17 de julio de 2026

Balada de la playa de los perros

Esta es una de esas novelas que acaban siendo incluidas en una lista meramente personal. La de las lecturas que merecen la pena releer. En su día, Balada de la playa de los perros fue una recomendación de un librero, hará unos veinte años, en tiempos donde se aceptaban de buena gana recomendaciones directas de un extraño sin necesidad de contrastar con un buscador digital. Ésa cifra, es una curiosa unidad de medida que abarca un gran espacio para rememorar hechos del pasado, donde muchas cosas parecen haberse realizado en ese margen, año abajo, años arriba. Seguramente tenga que ampliar esas dos décadas de referencia a una tercera para incluir recuerdos que vagamente pululan en mi memoria a su libre albedrío. Como si en medio hubiera un gran agujero negro sin nada relevante mientras lo importante se queda apartado en ese pequeño margen temporal. Algo similar debió ocurrir a Cardoso Pires, pues la novela fue publicada en 1982 mientras la historia que narra toma como referencia un asesinato cometido en 1962. Un escabroso crimen real que agitó algo a la sociedad portuguesa de la época, cuyas vidas transcurrirán alegremente bajo el control de la dictadura salazarista. Porque nuestros vecinos atlánticos también tuvieron su ración de totalitarismo a lo largo del siglo XX.  
Pero toca volver a la novela, y a su publicación ochentera para destacar la rápida propaganda junto a los elogios que recibió el autor, tanto a nivel local como al europeo con una gran aceptación de crítica que elevaron a Cardoso Pires como a uno de los grandes escritores portugueses. La novela expone un hecho real, el asesinato de un militar de alta graduación que revolvió la situación política del país por la posibilidad de que tuviera relación con el intento de acallar un posible intento de golpe de estado. Portugal llevaba unos 30 años bajo la autoridad de António de Oliveira Salazar, y en esas fechas, había un enorme descontento por la guerra colonial de ultramar, en un intento de frenar los movimientos independentistas de Angola, Guinea o Mozambique. Una guerra que provocaba un gran desgaste en las arcas del país y en el enorme esfuerzo de alistar a numerosos jóvenes dentro de una población más bien escasa. 

En ese contexto político, el autor desgrana su historia desde una óptica más personal, a través de una investigación policial clásica donde se hace acopio de datos, detalles y descripciones policiales. A la par, permite recorrer la sociedad portuguesa desde una postura cercana, sin necesidad de hurgar en un complejo complot político, aunque quede expuesto de forma secundaria.

En realidad no es lo importante, Cardoso Pires opta por la individualidad del curioso inspector, Elías Santana, y su peculiar modo de proceder para desarrollar una investigación de manera extensiva. Con un texto que acapara demasiadas vueltas a un mismo tema y del que parece no avanzar, mientas el autor te embauca en un adictivo proceder que entretiene dando vueltas al mismo rollo continuamente. Un ejemplo claro viene dado por la única detenida, situada sobre la joven y atractiva Mena. Una empedernida fumadora cuyos continuos interrogatorios sirven para abrir paso a la investigación con cierta letanía. De inicio, ella es la única detenida por el asesinato y se reincide en su persona para intentar resolver el supuesto complot y dar con los compinches que andan huidos. Y en medio de ese escaso proceder, anda metida la pluma del autor, con extensas divagaciones que logran descolocar a un lector que intenta ir resolviendo un texto que sorprende por tomar otros caminos menos frecuentes. Después del paso del tiempo, reconozco que me encandiló más en el pasado. Tal vez sea causa de la nostalgia, o de aquella primera experiencia que suele marcar con mayor tesón.  

Un criminal que deja llamaradas en el camino o tiene miedo de la oscuridad o quiere deslumbrar a la policía.

Balada de la playa de los perros
José Cardoso Pires
Ed Alianza editorial, 1998