30 de junio de 2015

Fear and Desire (Miedo y deseo)

La ópera prima de Stanley Kubrick entraña un pequeño problema. Durante años El beso del asesino ocupaba el simbólico inicio en la filmografía de uno de los directores de cine más
importantes. Sin embargo, Kubrick ya se colocó detrás de la cámara con anterioridad, en un filme vapuleado por parte de la crítica y del público de la época en sus primeros pases. Tantas hostias debió recibir, que el joven director ya debía hacer uso de sus manías excesivas que le llevo a destruir todas y cada una de las copias que existiesen de Fear and Desire. Con lo que no contaba el bueno de Stanley, era con el alarde de seriedad empresarial de una compañía llamada Kodak, y su certera labor de salvaguardar una copia de todas las películas que utilizasen sus servicios. De este singular modo se conservó una única copia de la quema y que vio la luz en 2013. Catorce años después de la muerte de Stanley Kubrick, quien seguramente hubiera denunciado el aire comercial de resurgir su anterior trabajo. 
Es un pájaro, un avión...no, es Kubrick - Films sans Frontières
A la hora de incluir, en mi listado particular, los estrenos cinematográficos de los directores, surgía la duda de respetar la decisión de Kubrick y decantarme por El beso del asesino. O por el contrario dejarme arrastrar por el morbo de contemplar la película rescatada cuyo lugar ocuparía correctamente el primer puesto. 

Fear and Desire se desarrolla dentro de una guerra, una cualquiera de las muchas que hay a lo largo del globo y en donde cuatro soldados han sido derribados de su avión y se encuentran tras las líneas enemigas. El cuarteto inicia su particular aventura con el deseo de pasar inadvertidos dentro de un profundo bosque, con la idea clara de regresar junto a su ejército.

Films sans Frontières
Pero en su camino se encuentran con los necesarios obstáculos que toda película requiere para rellenar el entretenimiento. Como un grupo de soldados enemigos, una bella campesina o un importante puesto de mando enemigo, con paquete incluido en forma de general. La visión del gerifalte de turno traslada a la mente de los protagonistas la disyuntiva de continuar con su regreso o intentar llevarse por delante al mandamás. En todo este supuesto teje maneje, se expone el escaso nivel del trabajo de actores. Empezando por el flojo teniente (Kenneth Harp), al que solo le falta descojonarse en alguna escena para terminar de enterrar la tensión de su mando en una situación crítica por sobrevivir. La posterior ida de olla del joven Paul Mazursky termina por descabezar al pollo, y mi interés de continuar analizando cualquier otro aspecto de la película.

A los pocos minutos cualquier espectador ya puede presuponer el porqué de la quema, cuyo único interés reside en vislumbrar los supuestos cimientos de un director imprescindible por su filmografía posterior. Por un lado podría destacarse el buen uso de la fotografía o alguna secuencia interesante, como la voz interior del soldado que navega en solitario en la balsa o una secuencia de montaje, cuando los protagonistas sorprenden a un grupo de soldados enemigos que se encontraban comiendo y Kubrick fragmenta la violencia derramando la comida frente al rostro de los ejecutores. Rasgos supuestamente interesantes, aunque tampoco sean una cosa de otro mundo y que no logran sostener una aburrida película en donde el director llega a repetir planos en su pretenciosa idea anti bélica. Aupado además, con el pretencioso soniquete del narrador en off. Fear and Desire contiene solo un valor simbólico hacia la figura de su autor, simplemente cobra importancia por estar dirigida por ser uno de los grandes del cine. Los vericuetos de su destrucción y posterior resurrección terminan siendo más interesantes que la propia exposición de esta película. 

Fear and Desire de Stanley Kubrick
1953

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Listado de Óperas primas

20 de junio de 2015

Star Wars. El ataque de los clones

A George Lucas debieron de pitarle bastante los oídos tras el estreno de La amenaza fantasma. Seguramente hoy día se sienta todavía mentado en más de una ocasión por el estropicio realizado. Tantas voces surgieron en contra, que para el siguiente filme se dignó en pedir ayuda, y contrató al veterano guionista Jonathan Hales. En este caso mi imaginación se dispara, al situar al bueno de Hales intentado enderezar algo mientras Lucas se encarga de derribarlo continuamente. No cabe dudas de que Hales debía estar subordinado al mando de Lucas, que además de ser quien es, también era el que pagaba. El resultado final no fue mucho mejor que su predecesora. De hecho siempre pensé que este Episodio II, El ataque de los clones, era la peor de esta nueva trilogía. Revisitada nuevamente, las dudas me corroen sobre que película situaría en el peldaño más bajo. 
LucasFilms Ltd
El gran problema es el actor canadiense Hayden Christensen, intérprete desconocido hasta su elección y que carece del nivel interpretativo para dar vida a Anakin Skywalker, el supuesto protagonista de la historia. Las limitaciones del joven actor son tan evidentes, que apenas puede sostener el pulso a Natalie Portman, su pareja de baile en la mayoría de planos. No puede entenderse está elección salvo por la altura y la percha, o el estúpido sueño de sacar petróleo de un actor desconocido hasta esa fecha. A Christensen tampoco le ayuda un guion donde se prima lo evidente frente a la sutileza. Lucas cae en una terca y penosa carrera de acumular detalles que reflejen al futuro monstruo, cuando Skywalker adopte la figura de Vader. La jugada de tanta desobediencia, arrogancia y chulería transforman a este personaje en una especie de macarra adolescente, solo le falta la moto y el casco para representar al típico yoni de barrio. Y encima parece un acosador cada vez que Padme asoma las faldas en una de las historias de amor más mal ejecutadas, que las constantes noñerías provocan una extraña duda en los espectadores. O sonrojo o vomito. 
De picnic¡ - LucasFilms Ltd
En principio el argumento presenta maneras, otra cosa es saber resolverlas. Una serie de sistemas planetarios plantea separarse del control de la República Galáctica, creando con ello un conflicto de intereses que puede desembocar en un enfrentamiento armado. Las conversaciones con los separatistas mantienen en tensión al Senado Galáctico, dividido sobre la necesidad de crear un ejército para mantener el orden, frente a otros que precisan negociar antes de tomar las armas. Obviamente las complicaciones políticas quedan relegadas a un segundo plano cuando a la senadora de Naboo, Padme, sufre una serie de intentos de asesinatos. Para protegerla, recibe la ayuda de dos viejos amigos, el maestro Kenobi y su joven padawan. La historia se divide entonces en dos partes. Por un lado la protección de la senadora, que se traslada a Naboo con Anakin como guardaespaldas, momento propicio para que surja el idilio en ese planeta de cuento de hadas. Sin embargo, lo que ocurre es una serie de secuencias planas y vacías, ya descritas anteriormente, en ese pésimo juego de miradas y diálogos, donde lo único que sobresale es el continuo cambio de vestuario por parte del personaje de Padme. 

LucasFilms Ltd
En la otra parte, Ewan McGregor gana protagonismo con la trama paralela, y la película al fin remonta el vuelo. En especial su paso por el planeta Kamino, la creación del ejército clon y su enfrentamiento con Jango Fett. Breves momentos que recuerdan algo de lo mejor del universo Star Wars. Incluso los otros protagonistas del filme, se animan a elevar el listón, con el regreso a Tatooine para que Skywalker descubra su primer paso hacia el dolor y el odio que lo empujen al supuesto Lado Oscuro de la fuerza. Por desgracia, ni Lucas ni Christensen son capaces de redondear una secuencia tan importante para la evolución del personaje principal, en teoría, esta es la historia de un hombre bueno que por las circunstancias del relato cambia de bando. Aunque lo visto hasta ahora, más bien ha sido la figura de un repelente adolescente que no logra conectar con el público.

A pesar de algunos momentos estelares, como la inclusión de Chistopher Lee en el papel del conde Dooku, la película arrastra una notable escasez de ritmo, precedida por la falta de forma de Lucas y en otros casos, por el intento de rescatar a los droides R2DO y C3PO bajo el paraguas del humor infantil. No cuadran, ni cuando se inician las hostilidades en esa espectacular batalla final como recompensa al aburrido intento de rescate. Es lo que hay cuando las mejoras técnicas pueden ofrecer un brutal ejercicio visual de videojuego. Algo que siempre queda bien aunque la historia central vuelva a mostrarse como una decepción.

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El ataque de los clones 2002
George Lucas

10 de junio de 2015

Ofelia II cumple su primer cuarto de siglo

La particularidad de esta entrada se centra en querer rendir un sincero homenaje a esos hierros con ruedas que me han ido acompañando a lo largo de los años. Para ello cuento con el redondeo de este 10 de junio, pues hace un cuarto de siglo recibí mi primera bicicleta todoterreno. Y si los vehículos motorizados adquieren la condición de clásicos a esa edad, mi bicicleta no iba a ser menos.

Feliz cumpleaños Ofelia II
Pero antes de adentrarme en el fabuloso mundo de las ruedas gordas, hay que retroceder aún más en el tiempo, para rebuscar en la memoria los cimientos hacia esta noble afición. Personalmente tengo un recuerdo difuso sobre mis primeros pasos sin los clásicos ruedines, corroborado posteriomente por mi padre en la clásica escena del agarre trasero y la inevitable frase del "mira para adelante que no te suelto". Imagino que el resultado final sería toparse contra el suelo de la calle situada enfrente de la casa de mis padres, c/ La Torre, Guadarrama, Madrid.

Este último dato es importante, porque a mediados de los 80 se llevó a cabo la restauración de la antigua iglesia que corona un pequeño cerro sobre esta localidad y la creación de un parque a su alrededor. Por aquellas fechas de obras, cemento, asfaltado de calles y plantación de árboles, deambulan mis primeros recuerdos sobre una bicicleta en la planicie del cerro. Y con la estricta orden materna de no ir más allá de ese perímetro. Una vez concluidas las obras, quedó un atractivo parque que rodea al monumento con sus correspondientes calles arenosas.

La primera bicicleta, de la que tengo recuerdos, era la clásica denominada como de paseo, de color azul con algo de blanco, marca Torrot o a saber. Por aquel entonces la única diversión que nos permitíamos mi hermano pequeño y yo, era la de dar vueltas sin parar al parque de la torre. Como los burros que rodean continuamente los molinos. Un agradable incentivo fueron las competiciones frente a otro par de hermanos, David y Raúl, alrededor de un circuito improvisado en el dichoso parque. Hasta tal punto llegaron las carreras, que incluimos una camiseta amarilla para distinguir al habitual ganador, David. Haciendo buenos los pronósticos de la mayoría de edad sobre los demás. Imagino que por aquel entonces, hartos de desgastar la arena del parque, mi hermano y yo desobedeceríamos las órdenes maternas de salir con las bicis del recinto para adentrarnos en las peligrosas calles de un pueblo de la sierra. Lo que descubrimos fue la libertad que proporciona poder recorrer diferentes lugares a una mayor velocidad. Como si hubiéramos cumplido los dieciocho y ya poseyéramos el codicioso carné rosa de la mayoría de edad.

Acercándome ya al inicio de la década de los 90 me agrada simplemente recordar un par de veranos que pasé en la localidad de Íscar (Valladolid), municipio del exciclista Juan Carlos Domínguez, más que nada porque fue allí donde me dejaron usar por primera vez una bici de carreras para unirme a la chiquillería del barrio para marchar de excursión a Puente Blanca o rodar por los caminos de alrededor. Un mero recuerdo infantil que retengo con cariño.


El 10 de junio de 1990 recibí, junto a mi hermano, un hermoso regalo al cumplir el segundo sacramento de la religión católica. El presente consistía en una curiosa bicicleta que parecía ser de carreras, pero con unas ruedas anchas y un manillar plano. Eran unas mountain bike que bien pronto se harían notar en la sociedad. Por aquel entonces sumaba 11 años y siendo algo paticorto, recuerdo que tanto mi hermano como yo, teníamos que subirnos sobre los bancos del parque para poder acceder sobre el sillín, ya que la lógica inclinación de la bici, para montarla adecuadamente se nos hacía bastante complicado. Vicio que mantengo a día de hoy, ya que me sale de manera natural auparme sobre cualquier elemento del que disponga para colocarme encima de la bici. Como una roca o tronco en cualquier sendero a la edad de las 36 primaveras recién cumplidas. Esta primera Btt era de una desconocida
marca procedente de Portugal, denominada como Esmaltina. Tiene dos platos, cinco piñones, desviador y cambio de la marca Shimano, modelo SIS. Roja y plateada la mía, amarilla y negra la de mi hermano. Tan pesada ella que la bauticé con el nombre de Ofelia, en honor al personaje femenino que aparece en Las aventuras de Mortadelo y Filemón, una de mis debilidades lectoras de adolescente. 

Las mountain bike fueron extendiéndose e imponiéndose como una saludable moda de acercarse al monte. Y el pinar de la Jarosa es lo que estaba más cerca. En estos inicios valía cualquier cosa, como el casco de la moto de mi abuelo que usaba mi hermano o arrancar las mangas a un chandal viejo para simular mi primer maillot. Poco a poco la chavalería se iba juntando y dábamos nuestras primeras vueltas al pinar de la Jarosa, como el clásico circuito de "la mini", saliendo desde el antiguo restaurante El cordobés hasta la trialera de la cola del embalse, o penando en la mítica cuesta de Pío. En la dehesa cercana de Los Poyales, me ideé un circuito donde acudía con bastante frecuencia, incluso con nieve, sumando la agradable experiencia de los continuos resbalones y de acabar enfangado hasta las cejas. En esta época el boom del mountain bike fue espectacular y bien pronto llegó a convertirse en un ambicioso producto deportivo con las inolvidables carreras de la copa del mundo, patrocinadas por Grundig y las pruebas realizadas en España bajo el paraguas de la tabacalera Coronas. En una prueba celebrada en San Lorenzo de El Escorial, donde mi hermana ejercía de voluntaria de la Cruz Roja, recogió del suelo unas gafas que olvidó un anónimo biker en el circuito. Desde entonces me acompañan como parte de mi equipación ciclista.

La bicicleta seguía asociada a esa relación de transporte y libertad para explorar poblaciones y terrenos colindantes, como Alpedrete o Los Molinos. En éste último, tuve un fuerte encontronazo con una escalera que rajó parte del cuadro de Ofelia. Esta pequeña desgracia se fue parcheando gracias a que mi padre soldaba la hendidura. Sin embargo la herida se reabría continuamente marcando un trágico destino final para mi primera Btt. De este modo me encontré durante un tiempo sin bicicleta y con el agravante de tener que compartir con mi hermano la suya. Por fortuna mi primo Sergio, también recibió el mismo regalo que nosotros en el añorado 1990. Y tras enterarse de mi perdida, no dudó en regalarme la suya al no darla ningún uso, ya que prefería patear una bola redonda como hobby principal. Solo fue cuestión de una breve espera para encontrar en el patio de la casa de mis padres mi agraciado regalo. Aún conservo esa imagen mental en el disco duro de mi memora. Las ruedas desinfladas y el polvo acumulado sobre el cuadro daban fe del poco caso que recibió esa bici. "No importa, debí susurrar a la rebautizada como Ofelia II, pronto cumplirás la función para la que fuiste creada". Así fue como obtuve mi segunda Btt, contento y feliz por volver a rodar libremente.

Restos de Ofelia III
Sin embargo la adolescencia es un período complicado donde poder contentarse con lo que se tiene. Las esmaltinas se fueron quedando anticuadas frente al resto, pesaban como demonios, la horquilla era terriblemente fina, de desarrollos andábamos escasos mientras que de los dos platos, el mayor era una autentica paellera. Como no me llegaba la pela y mis padres empleaban la lógica aplastante del "ya tienes una", mi egoísmo personal centraba su ira en "la mierda de bici que tengo". Mira por donde que por aquella época debió de salirme la vena ecológica, ya que me encontré una bicicleta roja en la basura. EN LA BASURA¡¡¡, pero que desalmado personaje abandona semejante tesoro. Que faltasen el manillar, las ruedas y otros elementos necesarios poco me importaron. Estaba el cuadro y el cambio trasero, suficiente para cargar con el hierro y llevarlo a casa pese al estupor materno. Así fue como me encabezoné en montar la bici con mis propias manos y en comprar poco a poco las piezas sueltas que faltaban. Primero me dediqué a lijar el cuadro para que después mi padre sacará a relucir su "arte" para pintarla de azul y morado. Después vinieron las compras en la tienda de un amiguete. Con el tiempo fui completando mi obra, ruedas, manillar, manetas, pedales.... hasta que finalmente Ofelia III vio la luz sobre el pinar de La Jarosa. Esto ya era otra cosa, siete piñones y TRES platos. Que descubrimiento el plato chico oigan, no había cuesta que se me resistiera. 

Ya con Ofelia III destaco dos anécdotas. La primera surgió durante el recreo del bachillerato, mientras conversaba con la pandilla de turno la notable cantidad de agua que había caído el día anterior. Un viejo amiguete, Albertito, se le ocurrió que debería molar rodar con las bicis por la Jarosa toda embarrada. Pocas palabras más debimos cruzar, pues terminamos por arrear hacia el monte para embadurnarnos de la felicidad que impregna el lodo. La segunda
La muesca
cita tiene que ver con un atropello, el único que he padecido y afortunadamente sin consecuencias. Fue dentro del casco urbano de Guadarrama y el único culpable fui yo, al querer atajar en dirección prohibida en una cerrada curva. Resultado. Un coche me arrolla mientras yo mismo me llamaba imbécil cuando el capo del vehículo me expulsaba hacia el asfalto. Por suerte, la bici asumió gran parte del impacto girando violentamente el manillar hasta crear una muesca sobre el cuadro a modo de perpetuo recuerdo. Salvo el susto y unas leves magalladuras, mi físico no corrió peligro, mayor preocupación tenía la pobre conductora que me preguntaba constantemente sobre mi estado y la necesidad de acudir al médico. Mientras que yo solo quería salir por patas al incumplir una simple señal de tráfico. Desde entonces nunca jamas he vuelto a circular sin respetar las normas de tráfico encima de la bici. Aunque con el coche ya me ha llegado alguna que otra multa.


A mediados de los 90, las salidas matutinas fueron sustituyéndose por la nocturnas, propias de la edad. El deporte va quedando en un segundo plano frente al fragor de la noche. Años en los que se acaba el bachillerato y el transito hacia la universidad hacen disminuir las salidas ciclistas hasta desparecer. El abandono es tal que para el 2004 recuerdo llegar a pesar 86
Ofelia IV
kilos frente a los 64 actuales. Ofelia III sufrió en silencio la dejadez. Para cuando me digno a quitar las telarañas, surgen los problemas, principalmente porque el desviador anda escacharrado. Conclusión, desmonto las ruedas y se las colocó a Ofelia II para al menos salir a a pasear. Para 2004/05, mi amigo Ina insistió bastante para que lo acompañará a montar en bici. En un principio mi negativa se basaba en mi penoso estado físico. Pero él insistió regalándome su antigua BH Top Line y animándome a acompañarlo. Aun recuerdo el primer día, y como me costo subir, (si es que la subí sin poner pie a tierra porque no lo recuerdo) la simple carreterilla que sube hasta los muros del embalse de La Jarosa. Poco a poco fui recuperando el gusanillo y las salidas fueron aumentando. De este modo volví a heredar otra bicicleta, que cara la mía, y que actualmente ocupa el cuarto lugar en la nomenclatura de Ofelias. Tanto vaivén le empezaba a dar a la bici que a mi hermano Edu se le despertó también la venilla biker de antaño, comprándose una bici y uniéndose a mis salidas, Valmayor, Cercedilla, San Rafael... Hubo una en concreto que todavía me la recuerda, al recorrer el cordal del GR 10 desde La Salamanca hasta Abantos en BICI. Para quien no conozca estos rincones citar simplemente que teníamos que subir los cerros a pata y tragar más que saliva para no matarnos en las bajadas. Con muchos tramos también a pata.



Recorriendo el GR10
El reenganche a la bici fue aumentando de tal modo que necesitaba recorrer y explorar nuevos caminos. Por fortuna Internet ya era una realidad para buscar nuevas rutas y parajes. Buceando por la red descubrí el portal del Foro MTB. Menudo descubrimiento, porque delante de una simple pantalla de ordenador, se agolpaban multitud de bikers que intercambiaban información, quedaban en grupos, solucionaban problemas, dudas... Al principió me limité a leer diferentes posts hasta que me animé a una quedada que hacia un grupo llamado Comando Sur, cobárdica de mi, en la Jarosa. Como sino hubiera tenido suficiente rodar por mi pinar, ahí estaba yo, preocupado por el nivel de la gente y si no sería una molestia. Poco después me fui fijando en un grupo recién creado denominado como Entreveredas, donde había un tipo que me sonaba bastante bajo el disfraz  del casco y las gafas. Un viejo zorro llamado Matés, quien respondía al nick forero de Garbu, estaba en ese grupo al que me adherí en algunas salidas. Empezando por una mítica y empapada ruta por Valsaín o pasando por el descubrimiento del famoso camino del Ingeniero, que rápidamente fue rebautizado como la Catedral de las Veredas. Como el nivel de las rutas eran cada vez más exigentes a la par de mis necesidades, me planteé adquirir una nueva bicicleta y jubilar a Ofelia IV.
Pinar de Valsaín

Una Lapierre Tecnic que no llegaba a los mil pavos fue mi capricho de 2008, y mi acompañante fiel desde entonces. Su estreno fue en una ruta circular que partía desde Collado Mediano hacia Cercedilla y la Barranca. Como disfruté del tacto de los frenos hidráulicos y de la suspensión delantera bajando por la Senda Ortíz primero y por las sendas Alakan después. El contraste fue tan grande que aun mantengo ese recuerdo intacto. Con Ofelia V continué un fantástico período biker donde deseaba la llegada de los fines de semana para salir con la bici mientras que entresemana pasaba gran tiempo en el foro, comentando la salida anterior, opinando sobre la siguiente, colgando fotos y participando activamente en el foro. Hubo muchas salidas y muchos buenos recuerdos a lo largo de la sierra de Guadarrama, principalmente con el grupo Entreveredas pero sin cerrarme a otro grupos. Incluso hubo salidas más lejanas como a Medina del Campo o Sotosalbos. En ésta última volví a cargarme el cuadro de la bicicleta en un vertiginoso descenso, menos mal que estaba en garantía y la única pega fue usar la bici de mi hermano durante unas semanas. Esperemos que no haya una tercera ocasión que demuestre mi poco cuidado o mi torpeza al mando. 

Cercedilla, Jarosa, la Pedriza, Hoya de San Blas, Valsaín, Patones.... muchos lugares y otras tantas salidas individuales completaron ese período mágico donde solo me pongo el lunar de no haber acudido a la prueba de los 10000 del Soplao en Cantabria. Me lo planteé en más de una ocasión pero nunca con la convicción suficiente para llevarlo a cabo. 


Embalse Valmayor y cuestón de hormigón
Con Ina




Primera ruta con Ofelia V. Cercedilla

Cascada del Purgatorio

La Pedriza 

Marcha de Colmenar del Arroyo

Sacando a mi tocayo de las zarzas - Senda Mordor

Senda Mordor - Cañón Aulencia

La Barranca. Josean, un servidor y Viti

Valle La Paramera, Sotosalbos (Ávila)

Valsaín

Valsaín

Zetas de la Hoya de San Blas

Coronando Cueva Valiente

Penando por Patones

Otro que se abandona
Duatlón de Alpedrete

Baile en el embalse del Pontón Alto

Y por supuesto, La Jarosa

Poco a poco las salidas fueron menguando, el grupo Entreveredas se disolvió, el Foro MTB es un simple recuerdo en la sección de favoritos de mi navegador, me independicé junto a mi pareja.... El resto está ya muy cerca del presente, donde Ofelia V acumula polvo en un trastero, cumpliendo con el extraño ciclo de dejadez que parece repetirse en mi vida.

O mejor aun, a la espera de sumar nuevos capítulos. Y años.

Ofelia V reposa junto al arroyo Mayor. San Rafael (Segovia)



26 de mayo de 2015

La taberna

Acercarse a un clásico de la literatura suele ser una apuesta segura, más aun si la novela fue un éxito en su tiempo y además estuvo acompañada del necesario escándalo que aupase el nombre de Émile Zola en todos los mentideros. El libro de esta entrada contiene el sugerente título de La taberna, siendo este milenario espacio social, una especie de eje por donde discurren los obreros de una ciudad llamada París. Antes que nada, mencionar un breve apunte para situarnos en la época donde se desarrolla la historia. Porque esta obra forma parte de una especie de volumen denominado como Los Rougon Macquart, cuyo propósito era aglutinar los vaivenes políticos y sociales de esta nación a través de una serie de novelas. Por un lado hay que destacar un rasgo importante, la independencia de las obras unas de otras. Cada novela representa una historia ajena del resto, por lo que pueden leerse por separado, sin necesidad de enlazar historias o seguir una continuidad cronológica. La única salvedad son las extensiones de algunos personajes secundarios, quienes llegan a protagonizar otra novela diferente. Como Ettienne, el hijo de Lantier y Gervaise de La taberna, quien pasará a protagonizar otro importante título de la serie, Germinal.

En esta obra, el protagonismo recae en una mujer, Gervaise. Una joven madre de dos niños que sufre el abandono de su pareja, en cuanto escasea el dinero, en una barriada de París. Sin recursos y en soledad, emprende un meritorio ascenso a partir del concienzudo trabajo por sobrevivir. En su camino hacia el sustento, entabla matrimonio con otro notable trabajador, el cinquero Coupeau. Juntos protagonizaran en la primera parte de la novela, una especie de ascensión social sostenida a partir del trabajo y el buen hacer. En teoría, la segunda parte de la novela se corresponde con la ley de la gravedad, todo lo que sube tiende después a bajar. De modo, que este sería un fácil resumen sobre la estructura de la novela. 

Por un lado hay que destacar este armazón, donde la gracia consiste en intuir como la ascensión hacia la cima contiene una serie de trabas que en lugar de enriquecer a nuestros personajes, o hacerles más fuertes frente a las adversidades, son el semillero hacia su destrucción. El mundo obrero cobra especial importancia en esta obra, no solo en los primerizos esfuerzos de sus protagonistas, sino también como una detallada descripción de la época. Cobra especial importancia los trabajadores masculinos y sus deseos de empinar el codo en las múltiples tabernas que asedian las calles. El termino borracho se multiplica a lo largo de las páginas, dando cabida a innumerables juergas gracias a la fermentación de los líquidos. El matrimonio Coupeau sortea con creces las primeras tentaciones hasta que el demonio del traspié hace acto de presencia en forma de accidente. A pesar de las desavenencias del destino, con la caída de Coupeau, nuestra heroína da nuevas muestras de superación y de ambición, al cuidar al mismo tiempo de su marido y de convertirse en empresaria. Cuando Gervaise logra establecerse como dueña de una lavandería. Premio al éxito del esfuerzo y del trabajo que lleva al punto culminante de la protagonista en una gloriosa y extensiva comilona a modo de triunfo social y moral. 

La calle entera estaba ebria; el olor a festín que salía de casa de los Coupeau bastaba para que la gente fuera haciendo eses por la calle. Hay que decir que para entonces los de dentro estaban completamente borrachos,...

Pero los ligeros avisos que iban sucediéndose previamente llegan para imponerse lentamente, en una nueva especie de lección moralizante, donde se penaliza la haraganería, la dejadez y la ligereza de abandonarse a la bebida. La correspondiente caída sobrevuela a una misma velocidad que cuando se ascendía, solo que en este caso los protagonistas tampoco son capaces de advertir las señales positivas que aparecen como simples avisos de corregir el rumbo. La suerte parece estar echada de antemano sin que los protagonistas logren apartarse de la vorágine endeudora que les hunde cada vez más en el pozo.

Y como viera a uno que venía hacia ella lentamente bajo los árboles, se le acercó y le dijo una vez más:
- Oiga señor...
El hombre se paro. No parecía haber comprendido. Alargo la mano y murmuró en voz baja:
- Una limosna, por favor...

En otro sentido más literario, se recomienda dejarse atrapar por la edificante prosa de Zola y en las profundidades de un rico conjunto de personajes. Algunos entrañables, dicharacheros otros y los siempre necesarios despreciables. Incluso la propia Gervaise barrunta la cobardía de su marido frente al matrimonio Lorilleux, (la hermana y cuñados del cinquero), el mismo día de su boda como el primer poso de los baches que va tener que sortear. En el lado positivo sobresale el ímpetu de esta mujer por cumplir sus sueños, incluidos los humildes caprichos de poder pagarse una cómoda o un reloj. Una simple muestra de la moralidad instructiva de Zola, al atribuir recompensas individuales ganadas por el sudor del currante, frente a los ataques que sufrió en su tiempo por describir con tanta coherencia el libertinaje de las masas obreras. 

La taberna
Ed. Cátedra - 2003
Emile Zola

!Tra la la, tra la la,
tra la la, tra la la!
                                        
El tío Bru

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Historia natural y social de una familia bajo el segundo imperio.

  • El vientre de París (1873)
  • La conquista de Plassans (1874)
  • El pecado del Abate Mouret (1875)
  • Su excelencia Eugène Rougon (1876)
  • La taberna (1876)
  • Una página de amor (1879)
  • Miseria humana (1882)
  • El paraíso de las damas (1883)
  • La alegría de vivir (1884)
  • Germinal (1885)
  • La obra (1886)
  • La tierra (1887)
  • El sueño (1888)
  • El dinero (1891)
  • El desastre (1892)
  • El doctor Pascal (1893)


14 de mayo de 2015

Star Wars. La amenaza fantasma

A finales de este 2015, se retoma la saga de ciencia ficción más lucrativa del mundo. La guerra de las galaxias vuelve a la pantalla grande por Navidad, como el mejor regalo para quienes nos sentimos fascinados en este universo de fantasía, ciencia ficción y batallas interestelares. Con una nueva trilogía, la compañía Disney espera empezar a sacar tajada del fuerte desembolso que realizó en su día para hacerse con los derechos de la saga creada por George Lucas. Y como todavía queda tiempo para acudir, cual alocado fan a las salas, me he propuesto revisitar las anteriores películas para ir abriendo boca sobre el culebrón galáctico que inició su andadura en el lejano 1977. Nada mejor que empezar por el principio, o por el medio según se mire.
Grandes palabras - LucasFilms Ltd
En una galaxia, muy, muy lejana... una poderosa Federación de Comercio está llevando a cabo un intenso bloqueo sobre un pequeño planeta llamado Naboo. Este extraño movimiento ha creado un conflicto que la máxima figura de la República se ha visto obligada a intervenir, enviando a dos caballeros Jedi para abrir negociaciones y buscar una solución. Sin embargo, la maniobra de los dirigentes de la Federación encierran otros oscuros intereses que se desarrollarán a lo largo del filme. 

George Lucas retoma la saga, que inició en 1977, veintidós años después para retroceder en el tiempo y encarar el inicio de la saga bajo este decepcionante Episodio I. La amenaza fantasma. Demasiadas eran las expectativas creadas sobre la trilogía anterior y que a pesar de las muchas mejoras visuales, el resultado puede considerarse un autentico fracaso, exceptuando el económico, que eso ya es otro cantar. Por un lado destacan los efectos visuales gracias a las notables mejoras que han ido aportando el avance de la informática en estos años. Sin embargo, en cine, o la parte que podemos considerar como la artística, se pone de manifiesto las telarañas que arrastra el hacedor, George Lucas. El gran gerifalte no se colocaba en el atril para dirigir la orquesta desde La guerra de las galaxias, donde tras sufrir una fuerte presión durante todo el proceso del filme, decidió alejarse por iniciativa propia de esta labor tan ingrata a su parecer. Hasta esta nueva ocasión.

Qué bueno que viniste¡ - LucasFilms Ltd
Tan ensimismado se encuentra este hombre con su criatura, que queda retratado en muchas de las facetas que debía controlar. Empezando por la escritura de un flojo guion que firma en solitario. Continua por la labor de dirección, donde algunas secuencias están tan mal ejecutadas que la posterior revisión en el montaje final ni siquiera logra salvar. Si un servidor se deja arrastrar por la nostalgia de las películas precedentes y me dejo torear por la irrupción de las mágicas letras iniciales, entonces y solo entonces pudiera aventurarme a decir en público y en voz alta que es una cinta entretenida.

Por buscar un valor seguro, se agradece, enormemente, la presencia de Liam Neeson a la cabeza del reparto como el maestro Jedi, Qui Gon Jin. Si buscan como un solo actor es capaz de sostener un filme, aquí tienen parte de un ejemplo. El actor norirlandés consigue dotar de veracidad a su personaje, incluso en los tramos más flojos del filme donde parece pedir a gritos un poco de ayuda a sus compañeros. Ewan Mc Gregor interpreta al joven Obi Wan Kenobi desde una larga y apartada segunda línea, mientras que Natalie Portman se muestra simplemente correcta como la joven reina Amidala.
No mires atrás - LucasFilms Ltd

El niño prodigio, que encarna la importante figura de Anakin Skywalker, se nos presenta como un habilidoso metetentodo, capaz de arreglar cualquier cacharro, pero incapaz de mantener la boca cerrada para tratarse de un esclavo. Aprovechando esta índole de clases, a Lucas se le ocurre homenajear la famosa carrera de cuadrigas de Ben-Hur a través de un peligroso espectáculo con veloces vehículos denominados como vainas. Un pequeño ejercicio de voluntad nos permite dar credibilidad a como un niño de 12 años es el orgullo de la raza humana en este tipo de carreras. A la espectacularidad de las imágenes, público y derivados, se le une un voluminoso peso en contra al querer complicar en exceso los baches que debe superar el joven Anakin, que si se cala, que si falla el motor, que si ahora me desbarajustan un aparato, que si etc, etc. 

Peor noticia es la perdida mística del significado de la fuerza. Increíblemente a Lucas se le ocurre que tiene que explicar de donde proviene y que diablos es el origen de esa religión que a nadie antes nos había molestado conocer su procedencia. Como soy muy torpe en ciencias, me pierdo en la supuesta definición de unos bichos microscópicos que se encuentran en no se qué células con simbiosis del entorno que nos rodea. El colmo se avecina cuando se nos explica la procedencia paterna del supuesto elegido para establecer el equilibrio a la fuerza. Tan vergonzoso que la madre reconoce no saber explicarlo con claridad. O la resaca fue monumental o una paloma blanca ha vuelto a hacer de las suyas. 
Carrera de vainas - LucasFilms Ltd
Por otro lado toca buscar algún dato mayormente positivo. La película gana cuando deriva hacia la trama sobre la invasión de Naboo y hacia el desarrollo del simple entramado político para derrocar al canciller de la República Galáctica. Escenas donde se aprecia que los vericuetos de la lejana galaxia, andan también subordinados bajo el peso de la democracia y del papeleo. El giro violento de la reina Amidala, para enfrentarse a la Federación de Comercio, desencadena la necesaria batalla final. En un movimiento tan brusco que la estructura del tramo final se me antoja demasiado parecido al de El retorno del Jedi. Una batalla terrestre, las naves espaciales alrededor de una enorme nave satélite y el consabido duelo de espadas láser. Lamentablemente vuelve a mostrarse que Lucas anda fuera de forma. Nada que objetar sobre el enfrentamiento de los nativos Gungan frente a los droides, tan simple como dejar a los técnicos de los efectos visuales que hagan su trabajo. Sin embargo llega la colección de Ups!!! del joven Skywalker. Tan seguidos y tan increíblemente acompañados de la suerte, que logra pilotar un caza, atravesar defensas y hacer estallar una enorme nave como por casualidad, Ups!!! La función visual se salva algo con el coreografiado duelo entre, la pareja de jedis y el desaprovechado Darth Maul, el aprendiz del Lord Sith quien aparece solo en escena para dar bonitas piruetas a manos del especialista Ray Park, sin mayor implicación ni participación del alumno del malo de la función.
Victoria¡¡¡ - LucasFilms Ltd
Esta es la presentación del Episodio I, y el origen del famoso patriarca de los Skywalker para dar vida a uno de los malvados más fascinantes del cine. Se esperaba y deseaba un mayor empaque en este filme que se encargaba de inaugurar el reinicio de la mítica saga.

Pd. Para no decir tacos he obviado citar a Jar Jar Binks.

La amenaza fantasma 1999
George Lucas