Sin
duda, esta caprichosa formación rocosa es una de las imágenes más
icónicas de la sierra de Guadarrama. La fragmentación de los
pedruscos que jalonan estas cumbres, fue aprovechada por el Diablo
para coquetear con la imaginación humana, pues no era necesario
vacilar de vistas a través del marco berroqueño que nos descubrió la fotografía a principios del siglo XX.
También reconozco la
asignatura pendiente, una ruta marcada desde hacía demasiado tiempo y atrasada únicamente por pereza personal.
Y como en la ruta precedente de la colecta diablera, aprovecho el
parking de Majavilán para arrancar una nueva excursión en
solitario, sin mayores alardes que comenzar a remontar la subida por
la ancha pista forestal. A los pocos metros, me veo con ganas de
juerga y atrocho el arroyo Fuenfría para enlazar con la calzada
romana mis ganas de marcha entre los diferentes peñascos que entretienen la subida. Enseguida se alcanza la pradera de
Corralitos, punto de encuentro que acoge una intersección de caminos y de monumentos
locales. El último en sumarse a la distinción del homenaje ha
sido el artista Miguel Ángel Blanco, vecino de Cercedilla y creador
de la biblioteca del bosque.
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| El famoso ventanal |
De
todos los caminos que alcanzan el paso de la Fuenfría, quedaba
por conocer un tramo de la calzada borbónica desde este punto, y por
ello, decido seguir las marcas blancas señaladas en los troncos de
los pinos. Poco a poco la ascensión gana en aspereza, dificultad y estrechez. Al gratificante paso lento me viene a la cabeza la imagen de Bosco yendo en cabeza,
remontando con ligereza la pendiente y su clásico giro para vigilar
mi pausado andar con su mirada; después meneaba el rabo, sacaba la lengua a paseo con su boca
abierta de par en par, como una amplia sonrisa. A mí sin embargo se me caen las
lagrimas, el alma y las ganas de seguir caminando. El único consuelo infantil que encuentro es maldecir el
estado del camino, achacando a los borbones la mierda de camino
construido frente a la magnífica pista realizada en época
republicana. Como si el paso del tiempo no tuviera nada que ver en el asunto. Un tonto símil acorde a la realidad social del siglo XXI, gracias a las correrías del emérito.
En
el puente de Enmedio, saludo a unos franceses que han parado a
almorzar mientras un servidor continua por un pedregal que mejora hasta juntarse en una revuelta con
la vía romana. Por ahí se nota la mano del hombre en una intervención arqueológica que ha
adecentado este tramo con paneles explicativos de por medio. Abandono
la subida para dejarme caer por la romana y perseguir ahora los
círculos amarillos, como Alicia, pero sin conejo ni reloj. Pero la senda se va
estrechando hasta desaparecer; o yo me pasé algún cruce o el demonio
empieza a jugar con el excursionista. Curiosamente y según el GPS
voy bien, pero la vereda no está, devorada por la naturaleza o por mi imaginación, situación que me
obliga a remontar la ladera a lo bestia para buscar una salida. La sorpresa se la
lleva un corzo despistado, que sale disparado bajo mi inesperada presencia
mientras recupero el resuello tras culebrear por la falda de la montaña. La
senda amarilla reaparece unos metros más arriba, justo debajo de la
ancha pista republicana. Antes de escapar de la senda maldita, me cruzo con una amazona cuyo ajustado top de verde fosforito retiene un pecho descomunal. La
tentación visual viene precedida por un simpático perruco, una
especie de YorkShire, cuyas cortas patitas andan tras la buena señora en medio de un pinar y a unos 1700 metros de altura. |
| Camino Schmid |
A
pesar de la sequía imperante sobre la península, la fuente de Antón
Ruíz expulsa un buen chorro de aguas frescas; en un enclave propicio para el descanso, pero el camino Schmid persigue
la estela circular amarilla, a través de un camino que sobrepasa el manantial que encharca una parte donde el agua
brota de las entrañas del monte. La subida se hace ligera hasta
alcanzar collado Ventoso, el cual hace honor a su nombre en una ancha pradera marcada por un buen par
de mojones que delimitan limites provinciales. A pesar del pequeño vendaval, el espacio es tan
bucólico que tal idilio hacer resonar las tripas; pocas pistas más
para echarme al suelo y degustar las viandas traídas en el macuto.
Tras despachar el vicio del diente estoy tan a gusto que dan ganas de
tontear con Morfeo un rato. Pero tras un rato de ligera paz, un helicóptero del GERA sobrevuela el lugar
demasiado cerca, rompiendo el encanto del silencio y de la soledad camino de la urgencia.
El cordal de Siete Picos forma una silueta inconfundible (ya quisieran otras montañas) y alcanzar sus crestas, desde collado Ventoso, muestra tantas opciones como hitos colocados para la libre elección del senderista. A pesar de tanta dedicación altruista, todo es tan sencillo como seguir el consejo futbolero del pata pum pa´arriba. El supuesto camino se empina entre rocas de diferentes tamaños, entreteniendo el ascenso del senderista mientras los pinos cercanos al cordal andan inclinados; educados en las rituales reverencias que merece la presencia de su diabólica majestad. Pinos postrados y retorcidos entre nudos y ramajes imposibles. Nada que ver con la presencia continua del viento, cuyas fuerzas moldea a su gusto el horizonte. Incluida la Piedra, la reina agreste de la cimera montaña que esconde la leyenda del dragón, como describían a estas montañas allá por el medievo gracias al perfil que otorgan sus picos desde la distancia. La
antojica Ventana del Diablo anda apretada en la umbría del
tercer pico, con una soledad deslumbrante para ser día laborable a primeros de mayo de 2023. Por mucho que me asome, no termino de ver la gracia
a las vistas que ofrece el particular marco. Se aprecia que el ministro
del mal tiene mal gusto a la hora de encuadrar, pues cualquier
altozano del cercano cordal muestra mejores panorámicas desde las
cuales quedarse un buen rato para embelesar la vista. Incluso observar desde la distancia la
hermosa pradera de la Ladera del Infierno, visitada el año anterior.
 |
| Qué jodida maravilla |
Toca
volver y dar la espalda a este enclave mágico, cuyas rocas son más
bien una especie de jardín berroqueño; ahí arriba destaca lo
descomunal, la soberbia y la acumulación de las piedras y sus
ciclópeas formas. De las pocas cimas que merecen la pena alcanzarse de
verdad, una cosa son las vistas panorámicas que ofrece una cima y otra muy
distinta que las vistas estén a lo largo del propio cordal montañoso. La fuga
se hace por la salvaje vertiente madrileña, allí donde la senda se
hace áspera, tosca y desigual en medio del segundo y tercer pico; camino del rescate que ofrece la cercana senda los Alevines, mediante un
trazado sinuoso que va perdiendo altura por el cóncavo de los Siete
Picos hasta alcanzar, finalmente, el hocico del dragón en Majalasna: El pico
independiente del resto de floraciones rocosas y de menor elevación. A partir de ahí, la
bajada se hace más cómoda, guiada por los pesados círculos amarillos cuyo
cauce continuo desemboca en la famosa pradera de Navarrulaque. Un nuevo punto
donde fluyen múltiples opciones senderistas, la mayoría señalizadas, y
diversos monumentos entrañables: el banco de la Senda Herreros, el
reloj de Cela o el monumento a los Guadarramistas.
Lo
lógico y planeado hubiera sido seguir la senda Victory a través del
pinar, pero mi confiada cabeza creyó que tal vereda andaba más
abajo: después de dejar atrás los famosos miradores de los poetas
de la ancha pista forestal. Esta soberbia personal, me llevó a los
pies de otra senda marcada (Enmedio, círculos rojos) y dar un buen rodeo por la
ladera de las Berceas. Seguramente el demonio nubló mi escaso buen
juicio, en represalia por alguna extraña osadía. Ni que me hubiera
pillado miccionando en sus dominios. El caso es que anduve medio
perdido, aburrido bajo las sombras de un pinar que se me hizo
inabarcable, repetitivo, como si no lograra avanzar en un extraño bucle cual hámster en su jaula. Seguramente andaba cansado, sin mayor atracción que buscar una salida
digna. Finalmente, logré rodear el vallado del embalse de las Berceas, después
sus famosas piscinas naturales, mediante unas estrechas veredas que algún
alma, o animal perdido, habrá creado con anterioridad. Ya estamos en zona
conocida, bajo el resguardo de la penumbra que ofrece una excesiva explosión
primaveral, para alegría de las alergias personales.Álbum de fotos
_Colecta Al Diablo_
Ventana del Diablo
Cueva del monje
Arroyo del Infierno Pisada del DiabloCarro del Diablo Garganta Infierno
Cascada Purgatorio Cerro del DiabloEl tesoro de Peña BlancaSilla del Diablo
Ladera y arroyo del Infierno
Arroyo Almas del Diablo
Puertas del Infierno / \
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