20 de diciembre de 2023

Caribou Island

Hace unos cinco años de la lectura de Goat Mountain. Novela que encerraba una historia potente, singular y truculenta del escritor norteamericano David Vann. Autor merecedor de diversos premios literarios y de una agraciada publicidad mediática que encumbra sus letras junto a grandes escritores de su país. Pero el mayor reconocimiento personal es la retención de un libro que ha logrado mantenerse en mi memoria pese al escaso paso de tiempo transcurrido, porque fácilmente, otras novelas caen más rápido al saco del olvido. Y así, poco a poco, volvió Vann a mi cabeza, al atractivo recuerdo anterior y orientarme a escoger libro para cerrar el 23.

David Vann es un escritor que parte de premisas personales, orientando sus historias con experiencias que guarda en su particular mochila vital. Y en esta primera etapa literaria, sus obras tienden a centrarse en conflictos familiares mientras expone los posibles demonios interiores en sus ficciones. Una base promocionada seguramente por la editorial, un gancho basado en el morbo que logra atraer la atención del público y del medio especializado de turno. Luego le toca a Vann corresponder tales expectativas con sus historias.

La elección de Caribou Island fue dado al azar y conviene destacar un pequeño aporte posterior, porque una vez concluida la lectura del libro, suelo tener la costumbre de informarme algo sobre la publicación en concreto. Por ahí descubrí que existe cierta similitud entre Sukkwan Island, su primera novela, y está otra de Caribou Island. La primera acoge la relación de un padre y su hijo, mientras que esta segunda obra amplía el espectro a una familia completa, con la tragedia del suicidio como telón de fondo en el seductor territorio de Alaska. Situada la cercanía y otras referencias similares, conviene centrarse en la obra recién leída, con el matrimonio formado por Gary e Irene como protagonistas de un singular proyecto personal, cuyo plan consiste construir una cabaña de madera en la isla de Caribou y pasar allí alojados el próximo invierno. Pero van con retraso, pues el verano está a punto de terminar y aun andan cargando material para siquiera empezar la casucha. Con el tiempo echándose encima y las ventoleras del lugar añadiendo pimienta al trabajo sin empezar. Además, andan los sentimientos alterados, ya que Irene está convencida de que esta aventura es el último paso para que su marido la abandone. Como una excusa necesaria para abrir el melón del relato.

Su confidente es su hija Rhoda, la única que intenta mantener la cordura y la unión familiar. La otra figura familiar es Mark, el hijo varón del matrimonio y que vive en su particular mundo, un extra sin mayor repercusión que permitir al autor desgranar la ardua tarea de la pesca como una de las principales fuentes de la economía del escenario propuesto: Alaska. Este sitio no deja de ser un lugar apartado, lejano y con ínfulas de naturaleza salvaje, cuya densidad de población se escora principalmente alrededor de la ensenada de Cook y con la apetecible atracción de sus grandes extensiones naturales como reclamo turístico. Por ahí deambula una joven pareja (Carl y Monique) dispuesta a vivir su particular aventura veraniega recorriendo el territorio. Son simples secundarios, sin mayor empaque que aportar un pequeño punto de vista externo que amenace con alterar algo el relato principal con su participación.


Un relato centrado en el matrimonio y en su propuesta inicial de aislarse, aún más si cabe, en un jodido islote. Una manía personal de Gary, como si fuera la última posibilidad de cumplir un sueño juvenil de retroceder en el tiempo y vivir, en plan medieval, alejado del mundo exterior. Es un deseo que lógicamente arrastra a su pareja, y sirve como punto de partida para exponer las consecuencias, fracasos y rencores acumulados a lo largo de treinta años de matrimonio. Y por supuesto, alimentar a la bestia interna que tenía Irene desde que era niña, al rememorar el abandono que sufrió de niña por parte de su padre y el suicidio posterior de su madre. Un spoiler descrito en la primera página del texto, donde se aventura la comida de tarro posterior y la forma de actuar ante la perspectiva propuesta por el escritor. Como si avanzara una suerte de repetición que Rhoda, la hija y la única cuerda del texto, tuviera que lidiar para encontrar una cosa tan sencilla como el sentido de a dónde se dirige su vida. Obviamente ella también tiene sus propios problemas con una pareja indecisa a dar el paso del matrimonio.

Pero la piedra tirada por Vann ha tomado impulso y se sirve de ella para ahondar en los problemas acumulados del matrimonio, relatar parte de su pasado y cómo el vil paso del tiempo, se lleva por delante la estabilidad de la rutina para dar paso al miedo de la vejez, a observar con pavor como suma la resta del tiempo que les queda, y comenzar a echarse en cara los sueños sin cumplir, o las esperanzas abandonadas por la simple necesidad de cumplir con las decisiones que tomaron en su momento: trasladarse a vivir a Alaska, criar a sus hijos, … Manos a la obra, dijo. Por fin. Después de casi treinta años. ¿Cómo es que pasan estas cosas? 
Gary.

Caribou Island termina siendo un relato generacional que Vann maneja a su antojo, sobre todo a través de los tiempos y saltando la narración entre los personajes por bloques. En esos espacios, otorga a cada protagonista su punto de vista y los motivos que les lleva a actuar de una manera u otra. Cabe destacar una escritura que mantiene una letanía desesperante, dando especial hincapié a las frases cortas, como una enumeración constante de la excesiva prudencia que toma Vann en extenderse; de hecho, le encanta el rodeo, y orienta al lector hacia su juego, hacia un relato que termina por sorprender por la facilidad que tiene su autor por atraernos hacia una pista falsa y salir victorioso por otro lado. No es un tema sencillo el que expone, ni un texto agradecido ver como la peña se hunde en un pozo sin la menor intención de pedir auxilio. Pero este tío tiene algo llamativo, que sobresale entre el ambiente chungo y las frases cortas. Algo bueno contiene quién escribe tragedias griegas abrochadas con botas, impermeables y logra salir más que airoso. 


Caribou Island
David Vann
Literatura Mondadori, 2011

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