14 de abril de 2021

Defensa cerrada

Segunda novela dedicada al comisario Kostas Jaritos, el protagonista de una serie policíaca creada por el autor griego Petros Márkaris; escritor de largo recorrido profesional y que sitúa las andanzas del susodicho en Atenas. Y ya hace tiempo que ejerce de policía, pues a día de hoy arrastra la friolera de 15 títulos en su haber; una suma considerable que demuestra el éxito que entrañan las aventuras policiales espaciadas por capítulos en cada rincón de cualquier país del mundo. Este capítulo concreto data de finales de los 90, cuando en Grecia todavía se manejaba en dracmas como moneda de cambio. A día de hoy, sería interesante comprobar cómo trata Márkaris la posterior hostia económica de Grecia, como epicentro de una quiebra descomunal en Europa, a través de su famoso comisario.

Defensa cerrada arranca en período estival, con la habitual elección de escoger estos meses veraniegos para dedicarnos a la voluptuosidad del ocio. El protagonista se encuentra de visita familiar en una de la múltiples islas griegas que dominan el mediterráneo, hasta que un fuerte seísmo viene a desequilibrar la tranquila vida de los isleños. Gracias a estos temblores, la tierra devuelve de su escondite un cadáver que a todas luces muestra que ha sufrido una muerte violenta. Conocida la presencia de Jaritos, las autoridades locales acuden en su ayuda mientras éste inicia las primeras investigaciones, hasta que finalmente llegar a hacerse con el cuerpo para su posterior traslado a Atenas. Un bonito recuerdo de su paso por la isla, en lugar de llevarse el típico imán destinado a la nevera. Como la acumulación de tareas, pues a su vuelta, le endosan el asesinato de Dinos Kustas: un importante empresario del ocio nocturno griego. El verdadero motor de la novela.

Uno de los grandes aciertos del libro, es la postura realista que adopta el autor a la hora de afrontar el burocrático proceso de iniciar una investigación policial. Una opción que contrasta con la encasillada idea cinematográfica sobre policías sabiondos o con diversos problemas paralelos a su vida profesional. Sin embargo, el bueno de Jaritos destaca por una obstinada profesionalidad de no dar nada por sentado y ponerse a investigar cualquier resquicio que le permita avanzar en el largo proceso de dar, en ocasiones, pasos falsos, mientras que en otras, logra abrir nuevos hilos a los que seguir la pista hacia el camino correcto. A toda esta fase le acompaña una pesada sensación de lentitud que el autor agrava con los continuos atascos que se dan en Atenas. Porque como buen poli de ciudad, el protagonista recorre las atestadas calles griegas entre las habituales descripciones del paisanaje que componían la sociedad griega de finales de milenio y que seguramente, estén agravadas a día de hoy. Huelgas y continuas protestas de trabajadores de diversa índole. Al menos queda la habitual costumbre deslenguada del héroe de la función, un pequeño desahogo para ensalzar la jocosidad que esconde la apariencia del funcionario gris que suele plantear en voz alta lo que pasa por su cabeza. En paralelo, sobrelleva otro tipo de batalla más doméstica con su esposa Adriani. La mujer con la que comparte matrimonio desde tiempos pretéritos y cuyos desencuentros, amenizan una entretenida rutina de pararse a observar quién gana cualquier disputa hogareña.

Todas las mujeres hacemos lo mismo. Si te contara lo que hice yo para engatusarte...
Freno el coche y la miro. Me dirige una sonrisa triunfal. Estoy a punto de preguntar qué hizo, pero cambio de opinión. Mejor no saberlo.

Adriani vs Kostas
 
La investigación de los asesinatos, que a fin de cuentas termina siendo la gracia de este tipo de novelas, avanzan en una constante lentitud de atar cabos donde existe cierto contraste entre los aciertos, con algunos giros bastante bien apañados que ayudan a incentivar la lectura, frente a la lógica realidad de incluir algunas pistas falsas que demuestran cierta realidad cuando Jaritos llega hasta cometer errores, algo habitual en el genero humano. A pesar de esta supuesta letanía, Márkaris logra captar la atención del lector con la hábil mezcla de la investigación con los pequeños descansos que otorga la vida cotidiana de los personajes.


Defensa cerrada
Petrós Márkaris
Ed. B. 2006

6 de abril de 2021

Molinos del río Perales

En concreto son dos imponentes molinos que parecen datar desde la Edad Media. Ambos restos han sido felizmente señalizados en una promocionada ruta en la localidad de Navalagamella, y adecuado su trayecto a través de paneles informativos y de sus correspondientes hitos para que nadie se pierda. Además, cuenta con la facilidad de ser circular y acoger una humilde distancia que favorezca realizar la excursión en familia. En la misma web de turismo del pueblo, se destaca una leve descripción, perfil y mapa detallado. En nuestro caso particular optamos por la facilidad de arrancar directamente del amplio parking situado junto al mirador del Hondillo. Un gran espacio abierto que deleita las vistas de este particular balcón, donde dejar escapar la mirada hacia las dehesas que copan el horizonte. Junto al mirador, destaca en bajada la amplia Cañada Real Leonesa, un vial que desciende paulatinamente a la búsqueda del arroyo del Molino del Hondillo. A pesar del poco esfuerzo que requiere caminar en bajada, la mayor de las niñas comienza a dejar constancia de sus escasas ganas por darse un garbeo en familia. Curiosamente el curso del agua contiene un extraño efecto embaucador sobre los niños, pues fue llegar al cauce del arroyuelo y olvidarse de cualquier mal anterior con la única ayuda de un simple puente de madera.

Molino del Altillo y su didáctico panel

Sin embargo, la ruta continua sobre ese ancho y arreglado camino, con la idea clara de recuperar parte del desnivel perdido y encarar leves cuestas que elevan nuevas protestas andarinas por parte de la niña, manifestando en diversos momentos su escaso ánimo a patear y buscar aliadados en su hermana menor. En ocasiones, primaverales mariposas de colores logran distraer sus mentes unos instantes; en otras, algún pájaro cantor. Pero a pesar de estas pequeñas ayudas, la opción más repetitiva y eficiente será la tiránica orden paterna del "tira para adelante, h...as", junto a la loca variante de hacer oídos sordos y seguir con paso firme como si tal cosa. Por suerte, el camino se hace más llevadero hasta alcanzar al río Perales en un amplio descansadero. En este lugar, destacan las ruinas del antiguo puente del Hoyo en una parada que permite observar los trabajos realizados en recuperar parte de su estructura. Nuevamente el agua amansa, cual flautista de Hammelin a las fieras con la estrafalaria idea de darse un baño. Ahí, el perro fue el único que sacó provecho de su facilidad de meterse en corrientes de cualquier temperatura. Y tras un breve receso, donde las benjaminas deseaban haber traído cubo, pala y rastrillo, sus padres emprendemos el camino por la senda paralela al río, en un atractivo paseo junto al agradable rumor del Perales, al lado de unas praderías que realmente invitaban a arrojarse al solaz regazo del astro rey.

Pero la piedra comienza a ganar presencia, en un breve espacio de tiempo ganan terreno, obligando a las aguas a despeñarse por un barranco que va ganando altura frente a la violencia del agua por escapar de las ciclópeas formas que adopta la roca. A la vista aparece una enorme estructura metálica que desentona entre las encinas y con el entorno. Su circular forma de tubería sortea el río como un puente sobre el precipicio creado por el agua. Aunque su función no es otras que una conducción del Canal de Isabel II que traslada al liquido elemento desde Valmayor a San Juan. Vista las modernidades, continuamos por la senda a la búsqueda de las antiguallas. Pero antes conviene advertir de la existencia de algunos tramos enrevesados a lo largo de la vereda. Porque en ocasiones hay que sortear grandes bloques graníticos, mientras que en otras, toca descender con cuidado y paciencia algún tramo complicado por su inclinación. Incluso cargando a la pequeña como a un fardo en algún tramo. Por lo menos nos hemos quedado sin las quejas que surgieron al principio de la excursión. Se ve que la aventura infantil gana enteros cuando surge alguna complicación y andan más entretenidas entre baches.

El embaucador arroyo del Hondillo

La senda recupera protagonismo al alcanzar al primero de los molinos indicados: El Altillo. Realmente llamativo el tamaño de su estructura gracias a unas dimensiones que destacan sobre la cercanía del río y con un panel indicativo en su base que permite imaginar cómo molía la harina. El siguiente molino anda un poco más abajo, en un camino abierto que permite adivinar la mano del hombre a la hora de abrir camino sobre las rocas; despejando cualquier obstáculo que suponga alcanzar al segundo de los protagonistas: el molino de Baltasar. En comparación, éste último es más humilde en tamaño, cuyo resto principal es su estructura circular y la notable altura que hay desde el río hasta la senda.

Vistas la moles graníticas y de su valor harinero, conviene recordar que hay repartidas varias mesas a lo largo de la ruta, unos merenderos apropiados para dar lustre a la tortilla de patata, por supuesto, con cebolla. Lamentablemte, el trayecto se divorcia del río al llegar a la altura de una vivienda privada y correspondientemente vallada al intruso. La opción principal era proseguir la ruta por el camino que rodea la vivienda a izquierdas para después regresar al pueblo a la caza de un imponente resto bélico de la Guerra Civil: un Blockhaus situado justo a la entrada. Pero para llegar a tal fin habría que recorrer un previsor camino llamado de los Berrinches. Ni idea de donde procede tal acertado nombre sobre la posibilidad de aguantar una nueva disputa infantil. Para evitar tal trance, optamos por atajar por el ramal a derechas de la citada vivienda. Denominada como senda Botánica. En realidad se trata de la vereda paralela al arroyo del Hondillo, cuya agradable cúpula arbolada nos traslada hasta casi el inicio de la ruta; allá donde se cruza con la Cañada Real, dando origen a los avisados berrinches por tener que remontar la bajada del inicio. Siempre quedará la recompensa del alimento dominguero para acallar las protestas que siempre surgen cuando el camino se pone algo cuesta arriba y el estomago anda en deseos de colmar su vacío.

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Molinos del río Perales

22 de marzo de 2021

Cobra Kai

Un pequeño bombazo llegó en 2018 de la mano de Youtube al conseguir sacar adelante una serie basada en una conocida película de los 80: Karate Kid, y cuyo título hace referencia a una escuela de artes marciales del citado filme: Cobra Kai. Aunque a estas alturas es bien conocida la repercusión de esta serie a nivel popular, cuyos logros han logrado extenderse en varias temporadas de manera anual. De hecho, ya se ha anunciado el desarrollo de una cuarta, gracias también al empujón que supuso su posterior paso a la gran plataforma mundial del entretenimiento por streaming: Netflix. Sin embargo, bien merece la pena hacer un pequeño balance del origen de una serie que vino a sorprender por la arriesgada apuesta que realizó el gigantesco canal de vídeos internautas (Youtube) alrededor de un proyecto con cierto riesgo de desbaratar las expectativas que despierta la nostalgia, sobre todo en productos que han sobrepasado con holgura el paso del tiempo, convirtiéndose en clásicos cercanos a la memoria colectiva de determinado grupo social y que destilan cierto recelo a que sus recuerdos sean mancillados. Pero Cobra Kai fue una de las apuestas más fuertes a la hora de crear Youtube Red, la versión de pago del canal. Un propósito finalmente que puede considerarse fallido frente a los gigantes que actualmente dominan el mercado.

Rivales sobre el tatami - Sony Pictures Television

Curiosamente hubo un antecedente previo, un chiste acaecido en la sitcom, Como conocí a vuestra madre, daba por hecho que el verdadero protagonista de Karate Kid era en realidad Jhonny Lawrence (William Zabka), el macarra que hacia la vida imposible al bueno de Daniel LaRusso (Ralph Machio). Ambos actores participaron en aquel episodio de la octava temporada en un bonito tributo hacia el filme, donde uno de los personajes más emblemáticos, Barney Stinson, afirmaba y defendía tales ideas sobre la película. Incluso dando por hecho que la victoria de LaRusso en el torneo de karate fue debido a una patada ilegal. Un gancho perfecto que los guionistas no dudaron en exponer en el primer episodio de Cobra Kai, justo cuando ambos protagonistas volvían a reencontrarse después de más de treinta años y recordaban, cada uno a su manera ese preciso momento.

Pero, ¿qué ha pasado mientras tanto en todo ese tiempo? Por ahí va uno de los grandes aciertos del trío de guionistas que han logrado levantar este proyecto. Jon Hurwitz, Hayden Schlossberg y Josh Heald, tuvieron a bien rescatar la figura del propio Lawrence y elevarlo a la categoría de protagonista, abriendo la serie como el clásico perdedor borracho que sobrevive realizando pequeños trabajos de reformas y con un hijo al que apenas ha hecho caso a lo largo de los años. Por el otro lado anda LaRusso, cuya vida triunfal contrasta frente a su rival, al estar felizmente casado y tener una buena posición social gracias a su faceta de empresario de éxito con un concesionario de coches de alta gama. Visto con cierta simpleza, podría decirse que el desenlace de la película hubiera predispuesto el camino del vencedor y el del perdedor. A todo esto se suma el peor día posible en la vida de Lawrence, quien sufre los rigores de levantarse con el pie izquierdo y ser constantemente vapuleado por la vida, por el trabajo y por un pequeño accidente que le deja sin coche. A tal cúmulo de desdichas se le cruza en su camino un chaval. Un anónimo vecino que intenta mostrarse educado y que curiosamente sufre acoso por parte de una panda de adolescentes. Muy a su pesar, Lawrence repite el camino emprendido por el señor Miyagi treinta y pico años atrás, ayudando al muchacho para terminar por replantearse cómo enderezar su vida, mientras busca la solución en los buenos recuerdos que le supusieron el karate en su adolescencia e instalándose en su mente reabrir Cobra Kai.  

La misma fórmula funciona - © 2018 Sony Pictures Television

La reapertura del dojo viperino golpea el ordenado mundo de LaRusso, que a pesar de mostrarse nuevamente como una buena persona; los guionistas le han atravesado con cierta pedantería y perdida de control frente a los malos recuerdos que le producen ver de nuevo la escuela de karate rival abierta. Un pique que irá subiendo de tono según vayan pasando los capítulos y con una agradecida duración de media hora que se pasan volando. Un aspecto importante es el esquema que adopta la serie a lo largo de los diez capítulos; como si de una adaptación de la película se tratase, los guionistas actualizan el pasado con novedosos aportes actuales y estirando el abanico de posibilidades con la acumulación de personajes, especialmente con los hijos de los protagonistas y el continuo revival que supone contrastar los guiños del pasado, como el memorable dar cera, pulir cera frente al pegar primero, pegar duro, sin piedad.  

En esa lucha no hay un bando definido por el que inclinarse, porque ambos protagonistas andan a la gresca derivados por un pasado que no pueden olvidar, excesivamente marcados en sus posiciones pese a los lógicos puntos de encuentro que pudieran darse. En ese aspecto siempre hay un equivoco o un cambio desafortunado que alimenta el fuego de una rivalidad que va evolucionando según vayan pasando los capítulos, mientras son aderezados con sutiles referencias al pasado y la inclusión del humor como estandarte en muchas de las ocasiones para dar pie a los personajes que pululan la serie. Tras una primera temporada bastante apañada, Cobra Kai ha logrado sentar las bases para que la implicación de los nuevos personajes sigan creciendo bajo la sombra del dueto protagonista y los creadores sigan dando rienda suelta a su imaginación con un trabajo hecho con cariño y respeto hacia el original. Un autentico logro que levanta a esta serie como una más que digna sucesora del legado cinematográfico.

Sony Pictures Television, 2018

19 de febrero de 2021

El 19 de marzo y el 2 de mayo

Se avienen fechas importantes en este tercer episodio nacional. Benito Pérez Galdós opta por narrar ambos acontecimientos en una misma obra por cercanía en fechas y la consecuente relación de acontecimientos que tratan. El 19 de marzo viene a resumir un motín popular contra el valido Manuel Godoy en el municipio de Aranjuez, mientras que el 2 de mayo versa sobre el célebre levantamiento del pueblo de Madrid frente a las tropas napoleónicas instaladas en la capital del reino. En realidad los hechos destacados son el resultado del malestar que venía arrastrando la sociedad española de la época. Cuyos mayores males estaban dirigidos hacia el llamado como Príncipe de la Paz, ostentoso título que definía amablemente a Godoy de carácter general, aunque la plebe también le citaba como el choricero. Recia descripción hacia los orígenes del principal responsable de las políticas españolas. Ese malestar social venía calando en la necesidad de lograr algún cambio en el gobierno de Godoy, visto con anterioridad en las manifestaciones despectivas por la mayoría del pueblo y en las aspiraciones del príncipe de Asturias por ocupar la corona. Ideas expuestas por el autor tanto en Trafalgar como en La corte de Carlos IV
 
 
Tales acontecimientos cuentan con la presencia del protagonista ideado por Galdós, el joven Gabriel de Araceli. Pero en esta ocasión, la participación del narrador cuenta con un mayor desarrollo, en su particular aventura, en lugar de actuar como un afortunado figurante de los hechos acaecidos. De inicio, Gabriel trabaja de cajista en una imprenta de Madrid, a la espera de la ansiada llegada del fin de semana, cuando marcha cual dominguero hacia Aranjuez, para encontrarse con su amada Inés y el tío de ésta, D. Celestino; el clérigo del anterior episodio y que por fin ha encontrado destino en la parroquia de la villa. Pero a la joven pareja le llega un pequeño revés familiar, pues los tíos de Inés pretenden hacerse cargo de la huérfana. Una oportunidad que el buen cura consiente al constatar la desahogada posición económica de unos familiares dedicados al comercio. La separación coincide con la acumulación de personal en la citada aldea de Aranjuez y la imprevista perdida de transporte de nuestro héroe, para así poder describirnos los acontecimientos históricos de un violento motín, que finiquitó la controvertida figura de Manuel Godoy y la posterior abdicación del monarca Carlos IV.

En esta primera parte se compaginan las andanzas personales de Gabriel con su particular visión de los hechos históricos. Curiosamente, coincide con un personaje denominado como Lopito, antiguo pinche de El Escorial y que anda metido en la ardua tarea de derrocar al gobierno. Se cumple así un tópico que da pie a conocer a los poderosos hilos que andaban ocultos bajo el populacho desplazado hasta Aranjuez. Ciertos nobles que utilizaron a la plebe. Otra característica de la narrativa de Galdós es su inestimable facilidad por la verborrea, la gracia que acumula el autor en recrear personajes dados a una alta exageración de sus facultades y opiniones. Por ejemplo, el cura Celestino acoge tal propósito de caricaturización por su fantasiosa relación con su paisano y el atrasado modo de entender los problemas cotidianos de la España de esos días, que el humor que pudiera servir de atractivo hacia su figura, llega a acaparar demasiado texto sobre otros hechos más dramáticos. Del motín queda una participación secundaria, vista desde una posición privilegiada por Gabriel pero distante en la finalidad de la misma. Una clara postura contraria de un autor que utiliza a su personaje ficticio para posicionarse sobre este momento concreto de la historia de España.

"Las linternas, puestas delante de cada grupo, alumbraban con su luz siniestra la escena"

Más interés recoge la segunda parte de la obra, al trasladar la acción a Madrid y con la idea fija del narrador por reunirse con Inés. La bella dama anda literalmente secuestrada por sus tíos, conocedores del secreto de su origen y del que pretenden sacar tajada. La misión de Gabriel se centra en el modo de cómo rescatar a Inés frente al relato paralelo, aquel que cita de manera secundaria el revuelto ambiente que se da en la capital con la llegada y permanencia del ejército francés. El autor prioriza los problemas individuales del protagonista frente al escenario histórico, que actúa en esta ocasión de magnífico decorado. Con este singular trajín, Galdós vuelve a recargar en demasía a ciertos personajes, en esta ocasión a los Requejos; los familiares de la huérfana, esconden tras sus fachadas de encantadores de serpientes, una acumulación de males tan dispares como la avaricia o la estupidez. De hecho, llega a exagerar tanto estas perniciosas descripciones, que llegan a cruzar el limite de la veracidad. Un punto donde el lector no sepa discernir si tal cúmulo de posturas miserables sean una coña o una de las escalas más bajas de la usura.
 
Al menos queda espacio para incluir pequeños detalles históricos, como la llegada del nuevo rey, Fernando VII, a Madrid. Momento adecuado para que Galdós demuestre su maestría del diálogo y conocimiento del populacho ante la llegada del monarca, pequeños detalles que muestran la evolución de los ánimos madrileños ante el francés, con un manejo memorable de éstos personajes secundarios y de los distintos barrios de la capital. Tanta retahíla y preparación desembocan en unos memorables capítulos finales, cuando la determinación de Gabriel por liberar a su amada coincide con la reacción del pueblo madrileño por hacer lo mismo con los últimos miembros de la familia real. En apariencia cautiva de las fuerzas francesas. Gracias a esa unión entre la aventura personal y la revuelta popular, la lectura avasalla por la importancia de los acontecimientos que se desarrolla a través de las calles de Madrid y con una postura emocional más creíble que la mera figuración de Gabriel en los hechos históricos por los que previamente había pasado. El 19 de marzo y el 2 de mayo triunfa gracias a la base preparada por Galdós en las páginas previas hacia un trepidante desenlace sobre una de las fechas más cacareadas en la historia de España.

Por cada vida que ahoguéis en sangre, renacerán otras mil que al fin acabaran con vosotros, y ninguno de los que estáis aquí verá la casa en que nació. Gabriel de Araceli.

El 19 de marzo y el 2 de mayo
Benito Pérez Galdós
Ed. JdeJ Editores, 2012
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12 de febrero de 2021

Entourage (El séquito): la película

En el habitual trasiego que suele darse con series que terminan siendo llevadas al cine, puede decirse que hay dos modelos a la hora de afrontar la adaptación. Una de ellas sirve para rendir tributo al formato televisivo (Sexo en Nueva York)por el éxito alcanzado; mientras que otra opción viene dada a finiquitar la obra en pantalla grande (como de Firefly a Serenity). Algo así debió pasar con los creadores de El séquito, decididos a una segunda oportunidad de cerrar la serie tras una almibarada octava temporada que supuso un final bastante flojo. La serie narraba las vivencias de una estrella de Hollywood, Vincent Chase (Adrian Grenier), que para hacer más llevadero el éxito alcanzado se rodea de sus colegas de toda la vida; de ahí el titulaje hispano de El séquito. En las ocho temporadas que duró la serie, los espectadores pudieron disfrutar de una entretenida comedia sobre los entresijos de las grandes producciones cinematográficas y el exagerado modo de vida de quienes viven en ese circo. El cachondeo y la caricatura del entorno, jugaron un papel vital para que la serie tuviese una gran acogida por parte del público americano, incluso de numerosos rostros conocidos de la industria que vieron con buenos ojos autoparodiarse o dotar de realismo a la ficción a través de numerosos cameos.
 
Los protagonistas -Warner Bros. Entertainment

Sin embargo, la película vino a corregir un final excesivamente edulcorado, un claro ejemplo de mejorar un producto que no logró satisfacer la expectativa creada en televisión mientras se busca la complicidad cinematográfica de elevar el listón en la despedida. Uno de los aciertos fue mantener a Doug Ellin como guionista y director; como creador de la serie era una elección sensata si se quería mantener el estilo de la narración y con derecho al remiendo de los pecados cometidos con anterioridad. De entrada y para todas aquellas personas que desconozcan los vaivenes precedentes en la serie, el arranque de la película enlaza correctamente con una buena presentación a través de una serie de entrevistas televisivas a los personajes implicados. Y un claro ejemplo del cambio de formato, como cuando se desarrolla una segunda parte peliculera, es mostrar un planteamiento novedoso y hasta una cierta exageración que permita tal continuación. En esta ocasión con la pretendida idea del famoso actor de ponerse tras las cámaras para llevar a cabo su particular visión del séptimo arte. Esta es la propuesta que plantea el conflicto inicial, cuando los problemas vengan de la necesidad de alargar el presupuesto para poder finalizar el filme. Un buen tema para dar entrada al secundario de lujo, el anterior agente de Vince y acaparador premios e insultos, Ari Gold. Personaje memorable y que dirige ahora un potente estudiodonde necesita convencer a los inversores para que aumenten un presupuesto que se ha quedado corto. Una ardua tarea si encima la película mantiene un cerrado hermetismo sobre el contenido de la misma. Ese es el plan y por el que gira todo el argumento que permite a los protagonistas volver a exhibir los trapicheos de Hollywood mientras se pasean alegremente por fiestas, alcohol y mujeres que destacan esa superficial capa que destila el mercadeo de las apariencias, las carnes y los egos.  

Johnny Drama, siempre en mi equipo - Youtube

Uno de los puntos a favor del filme es que mantiene el ritmo endiablado de la serie; con una ilógica y estúpida carrera de mostrar numerosos cameos del gremio, aunque éstos sirvan de poco o nada al desarrollo de la película. De ese largo listado también se rescatan a algunos secundarios que vienen a verse homenajeados por su aparición estelar en el formato televisivo. Bob Saget o Gary Busey entre otros. Una suerte de reunión de amigos que la hace parecer divertida a quienes reconozcan las aventuras del pasado. Pero la película debía dar una paso adelante y centrarse en el problema de lograr el dinero para terminar el proyecto de Vince, difuminado ante esta premisa elemental frente a los problemas que acarrea un fenomenal Haley Joel Osment, como el hijo consentido del principal accionista y encargado en torpedear todo lo posible la financiación. Por ahí se nota la mano de Ellin y su buen hacer televisivo que permite el tiempo necesario para que los protagonistas tengan su particular aventura. Los clásicos enredos de los personajes alrededor de las faldas femeninas, la imperiosa caída de la carrera de Jhonny Drama o el buen hacer de Ari Gold por mantener un equilibrio que le permita cuidar su matrimonio mientras se desvive por sacar adelante el proyecto cinematográfico de su añorado Vincent Chase. 

El séquito mantiene ese aire gamberro y de lujo que caracterizó a la serie, de hecho, se hubiera podido trocear sin dificultad en lugar de plantarnos la diversión de manera continuada. Cumple con el clásico refrán del capítulo alargado, un logro que mantiene el espíritu precedente pese a que esta cita con la pantalla grande se olvide algo la trama central. Aún así, este epílogo mejora el producto de manera completa.

Entourage (El séquito) 
Warner Bros, HBO, RatPac, Closest to the Hole Productions y Leverage Ent. 
Doug Ellin, 2015
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