Mostrando entradas con la etiqueta EnSerie. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta EnSerie. Mostrar todas las entradas

27 de enero de 2026

El mandaloriano

Para mayo de 2026 está previsto el estreno de un nuevo filme de Star Wars en salas de cines con: The Mandalorian and Grogu. Sería algo normal o habitual dado el alto índice de producciones realizadas por y para la plataforma de pago. Pero tras los palos recibidos por Solo y el final de la última trilogía Skywalker, Disney se ha decantado por las series en detrimento de la pantalla grande. Sólo hay que echar un vistazo a la hemeroteca para percatarse de las continuas cancelaciones de los proyectos propuestos. Con la cacareada trilogía de Rian Johnson a la cabeza. Un autor que estaba destinado a reiniciar la saga galáctica pero que no pasó la dura criba del jurado popular, sobre todo por las críticas desatadas hacia su filme de Los últimos JediY tras el paso de unos cuantos años, sorprende la elección de un nuevo filme, aunque esta sea la apuesta casi segura del Mandaloriano y su huérfano verde, después de tres temporadas pasadas por la plataforma. 
The Mandalorian - Disney+
La película es una buena escusa para retomar el camino correcto, y revisar, una serie que supuso un notable aire fresco de una saga que no conseguía aunar criterio ni opiniones favorables en el largo saco que aglutina este universo particular. Está tan bien pensada que tiene su propia y reconocible BSO. Para 2019 se estrenó la serie bajo la tutela de Jon Favreau y con Dave Filoni como responsables más reconocibles. A ellos, hay que agradecer el logro de recuperar algo de la magia de antaño, con un protagonista ideal dentro de un universo bastante reconocible para el público general. La imagen del mandaloriano retrotrae a una figura legendaria, a un misterioso cazarrecompensas en la lejana ya, El imperio contraataca y cuyo nombre recaía en Bobba Fett. Favrou recuperó esa armadura y casco singular para rodar una serie que ya cumple tres temporadas. Aunque la batuta principal esté situada en un nuevo personaje con mismo disfraz y similar oficio.

Mando o Din Djarin, es otro efectivo cazarrecompensas que se gana la vida aceptando trabajos que requieran de la persuasión efectiva de las armas y con un claro aroma a western; el único genero genuinamente yanqui y del que ya expuso Lucas suficientes elementos en la trilogía original. Por suerte, el público más acérrimo conoce cierta cronología donde ubicar el jolgorio galáctico, que va camino de tener más vaivenes que Regreso al futuro. La historia de El Mandaloriano, anda situada pocos años después de la caída del Imperio, aunque todavía queden pequeñas guarniciones diseminadas que intentan plantear cierta resistencia a la Nueva República.

El pueblo mandaloriano está formado por una especie de soldados de elite, dedicados en exclusiva para la guerra; similares a los antiguos espartanos, con parecido yelmo sobre sus cabezas, y dedicados en cuerpo y alma a su particular metodología guerrera, que incluye un credo religioso cercano al fanatismo. Un código al que su protagonista se agarra obstinadamente para proceder bajo esa norma que guía su camino como un lobo solitario. Porque Mando no es el habitual asesino sin escrúpulos, simplemente realiza su trabajo bajo una interpretación que bebe únicamente de su dicción y los gestos que articule el bueno de Pedro Pascal, el conocido actor que esconde su rostro bajo el casco y la armadura. 
La verdad es que es adorable - Disney+
En la primera temporada hay una clara referencia al western, repitiendo clichés en paralelo a una galaxia muy lejana, donde abundan los duelos, cantinas, rescates y referencias a clásicos del género (Los siete magníficos, Grupo salvaje...) Se agradece que la mayoría de los capítulos sean auto conclusivos, donde nuestro llanero solitario va resolviendo entuertos y estirando el elenco de secundarios que irán adquiriendo protagonismo a lo largo de la serie. El punto de giro principal viene dado por una llamativa figura verde, conocida como baby Yoda, el peluche de moda por aquellos años prepandémicos. Un supuesto huérfano que será adoptado por el mandaloriano, pero cuya existencia tiene un alto precio y valor para los restos del Imperio, situación que convertirá al cazador en la presa de personajes similares a su oficio en capítulos sucesivos.

La segunda temporada juega en favor de la nostalgia, con la inteligente tarea de incorporar secundarios de lujo de manera pausada, como el citado Bobba Fett, la jedi, Ashoka Tano o la conocida sorpresa final que encumbró a esta segunda temporada en un memorable episodio final. Los otros personajes citados tendrán la gloria de acarrear sus propias aventuras de manera independiente. El libro de Bobba Fett, por ejemplo, sirve de interludio hacia la tercera temporada del Mandaloriano. Una serie nacida en el penúltimo capítulo y que debía encumbrar al viejo cazarrecompensas de la trilogía original con una serie propia. La pena, verdadera pena, es que la violenta figura vista en el capítulo donde consigue recuperar la armadura de su padre, muta después en su serie particular, a una especie de gánster que prefiere usar métodos menos prácticos que el de apretar el gatillo y preguntar después. Un giro que no fue acertado del todo, y el bueno de Bobba Fett parece condenado a quedarse en una única temporada para tristeza de quienes esperábamos una visión adulta, violenta y oscura, coño. La serie de Ashoka Tano merecería algún tipo de mención, pero la pereza empieza a asomar en esta entrada y tal vez la dedique algún post individual cuando corresponda.
Para 2023, llegaría una 3ª temporada del mandaloriano, a pesar de contar con un final perfecto en su predecesora para finiquitar sus aventuras y dejar que las mentes de cada uno rellenen qué debía pasar a continuación. Pero el dinero manda, que para eso compraron el alma de Lucas a base de talonario los creyentes de las cuentas bancarias. Los mismos que derivan el entretenimiento hacia una mayor profundidad sobre el pueblo de los Mandalorianos, su planeta de origen y los necesarios conflictos que van inventándose para dar cabida a las nuevas aventuras del protagonista y su mascota verde. Ahora queda por ver como queda el chicle cuando se estire el negocio sobre la pantalla grande. Un servidor acudirá sin demora a cumplir con el sueño del niño que perdura en mi interior. Este es el camino. 

The Mandolorian
2019 Disney+


24 de abril de 2025

Daredevil

Resulta curioso que fuera Netflix quien llevará a su catálogo audiovisual las aventuras del justiciero ciego, y que éste termine en el mismo saco que los demás. En Disney. La multinacional que lo abarca todo; para bien y para mal. Daredevil es uno más de los héroes creados por Stan Lee, allá por la década de los 60, y de los cuales tuvo un seguimiento secundario. Porque Daredevil fue desplazado en popularidad por otros enmascarados más llamativos y con mayor tirón comercial. Se quiera o no, el diablo rojo andaba en una liga menor dentro del universo Marvel, sin aventuras ni villanos relevantes en su haber. A nivel personal, tampoco era santo de mi devoción un tipo que padecía de poderes menos fantasiosos que aquel extraño radar que tenía en su cabeza. Pero esta entrada es una buena excusa para comprobar que todavía conservo algún añejo ejemplar de la edición española Vértice, aquella maravillosa colección que rebautizó al llamado, demonio de la Cocina del Infierno, como Dan Defensor. 

Sin embargo, a estas alturas del primer tercio de siglo, la serie ha cambiado de plataforma y la cuarta temporada ha sido elaborada bajo los auspicios de Disney en su redondo negocio sobre los cómics de Marvel. Pero antes de llegar al Born Again, conviene repasar el por qué del éxito de un aventurero más callejero, y con un rango de acción más reducido, al amparo de la noche y ligado a un barrio y ciudad concreta. Se trata por tanto de algo más cercano, y sin duda, más humano que otros personajes del mundo paralelo de Marvel; allí donde los múltiples villanos aspiran a mayores logros que dominar una simple ciudad y la fantasía desborda en demasía la acumulación de héroes cinematográficos, cuyas aventuras parecen siempre la misma historia.
El héroe con cuernecitos
Daredevil tuvo suerte, porque la actual serie televisiva bebe del relanzamiento que supuso la intervención de Frank Miller en las viñetas de los años 80. Miller es uno de los grandes guionistas del noveno arte, y tuvo la facultad de elevar sus aventuras hacia una dirección más adulta, madura y sombría. El popular hombre sin miedo acabó siendo redefinido por Miller (junto al entintador Klaus Janson) en historias más elaboradas, oscuras y violentas; dando pie a personajes más complejos e interesantes. Un éxito inmediato que transformó, con el paso de los años, en un trabajo imprescindible para los amigos de los tebeos y de la que Netflix se nutrió para poner en pie la serie. Para evitar comparar el Born Again de Disney con las temporadas anteriores, me he quedado sin visionar el promocionado retorno del héroe rojizo y centrarme en la adaptación prepandemia. 

En parte no haría falta, pero por si acaso conviene situar al protagonista como un brillante abogado discapacitado por la ceguera: Matt Murdock, quien junto a su colega universitario, Foggy Nelson, planean levantar un bufete de abogados que defienda los intereses de los necesitados e inocentes, gracias a la habilidad sobrehumana de Murdock de discernir cuando la peña miente por la alteración que provocan los latidos del corazón en tal circunstancia. Ahí andan repartidas sus actividades diurnas; mientras que por la noche, surge un tipo que viste de negro con retales que parecen sacados del Decathlon. Como un triste pañuelo en el rostro para ocultar la jeta del hombre dedicado a repartir estopa sobre los criminales que pululan por la amplia ciudad de Nueva York. 
El mítico soldado patoso, borda su papel de mafioso
En una interesante primera temporada, está la presentación de la figura del héroe y de establecer un enemigo a su altura. El legendario Kingpin, subyugado a la nomenclatura oficial de Wilson Fisk. Es una estructura puramente representativa de las series televisivas, donde hay tiempo de sobra para mostrar la creación del personaje mientras la historia avanza en paralelo con las clásicas historias secundarias que suman fuerzas para formar el producto completo. Ahí adquieren importancia los amigos del protagonista, Foggy y Karen, que pueden volar solos sin estar bajo la batuta de un único protagonista. Algo similar ocurre con Elektra y el Castigador en la segunda temporada, o la inclusión de Bullseye en la tercera. Personajes imprescindibles en la cronología de Daredevil y las obras expuestas por Miller. La serie televisiva tiene la libertad de tomarse el tiempo necesario para explicar intereses, aspiraciones y demás consignas que expliquen los motivos por los cuales se mueven tales figuras. Incluida la variante femenina de Karen "metetentodo" Page. Se entiende el protagonismo que debe alcanzar un personaje central de la historia, pero los autores la han otorgado una cargante versión de la habitual manía de imponer una mujer fuerte e independiente en el drama. Me sobrepasa la función de esta pelma.

No hay tiempo ni ganas de extender un comentario concreto por temporada. Básicamente, porque con sus altas y bajas, Daredevil mantiene un tono general alto. Es una serie bien hecha, que cuenta con una buena dosis de acción, habitualmente filmadas en largas coreografías que resaltan el trabajo realizado por un enorme equipo de producción que sabe lo que hace. A la cabeza, me viene la memorable pelea que Daredevil mantiene con un grupo de moteros en el tercer episodio de la segunda temporada, aunque como esta secuencia hay variadas y repartidas peleas donde romper huesos a mansalva en todas la temporadas. Una llamativa premisa que rompe otras opciones vistas en el alocado montaje que proponen cada vez que hay hostias como panes en otras producciones audiovisuales. Tal vez en demasía, acorde en un producto que enlaza más que bien con los cómics de Miller y Klaus. Que corra la sangre.

Si alguien quiere encontrar algún pero, seguramente lo encuentre en la hábil maquinaria que se ha establecido en producir series como churros. La prefabricación queda latente en un esquema similar a cualquier otra serie de éxito; como la manía de terminar los capítulos con el habitual gancho que provoqué en el espectador la tonta necesidad de pasar al siguiente episodio; o la innecesaria verborrea disfrazada de discursos trascendentales. Hay tanta chulería repartida entre tanto personaje que la sencillez que aporta el amigo Foggy le coloca en una posición necesaria de empatía con cualquier espectador que no sea un flipado. A fin de cuentas no es más que otra ficción de un tipo que se disfraza por las noches para actuar de justiciero en lugar de ejercer de travesti en algún club nocturno.  

De los habituales 13 episodios por temporada, bien podrían reducirse si la hábil tijera recorta miradas ceñudas o introducciones engalanadas con actos musicales. Pero se ve que hay cadenas de montaje bien pertrechadas en la industria norteamericana. Detrás de la militar, la más potente del país aglutinada bajo las barras y estrellas. 

Daredevil
Netflix -  Marvel TV
2015-19

Dan Defensor en una colección que me hizo feliz de niño

2 de octubre de 2024

The Acolyte

Ha sida cancelada. Aunque ya se sabe desde mediados de agosto por los supuestos pobres resultados de los visionados de la serie en la plataforma correspondiente. Además de una buena colecta de críticas sobre la pobre calidad de la misma. Con especial hincapié por parte del fandom más acérrimo y del propio público en general. La crítica especializada ha sido, sin embargo, más benévola hacia el producto capitaneado por Leslye Headland. Más condescendientes hacia un producto que buscaba explorar nuevas historias sobre el universo de Star Wars, alejados de los acontecimientos previos al culebrón familiar de las películas originales y sus posteriores secuelas. Y tras el paso de los días, semanas ya, ando remoloneando con esta maldita entrada. Siendo incapaz de cerrar un texto sobre una serie que me ha dejado con ganas de más pese a las múltiples fallas que contiene la serie. Que son varias, aunque mi extremismo no alcanza un odio exacerbado del que se cree poseedor de su verdad absoluta.

Colorinchis - Disney+
La mía, tan particular como intranscendente, anda situada en la nostalgia de un universo que me tenía sujeto frente a la pantalla tiempo ha. Y por el mero hecho de descubrir una nueva historia, el niño de entonces revolotea sobre el adulto. Aunque éste último ponga cordura sobre un serial tristemente menor, del que apunta maneras pero comete una larga serie de fallos de toda clase: guion, interpretación, dirección y un largo etcétera de algo llamado coherencia. Esta claro que Disney tiene un problema a la hora de explotar una gallina que cada vez pone huevos menos dorados. 

La serie pretendía retroceder en el tiempo y extender la importancia de la República Galáctica en tiempos de paz y cómo se gestó el regreso sinuoso, lento e implacable de los Sith. Para ello contaban con un nuevo drama familiar protagonizada por unas hermanas gemelas (Osha y Mae) y cimentar, durante ocho episodios, un complot Jedi sobre un triste suceso que acabó en drama en el pasado, con las gemelas como precursoras del conflicto. A grandes rasgos, prevalece una idea general de cambiar las tornas, exponer ciertos males de los caballeros Jedi y de su organización, como si fuese necesario sacar los trapos sucios de los supuestos héroes galácticos con el fin de derribar un ideal que de pie a la teoría que ellos mismos participaron en su caída por la arrogancia de su ombliguismo. Siempre viene bien examinar ciertos mitos, humanizarlos si hace falta para rascar algún mal del que poder hilar una historia que pudiera ser interesante y demostrar, que tales héroes, también tenían sus defectos. Pero la historia propuesta por The Acolyte se sustenta en una especie de malentendido, un error que la soberbia Jedi convierte en fatal para un grupo de brujas empoderadas, y como éstos encierran su error a través del silencio. Aquí no ha pasado nada hasta que discurren años en el tiempo y una asesina comienza a ajustar cuentas. 

Vernestra y su padawan tolai - Disney+
El diverso elenco racial también ha sido motivo de controversia, ligado a estos tiempos de evitar ser tachados de racistas unos, vendidos al palabro woke otros. El caso es que me esperaba más, en general de todos, incluidos algunos secundarios con pinta de panolis como el padawan de Vernestra. Un Sith observa a ese aprendiz y sabe perfectamente que la decadencia está en la misma casa. Amanda Stenberg (Osha/Mae) capitaliza el protagonismo y el consabido drama familiar que intente sostener el hilo principal de la historia. El maestro Jedi, Sol (Lee Jung-jae) encabeza una investigación, en plan policial, sobre la asesina y los motivos que persigue con la ayuda de Osha. Lógicamente saldrán las cuentas pendientes del pasado, algunas sorpresas interesantes y un nuevo villano oscuro con casco molón. En eso siempre aciertan, porque Qimir (Manny Jacinto) rinde también con cuentas atrasadas de las cuales se apuntaban a una nueva temporada que ha quedado en suspenso.

Al final, La acólita ha sido cancelada y la supuesta importancia que debía adquirir la figura de Osha en el futuro queda en suspenso. Alguno podría recuperar su historia o divagar alguna cosa en cómics, novelas u otras extensiones menores. En plan compensación o algo que apenas merece mayor atención que el resultado final del fracaso creado por Headland. 

The Acolyte
Disney, 2024

----------------------------------------------------------------

28 de octubre de 2023

Los anillos de poder

Hace poco más de un año del estreno de una de las series más esperadas. Tiempo suficiente para suavizar la exagerada polémica que acompañaron los 8 episodios de la serie más cara de la historia: unos 60 millones de euros por episodio. De entrada, conviene ir al grano y destacar que esta primera temporada de Los Anillos de Poder, es digna heredera de la trilogía creada y estrenada en cines por Peter Jackson, y de eso hace ya unos veinte años. Un producto, el de Jackson, triunfante en varios frentes; por supuesto en taquilla, a lo largo y ancho del globo, para después dar paso a diversos premios cinematográficos, a mayor gloria de sus responsables; y en último lugar, el goloso caramelo de los productos asociados a su alrededor. Una línea sabiamente explotada, a la par de las películas, y que hoy día aún continua en juguetes, ropa, cómics, videojuegos y cualquier cosa vendible. Seguramente éste sea el anzuelo del negocio, los números asociados a una saga de éxito donde Amazon, al menos, propone un empujón propio.
Hostia puta¡ - Amazon Studios
Lo de las sagas, ampliamente mercantilizadas, no es nuevo, hace 30 años Spielberg dio un buen mordisco con Parque Jurásico, allá donde un excéntrico millonario hizo buena la frase; ¡No hemos reparado en gastos! en levantar un negocio alrededor de los lagartos gigantes que poblaron el planeta antes que nosotros. El magnate calvo de Amazon, Jeff Bezos, bien podría apropiarse de la misma frase para defender el producto audiovisual creado por Patrick McKay y JD Payne. Porque pasta, lo que se dice pasta, ha puesto encima de la mesa para que la serie estuviera a la altura de las esperanzas puestas en los afines consumidores. Y no es para menos, después de acoquinar una millonada en 2017, cuando Amazon se hizo con los derechos de explotación de El señor de los anillos y los derivados de la obra de Tolkien. La serie creada a posteriori, apenas escatima en despliegue humano, vestuarios, calidad visual, efectos y otros extras ligados al buen hacer del dinero. Y para muestra, la exagerada propuesta de la isla de Númenor, adornada con un exceso arquitectónico tan recargado, que sobrepasa la fantasía de que todo esté en perfectas condiciones pese a ser una isla que, curiosamente, apenas sufre de la erosión. 

Sin embargo existe un problema, nimio, pero problema: Que Los anillos de poder es una serie. Y está encima apuesta a lo grande, con diferentes tramas paralelas que limitan la retención del espectador ante el amplio reparto expuesto. Seguramente, los dos primeros episodios, dirigidos por el español JA Bayona, sean los más aburridos por la dificultad de presentar a los protagonistas y exponer los problemas que deben hacerse frente en la fantástica Tierra Media. Aunque dos horas después debían de haber dado para algo más y la acción, propiamente dicha, arranque en el tercer episodio, y a partir de ahí mejora la enorme bola que ha comenzado a rodar. Cabe resaltar que no soy seguidor acérrimo de Tolkien, ni conozco al detalle los apéndices, ni otras referencias escritas o sugeridas por el honorable británico; pero lo que sí sé, es que Los anillos de poder es una adaptación, y por lo tanto, una obra nueva y por supuesto distinta a la hora de realizarse, encima, en un soporte distinto a la literatura. Las libertades de los guionistas son necesarias para enriquecer el ámbito audiovisual y, por supuesto, para defender el trabajo creativo de la peña que se ha puesto detrás de tan ambicioso proyecto. Al final, es el espectador el que tiene la sartén cogida por el mando de su casa.
El elfo oscuro Adar, pedazo de personaje - Amazon Studios
Los anillos de poder echan la vista atrás, hacia el origen de las dichosas sortijas que pondrán en jaque el mundo ideado en diversas guerras. En el reino de los Elfos destaca la figura protagonista de Galadriel, comandante de algún tipo de ejército al que lidera en su obstinada misión de perseguir cualquier resquicio sobre la sombra de Sauron. Galadriel mantiene una férrea cabezonería de asegurarse de que el señor Oscuro desaparece de una vez por todas. En su camino destaca la continua mala hostia, orgullo, locura y chulería frente a la adorable reina del bosque de Lorien que acogió a Frodo y Compañía en La Comunidad del Anillo. Una buena decisión de contrastes frente a las películas, que lamentablemente siempre estarán ahí como elemento de comparación. Por suerte, Los anillos de poder emprenden su propio trayecto, exponiendo en diversas tramas las bases que conocen quienes se hayan aproximado algo a la literatura o al cine. Es un canto llamativo, inteligente y apropiado hacia el fandom, el poder observar ciertos orígenes de personajes y escenarios conocidos, en plan homenaje o los motivos que llevaron a conocer cómo cayeron los reinos del Sur. Sinceramente memorable como los orcos preparan el advenimiento del reino de Mordor.

En términos globales, es una buena serie de entretenimiento, cuyas tramas avanzan en el amable y suave proceso estipulado por las modernas reglas que imperan los seriales de éxitos. Muchas tramas paralelas, desconfianzas continuas entre los protagonistas y continuos giros de guion que presumiblemente buscan la sorpresa mediante algún momento álgido. Algo manidos estos virajes que pueblan los esquemas de las producciones televisivas, aunque estas tengan una verdadera factura cinematográfica que logran enmendar un producto final soberbio. 

Los anillos de poder
Amazon Studios, 2022

-------------------------------------------------------

Los anillos de poder

22 de junio de 2023

Obi Wan Kenobi

Se abre la sesión, por primera vez, de la plataforma Disney+; y tras realizar una hojeada general al contenido, el chico que todavía perdura en un cuerpo de cuarenta y tantos, saca a relucir cierta agitación por abrir la pestaña dedicada a Star Wars. En el transcurso de los últimos años, se han ido añadiendo tantas producciones audiovisuales que hacen palidecer la cuantiosa cantidad por la que George Lucas se vendió en 2012. Y por ahí, uno observa con nostalgia las llamadas películas originales, atrincheradas en un altar frente a las nuevas incorporaciones que tienden a ser una oleada de películas, seriales y las habituales coñas de lego. Un servidor opta por tirar de clasicismo y rebuscar viejas sensaciones con la serie dedicada a Obi Wan Kenobi.

Es de justicia reconocer que Ewan McGregor borda su papel - Disney

A lo largo de los cacareados estrenos de la última trilogía, la interesada publicidad consumista iba anunciando nuevas aventuras (Rogue One) o personalizaciones interesantes (Solo) dedicadas al lejano universo. Pero la saturación y las críticas exacerbadas llevaron a extender en el tiempo una opción más interesante. Porque alguna cabeza pensante debió de presentar mejores números si tales productos acababan siendo destinados a la plataforma del streaming; mejor pasar por caja de manera periódica que frente a la esporádica taquilla. Se potencia una marca propia y te quitas de en medio a intermediarios y exhibidores.

Seguramente, la aventura de Kenobi ya estaría planteada o al menos tendría un guion base para realizar su propia película. Finalmente, el resultado ha sido una interesante propuesta de 6 episodios que intenta conectar con los sucesos dados en La venganza de los Sith con 10 años de diferencia. Tiempo suficiente para que el Imperio haya dado muestras de su poder y dominación feudal a lo largo de las galaxias, incluido los planetas que antaño eran llamados del Borde Exterior, como Tattooine.

Hay vida más allá - imagen del tweet de aullidos el 11/12/2020

A pesar del lógico intento de aislamiento, siempre gotea algún comentario, titular o tendencia globalizada del producto de moda. Pese al ruido, el verdadero logro es evadirse de la opinión generalizada a la espera de contrastar de manera particular la serie protagonizada por Ewan McGregor. 

Molaaa - Disney
Han pasado unos cuantos años y el actor escoces vuelve a encarnar al maestro Jedi, Obi Wan Kenobi, en una serie que resulta conmovedora, básicamente por el significado que adquiere volver a un universo conocido; entretenida, como no podía ser de otra manera al tratarse de un producto de consumo y con una enorme lentitud a la hora de desarrollarse. Una letanía que es un verdadero lastre en el ecuador de la serie, para después exhibir la traca final en su desenlace. En parte, era necesario tomarse las cosas con cierta calma, sobre todo para exponer la situación de los conocidos protagonistas tras la señalada década transcurrida.

El planteamiento general coloca a McGregor como protagonista absoluto a través del clásico ejercicio del viaje del héroe que termina en redención. Con la salvedad de que ahora es un viejo guerrero derrotado por los acontecimientos del pasado y del que pretende abandonar mientras se esconde tras el nombre de Ben. Sin embargo, alguien conocido por todos no olvida, y suelta a sus perros de presa para que den caza a Kenobi y al resto de Jedis supervivientes tras la ejecución de la orden 66. Un grupo especializado, denominado como Inquisidores, que andan tras los pasos de cualquier perturbación que tenga que ver con la Fuerza. Aunque suene ridículo perseguir tales sensaciones. De estos cazadores, destaca Reva (Moses Ingram) una ambiciosa y empedernida mujer cabreada que busca elevarse con atrapar el premio gordo y ofrecer tal plato a Vader. Es importante destacar al gran villano, el antiguo alumno que busca continuamente resarcirse de su derrota de Mustafar. Porque su presencia eleva bastante el nivel global de una serie que también añade una historia paralela de venganza en la figura de Reva.

Las claves se sobreentienden perfectamente, incluso hay base suficiente que se utiliza correctamente a través de los conocidos flashback para conectar con el pasado. Sin embargo, la serie cojea, y mucho. Una cosa es el momento fan, del que llegamos aceptar cualquier cosa mientras nos despisten con colores, efectos o escenas espectaculares; y otra muy distinta es ver como un producto audiovisual apenas logra alcanzar alguna cota de calidad, o el escaso nervio para lograr tensar los momentos de mayor acción. Sirva de ejemplo el rapto de una niña a manos de unos mercenarios. Está tan mal ejecutado todo, que el montador no logra salvar ningún resquicio de ese momento, supuestamente angustioso e importante. Y así podría añadirse unas cuantas más. El mayor responsable responde al nombre de Deborah Chow, cineasta canadiense con un largo trasiego en la dirección de series televisivas. O sea, que tenía rodaje y experiencia, incluido dirigir algún capítulo de El Mandaloriano como prueba de acceso a este universo singular.

Pero el resultado final es el que es. Y un servidor lamenta la ocasión perdida, mientras medita cómo carajos puede un producto de este calibre permitirse interpretaciones flojas de gran parte del reparto. O consentir incorporar imágenes de relleno en cada capítulo, como hacían las series españolas cuando copaban el prime time nocturno. Chow ha fracasado pese a tener mimbres suficientes como para salir simplemente airosa. El final de la serie se eleva simplemente por volver a juntar a los protagonistas de las precuelas en un esperado duelo final. Ver a Vader y Kenobi en un nuevo duelo rellena cualquier cosa porque el contexto anterior logra copar el lado más fanático de los aficionados. Además de sacar tajada a la nostalgia de observar parte de la infancia de los mellizos Leia y Luke. El adulto de cuarenta y tantos se impone al mochuelo. Aunque no del todo. Siempre queda algo, y al clavo de Star Wars me seguiré aferrando. 

Obi Wan Kenobi

Disney +, 2022

----------------------------------------------------------------

12 de diciembre de 2022

Ninja Scroll: La piedra sagrada del dragón

A mediados de los 90 se publicó en España una colección de películas centrada en la animación japonesa (Manga manía) Más conocidos como animes y cuyos títulos, fascículos y demás parafernalia venían a cubrir el auge de esta animación, sobre todo en series televisivas. En una de las primeras entregas, o la primera directamente junto a Akira (la memoria empieza a fallar) estaba Ninja Scroll; una entretenida película dirigida y escrita por Yoshiaki Kawajiri y cuyo argumento nos trasladaba al Japón medieval para seguir los pasos de Jubei Kibagami, un samurái errante que pone su habilidad con la espada al mejor postor y que se verá inmerso en una complicada trama que busca derrocar al gobierno japonés. Sin embargo, la animación japonesa es muy dada a fantasear con las habilidades marciales, y para mayor gloria del espectáculo, desfasar a la hora de construir a los rivales del protagonista, en una suerte de guerreros con habilidades sobrenaturales y engendros monstruosos. 

Pero Ninja Scroll fue todo un éxito, cuya cinta ha terminado por convertirse en un film de culto y de referencia para los amantes del género. Y con el paso del tiempo, el mismo estudio de animación sacó adelante una serie de 13 episodios con vistas a rememorar la popularidad adquirida. La serie fue creada a principios del dos mil, al título de La piedra sagrada del dragón y con la colaboración del propio Kawajiri en los guiones. Nuevamente Jubei Kibagami se verá envuelto, sin quererlo ni buscarlo, en una trama donde el resultado final es hacerse con una antiguo tesoro y por el que pugnarán clanes rivales. Para lograr alcanzar tal meta, es necesario hacerse con una vieja piedra, a modo de joya, que posee poderes místicos y la colaboración de una sacerdotisa, que supuestamente desciende del linaje que poseía tal tesoro. Vista esta mera y simple presentación, ya se intuye que el protagonista se convertirá en el caballero andante de la dama ante los continuos intentos de los clanes rivales por hacerse con la preciada mercancía.

Un clásico: monstruos desproporcionados y tipas voluptuosas

Jubei recibirá el apoyo de Dakuan; el viejo espía con forma de monje vagabundo del filme anterior y de un joven ladronzuelo con escasa aportación para todo. En conjunto, formarán un grupo variopinto con la misión de salvaguardar a la joven sacerdotisa, que tampoco hace gran cosa salvo poner caritas. Lamentablemente, el devenir de la serie cae en un esquema demasiado repetitivo, básicamente el grupeto protagonista sufre la continua persecución de una amplia plantilla de monstruos, demonios y bichos de todo pelaje con la única misión de hacerse con la piedra y los servicios de la joven heroína. Lo curioso es que apenas hay formación de algún tipo de trama o elaboración. Más bien se da por bueno que todo acabe resuelto por Jubei, en plan western con un combate a muerte al final de cada episodio.

La mayor gracia consiste en ver que nueva fantasmada idean los guionistas para desarrollar al monstruo de turno, y que intente rivalizar con la espada del protagonista y su natural querencia a desmembrar miembros para regar con abundancia sangrienta la flipada de turno. El resto de personajes andan de relleno, sin apenas colaborar en algún capítulo concreto ni desarrollar algún tema paralelo que amplíe el simple horizonte descrito. Es una pena que la repetición constante del esquema, temas musicales incluidos, ande por encima de un desarrollo más elaborado, algo que debía darse siempre en una serie aunque uno sepa perfectamente que vende Ninja Scroll a estas alturas. La serie se deja ver sin mayores aspavientos, aunque su mayor merito sea estimular volver al film de los noventa.

Ninja Scroll: la piedra sagrada del dragón
Madhouse, 2003


28 de octubre de 2022

Tiempo de victoria: la dinastía de los Lakers

Era un crio, pero al menos llegué a tiempo para ver el final de la dinastía de Los Angeles Lakers en la década de los 80, de cuando el segundo canal de televisión española retransmitía partidos a horas intempestivas los viernes por la noche. Y curiosamente, yo siempre iba con los Pistons. Los míticos Bad Boys que se empeñaron en apartar de la cumbre deportiva la enorme rivalidad dada entre las dos franquicias más exitosas de la NBA: Boston Celtics y Los Angeles Lakers. Un choque del que bebe esta producción televisiva, partiendo de base en el libro de Jeff Pearlman, Showtime. Y en 2022, llega la serie televisiva bajo el paraguas de la plataforma HBO para mostrar un producto meramente americano; pero expandido a nivel mundial por encima de otros deportes de mayor calado en USA. La década de los 80 vino a relanzar este deporte a nivel global, gracias en buena medida al estilo de juego espectáculo mostrado por el equipo californiano.
La sonrisa de la nueva era - HBO
Y a la hora de marcar las pautas, los creadores de la serie, Max Borenstein y Jim Hecht optan por la diversión, por la exuberancia, el exceso y el no va más. Porque vienen buenos tiempos para los Lakers; con la elección del rookie de la eterna sonrisa como nueva incorporación y con la rocambolesca compra de la franquicia por parte de un desenfrenado empresario. Puede decirse que la alegre figura de Magic Johnson y el empresario jeta Jerry Buss, son las principales bazas protagonistas de una serie cuyo tono opta por el libertinaje a la hora de transformar hechos reales para adaptarlos bajo el paraguas de la ficción en una temporada deslumbrante.

Un buen cóctel regado bajo el sol de California, que ayuda a la hora de extender ese entusiasmo a lo largo de 10 capítulos bajo una estructura similar: como la tradicional manía de despedazar el montaje en múltiples planos y puntos de vista diferentes. Un modelo de contar las cosas muy dado en los últimos tiempos y que en esta ocasión aprovechan para incorporar diferentes texturas de la imagen; seguramente buscando un toque ochentero, como cuando las televisiones de la época parecían incapaces de retener el color. También destaca el abultado grano del súper 8, la inclusión de imágenes de la época complementarias en plan documental o señalar mediante textos a personajes reales. Dentro de esa exageración, sobresale la particular manía de dirigirse al espectador, un clásico recurso teatral que invita a exponer el discurso de marras por parte de sus protagonistas y del que se abusa en exceso.

La serie anda sostenida con holgura por un amplio abanico de personajes, allí donde el dinero invertido está plenamente calibrado para relucir el resultado final. Para empezar, cuenta con un elenco de actores reconocidos: John C. Reilly, Sally Field, Adrien Brody… con otros actores debutantes, o menos conocidos, que han sido escogidos con mimo en el casting de turno para cuadrar sus interpretaciones mediante un parecido físico con los protagonistas de la época. Sin embargo, la aparatosa parafernalia de la narración devora parte de las tramas. Es cierto que va en línea con los tiempos veloces y el exceso de información de hoy día, pero también se corre el riesgo de pasar rápidamente, entre tanta imagen, que la serie caiga en el fatal pozo del consumo de usar y tirar. También es cierto que la ayuda extra de la heroicidad deportiva, eleva la emoción del visionado por la emoción del resultado y de las dificultades que ofrecen los rivales. El otro gran debutante, Larry Bird y el equipo de los Boston Celtics, aparecen señalados como los antagonistas de presumibles temporadas futuras. Siempre se es más grande cuando tu rival está a una altura similar o mayor.

Pero la trama humana, recargada por los guionistas, termina por ser engullida por la constante actividad del relato y la brusca solución de cobijarse en el humor. El mayor exponente se da en la secundaria figura de Jerry West, interpretado por Jason Clarke; un personaje retratado de una manera tan desmesurada, que tal vuelta de tuerca termina por ser una jodida caricatura. Sin duda ése es el gran problema a resolver. Dejar espacio al espectador, entre tanto envoltorio, para disfrutar de una época deslumbrante: la transformación del equipo NBA más llamativo y conocido del mundo frente a un desarrollo argumental de mayor peso que la mera exposición del entretenimiento. Falta mayor desarrollo entre tanto salto continuo. El triunfo de los creadores está dirigido al espectáculo, el cual siempre debe continuar. La serie no falla en ese sentido.

Tiempo de victoria: La dinastía de los Lakers
HBO, 2022

29 de abril de 2022

El colapso

Esta es una serie bendecida por unas circunstancias que han ganado peso con el devenir fatalista del ser humano; una producción tan pegada a la realidad que vivimos hoy día, que contiene síntomas claros de querer superarse de manera continua. Al fin y al cabo forma parte del mismo circo televisivo que parece querer retar a la ficción con la concatenación de desastres que el ser humano viene padeciendo desde el cambio de milenio. A ojo, porque seguro que había otras movidas previas. Sin embargo, mi memoria sitúa la paranoia del efecto dos mil como un punto de partida interesante. El primer fake news del que tengo recuerdo junto al contrastado y real mal de las vacas locas. Cosas de la edad.

El futuro será como Mad Max - fuente Imdb

El colapso se estrenó en 2019, pero antes, un trío de gabachos (Bastien Ughetto, Guillaume Desjardin y Jérémy Bernard) se presentaron ante Canal + Francia con un ambicioso proyecto y a la postre vencedor, gracias a la continua desazón que engloba una serie que conecta rápidamente con una pandemia, guerras y la más interesante: una crisis mundial que golpea económicamente a tantos sectores, que hacen visible la audacia de los autores de la serie. Ni Nostradamus acertó con tanta inmediatez. A España llegó gracias al habitual buen gusto de la plataforma Filmin, aunque en estas fechas pueda verse de manera gratuita en Rtve Play hasta 2024.

La serie aúna numerosas virtudes, a destacar la corta numeración de 8 capítulos reducidos alrededor de los 20 minutos. Ideal para los perezosos de estar apegados a series con inabarcables temporadas. Y para quien todavía desconozca de qué va la vaina, El colapso propone un particular punto de vista a la caída del sistema capitalista occidental. Una especie de adelanto al gran apagón energético anunciado por algunos países del este de Europa, pero algo más a lo bestia. Sin explicar mayor motivo o suceso del origen del colapso, cada episodio expuesto avanza cronológicamente en la descomposición de nuestra sociedad desde diferentes situaciones y puntos de vista. Desde los primeros días donde se barrunta la movida hasta su imparable avance y consecuencias. Tal tragedia trastoca muchos elementos que de buenas a primeras podemos ignorar, como por ejemplo quién se encarga del mantenimiento de una central nuclear, o algo más cercano y visto en medio de la pandemia del covid, como se organiza una residencia de ancianos.

Los creadores de la serie van de vacilones, al tener el arrojo de rodar todo el capítulo en un único plano secuencia que lleva al espectador a una experiencia de inmersión y perseguir al personaje principal del episodio en su particular aventura. Porque ahí se expone el clásico, sálvese quien pueda, mientras van pasando los días y los bienes de primera necesidad van adquiriendo una importancia vital que lleva al ser humano al principio más básico de supervivencia. Otro acierto es exponer lugares tan necesarios como un supermercado o una gasolinera, allí donde la parte civilizadora cae por un mero instinto animal al constatar el desastre que se avecina por quienes abandonan los principios de convivencia. La serie también tiene su corte clasista, especulador y futurista sobre los poderosos. Aquellos que habían previsto una salida a tal circunstancia para salvar su propio culo sin ningún pudor de mirar quién se queda por detrás.

El capítulo de La isla es impecable técnicamente

Sin duda, El colapso merece un reconocimiento mayor por ser un exponente claro de las mil formas que el ser humano tiende a querer extinguirse. Una obra mayúscula que lamentablemente parece mostrar una realidad bastante acertada y que logra que el espectador llegue a pensar qué haría si se viera en una tesitura semejante. Hay momentos que acojonan por el vivo retrato que estos tres autores han logrado realizar. 

El colapso
Les parasites, Canal + Francia
2019


24 de febrero de 2022

Spawn

A principios de los 90 surgió un nuevo y exitoso personaje en el mundo del cómic, cuya referencia respondía al seductor nombre de Spawn. Una nueva figura enmascarada llamada a unirse al mundo de las viñetas, similar a los grandes clásicos de los superhéroes disfrazados de las décadas precedentes. Aunque aquí reviste una singularidad, ya que este nuevo invitado es en realidad un demonio enviado desde el mismo infierno. Un protagonismo acorde a la desatada violencia que acompañan las aventuras de este nuevo personaje, con el objetivo claro de dirigirse a un público más adulto, tanto en la imagen proyectada como al argumento que trata.

Su autor, Todd McFarlane, es un prestigioso dibujante que ya había despertado la admiración del gremio y del público gracias a la actualización que llevó sobre el icónico Spiderman a finales de los ochenta. Pero con el paso de los años, hubo intercambio de impresiones con los directivos de Marvel: unas diferencias vendidas siempre como creativas, aunque la verdad siempre sobresalgan los derechos de los personajes creados, es decir, la pasta. Así fue como McFarlane, y otros grandes autores, abandonaron Marvel y se embarcaron en sus propios proyectos personales bajo una editorial independiente que recogiese sus propias creaciones: Image Comics

Visualmente siempre queda bien - HBO
De ese vaivén en el negocio nació Spawn, una criatura que recoge los restos mortales de un soldado de élite americano, asesinado y quemado por su propio compañero de misiones. Las habilidades violentas demostradas en vida, suman a la hora de que un diablo, llamado Malebolgía, tiente el alma del desgraciado para sacar adelante sus propios planes. A bote pronto, así apareció Spawn, encarnado en una especie de engendro tras la muerte del soldado Al Simmons. Pero la parte humana, o sus recuerdos, todavía suspiran por los huesos de su esposa Wanda, un amor que le llevó a tratar con el diablo para que éste le permitiese regresar junto a su amada. Aunque tal vuelta fuese aprovechada para otorgar ciertos poderes al asesino enamorado y su regreso, al mundo de los vivos, estuviera adornado con una espectacular capa escarlata que envuelve una especie de sudario sobre su cuerpo. Una figura llamativa, excelente, atractiva y barroca, gracias al talento en el dibujo de su autor y con una misión predestinada: convertir al protagonista en una especie de comandante que dirija las fuerzas infernales en una presunta batalla contra los poderes celestiales. Tan original como adaptar la vieja religión predominante en occidente y adaptarla al gusto del autor para crear un argumento propio que lleva mareando la perdiz cerca de tres décadas. 

El éxito de Spawn fue casi instantáneo al primer número publicado, con un enorme récord de ventas en tan poco tiempo, que ya se veían las buenas inversiones en un negocio que lo transformó en un fenómeno mundial. Una buena muestra del boom fue que en menos de cinco años se sacó adelante una adaptación cinematográfica, mientras la atrevida productora americana, HBO, también quiso contribuir a la fiesta del llamativo personaje al levantar una serie animada sobre los tebeos ya publicados. De la serie, expuesta en la citada plataforma de pago, se realizaron tres únicas temporadas. Con la salvedad importante de quedarse en el limbo, sin cerrar ni dar fin el trabajo argumental previo. Una reseña necesaria en estos tiempos por dejar colgado al personal. Un público que lastrará el déficit de quedarse sin conocer la deseada resolución final de una historia subordinada al avance de la publicación en papel. 

La serie recoge desde el principio los puntos más interesantes de la historia expuesta en viñetas. Con una animación acorde al ostentoso título de novela gráfica, Spawn propone una trama enrevesada entre diversos personajes condenados a converger en algún punto determinado. Sin duda, el gancho del protagonista principal es el mayor reclamo a la hora de acercarse a la historia que propone McFarlane. Un personaje atormentado que intenta hallar respuestas a la nueva función que le ha otorgado el destino y cómo sus actos andan encaminados a tomar decisiones que tomará por propias. Ayuda en este caso la aportación incrédula, chulesca y violenta que arrastra el personaje principal frente al continuo deseo de pillar a su exesposa por banda. Otra cosa bien distinta es que decida intervenir en los trapicheos que suelen darse en los callejones donde intenta ocultarse a llorar su desgraciada cara chamuscada. Sin quererlo, su pasado le persigue hasta las mismas cloacas en las que busca esconderse de la realidad, unos actos arbitrarios que pondrán bajo su pista las oscuras causas de sus viejos compañeros y los extraños asesinatos que se acumulan en los callejones donde se ocultan los perdidos de la sociedad. 

Se me ha caído la lentilla - HBO
La adaptación de HBO mantiene las señas de identidad del cómic, como el alarde excesivo de los claroscuros o la férrea determinación de mostrar sin pudor violencia o sexo. Está claro que la serie estaba destinada a gente de mayoría de edad y cumple con la función de mostrar una trama compleja y repleta de hijos de puta. Tal vez en demasía, porque cuesta encontrar alguien honrado entre tanta pose macarra y tanta adicción al tabaco . Por contra, hay bastantes peros que contraen el entretenimiento. La parte más horrorosa son las introducciones del propio McFarlane en carne y hueso, una monopolizadora aparición que querría dar a entender algún mensaje que tuviera relación con el capítulo al que daba paso. Con el devenir de los episodios, una buena opción es eliminar sus cutres paseos a través de unos sótanos decorados por el becario de turno. Tampoco ayuda la repetitiva lentitud que adquieren algunos episodios donde debiera haber una mayor acción que ayudase a pavonearse a un bichejo tan atractivo como Spawn. Incluida la escasa aportación de seres tan interesantes como el payaso demoniaco. A pesar de cierta charlatanería, la serie funciona muy bien como fuego de artificios, es tan bonita la cascara que a veces el interior anda algo escaso de contenido. 

Spawn
HBO, 1997-99