31 de julio de 2014

Chacal, la película

La adaptación cinematográfica del libro, El día del Chacal, por parte de Fred Zinnemann, me ha resultado curiosamente algo irregular en su conjunto. Después de leer la novela el año anterior, me entraron ganas de conocer como sería la obra fílmica, y pese a que ha
D.R.
transcurrido algo más de un año, mi memoria todavía conserva el regusto por la novela de Forsyth. Seguramente parte de esa reverencia hacia la obra escrita perjudique mi valoración hacia la película, tal vez a la inversa, mi sentido crítico hubiera sido distinto, pero este ha sido el recorrido de ambas obras hacia mi persona. Y eso que la película no desentona en términos generales, básicamente porque tiene una formidable base en la obra original y la adaptación del guión recoge los aspectos más destacados de la trama. Si acaso, se aplaude el logrado traslado del papel al negativo donde no se pierde ningún ápice importante de la historia. 

Para entender de que va el asunto hay que retroceder hasta la década de los 60 del siglo XX y a la formación de un grupo terrorista que intenta asesinar al presidente francés de la época, Charles de Gaulle, cuando este deriva en su política hacia Argelia para que este país deje de ser colonia francesa. Tras un atentado frustrado, la dirección de la OAS maquina contratar a un profesional para que asesine al presidente francés de la manera más anónima posible. Ahí es donde entra en juego el Chacal, el perfeccionista asesino que acepta el encargo a pesar de la dificultad de la ejecución. De esta forma el espectador asiste a la minuciosa elaboración del plan para llevar a cabo el asesinato, el lugar, el arma, pasaporte falso, vías de escape, etc. Por otro lado las autoridades francesas tampoco se andan con chiquiteces, y alertadas por una serie de movimientos de la OAS, inician su particular investigación para prevenir cualquier acción hacia de Gaulle. Entra pues el baile de la narración fílmica separada por los dos bandos, el del mercenario y el de las fuerzas de seguridad en una prolija sucesión de deducciones y engaños para obtener cada uno sus fines.


Te vamos a dar de ostias... -D.R.
Zinnemann opta por la sobriedad, bien entendida, al no tomar parte por ninguno de los contendientes enfrentados, ya se encargan los propios espectadores en tomar partido por el profesional inglés, al representar subliminalmente la figura del solitario individuo que lucha frente a un colectivo opresor. El encanto del mal siempre tan atractivo, como este refinado profesional que suma a su extraordinaria educación, una peligrosa convicción de llevar a cabo sus planes sin hacer ningún tipo de excepción. El director acierta también al primar la imagen sobre la supuesta musicalidad que subraye la tensión de los momentos de mayor tensión, incluidas las imágenes de cierto cariz documental que adornan de realismo a la película aunque también llegan a sobrar por el exceso de querer alimentar la angustia de la resolución final . 


/D.R.

Sin embargo siempre hay algo que hecho en falta en esta primera adaptación de la novela. Seguramente tenga que ver con un formato cinematográfico más actual donde se prima al personaje y a los supuestos demonios interiores frente a la simple exposición de Zinnemann, donde solo al detective Lebel se le presupone una vida familiar y las posibles consecuencias de un posible fracaso en la captura del mercenario. Aparte también de algunas simplezas como la forma en que la espía de la OAS consigue encandilar a un alto grado militar francés. Pequeñeces varias que no desentonan una agradable película sobre una soberbia novela.

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Chacal, 1973
Fred Zinnemann 


22 de julio de 2014

La canción del pirata

Una antigua correspondencia entre colegas, describe la polémica publicación de un libro en la sociedad gaditana del siglo XVII. En el legajo, se cuenta como la obra fue transcrita por un joven escritor, llamado Román de Irala, sobre la vida de un granuja que se encontraba preso en la cárcel de Cádiz, y al que Irala entrevistaba gracias al libre acceso que tenía en el penal por su parentesco con el alcaide. De todos los presos a los que visitaba, se destaca a un tal Juan, apodado como el Rubio en la carta y cuyos avatares en vida fueron trasladados por la tinta al papel. Tal jarana debió armarse que la santa Inquisición actuó tan eficazmente que las aventuras del preso se perdieron. La referida misiva queda como referencia póstuma de una obra que escandalizó a la sociedad de la época, y como base para que Fernando Quiñones se guíe, con los pocos datos aportados, a elaborar su propia ficción a partir de la palabra del protagonista. Juan Cantueso es el nombre del recluso, quien se encuentra encadenado a la espera de juicio por estar relacionado con un pastelero, que al parecer usaba ingredientes poco decorosos en sus productos. Carne humana para deleitar paladares y rebajar costes.
El título del libro no lleva a engaño, pues el único que canta en toda la novela es la voz del protagonista, quien relata su vida al paciente escritor, desde su origen hasta el punto en que las cadenas lo mantienen fijo en la mazmorra. Nadie intercede ni interrumpe el relato, salvo el propio Juan, ya sea para dirigirse a su interlocutor como a los lectores, donde sitúa la acción que describe su memoria. 

Se trata de una obra intima, que aglutina diferentes temáticas interesantes. Aventuras, amor y la típica picaresca ibérica por encima de detalladas descripciones históricas. Se agradece el tacto con el que Quiñones sobrevuela los actos históricos más importantes de la época, al situar al protagonista como un simple coetáneo que describe algunos hechos relevantes desde una perspectiva lejana, sin involucrarse de manera activa como suele ocurrir en la mayoría de las novelas históricas. O describirlas en una simple frase como el terrible terremoto de Lisboa, con los temblores colaterales que se sintieron en Cádiz.

De este modo, acompañamos al deslenguado personaje a través de sus recuerdos, cobrando importancia el carisma que desprende el único orador por encima de lo que nos está contando. Tal vez sea este un leve aspecto negativo, ya que el narrador cobra tal importancia, que a veces resulta más interesante el modo de cómo se cuenta, que la historia misma. Sinceramente, hay partes que el interés decae, ya sea por el devenir de actos intrascendentes y que no despiertan mucho interés. La facilidad con la que suele caer en gracia nuestro protagonista a personajes claves para que le presten ayuda, o la repetición esquemática de ganarse la vida a través de los naipes en diferentes lugares. Vieja fanfarronería hispana de saber manejarse con las cartas a cual mejor. 

A favor, destaca la escritura de Quiñones, interiorizada por el acaparador protagonista con un gracejo natural que permite enfatizar con el personaje. Las aventuras de Cantueso se desarrollan desde Cádiz hasta Sevilla, Venecia y la búsqueda de fortuna en las Indias occidentales, a través de su propia historia que se sacude la necesidad de acompañar al protagonista con los grandes titulares históricos. Hubiera sido más popular colocar a nuestro personaje como tripulante de algún corsario más famoso o como participe de eventos grandiosos. Sin embargo, Quiñones acierta en primar la vida del personaje por encima de mayores glorias al crear su propia estructura, típicamente circular, donde se abren y se cierran los lazos de Cantueso con el resto de personajes que deambulan por la novela, desde sus inicios hasta el fin. Tal vez la cercanía con el pintor Murillo sea la única licencia que se permita el escritor de colocar a su protagonista con algún elemento a tener en cuenta.

La canción del pirata es una recomendable novela de aventuras, cuyo pecado original debió ser dar lustre a un sinvergüenza, a un canalla que arrastraba alguna alma en su conciencia, y la libre verborrea del preso, que no dudaba tampoco en describir amores como abrir piernas femeninas. Quiñones intenta recoger todo ese conglomerado polémico y recrea una notable ficción que quizá pierda lustre en las alargadas experiencias que narra en los lugares de la acción. 

Juramos delante de Bonfim, navegando para Mosquila, el compromiso y ley de los Hermanos. Va en habla francesa, tú lo sabrás, pero El Mono nos lo enseñó a la española:
- Cadena de oro o pierna de palo, venga lo que venga contigo estamos.


Fernando Quiñones
Ed. Alianza editorial
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16 de julio de 2014

Posesión Infernal

Esta es una de esas pequeñas maravillas que logran alcanzar cierto estatus cinefilo a pesar de la calidad de la filmación (16mm), y de contener una serie de defectos que demuestran los escasos recursos con los que contaron un grupo de amigos para realizar la película. Una obra que obtuvo un inesperado éxito en el ámbito del alquiler, en concreto del sentimental formato del VHS, formato en pleno auge a principios de los 80 del siglo pasado. 
El grupo de amigos
Sam Raimi era un jovenzuelo que apenas superaba la veintena cuya realización y posterior montaje, destacó de tal modo que logró llamar la suficiente atención sobre un amplio espectro de espectadores, estos fueron quienes hicieron bueno el término del boca a boca. Incluso el conocido escritor de genero similar, Stephen King, se unió a los aduladores del filme, al catalogarlo como uno de las mejores cintas de terror del año.

Posesión infernal narra como un grupo de amigos llegan hasta una perdida cabaña en el bosque con el placido plan de disfrutar del fin de semana en tan apartado lugar. Lamentablemente para estos domingueros, invocan sin querer a unos espíritus malignos tras hallar en el sótano de la cabaña el Necronomicron, el denominado como libro de los muertos en un claro homenaje a las obras de Lovecraft, y al libro en cuestión. Este antiguo ejemplar, estaba siendo estudiado por un arqueólogo que dejo constancia de sus averiguaciones en un magnetófono y de las consecuencias de dar rienda suelta a los demonios. El filme se desarrolla entonces con el clásico esquema cinematográfico de la muerte de sus protagonistas, donde se guarda rigurosamente el orden, de uno en uno, para extender la tensión hacia los personajes que aun siguen vivos y en adivinar los espectadores quien será el siguiente en caer. A todo esto hay que sumar la curiosa predilección de rociar sobre los actores los diferentes fluidos del que dispone Raimi y sus ayudantes, todo tipo de mejunges asquerosos para impregnar a su equipo artístico y sumar gratuitos minutos en el metraje entre gorgoritos y griteríos varios.
Que viene, que viene
La base del éxito se sustenta en una especie de terror que se combina con el humor grotesco, algo así como que tampoco había necesidad de tomárselo todo muy en serio. Detalles importantes son varios, como seña de identidad queda ese peculiar movimiento de cámara que de manera subjetiva recorre el bosque personificando a los espíritus endemoniados. La cámara sobre una tabla sustentada por dos personas y a correr. El correcto montaje beneficia a la película donde se disimulan ciertas pobrezas de producción, destaca en este punto las escenas partidas en múltiples detalles o el juego de parejas de me hago el dormido, abro los ojos, ahora los cierro. También sobresale la inteligente utilización del sonido como remate de las situaciones más tensas o como acompañamiento de ciertas escenas. Estos son algunos elementos a destacar frente a otro tipo de pobreza, como las interpretaciones. Es lo que hay cuando la inexperiencia se junta con las ganas de llevar a cabo proyectos personales, donde Bruce Campbell por ejemplo, fue escogido como protagonista por ser el más resultón del grupo. 

El popular éxito vino acompañado con su correspondiente ración de polémica, al ser previamente censurada la película en tierras yanquis y en otras latitudes. Publicidad gratuita que siembra de interés a toda obra que llega a catalogarse como prohibida. Simplemente era el exceso de violencia sin ton ni son lo que alarmó a alguna mente bien pensante. Y un amago de violación llevado a cabo por las ramas de unos árboles. Como el dinero llama al dinero, se realizó posteriormente una secuela que en realidad es un remake, algo así como el moderno término del reboot, que acuña toda obra cuando se reinicia con vistas a convertirla en una especie de franquicia con sus correspondientes continuaciones y que tan de moda se ha puesto en Hollywood últimamente. 
Mi edición especial
A modo de resumen queda por repetir las bonanzas del filme, la buena dirección de Raimi, el elaborado montaje y la combinación del humor con el terror, ingredientes básicos que logran ocultar las lógicas deficiencias que contiene una película elaborada con escasos recursos. Un último reconocimiento a Stephen Woolley y a su compañía de Palace Video, por dar a conocer a un publico mayoritario está película, él fue el productor que adquirió los derechos de explotación en vídeo. En el XX aniversario del estreno, se editó una edición especial donde se explica en un pequeño documental, la múltiple producción de películas de bajo coste que se realizaban en EEUU por aquellos años. Un autentico boom que bien podría emparentarse con los tiempos actuales donde abundan numerosos proyectos gracias a las cámaras digitales y al uso de la red como distribución mundial. Hoy en día tenemos mil formas de conocer a esos talentos ocultos mientras que Stephen Woolley supo diferenciar en su momento, la basura con el talento por pulir del joven, por aquella época Sam Raimi. 

Posesión infernal de Sam Raimi
1981

8 de julio de 2014

Objetivo Filípides, supuesto resumen and Beer Runners

Tenía en mente publicar esta entrada en junio, o en su defecto a primeros de julio con la convicción de poder citar la ciudad que diera pie al objetivo deportivo para esta 2014. Lamentablemente aun no puedo afirmar con rotundidad que estoy inscrito en la maratón deseada. A principios de año pensaba en Murcia y en Valencia como principales
A por la liebre
candidatas. Pero como esto de salir a trotar varias veces a la semana llega a aburrir algo, volví a evaluar el calendario maratoniano nacional buscando una fecha más cercana. Mira por 
donde que aparece Zaragoza para finales de Septiembre, más próxima que las dos anteriores y con el aliciente de visitar la ciudad durante el resto del fin de semana. La única pega es que los meses anteriores son aquellos donde las vacaciones y los calores no terminan de casar del todo con el lastre de prepararse a correr 42 km, los 195 metros restantes los hago de espaldas ya en plan chuleta. Ahora viene la casualidad. Unos amigos han decidido formalizar su vida en pareja por lo civil, y como buenos españoles tomaron la decisión de pedir cita en el juzgado como antes de ayer. Respondiendo la burocracia nacional que ya les darían fecha, a ojo septiembre, que para este verano parece que les pillas cuadrando vacaciones. Con la suerte que tengo me veo cumpliendo la función de testigo del enlace el cuarto de los fines de semana del noveno mes del año. Siendo positivos me queda un 70% de posibilidades de debutar en la mítica cifra de Filípides en la capital maña, un 25% de que vaya de boda y un 5% en forma de run run que surge en ocasiones para reconcomerme la cabeza y atrasar todo para el Mapoma 2015. Tragándome el orgullo de antiguas palabrerías y abonando como mínimo los 50 sopapos que cuesta la PRIMERA fase de inscripción de la maratón del pueblo grande. Al que le interese caduca el 31 de agosto. 

Con estas melindrades se haya uno a mitad de año y mirando de reojo a los incumplimientos de mi supuesto calendario de 2014. Y mira que iba bien variadito, un cross, una media maratón, y una pequeña carrera de montaña. Fallé en el dichoso duatlon, al causar baja por enfermedad después de haberme inscrito a una prueba del circuito Du Cross. Queda pues contentarse con lo que hay y esperar buenas nuevas. De momento estoy elevando el número de entrenos y de kms por si acaso. Y con la idea clara de volver a competir, aunque sea dentro del ambiente festivo que rodea a la última prueba donde he acudido. Al encuentro Beer Runners en el hipódromo de Madrid. Hasta allí me desplacé el pasado domingo 6 de julio, junto a la family para participar en esta prueba festiva del correteo y que organiza brillantemente la asociación de cerveceros de España. El aliciente era tomarlo como una carrera de 10ks que sumase de entrenamiento. Difícil al principio por el taponamiento constante de los primeros 4ks, solventados por unos 5ks finales a un ritmo bastante decente para mi nivel personal. Ni idea del tiempo final aunque pregunté a un tipo que entró a mi lado y había realizado unos 51 minutos. A ojo creo que algo menos pero tampoco era el día de buscar una marca donde poder evaluar mi estado. 

16 de junio de 2014

Fortines, parapetos y trincheras: Cumbres nacionales de la Jarosa

Última excursión a los restos de la guerra civil en el entorno al municipio de Guadarrama. Localidad que por su situación geográfica aglutinó cierta relevancia por la importancia de controlar el susodicho paso de el alto de El León. Y desde este mismo punto nace esta entrada, que recorre las posiciones nacionales sobre el cordal de los pinares de la Jarosa. El
itinerario es circular y pasa por las cumbres de la Gamonosa hasta Cabeza Líjar, para después regresar al inicio de la ruta. En este trayecto se incluyen los restos situados al sur del puerto de Guadarrama frente a los ya citados en entradas anteriores como Alto de el León, vertiente madrileña y segoviana. Restos que se encuentran al norte de la carretera. Este histórico paso de montaña hace referencia al sector central de las posiciones nacionales, mientras que las restantes posiciones fueron clasificadas como sector izquierdo. Que es a donde vamos.

Mirador de Cabeza Lijar
En la misma cima del puerto se encuentra la estructura de un excelente barracón de campaña, gemelo de otro situado al otro lado de la carretera y que se encuentra preso de las vallas. Pero este primer barracón se convierte en la primera visita que realizo, tras estacionar el coche junto al inicio de la pista forestal que conduce a Peguerinos, justo al lado del restaurante. Detrás de ese mismo establecimiento, famoso por sus carnes rojas, se encuentra el puesto de mando de la posición nacional. Hay una alambrada pero con un paso previsto para visitar el complejo fortín que parece más bien una suma de construcciones. Se agradece también esas puertas metálicas que impiden algo el paso de la humedad durante los inviernos a su interior. En este punto tengo que realizar una matización. 

Tras pasar la alambrada y después de un depósito de gas, surgen una serie de trincheras que conducen hasta dos curiosos puestos blindados que controlaban la carretera. Pero más abajo de esta parcela, hay un rebaño de ovejas
El Alto de el León
custodiadas por un par de perros bien grandes, en especial un mastín, algo flaco, que no dudaron en aproximarse ante la inusual visita del aficionado a la fotografía. Siendo las ocho de la mañana y acompañado por mi mascota, me llevé un pequeño susto ante unos animales que ejercían su trabajo de vigilancia, pero que podían salir tranquilamente fuera de la finca por el acceso abierto descrito anteriormente. Por suerte estos animales parecían ser más curiosos que agresivos, aunque la prudencia debe estar por encima para cualquiera que intente pasar a ver los restos. Me abstuve de tentar a la suerte y tras dejarme oler y acariciar al mastín, reinicié el paseo por la pista forestal que lleva hasta el pueblo abulense de Peguerinos.



Esta pista forestal fue creada después de la guerra civil, como un camino de vía crucis hasta Cuelgamuros. Por este motivo existen varias cruces en el inicio del recorrido, aunque la mayoría se encuentren hoy abatidas por el paso del tiempo y el hacer de la gente. Gracias al trabajo de alguna anónima persona que se ha dedicado a numerar las cruces con un llamativo rosa fosforito, podemos situar las desaparecidas o las que descansan en el suelo. Mi reconocimiento personal hacia esta persona. 

También pasamos al lado de unas instalaciones militares donde destaca un antiguo fortín integrado a esta edificación militar. La ruta sigue por la pista hasta cruzar el paso canadiense. Aquí lo normal es ascender a la Gamonosa por la senda que asciende por la derecha, continuar hasta Cabeza Líjar para luego descender tranquilamente por la pista forestal hasta el punto de partida. Pero como voy acompañado por mi perro, al que siempre llevo suelto, decido realizar el trayecto al revés y esquivar así el abundante tránsito de la pista que horas posteriores conlleva, ciclistas, senderistas y vehículos motorizados. Así pues, la primera parada la realizo en el singular fortín observatorio que se encuentra pegado a la pista forestal. Visitado mil veces y en un excelente estado de conservación, donde destaca su entrada en forma de cuatro y su interior, donde sobresale el hueco destinado a la observación. A su izquierda hay una trinchera que se interna en el pinar y que nos lleva hasta dos berrocales separados por unos pocos metros entre si. En estos grandes pedruscos, la trinchera curvea entre algunos restos de escaso interés, viviendas y algún que otro pozo de tirador. Una especie de ramo adosado a un tronco parece querer coronar algún detalle personal, aunque me llama más la atención la presencia de un frondoso tejo frente a la tiranía del pino en esta parte de la montaña. El tejo sirve como hito para regresar hacia la recitada pista forestal donde un poco más adelante se encuentra la fuente de las Hondillas, ideal para comprobar las reservas de agua, pues es la única fuente de toda la ruta.


Según se avanza por la pista y antes de que está inicie una serie de curvas, se haya la posición Loma de Requetés, fácilmente identificable al ser atravesada por un cortafuegos. Esta posición, dominada por los famosos requetés navarros, se encuentra fortificada por un muro que recorre la ladera de la montaña, en su interior los restos vuelven a ser básicamente viviendas y algún que otro nido fortificado que protege la línea nacional ante un presumible ataque republicano por la pista que asciende por el pinar. Destacar un derruido pozo por las vistas que obtiene sobre los pinares de la Jarosa. El muro continua por la ladera hasta perderse en la maleza, mientras que nuestros pasos vuelven a la pista forestal, hacia una revuelta del camino que nos deja frente a una enorme cruz derribada con el símbolo de la falange grabada en su cuerpo. Desde aquí hasta el collado de la Mina hay un breve paseo donde poder admirar el paisaje que ofrece esta antigua carretera de montaña. Durante el trayecto incluso hay alguna trinchera que sube por la ladera hasta alguna vivienda perdida. Aunque lo mejor es subir sin dilación hasta la base de Cabeza Líjar, donde se encuentra el frente de guerra nacional ante la línea republicana de la Salamanca. El collado que separa ambas elevaciones recibe el actual nombre de la Mina, que hace referencia a una antigua explotación de wolframio y que viene a sustituir al anterior nombre de la Cierva, citado antaño en los libros de montería de Alfonso XI. Pequeña aclaración si cabe ante tanto nombre topográfico. 

El ascenso a Cabeza Líjar se hace tranquilamente a través de los señalizados senderos hasta su cima, donde un excelente mirador corona la cumbre. Un pequeño refugio nacional se encuentra en su base como punto de observación, y muy cerca un nido de ametralladora vigilante sobre el frente republicano. Al lado del vértice geodésico hay un panel panorámico
Collado de La Gasca hacia la Gamonosa
donde se indican las inmejorables vistas del lado madrileño al poner nombre a montañas y cumbres. Tampoco desmerecen las vistas castellanas con la cercana Cueva Valiente, la 
meseta y la sierra del Quintanar. Desde esta cima de 1823 metros podemos hacer un alto para ubicar las diferentes posiciones que rodean al municipio de Guadarrama y que sirven de resumen a esta temática particular del blog. De izquierda a derecha se observan fácilmente las distintas posiciones, las nacionales del puerto de el alto de El León y del collado de la Sevillana, más al noreste las republicanas del cerro de Matalafuente y su cordal hasta la Peñota. En el valle a los pies de esta última montaña, las líneas republicanas mantienen una serie de fortines que llegarían a enlazar con las posiciones de los Tomillares. El cerro cercano es la Gamonosa, que extiende su loma hasta la posición de Requetés, Solana de la Teja, Baterías y alcanza el cerro de la Viña como punta de lanza de los nacionales. Peña Cervera queda relegada tras esta loma que impide su vista. La línea republicana tiene Álamos Blancos como avanzadilla, bien visibles por el contraste del verde de sus hojas, en esta primavera, frente a las acículas de los pinos. Por encima del embalse y cerca de la autopista, Cuesta de la Herrería y la trinchera descendente de la Dehesa de Arriba. La siguiente elevación redondeada es cerro Santo (Rojo durante la contienda) mientras que por debajo del embalse, se aprecia el trazado del cortafuegos que nace cerca de la línea republicana de Cerro Lobos, sube por Hornillos hasta alcanzar la Salamanca y su posterior cordal. Unas buenas vistas que acogen prácticamente todas las excursiones anteriores.

Pero todavía queda completar esta última, para lo cual descendemos camino de la Gamonosa por las marcas del GR10. En un principio nos acompaña un muro/parapeto, mientras que otro muro baja en diagonal hasta una vivienda, retorno al sendero y desciendo hasta que un
Observatorio en la Gamonosa
nuevo muro se interna en la ladera de Cabeza Líjar. Los restos son mayormente viviendas y barracones que se encuentran dentro de una especie de fuerte al encontrarse estas construcciones en su interior. La mayoría alrededor de berrocales que ayudan a identificarlos. Una vez consumada la visita por esta especie de plaza fuerte, se vuelve al sendero para bajar hasta el amplio collado de La Gasca. El murete continua acompañándonos también en el siguiente ascenso hasta que aparece una alambrada que será nuestro próximo guía. En este punto recomiendo continuar por el lado madrileño pese a la presencia de algunas construcciones derruidas en la otra vertiente. El cerro de la Gamonosa también se la conoce como cerro Piñonero, más nombres a sumar para quien intente memorizar los montes por donde circula. Lo bueno de este cerro es su alomada cima, donde un poste de una ruta local junto a una explanada abierta nos invita a salir del sendero para llegar hasta la posición Loma de la Falange, hacia el este. Una trinchera nos introduce en un nuevo conjunto de viviendas y pozos de tirador, aunque en un berrocal destaca un nuevo observatorio blindado como culmen a esta posición que terminó siendo un puesto de retaguardia de Cabeza Líjar. Tras merodear las restantes edificaciones regreso al sendero para bajar nuevamente hasta la pista forestal de inicio. 


Pero aún queda más. A la izquierda del anterior paso canadiense, hay un vallado con un acceso que nos recuerda la necesidad de volver a cerrarlas para evitar el libre transito del ganado. Muy cerca, una especie de vaguada que podría ser una antigua trinchera, invita a adentrarnos por el pinar hasta llegar a los primeros restos. Tras dejar las primeras ruinas destacan un clásico refugio en bóveda que aún conserva una viga en su dintel y otro más espectacular en tamaño, con doble entrada y respiraderos en su techado. Estas son las ultimas construcciones que se mantienen en un buen estado en esta zona, donde abundan otros refugios peor conservados. Al otro lado de la ya cercana carretera, hay otro refugio en bóveda del que me abstengo de visitar a causa del continuo tránsito de coches. Solo queda deshacer los pocos pasos dados hasta la alambrada anterior para retornar al alto de El León, y que a estas horas de la mañana contiene un buen número de visitantes, ciclistas, senderistas y demás fauna humana al que me sumo para copar con nuestra presencia este paso histórico.





Panorámica
Álbum fotográfico