26 de junio de 2016

María llena eres de gracia

Las mulas son unos animales entrañables, no solo cumplen su función para la carga y el transporte, sino que enciman suelen tener un carácter manso. Ideales para llevar a cabo las arduas tareas que les imponen. Curiosamente se establece la asociación de la palabra mula, hacia otro tipo de transporte, el dedicado a saltarse fronteras alojando drogas en el interior del cuerpo de las personas. Este singular medio de locomoción, también suele arrastrar un temperamento sumiso frente a quienes manejan el negocio desde la comodidad que otorga la distancia. 

A+B=$$$ - ARP Sélection
La película, María llena eres de gracia, con la que debutaba Joshua Martson, aprovecha este singular procedimiento para mostrarnos un necesario punto de vista, el de la mula, y los motivos que empujan a estas personas a proceder de este modo. Obviamente, es fácil caer en el tópico de las gentes más desfavorecidas, principalmente económicas, que permitan obtener unos ingresos extras con el fin de mejorar sus perspectivas de futuro. Motivos más que suficientes para jugarse la vida, ya que si una de las drogas alojadas y que han sido empaquetadas previamente, terminan por deshacerse en el interior de su cuerpo, la mula en cuestión, obtendría bastantes números para cambiar de destino y encaminarse hacia otro el barrio.

El director americano se interesó por este singular modo de operar y decidió rodar esta película con la idea clara de evitar caer en el mero espectáculo. Para ello planea un lógico esquema lineal, que se inicia con la presentación de sus personajes y los problemas a los que se enfrentan diariamente. Posteriormente desarrolla cronológicamente su historia, con cierto grado documental al exponer los diferentes pasos a los que debe hacer frente la protagonista del filme. La actriz colombiana, Catalina Sandero, capitaliza la historia de la joven María hasta el punto de que fue nominada al Oscar de la academia americana, un claro reconocimiento a su labor personal y a la repercusión que tuvo la cinta a nivel internacional, pues fue una de las agradables sorpresas cinematográficas del 2004. 


Pedazo de cartel
Martson acierta con ese toque intimista, cercano y elaborado por las que va pasando el personaje de María, donde coloca al espectador a la misma altura de miras que la joven protagonista. De este modo logra simpatizar con la deriva de su situación personal y verla caminar hacia la atractiva puerta abierta que le otorgan los traficantes. María llena eres de gracia sobresale por ese ambiente, sin estridencias, tranquilo y sosegado que presenta el colorido ambiente colombiano. Solo se tuerce algo el gesto con los inevitables grises que surgen en el supuesto mundo desarrollado, allí donde las mulas deben lograr acceder para entregar la mercancía. Es cierto que en todo ese proceso la película cuenta con cierto beneplácito crítico, obtenido al logrado origen de los problemas de María y de su pensamiento inconformista. Sin embargo hay escenas que no cuelan, como el registro de la frontera con la intervención policial americana de por medio. Concesiones que se otorgan porque el metraje avanza y no se puede evitar querer conocer el resto de la historia. Podrían señalarse otros inconvenientes que no vienen al caso, ya que el conjunto de la película demuestra mejores maneras que la convierten en un acertado viaje y una necesaria visión hacia uno de los mayores problemas de la sociedad. La utilización de una parte de la población por parte de los poderosos, quienes no llevan corbatas en esta ocasión. 


María llena eres de gracia
Joshua Martshon
2004

16 de junio de 2016

La Herrería del Berrueco

El embalse de la Jarosa está ubicado en el noroeste de la comunidad de Madrid, pertrechado en un pequeño valle donde se recogen las aguas de cuatro arroyos que descienden por las vaguadas del cordal montañoso. Aunque estos riachuelos estén dotados de nombre, la sabiduría popular ha otorgado el certero orden numérico para clasificar dichas aguas. Primer, segundo, tercer y cuarto arroyos respectivamente.

Panorámica de La Herrería del Berrueco a principios del siglo XX - Ayuntamiento de Guadarrama
Alrededor del pantano se encuentran los repoblados pinares y una estrecha carreterilla. Esta calzada sirve de acceso a un par de áreas recreativas para el disfrute humano del campo. En ese trayecto y al lado del vallado, que separa el embalse del asfalto, llama la atención una simple ruina en forma de fachada. Se trata de la espadaña de una antigua iglesia o ermita, a tenor de su pequeño tamaño. En su parte superior destacan dos simples vanos, donde la imaginación humana rápidamente transforma en dos oquedades visuales que parecen vigilar el valle donde hoy día se asienta el agua embalsada. Esta escasa y única construcción, representa el último vestigio de un antiguo poblado que se encontraba justo donde yace el pantano de la Jarosa. Como tantas otras localidades que acabaron sus días bajo la necesidad humana de acaudalar el liquido elemento. Seguramente esta Herrería del Berrueco, pues ese era su nombre original, sea el menos atractivo y de menor importancia, sobre todo cuando debía quedar bien poco de su pasado antes de la inauguración de la presa en 1969, como bien nos indican las escasas referencias que el tiempo ha permitido prevalecer sobre la breve historia de este poblado. Sin embargo, se quiera o no, y de ahí la publicación de esta entrada, formaba parte de la sierra del Guadarrama. Mejores motivos no podrán encontrarse.

Lamentablemente hay muy pocos datos y/o archivos que hagan referencia al pasado de esta pequeña aldea. Así que el ejercicio de establecer una simple historia cronológica se convierte en un simpático juego de malabares, donde se da pie a cortas reseñas, historias paralelas o simples menciones por parte de otros aspectos más llamativos. También hay que destacar las inevitables lagunas que surgen en determinados tiempos menos dados al estudio y hechos relevantes. Geográficamente el pueblo de Guadarrama es el más cercano, y a cuya jurisdicción pertenecía La Herrería. Sin embargo, las guerras se cebaron con fuerza en esta localidad y también en sus archivos, perdidos en épocas de ocupaciones como la guerra de la Independencia o la más cercana Guerra Civil Española. Para hallar, una leve referencia a la fundación de La Herrería, hay que trasladarse a la cercana Villa de El Escorial y al mismo origen de esta localidad, donde hay que remontarse a la época de la reconquista, a lo largo de la Edad Media para buscar la fundación de diversos poblados ferreros en la vertiente sur de la sierra. 


En principio se maneja un arco temporal entre los años de 1088 hasta 1150. Tiempos de avance cristiano sobre los musulmanes que llegaron a rebajar la marca fronteriza a la línea del río Tajo. Y con la conquista de la ciudad de Toledo como dato más significativo. En estos años de idas y venidas sobre la sierra de Guadarrama, se irían asentado los primeros pobladores sobre la vertiente sur de la sierra. Creando en este pequeño flujo los primeros núcleos urbanos, provenientes principalmente del Concejo Segoviano y el control que propiciaban las milicias denominadas como Caballería Villana. Estos últimos representaban aquellas gentes que podían permitirse adquirir y mantener, por sus propios medios, caballo y armas. Pues eran la vanguardia que debían mantener un territorio en constante peligro por las incursiones de castigo que llevaban a cabo almorávides y almohades. A partir de 1150 puede decirse que la frontera se establece finalmente en el Tajo, reduciendo el peligro de sufrir ataques en la vertiente madrileña de la sierra. La colonización de estas tierras viene acompañada por la actividad ganadera y su necesidad de ganar nuevos pastos, así como el control de los pasos naturales por parte de la Caballería Villana. El Concejo Segoviano se establece como el principal órgano regulador, cuyo control da origen a los primeros poblados y espacios acotados a los que se pueden poner nombre, como Monesterio, Scurial, Fuentelámparas... y por supuesto las primeras Ferrerías

En su origen, estas ferrerías, eran pequeñas explotaciones siderúrgicas capaces de reducir el mineral del hierro para poder transformarlo en aperos de labranza, objetos y armas. El padre José de Sigüenza, bibliotecario del monarca Felipe II, las describe como ferrerías de monte, donde se trabajaba al aire libre con uno o más hornos de reducción. También las describe "de aire", porque normalmente estas ferrerías se establecían en lugares donde el viento ayudase a los hornos a avivarse de manera natural en lugares montañosos y apartados. Estos hornos estarían situados en los claros de los bosques y tendrían una forma cilíndrica, con paredes de piedra de diversa altura y en donde se enterraba una parte, alrededor de medio metro, por debajo del nivel del suelo. Sería en la base donde se abrirían los huecos para la entrada del aire. Curiosamente el lugar donde se depositaban las escorias de los trabajos realizados dio nombre al municipio de El Escorial. De estos tiempos surgen pequeños núcleos donde se desarrollaba estas pequeñas tareas preindustriales, siendo el origen de los poblados de La Herrería (en el término del Escorial), La Herrería de Fuentelámparas y por supuesto, La Herrería del Berrueco.  
Trabajos en un horno / Imagen de ezagutubarakaldo.net
Mencionar que existe una leve disputa derivada de la palabra ferrerías, pues otros autores defienden la raíz herrén del radical latino fárrago, -inis, cuyo significado describe a un terreno sembrado de forraje o pasto para las bestias. El herrén sería entonces el lugar donde poder alimentar al ganado. El investigador Gregorio de Andrés, explica que el concepto ferrerías estaría relacionado con el lugar donde abundan las praderías o campos de herrenes. Para el caso de La Herrería del Berrueco ambas hipótesis serían acertadas, pues en el enclave donde se asentaba el poblado bien podría haber contraído trabajos del metal y también como zona para aprovechar el pasto que habría en el valle donde hoy se encuentra el embalse de la Jarosa.

Cédula de Alfonso VII - 1 de mayo de 1152 
y El puerto del Berrueco

"Dono autem vobis nominatos montis et serros, nominatim et singullatim a porto del Berrocco qui dividit terminum Abulae et Segovia usque ad portum de Loçoyam omnibus intermediis montibuet serris et vallibus; ita quod sicut aqua descendit de decurrit versus villam vestram a summitate ipsorum montes eos usque ad Madrit, ab ac die usque ad perpetuum"
El risco de la Nava / Francisco Javier Bravo Tarifa
Otro dato importante es el nombre completo del poblado, el cual hace alarde de un aspecto concreto, del Berrueco. Un berrocco, no es ni más ni menos, que una piedra granítica de grandes dimensiones y que resalta por su tamaño o por una ubicación privilegiada. En 1152, el rey Alfonso VII dictó la separación de las tierras a lo largo de las cumbres serranas en beneficio del Concejo de Madrid, y por supuesto de su aprovechamiento. De este modo se creó un conflicto de intereses entre los segovianos, que habían iniciado la repoblación y explotaban tradicionalmente estas tierras, frente a los primeros, llamemoslos madrileños. Los habitantes de esas tierras veían recompensados sus esfuerzos de frontera contra los musulmanes. Como por ejemplo el asedio que sufrió la ciudadela de Madrid en 1110, villa agraciada por esta concesión del rey, donde se delimitaban las tierras y sus cuencas fluviales desde el puerto de El Berrueco hasta el puerto del Lozoya, (Navafría en la actualidad). 

Este segundo paso de montaña es fácilmente identificable, mientras que el denominado como Berrueco ha llevado a confusiones a lo largo del tiempo. Existe la aceptación popular que coloca el paso de montaña en la vertiente segoviana de la sierra, aprovechando la Cañada Real Leonesa y su ascensión por el pinar de Aguas Vertientes a través del Collado del Hornillo, cerca de la localidad de San Rafael. La actual mole granítica de la Peña Blanca sería el supuesto peñasco que sobrevuela por encima de la pista forestal, y que desciende hacia Pinares Llanos en el término de Peguerinos. Un lugar ya visitado por este blog.
Construcción del Valle de los Caídos / F. Javier Bravo Tarifa 
Sin embargo, al otro lado del cordal montañoso se encuentra otra opción rocosa. El catedrático, Gregorio de Andrés, coloca al colosal Berrueco en un roquedal conocido como el Risco de la Nava. Justo el lugar donde un tal Francisco Franco eligió la construcción de su faraónica basílica, sirviendo esta mole granítica como base de la enorme cruz que domina en la actualidad el valle de Cuelgamuros. La lógica montañosa colocaría al cercano collado de la Portera del Cura como el paso de montaña; y que accedería a conectar con la Cañada Real Leonesa en tierras castellanas, muy cerca de la otra opción citada anteriormente. El beneficio otorgado a Madrid por parte del rey tiene sentido si el puerto del Berrueco se encuentra en una dirección que ayude a sortear la sierra, y de paso avanzar hacia la llanura madrileña. Mientras que la otra opción, solo sirve para superar el collado del Hornillo y continuar por la Cañada Real hacia el suroeste, en dirección a Ávila.

La cercanía del poblado de La Herrería del Berrueco ayudaría también a situar el paso de montaña en la Portera del Cura, siendo bien visible su roquedal desde la ubicación del poblado a modo de guía, como si de un gran faro se tratase para los caminantes de la época y como referencia desde lugares bien lejanos por la planicie madrileña. Especial importancia debió tener para nuestro poblado en sus inicios, al controlar y servir de base como puesto fronterizo en los primeros compases de la repoblación, siendo además el acceso de nuevos pastos para el ganado trashumante al sur de la sierra.

Del puerto del Berrueco poco más se ha citado a lo largo de la historia, seguramente fue un simple paso carretero que sorteaba la serranía, como otros tantos portezuelos de rango inferior que aún hoy pululan en la sierra (Reventón, Calderuelas, Arcones...) El cercano e importante camino de Balat Humayd árabe, junto al puerto de la Fuenfría, fueron los caminos más concurridos para superar la sierra de Guadarrama en el medievo. Mientras que el Berrueco quedaría relegado a un segundo plano, que sin embargo, muestra cierta importancia en el origen y fundación de La Herrería del Berrueco. Curiosamente y para cerrar este capítulo, aparece un dato relevante a finales del XVI. El monarca Felipe II, mandó construir una gran Cerca de piedra, para disfrute de la realeza, alrededor de los llamados bosques reales de San Lorenzo. En un documento de la época se redacta "como se ha de hacer la cerca de pared, desde encima del Puerto Viejo, bajo de cabeza Aguda, derecho a la fuente de Gil Cubillo, hasta el derecho al Prado Moro". Actualmente la Cerca alcanza el collado de la Portera del Cura, debajo del Cerro de La Carrasqueta que bien pudiera ser la cabeza Aguda del texto, mientras que los Prados Moros todavía mantienen esa nomenclatura en la actualidad, aunque ampliada al plural. La coincidencia del collado y la designación añeja del puerto, permite aventurar la correlación del Berrueco con este Puerto Viejo, cuyo nombre también varía en el tiempo, tornándose en Puerto de Cuelgamuros, según la época o mapa consultado.
Puerta cegada de la Portera del Cura / JGM
Obviamente se desconoce el trayecto de este puerto perdido por el paso del tiempo, aunque gracias a la Cerca de Felipe II, podemos aventurar algunos datos importantes. En la carretera que une San Lorenzo con Guadarrama existía la denominada como Puerta de Hierro. Es decir, el acceso abierto en la gran Cerca que comunicaba ambos municipios. Siguiendo la muralla de la Cerca aparece otra abertura en el muro, algunos kilómetros más arriba en los pinares de la Jarosa. Dentro de los pinares hay dos pistas forestales que unían ambos valles, visibles y ampliados en la actualidad pese a la presencia del vallado de piedra. La primera se encuentra cerrada por una amplia cancela mientras que la segunda muere junto al muro pese a continuar al otro lado. Ambas pistas nacen desde el mismo lugar donde estaría el poblado de La Herrería del Berrueco, y que hoy nos llevan hasta la base del Risco de la Nava.

Una tercera puerta se encuentra en el mismo Collado de la Portera del Cura. Cegada en la actualidad con piedras en mampostería y que se corresponde con el acceso del llamado Puerto Viejo descrito anteriormente. Todavía pueden verse las ruinas de alguna vivienda adosada al muro de la Cerca para dar cobijo a quienes controlaban el paso de montaña. 

Lógicamente estas puertas respetarían los caminos trazados con anterioridad para dar salida y entrada con el correspondiente control. Con cierto arrojo se puede aventurar que el puerto del Berrueco sorteaba las cumbres por el collado de la Portera del Cura, dando por hecho la existencia de diferentes ramales que nos llevarían, por un lado a San Rafael y a Peguerinos, a través de la Cañada Real Leonesa en la vertiente castellana, y por otro, a la cercana Herrería del Berrueco que seguiría después hasta Guadarrama. Otro ramal conectaría con la Cañada Real Segoviana, descendiendo por el valle de Cuelgamuros y pasando por las dehesas de Campillo y de Monesterio hasta el puente del Herreño.
Mapa compactado con los términos de Guadarrama, Peguerinos y San Lorenzo de finales del XIX
Se recomienda ampliar / Instituto geográfico nacional

Llegados a este punto, no está demás citar a un viejo gigante del Guadarrama. El Collado de la Portera del Cura también sirvió como referencia para situar la linde de los términos de Guadarrama, Peguerinos y San Lorenzo de El Escorial. En lugar de colocar un mojón o hito granítico, sobresale en viejos escritos la cita de un "pino copado", como referencia simbólica sobre el paso montañero. Posteriormente fue sustituido por otro pino, llamado de las Tres Cruces, por la incisión en su tronco, de tan emblemático signo y que representa a los pueblos colindantes. El árbol aparece incluso citado en mapas del siglo XIX, demostrando su importancia montañera y las colosales medidas que le otorgaban los 500 años que se calculaba tenía este magnífico ejemplar. Para 1991 el pino se desplomó sobre la tierra, dentro de la famosa Cerca, siendo sustituido por tres pinos laricios como homenaje al viejo tótem serrano.

A pesar de la cédula del rey Alfonso VII, los conflictos entre segovianos y madrileños apenas menguaron por el control de estas tierras. Dando pie a una constante refriega que va variando en el tiempo. El 28 de julio de 1208. El rey Alfonso VIII, reconoció unas lindes previas realizadas por Minaya, alcalde de Segovia, a lo largo de la Transierra para asegurarse la legitimidad de las nuevas pueblas que empezaban a asentarse y señalar los términos de los concejos de Segovia, de Madrid y de Toledo. 

Finalmente en 1275, el rey Alfonso X intervenía en el continuo pleito fronterizo añadiendo el control del sexmo, llamado Real de Manzanares a la corona. Se destaca en un documento, la repoblación de Navalquexigo, Monesterio, Galapagar y Ferrería del Berrueco a finales del XIII. Dicha repoblación viene a remarcar la existencia del poblado de la Herrería del Berrueco con anterioridad y la necesidad de volver a poblar determinados núcleos urbanos para asentar el poder político sobre las tierras conquistadas a los musulmanes. En todo este tiempo anterior debieron de llevarse a cabo las llamadas razzias, operaciones relámpago que diezmaban tierras y poblaciones efectuadas por almorávides y almohades en territorio cristiano. La inclusión del poblado en el Real de Manzanares constituyó un nuevo estatus que se mantuvo hasta el final de su historia.

En 1504 Guadarrama alcanzaba el título de Villa, gracia concedida por el rey Fernando el Católico junto a otros pueblos como Colmenar Viejo y Trijueque en una carta fechada en Medina del Campo. Un avance enorme que corroboraba la importancia del municipio por aquel entonces. Dentro del ámbito de Guadarrama estaban Los Molinos y la propia Herrería del Berrueco. Municipios menores que se encontraban bajo la jurisdicción de Guadarrama.

Viviendas de Guadarrama y el abrevadero de Los Caños / Ayto Guadarrama 
Gracias a Juan José Moreno Casanova, se conocen una serie de ordenanzas, datadas en 1580, donde se concretan una serie de normas sobre los usos de explotación del cercano pinar (la Jarosa) y de la organización agraria de la villa. Previamente ya se habían publicado una serie de normas acordes al buen gobierno en el municipio de Guadarrama, y por extensiva hacia Los Molinos y la propia Herrería. Pero las ordenanzas de 1580 tienen mayor importancia por intentar hacer valer la mejor forma de aprovechar y explotar los montes, tierras dedicadas a la agricultura y a la regulación del ganado en las áreas de jurisdicción del pueblo. Se buscaba explotar de manera lógica los recursos naturales, pues eran parte importante de la riqueza de la villa. De este modo surge la protesta de Guadarrama contra la Herrería por el aprovechamiento de los bosques. Y la reclamación de los vecinos de la Herrería contra Guadarrama por los mismos motivos. Cabe citar dentro de los lógicos enfrentamientos pueblerinos, la emancipación de Los Molinos en 1666, convirtiéndose en villa ante las constantes demandas de sus vecinos frente a la prepotencia que solía ejercer Guadarrama.

A pesar de ser una colonia de Guadarrama y gracias a estos documentos, se puede apreciar ciertos nombres de relevancia, como algunos alcaldes de La Herrería, que responden a los nombres de Alonso Horcajo en 1575 y Alonso Pérez en 1580. Representantes ambos de los intereses del poblado en la promulgación de las ordenanzas en aquellos lejanos años. De las ordenanzas, como ya se ha comentado, vienen a regular la correcta explotación de los recursos y la búsqueda de maximizar las pequeñas parcelas destinadas a la agricultura. Concerniente a la Herrería, se citan algunas normas sobre la explotación del pinar. Como la prohibición de arrancar pinos, aprovechamientos de teas o la de castigar la entrada del ganado en los montes. Por este último motivo surgen los pequeños vallados de piedra a lo largo de los campos y que forman parte del paisaje actual. 

Un siglo más tarde, entorno a 1679, el censo poblacional de La Herrería lo conformaban los vecinos Francisco y Juan Hernández. Además de dos viudas pobres. La perdida de habitantes pone en evidencia las escasas opciones económicas de la Herrería, emigrando sus vecinos en búsqueda de mejores oportunidades para ganarse la vida por la escasez de recursos que proporcionaría un poblado de tan reducido tamaño y aislado en comunicaciones de mayor entidad. Y eso que en 1631 aparecen registradas una serie de minas por encima del poblado, llamadas la Penosilla y la Escalerilla que debieron tener una explotación ínfima y sin mayores beneficios. Seguramente la cercanía de Guadarrama fue el primer punto de partida hacia nuevas expectativas de futuro. A estas alturas parece claro que la aldea estaba sentenciada a terminar de despoblarse con el paso de los años. Poniendo punto y final a la historia de la Herrería del Berrueco.
Restos de la ermita en su ubicación original / Ayto Guadarrama
Sin embargo, este declive contiene su lado pintoresco, al cambiar su nombre original por el de un santo. A finales del XIX, el maestro superior de Guadarrama, dedica unas líneas al poblado de San Macario, en un pequeña obra, donde se describe el municipio donde ejercía su profesión. El maestro, Luis de León, desconoce el origen de San Macario, pero apunta a que fue poblado distinto al de Guadarrama, 
"en San Macario ha existido otro pueblo, esto lo podemos ver, pues se observan restos de cimientos, los muros de cerramiento de la iglesia, que estaba dedicada a dicho santo, y de aquí el nombre, por cierto que para ser parroquia era sumamente pequeña; en su construcción más bien indica ermita; algunos trozos de calle, empedrada a manera de calzada, y un tejar, propiedad hoy de D. Lucio Fernández, es todo lo que queda de San Macario. El sitio es muy pintoresco y a propósito para tener un día de solaz, o, como hoy se dice, propio para una jira campestre."

Luis de León vivió en Guadarrama hacia 1890, y según sus fuentes dicta que San Macario pudiera ser el origen de Guadarrama. El propio maestro descarta esta opción y expone su particular visión sobre las ruinas que aun se mantenían en pie. Por otro lado destaca la referencia de la tejera. Una especie del regreso de la vida a través de una labor industrial, como en el origen de esta historia. La tejera vino a recuperar una actividad en el valle donde se asentaba el ya perdido poblado de la Herrería, con la elaboración de ladrillos y otros materiales necesarios para la construcción. Fabricas que perdurarían hasta los primeros compases del siglo XX. 
Pequeña colecta de ladrillos grabados recogidos por los alrededores del pantano.
 Al de la izquierda se le adivina el nombre / JGM
La Guerra Civil Española supuso la tragedia que siempre suelen acompañar las confrontaciones bélicas. Más aún en Guadarrama, por ser frente de guerra. Al concluir la contienda, el municipio fue prácticamente destruido a causa de las bombas. El denominado como poblado de San Macario también debió de padecer algunos enfrentamientos, por encontrarse en medio de los frentes que se encontraron en los pinares y cumbres de la Jarosa. De hecho, hubo una posición republicana denominada como Cuestas de la Herrería, dando a entender que tal vez no se había perdido del todo la toponimia del lugar.

Tras la guerra, La Herrería / San Macario volvió a tener vida en sus tierras, nuevamente ligado a la actividad de las tejeras y a una serie de oficios dedicados a explotar los recursos naturales del bosque: cerámicas, maderas y resinas principalmente. Incluyendo nuevas construcciones de viviendas que se internaban en el monte para dar cobijo a los trabajadores de aquellas industrias. Aún hoy pueden verse sus restos, principalmente las viviendas de resineros detrás del antiguo restaurante de "El Cordobés".

Espadaña de San Macario, diciembre de 2015 / JGM
En 1948 ya hubo un primer intento de crear una presa en este entorno, aprovechando la confluencia de varios arroyos que dan lugar al nacimiento del histórico arroyo Guatel. Curiosamente los mayores de Guadarrama que conocieron este lugar, previo al embalse, suelen recordar con cierta nostalgia una fuente llamada del Piojo. En un mapa de finales del XIX, se cita una fuente, llamada del Can, muy cerca de la "Hermita de San Macario (derrivada)". Obviamente se trata del mismo manantial. Y que algún intrépido vecino retrató en algún año de sequía. 

Quien suscribe estas líneas mantiene un leve recuerdo infantil de aquellos tiempos de secano, cuando las aguas acumuladas descendieron drásticamente. Mi fantasiosa mente dibujaba la aparición de viviendas, calles y otros edificios sorprendentes que chocaron bastante con la penosa realidad. Un simple puentecillo de madera para sortear uno de los arroyos fue lo más destacable que mis ingenuos ojos pudieron contemplar, aparte de la abundante acumulación de piedras que suelen verse en años bajos en lluvias. La fantasía solo vuelve a aparecer cuando regreso a un mapa, y la toponimia imparte ciertos nombres como la Viña, la Sacristía, Cerro Santo... que tal vez estuvieran relacionadas con alguna actividad del perdido poblado de la Herrería. 

La Cruz sobre el Berrueco al fondo.
El embalse de la Jarosa y leves restos que aparecen cuando el nivel del agua desciende. Dic. 2015 /JGM
Finalmente, el embalse de la Jarosa fue construido e inaugurado posteriormente el jueves 17 de julio de 1969. A las siete menos cuarto de la tarde, el Jefe del Estado, Francisco Franco, junto a otras autoridades dieron la orden de abrir las compuertas de las tres presas que entraban en servicio ese día. Navacerrada, Navalmedio y la Jarosa, se ponían en marcha para cubrir de abastecimiento a los pueblos serranos de Madrid. 

Por suerte y antes de que finalizasen las obras, se decidió salvar de la inundación a la arruinada espadaña de la ermita de San Macario, colocándola en su emplazamiento actual. Gracias. 

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Bibliografía

- Revista Apuntes de la sierra. Nº 200 - Octubre del 2011
- El Escorial. De comunidad de aldea a villa de realengo. Gregorio Sánchez Meco. 1995
- Catalifa, historia de una fortaleza. David Martín del Hoyo y Jesús Rodríguez Morales. 
- Madrid desde la academia. Antonio López Gómez 
- La Villa de Guadarrama en las Ordenanzas de 1580. Juan José Moreno Casanova. Ed Ayto Guadarrama. 2000
- Registro y relación general de minas de la Corona de Castilla. Tomás González. 1832
- Guadarrama. Luis de León. Ed. Ayto Guadarrama. 2001
- Historia de la rondalla de Guadarrama y otras cosas de alrededor. Francisco Jiménez Sánchez. 2000
- Periódico ABC, Viernes 18 de julio de 1969. Página 39

Web
ign.es
apatrizando.com
academia.edu:
- Caminos y documentos en el Madrid medieval. Jesús Rodríguez Morales
- El Real de Manzanares, orígenes y evolución. Charo Gómez Osuna. 2013

ferreriasdemonte.blogspot.com.es/
ezagutubarakaldo.net/

6 de junio de 2016

Las alegres aventuras de Robin Hoood

La simple enunciación de su nombre representa un autentico icono popular, siendo una de las figuras más representativas de la literatura universal. Y en el reducido ámbito del mundo occidental, es donde la mayor parte de la población debería conocer los pormenores de este fulano vestido de verde. Dicen las malas lenguas que tenía tendencia al robo, nada nuevo desde luego si lo comparamos con los tiempos actuales, salvo el destino, pues parece ser que desvalijaba a los ricachones de entonces para después repartirlo entre los más necesitados. Que herejía. A día de hoy sigue respondiendo al nombre de Robin Hood, personaje de leyenda medieval donde sus fuentes literarias parecen nutrirse de algún personaje real que la tradición oral ha ido transformando la exagerada epopeya del arquero infalible. Hay bastantes indagaciones y estudios acerca del personaje real o histórico que sin embargo no entran al caso de esta entrada bloguera, aunque podamos señalar algún que otro enlace, que tampoco cuesta mucho extender redes. 

Living la vida Sherwood
Las alegres aventuras de Robin Hood, escrita por Howard Pyle, representa una de las primeras apariciones escritas del bandolero en la literatura, si obviamos las baladas cantadas, romances medievales y demás apariciones herederas de la tradición oral. La intervención de Robin Hood en Ivanhoe, tuvo un carácter secundario, mientras que en la obra del norteamericano Pyle, ocupa el protagonismo absoluto.

A renglón seguido de la lectura de Ivanhoe, enlazo esta obra sobre las peripecias del famoso proscrito del bosque de Sherwood. Y como esta corta novela aglutina las peores características de la literatura juvenil. Al contrario de lo que sucede con el mayor poso y desarrollo de Ivanhoe. Pyle compone una obra donde expone toda la parafernalia que acompañará a la leyenda de Robin Hood en posteriores publicaciones y adaptaciones. Su inhumana destreza con el arco, la banda de forajidos y sus famosos componentes, como el fiel lugarteniente, Pequeño John, los enfrentamientos con el sheriff de Nothingam, el famoso torneo de arqueros y la fugaz aparición del idealizado rey Ricardo I, más conocido como Corazón de León. Todo este conglomerado de atributos y aventuras son expuestas a través de un libreto separado por capítulos. Esta estructura divide y rompe algo la linealidad del relato con diversos saltos temporales y la escasa unión de una temática común que sirva para enlazar el conjunto de la historia. Parece como si la novela fuese una colección de diversas aventuras recopiladas, y bien podrían publicarse por separado. 

Uno de los graves problemas de la escritura es su escasa profundidad en los temas que trata, junto al cariz juvenil que expone en personajes y tramas. A Robin Hood y a sus compinches les sobran carcajadas de tan felices que se encuentran, espoleados por los múltiples adornos de su vida campestre, a los que suele complementar Pyle en una isla donde el clima, permitanme que dude, parece bastante complaciente sobre un grupo de personas que buscan cobijo en las penumbras de los bosques. En realidad lo que falta es algún punto de mala ostia para desgranar el conflicto que conlleva sobrevivir fuera de la ley, robando a los mismos gerifaltes sin que a estos se les ocurra prender fuego al espacio natural donde se ocultan los proscritos como lógica represalia. 


Bien pudiera valer esta obra para acercar a los más jóvenes el mundo de las letras impresas. Pues cuenta con alguna que otra guasa entrañable, acompañada por un lenguaje ágil y rápido. Como los actos que llevan los premeditados conflictos, resueltos en un pispas, sin mayores glorias a la elaboración y madurez que todo buen escritor intenta realizar en sus obras. Ni que decir tiene que la única recomendación viable esta dirigida al grupo preadolescente, quienes tal vez puedan apreciar el germen de un mito de la cultura popular, y que a estas alturas merezca una revisión que otorgue una nueva perspectiva que eleve a un mayor nivel y con cierta esperanza, la calidad literaria hacia tan importante nombre.

La flecha salió volando y, aunque parezca increíble, acertó de lleno en la flecha del desconocido, rompiéndola en astillas.


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Las alegres aventuras de Robin Hood
Howard Pyle
Ed. El País aventuras. 2004

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Ivanhoe
El león en invierno