25 de mayo de 2017

El gigante de hierro

A finales de los 90 la animación por ordenador irrumpía con tal fuerza, que con el paso del tiempo ha terminado por convertirse en la primera opción a la hora de llevar a cabo diferentes proyectos audiovisuales. Aún hoy quedan pequeñas cuotas de resistencia, llegadas principalmente desde Japón y de películas independientes. Aunque habría que matizar que en algunos casos se utiliza alguna técnica informática para realzar algún aspecto del film que considere a bien el autor. Aún así, el dibujo, el tradicional 2D, se mantiene en la mayoría de esas películas pese a los leves retoques digitales. Y si encima alguna de esas cintas pasa por convertirse en una pequeña joya, la satisfacción por mantener ciertos toques clásicos es mayor según van pasando los años. Como en el debut cinematográfico de Brad Bird, con el título El gigante de hierro producida en su día por una de las grandes, Warner Bros. La película fue estrenada en 1999 y curiosamente con escaso apoyo por parte de la productora, cuyos gerifaltes apenas consideraron el poder de atracción de un título que adaptaba libremente la obra de Ted Hughes. Un ligero desprecio que Bird supo voltear, al contar con cierta libertad a la hora de afrontar su película. 


El juguete y el niño / Warner Bros
Un enorme robot llega a la Tierra sin que se conozcan mayores motivos ni intenciones. Y por una serie de circunstancias, establece amistad con un muchacho que encarna ese espíritu inquieto, soñador y aventurero que la mayoría de las personas han pasado a esa edad. El principal logro de esta película surge al lograr conectar ese sentimiento fantasioso e infantil con el espectador, en la estrecha relación de un niño con el hombre metálico. Además de incorporar la nostalgia en una pequeña lista conocida y correspondida por casi todos. Ese tiempo pasado en donde suelen mantenerse a flote los buenos recuerdos. Y se enlaza fácilmente con la cultura popular a través de diferentes modelos conocidos por la mayoría de personas que tengan ciertas inquietudes.

Para empezar sitúa el desarrollo de la historia a mediados de la década de los 50 del siglo pasado. Justo en el lugar más acorde, o donde siempre caen todos los visitantes del espacio. Los EEUU de América, país que vive bajo el prisma de una sociedad feliz, derivada de ese estado del bienestar que proporcionaba la economía del momento frente al peligro y la tensión de la guerra fría que proponía el tradicional enemigo, el bando soviético. La rivalidad se ve acentuada por la carrera espacial entre unos y otros por esas fechas. De hecho, la película arranca con la imagen de un sputnik dando una vuelta a la Tierra. De la confrontación política, entre los bloques soviético y americano, nace la escalada armamentística con el culmen histórico de la crisis de los misiles en Cuba en 1962, además del miedo que acompañaba al histerismo de una probable guerra nuclear. En la propia película hay hasta un curioso spot de los que se reproducían en las escuelas americanas de la época. 


Un pe que ño chu te / War ner Bro s
A todas estas referencias históricas, habría que sumarle otro tipo de influencias, las que provienen de diversas películas, partiendo de la especial relación entre el chico y el robot, muy similar al E.T. de Spielberg o a la faceta bélica del robot, visto en filmes como La guerra de los mundos de Byron Haskins o la reencarnación mecánica de Gor de Ultimatum a la Tierra de Wise. Otra claves populares son la conexión del muchacho con los cómics o el mero hecho de quedarse hasta las tantas viendo pelis de terror. Brad Bird juega muy bien con todos esos elementos, incluidos en una historia a la que se van añadiendo poco a poco nuevas tesituras. Además del compadreo que se establece entre los dos protagonistas. Una curiosa relación donde un niño transforma a un monstruo metálico en su peculiar feria andante o compañero de baños silvestres. La candidez de la máquina contrasta con el necesario antihéroe de la función. Un peligroso charlatán que suele caer en gracia por estar ligado su personaje hacia aspectos más cómicos que malvados. Tal vez pueda decirse que la única pega sea su corta duración. Quitando los créditos finales, la película apenas logra alcanzar la hora y cuarto. Un mero receso que no empaña a una de las mejores películas animadas de los últimos tiempos. 

El gigante de hierro de Brad Bird
1999

19 de mayo de 2017

El antiguo vivero de la Cebedilla

Es llegar al coqueto pueblo de Lozoya, cruzar la carretera M-637, avanzar ligeramente por la pista que nace de la calle del Chorro, y plantarse en la planicie para observar los diferentes estratos que conforman las laderas de los llamados Montes Carpetanos. Una delicia de panorámica que ayuda a entender la mano del hombre a la hora interpretar el paisaje. En este cercano punto abundan las cercas de las fincas, adehesadas en su mayoría y donde destaca la presencia de los fresnos, pegados normalmente a los muros que delimitan privacidades. A media ladera una amplia mata borrosa, de ciertos tonos cambiantes que dan cabida al extenso robledal. La supuesta especie autóctona de las montañas guadarrameñas a esas alturas. Más arriba, el tupido verde de los pinos. Y ya al final, dirimiendo los limites con el cielo, las crestas de las montañas peladas, rocosas y sin las nieves de antaño. 
Las vistas de inicio
Hubo un tiempo donde la mata forestal, que hoy día cubre los montes, estaban repletos de calvas, por no aventurar más allá de la escasez de árboles. Montes desnudos que podemos ver retratados en las viejas fotografías que los municipios suelen colocar en sus páginas corporativas. Gracias a una esmerada reforestación precedente, podemos alegrar la vista con el tapiz verde que cubre las laderas de las montañas madrileñas y castellanas. Y con el pino como gran protagonista, seguramente por las buenas condiciones que plantea este árbol, adaptabilidad, precio y rápido crecimiento. 

Curiosamente en Lozoya estuvo ubicado un vivero a 1700 metros de altura, donde debieron partir muchas de las especies que hoy cubren estos lugares. Sin embargo, se dio el simpático
Ciprés de Lawson
caso de que entre tanta monótona repetición, a alguien, o algunos, se les ocurrió la idea de introducir otros ejemplares arbóreos qué, si bien no desentonan con el entorno, si que choca la idea de encontrarse con diversos ejemplares cuya procedencia original se haya bastante alejado de la península ibérica. Con el tiempo, el llamado vivero de la Cebedilla fue

abandonado, pero los arbolillos allí depositados decidieron echar raíces por esos contornos, ya que estaban, para qué marcharse. De está particular guisa podemos encontrar la mayor variedad de arboles singulares, en tan reducido espacio, dentro de la comunidad de Madrid. Abetos rojos, del Cáucaso, abetos de un tal Douglas, cipreses de Lawson y algún que otro pino con condecoración y todo, el llamado pino de Lord Weymouth. Exóticos nombres que otorgan cierto caché al pinar, expuestos y señalados a la vista de cualquiera que quiera perderse por los pinares del término de Lozoya.

Fijado el objetivo, queda echarse a andar por la misma pista hasta alcanzar un depósito de aguas. Las Aleguillas, dicta el vallado cartel. En este punto, se abandona la pista para enlazar por una bella senda a izquierdas, encajonada por un doble amontonamiento de rocas y en donde alguien se ha construido un pequeño chamizo en la finca colindante. Esta divertida senda anda repleta de buenos pedrolos, muchos caídos de los muros que la delimitan para entretener la marcha entre tanto bache. La senda se cruza con la pista anterior, pero justo enfrente irrumpe su continuación a través del joven bosquete de robles. Parece ser que esta vereda tuvo su origen en la captación de aguas, de ahí que veamos alguna que otra arqueta durante la subida. Ascensión que nos permite entrar en calor, gracias al ligero desnivel que vamos alcanzando y rodeados de pequeños robles. Más bien semejantes a palillos que aspiran a alcanzar el estatus de árboles algún día y a quienes les cuesta echar hojas según ganamos altura. Y eso que llevamos más de un mes de primavera transitada. Serán holgazanes. 


La Chorrera
Sin que sirva de precedente damos la espalda a las vistas del embalse de la Pinilla y de todo el valle del Lozoya, mientras la vereda zigzaguea un poco entre los citados palillos. El leve canturreo de los pájaros compite con el paso de alguna vaca despistada y contra el cercano rumor del arroyo Palancar. En una cerrada curva a izquierdas abandono la senda, cuyo trayecto continua hasta alcanzar y vadear el arroyo. Pero antes hay una chorrera donde poder ver las saltarinas aguas y cuyo peaje solo conlleva ascender a gatas algún tramo. El perro incluido.

El arroyo Palancar, irrumpe con cierta flojera por las rocas, danzando por las alisadas paredes donde se crean pequeñas pozas donde Bosco aprovecha para refrescarse. Ole sus huevos. Un leve receso de tiempo para observar la Chorrera de la Peña Lisa, alguna fotografía de postureo y continuar la ascensión paralela al arroyo, así hasta que aparezca la senda abandonada con anterioridad, que se corresponde con el antiguo camino que unía Pinilla con Navafría. 
Los Douglas

Mientras caminamos a estas alturas se aprecia la frágil linea que separa el robledal del pinar. Atrás dejamos los palillos y emerge el pino, tan abundante como el populacho. Y al poco topamos con la remodelación de una pista forestal que proviene de la carretera, ampliada recientemente con el objetivo de canalizar arroyos en las curvas y de crear caceras artificiales en sus laterales. 

Tan natural como algunos buenos ejemplares de pinos, dispersos entre el resto de coníferas. Por tamaño, se intuye cuales fueron introducidas y cuales llevaban por aquí más tiempo. La autopista creada continua su trayecto hasta superar nuevamente el arroyo Palancar y de ahí, a tiro de piedra, señalizados y expuestos como si de un escaparate navideño se tratase, la peculiar colonia extranjera de la Cebedilla. Los habitantes más exclusivos de la sierra, tratados con la exquisitez que merece su rango de singularidad. 

Nada mejor que echarse junto a algún tronco, sacar el almuerzo y contemplar la gracia con la que crecen estos arboles, ajenos a tanta clasificación mundana y a los curiosos que venimos a visitarlos. Destacan primero un par de abetos rojos, cuya mayor gracia proviene de su clasificación botánica, ya que al parecer estos dos árboles no son estrictamente abetos sino parientes de las coníferas. Después están los abetos de Douglas, muy pegados entre si un par de ellos. A continuación el pino clasista de Weymouth y por último, el llamativo ciprés, con su colorido ramaje a medio caer pese a estar ensombrecido por sus colosales compañeros. 

A finales del siglo XIX se inician también las primeras reforestaciones en la Sierra. En efecto, en 1888 la administración forestal comienza el estudio de la Cuenca del Lozoya desde su nacimiento en Peñalara hasta su desembocadura en el Jarama con el fin de repoblar sus vertientes para evitar el enturbiamiento de las aguas del río Lozoya, fundamentales para el abastecimiento de Madrid. Arranca así un proceso de compras de fincas recientemente privatizadas. En las dos primeras décadas del siglo XX, el Servicio Hidrológico Forestal acomete la reforestación de pequeñas superficies en las cuencas del Lozoya, del Guadarrama, del Manzanares y del Guadalix. Aunque las hectáreas repobladas entonces no superan las 5 000 merece la pena destacar que fruto de estos trabajos son los pinares de Lozoya y Canencia (unas 1 500 ha) y el de La Jurisdicción (800 ha) en San Lorenzo de El Escorial, a cargo de la recién nacida Escuela de Montes.
Revista Ambienta
La peña del Cuervo
Tras el paréntesis, toca alzar el bastón, pues hay un excelente mirador que se esconde detrás de tanto arbolito. Toca superar un fuerte desnivel, sin mejor guía que seguir hacia arriba hasta poder superar la masa arbórea. Aglomeración que finalmente claudica para dar paso a los arbustos, a las retamas, al piornal. Solo algunos osados pinos intentan conquistar mayores altitudes, como castigo a tal arrogancia, la continua acción de los vientos hacen retorcer sus troncos en esa singular lucha por hollar las cumbres. Mientras que un servidor, se ve obligado a realizar más de una parada para recuperar el resuello. Por fin asoma la peña del Cuervo, un espolón rocoso cuyo volumen emerge como un faro a seguir por inexistentes sendas sin marcar. Bendita cercanía. Tras rodear su humanizado perfil se alcanza este mirador excepcional y vallada para evitar la caída de algún torpe. Una vez que se alcanza la roca, toca nuevo descanso para disfrutar de la amplia panorámica que ofrece, además de jugar a acertar las montañas que se observan y dar la espalda al Nevero, a sus lagunillas y a los pedrolos que las rodea, ya que ahora toca adivinar la bajada hasta alcanzar nuevamente el pinar. 

La vereda encajonada
Hacia el oeste se adivina una amplia pista por el cerro de peña Morena, sin embargo a la vera del arroyuelo del Hornillo surge una senda bajo el pinar, y la sombra que ofrece gana la elección del descenso hacia las laderas de la montaña para volver a buscar la citada senda que unía Pinilla con Navafría. Caminos por donde vuelve a aparecer el robledal, en una larga e intervenida bajada donde se pierde rápidamente las alturas ganadas. Nuevamente los robles andan escasos de follaje y la monotonía del paso crece ante la anchura del mismo. Ando rodeado otra vez por los múltiples palillos y encima sin la hojarasca necesaria para cubrirnos del plomizo poder del rey Sol. Dentro del tostón que supone el mismo paisaje, surge la esperanza por la aparición de algunos melojos de mayor envergadura y tamaño en las cunetas. Incluso cabe destacar algún que otro acebo aislado, en especial uno con ganas de convertirse en un buen arbusto que llega a desentonar ante tanto roble. La larga pista regresa al desvío del inicio, donde la senda encajonada y la planicie donde observaba este retocado lugar del inicio. Demasiado pateo, demasiado largo y repetitivo el descenso. Para la próxima me perderé por algún atajo. 

Álbum de fotos

Bibliografía

- 50 paseos para descubrir bosques y árboles singulares de Madrid
Andrés Campos Ed, La libreria 2006
- arbolessingularesmadrid.blogspot.com.es
- Ruta 4: Ruta al Nevero - Lozoya.es
- Revista Ambienta. Una montaña transformada por el ser humano. 
Ester Saez Pombo - Gonzalo Madrazo García de Lomana

11 de mayo de 2017

Viaje a la Alcarria

Siempre ha habido alguno que en un momento dado, levanta la vista y se lanza a transitar más allá de los horizontes que sus ojos alcanzan a ver. Hoy día, y gracias a que se venden por Internet, podemos descubrir y entretenernos, con las aventuras de miles de personas que deambulan por múltiples lugares del planeta. A pie, en bici e incluso con pase VIP si se tercia. En realidad es un fenómeno natural del ser humano, desplazarse a diferentes sitios para conocer y experimentar nuevas sensaciones, culturales y vitales. Aun así, tiene merito el paseo que se dio, don Camilo José Cela alrededor de una coqueta región de la provincia de Guadalajara. No solo por tratarse de uno de los últimos gigantes de la literatura castellana, sino más bien por llevar a cabo tal excursión con apenas pasados siete años de la contienda civil española, y la elección, en parte cómoda por la cercanía, de un lugar tan bello al que a la gente no le da la gana ir. Una pequeña verdad, esa de que a veces no hace falta irse muy lejos para descubrir rincones interesantes.

El Viaje a la Alcarria de Cela, recoge las mismas experiencias que la de miles de anónimos
blogueros dispersos por las redes. Nada nuevo si nos atenemos al simple concepto del género de la literatura de viajes. Tan viejo como el propio hombre. Pero con una notable distinción en el tiempo y en las formas, pues Cela se lanzó a la aventura en 1948 para conocer, de primera mano, los pueblos que jalonan esas tierras. De primeras, parte en tren desde Madrid a Guadalajara, para después encaminarse a la ruta del vaivén, dando a entender que salvo algunos puntos marcados de antemano, el itinerario lo marca la sabia decisión del momento. El viajero Cela se antepone en tercera persona, y aunque él sea el narrador, sabe ceder muy bien el protagonismo a las gentes con las que se va cruzando, quedando él mismo en un segundo plano para descubrir las diferentes personalidades que se cruzan en su camino. Las curiosas anotaciones de los vecinos de los pueblos adornan un retrato ligero de la sociedad de la época. No se descarta señalar la pobreza de algunos o el mal devenir de otros, aunque siempre por encima de una leve complacencia sobre un país que se recupera de los estragos de la guerra. El yantar se suple con el trabajo de quienes trabajan las tierras y eso es algo que destaca el autor en todos los pueblos por los que pasa. Así como los buhoneros que negocian por distintas plazas.

Un dato llamativo resulta ser las diferencias que se establecen entre los distintos pueblos, a pesar de la corta distancia que hay entre ellos, destacando sobre todo, el carácter más jovial de algunos frente al lógico recelo que despierta el extraño en otros. De todos modos, a Cela no le cuesta entablar conversación con los vecinos y llegar al cordial termino de amistad con un buen número de personas. Demostrando, en parte, las buenas maneras del mundo rural y que amenazan con desaparecer con el paso de los tiempos. Otro de los datos importantes del libro son las acotaciones dedicadas a la descripción de los pueblos y de sus monumentos. Estos últimos normalmente se encuentran en mal estado y con peligro de derrumbe, simples enunciados donde Cela expone el abandono de estos edificios históricos, una especie de denuncia hacia un país que debería recuperar las glorias del pasado para beneficio del presente. En parte algo se ha hecho desde entonces. Quedan dictados los pueblos, los parajes y el paisaje. Elementos vitales para quien pueda perder libremente el tiempo con la contemplación y disfrutar de ello. Una agradable sensación en peligro de extinción por los acelerados ritmos de vida actuales. 

Este 11 de mayo, Cela cumpliría 101 años. La zona de la Alcarria siempre le estará agradecido al autor por este trayecto, transformado hoy día en útil y llamativa herramienta turística


Hace un día esplendido, algo nuboso y no de demasiado calor, y el viajero, desembarazado del equipaje, camina con soltura y con alegría.


Cela, la mula y un paisano.
Imagen sacada de viajesdeprimera.com e imagino que la original será de la Fundación de Camilo José Cela

Viaje a la Alcarria
Camilo José Cela
Espasa libros, 2010

5 de mayo de 2017

Quiéreme, si te atreves

De inicio, es imposible obviar la influencia, o la comparación, de esta película con uno de los grandes éxitos del reciente cine francés. Porque la sombra de Amélie, del director Jean-Pierre Jeunet, planea de manera alargada sobre el estreno cinematográfico del también francés Yann Samuell. No solo por su temática de comedia y romance, sino también por la forma de encarar los acontecimientos que rodean a la pareja protagonista. Los conocidos actores franceses Guillaume Canet y Marion Cotillard. En realidad es muy fácil entablar las similitudes hacia una composición que se nutre en exceso de la fantasía, de la colorida fotografía en el arranque infantil, del elaborado montaje, con numerosos saltos y efectos visuales, aparte de ser narrada por su protagonista principal. Tales concordancias hacen inevitable la cercana referencia hacia la fábula de Amélie, estrenada en 2001 frente al cercano 2003 de Quiéreme, si te atreves. Si se quiere buscar diferencias, éstas hay que hallarlas fuera del envoltorio, principalmente en el argumento, la historia que pretende embaucarnos el bueno de Samuell a través de una relación que llega a ser volcánica.

Hay la lluvia...- Mars Distribution
La temática es bien sencilla, Sophie y Julien establecen una magnética relación a partir del típico juego de retos, con la retahíla de ver si sus personajes son capaces de llevar adelante las pruebas que se ponen mutuamente. Capaz o incapaz, es la continua frase por la que gira todo el argumento. Y por redundancia la película en sí. La tontería de los retos empieza desde la edad infantil hasta la edad adulta, y no queda otra que aceptar, como ese estúpido juego se convierte en la estrella por donde gira todo el universo creado por Samuell. Es de cajón que la tierna amistad infantil trastoque la atracción que suele tener el continuo roce adolescente, y de ahí hasta alcanzar la macabra exageración de una pareja incapaz de salir de ese circulo vicioso por el que giran sus vidas sin llegar a dañarse mutuamente. El juego y la caja de hojalata que representa el premio. A los protagonistas les cuesta salir del fácil escudo de quien logra poseer la maldita caja metálica, esa que otorga el privilegio de ordenar el siguiente reto para evitar dar el salto más sencillo, declararse que ambos viven enamorados pese a las trabas que ellos mismos se colocan. 

Siempre nos quedara el consuelo de la caja
- Mars Distribution
Gracias o no, al cartel del filme, podemos imaginar el resultado final. Algo así como cuando se sabe que se hunde el barco al final del minutaje y la gracia queda reducida al desarrollo de los personajes hasta ese punto. La inercia de los acontecimientos llega a desembocar, que las simpáticas trastadas iniciales acaben por ser devoradas por otro tipo de situaciones, donde los protagonistas se dejan arrastrar por lo exagerado, por llevar a cabo un amor tan fuerte que ambos no sepan diferenciar donde queda el juego y donde la realidad. La tentativa de Samuell se queda en un tanto positivo, al intentar desmarcarse de las típicas comedias románticas, esas en donde predominan los malentendidos que interfieren en las parejas para dotarlas de cierta gracia al asunto. Las ideas del director quedan expuestas a la inercia del juego, y ese es el único anzuelo donde deben picar los espectadores, dejarse llevar por la propuesta de la película o reventar el sinsentido que ofrece. Claro está, depende de cada uno.

Quiereme, si te atreves
Yann Samuell 2003

20 de abril de 2017

Como conocí a vuestra madre T7

Séptima temporada. Y lo primero que se me ocurre es anotar el marujo comentario sobre la perdida de kilos de Jason Segel. El actor que interpreta a Marshall Eriksen. Un solido argumento para comenzar esta entrada y toda una atracción, si se compara con el fofo aspecto que suele dejar el abandono masculino. Tal vez su agente le diera un toque, cual madre preocupada por su cliente. Tras el lamentable momento amarillo, quedaría bien intentar discernir algo más interesante acerca de esta temporada de la serie, Como conocí a vuestra madre. Emitida entre los años 2011 y 2012. Curioso el vértigo que me entra al echar cuentas hacia atrás. Hoy día parece aun más lejano. 


Has engañado a tú amoooorrr¡¡¡ - 20th Century Fox Television
Sin duda, el mayor merito es mantenerse y lograr la cuota necesaria para seguir sorprendiendo a la audiencia. Algo que se consigue, en esta séptima temporada, con bastantes cambios a lo largo de los 24 episodios pertinentes. A decir verdad se acumulan tantos viajes emocionales que parece que los guionistas no han querido guardarse nada. No está nada mal después de tantas historias en temporadas anteriores, pues lo fácil sería recurrir a más de lo mismo para asegurarse la cuota diaria. La base acumulada en temporadas pasadas, sirve para recuperar ciertas imágenes, personajes y problemas del pasado que refuerzan el contenido global de la serie. Una pequeña muestra son las reapariciones de la exnovia de Ted, Victoria, y la peculiar recuperación del personaje de la calabaza putilla, ambas de la ya lejana primera temporada. A decir verdad se juega bastante con el pasado, está bien aprovecharlo porque forma parte de la historia de la serie y no solo con la repetitiva visita a los universitarios Ted, Marshall y Lily. 

Por supuesto vuelven a darse los ingredientes habituales que aglutina la serie. Aupada principalmente en las relaciones personales, los saltos temporales marca de la casa y algunos ingeniosos giros de guión. No solo aprecio el cambio físico de Marshall, en este caso más bien parece que Ccavm ha logrado asentarse como un miembro más del carrusel de paisajes que contemplamos a lo largo de los años, y vemos como crecen, cuales pequeños infantes de nuestras vidas. Infantes, esos pequeños seres que adquieren relativa importancia en varios capítulos, gracias sobretodo al embarazo de Lily. Hecho que se aprovecha para adherirse a la temática de la serie gracias a la parafernalia que rodea los preparativos de la llegada de un bebé. Como la posibilidad de trasladarse a las afueras de Nueva York. Una opción que también se une a un puñado de capítulos interesantes y que terminan por ser rematado en la genial fiesta de Un apicultor en llamas (7x15). 

La calabaza y la putilla - 20th Century Fox Television
Ted nuevamente deambula perdido en su lastimera búsqueda, señal inequívoca del hartazgo que provoca la caricatura que los guionistas se han empecinado en crear. El enamoradizo locuelo está terminando por ser un tipo bastante cargante. Más gracia acumulan Robin y Barney, personajes que contraen diferentes vaivenes emocionales que determinan el protagonismo que han ido acumulando a lo largo de las temporadas. Un peso ganado a pulso en detrimento del resto del reparto. En principio destaca la inclusión de Kevin (Kal Penn), como novio de Robin, terapeuta de profesión y que incluye un perfil interesante. De entrada logra encandilar a cualquiera, a pesar de ocupar lógicamente un papel secundario. Es más, en pocas palabras logra expresar la definición exacta del grupo de chalados afines al McLaren´s en El misterio contra la historia (7x06). Salvo las lógicas salidas histriónicas dedicadas al humor, el personaje de Kevin aparece como un poso de sensatez ante tantos desvaríos. A Barney le toca bailar nuevamente con la más guapa. Tras una nueva incursión de la vida en pareja, parece estar destinado a sentar definitivamente la cabeza. Algo realmente chocante si se rememora los momentos de gloria que este personaje ha brindado al conjunto de la serie. 


Karma en acción - 20th Century Fox Television
Curiosamente el nivel decae algo en los últimos episodios. Todo parecía bien encaminado a la supuesta traca que depara el cierre, pero para llegar a tal punto hay un impás que hace perder comba a toda la temporada. Una lastima porque, pese al buen hacer de la mayoría de episodios, al final queda un regusto amargo, propiciado tal vez por el excesivo número de temporadas que acumula la serie. 

Como conocí a vuestra madre
CBS 2011
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Ccavm T1
Ccavm T2
Ccavm T3
Ccavm T4
Ccavm T5

Ccavm t6

12 de abril de 2017

El rojo emblema del valor

Contaba con apenas 28 años cuando la tuberculosis se llevó por delante a Stephen Crane, enfermedad que impidió, al joven escritor americano, aumentar su número de títulos literarios. Una pena, porque contaba con el aprecio de la sociedad de su época y el interés que suscitan las lecturas de sus obras. Como El rojo emblema del valor. Obra que ha logrado alcanzar el estatus de clásico dentro de la historia de la literatura norteamericana. Esta novela corta en páginas, viene asociada por la influencia que derivaron sus letras en posteriores obras, gracias al toque interno del protagonista y como éste afronta el duro retrato de entrar en combate por primera vez. De entrada, la historia se concentra en un hecho puntual durante la guerra de secesión americana. Y su protagonista es un simple soldado llamado Henry Fleming.

La supuesta gesta, que suele acompañar a los relatos sobre diferentes guerras a lo largo de la
historia, queda condicionada, en este caso, por el posicionamiento de Crane, al centrarse en la mentalidad de un muchacho cuyos aires de grandeza se confunden con la realidad. La escasez de páginas abarca principalmente el conflicto armado de una batalla sin nombre, a través de los pensamientos e ideas preconcebidas, que el joven muchacho lleva consigo. El supuesto ramalazo que acompaña la heroicidad de los actos que se ejercitan en las batallas, con el correspondiente derramamiento de sangre. Connotaciones clásicas que parecen flotar alrededor de la fantasiosa mente del protagonista. Estos viejos ideales quedan expuestos ante la posibilidad real del cumulo de emociones que suponen estas lides. Afrontar la dura realidad como por ejemplo, salir por patas ante el primer conato de violencia. Este acto tan desolador, tan cobarde, tan humano, demuestra la fragilidad de nuestro ser frente a la mayor de las locuras. Y en ese choque de sentimientos es donde destaca el punto inicial de la novela. 

Después de avanzar y destripar semejantes acontecimientos, el autor expone el particular viaje de su héroe a través de la natural parábola que suelen recorrer todos los heroicos protagonistas de las antiguas historias narradas. Especialmente aquellas, donde los héroes acaban forjándose para alcanzar finalmente las idealizadas victorias. Proezas lejanas frente al tremendo realismo que dicta el escritor americano. Y más en este caso particular, al introducirnos en el interior mismo de la cabeza del muchacho, gracias al continuo comecocos que aflige al protagonista, porque sabe y reconoce, el alcance de sus actos, así como la necesidad de retornar al rebaño del que se ha separado. La imaginación del muchacho se dispara ante las distintas posibilidades de como debe afrontar el regreso al regimiento y la actitud a tomar antes tales circunstancias. Su cabeza divaga a través de diferentes escenarios y buscando probables excusas ante la vergüenza de ser reconocido por sus compañeros al huir del campo de batalla. A lo largo de ese espacio y a posteriori, será obligación del lector descubrir si se cumplen las predicciones del muchacho, si habrá redención o si la realidad aplasta toda ensoñación emparentada con la gloria que otorga las armas. 

Este carácter interno, en gran parte psicológico, demuestra la frescura de ideas de Crane, al lograr que esta novela llegara a influir posteriormente en obras posteriores gracias al punto de vista que adopta. Otro punto de notable interés, tiene que ver con el talento para narrar con pulso e interés los choque bélicos. Enfrentamientos donde demuestra el buen manejo de los tiempos que conlleva la tensa espera previa a entrar en combate. Una vez dentro parece transportarnos al interior mismo de esta recurrente tragedia humana, gracias al realismo que aporta su descripciones y la inquietante espera de comprobar el resultado de las intensas humaredas en forma de telones que originan los disparos. 

Sería importante destacar las razones por las que Crane se empeña en minimizar a los protagonistas. Quitarles la grandeza previa de la guerra para situarlos en la inmensa nomina de soldados anónimos. Normalmente recurre a diferentes apelativos para designar a los hombres que acompañan al protagonista principal. Tales como el soldado alto, el jactancioso o el andrajoso, son una simple muestra. Al propio Henry Fleming se le señala constantemente como simple muchacho, y si acaso hiciera falta aumentar el desprecio verbal sobre los pobres novatos, ahí están los balbuceantes gerifaltes, para faltar aun más a sus hombres, o designar que regimiento se encuentra dentro del sorteo de prescindibles dentro de las batallas. El muchacho, por norma natural, cobra especial importancia para aparecer en el momento oportuno en estos tránsitos, gracias al merodeo que llevan sus rápidas piernas. Tanta velocidad como las interpretaciones que va realizando su cerebro en todos los actos en los que participa. Algo así como afrontar la realidad desde la óptica interna de aquello que le gustaría alcanzar a realizar. 


Él también arrojó al suelo su arma y huyó. No había vergüenza en su cara. Corría como un conejo.


El rojo emblema del valor
Stephen Crane
El País Aventuras, 2004

6 de abril de 2017

Castaños y pedrolos. Machota Alta

Cuenta una leyenda, que el monarca Felipe II estudió la posibilidad de construir su real monasterio en la comarca de Zarzalejo. Este rumor no debió ser bien acogido por los vecinos de aquella época, quienes expusieron todo tipo de trabas, protestas y quejas por temor a las expropiaciones de sus tierras. Al parecer, lograron que el rey optará por trasladar su proyecto al otro lado de las voluptuosas Machotas, tachando el ilustre monarca a los autóctonos de su tiempo de "indómitos como los indios caribes". Una especie de insulto hacia quienes se quedaron bajo el seno protector de ambos cerros. Y sin las obras del monasterio de marras por sus dominios. Otra cosa bien distinta debió ser el suculento negocio de las canteras. 

Unos cuantos siglos después, los aires rebeldes se han colmado en una señalizada ruta que parte del casco urbano del pueblo, y cuyo nombre está dedicado al reyezuelo de entonces, al que a pesar de todo, debía gustarle pasearse por estas tierras tan acogedoras por parte de sus súbditos. Hasta una fuente a mitad de camino hay dedicada hacia su regia persona.


Uno de los múltiples castaños.
El sendero nace de la plaza de los Charcones, acotado por las cercas de propiedad privada y acompasada por la tenue orquesta de los celosos perros guardianes. También figura una llamativa vivienda amarillenta, a modo de referencia para quienes buscan mayores seguridades del camino emprendido. Por supuesto ya empiezan a vislumbrarse los primeros pedrolos de esta noble geografía, y el buen uso que hacen de está materia prima sus vecinos. El camino alcanza rápido una bifurcación, sin temor a equivocarnos gracias a la señalización del camino del Rey, con las correspondientes letras incrustadas en la roca. El trazado, que comparte nomenclatura con las franjas rojas y blancas del GR10, se va estrechando tímidamente ante la aparición de los primeros castaños dignos de mención. Pequeños gigantes que adornan la senda con sus desnudos, fuertes y tétricos ramajes del pasado invierno. En estos andares se llega al conocido como castaño del Rey, ubicado muy cerca de un manantial de mismo nombre. El árbol centenario está catalogado por la comunidad de Madrid en su lista de singularidades, y por eso se concede el honor de colocarsele un hito que establezca tal deferencia respecto al resto de castaños que encontramos en la senda. Algunos tan impresionantes y hermosos como el citado.

La subida caracolea por el estrecho sendero, divertido, escalonado y ligeramente esforzado con tal de alcanzar el collado que separa ambas Machotas. Las vistas son tan apetecibles como las frescas aguas de la fuente de Entrecabezas, el último abrevadero del pateo por si hubiese que reponer el liquido elemento. A izquierdas sobresalen los muretes que separan fincas en la llamada Machota Alta. Hay más de un paso accesible, y un estrecho sendero que nos acompaña en la escarpada subida hacia la redondeada cima del cerro. Aun así, a medio camino quedan restos de una pintura que supuestamente advierte de la privacidad del terreno, pese al
El Fraile
notable trasiego que debe llevar la vereda de ascenso. Por si acaso prometo no dejar señales de mi visita, salvo tal vez, algunas migas de la merendola que me pienso abonar junto a la famosa peña del Fraile. Peñasco situado a lo largo de la amplia loma, pero antes me he propuesto merodear por estos lares a la caza de otros roquedos. Aparte del famoso eremita granítico de la Machota Alta, suelen señalarse otras figuras rocosas. Una pequeña eminencia como Andrés Campos, dicta que este hermoso paraje acoge un Bolo, un Badajo y hasta un Gigante Mudo. 


Pequeños apelativos hacia las caprichosas formas que adquieren las rocas del lugar. El caso es que por muchas vueltas buscando información sobre sus posibles ubicaciones, no he hallado nada, solo la misma frase copiada y repetida en diversos lugares internautas, como si la redundancia otorgara alguna validez. Que poco trabajo cuesta agenciarse frases ajenas. En fin. Solamente el Badajo aparece prescrito en Google Earth, así pues, la tonta búsqueda de estas rocas han ocupado gran parte del tránsito por la Machota Alta. La pena es que hay tantos bolos, que la referencia inicial queda expuesta bajo el criterio personal de cada uno. Del gigante ni hablamos. Lo mejor es disfrutar de la planicie del cerro y dejar que la imaginación rellene los parecidos que cada uno interprete . Por ejemplo, y sin malicia ninguna, yo aquí diviso un pene

La peña del Fraile destaca en la lontananza, con su capirote listo para embarcarse en alguna procesión cercana. Al trasluz de su mirada le pregunto a cuantos penitentes recibe al cabo del año, dejándome con la duda y sin respuesta que sacie mi curiosidad. Ante tal descortesía, escondo mi suculento almuerzo tras un roquedo, por si la falta de yantar interrumpe el hechizo de la supuesta helada que lo dejó enhiesto como una roca. Tras el homenaje, nada mejor que disfrutar de las vistas. El citado Monasterio, el bosque de la Herrería, las múltiples dehesas, las torres de la iglesia de San Bernabé, Valmayor... y una pequeña marabunta de personas que observo, gracias a los prismáticos, en las cumbres de Abantos. Que gran contraste frente a la soledad del callado Fraile, con esa simpatía normal que andes tan solo. 

Aunque la soledad huye por momentos, pues nuevas gentes se acercan a prestar sus respetos al pedrolo. Tras el correspondiente educado saludo, levantamos el pequeño campamento, a los nuevos visitantes les cedemos el relevo de interrogar al silente, mientras Bosco y un servidor nos encaminamos junto a la famosa empalizada de Felipe II que cubre todo el cerro. En un momento dado, optamos por perder desnivel en la umbría del cerro, con buenas vistas del puerto de la Cruz Verde y la inmensidad del cerro de San Benito al fondo. 


Planicie de la Machota Alta
Nuevos muretes quieren impedir el libre tránsito de personas en un pequeño bosquete de robles, En este caso hay que ignorar la apetecible sombra de un pinarcillo y un llamativo camino paralelo, pues aun queda por conocer a otro gigante del Guadarrama. El castaño del Cotanillo es un magnífico ejemplar de unos 5 metros de grosor. Una extensa y tétrica copa desnuda aguarda paciente la llegada de la primavera para ofrecerse en todo su esplendor. Su tamaño es descomunal frente a una pequeña colecta de pinos que preceden a este verdadero monarca del bosque. A pesar de perder una de sus gruesas ramas recientemente. 

Obviamente también tiene su hito, donde aprovecho para señalar una curiosa anécdota. En la publicación de un breve articulo de la web el guadarramista, con fecha a 2 de diciembre de 2012, hay un simpático comentario que dice lo siguiente. "Saludos a tod@s, respecto a la info de los castaños, decir que mayormente es errónea en cada foro los árboles tienen una edad, o ubicación en plano, como el llamado de la fuente del rey, por cierto es mio, pues todos son fincas privadas, dede siempre ,sacan fotos desde dentro, cataloga la cam , sin preguntar a nadie… sorprendente. .. enfin salud". Imagino que el señor Ramón Villares, que es quien firma el comentario, es el propietario del terreno donde se haya el castaño del Rey. Resulta curioso entender que a la administración regional se le habrá pasado por el forro la privacidad del terreno, etiquetar estos árboles y enclavar los dichosos hitos para fomentar la visita a los cacareados árboles singulares de la comunidad de Madrid. Servidor incluido.
Castaño del Cotanillo

Ante tanta privacidad franqueada, nos deslizamos sin ruido por un camino descendente hacia Zarzalejo, donde nuevos muros cercan al camino por ambos lados. Al pueblo se llega sin perdida, previo paso por un depósito del canal de Isabel II y las hormigonadas calles del lugar. Curiosamente, muy cerca de la carretera, de las viviendas y de una bonita fuente llamada del Caño Viejo, hay un grupo de hermosos ejemplares de álamos negros que carecen de llamativos hitos que les distinga por alguna singularidad. Uno incluso con notables dimensiones para poder acogerse al selecto grupo de tótems serranos.

Por estas calles vive un viejo conocido, seguro que tiene alguna cerveza fresca en su nevera, aunque antes de dedicarme a aporrear su puerta, una pequeña ráfaga de lucidez me invita a trasladar un educado mensaje digital previo. 

¿Andas por casa caribe?

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Bibliografía: http://arbolessingularesmadrid.blogspot.com.es/

Excursión por la Machota Baja

Álbum de fotos
Panorámica de la Machota Alta

29 de marzo de 2017

Ghost in the shell. Del manga al anime.

El 31 de marzo de 2017 se estrena, en salas comerciales, la adaptación cinematográfica de Ghost in the shell (GITS). La última versión sobre el manga original de Shirow Masamune, película procedente desde las américas. Un proyecto que se eternizó en el tiempo y donde el cineasta James Cameron sonaba siempre como la primera opción. La idea de esta entrada versa sobre como destacar esta obra en su conjunto, puesto que el anime de 1995 dirigido
Camuflaje termo óptico/Shirow Masamune. 
Ed Planeta de Agostini
por Mamoru Oshii, terminó por abrir al mundo occidental el mercado del manga, dando a entender el concepto aglutinador que adquiriere esta palabra. Mucho antes habían llegado obras como Heidi o Mazinger Z, series que habían popularizado algo los trabajos nipones de animación. Pero gracias al monumental anime Akira, de Katsuhiro Otomo y al posterior lanzamiento del filme animado Ghost in the shell, las siguientes producciones orientales mostraron la estrecha relación que existe entre el mundo del manga (los cómics) con los animes, (películas de animación) que se basan en estás historias. 


A mediados de la década de los 90, me impresionó la factura visual de GITS y la elaborada estética futurista que nos llevaba al cada vez más cercano 2029. Supuesta época donde la computerización ha llegado a tales extremos, que la fusión entre humanos, elementos robóticos y conexiones a la red son tan exagerados, que el termino cyberpunk se me antoja hasta corto para definirlo. Gran parte del éxito global de GITS se debe al notable alcance que obtuvo el anime de Oshii. La repercusión fue tal, que la propia trilogía de ciencia ficción, Matrix, recoge numerosas influencias sobre la estética visual de GITS. Algo que los hermanos Wachoswky no dudan en reconocer públicamente. Muchos conocimos antes a la gallina, sería recomendable acercarse al huevo.

El manga de Shirow Masamune

El hacedor de Ghost in the shell había empezado a destacar por una serie de trabajos, como Black Magic o Appleseed, obras que le llevaron a fichar por la revista Young Magazine. Shirow Masamune fue publicando periódicamente su obra futurista entre 1989 y 1991. A grandes rasgos sitúa su historia en el futuro, en una sociedad inventada e hiperconectada a Internet. El habitual sueño robótico nipón, se acopla a las mejoras que supone la simbiosis entre hombre y máquina, mejoras que exhiben la adhesión de la carne con el metal junto a ciertos enganches que nos invitan a navegar libremente por las redes mediante conexiones instaladas en el cuerpo. La libertad que otorga el Wifi debe ser una rareza en este caso. Tanta conectividad conlleva un enorme peligro, debido a la posibilidad de que cualquier pirata pueda acceder a tu persona y hackearte la mente. Algo así como caer en una hipnosis donde poder manipular a cualquiera. Qué no podría hacerse en la cabeza de cualquier pirado. Tal peligro exige que haya servicios de seguridad acordes al peligro. Así es como se crean unidades especializadas por parte de los gobiernos para combatir a los supuestos criminales. Con estos pretextos se nos presentan los protagonistas del manga, enclavados en una unidad especial llamada Sección 9. Dentro de este grupo se encuentra su personaje principal, la mayor Motoko Kusanagi. Un pequeño inciso respecto a los autores japoneses, destacar los numerosos casos donde la mujer abarca el protagonismo principal. Kusanagi sobresale por tener todo su cuerpo robotizado, teniendo que acudir al cerebro para citar al único elemento humano que contiene su ser. ¿Cómo es posible tal metamorfosis? Mejor no preguntar, a ojo está es la parte sencilla. La mayor lidera a un grupo de profesionales donde destaca Batou, otro cyborg similar a Kusanagi, el novato Togusa y otros especialistas secundarios como Ishikawa o Bouma. El jefazo de la sección responde al nombre de Aramaki. Protagonista vital entre la burocracia política y las órdenes directas de acción sobre sus hombres. 


Destripe total - Shirow Masamune. Ed Planeta de Agostini
El manga recoge diferentes misiones expuestas en diversos capítulos independientes unos de otros. Cabe avisar de la complejidad de las tramas, ya que GITS puede llegar a fascinar por su enrevesado concepto futurista o llegar a desear lanzar el libreto por la ventana más cercana. Un consejo personal. No intenten entender todo lo que Masamune explica o intenta describir. Es un gasto inútil de tiempo hacia un autor que en ocasiones debe entenderse él mismo y su espejo. De hecho, hay numerosas acotaciones a lo largo de las páginas. El propio Masamune recomienda obviar su lectura a lo largo de las viñetas, normalmente son referencias a obras científicas donde dice haberse inspirado para dar por buena alguna paranoia descrita en los diálogos. En otras notas, reconoce abiertamente haberse inventado cosas. En cierto modo puede verse como un simple apunte de humor, ese cordial sentimiento que nos permite salir del paso. En este sentido el manga contiene bastantes dosis de humor, acentuadas por las clásicas exageraciones faciales tan redundantes de los dibujantes japoneses. Una buena muestra para escapar algo de la rigidez que impera en el anime de Oshii. Aunque éste último consiga sintetizar mejor la temática filosófica de GITS.

El tema de la calidad del dibujo podría dar pie a una larga exposición si supiera algo del tema, como carezco de la habilidad de juntar dos simple lineas, me demoro a la superficialidad de la opinión personal. En algunas viñetas hay tal acumulación de detalles, que parecen destinadas a sobrecargar aún más el relato. El caso es que abruma tal cantidad, como queriendo acoplarse al exceso que atesora GITS. Algo que también se ve en la película cuando se nos presentan las colosales dimensiones de la ciudad donde se desarrolla la acción a través de la magnífica banda sonora.


No pierdas la esperanza, no es tan dificil de entender - Shirow Masamune. Ed Planeta de Agostini

Finalmente se cita al titiritero. El peligroso delincuente digital. Su irrupción es tan importante a nivel narrativo que consigue copar gran parte de nuestra atención, y convertirse en la estrella pese a aparecer en escena algo tarde. Este personaje nos permite buscar semejanzas en otras obras clásicas. Los replicantes de Blade Runner seguramente sean los más parecidos. Porque siempre ha existido esa extraña necesidad humana de intentar dotar de vida y hasta de alma, a cualquier objeto fuera de las convenciones religiosas. Masamune expone a su ser de una manera diferente, reordenando la linealidad evolutiva al antojo de la nada. Como el origen de la vida misma, que al parecer vino precedida por un admirable petardazo. Tras el éxito cosechado vino toda una colección de explotaciones capitalistas a través de dos animes, OVA´s, series y derivados. Masamune extendió las aventuras de sus protagonistas en dos colecciones más. Ghost in the shell 1.5 Human-error processor y Ghost in the shell 2 Man/Machine Interface. Obras que bien podrían complementar la curiosidad de los lectores que lo estimen oportuno. El mio queda colmado de momento. 

El anime de Mamoru Oshii

Esta película está considerada como una obra de culto, y puede existir cierto recelo cuando vuelvo a revisar la cinta animada que ideo Oshii en 1995. O tal vez sea el paso del tiempo. El mayor merito del film fue encumbrar al genero manga, la exposición de una sobrecargada sociedad futurista y una acertada mezcla entre ciencia y filosofía sobre qué es una forma de vida. Un pequeño acierto del director y de su guionista Kazunori Ito, fue comprimir la parte más llamativa del manga y reducirla bajo el paraguas de la seriedad. La trama vuelve a ser compleja de entrada y puede perder comba cuando es incapaz de hallar una conexión más simple entre el peligroso hacker, apodado el titiritero, y la relación con el conflicto diplomático con la fantasiosa república de Gaber. Podría echársele en cara a Oshii y a su equipo, la comodidad de acogerse a la parte más atractiva del libreto y reducirla al breve espacio que dura la película, 83 minutos. La supuesta investigación y el metraje se reduce a tres grandes bloques con algo de acción, a fin de cuentas es donde destaca GITS a primera vista. Pero se hecha en falta algo más de profundidad que una simple secuencia en barquito.


Otra forma de ver el camuflaje termo óptico - Bandai-Visual-Manga Entertainment
La impecable animación, las secuencias de acción y la hipnótica representación de un futuro excesivamente desarrollado se desenvuelve en fragmentos, donde Oshii llega a congelar el tiempo para recuperar el tempo de lo que nos esta narrando. En parte se acierta al condensar el exceso de tramas y las misiones que desarrollaba el manga, pero el guionista se ve incapaz de añadir algo nuevo que permita entender mejor lo que se está contando. O tal vez había demasiado respeto al original. La seriedad del argumento contrasta con el manga, logrando funcionar de manera mecánica hacia un fin concreto y apenas aportando nuevas secuencias o diálogos que ayuden a comprender algo mejor que están contando. En esto los japos no pierden el tiempo, van directos al grano, otorgando las posibles dudas de sus argumentos a la capacidad de atención de los espectadores. 

He visto tantas veces GITS, que puedo mentir y reconocer entender el anime al 90%. Para la película nuevamente aconsejo dejarse llevar en primer lugar por la facilidad audiovisual de sus autores. De la trama algo queda, y algo suma posteriores visionados. Porque siempre merece la pena volver a ver las chulerías de Kusanagi y Batou en esa sociedad futura que hasta da miedo que pueda llegar. 

Revisando parte de mis párrafos, puede parecer que haya cierta desconsideración hacia estas obras, todo lo contrario, GITS y todo lo que la rodea me ha fascinado durante muchísimo tiempo. El caso es que la trama final de GITS empieza a escaparseme, y la fascinación adolescente, empieza a barruntar la melancolía de unas sensaciones que no terminan de alcanzarse nuevamente. Posteriormente también hubo secuela peliculera, Ghost in the shell 2: Innocence. Recuerdo que no me dormí de milagro. 


Tira del cable - Bandai-Visual-Manga Entertainment
Como me gusta el reciclaje, he recuperado la crítica que escribí para gkaplan.com, una antigua web cinematográfica que lamentablemente se perdió en el tiempo, allá por el año 2000. La comparaciones son odiosas pero está bien ver que opinaba mi persona de hace 17 años. 

GHOST IN THE SHELL


Bandai-Visual-Manga Entertainment
Mamoru Oshii firma este anime de manera sobresaliente, no solo por la preocupación que supone el avance abrumador de la informática, sino por las consecuencias que conlleva. En esta ocasión la humanidad esta siendo mejorada gracias a las prestaciones cibernéticas. En el año 2028, la sociedad vive inmersa en el mundo de las telecomunicaciones y la red se ha convertido en un mar abierto para cualquiera. 


De este modo nace la trama de esta película, un proyecto secreto se rebela contra sus creadores y recibe el nombre en clave de 2501. A continuación los servicios internos de seguridad se lanzan a la búsqueda y captura de un pirata informático, denominado el Gran Maestro, ya que pone en peligro la estabilidad política en las relaciones con una pequeña república. 


La realización de esta obra es magnifica, así como la puesta en escena. La animación de los personajes, los escenarios, los efectos de luces, las escenas de acción, y un largo etcétera ponen de relieve de que nos encontramos con una de las obras cumbres del manga japonés, no solo por la elaboración de la animación sino por su brillante argumento. Aunque sea en esta parte donde más cojea el film, el guión es demasiado enrevesado y a veces resulta bastante complicado, esto obliga al espectador a estar atento de la historia, de lo contrario puede perderse fácilmente y con ello el verdadero encanto de la narración final. Por otro lado, el montaje se desarrolla perfectamente repartido en las diferentes escenas clásicas. Arranque, nudo y desenlace bajo las pautas de los helicópteros y su ensordecedor sonido que nos transmiten el avance de la misma.


Planazo - Bandai-Visual-Manga Entertainment
La escasa duración bloquea en parte este anime, por un lado porque no se consigue que haya una relación con los personajes, pues apenas se sabe quienes son y parecen un grupo de seres sin sentimientos; mientras que por otro, la corta duración afecta al desarrollo de la historia, se complica la trama al comprimir el argumento en un corto espacio de tiempo, de tal forma que podemos perder el hilo que une a una de las mejores películas del genero manga que se puedan ver.


8/12/2000


La materia no es más que un caparazón sin forma concreta, como una nube... En el vacío supuestamente lleno de partículas, está la existencia real. 
El titiritero


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Ghost in the shell. Patrulla especial Ghost
Shirow Masamune. Ed Planeta de Agostini

16 de marzo de 2017

Serenity

Pocas veces una serie cancelada tiene la fortuna de renacer y menos aun en formato cinematográfico. Normalmente el cambio a pantalla grande significa la despedida de alguna producción de éxito. No así en el caso de Firefly, cuyo mayor logro vino en posteriores ventas de DVD´s, además del consabido ruido internauta por parte de sus fans más acerrimos. El creador de la serie, Joss Whedon, logró embaucar a Universal para dotarle a la tripulación de la nave Serenity un final digno, y contentar a sus seguidores con la resolución de las aventuras de sus protagonistas. Amen de debutar como director de cine. Un caso curioso que vino a demostrar el poder de Internet a principios del siglo XXI.


Como la cabreéis os mata a todos - United International Pictures (UIP)
El problema inicial se ubica en como introducir la historia de Firefly a quienes desconocen las anteriores aventuras del capitán Reynolds y su grupeta de chalados. De hecho, yo mismo llegue a ver está película mucho antes de la serie televisiva. Whedon acierta con una eficiente introducción del mundo futurista que se ha inventado para, a continuación, arrancar con el mayor misterio visto en la serie, representada por la extravagante personalidad de River (Summer Glau) y su relación con los mandamases de este mundo futuro. Ya de paso, aprovecha y expone al malvado de turno. Un acertado Chiwetel Ejiofor, cuya determinación y profesionalidad están a la altura de los grandes villanos, tan necesarios para elevar el nivel de cualquier película. En este caso, destaca el parecido de su profesionalidad, cuasi en solitario, con el cazarecompensas del último episodio de la serie. Tras el título del filme, Whedon se marca un coreografiado plano secuencia donde termina por presentar a cada protagonista de la nave Serenity, su profesión y los primeros problemas a los que debe enfrentarse el capitán Malcolm Reynolds. Los mismos que arrastraba en la serie, lograr trabajo y dinero para mantener su cacharro en órbita. Para eso nada mejor que mostrar otra de las virtudes de la serie, la hábil mezcla del genero espacial con el western a través de un atraco a un banco con persecución de por medio. 

De ahí hasta el final, se desarrolla propiamente la película, como un universo aparte de la repetitiva alusión a la serie. Una vez que se conoce el origen de todo el meollo, es imposible no caer en la tentación de la comparación y en las faltas que cada uno pueda imaginar o echar de menos. Más aun teniendo tan reciente el visionado de la serie. En realidad, la película funciona correctamente por si sola, recobrando en este sentido el buen parecer que me dejó la versión televisiva. De la película destacan las numerosas escenas de acción que imprimen un alto ritmo, incluso hay un cierto tono oscuro que en la serie apenas se veía de refilón, en parte gracias a los inteligentes toques de humor, colocados como una herramienta útil para ocultar las carencias más adultas que debía adquirir el capitán en determinadas ocasiones. Un poco más de mala hostia.
  
De paseo - (UIP)
El misterio de River era sin duda el más llamativo, y Whedon no pierde el tiempo en situar a la pequeña rareza al mismo nivel que su protagonista principal, el capitán Reynolds interpretado por el canadiense Nathan Fillion. Obviamente el resto de personajes pierden comba frente al protagonismo adquirido por la dupla anterior. Los más perjudicados son el padre Book, al que rápidamente se le otorga un papel testimonial, mientras que la supuesta tensión sexual entre el capitán e Inara se queda en un mero apunte sin desarrollo. Los demás adquieren el rango de secundarios, necesarios normalmente como complementos a la acción que destila Serenity pero con la perdida del enorme gancho que poseían de manera individual. Algo se pierde, es lógico en contraste con la serie, donde se perdía más el tiempo en diálogos y planes erróneamente llevados donde podían lucirse más el resto de personajes y ver como estos asumían los problemas que surgían. 

Serenity tiene muy buenos puntos, es entretenida y cumple bastante bien esa función de llevar al limite a los personajes que Whedon había creado en 2002. La trama resuelve ciertas fabulas que los espectadores estaban esperando. Incluidos a los energúmenos caníbales del espacio. Otras quedaran sueltas, ideales para el imaginario individual de cada uno.

Serenity de Joss Whedon
 2005

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Firefly