Escrita en 1902 y adaptada al cine en diversas ocasiones (la última fue en 2002), Las cuatro plumas está considerada como la novela más importante de A.E.W. Mason: militar, novelista y espía británico que en su día destacó también por una serie de novelas precursora de las sagas detectivescas, con la creación del inspector Gabriel Hanaud, que a su vez fue la figura precedente del más famoso, Hércules Poirot de Agatha Christie; aunque el peso del tiempo ha ido relegando las aventuras de Hanaud al olvido; como al resto de obras de Mason. Salvo el libro al que dedico esta entrada, gracias a que esta historia concreta ha visto la pantalla grande hasta en seis adaptaciones.
Las cuatro plumas contiene una buena mezcla de géneros al batallar entre el romanticismo, el sentido de la amistad, algo de aventuras y el parangón anacrónico del honor. Harry Feversham (en mi edición Reno la traducción sustituyó el nombre de pila por Enrique) es un joven militar que tiene previsto casarse con una joven irlandesa llamada Ethne Eustace. Pero antes de que suceda tal evento, el regimiento al que pertenece el protagonista es requerido para acudir a África, pues el Sudán se ha levantado en armas contra el colonialismo inglés. Feversham ha crecido bajo el peso de la responsabilidad familiar, cuyos antepasados hicieron carrera militar. Un orgullo para las siguientes generaciones que son vigilados bajo la estricta mirada de sus retratos, expuestos en una larga galería de la casa familiar. Un pasillo extenuante para el joven Harry, porque un simple paseo por ese corredor parece transformarse en una revista militar sobre sus hombros, allí donde descansa el buen nombre de su apellido y la responsabilidad que abarca cumplir con un destino prefabricado.
Las tuvo entre los dedos como si estuviera a punto de romperlas. Pero se contuvo. Miró de pronto hacía ella y no separó la vista de su rostro durante un rato. Luego, con mucho cuidado, se guardó las plumas en el bolsillo del pecho. En un intento de pasar desapercibido, Harry renuncia a su cargo militar, pero unos colegas de profesión, y supuestos amigos, descubren el intento de escaqueo de Harry y le envían por ello, unas simples plumas blancas en señal de cobardía. Apuntado por ese cruel destino, donde el sentido del honor figura en una posición muy distinta al del siglo XXI, el señalado Harry toma la decisión voluntariosa de rescatar su honor, acudir por su cuenta y riesgo al continente africano y demostrar su valía frente a quienes le han acusado de cobarde. Resumido así de simple, la novela parece encaminada a adentrarse en la heroica fantasía de un protagonista dispuesto a superar mil obstáculos y lograr la redención gracias a sus actos. No obstante, la narración olvida a Harry a la hora de capitalizar el protagonismo hacia otras dos figuras que completen un famoso triangulo, con la incorporación de la propia Ethne y de John Durrance. Este último es el mejor amigo de Harry, quien desconoce la causa de su defenestración, y que, cábalas de la vida, anda enamoraito perdio de la susodicha, e intenta conquistar su corazón al descubrir la ruptura de la pareja. Tampoco es un bala que se aproveche de tal situación, pues también intentará atar cabos para descubrir qué diablos ha pasado con su colega.
He ahí que la novela, que apuntaba detalles de aventuras, se ha contentado con unos simples esbozos para centrarse después en otros derroteros más parlanchines. Con los intentos de Durrance de conquistar el corazón de Ethne mientras el relato paralelo de la redención de Feversham queda desdibujado al azar de la búsqueda de noticias por parte de terceras personas. Un buen hacer es trasladar la voz cantante del texto entre diversas personas, gracias a este planteamiento de Mason al planear un aspecto que deriva a la terna psicológica de sus personajes, allí donde puedan ocultar intenciones o exponer parte de otros secundarios. Unas noticias que van incorporando material al relato principal a cuentagotas, y sin necesidad de acudir a la fácil posición del héroe intrépido en territorios exóticos. Dato importante para la época que fue concebida la novela.
El retorno de uno de los acusadores, el capitán Willoughby, encara un nuevo punto de vista al retirar su pluma en manos de Ethne y que nos sirva de narrador para contar las experiencias de Harry. Se desata entonces el clásico trio amoroso donde cabalgan culpas, deseos y buenas intenciones a través de unos personajes tan pulcros que el lector desearía algún tipo de maldad que añada mayor dificultad al texto de Mason. También ocurre que este señor escribe con una maravillosa pedantería, y el lector termina rendido al modo que ha escogido para contar su historia. Una novela que destaca los puntos de vista transversales a la hora de narrar y estructurar la novela entre la mayoría de los implicados, con un toque de realismo que supera la expectativa fantasiosa de la presumible redención de Feversham.
Las cuatro plumas
AEW Mason
Ed GP, 214º de la Colección Reno. 1974
