, con un llamativo salto de 30 años de diferencia a través de La iniciación de un hombre (1919) y Tres soldados (1922). 

Con Un lugar en la tierra vuelve a esa misma experiencia para contarnos la vida de Pignatelli y el idealismo personal de este joven. Tras la fórmula conocida de exponer en alto unos pensamientos que le acarreará problemas en el ejército y marcará su destino posterior para convertirse en abogado. Un picapleitos con una clara orientación popular, a la hora de escoger defender a las clases populares. En ese aspecto, destacará por representar a un padre y su hijo de origen italiano, en un juicio que más bien parece un serio aviso al sector anarquista por la violencia que solía desatarse en las manifestaciones y huelgas obreras. Es una causa que recuerda al famoso e histórico caso de los anarquistas, Sacco y Vanzetti. Una inspiración acorde a los sentimientos encontrados entre las clases populares y las posturas que la sociedad escogía. Ningún hombre sensato debe hacer nada para salvar de la catástrofe al mundo capitalista. Cuando antes se liquide el capitalismo, mejor será para la raza humana. Jed Morris

Sin duda, Jay anda por el mundo buscando encontrarse, en un desarrollo continuo con tantos secundarios que en ocasiones pierdo la cuenta de qué diablos está haciendo y con quién carajos está. La novela mejora cuando Pignatelli está quieto en algún lugar concreto, como cuando describe su estancia en la Francia de posguerra o buscándose problemas en las faldas de la mujeres. La historia de Lulie Harrington es otro cantar. Ligada su figura femenina al cuidado del hogar y a las tareas que acarreaban las mujeres de su época. Por caprichos del destino, anda tutelada por sus tíos, mientras en ocasiones logra realizar diversas excursiones juveniles con sus amigos a través de los enormes lagos que limitan con Chicago. Dos Passos dedica una fortaleza singular a la señorita Harrington, al describir sus andanzas cotidianas mientras va enamorando a todos los hombres que se cruzan en su camino. Una fuerza narrativa con una larga lista de pretendientes que consideran natural poder elegir a las chica, y que ésta tenga que verse, tanto halagada como forzada a aceptar tales propuestas. Al menos Lulie sabe sortear estas situaciones comprometidas con la elegante gracia que toda fémina suele adquirir con naturalidad rechazar tales proposiciones. 

Un lugar en la tierra
Ed. Planeta, 1965
Colección Alcotán

Pero sus reflexiones se desplomaron bajo el peso de lo que hubiera querido decir y no pudo. Porque habría deseado explicar que las consabidas divisas - Libertad, Justicia, Civilización, Democracia - se disolvían en una masa de vulgaridades bajo los pies de los que afirmaban aplicarlas.

3 de diciembre de 2025

En el camino

Esta es una de esas novelas que ha sobrevivido al paso del tiempo bajo un aura considerable, alabada y bastante reconocida en el mundo occidental. En el camino tuvo un buen empujón gracias a Gilbert Millstein, crítico literario que tildó aquella publicación como "una verdadera obra de arte" en su reseña para el The New York Times. Un libro que expone, de manera autobiográfica, los viajes del protagonista por las carreteras de Estados Unidos, en una extraña afición de recorrer semejante país de costa a costa. Corría el año 1957, y el escritor Jack Kerouac ponía la piedra angular de la llamada generación Beat, un movimiento literario surgido tras la Segunda Guerra Mundial y que terminó por influir en la sociedad americana de la época. Un retrato generacional que distaba de la imagen estereotipada de los felices yanquis de los años cincuenta. 

La escritura de la novela también tiene su historia, pues Kerouac se encerró unas semanas para escribir de manera frenética a lo largo de un enorme rollo continuo todo el texto. En su reclusión, contó con la ayuda de las anotaciones que hizo en sus cuadernos mientras realizaba tales viajes a finales de la década de los 40. 

La importancia de la novela, es tal, que anda aupada entre las más influyentes e importantes de las letras estadounidenses. Un éxito editorial de referencia generacional, que cuenta con numerosos seguidores y con excesos colaterales; como la particular búsqueda de Terry, una novia mexicana de Kerouac a lo largo del primer viaje descrito en el libro y que dio pie a una curiosa investigación

Y ahora llega un humilde servidor en 2025 para explayar alegremente, que la lectura de En el camino, se me ha hecho bola. 

La novela de Kerouac abarca una magnífica experiencia personal a través de los alocados viajes de Sal Paradise (el sobrenombre del propio escritor) mientras recorría su país haciendo autostop, en autobús, tren, o por medio de desvencijados coches a toda velocidad, tanto por las carreteras como por las letras que lo describen. Tal atropellamiento, encaja con la escritura de la misma: alocada, repetitiva y sinuosa, donde da la sensación de que esta novela tiene mejores ideas que literatura. El libro anda repartido a lo largo de cinco capítulos cuyos puntos de partida y llegada se sitúan entre Nueva York y San Francisco. Con la ciudad de Denver como parada, casi obligatoria, para dar rienda suelta al desenfreno, de unos jóvenes, que recorren tantas millas como corridas nocturnas. Destaca la visión personal de Sal Paradise, narrador principal que termina por ahondar en la llamativa experiencia vivida años atrás, una llamada desinhibida que le arrastra a embarcarse en los grandes paisajes del interior del país a la búsqueda de algo que siempre anda buscado quien se interna en el mundo adulto. Alguna respuesta o experiencia que alimente hacia dónde reconducir sus pasos.

Carlo y Dean eran como el hombre del calabozo y las tinieblas, el underground, los sórdidos hipsters de América, la nueva generación beat a la que lentamente me iba uniendo. 

En ese trayecto, comparte experiencias con otros múltiples personajes similares, quienes coinciden en un estilo cercano al vagabundeo de andar sin reparos de un lado para otro. Y en medio de tanto viaje está la juerga, las drogas, el sexo y la música como telón de fondo. En una repetición constante donde sólo varían lugares, personajes y recuerdos descritos en una particular manera de minimizar o explayarse según convenga. Es por ahí donde se nota cierta redundancia que amenaza con extenderse a lo largo de todo el texto. Por suerte, surge un fantasma, una figura imprescindible que eleva el interés de la lectura en la curiosa personalidad de Dean Moriarty, el alter ego de Neal Cassidy. El colega zumbado que tiene la capacidad de transformar a quienes rodea por su llamativa forma de ser. Porque Moriarty es un personaje tan desfasado que cuesta creer a semejante elemento. Uno de esos versos libres que aparecen con un don diferenciador, atractivo y adictivo, pese a saber de antemano que es un individuo del que hay que resguardarse en algún momento. Y sin embargo, ambos se compaginan perfectamente, aunque se note cierta devoción de Paradise por su compañero de viaje.

A pesar del soplo refrescante que alcanza todo personaje soberbio, la novela vuelve a caer en la redundancia de los viajes, los coches y la conversaciones transcendentales. Para el final se deja un último peregrinaje a México como guinda de los exhibidores principales de las Roads Trips, la cacareada apoteosis final de un viaje legendario. Hay que reconocer  que en ámbitos generales molan las aventuras de estos personajes y la candidez de rememorar cómo se embarcan en un mundo que ya no existe. Lejano y perdido a mediados del pasado siglo cuando el mundo se descubría y vivía en primera persona. Seguramente, esta lectura me llegue 25 años tarde, cumpliendo así una característica imprescindible del relevo generacional, una obra que cumple su cometido en un momento dado, pero que fuera de ahí, pierde toda su capacidad de sorpresaLuego llega el día de la decepción cuando uno se da cuenta de que es desgraciado y miserable y pobre y está ciego y desnudo, y con rostro de fantasma dolorido y amargado camina temblando por la pesadilla de la vida.

En el camino
Jack Kerouac
Ed Anagrama, Colección compactos, 2014

15 de octubre de 2025

Soledad y angustia

Salvatore Lombino nació en octubre de 1926 en la ciudad de Nueva York. (A huevo del centenario de su nacimiento). Un escritor yanqui con raíces italianas cuya firma literaria derivó en Ed McBain, el sobrenombre más conocido de su labor profesional. Lombino fue un escritor de una extensa producción, y con el paso del tiempo, se le reconoce principalmente en novelas de carácter policíaco y criminal. En especial, una larga serie conocida como Distrito 87 (con más de 50 títulos en su haber). Para 1952 adaptó legalmente el nombre de Evan Hunter, en un extraño gusto por usar seudónimos que le llevaron a firmar como John Abbot, Hunt Collins o Richard Marsten entre otros. Al final, el bueno de Lombino/Hunter dejaría de marear la perdiz y se centraría en dos vertientes: McBain para la prolífica serie criminal, mientras que Hunter se quedaría para un espectro de novelas más diverso en la temática literaria. Hacia 1992 se supo que ambas firmas eran la misma persona, y por concluir este breve resumen, finalmente falleció de cáncer de laringe en 2005, tras fumar como un carretero a lo largo de su vida.

Soledad y angustia data de 1964, y viene firmada por Hunter. Y como en otras ocasiones, la lectura de este libro vino dado por el azar, dentro de la amplia gama que representa mi particular colección Reno; en una edición de 1971 y que su antiguo propietario debió leer hacia 1972, al dejar entre sus páginas algunos billetes del metro de aquellas fechas en dirección a Embajadores. Una chorrada que me hace sonreír y volver a dar utilidad a un libro 50 años después. 
Yo hubiera jugado al parchís con Gloria
La novela versa sobre un tipo que se despierta en un banco, como un mero vagabundo trajeado en un conocido parque de Nueva York. El hombre se percata de que su memoria anda despistada, en una suerte de amnesia de la cual no recuerda nombre, situación, ni nada que le sirva de contexto. Lógicamente, la primera opción es descubrir quién carajo es, y cómo leches, ha acabado durmiendo al aire libre sobre el mobiliario urbano. La única pista que lleva encima es una alianza con las iniciales, G.V., y una libreta negra con un número de teléfono. Ocasión única de echarse a la aventura en la enorme ciudad de Nueva York a la búsqueda de alguna respuesta. Porque la opción lógica de pedir ayuda a cualquier autoridad, ya sea policial o médica, queda descartada para evitar el fin de la ficción.

Debe dar una fuerte sensación sentirse desamparado ante la propuesta de Hunter, en un recorrido singular donde irán surgiendo algunas pistas del pasado de nuestro protagonista. Una figura que adopta el singular nombre de Sam Budvion, para al menos presentarse al mundo como corresponde.

En teoría, la historia propuesta se postula en unas 24 horas, pero con la irrupción de diferentes personas, con las que Budvion irá tratando, el tiempo se dilata, se abre a nuevas experiencias temporales donde el autor aprovecha para rescatar algún recuerdo perdido. Como el colmado donde trabajó de adolescente o el entrañable recuerdo de su abuelo en el negocio familiar. Pero en otras ocasiones hay escenas que van y vienen en el tiempo, en un libre albedrío que obliga al lector a prestar atención. Resulta curiosa la aportación de unos jóvenes al principio del texto, porque en su deambular, Budvion establece contacto con otras gentes en las que despierta algún tipo de subconsciente, en una extraña evocación del pasado que se entremezcla con el supuesto presente del protagonista. Hay una mezcla que traslada la lectura de manera onírica al pasado, al mezclar cosas del presente con tiempo pretéritos, una fórmula clásica de dotar al protagonista de agarrarse de algún modo al esquivo presente, ese al que su mente da la espalda y por la que lucha por salir a flote. Y ya que navegamos en aguas oscuras, huelga decir que Hunter participó en la II Guerra Mundial en el Pacífico. Señales de un pasado que recupera en algunos personajes y los representa como antiguos camaradas de Budvion, tanto en su presente como en sus recuerdos bélicos.

La obsesión que empuja al protagonista hacia adelante cumple otra variante clásica, y lleva el nombre de una mujer: Grace. Hay una Grace por ahí, un amor o un desamor, perdido o añorado, que obviamente tiene que formar parte de la resolución del enigma. Una esperanza al que nuestro protagonista no se harta de perseguir y hasta acosar a ciertas mujeres a las que su mente asocia hacia su querida Grace. Y así es como evoluciona en el texto su persecución y su esperanza de resolver un misterio a través de diferentes Graces que terminan siendo Glorias, Janets... mujeres diversas que ayudan de un modo u otro a divagar sobre las tinieblas de un hombre cuya cabeza persigue ese fantasma que le devuelva la clave de su existencia. Un presente que se obstina en revelar.

Vio salir a una señora por las puerta del muelle, un hombre corrió a abrazarla, y de repente se sintió más solo que nunca en su vida. Los pasajeros estaban inundando las calles, abrazándose, besándose y saludándose entre ellos, y él se quedó al margen de la muchedumbre, respirando penosamente, contemplando el intercambio de cariño, y de pronto, lloró.

Libro y billetes del metro 
Hunter induce al texto una sospecha divertida, gracias a la publicación de una noticia clave en un periódico. La de un peligroso prófugo de una institución mental. Un dato alentador para el bueno de Budvion, meterse en la tesitura de aspirar a ser un loco huido de un manicomio y que su vida sea un invento de las cábalas de su atormentada cabeza. Un aspecto dubitativo que el autor incluye a propósito para acarrear mayor complejidad a textos sacados de la linealidad, recuerdos confusos de un pasado que parecen entrelazarse con la supuesta realidad en un endiablado juego que encaja en diversos tramos del relato. Esos vaivenes temporales pueden servir para poner en orden al lector, o a un protagonista perdido en su locura, del mismo modo que pone en guardia a un lector receloso de tramos menos logrados, espesos, párrafos que mosquean por jugar al despiste y comprobar que nuestro héroe tiene alguna tara sicológica mientras 
recorre las calles de Nueva York a buen paso. La ciudad también tiene su protagonismo, no deja de ser una gigantesca urbe transformada en un laberinto de calles cuadriculadas por números y amplias avenidas. Mayor vacío no puede darse si el tipo es capaz de reconocer tales lugares menos su jeta al verse reflejado en un espejo.

Soledad y angustia en una novela distante, diferente y extraña, a la caza de un aspecto loable y que puede embaucar al lector por su atrevida propuesta de alborotar, de hacer algo distinto. Pero también puede echarlo para atrás, cuando se enroca en términos recurrentes o nos hace perder el hilo de dónde está nuestro protagonista. Lo reconozco, hay tramos donde descarría y obliga a retomar la lectura unas cuantas líneas hacia atrás. A pesar de todo, resulta curiosa y relevante la novela de un autor con ganas de enredar hacia un final que apunta a resolver las dudas de un lector temeroso de los finales abiertos tras tantas vueltas dadas.

Para finiquitar esta entrada, un último apunte sobre la extensa obra de Hunter, pues tuvo varias adaptaciones cinematográficas por algunos directores reconocidos de la época: Richard Brooks (Semilla de maldad), John Frankenheimer  (Los jóvenes salvajes), Claude Chabrol (Laberinto mortal) e incluso el japonés, Akira Kurosawa (El infierno del odio) se apuntó a la moda de adaptar textos ajenos. Evan Hunter también participó como guionista en algún que otro film, a destacar su participación junto a Hitchcock en la adaptación de, Los pájaros, hacia 1963. Por supuesto, Soledad y angustia también tuvo su trasvase a la gran pantalla de la mano de Delbert Mann, con James Garner y Jean Simmons como protagonistas en, La mujer sin rostro, de 1966. A ver si la encuentro y la echamos un vistazo.

Soledad y angustia
Evan Hunter
Ed GP, 384 de la Colección Reno,  1964

3 de septiembre de 2025

La flecha negra

Es un clásico, catalogado como juvenil y de escaso tamaño. Ideal para amenizar el letargo veraniego con las medievales aventuras que propone Robert Louis Stevenson. Uno de los grandes escritores británicos, de los pocos que logró disfrutar su éxito en vida; y encima, vivir de ello, gracias también a otras publicaciones más reconocibles como La isla del tesoro o El doctor Jekill y Mr Hyde. Tan notables, que ambas suelen estar en todas las listas de clásicos imperecederos. 

La flecha negra también tuvo su público en su momento, con una historia sobre un proceso histórico concreto en las islas británicas. Una guerra de sucesión en el siglo XV entre dos bandos: la casa de Lancaster y la de York. Un conflicto más conocido en la efeméride como la Guerra de las Dos Rosas, una rosa blanca representaba a York y la roja a Lancaster. En medio del envite aparece el ficticio protagonista: Richard Shelton. Un jovenzuelo que anda con demasiadas ganas de mostrar su valía como caballero en las batallas que se intuyen en el futuro. Además, anda tutelado por sir Daniel Brackley, un importante noble que busca adherirse a la causa más lucrativa para sus intereses. Como otros nobles cuyos motivos varían según las ganancias previstas, o simplemente apostar por el caballo ganador. Pero el destino aguarda otros derroteros para el joven Shelton en los juegos políticos de la próxima guerra civil, e incluso, algunos misterios del pasado que tendrá que ir descubriendo sobre su linaje. La flecha negra es una novela repleta de giros y vaivenes que cumplen a la perfección el termino de aventuras. El texto aglutina las temáticas necesarias para satisfacer una lectura animada con misterios a resolver, misiones casi imposibles, acción en diversas batallas y un clásico del genero: los disfraces; tan comunes y útiles para esquivar o sorprender al enemigo.
Por supuesto, hay espacio para la clásica historia de amor entre el protagonista y la dama en apuros constantes. Una temática que alcanza empalagosos momentos de amores declarados de por vida a las primeras de cambio. Algo digno de estudio, la facilidad de enamorarse a lo loco, a las primeras de cambio y sin mayor sentido que dar libertad a las hormonas. Obviamente, nuestro protagonista es digno de tal sentimiento, al representar al tradicional héroe defensor de la moral y el honor. Su noble corazón, lo guía a ejercer siempre lo correcto frente a las constantes tribulaciones de los adultos. Su único error, serán las consecuencias de sus actos, llevados siempre con buenas intenciones, pero que chocan con la triste realidad cuando afectan a terceros. A través de las lágrimas vio marcharse al viejo, mareado por la bebida y por el dolor,... ,y por vez primera, comenzó a comprender la desesperada partida que jugamos en la vida, y cómo una vez hecha una cosa, no puede ya cambiarla ni remediarla ninguna contrición. Un aspecto que destaca el bueno de Stevenson para formar el crecimiento del personaje a lo largo de su historia, y no dar por sentado, que el héroe de la historia resuelve sus actos sin consecuencias. 

Toda buena historia tiene que estar elevada por otros personajes que aumente el soso interés de la manida búsqueda de venganza, o las simples controversias a las que recurren los enredos amorosos. Stevenson tiene el notable acierto de incluir a variopintas figuras, desde el fácil comodín que representa al leal compañero, vividor, sinvergüenza y borrachín, Lawless; hasta la coqueta y deslenguada doncella, Alice. En este punto, cabe destacar la inclusión de un personaje histórico y elevado con anterioridad por la pluma de Shakespeare. Un joven llamado Richard de Gloucester, el futuro Ricardo III, con una perspectiva interesante y decidida, violencia incluida, para lograr cumplir sus objetivos sin ningún tipo de miramientos. Una aportación final tan impactante, que casi se come la aventura llevada a cabo por nuestro héroe inicial. Vamos, que daban ganas de abandonar al bueno de Shelton y pasarse al lado del jorobado de Richard, porque simplemente molaba ver el atractivo que recrea un personaje que destila chulería y un toque de locura que atrae como un imán. 

Pero había que terminar con el relato, conocer el final de las peripecias propuestas por Stevenson en múltiples episodios donde algunos llegaban a ser bastante entretenidos a pesar de su noble carácter juvenil. Por último, cabe resaltar la habilidad del autor a la hora de encadenar interesantes diálogos entre los personajes y que terminan siendo una delicia de leer. Un don que termina siendo una gozada por la capacidad de construir a cada personaje con palabras tan afiladas como exactas para cada momento concreto.

Al instante, el individuo dejó su actitud recelosa, llevose la cuchara a la boca, saboreó su contenido, sacudió la cabeza satisfecho y volvió a remover mientras cantaba: 

Andar debe por el bosque
quien no puede en la ciudad.

La flecha negra
Robert Louis Stevenson
Ed. El País Aventuras, 2004

25 de junio de 2025

La jauría

A mediados del XIX, Francia cambió su modelo político con la proclamación de un nuevo Imperio bajo el mandato del sobrino de Napoleón. Carlos Luis Napoleón Bonaparte ya había ganado las elecciones previas de 1848, pero ante la imposibilidad de repetir cargo, aprovechó su posición de poder para perpetuarse durante 20 años más, un conflicto expuesto por Zola al final de La fortuna de los Rougon; en una breve lucha entre los que abogaban por la continuidad de la Republica frente a los que añoraban las viejas glorias militares del primer Imperio. También había bandos por parte de las ramas familiares de los Rougon y los Macquart, y uno de éstos, se extiende en esta segunda novela de la saga. Aristide Rougon protagoniza esta novela, tras abandonar la provincial Plassans, con la idea fija de hacer fortuna en París. Y el cambio político es importante, porque Napoleón III se embarcó en una loca restructuración urbana sobre la capital y que desarrolló planes urbanísticos para transformar las grandes barriadas de obreros, en las amplias avenidas de las que presume, hoy día, en una de las ciudades más visitadas del mundo. 
La foto, la he tirado en cualquier calle de Madrid
Y por ahí andan los tiros de la novela, por parte de Aristide en el arte de la especulación, en la continua avaricia de manejar cierta información para obtener mayores réditos con la compraventa, o en la misma participación de las comisiones municipales que deben valorar el precio real de los inmuebles a expropiar. Incluida las viejas artes de untar al funcionario de turno para que los informes alcen precios sobre el coste real de los inmuebles para sacar mayor tajada del pozo sin fondo que es el erario público. Para ello, cuenta con la inestimable ayuda de sus hermanos: Eugene y doña Sidonie. 

Pero este artista del trampeo tiene un notable método de aprendizaje, gracias al trabajo previo en las mismas oficinas del ayuntamiento de París y al pelotazo que supone obtener una base económica suficiente al aceptar casarse (tras quedar viudo) con una joven burguesa que ha cometido el pecado de estar embarazada sin desearlo. La joven y hermosa Reneé, coprotagoniza otra labor interesante: La del derroche, la despreocupación absoluta del dinero, pues su marido abarca todas las facturas que fabrica esta mujer como la representante de la ascensión burguesa a las altas instancias y a los mismos despilfarros que sus predecesores de sangre noble. Es tanta la acumulación y los caprichos solventados, que esta joven cae en la melancolía del aburrimiento, lo que suele ocurrir cuando cualquier antojo cae en la rutina de obtenerlo sin esperas ni ganancias previas. 

En el prefacio del libro surge una advertencia (por lo menos en esta edición) descrita por el propio autor de la novela, a modo de apunte, del por qué tuvo que interrumpirse la publicación de esta novela en el periódico que difundía por partes la historia. El escandalo del incesto, ... Pero, Dios mío, lo tienes todo, ¿qué más quieres? - Maxime. Pues una nueva tentación, la de enamorarse del hijastro, un jovenzuelo malcriado que primero se lleva al huerto a su madrastra y después continua con el juego porque le place, sin mayor importancia moral que la de disfrutar la vida frente al tonto enamoramiento de la mujer. Así se compone, La jauría, entre dos temáticas relacionadas con la corrupción del ser humano: una para arramblar todo lo que pueda y otra para gozar sin pudor de los placeres y lujos que otorga la vida. Todo ello ataviado con la mano de Zola y su exagerada manera de afrontar su experimento natural sobre el ser humano. Ese naturalismo extremo que abarca momentos memorables de buena literatura junto al minucioso detalle de copar descripciones desesperantes a lo largo de un buen trecho de páginas.

No oculto mi fascinación por la escritura de Émile Zola, pero también reconozco la locura desatada de un pavo que se enzarza en retratar, en demasía, detalles innecesarios de ciertos escenarios. Una retahíla que encima suele acumularse en amplios fragmentos de texto que hacen decaer las ganas de continuar la lectura. La jauría padece de esos tramos repartidos en las andanzas de sus protagonistas por separado. Curiosamente, hay un exceso en señalar inmuebles, parcelas y otros bienes frente a la simpleza de los negocios turbios de Aristide, cuyo apellido he olvidado señalar que mutó a Saccard por interés. En verdad, esperaba un arte de la especulación con mayor elaboración frente a un simple listado, se ve que Zola otorga tales operaciones con sencillez. Yo hubiera preferido un mayor desarrollo ante la simple rapiña. Del mismo modo, aburre en señalar los continuos paseos en carruaje de Reneé por diversas calles de París o recargar el texto al situar, como una enciclopedia arquitectónica, el hotel donde habita la interesada familia compuesta por Aristide, Reneé y Maxime. Hay que esperar a la acción, al enredo entre personajes para que Zola saque a relucir su habitual mala leche y la novela levante el vuelo frente al relleno anotado. Porque ahí, el escritor sabe elaborar los conflictos de los personajes con una maestría generalizada y alzar el interés por la lectura cuando describe las miserias de los personajes. Como cuando Aristide ve peligrar su futuro en el momento clave, al negociar su futuro matrimonio con Reneé mientras su mujer de Plassans intenta agarrarse a la vida Saccard, que había creído en una resurrección diabólica, inventada por el destino para clavarlo a la miseria, se tranquilizó al ver que a la infeliz no le quedaba ni una hora de vida.

Un libro que me ha dejado un regusto amargo, del que esperaba una mayor implicación por parte de sus protagonistas a los que Zola ha separado de manera consciente para contar dos historias entrelazadas que tienen la única unión por la codicia del dinero. Uno para obtenerlo sin mayor pretensión que ser un tío Gilito al que no le cuesta desprenderse con tal de aparentar frente a la locuela que lo malgasta sin rubor. Una caída del guindo al notar el peligro de los bolsillos vacíos   

La jauría
Émile Zola
Alianza Editorial, 2007

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Historia natural y social de una familia bajo el segundo imperio.
  • La fortuna de los Rougon (1871)
  • La jauría (1871)
  • El vientre de París (1873)
  • La conquista de Plassans (1874)
  • El pecado del Abate Mouret (1875)
  • Su excelencia Eugène Rougon (1876)
  • La taberna (1876)
  • Una página de amor (1879)
  • Nana (1880)
  • Miseria humana (1882)
  • El paraíso de las damas (1883)
  • La alegría de vivir (1884)
  • Germinal (1885)
  • La obra (1886)
  • La tierra (1887)
  • El sueño (1888)
  • La bestia humana (1890)
  • El dinero (1891)
  • El desastre (1892)
  • El doctor Pascal (1893)


12 de junio de 2025

Déjame entrar

Hace bastante tiempo que vi la película, en concreto la primera. La adaptación sueca que fue hecha gracias a la notoriedad que fue alcanzando el libro, y que arrastraba cierto renombre a principios del dos mil; porque rápidamente vino después un remake yanki. Visto el éxito que tenía la novela, algún golferas norteamericano se lanzó a versionar el mismo texto con apenas dos años de margen frente a los suecos. Y este breve resumen audiovisual llega al 2022, donde hay que sumar una nueva producción, en formato de serie (de está no tenía ni idea); para mayor gloria del bolsillo de John Ajvide Lindqvist, el autor de la novela. Y recuerdo bastante bien que me gustó el filme, aquella versión vampírica entorno a unos niños como protagonistas principales. Un mito, el del vampiro que estaba de moda nuevamente por aquellas fechas (en 2004 se publicó el libro) junto a otra repelente saga como referente comercial: Crepúsculo. Por mi parte, adquirí el libro para regalarlo, con la idea futura de aprovechar tal presente para después leerlo en cualquier momento. Así de claro, en plan interesado.

Sin embargo, han pasado bastantes años desde entonces, dando por sentado mi habitual desatino por cumplir ideas preconcebidas, hasta que el libro se cruzó nuevamente en mi camino por el mero hecho de hacer limpieza de trastos acumulados, y así fue como recordé, las buenas sensaciones de la adaptación peliculera. Y ahora, tras la lectura del texto, me han entrado ganas de volver a verla, al comprobar que la novela supera con creces el recuerdo que tenía de la película. Menuda historia acabo de descubrir.
T-O-C-T-O-C
El protagonismo principal recae en Oskar, un niño de unos 12 años que sufre acoso escolar por parte de algunos compañeros y que lo humillan constantemente. La rabia que acumula Oskar, la descarga en su imaginación, en el fantasioso deseo de vengarse mientras apuñala el tronco de un árbol que sufre la ira acumulada de Oskar. Aparte de la soledad escolar, hay que sumar la familiar, pues sus padres andan separados, siendo su madre quien lo mantiene pero con la circunstancia de alargar su jornada laboral para poder afrontar las facturas, dejando a Oskar con bastante tiempo libre por las tardes. 

En ese contexto, una nueva familia se instala en el mismo bloque de pisos de Oskar: un padre y una niña (Eli) a los que apenas se les ve por el barrio y que mantienen siempre cerradas las ventanas. Ambos chicos coinciden en el espacio común de los inmuebles y, poco a poco, van estrechando lazos en la fácil unión que se da entre personas que necesitan algún tipo de apoyo, de amistad, de jugar. 

Que necesitará una invitación para poder entrar en su habitación, en su cama. Y él la había invitado.
¿Puedo entrar? Dime que puedo entrar.

Y en esos compases llega la tragedia en forma de asesinato, sobre un adolescente que parece haber sufrido algún tipo de ritual satánico. Un terrible suceso que dispara la imaginación de los medios y mete el miedo en el cuerpo a los vecinos de Blakeberg, un suburbio de Estocolmo, por si pudiera repetirse. En paralelo, Ajvide expone otras historias complementarias que forman parte del grueso del libro. Por un lado está un variado grupo de borrachines. Gente adulta que representan algunas personas que se han desviado del camino correcto y buscan ahogar penas juntos, como los parroquianos habituales de los bares de barrio a la espera de que la vida les ofrezca una segunda oportunidad. Por último, está un problemático jovenzuelo llamado Tommy, cuya madre separada anda tonteando con un policía, mientras que él se dedica a obtener ingresos extras mediante la venta de objetos robados. Todos estos personajes se van desarrollando y entremezclando en pequeños capítulos, alternándose con el resto para formar un lúgubre retrato de la mitificada sociedad sueca. 

Doc Emmet Brown
Ajvide construye un laborioso relato que implica la introducción del mito del vampiro dentro de una sociedad que se ve sacudida por otros elementos igual de terroríficos, como son el bulliyng, la soledad de las personas o la pedofilia misma. Un tema bastante serio al que escritor añade otro tipo de brutalidad sobre los menores: la explotación sexual. Una violencia descrita con una extensión de detalles que transforma la lectura en ciertos pasajes verdaderamente incomodos. Sin necesidad de acudir a la fácil descripción de los chupasangres, este libro contiene pasajes que navegan entre lo escabroso y lo memorable.

Cuesta decirlo, pero hay que alabar el desarrollo pausado que Ajvide expone a toda su narrativa, con un regodeo singular del que sale airoso. Este pirado (sólo hay que ver la foto elegida para adornar la cubierta) logra crear una atmósfera siniestra que logra transmitir la angustia de ciertos personajes al lector, el cual, continua enganchado a la lectura con el imperioso afán de que concluya cierta agonía, y que Ajvide, maneja con maestría a lo largo de unos párrafos, que logran extenderse a través de varias páginas con una calma tan siniestra como colosal. 

Podría enumerar varios tramos, pero lo mejor es entregar tal responsabilidad a la recomendación y que cada uno descubra cómo un libro puede superar con solvencia cualquier adaptación audiovisual. 


Déjame entrar
John Ajvide Lindqvist
Ed Espasa Calpe, 2008

30 de abril de 2025

El enamorado de la Osa Mayor

El autor de esta novela responde al nombre de Sergiusz Piasecki. Un curioso ciudadano de origen polaco que acabó sus días en la Gran Bretaña, donde su cuerpo reposa desde 1964. Y este buen señor, tuvo una azarosa vida repartida entre diversos oficios como bandolero, escritor y diferentes graduaciones militares. El clásico figura que abarca más de una vida para sí mismo y cuya biografía rellenaría algún filme o libro personalizado. De todos sus escritos, sobresale El enamorado de la Osa Mayor como mayor logro editorial. En este libro, se relata un supuesto ejercicio autobiográfico de su experiencia en la frontera como contrabandista. Otra ocupación de bien, que ejercía en el período de entreguerras mundiales en el continente europeo. Piasecki escribió la novela mientras estaba preso en la cárcel, con la idea de presentar la obra a un concurso literario y rellenar el tiempo libre del que disponía en esa agradable estancia, pues tenía pensión completa gracias a sus labores en el contrabando y algún trabajillo extra fuera de la legalidad. Sin embargo, la censura retrasó su publicación aunque sin evitar que el libro alcanzase cierta notoriedad un poco más tarde, concretamente en 1937; convirtiéndose en un éxito entre sus conciudadanos y que pilló desprevenido a su autor. Después llegaría la II Guerra Mundial, la separación europea en dos bloques políticos bien diferenciados y la dedicación de Piasecki a criticar el comunismo desde su última residencia ubicada en Londres. 
La  novela se centra en la descripción que Sergiusz Piasecki hace del negocio del contrabando entre la frontera polaca y sus vecinos rusos. En un relato que idealiza tal oficio, gracias a la aventura de las rutas nocturnas, la obtención de buenas sumas de dinero y el libertinaje de los hombres que se juegan la vida entre las sombras de la noche. Incluidas algunas mujeres que también forman parte del lucrativo negocio y celebran la vida como un hermoso regalo. Porque una vez superado el peligro y cobrada la comisión, hay espacio para el divertimento, a través de relucientes francachelas cantadas con vodka y amenizada entre música, pepinillos y salchichas. Y el Ratón canturreando el aria de la Sabatina, se puso a bailarla sobre el fango de la plaza. Luego nos acompañamos uno a otro a casa charlando. No recuerdo una palabra de lo que dijimos.

El enamorado de la Osa Mayor es un buen relato de aventuras donde caben los habituales atributos del genero; una experiencia repleta de peripecias singulares entre los negocios y las gentes que los llevan a cabo. Abunda una realidad concreta de la vida de frontera, incluida una leyenda local, con su correspondiente fantasma. También hay espacio para el villano de turno, el lógico malhechor que tiene la misión de obstaculizar el paso de nuestro héroe y de convertirse en el enemigo por el que merezca la pena combatir la atención de una mujer. Hay más mujeres señaladas en la novela, donde nuestro protagonista puede darse el lujo de tontear con cualquiera. Porque está es su historia y la adorna como quiere, en plan don Juan. Aunque haya espacio para los amoríos, cabe destacar el deseo que provoca una única mujer, el loco enamoramiento que provoca alguien especial y la reseña correspondiente que merece la fémina en cuestión. Porque por encima de todas, siempre hay una que deja marca.

El conglomerado del contrabando y su proceso ocupa buena parte del texto, así como la función de las diversas bandas que conformaban toda una buena grupeta de aventureros. Una pequeña horda de secundarios para completar un genial relato de la condición humana, a los que Piasecki dedica bastante atención, tanto a sus nombres como a su participación del texto. Hay leales compañeros, como el singular locuelo del Ratón, a famosos borrachos como Bolek Cometa. También hay gentes instruidas, como Pedro, citado como el Filosofo y que por necesidades económicas termina buscando la tierna salida del dinero fácil. A fin de cuentas, la supuesta autobiografía, es una suerte de experiencia vital que engatusa al protagonista, tanto de la estrella que le sirve de guía como la conciencia de la existencia de un código ético que transforma a todos estos contrabandistas. Elevados en algún estándar de clase superior, en una suerte de orgullo de pertenecer a un selecto club de elegidos. 

Obviamente, a la novela podemos ponerle alguna que otra pega, como que varios pasajes parecen bastante repetitivos o andan menos acicalados en la escritura. Hay bastantes frases cortas, sin mayor desarrollo que una simple idea o mayor elaboración que la describir un dato, y que apenas enlaza con algún extracto a destacar a su alrededor. Podríamos dar por sentado que el proceso de la escritura no era la más adecuada, a ver cómo diablos se escribe recluido en una cárcel de principios del XX; y con carencias del propio papel para plasmar ideas. En otras circunstancias, la novela habría pasado por algún borrador previo antes de su publicación, aunque este mismo defecto le confiere cierta gracia y espontaneidad. 

Pero lo mejor de las simpáticas correrías del protagonista viene dada por una simple búsqueda del mismo autor. Basta fisgonear un poco para que se confirme el arte de la invención, porque parece que hay bastante de ficción en el relato, una suerte de endulzar un suceso pasado, de tan buen recuerdo que la magia de la historia se transforma en la arrogancia de mejorar lo vivido o realzar una única verdad. La de este señor hacia sí mismo. Datos recabados a posteriori, por lo que debería corregirse la sentencia autobiográfica, que quedaba muy bien en la contraportada, la verdad. Pongo un par de enlaces al final del post sobre este tema. 

El libro arraiga la sensación del ideal del buen salvaje, aquel que termina estando más cómodo bajo las estrellas que protegido por cualquier techado artificial. Porque Sergiusz Piasecki entró en el negocio por necesidad, eran malos tiempos para los bolsillos y los estómagos vacíos. La dureza de las caminatas a ciegas, la tensión por ser descubiertos por los soldados rusos y la lógica satisfacción del dinero obtenido, se van transformando en una necesidad vital, una droga que otorga sentido a la existencia de alguien que venía pasando penurias. Y si encima encuentra la camaradería, el buen sentir de unos hombres que comparten alegrías, esfuerzos y miserias; todo adquiere un carácter de fraternidad que suena lógico que el autor dedique tiempo a dejarlas por escrito..., un deseo de espacio, de bosque de libertad, de caminos difíciles  y peligrosos donde brilla el "sol zíngaro" y centellean las estrellas de la Osa Mayor. Y a realzarlas.
Hasting Borough, East Sussex, England. Fotografía de Kamil Sobolewski
Tras los avatares de la II GM  y su participación en el ejercito polaco, Piasecki terminó con sus huesos en la pérfida Albión. Hasta su muerte publicó otras obras, mayoritariamente sátiras políticas, de las cuales ninguna ha sido publicada al español. Queda pues en soledad, está única novela que ha logrado sobrepasar algo el tiempo, con una última tirada dada en 2006 gracias a la editorial Acantilado, y siendo halagada por numerosos lectores desde tiempos remotos. Uno de ellos, tuvo el detalle de recomendarme su lectura dentro de la Colección Reno. Tras un breve margen para adquirir el ejemplar, su posterior lectura y reseña, agradezco tal detalle de una lectura gratificante y singular. Y por tanto, me sumo a sus aduladores. A la ficción.

El puesto de honor en la mesa era ocupado por Bolek Cometa, celebré contrabandista, de unos cincuenta años, conocido como bergantes y borrachín sin rival en toda la frontera. Supe más tarde que el apodo de "Cometa" le venía de que el viejo bribón había vendido cuanto poseía y se había bebido todos los cuartos que le produjo aquella venta, en el año 1912, cuando el cometa Halley venía corriendo contra la Tierra y había de provocar el fin del mundo.

El enamorado de la Osa Mayor
Sergiusz Piasecki
Ediciones GP, 1973, Colección Reno, 144

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https://casiliteral.com/la-tuberculosis-de-kafka/el-enamorado-de-la-osa-mayor-i/ 
https://przystanekhistoria.pl/pa2/tematy/kultura/105036,Sergiusz-Piasecki-Zolnierz-i-pisarz-antykomunista.html