31 de diciembre de 2014

La cueva del valiente

“Se cuenta de ella alguna relación de aprovechamiento por bandidos, proscritos y, en general, gentes huidas y perseguidas por cualquier causa”  


Así describía un guarda a esta cueva en la revista Peñalara, allá por 1914. Desde luego poco cercana a la presunta osadía del valor que otorga su nombre a toda una montaña. Una elevación que se desprende del cordal guadarrameño para dominar con su mayor altura la denominada sierra del Malagón. Cueva Valiente se llama esta montaña de 1903 metros que recoge su nombre de la caverna situada en su umbría, una pequeña oquedad de unos 20 metros de profundidad hecha sobre la roca granítica. Parece ser que esta piedra no invita a ofrecer agujeros naturales en sus laderas por lo que se sospecha que detrás de su formación estaba la mano del hombre. O la de unos cuantos.

Llegar hasta la cueva es uno de los atractivos de esta montaña que comparten abulenses y segovianos, donde existen varios modos de asaltar la cumbre y disfrutar de las vistas. Y de tantos caminos distintos elijo el mío propio desde San Rafael, en un gélido día de diciembre partiendo desde la calle Carlos Mendoza, un poco antes del amanecer. Costumbre madrugadora que voy cogiendo para disponer de más horas en el monte. En primer lugar hay que atravesar el pinar que linda con las últimas viviendas de la población hasta alcanzar una primera referencia acuífera, las fuentes de la Virgen de la Nieves y de la Yedra. De esta última surge un camino, tras el vallado, que asciende por el pinar. A estas horas el sol aún no ha salido, pero la oscuridad empieza a difuminarse lo suficiente para apreciar como dos corzos emprenden la huida ante nuestra presencia.
Ascendiendo hacia El Peñoncillo

Mi perro ovejero permanece como siempre sorprendido y estático viendo escabullirse a los duendes de los bosques, en cuanto llego a su altura le saco de su letargo indicando que todavía queda algo de trecho por superar, hasta alcanzar un sendero con título y seguramente con orla. El de Ingeniero. Este sendero discurre por la ladera de la sierra de Malagón hasta perecer junto al arroyo del Boquerón, doce kms más adelante. En este caso no llegamos a tanto pues toca desviarse por el primer arroyo de cierta importancia, cuyo nombre responde al de Gargantilla y tras dejar atrás algunos arroyuelos. En este nuevo desvío toca ascender por una camino plagado de piedras que parece que van a acompañarnos durante buena parte de la excursión. Pues piedra y agua no van a faltar. Un poco antes de llegar al collado de la Gargantilla surge un apetecible sendero a izquierdas que nos otorga un leve descanso. Al principio llanea pero esta montaña guarda notables sorpresas. Como avistar un buen cumulo de rocas denominada como El Peñoncillo justo delante. Enfrente y mirando bien hacia arriba porque toca superar bastante desnivel por un entramado de rocas donde el agua sobrante es expulsada de las entrañas de la montaña. El maldito peñoncillo aguarda vigilante para ofrecer alguna de sus rocas como abrigo al viento que nos recibe después del calentón. Buscando con la mirada la montaña se avista un nuevo roquedo donde se oculta la cueva. Adornada el día de hoy por una leve cascada helada sobre la roca. Vuelta a subir por una vereda que discurre casi paralela al canchal para pode hollar por fin la covachuela del demonio. Y detenerme un momento para contrastar el frío que arrastro en las manos frente al calor que desprende mi cuerpo.

El nombre de la cueva parece venir de alguna antigua prueba de valor, algo así como el paso a la edad adulta de los jóvenes de la zona y que deberían superar. Vete tú a saber que diantres harían, si llegar hasta la cueva, permanecer una noche o picar para agrandarla con la cabeza. Lo mejor es disfrutar de las vistas que ofrece, incluso comprobar como aloja una serie de helechos que parecen llevar la contraria a sus congéneres en cuanto al color que deben tener por estas fechas. Volviendo a la hemeroteca del principio, queda por relatar que “un antiguo guarda de Pinares Llanos aseguraba haber hallado, más de una vez, excrementos de caballo en el interior de la cueva”  Sin duda fue utilizada por más de un salteador de caminos, donde destaca por esta zona la figura de Juan Plaza(1). De este presunto bandolero serrano no se ha encontrado ningún dato histórico que atestigüe su existencia y su actividad, más bien parece estar acompañado por la leyenda que sin embargo ha dejado su legado en la toponimia de la zona en forma de peñón. 

El refugio y el vértice geodésico
La cima de Cueva Valiente se halla tan cerca que es inevitable no remontar el escaso trecho que falta. Algo de nieve helada se interpone hasta la amplía cumbre alomada de esta montaña. Varios son los peñascales que dominan esta pradera. Al pie del más elevado descansa un refugio de montaña que años atrás tuvo una función más bélica durante la guerra civil. Quedan algunos vestigios más que hoy no toca mirar pues es la hora del merecido almuerzo mientras se disfruta de una de las mejores vistas del Sistema Central. La meseta castellana, las cumbres del Guadarrama, Quintanar y otras más lejanas y blancas hacia Gredos, convierten a esta montaña en un magnífico mirador panorámico. 

En esta excursión pensaba llegar hasta el cerrete cercano a Cueva Valiente y que como curiosidad carece de nombre a fecha de 2014. Llamativo por la necesidad humana de catalogar cada terreno, y al tratarse de una prolongación de esta montaña, que sería la segunda cota más alta de la sierra de Malagón. Pero como suelo perder el tiempo observando más de lo necesario toca atajar por un pedregal que llega hasta Cabeza del Buey, algo así como perder casi 400 metros de desnivel de una tacada. Si a alguien le gusta las carreras por montaña aquí tiene una buena zona de entrenos sino le atropellan las motos que socavan aun más los regueros abiertos por el agua. Una vez alcanzado el citado saliente sin abrirme la crisma, descendemos por un sendero que discurre cerca del arroyo Secal. Riachuelo que se atraviesa fácilmente y que nos guía hacia la amplia pista de regreso a las fuentes del principio del paseo. 
Arroyo Secal

Álbum de fotos


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Bibliografía consultada:

http://www.cuallado.org/esp/senderismo/Segovia/El_Espinar/El_Espinar.htm
http://bandolerosdelguadarrama.blogspot.com.es/

Mapa
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(1) - Juan Plaza, antiguo buhonero, vino a caer por estos pagos tras la dominación francesa. 
Contábase que en el pasado había combatido al invasor atacando correos que marchaban hacia la Vieja Castilla, hasta que llegada  la expulsión en 1813, hubo de reconducir su vida, transformándose de guerrillero a salteador. 

La vida de bandido era difícil y la competencia mucha, Juan Plaza había de lidiar con su exigua partida junto a grandes figuras del latrocinio castellano, llamaranse Tuerto Pirón, `Cabeza Gorda´,  Isidro `el de Torrelodones´, que hacían de las suyas apoderándose de lo ajeno, convirtiendo el Alto del León en su particular campo de operaciones.

Durante décadas los alrededores del puerto fueron coto privado de estas partidas que deambulaban impunemente por las vertientes serranas, imponiendo su ley a golpe de trabuco. Ante esta situación marginal, Juan Plaza quedó relegado a delincuente menor viéndose obligado a modificar su estrategia, pasando de dar golpes rápidos  en las inmediaciones de Tablada a aislarse en Cueva Valiente, de donde al parecer huyó posteriormente tras la rebelión de sus acólitos sin que jamás volviera a saberse de él.

Texto de Jesús Vázquez Ortega
Publicado en el Guadarramista

24 de diciembre de 2014

Tradiciones navideñas: El calendario

Hace pocos años unos familiares de San Lorenzo sorprendieron a la familia con unos calendarios personalizados como regalo navideño. Nada extraordinario pues son muchas las empresas que hacen algo de negocio con el cambio de año y seguramente se den cientos de casos. Pero a nosotros nos gustó tanto la temática del original, que consiguió despertar la curiosidad posterior sobre que fotos habrían escogido para rellenar los años posteriores. Ese primer calendario estaba centrado en otra tradición familiar, la recogida de la uva en un pequeño terreno que antaño fue propiedad de mi abuelo en Corcos del Valle. Y bien que lo tenían planeado pues lograron retratarnos a todos en la laboriosa vendimia.

Acumulación de ejemplares
Yo y Cris en 1998
El bache se dio en 2013, donde las tareas personales impidieron la realización y entrega de los calendarios para el 2014. Año en donde ha recaído a mi pareja y a mí la responsabilidad de continuar con este pequeño detalle familiar. Como apenas hemos tenido tiempo en estos meses finales, hemos atajado con un viaje temporal, donde vamos a colocar a todos los implicados en sus principios como parejas. De este modo saltaremos desde los inicios en la década de 1970 hasta nuestros días. Intentando sacar alguna sonrisa con el lógico cambio físico.

Por lo demás solo cabe desear un buen 2015 a quien ose pasarse por este sencillo blog. 

17 de diciembre de 2014

El Giocondo

La vida nocturna da mucho juego. Tanta como las propias batallitas que cualquiera pueda enumerar o ser capaz de recordar en el trascurso de los bares, de la música y de las copas. Por esas temáticas maniobra El Giocondo, novela corta de un grande de la literatura española llamado Francisco Umbral. Autor que cede el protagonismo al singular personaje denominado como Giocondo, joven apuesto y sin oficio aparente quien nos traslada a una noche de juerga en el Madrid de principios de los 70. Fecha aproximada sobre la publicación de la obra. En esta se describe una curiosa fauna donde abundan los homosexuales, la depravación y el interés. Aspectos morales lejanos de la impuesta por el régimen dictatorial de entonces y donde ignoro si la publicación de este libro le supuso algún problema o reconocimiento por parte de la sociedad de la época al escritor. Tampoco he indagado en demasía salvo esta ligera aproximación hallada en otra web.

La historia tiene un caracter troncal a través de la susodicha jarana nocturna. Desde el inicio
Vamos Gio, sal de la estantería
de la noche hasta bien pasada la madrugada a través del joven protagonista como guía principal. Las necesarias ramificaciones para aumentar el interés y los temas a desarrollar vienen adjuntas al cúmulo de personajes que van entrando y saliendo de la escena. Uniéndose en algunos casos al grupo de naturales crápulas para disfrutar juntos las virtudes de la noche. Según se van incorporando, son sometidos a una meticulosa descripción de su físico, caracter y profesión, por citar algo como modo de vida, en una especie de capitulo por personaje. También sirve como válvula de escape hacia otros tiempos y lugares, donde se remonta a alguna historia del pasado que termine por definir al personaje en cuestión y adornarla, normalmente, con alguna anécdota relacionada con el Giocondo, que para eso titula esta novela. De esta guisa vamos conociendo al protagonista central, decantado homosexual pero con la atracción física necesaria para el genero contrario, que intenta en contadas ocasiones desviarlo de acera. Curiosamente el Giocondo apenas habla o participa activamente. Más bien es definido por los demás, salvo en el episodio dedicado hacia su amor platónico, sobre la figura de un varonil norteamericano llamado Cheryl. 


El Giocondo tiene la certidumbre de haber amado una vez en la vida, de amar todavía, quizás, y esto le conforta con la comprobación de que ha tocado la clave misma de la vida

Un tramo empalagoso, casi como de adolescente como cuando alguien se reencuentra con el primer cosquilleo de estomago para ubicar en el tiempo el revoloteo de las mariposas que le provocó tal o cual fulano.

En este pulular de variopintos personajes destacan los interpretes, los escritores y los
F. Umbral en San Sebastián
Foto extraída de canales.elnortedecastilla.es
buscavidas, todos a una, con la vida por delante buscando la felicidad en los fondos de los vasos o entre las piernas de cualquiera, que para ciertos placeres no hay que hacer ascos a las hormonas. En este continuo deambular, el grupo va cerrando locales, empalmando garitos y apurando las opciones de la noche. Sin embargo cabe destacar las miserias de cada uno, normalmente por encima de las virtudes aunque triunfen en sus profesiones, como Bruto, actor reconocido y que empieza a destacar incluso fuera de las fronteras. Su fogosa apuesta queda resuelta amablemente al circular con su coche tuerto por las calles de Madrid. También andan por ahí los mantenidos, como el periodista Ramiro, gracias a una adinerada catalana con la que tiene que cumplir cada cierto tiempo o la inclusión de las viejas clases, en este caso a través de una Marquesa. Señora con mayúsculas en altanería y vicios, como la de amparar al Giocondo con el fiel propósito de desflorarlo y cambiarlo de bando. 


Tales vicios contiene el libro, material suficiente para embaucar al lector y atraparlo en la fiesta madrileña. Seguramente la novela se perdería en una colecta de recuerdos anecdóticos sino fuera por la prosa de Umbral, el verdadero sostén de la obra donde parece destacar más el modo de contarlo que la acción misma de los personajes. Una delicia que se deja leer con notable gracia hacia un desenlace tan sórdido como simple.  

Ustedes no son este país. Ustedes son cuatro pingos viciosos,... Este país ha dormido toda la noche y se levanta ahora para trabajar honradamente.
Martín Rubén

Francisco Umbral
Ed Planeta

10 de diciembre de 2014

El hobbit. La desolación de Smaug

Bonito título. 

Me lo apropio para escribir lo desolado que me encuentro ante esta nueva trilogía de la Tierra Media. Aunque la verdadera apropiación la ha realizado el señor Peter Jackson. El director neozelandes se ha convertido en el amo y señor de la obra de Tolkien. No solo presume de ello y aparece en plano, sino que hace y deshace a su antojo. En mi post sobre la primera parte de El hobbit, defendí la interpretación de los guionistas sobre la novela y las
El hacedor - Warner Bros.
aportaciones que presentaban para aumentar el interés del relato. En esta ocasión veo más inconvenientes que aciertos. Y todo por culpa de la hipérbole, por lo grandioso y exagerado del circo. Esta segunda cinta se pierde entre tantas aventuras y tantos obstáculos que las supuestas subtramas quedan aplastadas  por los grandes escenarios, las inconmensurables ruinas y el loco movimiento de cámara. Había ratos donde me entraron ganas de gritar en mitad de la platea, "Tate quieto un rato, coño". 


Entre tantos avatares parece un milagro que la compañía de enanos consiga llegar siquiera al pie de la Montaña Solitaria, y todo porque el conglomerado de problemas llega a hastiar el flujo natural del relato. Dejando a un lado la innecesaria introducción, la película en sí ya arranca con tensión a través de la escueta aparición de Beorn para superar la persecución de orcos. Este amable anfitrión apenas tiene tiempo de extender sombras a la expedición encabezada por Thorin y desaparecer de la historia sin mayor tiempo ni gloria. La compañía de enanos continua sus peripecias y calamidades a través de las arañas del Bosque Negro, sigue con la posterior captura y encarcelamiento, por parte de los elfos, para después dar rienda suelta al vertiginoso descenso por el río, homenaje a Donkey Kong incluido. El colmo de mi paciencia particular se terminó en el intento de acceder a la Ciudad Lago, con los malditos bidones llenos de pescado para ocultar a los enanos y con la supuesta incertidumbre de ser volcados al agua por culpa de un fulano que recuerda en exceso a Grima, Lengua de Serpiente de Las dos torres. A estos enanos les va a dar un infarto con tanto ajetreo.


Arranca el aquopolis - Warner Bros.
La incorporación de nuevos personajes se diluye en parte por la exageración del conjunto. Es como cuando se dice que los efectos especiales deberían estar al servicio de la historia y no al revés. Pues en esta película todo esta subjetivado a la grandeza de la Tierra Media pese al protagonismo real de un mediano. Bilbo Bolsón. El británico Martin Freeman logra asomar algo la faceta de actor por encima del resto de interpretes. Tampoco era tan difícil pero se nota al disfrutar este personaje de unos minutos más que el resto en pantalla. Destacar también al pretencioso rey elfo y a Evangelyn Lilly como Tauriel, al poseer su personaje algo tan simple como dudas en su interior y poder expresarlos a través de una simple evolución de secundaria. El resto del elenco debe conformarse con posar, incluido Thorin, quien pierde el protagonismo del primer acto para dedicarse únicamente a dar ordenes a sus
Bardo - Warner Bros.
subordinados y a poner caritas. 


Otro personaje importante es Bardo, al que lamentablemente se nos presenta como al típico descendiente heroico caído en desgracia y que sobrevive como puede. Como otros miles de personajes vistos en otras tropecientas películas. Imaginación al poder, aunque en realidad son las manías sajonas de hundir a los héroes para que estos superen todas las adversidades desde abajo hasta la cima. Una pena, porque un personaje tan importante y ninguneado en el libro tenía una posibilidad de adquirir el protagonismo que merecía a través de una caracterización más digna y representativa en este filme. Sin embargo la caricatura final se la lleva esa especie de gobernador de dibujos animados. Ni tan maligno ni tan inteligentemente corrupto como para mantener bajo su mandato a los habitantes de una ciudad empobrecida y que sobrevive en un ambiente tan hostil como la Tierra Media. 

Menos mal que nos queda el dragón para salvar algo el susodicho arte llamado cine. Al encuentro entre la fantástica criatura con el Jinete del Barril le falta algo de mordiente, pero me conformo con el descanso que Jackson otorga a los maleables movimientos de cámara. Smaug y Bilbo mantienen un buen encuentro hasta que el parque de atracciones retoma su virulenta actividad y vuelve la profunda parafernalia que atenaza esta revisión fílmica de El hobbit. Demasiado ruido, demasiadas virguerías y demasiadas expectativas fallidas.

En realidad la culpa es mía por no comprar palomitas.


Warner Bros.

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El hobbit de JRR Tolkien
El hobbit. Un viaje inesperado

El hobbit. La batalla de los cinco ejércitos


3 de diciembre de 2014

El guerrero

Esta es una de esas películas que resulta complicado recomendar a cualquiera, más bien habría que conocer sus gustos personales y si posee un magnífico atributo llamado paciencia. De hecho en la fecha de su estreno en España, allá por el 2003, me pareció un autentico muermo. Curiosamente con el tiempo se ha convertido en una pequeña joya cinefila que mejoró mi recuerdo en un segundo visionado
hace unos años. Con esta tercera revisión para añadirla al blog y pasados más de diez años, mi simple parecer ha variado de vertiente para unirse a la opinión generalizada de por aquel entonces, y a los premios internacionales que aglutinó un filme de temática distinta. El guerrero es una película que supuso el estreno de Asif Kapadia, director afincado en Europa y que contó con dinero británico que permitió a la cinta una mayor difusión y recorrido. 

El filme cuenta la historia de un guerrero que presta sus servicios a un rey, sátrapa o señor de un remoto lugar perdido del desierto. Lafcadia, que así se llama nuestro protagonista, lidera al grupo de mercenarios que impone los deseos del tirano sobre el populacho bajo el filo de su espada. Sin embargo, cuando este grupo de guerreros acude a castigar un poblado que no cumple con las expectativas del señor, el protagonista tendrá una especie de revelación quelo dejará helado, petrificado ante la simple visión de un objeto metálico que puede llegar a reflejar sentimientos como la amistad, el amor o el agradecimiento, y que el uso de su acero puede llegar a callar para siempre. 



Es ese instante cuando el personaje principal decide reconducir su existencia y abandonar el uso de las armas. Obviamente dejar su posición de servidumbre hacia el señor dominante le acarrea el título de traidor, con la inevitable orden de búsqueda y castigo a ejercer por sus antiguos camaradas. Alrededor de este punto es cuando el espectador occidental cae en la inevitable trampa del título del filme, y espera con premura la supuesta rabieta del ahora perseguido para que vuelva a coger el sable y arme la de san Quintín. Porque motivos tendrá para ello.


Significativamente ocurre todo lo contrario, Lafcadia emprende su particular peregrinaje por el desierto para lograr la purificación de su espíritu. En principio su objetivo es llegar hasta su lugar de origen, muy cerca de las altas montañas del Himalaya mientras intenta evitar encontrarse con sus perseguidores. En esta segunda parte del filme, el ritmo lento se acentúa aún más ante los imponentes paisajes por los que el protagonista pierde la mirada y en otras ocasiones el habla. Se invita a la meditación, al sosiego y a la paciencia. Incluidos los habituales personajes secundarios que aparecen para acompañarlo en su viaje y en su transformación espiritual. 


Por destacar algo la supuesta dificultad del viaje queda el fatídico recuerdo que arrastra y que lo acompaña como una maldición en la que debe tomar las medidas necesarias para cortar con su pasado. En la parte interna del personaje parece que se somete a una serie de pruebas, donde es rechazada su ayuda por tener las manos manchadas de sangre o el veredicto de las miradas en quienes reconocen el rostro de la mano ejecutora. Por otro lado toca centrarse en la correlación de la naturaleza con el cauce de la historia, del árido desierto hasta las nevadas cumbres del horizonte hay un notable trecho donde la vida explota sobre el yermo pasado del protagonista. Queda jugar pues a adivinar las intenciones del director a través del caudal de un río o el mero hecho de ascender una montaña como método para expiar los pecados. 

El guerrero de Asif Kapadia
2001