31 de mayo de 2022

El Silmarillion

A ojo, habrán pasado un par de décadas desde que abandoné la lectura de El Silmarillion, seguramente no sea el único que se bajó del barco tras disfrutar de El señor de los anillos o El hobbit, pero es que El Silmarillion es un libro que difiere bastante de los anteriores. En realidad, es una especie de resumen con la intención de acoger leyendas, cantos, poemas y otras fuentes inventadas por Tolkien para dar forma a su mitología literaria y creada a lo largo de su existencia. Este amplio conglomerado de historietas, vienen repartidas en diversos apartados que se extienden bastante a lo largo de los tiempos narrados por el autor. Porque esta es una de las ventajas de las que disfrutan los protagonistas inmortales que pululan por el libro frente a la libre circulación de los siglos. Que el tiempo pasa pero muchos protagonistas permanecen.

El acopio de estos textos son como cuentos que pueden ordenarse cronológicamente para dotar de cierto sentido las diferentes edades temporales de la llamada Tierra Media, el lugar hacia donde derivan la mayor parte de las aventuras desde otros mágicos lugares y dar forma a El Silmarillion.

Pero a todos nos gusta tener cierto orden, y nada mejor que empezar por el principio, con una especie de génesis que explique el origen y la evolución del idealizado mundo ideado por el autor, influenciado sin duda por los viejos dioses que poblaron las mentes humanas en diversas civilizaciones para dar forma a los suyos propios. Una vez superada la mágica formación del mundo y los celos que señalan al malo de la función, los relatos derivan hacia unas joyas excesivamente hermosas, creadas por uno de los elfos más poderoso: Fëanor. Unas piedras preciosas que serán las causantes de numerosos conflictos por poseerlas, similar codicia a la creada por el Anillo Único y con problemas similares de maldiciones y violencias por poseer tales baratijas. Por ahí ya radica una prueba complicada, a la hora de ubicar numerosas y dispares historias que se reducen en un breve espacio de texto.

En todo ese compendio, surgen ciertos problemas a la hora de acaparar una enorme ristra de nombres, tarea complicada con tantos personajes con el don de recibir numerosos apodos por sus actos, seguir su genealogía y hasta cambiar de nombre propio por algún logro particular; lugares, la geografía siempre ha sido un espacio importante que uno se pierde entre tantas montañas, bosques y ciudades; y sobre todo, los vaivenes propios de las historias narradas. A grosso modo son un buen numero de historias independientes, pero todas andan narradas a una velocidad excesiva. Tolkien abrevia y opta por describir demasiadas acciones en un par de frases sin mayor gracia que dar por bueno lo que nos está contando. Profundidad, motivos o desarrollo más bien escasean. Solamente queda aceptar lo que este buen señor nos dicta en los relatos que funcionan de manera individual pero que son importantes al guardar ciertas conexiones entre éstas y otras historias.

Literariamente, el mayor déficit viene dado por la abreviación de estos relatos. Por un lado se entiende el propósito ideado por Tolkien, al querer resumir tales historias como si éstos fueran poemas épicos recogidos a lo largo de los años y que den sustento a la base de su mitología. Y de hecho funcionan según va avanzando la lectura y vamos adaptando ciertas querencias mientras se devoran las páginas. Labor que se asume por costumbre.

Sin embargo se queda corto, porque rápidamente el lector asume que ahí detrás hay varias historias de grandes dimensiones de las cuales nos han llegado retales. La brevedad de los relatos tienden a verse apresurados y el lector lamenta que no haya una mayor profundidad. Siempre quedará algún punto de interés, alguna reseña interesante que pueda encontrar un mayor espacio. Una pena, porque siempre quedamos con ganas de una mayor profundidad que al mero hecho de acumular acciones sin mayor desarrollo.

Por ahí destacan un par de episodios que cuentan con mayor espacio de texto. Y gracias a este simple hecho de tener más espacio, mayor es el interés al abordar mejor sus historias. A cuento de esto, aprovecho para citar la maldición de Turin Turombar, como mi relato favorito, junto a la historia de amor entre el hombre Beren, el bocazas, (este apodo va de mi parte) y la elfa Luthien. A destacar también la importancia del clásico conflicto entre el bien y el mal. Porque a lo largo de las historias hay una madurez importante, al arrastrar a sus personajes a los meros deseos del poder, la conquista y la arrogancia superioridad de algunos elfos frente a otras razas, el rey Thingol sirve como ejemplo; y como las confrontaciones con el mal, encarnada en una memorable divinidad de constancia planificadora, adquieren un amplio espectro de madurez y de dificultad que emplazan a la Tierra Media a una constante batalla.

Pero Beren rió. -Por bajo precio -dijo- venden a sus hijas los reyes de los Elfos; por gemas y por cosas de artesanía... cuando volvamos a encontrarnos, mi mano sostendrá un Silmaril de la Corona de Hierro.

La historia de Beren y Luthien - obra del artista Jian Guo

A Tolkien le debemos muchas cosas, gracias a su ficticio mundo literario que ha derivado a una sugerente producción hereditaria a través de continuas ediciones y el boom mundial que supuso las películas realizadas por Peter Jackson. Ahora, con la vista próxima al estreno de una nueva serie audiovisual para septiembre de 2022, me he decidido a recuperar esta vieja deuda pendiente. Al menos, el peso de los años ha logrado asentar cierta paciencia, rocosa en algún caso, para atenuar la locura de los nombres que abordan estas páginas. El Silmarillion vuelve al rincón, con el sueño derivado hacia un universo diferente que expone el talento de Tolkien hacia una obra tan personal, inmensa; lo peor de este libro es que ahora te deja con ganas de querer sumergirte en algún relato concreto con la fatalidad de saberse imposible.

Lamentaban amargamente la caída del rey Felagund, y decían que una doncella se había atrevido a lo que no se habían atrevido los hijos de Fëanor,…


El Silmarillion
JRR Tolkien
Ed. Minotauro, 1993
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El Silmarillion


19 de mayo de 2022

Las vírgenes suicidas

Tiene bastante merito el camino individual, personal y profesional que se ha labrado Sofia Coppola a lo largo de los años, incluso a pesar de la alargada sombra que arrastra un apellido descomunal en el séptimo arte. Pero Sofia ha logrado destacar por su trabajo, frente a la constante cita de su apellido cada vez que asomaba cualquier obra de su autoría y sin necesidad de ninguna estridencia publicitaria para lograr el reconocimiento profesional, sobre todo si nos atenemos a una familia repleta de grandes profesionales donde siempre destaca el padre por razones más que obvias. Seguramente el parentesco le abrió más de una puerta pero pocos portazos habrá recibido por su buen hacer. 

La base para su primera película fue la novela de Jeffrey Eugenides: Las vírgenes suicidas. Un filme llamativo, con aire de melancolía adolescente; triste y misterioso sobre el destino de cinco hermanas cuyas vidas marcaron a los jóvenes del barrio en el que vivían. Porque son ellos, los chicos, quienes toman las funciones de la narración, de los hechos que acaecieron en un barrio residencial americano tiempo atrás. El relato se sustenta en una especie de recuerdo, como si de una terapia colectiva tratara de buscar soluciones a la mística que rodeó el destino de las muchachas, las citadas hermanas Lisbon por las que suspiraban los chicos cada vez que ondeaban sus rubias melenas por los pasillos del instituto. La divina juventud de estas adolescentes tenían una importante sobreprotección, dada por una ferviente madre representativa del puritanismo más rancio. La misma que te sonríe de oreja a oreja mientras te pellizca a escondidas para dejar claro quién manda. Esa escolta moral obtiene una desproporcionada respuesta por la más pequeña de las hijas, al intentar acabar con su vida cortándose las venas.

Se mira pero no se toca - Sensacine - D.R.

Esta llamativa situación coloca en la diana de las habladurías a toda la familia, elevando el misterio sobre las muchachas y la búsqueda de soluciones por parte de los padres, como abrir su casa para que sus hijas puedan relacionarse mejor con los muchachos de su edad. Pero el mal que afecta a la menor se traslada como un hongo pernicioso, cuyos males se integra en el interior de los vecinales olmos que adornan los porches residenciales, unos arboles contagiados entre ellos y que derivan en similar condición hacia el destino de las muchachas a lo largo de la película.

A la hora de retratar a la familia Lisbon, Sofia Coppola opta por dar mayor voz y protagonismo a Lux, la hermana que expresa mayores ansias de libertad y el lógico despertar sexual, cuya interpretación recayó en la angelical Kirsten Dunst frente a sus hermanas. Las cuales adquieren, por demérito de la directora y del tiempo dado en la película como meras comparsas. No hay mayor voz por parte de las otras hermanas, vistas desde la distancia por sus aduladores masculinos, quienes buscan continuamente entender, desde la distancia, las complicaciones de la adolescencia y el misterio que rodea el estricto control paterno. La otra gran baza interpretativa viene dada por el matrimonio Lisbon, a través de los eficientes James Woods y Kathleen Turner, dando pie a unos incapaces padres de dar salida las necesidades de unas niñas confinadas a la rigurosa mentalidad de la madre y a la inutilidad del padre.

En el viaje propuesto por Sofia Coppola, destaca la apuesta visual con una mirada limpia sobre una atmósfera con toques de ensoñación; las hermanas son retratadas como diosas iluminadas por un sol rendido a exaltar la belleza juvenil. Esta visión va a tono con el carácter soñador que encierran los recuerdos del pasado propuesto por los narradores de la película, con miradas que cuentan más que muchos diálogos y con la notable participación de la música, un apartado al que Sofia siempre le ha otorgado una valiosa importancia. Sin embargo, según avanza la película y surjan los problemas, la iluminación va perdiendo fuelle de la pureza de la luz inicial hacia otros tonos más tenues según avanza el metraje y se complica la existencia de las niñas. Un punto a favor de Sofia a la hora de estructurar la película con el uso de la imagen retratada.

Han pasado los años desde su estreno, y sin ser una película redonda, Las vírgenes suicidas se mantiene vigente a la hora de abordar la complejidad emocional de la adolescencia a través de unas mujeres que apenas pueden hacer frente al proceso natural del paso de los años. Su tragedia será la única vía de escape frente a la imposición de unos valores caducos que todavía hoy día se dan en buena parte del mundo.


1999
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