2019 Disney+
La guerra de las galaxias. Una nueva esperanza
El Mandaloriano
La guerra de las galaxias. Una nueva esperanza
El Mandaloriano
Ha sida cancelada. Aunque ya se sabe desde mediados de agosto por los supuestos pobres resultados de los visionados de la serie en la plataforma correspondiente. Además de una buena colecta de críticas sobre la pobre calidad de la misma. Con especial hincapié por parte del fandom más acérrimo y del propio público en general. La crítica especializada ha sido, sin embargo, más benévola hacia el producto capitaneado por Leslye Headland. Más condescendientes hacia un producto que buscaba explorar nuevas historias sobre el universo de Star Wars, alejados de los acontecimientos previos al culebrón familiar de las películas originales y sus posteriores secuelas. Y tras el paso de los días, semanas ya, ando remoloneando con esta maldita entrada. Siendo incapaz de cerrar un texto sobre una serie que me ha dejado con ganas de más pese a las múltiples fallas que contiene la serie. Que son varias, aunque mi extremismo no alcanza un odio exacerbado del que se cree poseedor de su verdad absoluta.
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| Colorinchis - Disney+ |
La serie pretendía retroceder en el tiempo y extender la importancia de la República Galáctica en tiempos de paz y cómo se gestó el regreso sinuoso, lento e implacable de los Sith. Para ello contaban con un nuevo drama familiar protagonizada por unas hermanas gemelas (Osha y Mae) y cimentar, durante ocho episodios, un complot Jedi sobre un triste suceso que acabó en drama en el pasado, con las gemelas como precursoras del conflicto. A grandes rasgos, prevalece una idea general de cambiar las tornas, exponer ciertos males de los caballeros Jedi y de su organización, como si fuese necesario sacar los trapos sucios de los supuestos héroes galácticos con el fin de derribar un ideal que de pie a la teoría que ellos mismos participaron en su caída por la arrogancia de su ombliguismo. Siempre viene bien examinar ciertos mitos, humanizarlos si hace falta para rascar algún mal del que poder hilar una historia que pudiera ser interesante y demostrar, que tales héroes, también tenían sus defectos. Pero la historia propuesta por The Acolyte se sustenta en una especie de malentendido, un error que la soberbia Jedi convierte en fatal para un grupo de brujas empoderadas, y como éstos encierran su error a través del silencio. Aquí no ha pasado nada hasta que discurren años en el tiempo y una asesina comienza a ajustar cuentas.
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| Vernestra y su padawan tolai - Disney+ |
Al final, La acólita ha sido cancelada y la supuesta importancia que debía adquirir la figura de Osha en el futuro queda en suspenso. Alguno podría recuperar su historia o divagar alguna cosa en cómics, novelas u otras extensiones menores. En plan compensación o algo que apenas merece mayor atención que el resultado final del fracaso creado por Headland.
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| Hostia puta¡ - Amazon Studios |
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| El elfo oscuro Adar, pedazo de personaje - Amazon Studios |
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Seguramente, la aventura de Kenobi ya estaría planteada o al menos tendría un guion base para realizar su propia película. Finalmente, el resultado ha sido una interesante propuesta de 6 episodios que intenta conectar con los sucesos dados en La venganza de los Sith con 10 años de diferencia. Tiempo suficiente para que el Imperio haya dado muestras de su poder y dominación feudal a lo largo de las galaxias, incluido los planetas que antaño eran llamados del Borde Exterior, como Tattooine.
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| Hay vida más allá - imagen del tweet de aullidos el 11/12/2020 |
Han
pasado unos cuantos años y el actor escoces vuelve a encarnar al
maestro Jedi, Obi
Wan Kenobi, en una serie que resulta
conmovedora, básicamente por el significado que adquiere volver a un
universo conocido; entretenida, como no podía ser de otra manera al
tratarse de un producto de consumo y con una enorme
lentitud a la hora de desarrollarse. Una letanía que es un
verdadero lastre en el ecuador de la serie, para después exhibir la
traca final en su desenlace. En parte, era necesario tomarse las
cosas con cierta calma, sobre todo para exponer la situación de los
conocidos protagonistas tras la señalada década transcurrida.
Molaaa - Disney
El planteamiento general coloca a McGregor como protagonista absoluto a través del clásico ejercicio del viaje del héroe que termina en redención. Con la salvedad de que ahora es un viejo guerrero derrotado por los acontecimientos del pasado y del que pretende abandonar mientras se esconde tras el nombre de Ben. Sin embargo, alguien conocido por todos no olvida, y suelta a sus perros de presa para que den caza a Kenobi y al resto de Jedis supervivientes tras la ejecución de la orden 66. Un grupo especializado, denominado como Inquisidores, que andan tras los pasos de cualquier perturbación que tenga que ver con la Fuerza. Aunque suene ridículo perseguir tales sensaciones. De estos cazadores, destaca Reva (Moses Ingram) una ambiciosa y empedernida mujer cabreada que busca elevarse con atrapar el premio gordo y ofrecer tal plato a Vader. Es importante destacar al gran villano, el antiguo alumno que busca continuamente resarcirse de su derrota de Mustafar. Porque su presencia eleva bastante el nivel global de una serie que también añade una historia paralela de venganza en la figura de Reva.
Las claves se sobreentienden perfectamente, incluso hay base suficiente que se utiliza correctamente a través de los conocidos flashback para conectar con el pasado. Sin embargo, la serie cojea, y mucho. Una cosa es el momento fan, del que llegamos aceptar cualquier cosa mientras nos despisten con colores, efectos o escenas espectaculares; y otra muy distinta es ver como un producto audiovisual apenas logra alcanzar alguna cota de calidad, o el escaso nervio para lograr tensar los momentos de mayor acción. Sirva de ejemplo el rapto de una niña a manos de unos mercenarios. Está tan mal ejecutado todo, que el montador no logra salvar ningún resquicio de ese momento, supuestamente angustioso e importante. Y así podría añadirse unas cuantas más. El mayor responsable responde al nombre de Deborah Chow, cineasta canadiense con un largo trasiego en la dirección de series televisivas. O sea, que tenía rodaje y experiencia, incluido dirigir algún capítulo de El Mandaloriano como prueba de acceso a este universo singular.
Pero el resultado final es el que es. Y un servidor lamenta la ocasión perdida, mientras medita cómo carajos puede un producto de este calibre permitirse interpretaciones flojas de gran parte del reparto. O consentir incorporar imágenes de relleno en cada capítulo, como hacían las series españolas cuando copaban el prime time nocturno. Chow ha fracasado pese a tener mimbres suficientes como para salir simplemente airosa. El final de la serie se eleva simplemente por volver a juntar a los protagonistas de las precuelas en un esperado duelo final. Ver a Vader y Kenobi en un nuevo duelo rellena cualquier cosa porque el contexto anterior logra copar el lado más fanático de los aficionados. Además de sacar tajada a la nostalgia de observar parte de la infancia de los mellizos Leia y Luke. El adulto de cuarenta y tantos se impone al mochuelo. Aunque no del todo. Siempre queda algo, y al clavo de Star Wars me seguiré aferrando.
Obi Wan Kenobi
A mediados de los 90 se publicó en España una colección de películas centrada en la animación japonesa (Manga manía) Más conocidos como animes y cuyos títulos, fascículos y demás parafernalia venían a cubrir el auge de esta animación, sobre todo en series televisivas. En una de las primeras entregas, o la primera directamente junto a Akira (la memoria empieza a fallar) estaba Ninja Scroll; una entretenida película dirigida y escrita por Yoshiaki Kawajiri y cuyo argumento nos trasladaba al Japón medieval para seguir los pasos de Jubei Kibagami, un samurái errante que pone su habilidad con la espada al mejor postor y que se verá inmerso en una complicada trama que busca derrocar al gobierno japonés. Sin embargo, la animación japonesa es muy dada a fantasear con las habilidades marciales, y para mayor gloria del espectáculo, desfasar a la hora de construir a los rivales del protagonista, en una suerte de guerreros con habilidades sobrenaturales y engendros monstruosos. 
Pero Ninja Scroll fue todo un éxito, cuya cinta ha terminado por convertirse en un film de culto y de referencia para los amantes del género. Y con el paso del tiempo, el mismo estudio de animación sacó adelante una serie de 13 episodios con vistas a rememorar la popularidad adquirida. La serie fue creada a principios del dos mil, al título de La piedra sagrada del dragón y con la colaboración del propio Kawajiri en los guiones. Nuevamente Jubei Kibagami se verá envuelto, sin quererlo ni buscarlo, en una trama donde el resultado final es hacerse con una antiguo tesoro y por el que pugnarán clanes rivales. Para lograr alcanzar tal meta, es necesario hacerse con una vieja piedra, a modo de joya, que posee poderes místicos y la colaboración de una sacerdotisa, que supuestamente desciende del linaje que poseía tal tesoro. Vista esta mera y simple presentación, ya se intuye que el protagonista se convertirá en el caballero andante de la dama ante los continuos intentos de los clanes rivales por hacerse con la preciada mercancía.
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| Un clásico: monstruos desproporcionados y tipas voluptuosas |
Jubei recibirá el apoyo de Dakuan; el viejo espía con forma de monje vagabundo del filme anterior y de un joven ladronzuelo con escasa aportación para todo. En conjunto, formarán un grupo variopinto con la misión de salvaguardar a la joven sacerdotisa, que tampoco hace gran cosa salvo poner caritas. Lamentablemente, el devenir de la serie cae en un esquema demasiado repetitivo, básicamente el grupeto protagonista sufre la continua persecución de una amplia plantilla de monstruos, demonios y bichos de todo pelaje con la única misión de hacerse con la piedra y los servicios de la joven heroína. Lo curioso es que apenas hay formación de algún tipo de trama o elaboración. Más bien se da por bueno que todo acabe resuelto por Jubei, en plan western con un combate a muerte al final de cada episodio.
La mayor gracia consiste en ver que nueva fantasmada idean los guionistas para desarrollar al monstruo de turno, y que intente rivalizar con la espada del protagonista y su natural querencia a desmembrar miembros para regar con abundancia sangrienta la flipada de turno. El resto de personajes andan de relleno, sin apenas colaborar en algún capítulo concreto ni desarrollar algún tema paralelo que amplíe el simple horizonte descrito. Es una pena que la repetición constante del esquema, temas musicales incluidos, ande por encima de un desarrollo más elaborado, algo que debía darse siempre en una serie aunque uno sepa perfectamente que vende Ninja Scroll a estas alturas. La serie se deja ver sin mayores aspavientos, aunque su mayor merito sea estimular volver al film de los noventa.
Esta es una serie bendecida por unas circunstancias que han ganado peso con el devenir fatalista del ser humano; una producción tan pegada a la realidad que vivimos hoy día, que contiene síntomas claros de querer superarse de manera continua. Al fin y al cabo forma parte del mismo circo televisivo que parece querer retar a la ficción con la concatenación de desastres que el ser humano viene padeciendo desde el cambio de milenio. A ojo, porque seguro que había otras movidas previas. Sin embargo, mi memoria sitúa la paranoia del efecto dos mil como un punto de partida interesante. El primer fake news del que tengo recuerdo junto al contrastado y real mal de las vacas locas. Cosas de la edad.
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| El futuro será como Mad Max - fuente Imdb |
El colapso se estrenó en 2019, pero antes, un trío de gabachos (Bastien Ughetto, Guillaume Desjardin y Jérémy Bernard) se presentaron ante Canal + Francia con un ambicioso proyecto y a la postre vencedor, gracias a la continua desazón que engloba una serie que conecta rápidamente con una pandemia, guerras y la más interesante: una crisis mundial que golpea económicamente a tantos sectores, que hacen visible la audacia de los autores de la serie. Ni Nostradamus acertó con tanta inmediatez. A España llegó gracias al habitual buen gusto de la plataforma Filmin, aunque en estas fechas pueda verse de manera gratuita en Rtve Play hasta 2024.
La serie aúna numerosas virtudes, a destacar la corta numeración de 8 capítulos reducidos alrededor de los 20 minutos. Ideal para los perezosos de estar apegados a series con inabarcables temporadas. Y para quien todavía desconozca de qué va la vaina, El colapso propone un particular punto de vista a la caída del sistema capitalista occidental. Una especie de adelanto al gran apagón energético anunciado por algunos países del este de Europa, pero algo más a lo bestia. Sin explicar mayor motivo o suceso del origen del colapso, cada episodio expuesto avanza cronológicamente en la descomposición de nuestra sociedad desde diferentes situaciones y puntos de vista. Desde los primeros días donde se barrunta la movida hasta su imparable avance y consecuencias. Tal tragedia trastoca muchos elementos que de buenas a primeras podemos ignorar, como por ejemplo quién se encarga del mantenimiento de una central nuclear, o algo más cercano y visto en medio de la pandemia del covid, como se organiza una residencia de ancianos.
Los creadores de la serie van de vacilones, al tener el arrojo de rodar todo el capítulo en un único plano secuencia que lleva al espectador a una experiencia de inmersión y perseguir al personaje principal del episodio en su particular aventura. Porque ahí se expone el clásico, sálvese quien pueda, mientras van pasando los días y los bienes de primera necesidad van adquiriendo una importancia vital que lleva al ser humano al principio más básico de supervivencia. Otro acierto es exponer lugares tan necesarios como un supermercado o una gasolinera, allí donde la parte civilizadora cae por un mero instinto animal al constatar el desastre que se avecina por quienes abandonan los principios de convivencia. La serie también tiene su corte clasista, especulador y futurista sobre los poderosos. Aquellos que habían previsto una salida a tal circunstancia para salvar su propio culo sin ningún pudor de mirar quién se queda por detrás.
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| El capítulo de La isla es impecable técnicamente |
Sin duda, El colapso merece un reconocimiento mayor por ser un exponente claro de las mil formas que el ser humano tiende a querer extinguirse. Una obra mayúscula que lamentablemente parece mostrar una realidad bastante acertada y que logra que el espectador llegue a pensar qué haría si se viera en una tesitura semejante. Hay momentos que acojonan por el vivo retrato que estos tres autores han logrado realizar.
El
colapso
Les parasites, Canal + Francia
2019
A principios de los 90 surgió un nuevo y exitoso personaje en el mundo del cómic, cuya referencia respondía al seductor nombre de Spawn. Una nueva figura enmascarada llamada a unirse al mundo de las viñetas, similar a los grandes clásicos de los superhéroes disfrazados de las décadas precedentes. Aunque aquí reviste una singularidad, ya que este nuevo invitado es en realidad un demonio enviado desde el mismo infierno. Un protagonismo acorde a la desatada violencia que acompañan las aventuras de este nuevo personaje, con el objetivo claro de dirigirse a un público más adulto, tanto en la imagen proyectada como al argumento que trata.
Su autor, Todd McFarlane, es un prestigioso dibujante que ya había despertado la admiración del gremio y del público gracias a la actualización que llevó sobre el icónico Spiderman a finales de los ochenta. Pero con el paso de los años, hubo intercambio de impresiones con los directivos de Marvel: unas diferencias vendidas siempre como creativas, aunque la verdad siempre sobresalgan los derechos de los personajes creados, es decir, la pasta. Así fue como McFarlane, y otros grandes autores, abandonaron Marvel y se embarcaron en sus propios proyectos personales bajo una editorial independiente que recogiese sus propias creaciones: Image Comics
| Visualmente siempre queda bien - HBO |
El éxito de Spawn fue casi instantáneo al primer número publicado, con un enorme récord de ventas en tan poco tiempo, que ya se veían las buenas inversiones en un negocio que lo transformó en un fenómeno mundial. Una buena muestra del boom fue que en menos de cinco años se sacó adelante una adaptación cinematográfica, mientras la atrevida productora americana, HBO, también quiso contribuir a la fiesta del llamativo personaje al levantar una serie animada sobre los tebeos ya publicados. De la serie, expuesta en la citada plataforma de pago, se realizaron tres únicas temporadas. Con la salvedad importante de quedarse en el limbo, sin cerrar ni dar fin el trabajo argumental previo. Una reseña necesaria en estos tiempos por dejar colgado al personal. Un público que lastrará el déficit de quedarse sin conocer la deseada resolución final de una historia subordinada al avance de la publicación en papel.
La serie recoge desde el principio los puntos más interesantes de la historia expuesta en viñetas. Con una animación acorde al ostentoso título de novela gráfica, Spawn propone una trama enrevesada entre diversos personajes condenados a converger en algún punto determinado. Sin duda, el gancho del protagonista principal es el mayor reclamo a la hora de acercarse a la historia que propone McFarlane. Un personaje atormentado que intenta hallar respuestas a la nueva función que le ha otorgado el destino y cómo sus actos andan encaminados a tomar decisiones que tomará por propias. Ayuda en este caso la aportación incrédula, chulesca y violenta que arrastra el personaje principal frente al continuo deseo de pillar a su exesposa por banda. Otra cosa bien distinta es que decida intervenir en los trapicheos que suelen darse en los callejones donde intenta ocultarse a llorar su desgraciada cara chamuscada. Sin quererlo, su pasado le persigue hasta las mismas cloacas en las que busca esconderse de la realidad, unos actos arbitrarios que pondrán bajo su pista las oscuras causas de sus viejos compañeros y los extraños asesinatos que se acumulan en los callejones donde se ocultan los perdidos de la sociedad.
| Se me ha caído la lentilla - HBO |