12 de enero de 2012

Tranvía a la Malvarrosa.

Echar la vista atrás y enumerar tiempos pasados es un tema recurrente de la literatura, incorporando dosis autobiográficos de los autores. Este es el caso de "Tranvía a la Malvarrosa" de Manuel Vicent, una corta novela sobre la reiterada transformación del adolescente al mundo adulto. El protagonista, Manuel; y para más señas natural de Villavieja como el propio autor de la novela, será nuestro particular guía en esta particular vista atrás, en concreto a la década de los 50.

Que mierda la calidad de foto del móvil en 2012

Vicent construye su obra alrededor de la transformación del adolescente. El impoluto jovenzuelo aspirante a misionero que andaba firme por el camino de baldosas amarillas impuesta por los ideales de su padre y la firme creencia en Dios. Manuel termina desviándose de esa senda, algo que aventuraba este formal hijo de buena familia con sus salidas esporádicas, donde tantea encontrar su propia vía en la necesaria identidad que buscan todos los adolescentes y su participación en el mundo que les rodea. Es ahí donde se identifica el cacareado viaje del protagonista, el cambio del decoro y de la ensoñación infantil entre el amor noble de Marisa frente al real, palpable y pasional de Julieta. Un cambio que se abre paso ligeramente, sin confrontaciones abruptas que empujen a Manuel a desligarse del cascarón, tan dadas en otras obras, incluyendo un punto de inflexión o un hecho trágico. Vicent simplemente expone la mudanza de la mentalidad a través del paso del tiempo. Sin necesidad de valorar los actos que describe.

De todo el conglomerado de secundarios destaca por encima de todos, Vicentico Bola, un personaje tan grande que bien se merecia contar con algunas aventuras propias, incluido las ficticias que pudieran surgir de la mente de su creador. Memorable sin duda cuando decide sustituir al alcalde de un municipio haciendose pasar por un mandamás del régimen franquista. 

El tema principal es circular, la novela empieza y acaba con el mayor deseo juvenil, culminar el acto sexual. Alrededor de Manuel, y su periplo personal, se enumeran una serie de anecdotas de diverso grado de interes. Algunos muy curiosos y personificados por el mismo protagonista, mientras que otros temas ocupan el mero hueco de suceso o de descripción social de época como la violación del hortelano o el crimen del cine Oriente. La novela sirve además como una obra de referencia histórica al describir la vida de Valencia y los municipos levantinos. El autor no solo nombra con excesiva rigidez, barrios y calles, sino que además los subraya a través de olores y sabores, una suerte de descripción que indaga en las profundidades de la sociedad de la época. Recreando con buena memoria los anales de las calles, allí donde realmente se forma la vida.


Tranvía a la Malvarrosa
Cuando se acercaba el verano aparecian de noche las luciérnagas bajo los arcos del puente de Aragón. A veces la cola de hambrientos llegaba hasta el pretil. Allí se establecian varias hileras de prostitutas apoyadas en las pilastras que cobraban un duro por ofrecerse mientras duraba una cerilla encendida.

Manuel Vicent. Tranvía a la Malvarrosa.
Serie Roja. Alfaguara

2 de enero de 2012

San Silvestre Vallecana 2011

Se acabo el 2011 y la ultima meta realizada. La San Silvestre es una verdadera fiesta para despedir el año corriendo por las calles de Madrid, aunque es la inmensa cantidad de gente lo que la hace especial. Esto no es una carrera, más bien es una marea humana. Un caudal incontable que deja en ridiculo la cifra de 38 mil personas inscritas. La experiencia ha sido realmente positiva salvo las prisas posteriores de regresar a casa para despedir el año con la familia. Y mira que tenía buena pinta cuando conseguimos dejar el coche ligeramente cerca de la meta.

En la linea de salida me planté junto a un buen puñado de amigos, Víctor, su hermano Alberto y el primo de ambos, Álvaro. Después se unieron dos compadres más de Víctor mientras yo intentaba localizar a una pequeña representación de amiguetes de Collado Mediano. Una hora antes de la salida, la peña ya iba cogiendo posiciones en las distinas oleadas que hubo para intentar diseminar a tanta muchedumbre. Como los collainos llegaban tarde me retrasé, como pude, para poder saludarles antes de la carrera y compartir algunos metros con ellos. A las 18:15 por fin se iniciaba la carrera y tuve una compañía de lujo en Dani, un viejo conocido que me sirvió de liebre en los primeros kilometros de la calle Serrano y que culminó conmigo la prueba. A pesar de la tendencia de bajada, este tramo fue el peor que se me dío, no solo por la imposibilidad de coger ritmo por la ocupación constante de la calle sino que además estaba frío, bastante frío por el embotellamiento de la salida. Los primeros kilometros fueron realmente el calentemiento previo que siempre se debería hacer.

Justo antes de llegar a la Puerta de Álcala me fui encontrando mejor y ya de Cibeles a Atocha empezamos a mejorar y a disfrutar del ejercicio exigido. Sobre todo cuando se llega a la subida de la Avenida de la Albufera, una durilla subida por su constancia y por su longitud, se hace larga pero lo cierto es que la disfruté, a pesar de que los gemelos empezaban a protestar, este intervalo son de los que más disfruto al conjugar el esfuerzo con la certeza de superar el escollo. Alguien encima cantó que restaban apenas 200 metros, aireando mi cabeza hacia adelante, justo para encarar el último tramo y acabar mi primera San Silvestre con un tiempo de 54:50.

Lo mejor de esta prueba es la verbena que se monta dentro de la prueba y como la gente se arrima para animar a todos los participantes que ocupaban literalmente toda la calle, apenas habia hueco para adelantar, y siempre estaba rodeado por personas en esos 10 kilometros. Realmente se me pasó volando  Sin duda una experiencia a repetir en el futuro y que me dejó una bonita sonrisa para saludar a este prometedor 2012.

30 de diciembre de 2011

San Silvestre Vallecana. Test previo.

Y para terminar 2011 nada mejor que unas carreritas por Madrid en la populosa San Silvestre Vallecana. Y mira que llevaba tiempo con la idea de realizar esta carrera pero siempre me quedaba con las ganas. Y ahora, en este final de 2011 voy a terminar el año corriendo por las calles de la capital rodeado de 38 mil participantes. Y después tocará seguir corriendo para evitar que se nos pasen las uvas, hablo en plural porque somos varios los que acudiremos a esta cita ineludible del ultimo día del año; y nos toca regresar a casa para poder despedir el año con normalidad en familia.

El entreno ha sido un poco discontinuo pero lo suficiente como para realizar el pasado martes 27 de diciembre mi ultima prueba antes de la San Silvestre por las calles de Guadarrama. A ojo más o menos han sido unos 10,4 Kms en casí una hora y con buenas sensaciones, solo una leve molestia en el pie izquierdo en forma de cosquilleo en el tramo final que apenas molestaba para correr. Para este jueves pensaba realizar una salida más corta, pero he preferido evitar un esfuerzo que me sobrecargue y dejar reposar los musculos para el sábado. De todos modos me dejo guiar un poco por la altimetría donde compruebo que el itinerario de la San Silvestre tiende bastante hacia abajo en comparación con el sinuoso recorrido de mi localidad.

En principio paso de tiempos y metas, más bien parece que la carrera tiene un aire festivo y como tal pienso tomarmelo, y aunque 10 km dan para mucho, estoy seguro de que me dejaré arrastrar por la marea que hemos decidido inundar Madrid.


Ahora sí. Hasta el 2012.

23 de diciembre de 2011

Tradiciones Navideñas: Día en Madrid.

Me gusta bastante el mes de diciembre, no solo aventura el final de año sino que encima esta repleto de fechas y actividades festivas. Las fiestas de Navidad son sin duda las que más asociamos al finalizar cada año, pero antes se puede disfrutar de un puente, o si nos lo montamos aun mejor de un acueducto en peligro de extinción.
 
Con tanta fiesta y tanta matraca uno llega a acumular sus propias tradiciones como el post de hoy, Día en Madrid. Algo tan tradicional que convierte a la capital de España en una curiosa meca donde acuden miles de peregrinos a disfrutar del centro. Mi propio rito nació como un simple día para acudir al Rastro a echar el ojo. Poco a poco la costumbre se fue extendiendo hasta llegar al extremo de tener que pasar por el mercadillo navideño de la Plaza Mayor, reponer fuerzas con el clásico bocata de calamares y tapeos varios por los locales de la zona. Otra actividad ineludible es visitar la fachada de Cortylandia y esperar a que empiece la pegadiza musiquilla; "Cortylandia, cortylandia, vamos todas a cantar, alegría en estas fechas porque ya es Navidad..." una vez que empieza la función y los monigotes a moverse, el día de la marmota hace acto de presencia, Cortylandia ya no hace gracia salvo que uno tenga hijos, y al estar literalmente rodeados de gente solo queda apelar a la paciencia para esperar a que concluya la representación.

Puerta del Sol
Cerca de la Puerta del Sol, en la calle del Carmen hay que pararse a contemplar las largas filas que se acumulan frente a la adminstación madrileña por excelencia, Doña Manolita en su nueva ubicación. Hacer cola se convierte en una extraña procesión de culto solo apta para feligreses de la suerte, la otra opción es hacerse con un décimo en cualquier otra administración o recurrir a lo vendedores ambulantes de la Puerta del Sol. Para los más golosos queda el reconfortante chocolate de San Ginés o de la chocolateria Valor donde suele haber cola para entrar si es festivo o fin de semana.

Pasar el día en Madrid es tan natural como intentar ignorar a los redundantes niños de San Ildefonso el día 22, hay quien incluso confunde su propia cabeza con el típico arbol y la adorna con toda clase de gorros navideños. Fotografiarse en la cena familiar, en la de empresa o con las esculturas vivientes de fondo, todo esta incluido en el Pueblo Grande, salvo aburrirse. Hasta el 2012.

Cortylandia 2011


10 de diciembre de 2011

Samurai

Nuevo guiño al azar y nueva sorpresa agradable. Aunque en esta ocasión habia gato encerrado porque el título, Samurai, me llevó a engaño. El sugerente título me incitó a la lectura de la obra de Hisako Matsubara, escritora con cierta peculiaridad en su vida, nacida en Japón y residente en Alemania. Del libro esperaba una aventura donde diferentes samurais alzaban sus espadas en una suerte de época medieval. Bastante más lejos de mi acelerada imaginación, ya que esta novela describe con sencillez una historia de amor, una historia de amor vapuleada por las ferreas y educadas costumbres orientales. Anclada en el pasado, Samurai describe el despertar de la sociedad japonesa en el inicio del siglo XX. Hayato es un rico descendiente de noble linaje que adopta a Nagayuki como heredero y lo educa como a un verdadero samurai. Tras casarse con Tomiko, única hija del samurai y obtener el título en la universidad de Tokio, Nagayuki es enviado solo a América con la misión de ganar dinero para la honorable casa Hayato y volver vestido de brocado.

Tras superar el breve lapso de la decepción propiciado por el título, me embarqué literalmente en la sencilla narrativa de una historia que conmueve y que está desarrollada con refinada paciencia. Matsubara recrea una sociedad oriental tan dispar del mundo occidental donde al lector no le queda más remedio que aceptar las lejanas tradiciones japonesas y sus formas de actuar. El patriarca ejerce como tal en los buenos habitos adquiridos a través de su linaje y educación; del mismo modo cuando la pobreza se adueña del destino de la familia que Nagayuki deja en Himari, mientras él marcha a los Estados Unidos ignorando los problemas que quedan atrás y con la firme misión de obtener riqueza y prestigio en el nuevo paraiso americano.


Leyendo Samurai
Nada se desarrolla como estaba previsto. A día de hoy cualquier ciudadano puede imaginarse el proceso de la inmigración que depende desde el angulo en que lo miremos. Samurai nos orienta hacia un modelo de la inmigración propio de las primeras oleadas migratorias del pasado siglo, Nagayuki busca su oportunidad desde la perspectiva lejana que recibimos a través de la protagonista real de la novela, Tomiko. La paciente esposa e hilo principal de la narración, reconvertida en una peculiar Penelope a la espera de su esposo, quien también teje para sobrevivir al paso del tiempo y a las penurias económicas, trenzando una historia que suma vericuetos presentes y del pasado hasta el culmen de la obra, juntando todos esos retales para componer una fantástica novela sobre los amores imposibles, separados ambos personajes por un oceáno en vida, juntos en ese mismo oceáno para la eternidad a través de un barco Obón.


... la mera vista del dinero le repugnaba.
 - Cuando llega a oídos de un samurai algún sonido metálico solo puede tratarse de espadas cruzadas en combate - decia cuando el dinero resonaba en su presencia en el bolsillo de alguien.

Hayato.


Samurai de Hisako Matsubara
Colección andanzas. Tusquets editores.