29 de abril de 2022

El colapso

Esta es una serie bendecida por unas circunstancias que han ganado peso con el devenir fatalista del ser humano; una producción tan pegada a la realidad que vivimos hoy día, que contiene síntomas claros de querer superarse de manera continua. Al fin y al cabo forma parte del mismo circo televisivo que parece querer retar a la ficción con la concatenación de desastres que el ser humano viene padeciendo desde el cambio de milenio. A ojo, porque seguro que había otras movidas previas. Sin embargo, mi memoria sitúa la paranoia del efecto dos mil como un punto de partida interesante. El primer fake news del que tengo recuerdo junto al contrastado y real mal de las vacas locas. Cosas de la edad.

El futuro será como Mad Max - fuente Imdb

El colapso se estrenó en 2019, pero antes, un trío de gabachos (Bastien Ughetto, Guillaume Desjardin y Jérémy Bernard) se presentaron ante Canal + Francia con un ambicioso proyecto y a la postre vencedor, gracias a la continua desazón que engloba una serie que conecta rápidamente con una pandemia, guerras y la más interesante: una crisis mundial que golpea económicamente a tantos sectores, que hacen visible la audacia de los autores de la serie. Ni Nostradamus acertó con tanta inmediatez. A España llegó gracias al habitual buen gusto de la plataforma Filmin, aunque en estas fechas pueda verse de manera gratuita en Rtve Play hasta 2024.

La serie aúna numerosas virtudes, a destacar la corta numeración de 8 capítulos reducidos alrededor de los 20 minutos. Ideal para los perezosos de estar apegados a series con inabarcables temporadas. Y para quien todavía desconozca de qué va la vaina, El colapso propone un particular punto de vista a la caída del sistema capitalista occidental. Una especie de adelanto al gran apagón energético anunciado por algunos países del este de Europa, pero algo más a lo bestia. Sin explicar mayor motivo o suceso del origen del colapso, cada episodio expuesto avanza cronológicamente en la descomposición de nuestra sociedad desde diferentes situaciones y puntos de vista. Desde los primeros días donde se barrunta la movida hasta su imparable avance y consecuencias. Tal tragedia trastoca muchos elementos que de buenas a primeras podemos ignorar, como por ejemplo quién se encarga del mantenimiento de una central nuclear, o algo más cercano y visto en medio de la pandemia del covid, como se organiza una residencia de ancianos.

Los creadores de la serie van de vacilones, al tener el arrojo de rodar todo el capítulo en un único plano secuencia que lleva al espectador a una experiencia de inmersión y perseguir al personaje principal del episodio en su particular aventura. Porque ahí se expone el clásico, sálvese quien pueda, mientras van pasando los días y los bienes de primera necesidad van adquiriendo una importancia vital que lleva al ser humano al principio más básico de supervivencia. Otro acierto es exponer lugares tan necesarios como un supermercado o una gasolinera, allí donde la parte civilizadora cae por un mero instinto animal al constatar el desastre que se avecina por quienes abandonan los principios de convivencia. La serie también tiene su corte clasista, especulador y futurista sobre los poderosos. Aquellos que habían previsto una salida a tal circunstancia para salvar su propio culo sin ningún pudor de mirar quién se queda por detrás.

El capítulo de La isla es impecable técnicamente

Sin duda, El colapso merece un reconocimiento mayor por ser un exponente claro de las mil formas que el ser humano tiende a querer extinguirse. Una obra mayúscula que lamentablemente parece mostrar una realidad bastante acertada y que logra que el espectador llegue a pensar qué haría si se viera en una tesitura semejante. Hay momentos que acojonan por el vivo retrato que estos tres autores han logrado realizar. 

El colapso
Les parasites, Canal + Francia
2019


7 de abril de 2022

La ciudad vagabunda

La actualidad a principios del 2022 destaca por una guerra en Europa que ha provocado el masivo éxodo de los habitantes del país invadido. Una situación repetida en múltiples ocasiones a lo largo de la historia, como la recogida en este libro del escritor húngaro Lajos Zilahy. Tras finalizar la primera gran guerra del siglo XX, el histórico Imperio austrohúngaro se fue disolviendo en diferentes estados que modificaron notablemente las fronteras en el centro de Europa. Esta desintegración provocó un amplio número de desterrados; expulsados de la tierra de sus antepasados y un capítulo concreto está narrado en esta novela: La ciudad vagabunda. Obra cuyo contenido recoge el peregrinaje de un amplio número de personas que tuvieron que abandonar sus hogares, situados en la conocida región de Transilvania, que pasó a formar parte de Rumanía en detrimento de Hungría. Esta población, prácticamente familias al completo, embarcaron en multitud de vagones de mercancías con sus enseres destino a Budapest, iniciando así una travesía por los territorios que su país había perdido y con un horizonte complicado, al tener que reanudar sus propios proyectos de vida desde cero.

El protagonismo de la novela recae en Erzebeth, una mujer viuda con tres hijos obligados a recoger los bártulos y reconstruir un nuevo camino con la incertidumbre de un destino impreciso. El mismo objetivo que comparte con miles de refugiados que acuden a la capital húngara en búsqueda de soluciones. En ese periplo golpeado por el frío invernal, surge la vida, gracias a los lazos entre personas y la creación de una comunidad errante acoplada a un vagón de mercancías. El medio de transporte que les lleva hasta Budapest como una pequeña caravana humana de miedos y esperanzas. La ciudad vagabunda titula a esa pequeña población de refugiados que terminan por ubicar sus precarias “casas” en la propia estación ferroviaria ante la falta de viviendas para poder acogerles. Y a partir de ahí dar rienda suelta a las vivencias de los protagonistas en la sociedad capitalina húngara de la época. En especial con la figura de Erzebeth, la madre que capitaliza el protagonismo a lo largo del relato y solamente concede algunas aventuras a sus hijos en unos capítulos específicos. Éstos son una muestra de un punto determinado que influye de manera individual en la vida de sus hijos, como si fuera un pequeño paso hacia la madurez, la misma que acude con mayor prontitud al verse rodeados por unos cambios tan bruscos en sus cortas vidas.

Pero la novela concede mayor presencia a la madre, en una destacable apuesta femenina por mostrar las experiencias de una mujer que mantiene ciertas expectativas sobre su propia vida; obviamente destaca la lógica preocupación de mantener a sus hijos pero con el agradable obstáculo que a veces propone el simple discurrir de los acontecimientos. Como otorgarse una segunda oportunidad en el amor. Un hecho tan natural como sentirse querida, deseada y amada por una pareja que la acompañe en tan duro viaje. Porque el discurrir de las calamidades se sobrelleva mejor si hay cerca alguien dispuesto a ayudar, a empujar en una dirección donde prima la incertidumbre del paso de los días sin que los refugiados puedan optar abandonar unos vagones que terminan por ser los hogares de las múltiples familias allí aparcadas. Es un símil facilón, andar estancados en una vía cerrada, sin opción de abandonar un carril sin que haya alguna locomotora que empuje en alguna u otra dirección. Solamente el mero hábito de una lectura amena que discurre sin mayores aspavientos que las vivencias de sus protagonistas. 

Lajos Zilahy fue un autor de éxito en los primeros compases del siglo XX, un período complicado por los vaivenes políticos y económicos, del cual se hizo eco en buena parte de sus obras, adaptando una realidad conocida para dar pie a historias cercanas y conocidas por este autor: Primavera mortalLos dos prisionerosEl desertor o esta misma novela, La ciudad vagabunda, al trasladar un problema concreto a la periferia de Budapest y que conoció de primera mano. A pesar de tratar un tema complicado, sobresale la postura de un autor alejado de la moralidad o de la denuncia constante para describir la terrible situación por la que atraviesan todas esas familias. Zilahy opta por narrar simplemente la cotidianidad, el simple discurrir diario de los protagonistas y los problemas que van surgiendo de manera natural. Por supuesto destaca el punto de vista de la protagonista, con un toque intimo, mental y personal sobre los acontecimientos que remueve su existencia y sus sueños. 

 Apretujados allí, con los gruesos abrigos de invierno, sentados y de pie, en medio del montón de leña, la jaula de las gallinas, un aparador de cocina, entre camas y mesas salvadas de las garras de un destino adverso, representaban elocuentemente la histórica clase media magyar, aniquilada y convertida en cenizas allí, en aquel pobre vagón de bestias.

La ciudad vagabunda
Lajos Zilahy
Ed GP, 1965 ColecciónReno 160

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 Enlace a una adaptación en viñetas de la novela 

11 de marzo de 2022

La novia de Lammermoor

Para un lector del siglo XXI, el contenido de La novia de Lammermoor podría llevarle al error de rememorar la enésima revisión del cuento de Romeo y Julieta. A pesar de la coincidencia genérica, esta novela fue publicada en 1819, adelantándose a muchísimas versiones posteriores sin mayor necesidad de volver a citar la obra de Shakespeare para hallar comparaciones, similitudes u otras cuestiones. Además, este libro cuenta con la aureola de que su autor, Walter Scott, se inspiró en un incidente real para construir una novela sobre un momento concreto de la historia de su barrio. Una historia que narra los amores imposibles de dos jóvenes que, casualidades de la vida, pertenecen a familias enfrentadas. Hasta ahí la apariencia conocida para dar paso al relato propio, al verdadero interés que despierta cualquier obra de Walter Scott, autor reconocido a lo ancho del mundo: Puntal del romanticismo literario y precursor de la llamada novela histórica.

En este caso nos hace llegar una historia concreta con base real, alterando nombres y lugares para disfrazar unos hechos que da por válido en la Escocia de su tiempo. El contexto histórico de la novela expone un importante cambio político tras la derrota del bando de los Estuardo y la subida al poder del partido liberal Whig. Y como suele suceder en los cambios de poder, los vencedores se toman la libertad de tomar represalias contra sus enemigos. Como la perdida del título nobiliario de una familia en declive, cuyo apellido responde a una antigua estirpe: Ravenswood. Aparte de la derrota militar, Allan Ravenswood culmina la ruina familiar por una serie de decisiones desacertadas que le obliga a vender sus propiedades para saldar deudas. El comprador, William Ashton, es un hábil abogado que exprimirá sus conocimientos legales para sacar mayor tajada del negocio. Ashton representa al típico burgués aupado por su propia ambición y por saber estar del lado ganador. La caída en desgracia de Ravenswood le lleva hasta la muerte, mientras su hijo, el último miembro de la saga familiar, jura vengarse del hombre que indirectamente causó los pesares y la ruina a su familia.

Tales preparativos chocan con los avatares del destino, pues el joven Ravenswood y la hija de su enemigo, Lucy Ashton, se encontrarán de manera fortuita y, poco a poco, la llama del amor prenderá entre ellos. Ya tenemos el lío, pues ambos jóvenes pertenecen a familias cuyo enfrentamiento ha ido escalando con el paso del tiempo, dando pie a las causas que debe describir el bueno de Scott para entretenernos con su historia. Aparte de la paternidad del género de novela histórica, a Scott se le barrunta una línea romántica a la hora de narrar sus historias. En La novia de Lammermoor existe cierto contraste interesante. Por un lado recoge elementos clásicos como la venganza, conflictos familiares y referencias míticas, como la figura de una adivina ciega, o el singular trío de ancianas que representan una versión actualizada de las parcas griegas, amortajando cadáveres y destripando el destino de los protagonistas a los lectores. 

Por otro lado está la representación de los personajes principales y como Scott triunfa al dotarles de simples debilidades humanas. Una característica singular que deja atrás la idealización de los protagonistas clásicos como héroes intachables. Ravenswood destaca por su carácter áspero y duro, aunque mantiene la corrección que corresponde a su condición de noble, unas formas ligadas a las reglas honorables que acarrea su apellido. Su austeridad rocosa, conecta con su arruinada fortaleza, enclavada en un acantilado ruinoso pero que se alza orgulloso ante el oleaje del mar del Norte. La versión femenina viene dada por la dulce Lucy Ashton, que acumula las facetas de una mujer de su tiempo, subyugada a obedecer los deseos de su familia. Su posición termina siendo la más complicada de afrontar. Al igual que su amado, se encuentra en una situación incomoda, pero ella se encuentra sola frente a todos. Es cierto que la postura de Ravenswood pueda parecer más interesante al afrontar su lucha por evitar que la tierra engulla su honorable apellido. Pero en su trayecto asoma cierta protección de un lejano pariente poderoso. Lucy sin embargo está sola, a pesar vivir rodeada de mayordomos y familiares, ella carece de la figura del leal confidente que la ayude a mantener su mente despejada ante la constantes trabas que se interponen entre los amantes. La lucha que afronta por mantenerse fiel a la palabra dada, termina por ser un punto importante de la novela y un apartado a reivindicar por esta figura femenina condenada hacia la locura de una decisiones inquebrantables.

Aparador inglés con imágenes incrustadas de las novelas de Walter Scott
Mesón La Cueva - San Lorenzo de El Escorial
Para contener cierto tono melancólico y un punto de vista trágico, sale al rescate el necesario toque del humor, representado en un magnífico secundario que logra sosegar la negatividad general de la novela. El mayordomo de Ravenswood, Caleb Balderstone, es un viejo entrañable con la única misión de mantener el buen nombre de la familia. El anciano tiene su particular batalla con las apariencias, que le llevan a mentir e inventar constantes fábulas que distraen al lector en las particulares aventuras donde se enreda el bueno de Caleb. Señalado el punto cómico, en el resto de la novela se barrunta el drama a lo largo de las páginas, acompañado de un toque sombrío que podría haber dado mayor juego cuando los rivales se encuentran juntos por necesidad, y la tensión resalta el ambiente violento de las emociones contenidas. Las conspiraciones políticas merodean por el horizonte, como un nubarrón del que más vale buscar protección o saber esquivar la tempestad que pueda amenazar a los protagonistas. Todos moverán ficha, en un entramado que alcanza algunas predicciones interesantes y poder observar el cálculo individual que realiza cada personaje. 

Walter Scott fue uno de los pocos autores que tuvo éxito en vida. Su autoría y buena escritura, logran que esta novela tenga cierto interés pese tener una trama demasiado conocida, incluidos los movimientos que expone. Hay muchos tramos que apenas dejan sitio para la sorpresa, pese a los intentos de su autor, cualquier lector avezado augura el resultado de los entuertos que hacen avanzar la obra hacia un desenlace previsto en el imaginario de cada uno. Por ello, cabría destacar la apuesta por humanizar a sus personajes y las acciones interesadas de cada uno de ellos para intentar obtener sus propios deseos.

y creedme, esa moneda de oro es un símbolo de lo que amáis: es preciosa, pero os veis obligado a inclinaros hasta la humillación antes de poder lograrla. Alice

La novia de Lammermoor

Walter Scott
1971, Salvat Editores - Alianza Editorial

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Ivanhoe

4 de marzo de 2022

Arroyo y ladera del Infierno

A finales de febrero del 22, surgió la posibilidad de retomar las escapadas al monte con amplitud de horario. Y crear una sensación similar a la de un desvergonzado adolescente sin ningún tipo de responsabilidad, tal vez demasiada, ante la abstinencia acumulada de perderme por el monte. Tanta, que gumias de mí, me acerqué a Cercedilla con la firme intención de acaparar un paseo que aglutinase diversos puntos de interés. 

La elección de Cercedilla proporciona una doble coincidencia diablesca, al regar uno de sus arroyos el valle de la Fuenfría y a una de sus múltiples laderas, hasta llegar a compartir nombre: arroyo y ladera del Infierno. Tan atractivo lugar nace de las cercanas entrañas de un pico llamado peña El Águila, cuya cima supera por poco los dos mil metros de altura. Vistas las rebajas de la oferta, en plan 2x1, me traslado hasta el coqueto parking de Majavilán y empezar el paseo por la senda de Marichiva; la simpática senda que conecta con el collado del mismo nombre a través de una entretenida ascensión, señalada por numerosos puntos rojos sobre la corteza de unos árboles cuyas raíces emergen del suelo para unirse a una multitud de pedruscos que remarcan la entrada en calor del excursionista. El collado de Marichiva dirime el paso entre la Garganta de El Espinar y el valle de la Fuenfría. Momento adecuado para tomar fuerzas a través de un primer almuerzo extrañar la compañía de Bosco ante la parada y su atenta mirada para pillar alguna golosina.

Al Maligno le molestaba el árbol - Pradera Ladera del Infierno
El paseo continua por una pista, llamada Calle Alta, cuya amplia anchura permite disfrutar de las vistas que ofrecen las alturas, a la vez que oír el estruendo que provoca el gentío del parque de aventuras cercano a las piscinas de las Berceas. Al menos queda el consuelo de la mirada y de vislumbrar algunos buenos ejemplares de pinos albares que embellecen el camino. La idea es hollar la ladera del Infierno por arriba, a escondidas del malévolo ser que acapara diversos rincones de la toponimia del Guadarrama con oscuras intenciones. En un pequeño recodo, el arroyo del Infierno anda canalizado por debajo de la pista, con escaso caudal dada la sequía imperante, pero con la constante firmeza del tiempo para trazar su propio cauce sobre la tierra. Un poco más adelante surge una estrecha vereda que desciende por la ladera, con una interesante inclinación donde rebuscar algún punto de interés sobre la citada ladera del Infierno. Al Maligno, como siempre, le gusta destacar por algún motivo, y en este espacio se abre una apacible pradera, adornada con diversos roquedos que más bien parece un excelente balcón con vistas; una exclusividad dada en este lado de la montaña y que se abre paso sobre el intenso pinar que domina por todas partes. Menos en este coqueto lugar, cuyas vanidosas vistas observa con holgura las crestas de Siete Picos y orienta su mirada sobre quién osa retratarse en la Ventana del Diablo, sita en uno de sus picos.

Arroyo del Infierno
Tras regocijarme con esta parte de la Ladera, perfecta para una jira campestre, me deslizo a cotillear por el arroyo, a ver qué diantres hacen digno al riachuelo de tal nombre. Sin duda, debí de buscar antes su nacimiento, siempre interesante pese al tonto esfuerzo de escalar a lo loco sobre la peña El Águila. Pero ya ando encaminado hacia el arroyuelo, domesticado en buena medida por la cercanía del hombre, como la colocación de un puente de madera que permite cruzarlo sin esfuerzo. El arroyo sigue su curso al lado de una senda paralela que permite una caminata sosegada con el rumor del agua a su vera. La senda desciende junto al arroyo, hasta que se cruza con un desvío que me invita a participar en la segunda excusa del día. Rebuscar la senda de los Chiniques.

Hace tiempo observé en un mapa antiguo una senda que subía de Cercedilla hasta la Garganta de El Espinar por Cerromalejo, se internaba por el inmenso pinar segoviano y volvía por Marichiva. En algún momento dado, la idea de rebuscar tal camino sobrepasó cualquier tipo de necesidad, pues la senda debía haber desaparecido bastante tiempo atrás; sin embargo, algunos cabezotas no necesitamos mayor anzuelo. Detrás del hospital de la Fuenfría, hay un pequeña vereda que conecta diversos puntos de captación de aguas bajo las sombras de los pinos, dentro todavía de la Ladera del Infierno. Es un sendero chulo, ideal para recorrer con comodidad hasta que lleguen las hostilidades de la próxima subida. Una vez alcanzada la captación de cerro Gil, en la parte superior del cerrillo, comienza la búsqueda de la senda perdida, donde conviene avivar el paso a través del monte. A ojo, hay un camino, una especie de estrecha vereda que se abre paso ante la numerosa vegetación que aborda el supuesto camino de los Chiniques. La senda se abre paso entre matorrales, jaras, zarzas y demás mierdas, aunque queda claro que por ahí había camino hasta alcanzar una nueva captación, la del arroyo del Butrón. La segura causa por la que todavía pervive algo este sendero.

A partir de ahí la senda desaparece y solamente queda fiarse de la insistencia de algún loco que debió poner algunos hitos en el banal intento de orientarse en medio del pinar. La distancia es escasa pero hay que superar más de doscientos metros de desnivel para alcanzar la salida de la trampa en la que uno mismo se ha metido. Momento adecuado para acordarse de todos los Chiniques del mundo mientras resoplo y redoblo esfuerzos por alcanzar la pista superior. Sus muertos la tontería, del esfuerzo, el corazón anda desbocado, obligándome a detener el paso para evitar que éste órgano atraviese mi pecho mientras las aceleradas pulsaciones martillean mi cabeza. Pocas veces la pista forestal de la calle Alta ha estado tan lejos, ni tan necesitado de refrescarse el gaznate en la fuente del Astillero. Un segundo por favor, que todavía quedan ganas de subir hasta el collado de Cerromalejo. Al menos, éste es un paso conocido, pese afrontar una nueva pendiente hasta alcanzar el paso y dar buena cuenta del muro que separa comunidades. Llega la hora del yantar, tomarse un merecido descanso con la espalda pegada al muro, volver a extrañar la presencia del perruco y disfrutar del leve sol del día en la cara.

La senda de los Chiniques superaba este collado para internarse en la Garganta, una majestuosa oquedad pinariega que alberga diversos tesoros naturales a descubrir. Tras saludar a un viejo pino albar que parece vigilar el cordal montañoso, me dejo caer por una vereda cercana al arroyo Gargantilla, hasta que vislumbro un amplio camino que coincide con el antiguo trazado de los Chiniques. El camino debió ser ampliado por maquinaría tiempo atrás, pues la anchura así confirma la manipulación del hombre, así como los restos desplazados en los laterales, donde crecen nuevos pimpollos en formación cuasi militar. A pesar del trajín que merodea el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, algunos caminos caen en el olvido del tránsito. Como la senda de los Chiniques, devorada casi por completo por la naturaleza tras alcanzar un arroyuelo sin nombre.

La mejor parte de la senda de los Chiniques

A partir de ahí viene la aventura de internarse por la ladera de una montaña, en un estéril intento de encontrar algún tramo de la senda perdida. Pero no hubo suerte, ni manera de encontrar algún rescoldo de hallar algo similar a una vía transitada. Lo lógico en estos casos es buscar la salida fácil, como dejarse caer hasta la pista forestal de la Garganta o como mucho, ascender hasta el cordal montañoso, pero no, lo divertido y mi propia cabezonería es meterse por el pinar sin mayor complejo que el de tira p´alante, que a algún sitio llegaremos. Esta tonta huida tenía como finalidad llegar hasta Marichiva, aunque antes había que aprovechar la soledad que abarca un pinar inmenso, roto en ocasiones por los ladridos de los corzos, alertando a los suyos de la presencia de un extraño que iba dando algunos trospezones por la fatiga acumulada. Menos mal que tuve mayor cuidado para atravesar una cantera de enormes pedrolos graníticos, acumulados por algún gigante  como si fuera un arsenal colocado estratégicamente. Faltó la chispa de contrastar algún gigante arbóreo o rebuscar la fuente chisposa y señalada junto al camino desaparecido, tareas pendientes para futuras visitas.

El collado de Marichiva surge en el horizonte como una balsa de rescate. Es un amplio espacio abierto con su muro, su pista forestal y hasta carteles que contrasta este carácter civilizado frente a la agreste cerrazón del pinar dejado atrás. El paseo concluye tras descender hasta el punto de origen, feliz de volver a sentir como el cuerpo está físicamente agotado, pero hay otra sensación interna repleta de plenitud, en otro sentido menos tangible.

Pinar de la Garganta de El Espinar


_Colecta Al Diablo_

Ventana del Diablo
Cueva del monje
Arroyo del Infierno
 

Pisada del Diablo
Carro del Diablo 
Garganta Infierno
Cascada Purgatorio
 

Cerro del Diablo
El tesoro de Peña Blanca
Silla del Diablo
Ladera y arroyo del Infierno
Arroyo Almas del Diablo
Puertas del Infierno
                                                                                                                                                / \                                                                                   

24 de febrero de 2022

Spawn

A principios de los 90 surgió un nuevo y exitoso personaje en el mundo del cómic, cuya referencia respondía al seductor nombre de Spawn. Una nueva figura enmascarada llamada a unirse al mundo de las viñetas, similar a los grandes clásicos de los superhéroes disfrazados de las décadas precedentes. Aunque aquí reviste una singularidad, ya que este nuevo invitado es en realidad un demonio enviado desde el mismo infierno. Un protagonismo acorde a la desatada violencia que acompañan las aventuras de este nuevo personaje, con el objetivo claro de dirigirse a un público más adulto, tanto en la imagen proyectada como al argumento que trata.

Su autor, Todd McFarlane, es un prestigioso dibujante que ya había despertado la admiración del gremio y del público gracias a la actualización que llevó sobre el icónico Spiderman a finales de los ochenta. Pero con el paso de los años, hubo intercambio de impresiones con los directivos de Marvel: unas diferencias vendidas siempre como creativas, aunque la verdad siempre sobresalgan los derechos de los personajes creados, es decir, la pasta. Así fue como McFarlane, y otros grandes autores, abandonaron Marvel y se embarcaron en sus propios proyectos personales bajo una editorial independiente que recogiese sus propias creaciones: Image Comics

Visualmente siempre queda bien - HBO
De ese vaivén en el negocio nació Spawn, una criatura que recoge los restos mortales de un soldado de élite americano, asesinado y quemado por su propio compañero de misiones. Las habilidades violentas demostradas en vida, suman a la hora de que un diablo, llamado Malebolgía, tiente el alma del desgraciado para sacar adelante sus propios planes. A bote pronto, así apareció Spawn, encarnado en una especie de engendro tras la muerte del soldado Al Simmons. Pero la parte humana, o sus recuerdos, todavía suspiran por los huesos de su esposa Wanda, un amor que le llevó a tratar con el diablo para que éste le permitiese regresar junto a su amada. Aunque tal vuelta fuese aprovechada para otorgar ciertos poderes al asesino enamorado y su regreso, al mundo de los vivos, estuviera adornado con una espectacular capa escarlata que envuelve una especie de sudario sobre su cuerpo. Una figura llamativa, excelente, atractiva y barroca, gracias al talento en el dibujo de su autor y con una misión predestinada: convertir al protagonista en una especie de comandante que dirija las fuerzas infernales en una presunta batalla contra los poderes celestiales. Tan original como adaptar la vieja religión predominante en occidente y adaptarla al gusto del autor para crear un argumento propio que lleva mareando la perdiz cerca de tres décadas. 

El éxito de Spawn fue casi instantáneo al primer número publicado, con un enorme récord de ventas en tan poco tiempo, que ya se veían las buenas inversiones en un negocio que lo transformó en un fenómeno mundial. Una buena muestra del boom fue que en menos de cinco años se sacó adelante una adaptación cinematográfica, mientras la atrevida productora americana, HBO, también quiso contribuir a la fiesta del llamativo personaje al levantar una serie animada sobre los tebeos ya publicados. De la serie, expuesta en la citada plataforma de pago, se realizaron tres únicas temporadas. Con la salvedad importante de quedarse en el limbo, sin cerrar ni dar fin el trabajo argumental previo. Una reseña necesaria en estos tiempos por dejar colgado al personal. Un público que lastrará el déficit de quedarse sin conocer la deseada resolución final de una historia subordinada al avance de la publicación en papel. 

La serie recoge desde el principio los puntos más interesantes de la historia expuesta en viñetas. Con una animación acorde al ostentoso título de novela gráfica, Spawn propone una trama enrevesada entre diversos personajes condenados a converger en algún punto determinado. Sin duda, el gancho del protagonista principal es el mayor reclamo a la hora de acercarse a la historia que propone McFarlane. Un personaje atormentado que intenta hallar respuestas a la nueva función que le ha otorgado el destino y cómo sus actos andan encaminados a tomar decisiones que tomará por propias. Ayuda en este caso la aportación incrédula, chulesca y violenta que arrastra el personaje principal frente al continuo deseo de pillar a su exesposa por banda. Otra cosa bien distinta es que decida intervenir en los trapicheos que suelen darse en los callejones donde intenta ocultarse a llorar su desgraciada cara chamuscada. Sin quererlo, su pasado le persigue hasta las mismas cloacas en las que busca esconderse de la realidad, unos actos arbitrarios que pondrán bajo su pista las oscuras causas de sus viejos compañeros y los extraños asesinatos que se acumulan en los callejones donde se ocultan los perdidos de la sociedad. 

Se me ha caído la lentilla - HBO
La adaptación de HBO mantiene las señas de identidad del cómic, como el alarde excesivo de los claroscuros o la férrea determinación de mostrar sin pudor violencia o sexo. Está claro que la serie estaba destinada a gente de mayoría de edad y cumple con la función de mostrar una trama compleja y repleta de hijos de puta. Tal vez en demasía, porque cuesta encontrar alguien honrado entre tanta pose macarra y tanta adicción al tabaco . Por contra, hay bastantes peros que contraen el entretenimiento. La parte más horrorosa son las introducciones del propio McFarlane en carne y hueso, una monopolizadora aparición que querría dar a entender algún mensaje que tuviera relación con el capítulo al que daba paso. Con el devenir de los episodios, una buena opción es eliminar sus cutres paseos a través de unos sótanos decorados por el becario de turno. Tampoco ayuda la repetitiva lentitud que adquieren algunos episodios donde debiera haber una mayor acción que ayudase a pavonearse a un bichejo tan atractivo como Spawn. Incluida la escasa aportación de seres tan interesantes como el payaso demoniaco. A pesar de cierta charlatanería, la serie funciona muy bien como fuego de artificios, es tan bonita la cascara que a veces el interior anda algo escaso de contenido. 

Spawn
HBO, 1997-99