31 de diciembre de 2019

Vol 19

En breve expira el plazo dedicado al 2019, y como cada año, toca hacer recuento de las tareas incumplidas. Porque recuerdo perfectamente el inicio del año con ilusión, con ganas de disfrutar la cercana efeméride de sumar 40 primaveras mientras el propio blog alcanza su primera década de existencia. Sin embargo la primera decepción bloguera proviene de la cantidad de publicaciones prevista de antemano (quería llegar a 40). Tenía una apuesta decidida a elevar la cuantía de entradas para conmemorar las cifras destacadas. Pero los problemas llegaron a las primeras de cambio. Y con dolor, bastantes las que produjo una lesión discal que echó por tierra los propósitos del ranin. El gatillazo duró tanto tiempo, que la triste posibilidad de disfrutar por correr, incluso pagando por ello, se fue al garete. El deseo inicial cayó tan bajo, que ni pedestres populares ni otros aniversarios lograron levantar el ánimo de calzarme deportivas. Por ahí se perdieron un buen número de post que tristemente ya no volverán. 

Al menos la literatura sigue sumando entradas por mera rutina. Unas agradables lentejas que han logrado copar la centena de publicaciones desde 2009. Y para celebrarlo, nada mejor que volver a leer una de mis obras predilectas. La Íliada de Homero. Ubicada estrátegicamente para tal número, mientras que después dediqué un tiempo a realizar una selección de las obras referidas en el blog. Esta opción dio lugar a una breve lista personal que intenta hacer valer aquellas obras que han logrado destacar sobre el resto. Por otro lado, 124 libros alcanzan por estas fechas mi particular colección Reno, una buena cantidad de ejemplares que empiezan a ocasionar diminutos problemas de espacio...

Primer amanecer del año. Tablada - A 1 de enero del 2020 
 
Estas pequeñas alegrías han permitido maquillar algo la jodienda discal. Será la particular bienvenida del cuerpo al paso de los años. Aunque siempre se puede ir a peor. Porque el colmo de los males físicos vinieron por parte del perrucho, pues quiso sumarse a la fiesta de las drogas para aliviar dolores. Otro de los placeres de la vida a tomar por culo, ante la incapacidad de Bosco de poder realizar nuestras rutas largas por el monte. En parte daban ganas de cerrar el chiringuito si lo más divertido del blog tendría que hacerse sin el perro. Porque es como si faltara algo, cuando tú mascota no puede sumarse a la fiesta de perderse con su dueño por el bosque. 
 
Quedaron por tanto buscarse otras alternativas para cumplir el expediente y que remitan algo la tendencia negativa que pudiera adquirir esta simple entrada de recordatorio. Como por ejemplo el inicio del camino del Cid en familia, o intentar sumar más óperas primas al listado expuesto en el lejano 2012. También cabria señalar la entrada dedicada al último alcalde republicano de Guadarrama, al cumplirse 80 años desde su fusilamiento tras la guerra civil, expuesta así, en minúsculas, como corresponde cuando se cita la barbarie. 

Ahora sólo queda volver a mirar hacia delante, apuntar algún pequeño listado de tareas por intentar realizar y esperar a ver que nos depara el doble 20. Veremos si alcanzamos algún buen puerto. 

12 de diciembre de 2019

Shangri-La: la cruz bajo la Antártida

Corría el año 2008 y el escritor Julio Murillo obtenía el premio Alfonso X el Sabio a la mejor novela de carácter histórico por Shangri-La. Tras finiquitar la lectura del mismo, un servidor se queda con ganas de saber si en las bases de dicho concurso se permite participar a obras que contienen alguna que otra conjetura que las permita divagar y fantasear bajo un argumento histórico alternativo, gracias al amplio prisma que concede la imaginación en construir complicadas conspiraciones de organizaciones secretas. Pero al final pasé de buscar en detalle las instrucciones del concurso, después de percatarme de la lustrosa lista de ganadores anteriores y opté, por dejarme llevar hacia la aventura propuesta por Murillo, cuya base se sustenta en la posibilidad de que importantes jerarcas nazis lograran escapar al control de los aliados tras la II Guerrra Mundial. Y con el paso del tiempo, sus herederos fueron escalando socialmente hasta ocupar puestos de relevancia en diversas posiciones políticas y económicas. El viejo cuento de dominar el mundo al amparo de las sombras. Obviamente la cabeza más visible del tinglado versa sobre el mismo Adolf Hitler, pero tales detalles quedan para el disfrute del lector cuando corresponda.

Naturalmente el oscuro plan amenaza con salir a la luz casi por casualidad, cuando un miembro de una expedición científica obtiene pruebas determinantes sobre los planes nazis de postguerra, y aunque hayan pasado décadas desde los acontecimientos, sus herederos (llamados Lebensborn) mantienen una tupida red de espionaje alrededor del mundo.
 
Pon el cable, lumbreras! - Eilert Lang

El objetivo de Shangri-La: la cruz bajo la Antártida se fija principalmente en el entretenimiento, y para tal fin, en sus páginas hay una divertida variante de propuestas y sorpresas a través de una estructura fragmentada. Un esquema que sirve como carta de presentación del abanico de personajes y que terminan por confluir sus historias a lo largo de las páginas, mientras el autor propone mantener la atención del lector con continuos giros.

Reconozco no ser muy fan de este tipo de obras, cuyo sobrenombre anda con ansias de obtener el subtitulo de best seller para poder venderse mejor. También es de justicia reconocer que cumple su cometido. A la par que el editor y el mismo escritor agitarán en sueños profundos la posible adaptación de la novela en el jugoso negocio del audiovisual. Porque los mimbres están expuestos de manera inteligente, escalonados para atraer nuestra atención y que permite dar paso a las necesarias explicaciones del secreto por partes, con el cinematográfico recurso del flashback cuando procede y con la habilidad necesaria para encajarla con la aventura lineal. 

La novela cuenta con una buena plantilla para dar juego al relato. Basado por un trío protagonista de carácter internacional: un periodista inglés, una violinista alemana y un biólogo noruego. Este último y dadas las circunstancias del descubrimiento, más bien parece un experto de alguna fuerza de seguridad militar o mercenaria que a un prometedor científico, por mucha cantinela que arrastre detrás. La procedencia de origen es importante, porque siempre hay éxito asegurado si los protagonistas  forman parte de la familia globalizada, esa que sabe aprovechar las virtudes de locomoción vigentes para darse garbeos por distintos países. Una opción plausible para externalizar el argumento y hacerlo más interesante si encima recorren lugares tan turísticos como conocidos por la mayoría. Está claro que el localismo no vende y menos aún a las organizaciones criminales, que no entienden mayor frontera que la del mero negocio. 

A grandes rasgos Shangri-La es una novela pretenciosa, donde reúne un buen cumulo de fantasía a la que se debe dar pábulo para poder seguir con la lectura. Tras aceptar la oferta del texto y dejarme llevar por la propuesta trazada por su autor, reconozco que la trama funciona y engancha gracias al aire de thriller que Murillo impone a sus textos, dejando siempre que las sorpresas fluyan para enganchar entre los capítulos. Sin embargo surge un pero, o más bien una postura bien diferente a la hora de acudir al cierre de la aventura. Porque a Julio Murillo le puede el exceso de querer sorprender aún más. Una extraña necesidad de retorcer tanto el final, que el impacto está tan pasado de vueltas que casi hubiera preferido ahorrarme algunas páginas. El salto me parece tan manido que ese regusto final estropea parte del pasaje anterior. 

-La verdad es que no sé muy bien por dónde empezar -admitió azorado
-Como en los cuentos, por el principio -sugirió ella imperturbable-. Ya sabe: érase una vez ...

Shangri-La: la cruz bajo la Antártida
Julio Murillo
Ed mr, 2008
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6 de diciembre de 2019

Salvar al soldado Ryan

La productora Dreamworks nació en 1994. Por aquel entonces Steven Spielberg ya estaba ás que consolidado como un director de enorme talento, aunque siempre le acompañe un carácter melancólico con tendencia a la noñería. Este aura infantil se acentúo en los primeros trabajos de la productora, cuyas obras resultantes dieron lugar al fácil chiste hollywodiense de que a Spielberg más le valdría ponerse a trabajar que andar soñando. Tras el redondo éxito que supuso La lista de Schindler, el bueno de Spileberg volvió a la 2ª guerra mundial para bajar al barro y fajarse con una auténtica obra maestra del cine bélico. 


Los pringaos - IMDB
Salvar al soldado Ryan adapta un hecho real sobre la suerte dispar de cuatro hermanos a lo largo de la guerra. Porque uno de ellos pudo volver a casa cuando el alto mando militar constató que dos habían caído en combate, mientras que un tercero estaba desaparecido en el frente del Pacífico. Con esta base histórica, Spielberg construye un relato más peliculero gracias al guión de Robert Rodat al que termina por endulzar con la clásica postura del buenismo americano, banderita mediante. 

Aunque por suerte el film cuenta con un fuerte contraste, simplificado en el mero hecho de que para poder salvar a un único soldado, se pone en peligro la integridad de varios. Porque la misión entraña un grave riesgo al merodear la búsqueda justo después del famoso desembarco del señalado día D, mientras la Alemania nazi defiende con ahínco las tierras ocupadas. Es más, los rescatadores vienen de sobrevivir al citado desembarco de Normandía, donde perdieron la vida cerca de 10.500 personas, en una histórica maniobra militar que sirve de presentación del filme. Y menuda carta de presentación.

Han pasado poco más de 20 años y todavía quedan rescoldos del impacto que supuso los 20 minutos del inicio de la película. Hoy día la violencia gráfica justificada anda bastante asimilada por los espectadores. Pero con Salvar al soldado Ryan se alcanzó una enorme notoriedad por quién dirige y por cómo lo hace. A Spielberg no le tiembla el pulso al introducir al espectador en el campo de batalla gracias a la cámara al hombro y al plano subjetivo. La muerte de los soldados apenas oculta la mutilación de los cuerpos y sus gritos de dolor. Porque del sonido también se vive cuando es imposible no ponerse en alerta ante el estruendo de las balas y el silbido de las bombas. Miedo, violencia y simple supervivencia sobre el amplio despliegue de extras que tiñen la arena de sangre. Para tal fin creo recordar que la cifra alcanzó los 11 millones de dolares. Tan bien invertidos que otro chiste fácil suele añadirse para quienes la película debería acabarse justo después del desembarco.


Cuando pierdes algo - IMDB
A la cabeza del reparto deambula Tom Hanks, dando pie al capitán John H. Miller y máximo responsable de la búsqueda de Ryan. El personaje es el clásico caramelo al que Hanks responde de manera soberbia con el lógico tono cínico y valor humano de quien lidera a una compañía militar en tan curiosa misión. El grupo está compuesto por un buen cumulo de secundarios que complementan la veracidad del relato. Con el veterano Tom Sizemore como cabeza más visible junto a Ed Burns, Vin Diesel y apariciones singulares de Paul Giamatti o Ten Danson. Todos los personajes llevan consigo sus pequeñas píldoras identitarias a nivel personal, manías que les diferencian y aportan particularidades individuales. Como la colecta arenosa del sargento Mike, el cuchillo de las juventudes hitlerianas o el trajín de la carta de Caparzo. A Ryan le tocó en suerte a Matt Damon, un actor desconocido durante el rodaje pero que se adelantó a la fama mundial gracias a su interpretación en El indomable Will Hunting, premio Óscar para el propio Damon por el guión; detalles que terminaron por lastrar la intención del director de dotar al buscado soldado, la complicidad que otorga las caras desconocidas para el gran público. Porque el presumible rescate se hace sobre un anónimo soldado frente a los millares que estaban dispersos en la invasión, tanto que la lotería del rescate puede llegar a convertirse en una verdadera pesadilla cuando la flauta suena para uno solo frente al resto. Un ejemplo claro acerca de los números del sorteo se muestra cuando los soldados del capitán buscan el nombre de Ryan entre una multitud de chapas identificativas y llegan a mofarse de la cantidad de caídos justo al lado del paso de las tropas. No hay nada más alentador y salvaje que el humor negro delante de las narices de quienes van a jugarse la vida.

Por ahí también puede citarse una especie de culpa; la de sobrevivir a los muertos. Especialmente en el prólogo y el posterior epílogo, en parte son necesarios, en parte andan alargados de manera innecesaria. Seguramente por aquí se vea claramente la cuota Spielberg. Ésa que tan bien maneja aunque esté tan pendiente del aspecto positivo bajo el prisma manipulable del sentimentalismo. Pero la verdadera culpa habría que buscarla en la concesión de premios. Salvar al soldado Ryan era la gran favorita a los Óscars del año de su estreno. Por ahí surge la condición humana con tendencia al error, cuya gracia endosó el premio gordo a Shakespeare in love. Una jugada tan descarada que más bien parece una burla. Ahora si que no se trata de ningún chiste. Al menos queda la justicia poética del tiempo, una que apenas falla y siempre tiende a inmortalizar las buenas obras y no se dejan engatusar por el engaño del amor. Más bien del olvido de una frente al título de clásico moderno que ostenta Salvar al soldado Ryan.

Salvar al soldado Ryan
Dreamworks, Paramount y Amblin, 1998


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22 de noviembre de 2019

Nathanael West: Miss Lonelyhearts y El rey de la langosta


El escritor de estas obras cortas falleció en un accidente de tráfico en 1940. Parece ser que West era un pésimo conductor; una breve disculpa para presentar a un descerebrado capaz de soltar el volante si surgía la locuaz ocasión de encararse con el acompañante. Dejando al libre albedrio el destino del vehículo. Curiosamente volvía de un rancho mexicano tras conocer la muerte de William Faulkner, una de sus intimas amistades cuando ocurrió el fatal accidente.

De la carrera literaria de West solamente pueden nombrarse cuatro novelas. Las más importantes acopiadas en esta edición abonada al placentero 2x1. Porque cortas eran sus narrativas, tan reducidas en tamaño como el reconocimiento del público, más bien escaso que le llevó aceptar el trabajo de guionista en Hollywood en películas de serie b para poder medrar su economía. Por ahí no le fue tan mal. Pero su obra literaria fue reconocida a posteriori y él mismo fue encuadrado dentro de la denominada como Generación Perdida de la literatura americana. Junto a otros autores como el propio Faulkner, Hammet o Hemingway.

En el fondo hay literatura
Miss Lonelyhearts retrata a un periodista que se esconde tras el seudónimo femenino del título, y que contiene una sección en un periódico donde responde las cartas de los lectores. En plan consultorio para dar salida y consejo a las penas que recibe. Visto desde la distancia no parece un trabajo demasiado estimulante sino fuera por la cotilla atracción de entretenerse con los males ajenos. Incluso el propio director del diario se burla de las tareas de Miss Lonelyhearts por llevar a cabo tal trabajo, importando únicamente el número de ventas del periódico. Nuestro protagonista acoge esas cartas desde una perspectiva bien diferente, llegando incluso a interactuar con los remitentes para sacar algún beneficio, normalmente carnal, reírse de los mismos o buscar alguna respuesta a su insulsa vida en los bajos fondos de las bebidas alcohólicas. Pero ay!, entre tanta vida banal y andar enredado con qué responder a los desgraciados, nuestro pequeño héroe vira hacia una trascendencia vital, al tener que asumir la responsabilidad de dar salida a problemas reales de gente en apariencia desesperada por encontrar un diván donde poder explayarse. Aunque sea de manera anónima y con la impersonal distancia del correo.

¿Nos has tomado por apestosos intelectuales? No somos impostores europeos - Shrike

 
El rey de la langosta merodea en terrenos conocidos por el escritor, al estar ambientada en un grupo de personas alrededor del mundo del cine del Hollywood de la década de los años 30. Y en ese ambiente de bambalinas, West describe a sus personajes con el glamour dorado de la industria como decorado de fondo, pues sus personajes subsisten como meros extras y trabajos secundarios a la espera de la gran oportunidad. El viejo sueño tan vendible como poco real para quien sepa sumar que el triunfo apenas llega a unos pocos privilegiados. Esta segunda novela es más coral, aunque ande capitaneado por un ilustrador que se enamora de la chica equivocada, hija de un vendedor ambulante con pasado de artista. El problema para Tod, el dibujante, es que Faye tiene su propia obsesión con hacer carrera cinematográfica. La deseada mujer anda rodeada de otros personajes que andan también tras sus pasos, ansiosos por hincar el diente al pastel que se bambolea graciosa entre tanto varón. La competencia masculina agrupa a un selecto grupo, cada uno con sus cosas: un enano pendenciero, un vaquero que malvive cazando ardillas para poder comer y su compinche mexicano, dedicado a las peleas de gallos. El último esclavo lo compone un hombre gris, hueco y maleable que responde al meteórico nombre de Homer Simpson.

Ambas novelas comparten cierto carácter trágico, triste y desasosegado. Herederos del crack del 29, las personas de las novelas buscan superar las dificultades propias de la economía y de una sociedad descompensada. Por un lado destacan quienes cuentan sus penas a una supuesta periodista, un desahogo efímero que muestra las miserias escondidas de los barrios más pobres. Y a éstos, West incluye a verdaderos enfermos mentales, violentos y presuntos violadores. Sin reparo en señalar que dentro del ser humano se hallan seres despreciables. También entre la plebe. La esperanza puede recaer en la teórica ayuda que presta el protagonista, obligado por su trabajo a adoptar una postura de empatía que lleva a verse en la premura de tomar partido; ser responsable de sus fanáticos seguidores. Como un nuevo apóstol que predica la esperanza sobre sus discípulos. Es una tarea compleja, más si cabe si nuestro héroe supera los desprecios del jefe intentando llevarse a la cama a la esposa de éste. O dejando de lado a la única persona que muestra un interés real hacia su persona. La continua comparación con Cristo se cae a pedazos por parte de un héroe sin ningún rigor sobre el ejemplo que intenta predicar.

Ay Faye, quién te pillará de verdad
A rebufo del éxito que emite el séptimo arte, El rey de la langosta ofrece una curiosa disección de la industria de Hollywood. Una descripción alejada de los grandes nombres, centrada más bien entre las gentes que buscan jugar a la lotería del sueño inventado. El del triunfo en una sociedad tan competitiva como la americana, pero con la deferencia de que suele ser bajo el pilón del trabajo individual y colectivo en lugar del voleo que depara la suerte. Como la madre que siempre está buscando a su hijo que anda perdido, o más bien jugando, y al que busca denodadamente una oportunidad porque el nene baila y canta, y ya con eso debe valer. El sueño se reparte de manera desigual entre los personajes del relato. Tod es incapaz de ganarse el afecto de Faye, salvo en sus pensamientos y en sus planes de futuro, que chocan con la realidad de hincar el diente a un simple filete. Un sueño del que se despierta tarde. Como la mayoría de quienes suspiran adormilados sin detenerse a mirar la realidad que se encuentra delante. Tal como descubrió West cuando conducía por El Centro (California) y empotraba su coche contra un Pontiac. Segando su propia vida y la de su esposa Eileen. Ellos eran los afortunados trabajadores del Hollywood que logran triunfar. Mientras que la familia del Pontiac eran inmigrantes que buscaban ganarse la vida en la própera California doblando el espinazo.
 
Claude podía seguir la encantadora línea de la columna vertebral descendiendo hasta las nalgas, que eran como un corazón al revés.  


Miss Lonelyhearts y El rey de la langosta 
Ed Random House Modadori, 2010

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Nice Guy, Bad Driver articulo de Robert Lacy - The American Interest

15 de noviembre de 2019

La Pisada del Diablo

Bosco posa bajo la Pisada
En San Lorenzo de El Escorial existe una notable devoción hacia la Virgen de Gracia, imagen de culto que cuenta con antecedentes previos al laureado monarca Felipe II. En la web de la Hermandad sobre la misma, describen una interesante evolución que alcanza tiempos actuales, con una llamativa romería lúdico festiva. Pero los trajines de la Virgen van más lejos de la llamativa tarjeta postal y su interés turístico. Pues hay una leyenda que alcanza a una niña, de nombre Martiña y de su encuentro con el Diablo. 

La excursión arranca en el vecino municipio de El Escorial. Con el preludio de un puente, reconstruido y de origen romano para sortear el charco que propone el arroyo del Batán. Punto de inicio para dar comienzo al pateo por la colada del camino del Chicharrón.

Y como corresponde a todo camino cercano del casco urbano, las afueras sirven para escapar de las fincas y otras actividades propias del terreno ocupado. Huertos, picaderos y basuras. Pero la gracia del camino surge con la melancolía otoñal y la continua tapia que vigila el libre tránsito de personas por la vía pecuaria. El agradable paseo se ve interrumpido por las vías del tren, arruinando el silencio del campo al paso de la maquinaria de transporte. No hay otra opción que cruzar las traviesas para poder seguir por el camino y recuperar algo el espíritu de la soledad del día. Aunque tampoco dejamos atrás pequeñas notas de civilización, retratada en los numerosos postes de luz y la lejana presencia del Real Monasterio a las faldas del Monte Abantos. Otro cordal, el de las Machotas resaltan en el horizonte, con su conocido perfil escalonado de la Machota Baja frente al puntiagudo Fraile de la Alta. Y sin atisbos de encontrarme con el Maligno. La humilde colada deja atrás la finca del Chicharrón y su cantería para ofrecer parte de la llamada calzada romana, en un pequeño ascenso donde la piedra pretende cubrir el camino con su manto mientras ofrece diversión a los ciclistas.

Tras el escalón llegan los recortes, pues las fincas colindantes han debido rebañar algo en el tiempo el camino, transformando la colada en estrecha vereda. En parte queda más bucólico y recogido, gracias también a la ayuda de las zarzas, los matorrales y a los retales de arboles que van reduciendo la linea del paso. También la llegada de un pelotón ciclista obliga al senderista a apartarse y aprovechar la parada para cotillear dehesas, animales y marcas de canteros en berrocales próximos. Las mismas piedras que adornan las tapias hasta la llegada de una bifurcación, donde toca abandonar la citada colada para elevar nuestros pasos hacia la leyenda, camino de la Pisada. El desvío anda encajonado entre nuevas fincas privadas que llegan hasta una exagerada pista forestal. Un camino trillado por paseantes, excursionistas, vecinos y más ciclistas, mientras bordea a Las Machotas. En un recodo de esa pista, Bosco sortea las jaras y el exceso de follaje para dirigirse firme hacia una aglomeración rocosa. Allá por donde la noble Martiña se topó con el mismísimo Diablo. En parte da que pensar qué coño haría una niña por esos lares y qué verdaderas intenciones tendría, o tal vez fuese la única espabilada de su familia, con los ovarios suficientes para llevar bien puesta la falda y sacar adelante a los suyos. El caso es que era devota de la Virgen de Gracia, y el Maligno debió pensar que la pobre Martiña sería una presa fácil debido a su corta edad, al encontrarse sola o por la mera presencia de su ser. Sin embargo la niña no cayó en remilgos ni adulaciones por mucha figura demoníaca que tuviera delante. Por sus bemoles se negó a caer en las tentaciones de la bestia, cuyo fracaso la llevó a patear de impotencia una roca cercana. Dejando su impronta y exagerado número de calzado sobre la superficie rocosa.


Colada del camino del Chicharrón

 Varios peñascos andan apiñados alrededor de la Pisada del Diablo en plan camuflaje para dificultar su ubicación. Después del retrato de rigor, merodeo por los alrededores a ver qué encuentro. Bosco protesta por su incapacidad de escalar pedrolos y el propio Diablo intenta molestar nuestra presencia con cuatro gotas mal caídas del cielo. Lo suficiente para circuncidar el monumento en busca de cobijo. Entre la maraña floral destacan algunos castaños, los mismos que pueblan estas laderas de manera dispersa otorgando cierto color para la vista. Alrededor de las piedras resalta un buen ejemplar, donde destaca su crecimiento salvaje y con unas largas ramas que intentan atrapar a senderistas distraídos. Tras un breve escarceo me propongo robar unas pocas castañas en plan revanchista, la avaricia del fruto prohibido hace que más de uno caiga dentro del zurrón. 

Tras la parada habitual para proceder al almuerzo, recuperamos la senda principal, encaminando los pasos hacia el conjunto turístico de la Silla de Felipe II. Pero antes se sobrepasa la derruida Casa del Sordo y su esplendido mirador sobre las dehesas escurialenses. Desde ahí se aprecia la abundancia de personal sobre la silla real, por lo que decidimos pasar de largo por la trocha que desciende hasta la planicie de la ermita. 

La imagen de la Virgen de Gracia fue quemada en 1936 para disgusto de Martiña, porque una cosa es no ceder ante las tentaciones diabólicas y otra muy distinta verse afectada por el salvajismo humano. Parece ser que la antigua ermita anda perdida por la finca de los Ermitaños, mientras que en la década de los 40 se erigió por suscripción pública la actual sede de la copia y de la entrañable área recreativa que rodea al edificio. Dispersas mesas de picnic en un amplio espacio familiar que invita a disfrutar de una autentica jira campestre. La idea era merodear más estos lugares y explorar contornos fuera de senderos. Como la atractiva espesura alrededor de las Machotas o el amplio espacio que hay en la fresneda en el camino de retorno. Pero como el coche anda a tomar por saco, tocaba cuidar la pata del perrucho y regresar por el camino del Castañar,
sortear la vía férrea por una pasarela y seguir el ancho camino hasta el punto de partida. Al menos queda para la vista las nubladas laderas de Abantos, un intento de arco iris y las ligeras pisadas de Bosco, sin marca ninguna de nuestro paso.

Camino del Castañar
Pd: Agredecer a Carlos Agudo del quiosco, Fuente del Seminario su ayuda.


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Álbum de fotos

_Colecta Al Diablo_

Ventana del Diablo
Cueva del monje
Arroyo del Infierno
 

Pisada del Diablo
Carro del Diablo 
Garganta Infierno
Cascada Purgatorio
 

Cerro del Diablo
El tesoro de Peña Blanca
Silla del Diablo
Arroyo y Ladera del Infierno
Arroyo Almas del Diablo
Puertas del Infierno
                                                                                                                                       / \
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De interés:
 
 

8 de noviembre de 2019

Cube

Una estructura cuadrada, siete actores y bombillas de diferentes colores. Con estos simples mimbres, cogidos a ojo y un poco a lo bruto, puede decirse que bastan para realizar una notable película de ciencia ficción. Cube es una interesante propuesta ideada en la dirección por Vincenzo Natali y con un guión compartido junto a André Bijelic y Graeme Manson. 

Un filme estrenado a finales de los 90, cuya original estructura la llevó a estar catalogada como una obra de culto. No es para menos, si una película logra el objetivo básico de entretenimiento con la dificultad de realizarse en casi un único escenario. Porque Cube encierra a siete personas en una especie de laberinto, cuyas salas cuadradas son todas iguales salvo por el color que las ilumina y por tener una abertura, en plan submarino, en todos los lados del cuadrado para poder acceder a otra sala. Ninguna de estas personas recuerda cómo han llegado hasta ese lugar y tampoco guardan ninguna relación entre ellos. Son seres anónimos y desconocidos que han sido escogidos por alguna siniestra razón en una especie de experimento macabro, pues algunas de estas salas contienen trampas mortales. Un elemento que proporciona mayor confusión al grupo y al espectador, porque en apariencia no hay ninguna causa que justifique el juego ni el sadismo de las trampas. Al grupo no le queda otra que hacer piña y apoyarse los unos con los otros para intentar hallar una salida.

Si soman - IMDB
En ese proceso surgen las naturales virtudes y defectos de las personas. Una evolución donde la presumible fatalidad empieza a hacer mella en el coco de los implicados. En un principio la pregunta básica es qué diablos es esa estructura y querer conocer los motivos del encierro. El elenco se compone por un policia, quien toma inicialemente el liderazgo por su condición de autoridad, una doctora, un arquitecto, una estudiante y un supuesto experto en fugas. Por un lado hay una lucha entre el instinto de supervivencia que puede llegar a reducirse de manera egoista al individuo frente a la colaboración colectiva, más aun cuando deben hacerse cargo de un deficiente mental, que también anda metido en el embrollo, mientras surgen las lógicas disputas, egoismos y miedos acumulados ante lo desconocido, una tensión que aumenta al verse encerrados mientras intentan atar cabos de cómo sortear las trampas, tirando las botas para activar las posibles trampas o buscando alternativas sobre una secuencia de números que andan colocados en las aberturas.

Una vez visto el resultado final, una de las criticas facilonas que puede hacerse sobre Cube es de no llegar a ningún sitio. Por ahí podemos separar a quienes necesiten tener que saber los motivos de todo lo que se les plantea, derivada de un sector que parece no entender el sentido del espectáculo sino recibe un show simple y masticado. Por fortuna Cube es atemporal, porque su compleja estructura y supuesta diversión la sitúa en un marco donde el ser humano bien podría ser un mero proyecto sádico que busca llevar hasta el limite la capacidad humana de supervivencia. Y qué coño, la gracia del filme es la escalada de encontronzados de los personajes junto al
misterio que rodea al reducido escenario. Años después surgió otro filme de éxito similar, Saw de James Wan. Ésta plantea cierta similitud en el esquema, aunque algo más gore para después otorgar algunas respuestas más explicitas que la misteriosa función del laberinto del director de Cube. Por ahí anda algo del encanto.


Adivina qué te meto si no sumas - IMDB
Vincenzo Natali logró triunfar a lo largo y ancho del mundo. Mientras que en España queda para el recuerdo su paso y triunfo por el festival de Sitges de 1998. Cube ha logrado hacerse un hueco perpetuo en el género de ciencia ficción. Una incidencia que acompaña a su director desde entonces a lo largo de su carrera. A día de hoy sigue siendo su mejor filme y el éxito fue tal, que las secuelas se hicieron inminentes. Aunque el factor sorpresa del original jamás podrá ser alcanzado.

Cube
Vincenzo Natali, 1997

30 de octubre de 2019

Aurora boreal

Más de un millón de libros vendidos en Suecia; mientras que en España las cifras de ventas debieron alcanzar también un notable número. De hecho, mi edición particular suma la vigésima octava reimpresión desde 2009. No está nada mal para alguien que debutaba en el ámbito de las letras y cuyo éxito ayudó bastante a la escritora, Åsa Larsson, a cambiar de aires profesionales, con anterioridad trabajaba como abogada mercantil. También es cierto que tuvo la fortuna de subirse a una interesante moda, porque hasta hace bien poco, la novela negra escandinava tenía un inmenso éxito internacional, con diversos títulos y autores que explotaron comercialmente sus obras alrededor del fenómeno mundial que supuso la saga Millenium del fallecido Stieg Larsson. Al carro también se unieron los lectores españoles, ávidos por descubrir como a los altos, guapos y ricos vecinos del norte, también ocultan miserias sociales, sectas racistas, violadores y algún que otro asesino. Una sociedad vendida como ejemplar pero que esconde los mismos rincones oscuros que cualquier otra sociedad compuesta por seres humanos. 

Aurora boreal fue la primera novela de Åsa Larsson. Y como marcan los canones, arranca con
Chapi
el asesinato de un joven llamado Viktor Strandgård, figura que resulta ser bastante conocida a nivel nacional por su fervorosa creencia religiosa. Aupada previamente por sobrevivir a un terrible accidente que sirvió a la joven celebridad para vender libros bajo el paraguas protector de la palabra de Dios. El eslogan era fantástico, ha vuelto de donde nadie regresa. Pero su violenta muerte sacude a toda una pequeña población y a la congregación religiosa a la que pertenecía. La investigación policial recae en una mujer que está a punto de obtener la baja por embarazo, Anna-Maria Mella, mientras que la principal sospechosa es la propia hermana de la víctima, Sanna, madre de dos hijas pequeñas. Ésta recurrirá a una vieja amiga para que acuda en su ayuda, Rebecka Martinsson, quien es la verdadera protagonista del título y cuyo pasado la empujó a abandonar su localidad de origen para buscar el triunfo personal en un bufete de abogados de la capital.

Con estos mimbres se construye una clásica estructura alrededor de la protagonista, al verse medio obligada a retornar a sus orígenes y enfrentarse a los fantasmas del pasado; viejas amistadas y la nostalgia que provoca el paso del tiempo. Ese retorno sirve a la protagonista a realizar el necesario viaje del héroe, donde se enfrenta a viejos conocidos a la par que el lector va descubriendo el pasado y los conflictos que se quedaron atrás.

 
Normalmente estas novelas cuentan con la gracia de ir desgranando pequeñas pistas donde las sospechas del asesino se dispersen entre varios candidatos, con el objetivo de atraer la atención del lector y hacerle participe de la supuesta tensión del relato, recabando sus propios datos o intuiciones. Personalmente apenas me atrae la necesidad de perderme en las conjeturas del cluedo propuesto, y mucho menos tener que andar pendiente de las migas que va dejando la autora. Será la pereza de buscar pies al gato o la variante de preferir observar la evolución de los personajes frente a las adversidades. Cada cual que elija. En parte, Aurora boreal carece de una investigación policial precisa, destaca más el peso del relato sobre el trio de mujeres, especialmente en la abogada Martinsson y sus relaciones con los implicados. Por ahí llaman más la atención los virajes emocionales de la protagonista que las habilidades detectivescas. La novela sigue una línea lógica de dar pasos hacia adelante mientras recopila diversos señuelos destinados a entretener hasta la resolución final del texto. La parte donde suelen explicarse las piezas extraviadas para que encajen como si tal cosa fuera lo más normal del mundo.

¿Fuiste tú? - Ruge Rebecka ¿Por qué?
- Fue el mismo Dios, Rebecka.


pd: Entrada 301 del blog 

Aurora boreal 
Åsa Larsson
Ed Seix Barral, 2009

18 de octubre de 2019

The Pacific

Después del éxito de Hermanos de sangre, la dupla Spielberg/Hanks repiten producción bélica sobre la II Guerra Mundial para mayor gloria del ejército americano. En este caso, se orienta la acción hacia el Pacífico, donde el imperio japonés atacó a traición la conocida base yanqui de Hawái (Pearl Harbour), provocando la entrada del gigante estadounidense en el conflicto armado. De ahí el título y la larga lucha, entre ambos países, que llevó al hombre a explorar nuevas vías en el uso de la fuerza. Con el lanzamiento de las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki para poner fin a la contienda.

Pim, pam, pum - HBO
Pero antes se desarrolló una cruenta lucha por los diversos archipiélagos dispersos en el mayor de los océanos. Batallas que dan para muchas historias y exaltaciones patrióticas. Como bien sabemos gracias a las numerosas producciones fílmicas que desarrolló la industria americana a lo largo de los años. Y ahora para la televisión, el sustento del trabajo procede de los mismos que levantaron la serie citada al inicio. Unos mimbres que continúan con un esquema similar, donde se busca retratar la dura realidad de la guerra, entrevistas a veteranos incluida y con la base, en esta ocasión, de dos libros autobiográficos, Mi casco por almohada de Robert Leckie y Diario de un marine de Eugene Sledge. Ambos protagonistas principales de la serie junto al sargento John Basilone. Éste carece de libreto, porque tras su intervención militar en Guadalcanal, fue erigido como un héroe y usado por la propaganda para recolectar los necesarios bonos de guerra que financiase la guerra. Basilone regresó a EEUU para cumplir su nueva labor publicitaria, acaparando portadas, cenas recaudatorias, adaptaciones artísticas y demás parafernalias. Un aspecto interesante sobre los avatares de este personaje en la lejana sociedad estadounidense, frente a la crudeza que muestra The Pacific en las diferentes batallas a lo largo de los 10 capítulos que componen la miniserie. Porque por suerte, hay tiempo para todo.

Aunque destaquen estos tres personajes como principales, la serie vuelve a contar con un interesante reparto coral donde poder apoyarse en las historias paralelas. En parte resulta necesario sacudirse los protagonismos sobre el resto, sobre todo cuando la guerra abarca a tanta gente que no queda otra que nivelar los dramas personales y buscar apoyo en otros puntos de vista que sirvan para diferenciarse de los escogidos como protagonistas, y por ende, enriquecer la serie a nivel global. La camaradería va y viene a causa de las bajas, creando notables grupos de amistades que sobresalen cuando las balas silban sobre sus cabezas, hasta que se percatan de que falta mengano, y la guerra muestra la fragilidad del hombre mientras los amigos lamentan a los amigos caídos.


Otro brutal enemigo suele cebarse en las cabezas, cuando el cansancio, el miedo y el agresivo entorno hacen mella en la moral de unos soldados que pueden llegar a enloquecer tras acumular días y semanas de penurias. El reparto es tan amplio que ofrece una inquietante oferta al espectador, al desconocer si al simpático o al cobarde se lo van a llevar por delante los japos. El caso es que da igual, la muerte se palpa en el ambiente gracias a un espectacular despliegue técnico que demuestra el buen hacer de los americanos en estas vicisitudes. Se nota en la exquisita producción el dinero gastado, ya que por aquel entonces supuso un nuevo récord los dineros destinados en la serie. En esta loca y agraciada carrera que viven las productoras y plataformas audiovisuales.

A pesar de las comparaciones, odiosas se suele decir, The Pacific es un magnífico espectáculo por si misma. Con un enorme despliegue a lo largo de los múltiples combates que se acumulan en los capítulos; Guadalcanal, Peleliu, Iwo Jima, Okinawa... incluidos notables desembarcos, dignos herederos del show que propuso Spielberg en Normandía en su premiada cinta Salvar al soldado Ryan. El verdadero germen de estas series. Aunque por ahí podría notarse cierta saturación, cuando el metraje se dedica a representar tantas batallas que pueden llegar a cansar a lo largo de los episodios. Porque hay capítulos que cuentan con un excesivo tramo de tiros, explosiones y batallas sin más. La guerra se representa muy jodida, y aunque el espectáculo visual esté muy trabajado, la serie gana más cuando se centra en los personajes y los grupos reducidos que frente al ejercicio colectivo de la invasión, por repetitivo. Un ejemplo es el largo desembarco sobre Iwo Jima, apenas aporta nada nuevo visto anteriormente, básicamente es una forma de glorificar el regreso del héroe John Basilone al embite. La clásica americanada. 



Quién quiere panceta - HBO
Sin embargo, The Pacific gana bastante cuando se aleja del frente. El episodio dedicado a Melbourne llega incluso pronto, es el tercero. Pero ofrece una perspectiva interesante sobre los jóvenes llegados a la guerra. Por las calles de la ciudad australiana surgen las ganas de vivir, de aprovechar la oportunidad que ofrece la juventud para perderse entre locales, bromas, alcohol y mujeres. La vida pasa rápido y es mejor disfrutarla antes de volver ser llamados a filas y enfangarse en los lodos de los fusiles. Por ahí destacan las perspectivas de Leckie y Sledge, repartiéndose el protagonismo en la distancia y poder observar cómo la guerra transforma al ser humano. Leckie se resguarda en el sarcasmo, al tener una cabeza amueblada e instruida, resiste las acometidas del frente con cierta sorna hasta que su limite se ve superado por las continuas zancadillas que terminan por derrotarle hacia la mera dejadez de esperar a que pase el tiempo. O le peguen un tiro. Sledge por contra, representa al idealista, al joven que quiere ayudar a su país y a sus amigos bajo la supuesta causa justa que otorga la distancia. Pero cuando la guerra, la verdadera guerra se pone delante de sus narices, observa impotente como la humanidad, incluida la suya propia, tiende a perder. Y llegados a tal extremo da igual el bando por que estuvieses luchando.


The Pacific
HBO, Dreamworks y PlayTone, 2010


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4 de octubre de 2019

La vuelta al mundo en 80 días

Se trata de una de las obras más populares y reconocidas de Julio Verne. El visionario escritor francés continuaba una primera época productiva denominada como viajes extraordinarios; donde la aventura constante acompaña a sus protagonistas a lo largo del relato. Y en esta particular ocasión alrededor del mundo, con el aliciente de completar el recorrido en un tiempo determinado. Porque la gracia de la novela proviene del contexto, cuya fecha se corresponde con la publicación de la obra, 1872, y cuenta con los medios de transporte de la época para llevar a cabo tal periplo. En realidad es un alarde en positivo del desarrollo industrial y humano de aquellos años. El avance de la maquinaría y la destreza del hombre como punta de lanza. 

El protagonismo recae en un cuadriculado y aburrido ricachón inglés: Phileas Fogg. Para quienes calzamos algunos cuantos años siempre nos quedará el recuerdo de la adaptación animada de Willie Fogg. Pero la memoria de la infancia choca con la realidad de las patas de gallo, porque la lectura de La vuelta al mundo en 80 días anda anclada en la superficialidad de la literatura juvenil, sin mayores trabas que entretener a quien ose abrir algo más que las tapas.

El origen proviene de una apuesta. Un aspecto tan británico que sirve para dotar de interés a las disputas que puedan surgir en cualquier charleta. Incluido en selectos clubs londinenses. A fin de cuentas, el arranque del viaje surge de un intercambio de opiniones basado en un articulo periodístico que destaca la posibilidad de dar la vuelta al mundo, gracias a los medios de locomoción, en tan solo 80 días. Fogg, quien muestra un aspecto hierático y sereno, se marca una extraña obstinación, más cercana al clásico ibérico del agarrame el cubata que a la supuesta seriedad de la adinerada sociedad inglesa. Hecha la apuesta, surge la aventura del héroe que vuelve a su caparazón de rectitud. La cuota humana proviene del criado, un francés llamado Passepartout, que sin saberlo, arranca su servicio bajo las prisas de un viaje que parece afectar a la hora de transcribir de Verne. Porque La vuelta al mundo en 80 días vuela, y en ocasiones de verdad; tanta, que se hecha en falta cierto sosiego en un trayecto que podría dar mucho más juego si a su autor le hubiera interesado. Porque Verne sólo se detiene en contadas ocasiones, como en el rescate de Aouda, en elaborar un mayor desglose de un problema concreto y las opciones de afrontarlo por Fogg y compañía.

Tal velocidad puede otorgar cierta agilidad a quien busque entretenerse sin mayores complicaciones. Pero para quien busca algo más de literatura, echará en falta la mejor versión del autor francés. Al menos queda la originalidad de la propuesta, vista como una excentricidad por parte de los pudientes de finales del XIX. Y también porque no deja de ser una maravillosa aventura a pesar de la calculada frialdad del protagonista frente a las peripecias secundarias de su criado.

-¡Vaya! ¡Pero si es usted un hombre con corazón!
-En ocasiones -respondió simplemente Phileas Fogg-. Cuando tengo tiempo.

Primera portada publicada
 Le Tour du_monde en quatre-vingts jours
Dominio público, wikimedia
 
Tampoco conviene olvidar la habilidad de Julio Verne de colocar variados y diversos problemas a los que deben enfrentarse los protagonistas a lo largo del viaje. Es una especialidad de la casa, embaucar al lector, con tino y fantasía a través de baches circenses en plan del más difícil todavía. Porque aparte de contar con los lógicos retrasos de transporte y los peligros externos; Verne añade a un perseverante inspector de policía, de nombre Fix, el cual sospecha del extravagante viaje de Phileas Fogg como una excusa para huir de la justicia al coincidir su descripción física con la de un ladrón que acaba de cometer un importante robo en el banco de Inglaterra. Las continuas prisas de Fogg, por cambiar de trasnporte y de avanzar hacia el este, sin duda alimentan aun más las suspicacias del receloso inspector.

A pesar de la continua apariencia de resumen, la novela mantiene el encanto propio de la época y de la leyenda que acompaña al título a lo largo de los tiempos. Incluida la candidez infantil a la hora de resolver situaciones de peligro junto al solicitado as marcado del autor, cuya opción se guarda en la manga para desplegar diversas sorpresas que se acumulan incluso hasta el mismo final de la obra. A fin de cuentas. ¿A quién no le gustaría darse un garbeo alrededor del mundo?

El viejo y paralítico Lord Albermale. El honorable gentleman, clavado en su sillón, habría dado toda su fortuna por poder dar la vuelta al mundo, ¡incluso en diez años!



La vuelta al mundo en 80 días
Julio Verne
Ed El País Aventuras. 2004


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