31 de octubre de 2017

Puerto de Tablada

Por la vertiente madrileña. Aunque también podría describirla como la parte fea. Incluso perdida, pues no queda resquicio alguno donde se pueda situar el histórico camino que superaba la Sierra de Guadarrama por el sur. Para ser justos hay que recordar que este lado de la montaña ha sufrido tantas alteraciones, a través de la mano del hombre, que es triste reconocer el desolador paisaje que se extiende a lo largo de la falda madrileña. Todavía más si se compara este importante paso de montaña con su homólogo de la Fuenfría. Carreteras, autopistas, edificios y torres de alta tensión desvirtúan el panorama del cercano parque nacional. 



Puerto de Tablada
Sólo queda agarrarse a la añoranza de la historia, cuando los árabes desarrollaron un importante camino para superar las montañas y dirigirse al norte peninsular. A ese trazado lo llamaron Balat Humayd. Una importante vía de comunicación para superar las mesetas en el medievo. Y en algún punto del pueblo de Guadarrama, partiría hacia las dehesas de los Poyales. Idóneo lugar para iniciar la ascensión. Lo más lógico, sensato y recomendable sería arrancar por la amplia pista del cordel de los Poyales, pero como ya usé ese camino para explorar las posiciones perdidas de Los Tomillares, decido rodear tales dehesas por otro cordel, el de Valladolid, cuyo transito se inicia junto a la asfaltada calle de Antonio Machado. Curiosamente ambos cordeles terminan unidos bajo la estación férrea de Tablada, así que tanto monta un camino que otro. 

El cordel de Valladolid remonta el camino junto a las habituales viviendas situadas en las afueras de los pueblos serranos. Pequeñas casuchas de los señoritongos de la capital, cuyos canes tocan a rebato cada vez que alguien pasea a deshoras. La pista no tiene perdida, ya que asciende casi en linea recta hasta la altura del Generalísimo, un enorme complejo residencial donde acumular personas de la llamada tercera edad. 

En ese punto, la propiedad privada manda al caminante a la izquierda, a superar un abrupto desnivel que enlaza con otra pista superior. En teoría está señalizado por una ruta local y hace bastante tiempo había un sendero, pedregoso pero sendero, que servía de enlace. En la actualidad queda una intransitable acumulación de rocas, como si de un vertedero de residuos de las construcción se hubieran depositado allí. Para colmo han colocado una puerta metálica, de las habituales que se encuentran en el monte para evitar la fuga de ganado, con la salvedad de que en esta ocasión no hay ostia humana que logre abrirla. Como uno es flacucho, logro superar la barrera por un lateral y conectar al fin con la pista. Curiosamente, esta nueva pista anda bien cuidada, ni siquiera tiene baches en toda su amplia anchura que permite verificar como queda el paisaje. A derechas despunta levemente el otoño sobre las copas de los arboles entre las dehesas de Guadarrama y de Los Molinos. A izquierdas, la nacional VI y todo su tráfico rodado pegada a la frontera de la Jarosa. En el horizonte, situada fijamente como un faro, la hormigonada torre respiradero de la AP6, y una pequeña cruz, erigida sobre un peñasco, vigila nuestras espaldas. 


Un pequeño tramo visible
Sin embargo Lorenzo ya alumbra lo suficiente como para permitir que se escuchen los primeros escopetazos de las gentes que gustan portar armas en el campo. Por suerte queda poco para alcanzar la estación de Tablada y buscar resguardo entre sus muros, como ya hiciera el golfo de Juan Ruiz, aunque éste buscase guarecerse de los fríos invernales. 

Tras un par de requiebros para superar el arroyo del Tejo, la pista queda a los pies de Tablada. Nuevamente vuelvo a lucir memoria, pues recuerdo una vereda que conectaba la pista con la estación. Hoy día quedan los estragos de la maquinaria humana, porque para qué se va a tener cuidado, todo recto, arrasa y a tomar por culo la vereda. El artificial atajo asciende sin vergüenza y hay tramos donde las torronteras envilecen el sentido de la palabra camino. Sólo falta el dichoso cartel de la Comunidad de Madrid, esos que pregonan la conservación de las vías pecuarias para sobrepasar el colmo de la decencia. Los únicos que deben encontrar acomodo al pedregal son los motoristas, cuyas rodadas y continuo paso desgastan aún más la trocha creada. Para superar la vía férrea hay un túnel que nos lleva hasta una pequeña pradería donde se asientan fincas y viviendas perdidas, situadas éstas sobre un esplendido balcón sobre el valle del Guadarrama. Incluso hay un agradable banco ganado a la roca para divisar toda la planicie y hacer un alto en el camino. 

Una parada que nada tiene que ver con el realizado por un viajero de Hita y con título de Arcipreste. Autor de una de las obras cumbres del medievo, el Libro de buen amor. De sus andanzas por estas sierras quedan sus encuentros con las serranas y el pecaminoso humor del que hace gala el bueno de Juan Ruiz. Tras pasar el puerto llegó a la venta de La Tablada, seguramente situada donde hoy está la estación de tren y toda la colonia que hay a su alrededor. 
Un camino bajo líneas eléctricas 
La excursión continua junto a una vereda pegada a la valla que circula en paralelo a la carreterilla de Tablada. La mayoría de las rutas sobre Tablada, y su antiguo paso, parten desde la misma estación. A lo largo de ese pequeño tramo de asfalto nacen un par de accesos al monte. Y al separarse del vallado surgen dos simples revueltas que disparan la imaginación del excursionista. Tal vez esas simples herraduras formasen parte del antiguo camino, al tomar el trazado lógico para superar desniveles. Después desaparece, por la constante intervención del hombre sobre el paisaje y el lógico paso del tiempo.

Una serie de tendidos eléctricos desvirtúan el agradable efecto de pasear por el campo. Gracias a estos postes metálicos no hay posibilidad de perdida, salvo que uno quiera explorar los pinarcillos laterales de la ancha cañada. La subida es una sucesión de leves praderas con otros tantos tramos de escasa dureza. La única salvedad consiste en atravesar una pista forestal que cruza la ladera de la montaña. El paso de la Tablada avanza por el inexistente camino, remontando una simple vereda y con pequeñas referencias visuales, como el abrevadero del Lobo o las constantes torretas. Así hasta que se cruza otra pequeña pradera que da acceso nuevamente al camino, seguramente al original para internarse bajo los pinos. Y apenas unos metros más adelante emerge la valla metálica que dirime limites provinciales. 

Tras la cancela queda el paso del antiguo Balat Humayd y sus derivaciones históricas, Valathome y Tablada. Nombres que fueron turnándose a lo largo de los tiempos. Momento adecuado para destacar el desmonte de las piedras, realizado hace siglos, para despejar el paso a esas alturas. Al norte queda el cercano collado donde se asienta el roquedo de la Peña del Arcipreste de Hita. Al sur los restos de la guerra civil y el puerto de Guadarrama, la actual nacional VI, construida en el siglo XVIII y que vino a sustituir el antiguo puerto de Tablada y su posterior abandono. El antiguo trazado se interna a lo largo del valle del Río Moros (Garganta de El Espinar). En ese punto solo queda echar cuentas para poder completarlo en otra ocasión. 

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Album de fotos

Bibliografía
Los pasos históricos de la Sierra de Guadarrama
Leonardo Fernández Troyano. Ed La Libreria. 2015

18 de octubre de 2017

Ghost in the shell. El alma de la máquina

Han pasado unos meses desde el estreno de este filme. Pero más tiempo ha transcurrido desde que Hollywood se hiciera con los derechos para llevar a cabo su propia adaptación. Y más de una década donde el proyecto ha ido intercambiándose de cajones, y diferentes directores entraban y salían de los despachos. Finalmente Paramount se lanzó a la piscina con Rupert Sanders como director y la estrella Scarlett Johansson como figura del cartel. Elección esta última discutida por la estúpida moda de discutirlo todo. Una memez racial. Como si hubiera algún interés en demostrar que la meca del cine yanqui fuera racista. Eso es algo que se sabe desde tiempos inmemoriales. Se supone que los tiempos avanzan y esas barreras se irán desmontando. Tiempo al tiempo. El caso es que Scarlett Johansson encabeza un reparto con diversidad racial, como debe ser una sociedad que pretende mostrarse futurista, con Takeshi Kitano y Juliette Binoche como otras figuras relevantes a nivel mundial. 

Megalopolis - Paramount Pictures
La adaptación de esta película recoge mimbres del manga original, del japonés Shirow Masamune y de su predecesora animada, del director Mamoru Oshii. Es de agradecer que haya una intención de desmarcarse de éstas para crear su propia versión y mostrar otra versión del producto. El problema es que la película nace con el aura de ser una gran producción, con el lógico y loable objetivo de ganar dinero. Pero para ello deben limitarse a diversas pretensiones, como copar la manida formula del entretenimiento, y tratar de no espantar a nadie con profundidades mentales sobre cuestiones filosóficas acerca de la existencia, de la vida o hacia donde deriva la futurista conexión entre hombres y máquinas. Hollywood siempre ha sido un ejemplo de moral, de puertas hacia a afuera claro, y esta película se deja arrastrar por ese sentimiento de ejemplaridad y simpleza sobre el bien y el mal. Porque la ruptura y la gracia del GITS original queda relegada a si una multinacional hace las cosas como debe o simplemente busca obtener réditos por encima de todo. Demasiado visto. Es en ese punto donde se compra el alma de la idea original, reduciendo de manera notable el conflicto general de un ente más complejo que surge en el manga de Masamune frente a la individualidad de una vida arrebatada. Puede decirse que para llegar a ser un blockbuster, el mensaje debe darse algo más masticado que la rayada mental de la obra original. El poso que queda al final tampoco va en consonancia,  si no se fuerza a pensar un poco sobre lo que se está viendo.

Ghost in the shell, el alma de la máquina construye su propio universo, parejo a otras obras cumbres del genero que terminan por conectarse mutuamente. Visualmente la más cercana es Blade Runner, por la monumentalidad de las ciudades y la exaltación desbordada de la publicidad. Luego sobresale la parte más importante, cercana al mito del monstruo de Frankenstein que se revela continuamente contra sus creadores, como los replicantes o el símil paralelo de los conflictos entre padres e hijos, pero con maquinitas de por medio y una mayor complejidad por el uso informático de la información. La conectividad es uno de los puntos fuertes de la película, la forma donde el malvado de turno puede llevar a cabo un lavado mental sobre cualquier persona y acarrear voluntades a su antojo, algo parecido a lo que hace un hipnotizador que anula voluntades para cometer crímenes o llevar a cabo alguna misión especifica. Pequeña referencia a un clásico como El gabinete del doctor Caligari. Ese aspecto si que da para pensar, pues se trata de una forma de chantaje más efectiva que la simple amenaza. 

A qué te ahostio - Paramount Pictures
La película cumple el objetivo de entretener pero no va más allá, marca la suficiente distancia con las obras que la preceden como para poder dar por buena esta nueva adaptación. Pero siempre dentro de los limites de la corrección. La realidad es que el baremo del tiempo siempre la situará por detrás de la cercana referencia al anime de Oshii, superior incluso en las escenas de acción, más elaboradas y resueltas que las superficiales piruetas vistas en un show con poca alma. 

Ghost in the shell. El alma de la máquina
Rupert Sanders, 2017
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Ghost in the shell. Del manga al anime
Blade Runner

12 de octubre de 2017

El filo de la navaja

Esta novela adquiere el temible esquema de las películas destinadas a las sobremesas de los domingos. Gracias a la indicación previa de contar una historia basada en hechos reales, pero que por los motivos que sean, hay que sustituir nombres y lugares por otros ficticios, no sea que alguien se vea mezquinamente representado. Supuestamente ahí es donde reside la salsa del asunto, exponer hechos verídicos que por su relativa importancia, sirven de base para edificar el argumento del autor, y que las palabras sean dignas de llevarse a la imprenta. Sin embargo, hay una notable excepción entre la novela de W Somerset Maugham, frente a las producciones televisivas citadas al inicio. Reconozco que era un símil facilon, básicamente para situar al lector los parámetros desde los cuales parte El filo de la navaja. El mismo escritor avisa, en las primeras frases, de una historia que le ha tocado vivir tan cerca, que él mismo forma parte del reparto, adquiriendo la voz cantante e interactuando con el resto de personajes a lo largo de la década de los años 20 del siglo pasado, y estirarla más allá de los posteriores coletazos del conocido crack de 1929.

Una vela al santo
Aparte del propio Maugham, el protagonismo se reparte entre Larry e Isabel, dos jóvenes americanos y comprometidos casi desde la infancia. El joven Larry destaca por haber sido aviador en la I Guerra Mundial. Este hecho bélico trastoca algo la mentalidad del muchacho, quien decide explorar nuevos horizontes relacionados con el sentido de la vida del hombre. Una especie de búsqueda espiritual que choca frontalmente con el práctico mundo de su novia Isabel. Más cercano al famoso deambular del llamado sueño americano, y cuyo éxito anda relacionado con la cantidad de dinero que pueda acumularse para su disfrute. Ante tal base, es inevitable descubrir los pormenores de una relación que expone conceptos totalmente distintos a la hora de afrontar el maravilloso recorrido que es la vida. Y para descubrir tales placeres, nada mejor que el traslado de la acción a la capital francesa: París, y de rebote, Europa frente al supuesto triunfalismo de América. Debido a diversos avatares, la mayoría de personajes terminan pasando buena parte de su tiempo en París, con el lógico recorrido hacia otros lugares de singular importancia para el avance de la novela. En esos trayectos de idas y venidas, se manifiesta en la joven pareja las distantes convicciones que ambas representan. Dos formas de ver el mundo con sus correspondientes secundarios por ambos lados. 

Maugham representa un puente entre la joven pareja, a decir verdad cumple un papel intermedio, de espectador de los acontecimientos pero con relación directa sobre los personajes. Eso si, se cuida bastante de posicionarse sobre cual postura es la correcta. Obviamente comparte el modo de ver de Isabel, pero no puede tampoco esquivar cierta simpatía por los derroteros que toma el joven Larry. Él es escritor y su trabajo anda relacionado con el éxito que le proporcionan sus obras, en unos tiempos, que le permite disfrutar de una holgada economía, de la cual disfruta con una de sus peculiares amistades de la alta sociedad parisina: un notable personaje para la lectura de la obra y emparentado familiarmente con Isabel, el tío Elliot. Es tal el carisma que adquiere este anticuado personaje, que la alta sociedad y sus rimbombantes fiestas de antaño, logran superar la frontera del couché hacia quienes vivimos paralelamente en otros ámbitos, más poblados, sucios y en parte realistas. Es una delicia leer las descripciones de Maugham sobre Elliot, su manera de hablar y el alto concepto que tiene de un estilo de vida dedicada a la jarana, a la especulación y al cuchicheo. 

No sabía que bebieras cócteles, Elliot
Y no los bebo, respondió severamente - pero en este salvaje país de la Ley Seca, ¿Qué va a hacer uno?

Maugham reconoce que no es una novela al uso, trazada a brochazos por sus propios recuerdos personales en diferentes intervalos de tiempo. En realidad, es el personaje de Larry la causa del texto, la singularidad de un personaje valiente y singular, capaz de abandonarlo todo por el simple deseo de querer conocer una verdad que se le escapa y se muestra determinado a perseguirla hasta obtener una respuesta. Ahí es donde el lector puede decantar su apego hacia el libro o perder parte del interés, ya que esta figura tan sencilla y humilde, sobrevuela su existencia con una bondad tan extrema que apenas puede reprochársele alguna falta. El resto de la trama gira entorno a los propios obstáculos que les proporcionan sus vidas, emparentadas con las fantasmales apariciones de Larry, quien aparece y desaparece en virtud de las inquietudes que le abordan. El filo de la navaja en un notable entretenimiento gracias al oficio en que Maugham construye el armazón de su relato, sustentado en diversos personajes y su consecuente progresión a lo largo de tantos años.

El filo de la navaja
W. Somerst Maugham 
Ed G.P 1965
Colección Reno
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6 de octubre de 2017

Blade Runner

El negocio cinematográfico anda volcado en recuperar ciertas películas de renombre, normalmente filmadas tiempo atrás y que todavía conservan cierto caché entre el público. En realidad la triquiñuela siempre es la misma, porque alguien se ha inventado la excusa de renovar los éxitos del pasado para disfrute del público actual, como si una obra de arte tuviera que retocarse con el tiempo. Incluso parece tomar por tontos a los espectadores, como si no fueran capaces de llegar a entender la versión original, cuando éstas suelen superar las actualizaciones modernas. El planeta de los simios sirve de ejemplo, al ser el título de Schaffner netamente superior al posterior de Tim Burton.
Icono del siglo XX- Warner Bros
La realidad es bien distinta y los tiempos de consumo se disparan en este espectáculo. Por ello hay que abrir nuevas vías de ingresos y explotar al máximo temas ya existentes. En este caso, con la continuación de una película denominada de culto por los sabiondos del séptimo arte. Blade Runner de Ridley Scott. Por lo menos, y esto es un logro, no es un remake el esperado estreno del título Blade Runner 2049. También se agradece la apuesta de que está nueva película no sea un mero anzuelo recaudatorio. Ya que de inicio presenta visos de ofrecer una digna historia que colme las expectativas que acompaña un título clave en la historia del cine. Con el atractivo director Denis Villeneuve (La llegada) a los mandos. 

Ante el nuevo estreno, surge la excusa perfecta para volver a visionar el filme de Scott, la original de 1982 frente a la versión que el director quiso hacer suya hará unos 10 años con su montaje particular. Curiosamente siempre me llama la atención la excesiva adulación que provoca una obra considerada de culto. Con el inminente estreno de Blade Runner 2049, la propaganda mediática irrumpe en oleadas paralelas en forma de artículos, opiniones y críticas sobre la original. Lo que sorprende es como un buen puñado de personas recuerdan con exactitud la tierna edad del primer visionado y las buenas impresiones que dejó sobre ellos la peli de los replicantes. Resulta curioso, cuando todo el mundo sabe, o debería conocer, que el estreno fue un fracaso y que las críticas de entonces apenas resaltaban algunos elementos positivos. Tal vez mi desarrollo mental fuera más lento o las drogas de mi juventud de peor calidad, pues soy incapaz de recordar cuando vi Blade Runner por primera vez. Lo que si mantengo nítido fue la sensación de peñazo que me transmitió dicho filme. En un ejercicio de esnobismo, podría intentar rescatar el tema vanguardista de la imágenes, los coches voladores o las pantallas gigantes de la ciudad. Pero ese estúpido señuelo no estaría acorde frente a la plomiza lentitud de una película que me pareció estar bien cerca de la basura. 

Obviamente el radicalismo se acompasa con el fluir de los tiempos, y si se quiere, hay tiempo para la reconciliación en formato televisivo. Y el mejor horario es el nocturno, donde un programa titulado Qué grande es el cine, emitido en la segunda cadena de la televisión estatal, servía como avanzadas clases particulares. Gracias a José Luis Garci y a su grupeta de amigotes; Blade Runner obtuvo la redención a través del entretenido coloquio posterior a la exhibición de la misma, y a mi propia madurez como espectador. Gran merito de Blade Runner viene dada por la fuerza visual que Ridley Scott suele incluir a sus películas. Una habilidad en la que siempre destaca. La mezcla con el cine negro fue un acierto notable, donde se creó una atmósfera propia que ha sido fundamental por su influencia en cintas posteriores. De hecho, la crítica especializada siempre andaba buscando una digna heredera a través de una simple rutina, que incluía la frase hecha de la Blade Runner de la década tal a cualquier película de ciencia ficción que destacase un poco por encima de la media. Días extraños y Matrix llegaron a disputarse tal absurdo título en los noventa.
LA 2019 - Warner Bros
En contra se sitúa el argumento, algo más simple, y resumido a la simple caza de unos seres artificiales que adquieren la evidencia de su existencia. Estos seres, llamados replicantes, fueron creados a imagen y semejanza del hombre, pero mejorados para llevar a cabo mayores y esforzados trabajos en el espacio exterior. Sin embargo, un reducido grupo ha escapado del control humano y empiezan a plantearse las mismas cuestiones filosóficas que la humanidad lleva haciéndose desde tiempo inmemoriales. La solución del poder establecido suele responder de la misma forma cuando algo escapa a su control. Con violencia. Y en esta ocasión a través del típico poli retirado que debe volver a meterse en semejantes bailes. Harrison Ford interpreta al mercenario Deckard, seguramente en una de sus interpretaciones más desarrolladas frente a las conocidas aventuras de Indiana y del capitán estelar Han Solo. La replica le llega a través del apolíneo Rutger Hauer, el monstruo que intenta negar la muerte para afianzarse a la vida, buscando una inútil solución al preciado don que lamentablemente tiene fecha de caducidad.

Pese a que en el guion apenas haya espacio para mayores desarrollos en los personajes, si que recoge una buena cantidad de matices que terminan por enriquecer paralelamente a la trama. Algo así como el decorado que da lustre a cualquier negocio. Detalles como la soledad del hombre y el paso del tiempo, la enfermedad de Sebastián y el limite de tiempo de las máquinas. Unas máquinas que parecen ser más humanas que los hombres y mujeres de una sociedad futurista, mezclada y oscura. Abandonadas bajo el peso de las ciudades, auténticas moles urbanas que venden la típica vía de escape más allá de las fronteras terrestres. Blade Runner destaca por muchos detalles que la rodean y la permiten mantener el tipo pese al paso del tiempo. Nunca me parecerá redonda, pero se le acerca. 

Blade Runner 1982
Ridley Scott
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Ghost in the shell. El alma de la máquina

29 de septiembre de 2017

XXXVIII Pedestre Popular de Guadarrama

Otra vez se repite un ciclo conocido, al aprovechar la agradable templanza del verano para volver a corrotear. Y de ese modo intentar mantener cierta inercia que vuelva a colocar mis pies en una linea de salida. En esta conocida ocasión habría que matizar que me vi empujado a tomar parte en la Pedestre de Guadarrama, pues mi vecino Jony se cumplió la correspondiente venganza de la encerrona de hace dos años. Tenía en mente continuar cogiendo fondo y buscar otras alternativas más adelante. Pero la amistad tiene esas cosas, y nadie podría negarse ante las claras intenciones del paisano para acompañarle a tal evento.
greñas vs pelón

De esta manera sumo cinco participaciones en la carrera de mi pueblo, amplio número que viene a acumularse en este pequeño espacio personal. En parte había que volver a intentarlo, sobretodo después de llevar año y medio sin inscribir mi nombre a ninguna competición popular. Lejos quedan la Pedestre del 15 o La Tragamillas del 16. Breves coletazos de la desidia personal hacia el runin éste. 

Para colmo perdí a Jony mientras se celebraban las carreras dedicadas a los más pequeños, ni las modernas tecnologías del siglo XXI pudieron hacer nada por volvernos a unir, hasta unos breves minutos antes de la salida de adultos. Algo así como un pequeño adelanto de la carrera, ya que Jony vestía piernas más largas que las mías, y pese a sus buenas intenciones de hacerla juntos, era innecesario hacerle parar cada dos por tres, causa por la que me abandonó en los primeros metros de la prueba, cuando la masa de corredores ya enfilábamos la calle San Macario. La ancha vía que asciende hacia el pinar, y cuyo nombre está dedicado a un antiguo poblado con su correspondiente ermita. Un tema ya tratado en este blog

Pero la carrera se desvía por otra santa calle, la de San Sebastián, en una leve ascensión y en cuyos jardines paralelos destaca una fuente, aunque más bien parece una antigua pila bautismal y que adorna el verde de una urbanización. Breve objeto que me hace recordar que, en tiempos pretéritos, Guadarrama gozaba de unas siete ermitas. Poderosa devoción que erige dichos monumentos a lo largo de los tiempos, aunque las desgracias políticas del hombre terminaron por arruinar. De hecho no queda ninguna ermita en pie, salvo la espadaña de San Macario, cuya abandonada silueta vigila las aguas del embalse de la Jarosa. Tal vez esa pila sea algún resto perdido, y tal vez, San Sebastián tuviera su particular devoción por esa zona. Por imaginar que no quede. 

La carrera bordea las afueras hasta descender, por un largo trecho, una calle destinada al poeta Bécquer. Pero todo lo que baja vuelve a subir, ahora por la empinada calle de San Roque. Una larga vía de salida del municipio hacia la carretera que une Guadarrama con El Escorial. Tal vez San Roque tuviera también su ermita, pues hay una plazuela de mismo nombre pegada al inicio de la calle, como si este santo desembocara en ese lugar. Y como recoge el maestro Luis de León, en una obra de 1891, el correspondiente día dedicado al santo se le llevaba en procesión, mientras que por la tarde se celebraba la barbara costumbre de embriagarse con vino, hombres y niños en su mayor parte. Y a éstos últimos los embriagaban lastimosamente. Obviamente la tradición del botellón ya estaba inventado para entonces. 

Tras superar las libaciones a San Roque, se enlaza con la linea de meta, en un primer paso que dice ser el km 3 de la competición. Momento adecuado para saludar a vecinos y familiares congregados en ese punto. Después toca abandonar el casco urbano por una larga calleja, en un tramo de tierra que acoge diversos prados y que la especulación urbanística acogió con agrado incorporar esos terrenos como edificables, en un aprobado PGOU previo a la crisis y al estallido de la burbuja inmobiliaria. Cosas del PP del momento. Y del futuro. 

A pesar de la distancia puede oírse cierto jolgorio en el pueblo. Tiene pinta de que el ganador de la prueba debía estar llegando a meta, cuando mi reloj de pulsera marcaba unos 24 minutos largos. A un lento servidor todavía le queda rodear unos pequeños huertos, superar el puente del río y volver al asfalto. En ese intervalo, entre la naturaleza y la civilización, estaba la ermita destinada a San Juan, cerca de las praderías y de la urbanización del mismo nombre actuales. El único resto visible data de mapas del siglo XVIII. Ahí si, por lo menos, se sabe dónde estaba y a quien estaba dedicado el santuario. La carrera sigue en paralelo a la urbanización citada, hasta alcanzar un puente peatonal sobre el río Guadarrama. Al lado está otro puente, llamado del Rosario, cuyo nombre deriva por la cercanía de otra ermita perdida y que debía rondar esa zona. 


Antes de tiempo - CA Guadarrama/ dxt
Queda poco para la meta y en la calle del Río sobrevuela por el horizonte la cuadrada torre de la antigua iglesia, reconvertida en centro cultural aunque destinada al culto de San Miguel en el pasado. La jarana de emborracharse se repetía antiguamente en la celebración del día de este santo, a la vera del famoso veranillo de San Miguel con doble cantidad de vino, y por consiguiente mayores los abusos, dicta Luis de León. Para algo debe servir ser el patrón del pueblo. Hasta aquí la dedicación al culto, incluida la inventada para referirse a la devoción, tal vez habría que buscarla en los altares de la antigua iglesia, el Mayor, dedicado al patrono San Miguel, las Hermandades del Santo Cristo, San Francisco y Nuestra Señora de la Concepción; cada una ha costeado el suyo. El de San Antonio, por varias devotas, así como el de San José: últimamente, el de Nuestra Señora del Carmen, con todo lo necesario...

Retomo la senda de la carrera por la calle Dos de mayo, otra salida del municipio hacia el camino viejo de El Escorial y que en el interior, enlaza con la Calzada en el casco urbano, cuyos falsos adoquines terminan justo enfrente de la fuente de los Caños, allá donde una representación del mismo San Miguel vigila con su lanza a los participantes. En el tramo final rebajo el ritmo, al buscar entre el gentío a mi familia e intentar entrar en meta con la mayor de las niñas. Por lo visto he llegado antes de mis previsiones y cruzo el arco en soledad. Casi 40 minutos exactos en esta quinta ocasión. Tras los descuidados preliminares con Jony, estaba claro que hoy no era el día para atinar con las previsiones. 



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Club Atletismo Guadarrama
Guadarrama, Luis de León, ed Ayto Guadarrama 2001

Pedestre 2015
Pedestre 2014
Pedestre 2013
Pedestre 2012

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Actualización a 24 de septiembre de 2019

El pasado sábado 21 se celebró la cuadragésima edición de la Pedestre Popular bajo una perspicaz lluvia y la ausencia del herniado bloguero. Como la morriña tira del amor propio, quedaba la triste opción de rememorar pasadas experiencias acudiendo al archivo. Y en este caso particular, añadir correctamente la ubicación de las antiguas ermitas y la devoción de cada una de ellas. A ojo acerté con San Roque, pues se hallaba cerca del Camino Real y en el barrio así llamado. La ermita del Rosario andaba cerca del puente del río en un lado. Pero me faltó citar al otro lado del río a Nuestra Señora del Sauz.

La ermita de San Juan ante Portam Latinam identificada en mapas del XVIII en la calleja de Prado San Juan.

El Barrio de las Angustias contaba con la ermita dedicada a Nuestra Señora de las Angustias, cerca de la carretera de la Fuenfría en dirección a Los Molinos. También hacia el norte del termino municipal, en un lugar llamado Prado de la Iglesia y también cerca del río, se encontraba la ermita de uno de los patronos del pueblo. San Juan Bautista. 

En el puerto de Guadarrama se pensó en crear una colonia fija de residentes con el objetivo de atender a los viajeros y transeuntes del paso de montaña. El barrio o población debía llamarse Carmelo. Hacía 1785 se levantó la ermita de Nuestra Señora del Carmen con la aprobación por parte del Arzobispo de Toledo. 

Siete ermitas... todas perdidas. 

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Bibliografía
Arquitectura y desarrollo urbano. CAM (Zona Oeste) Tomo VII -  VVAA. Página 177