22 de septiembre de 2026

Piratas

Hará un par de años, di cabida en el blog una novela de, Alberto Vázquez-Figueroa, titulada como Manaos. En aquella entrada, me explayé algo sobre este divertido autor español que tuvo cierto éxito con sus novelas de aventuras en el último tercio del siglo XX. Incluidas algunas adaptaciones cinematográficas de carácter internacional, para mayor gloria de su bolsillo y para el de Hacienda, según él mismo. 

En este último y cálido verano de 2026, ha llegado a mis manos un título demoledor, conciso y claro sobre la temática de la novela: Piratas. Un sustantivo directo y plural, alejado de mayores esfuerzos literarios. No hay ningún atisbo de engatusar al personal con nombres comerciales. ¿Qué hay de cenar? Pescao, pues chao a la pomposidad marketinera. Por simple curiosidad, he revisado los títulos de la larga obra de Vázquez-Figueroa, y aunque hay de todo, destaca ese carácter austero, simple y modesto de enunciar una única palabra: Hambre, Medusa, Coltán, Pederastas, Sicario, Palmira, Marfil, Tuareg, Ébano, etc. 
Cortesía de Google Gemini
Pero al grano, porque lo interesante está en el interior o eso se dice para justificar fachadas descentradas. El autor ofrece en Piratas un texto bastante entretenido sobre este noble oficio y endulzado por el cine en múltiples ocasiones. El protagonista del relato se presenta en una pequeña isla del Caribe español, donde un joven Sebastián Heredia Matamoros ayuda a su padre a buscar perlas en la costa para poder subsistir, pues estos trabajadores son explotados por los gobernadores de turno. A pesar de la humildad familiar, al muchacho se le presume cierta felicidad infantil, hasta que un fatal acontecimiento viene a trastocar las vidas de los habitantes de isla Margarita con la llegada del villano al texto. Un nuevo mandamás con la clara intención de enriquecerse con mayor ansía mediante el trabajo de los demás, y ser tan déspota, que se encapricha de la madre del protagonista para el goce de la lujuria. Para evitar cualquier falsa acusación, o una muerte accidental, el padre y el hijo huyen de mala manera por el mar, hasta que son rescatados por un buque pirata. Un famoso navío botado como Jacaré Jack, capitaneado por un simpático escocés y la consiguiente tripulación repleta de sinvergüenzas.

De este modo, nuestro joven protagonista arranca su instrucción al mundo adulto sobre la mar. Y como todo héroe predestinado a mayores logros, rápidamente dará cuenta de cierta astucia, arrojo y desparpajo; atributos que irán engatusando tanto al capitán como al lector, que marcha entretenido en distintas y simpáticas fechorías. La novela de Vázquez-Figueroa acierta en su fábula mediante el entretenimiento y ritmos continuos, aunque vuelvo a echar de menos un mayor desarrollo en algunos capítulos. En concreto, una elaboración más preparada en las peripecias propuestas que la acción constante. Obviamente, se reconoce que la energía del texto fluye mejor cuantas más aventuras se acumulan, pero hecho de menos algunas intrigas internas en la tripulación pirata, el autor apunta ciertas disidencias pero sin llegar a indagar claramente esos conflictos que darían mayor vida al texto. Porque esas situaciones darían mayor juego al abrir el amplio abanico de personajes que se nombran, pero que no llegan a acumular más que frases sueltas en diferentes espacios bien separados. Es un ejemplo sin más, de nombres que como Nick Cararrota o Zafiro Burman bien podrían haber tenido mayor protagonismo y haber aportado más. Cuando quiere, Vázquez-Figueroa expone otros argumentos sin relación alguna con la historia que esta contando. Como destacar una opinión personal sobre la casa de putas que debía ser la Casa de Contratación de Sevilla, tanto en la propia ciudad como con los desplazados al nuevo mundo. Un inútil monopolio que echaba a perder la exuberancia de tener un continente entero. 

Pero la novela avanza, con el crecimiento lógico de las primeras acometidas del joven Sebastián en el arte de la piratería y la apreciación del capitán sobre el espabilado muchacho. Aparte de la buena construcción del viaje del héroe, toda gran aventura necesita de un villano de altura. Y nada mejor que emparejar en el camino de Sebastián al causante de la destrucción de su unidad familiar, del origen circular que suelen tener todas la buenas historias. Es un rencor clásico, visto y leído en múltiples ocasiones que sirven de pretexto para que el héroe tenga la excusa de alimentar el veneno que lleva dentro. El autor tiene la habilidad de construir una relevante venganza frente al gobernador, Hernando Pedrárias, quien a su vez se revolverá como un gato para reaccionar en una maravillosa perspectiva de añadir más mordiente a la novela. Sin embargo, Vázquez Figueroa se sale de la tangente. Sin animo de destripar nada, el escritor aprovecha un demoledor hecho histórico para ahostiar al lector con la mano abierta, y si pudiera, con algún anillo para que deje marca. Es una salida inusual, colocada claramente con romper una resolución que parecía visualizarse de antemano. Anticlímax lo llaman. Está claro que quería sorprender y lo logra. Que guste o no, es otra cosa bien distinta. Particularmente, no me entusiasma su propuesta después de lograr algo tan atractivo e interesante como provocar que tuviera ganas de seguir pasando páginas. Suele ocurrir cuando se disfruta del vaivén aventurero.  

-En la conciencia de un hombre honrado pesa más la muerte de un canalla que en la del canalla la muerte de un inocente. Miguel Heredia

Piratas
Alberto Vázquez-Figueroa
Plaza y Janés Ed. 1997

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9 de septiembre de 2026

La historia interminable

Resulta curioso haber llegado hasta este libro concreto en 2026, al que reconozco su exitoso pasado, pues me pillaba en edad infantil cuando triunfaba en buena parte del mundo. Curiosamente, yo era más de Momo, en concreto de la película que adaptaba el libro del mismo autor frente a la hecha por Wolfgang Petersen de La historia Interminable. Película que tuvo mayor reconocimiento global. En realidad me daba más mal rollo aquellos hombres grises que negociaban con el tiempo frente a las desventuras de Atreyu, en La historia interminable, y su malogrado caballo (menudo trauma infantil dejó en mi generación). De hecho, siempre pensaba que debía leer la novela de Momo y revisar nuevamente la película porque ya ha llovido bastante desde entonces. Es un viejo propósito sin cumplir a lo largo de los años; y toma tú por donde que una de mis hijas desechó, a las primeras de cambio la lectura de La historia interminable, para dejarme por ahí tirado el librito, tan cerca que lentamente se convirtió en una agradable lectura veraniega.

No ha sido un dèjá vu casual, ni un arranque nostálgico, más bien ha sido un impulso consciente de que tenía que leer un texto principal de mi infancia pese a mis preferencias personales sobre las películas que adaptaban las novelas. Ahora no queda otra que obligarme, realmente, a buscar el libro de Momo y meter de paso en el blog alguna opinión. 

Dentro de poco, La historia interminable alcanzará la madurita cifra de los 50 años desde su primera publicación. Un logro a destacar, gracias a las reimpresiones que la editorial Alfaguara mantiene en el mundo hispanohablante. Es posible que haya decaído su interés e influencia por el lógico transcurrir del tiempo, pero ahí está su sello, ligado a la importancia general que alcanzan los denominados clásicos. Imperecederos textos que logran sobrevivir al simple olvido. La historia interminable parece que prevalecerá, incluida con la citada cifra redonda donde el capitalismo reavivará el ansia cultural con alguna edición especial coleccionable, única y estupenda.

A fin de cuentas, es uno de los grandes títulos literarios del último tercio del siglo XX. Fue escrita por el alemán, Michael Ende y alcanzó un enorme triunfo comercial pese a estar catalogada como juvenil por su carácter fantástico y desarrollo aventurero. Como todo éxito que se precie, La historia interminable tuvo su adaptación cinematográfica en 1984, un hito ochentero con una melodía bien reconocible para quienes rondan y superan el medio siglo de existencia. A pesar del consabido tirón popular del filme, al autor le desagradó sobremanera el traslado de su obra a la gran pantalla por parte de su paisano, Wolfgang Petersen (Das Boot, Troya), con un metraje que se centraba únicamente en la mitad del libro. Porque la novela está estructurada en dos grandes partes. Una primera donde prevalece la misión encomendada a un joven llamado Atreyu de salvar al mundo de Fantasía del avance de un ente conocido como la Nada y que se extiende por todo su mundo. En la segunda parte irrumpe un nuevo protagonista: Bastián Baltasar Bux es un joven rechoncho que al inicio de la historia se esconde en un desván del colegio para enconderse allí de los clásicos abusones de colegio mientras lee un libro que se ha agenciado de manera ilícita. 

En un principio, Bastián se entretiene con las aventuras de Atreyu hasta que su presencia externa comienza a interactuar, poco a poco, con la narrativa del texto hasta ser incluido dentro del propio libro que estaba leyendo. De tal modo, llega a convertirse en protagonista de la historia gracias a que sus deseos e imaginación, son elementos imprescindibles para que Fantasía continúe existiendo. Esta incorporación, es una aportación interesante por parte de Michael Ende, al romper un esquema puramente fantástico y de aventuras. Porque la primera parte parecía estar condenada a la mera repetición, allí donde el joven Atreyu encadenaba diferentes pruebas a superar y donde apenas se veía alguna luz que explicara qué demonios era o representaba la Nada, y por qué está asociada a la extraña enfermedad de la Emperatriz infantil. Ese traslado, conlleva a que Bastián lidere una segunda parte más interesante, por el mero hecho de ahondar en la personalidad de un muchacho acomplejado en el mundo real. El tradicional viaje que todo héroe realiza y que termina por transformarlo. Al fin y al cabo, Atreyu es la referencia de Bastián, el espejo al que quiere parecerse y toma de referente, como cualquier chiquillo de su edad, en esa lejana edad de desarrollo de una personalidad que necesita un guía. 

La particular odisea de Bastián, es que la ventaja que le proporciona Fantasía le hace superar a su héroe y le dota de tal poder, que mola ver como Ende juega con la personalidad del muchacho que debía salvar a Fantasía, en un reverso tan cercano como la de llegar a ser un tirano. Un caso conocido y extrapolable a los salva patrias que terminan siendo devorados por sus propios egos. Mucho más interesante esta segunda parte que la del ideal caballero que supera continuas adversidades y que obviaron en el filme. Además, incluye personajes que van tomando valor en la historia, simples secundarios que aportan algo en la transformación de Bastián y que participan en sus aventuras. 

Tal vez, el mayor problema de la novela sea el exceso. El libro se extiende a lo largo de diversos capítulos donde tiende acumular numerosas rarezas. Como si hubiera una tonta necesidad de incluir toda clase de bichos estrafalarios. Tal despliegue, tendrá sentido en la cabeza del autor, al dar por hecho que cualquiera es capaz de asimilar toda clase de referencias culturales o necesidad de explorar cualquier fantasía a través de personajes inventados. Ende se pasa de frenada con tanto vaivén y tanta criatura fantástica para terminar buscando algo tan básico como la voluntad de afrontar la perdida de un ser amado para reivindicar, simplemente, el uso de la imaginación como una válvula de escape. 

-¿Venís conmigo? -dijo Bastián volviéndose a Atreyu y Fújur-. ¿O tenéis quizá otra de vuestras propuestas?

La historia interminable
Michael Ende
Ed Alfaguara, 1984