17 de enero de 2017

Rogue One

Normalmente mi imaginación fantaseaba que el robo de los planos de la Estrella de la Muerte se llevó a cabo gracias a alguna operación más cercana al ámbito del espionaje que a una operación militar. Acción que es llevada a cabo por un grupo de renegados de la llamada Alianza Rebelde en esta reciente película. Y nuevamente esperaba con cierta ilusión el nuevo filme sobre el universo Star Wars que Disney ha planeado regalarnos por Navidades. Pero antes apareció un tercer traíler que desvelaba más información de la deseada. Empezando por un nuevo caso de conflicto paterno filial. Una opción excesivamente redundante para una
Felicity Jone y Diego Luna - The Walt Disney Company
galaxia muy, muy lejana. A bote pronto se expone que a la protagonista se la intenta utilizar por su conexión con su padre, el supuesto hacedor de la citada estación imperial en forma de satélite. Por ahí ya vamos mal, y además repercute a la posterior relación de personajes a posteriori, ya que todos están subyugados a un drama familiar ajeno, mientras la continua acción de la película les rodea sin poder ejercer algún que otro punto de vista de importancia. De hecho tengo el recuerdo de que prevalecen diferentes discursitos con aires de grandeza y exposiciones alargadas que buscan tocar alguna fibra del espectador. Tanta motivación recargada me parecen tan vacías y tan estériles que ni un buen actor como Mads Mikkelsen consigue hacerme creer lo que está diciendo. No se pierde gran cosa cuando la imperante verborrea invita a desconectar, hasta que la acción visual nos invita a recuperar el pulso de la película. Es más, solo se consigue prestar mayor atención cuando surge una simple discusión entre los protagonistas. Algo tan básico y sencillo que debería darse con mayor sentido en un grupo que se autodenomina como rebeldes. 



El más grande - The Walt Disney Company
Se ha citado bastante el caracter bélico de la película, tanto en promoción como en diversos articulos de opinión. Bajo mi perspectiva, con el matiz de diversos grupos de resistencia al Imperio y alguna que otra emboscada, apenas encuentro mayores diferencias con otras películas de la saga. En especial a la batalla final, donde vemos el mismo esquema de La amenaza fantasma y El retorno del jedi. También se incluyen referencias a clásicos del género, como Los cañones de Navarone o Doce del patíbulo. La cuota Disney emerge si la comparamos con la cinta de Robert Aldrich. En ambas, un grupo de renegados son enviados a cumplir una importante misión con claro carácter suicida. En Rogue One muy pronto se aprecia ese tono edulcorado para todos los públicos, como cuando todos los protagonistas aceptan sin rechistar la misión por el bien común. En los Doce del patíbulo habita una doble moral en algunos de sus personajes, un rasgo que les lleva a cuestionar, desobedecer y hasta volverse tarumbas, pequeños ejemplo que elevan el nivel de la trama y la tensión de la película.

A pesar de los pesares, el filme de Gareth Edwards me parece correcta dentro de la saga, franquicia o serial. Aún estoy por decidirme donde ubicar este apéndice. Rogue One consigue cierto entretenimiento sino nos ponemos exquisitos. Obviamente también hay elementos positivos, incluidos los fuegos de artificio de los efectos especiales, en especial al mostrar el poder destructor de la Estrella de la Muerte sobre la superficie de cualquier planeta. Sinceramente apabullante la pequeña muestra de lo que es capaz de hacer semejante monstruo. También se ofrecen una serie de homenajes y de referencias a la saga que todo fan agradecerá. Incluida la presencia del gran villano, Darth Vader. Su aportación es secundaria pero gloriosa al final, tanto como la morbosa presentación de su cuerpo mutilado. Un final donde los guionistas se han esforzado por encadenar perfectamente esta película con el inicio del Episodio IV. Un pequeño encaje de bolillos que engrasa a la perfección.


AT-AT . Me encantan - The Walt Disney Company
El lado fan se impone al poder contemplar más películas sobre Star Wars, a un lado quedan apartadas las pegas sobre Rogue One y su escaso bagaje entre actores, una historia floja que sobresale por el conjunto de la saga a la que pertenece. Al final del cuento nos contentamos fácilmente ante la espera de la próxima entrega.

Rogue One. Una historia de Star Wars.
Gareth Edwards, 2015
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La amenaza fantasma
El ataque de los clones
Las guerras Clon
La venganza de los Sith


La guerra de las galaxias. Una nueva esperanza
El imperio contraataca

El retorno del jedi
El despertar de la fuerza 

9 de enero de 2017

Vol. 17

Veintidós han sido las entradas publicadas en 2016. Un pequeño retroceso si se compara con años anteriores. Y la causa principal ha sido el exceso de trabajo. Esa actividad profesional que ante su carencia suele liderar el listado de preocupaciones de los españoles. En mi caso particular ha sido el desproporcionado aumento de horas dedicadas a informar. Porque el pan me lo gano a la hora de operar con mi cámara y editar las imágenes filmadas, para que después se emitan en una televisión autonómica en la franja dedicada a la información de sus espectadores. Curiosamente este pasado año he cumplido una década entera en el mismo puesto de trabajo. Una seguridad que ha logrado superar las zozobras económicas que arrastra la sociedad desde 2008 hasta nuestros días. Y de paso tragarme todo el circo montado alrededor de la formación de un gobierno que ha colmado de paciencia a los trabajadores del congreso de los diputados. Sí. Los medios de comunicación somos muy pesados. Como corresponde el tener que decir algo todos los días aunque los protagonistas políticos no estén ese día en activo.


El 1 de enero arranca con nieblas
Esta es una de las causas por las que el blog ha reducido su espacio. Aunque hay otras, como las escasas visitas al monte o el abandono del mundo runner. Con tanto ajetreo, apenas pude enlazar algunas semanas seguidas de entrenamientos. El resultado, la victoria final de la desidia por calzarme unas mallas. La idea inicial es retomar esa noble costumbre pero sin fechas establecidas de antemano. No sea que finalmente añada el título de exrunner a mi currículo. 

De las pocos propósitos expuestos para el 2016, solo fallé incluir en el blog algún que otro mamotreto, es decir, un libro que podría medir el valor de sus páginas por su peso. Veremos si le doy cabida en los próximos doce meses. La celebración de los 400 años del Quijote eclipsó algo el centenario de otro grande de la literatura, don Camilo José Cela. Con retraso, tal vez incluya algo sobre el penúltimo nobel español. Otra idea es aumentar mi colección de novelas de la editorial Reno,(creo que ya acumulo más de veinte) así como alguna lectura que complemente este proyecto. 

De la escasa aportación reseñable del 2016 cabría destacar un pequeño interés por cierta época del medievo inglés. Esa en donde destacan las literaturas dedicadas al celebre bandolero de Sherwood y el refutado Ricardo con corazón de león. Incluso en la reciente lectura de La flor del norte se cita algo de esas viejas historias que han copado tres entradas en este humilde blog. En realidad es una tontería que solo satisface una leve acumulación arrastrada como una bola de nieve. Aunque como propósito no estaría mal intentar seguir esa supuesta corriente para saciar mi curiosidad. Y de paso elevar el número de publicaciones con la idea de superar la franja establecida en 2013. Para ello cuento con la colaboración de mi mascota para escaparme al monte, recuperar la senda de la ficción televisada y abarcar más cine que el pobre bagaje del año pasado. Y de ahí a las sorpresas que pueda reparar el nuevo año. No todo tiene porque estar mecanografiado con tanta antelación. Ya se verá cuántos frutos nos depara el camino.

30 de diciembre de 2016

Tradiciones Navideñas: Día en Segovia

Hacía varios años que no cumplía con esta supuesta tradición. Básicamente desde que Bosco entrara a formar parte de las responsabilidades que toda mascota requiere. Quien tenga perro sabe que para nada es sencillo compaginar ciertas escapadas si el can no puede acompañarnos. Además se debe contar con el tiempo y aguante del animal para poder cubrir sus necesidades fisiológicas cada cierto espacio. Habría que añadir a la suma el nacimiento de mis niñas, quienes ocupan una mayor atención y una logística más amplia cada vez que uno pretende abandonar la comodidad del hogar.

Belen y catedral
Anteriormente acudir a Segovia por navidades era tan frecuente como cualquier otro día del año. Gracias a la corta distancia con la sierra de Guadarrama, escaso intervalo que favorece un desplazamiento que siempre se agradece por la tranquilidad y la monumentalidad que acapara la pequeña ciudad castellana. Igualmente se seguía un esquema parecido para cada ocasión. El típico paseo por su amplia zona peatonal, un suculento alterne previo a la comida en forma de aperitivo. Otro leve paseo con las obligadas visitas a las tiendas, el necesario parón del café, la posterior caída de la noche y el encendido de las luces… Todo esto a través de un magnífico escenario que resultaría hasta grosero sino se destacan los monumentos que decoran la ciudad. De hecho, en esta ocasión esperaba ansioso la reacción de Aldara ante el acueducto, reducido a una leve expresión infantil de cuatro años. “Hala, cuantas puertas”. Menos mal que el adarve cercano la hizo creer ver un fabuloso castillo que tuvo que conquistar a fuerza de subir escalones. 

Será la edad o serán otras cosas, pero una vez cumplida la otra visita obligada, la de acudir a Madrid con todos los excesos que aúna la capital, me queda una notable sensación positiva en favor de Segovia. Seguramente tendrá que ver el sosiego frente al agobio o la abundancia de coches frente a la escasez. O tal vez vea con mejores ojos que mis hijas puedan andar sin tener que estar pendiente de que sean atropelladas por el inmenso caudal humano que visita Madrid. Hasta el perro notaría la diferencia con agrado. 

Con esta intrascendente entrada doy por finiquitado mis personales ocupaciones navideñas. En realidad son una débil excusa para felicitar a cualquiera que haya tenido la valía de llegar hasta estas frases. Desde ahora toca sumar otras nuevas experiencias en familia de las que espero disfrutar con la privacidad que se merecen. Mis mejores deseos para el 2017. 

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Día en Madrid
La postal
El roscón
Calendario

14 de diciembre de 2016

La flor del norte

Doña Kristina de Haakonardótti, princesa del reino de Noruega fue enviada a la corte de Castilla en 1257. A su llegada a tierras hispanas tenía el privilegio de poder elegir esposo entre los hermanos del rey Alfonso X. De esta forma cumplía con una de las habituales maniobras político europeas del medievo, emparentarse con otras reales personalidades a cambio de un interés compartido por ambas coronas. El lado pintoresco queda representado por la figura de la princesa, y su lejana procedencia del mundo escandinavo, cuyos mandamases querían abrirse al resto de Europa. Lamentablemente la supuesta extravagancia de la época queda reducida al ámbito anecdótico, pues la desdichada Kristina apenas sobrevivió un lustro en territorio castellano. Su muerte en Sevilla, hacia 1262, ha sido relegado históricamente a las emociones de la nostalgia y de la melancolía de una persona que no supo adaptarse a su nueva vida. Incluida la resignación machista de no dejar 
descendencia. Pues esa era una de las obligaciones de la mujeres por aquellos
tiempos. La escritora, Espido Freire, aprovecha este leve apunte histórico para construir una ficción propia, a medio camino entre el homenaje y la reivindicación de una mujer extranjera que fue enviada a otro país, donde tendría que manejarse con otras costumbres y una lengua desconocida completamente sola.

La novela se divide claramente en dos partes. En un primer momento, Freire aprovecha una leve introducción de la protagonista para que ésta haga las correspondientes presentaciones y ponga en constancia su oscuro futuro. Después, la propia Kristina nos invita a conocer la historia de sus antecedentes a través de sus recuerdos, momento clave para poder situar al lector en los orígenes de la dinastía vikinga. Y de paso alargar algo la extensión de la obra. Un proceso en parte innecesario, si tenemos en cuenta que la trama y el título está dedicado a la persona de Kristina frente a los lejanos bisabuelos que comenzaron la fratricida lucha por alzarse con el poder en esas lejanas tierras del norte. 

No obstante, y aquí entra el parecer individual, mi atracción personal por la historia me lleva incluso a disfrutar de los relatos históricos que expone la escritora. Hasta llegar al extremo de querer más, es decir, sentir la necesidad literaria de querer más páginas que estiren la novela y se ahonde más en las historias que nos están contando. Este interés personal choca con quienes puedan alertar de la extensión dinástica como mero relleno. Arrimarse a la fácil opción de remontarse en los tiempos para cumplir con un mínimo de hojas que exija la publicación del libro. La segunda parte de la novela se centra ya más en la protagonista. Su vida en la corte de Noruega, el posterior viaje y estancia en tierras ibéricas.

Gracias a las escuetas reseñas históricas, la autora tiene vía libre para concebir a su antojo el argumento sobre la vida y personalidad de Kristina. La construcción de un desarrollo paralelo que bien podría haberse ejecutado junto a su esposo Felipe a lo largo de esos escasos cinco años de convivencia. Aún así, ese tiempo se hace corto para poder desarrollar algún evento de relevancia, ya que poco más pudo hacer en vida salvo cuidar de sus rentas.

Antes de centrarse en causas posteriores, cabe destacar la capacidad de Freire para tejer una entretenida maraña de acontecimientos que bien podrían haber supuesto la caída de la princesa en los dulces brazos de una muerte prematura. Incluida la representación de la personalidad de notables personajes históricos, como la reina Violante. A quien dota de un
Estatua de Kristina en Covarrubias, Burgos
carácter tan fascinante como solo una mujer puede ejercer. Curiosamente logra un extraño efecto, pues se echa en falta que la escritora apenas se introduzca en mayores tramas palaciegos que hagan frente, o se equiparen al abuso de la corte noruega en la primera parte del libreto. Y eso que contaba con la figura del rey sabio, el décimo Alfonso de la estirpe y su interesante reinado de por medio.


Mantengo con él, como con otros fantasmas, conversaciones en mi mente. Al menos, espero que en mi mente se queden, porque hablar con el aire define al loco, y no albergo la menor intención de volverme loca. 

Kristina

A grandes rasgos, la trama de la novela contiene buenas dosis de entretenimiento, aunque la obra no termine de ser redonda cuando me alcanza esa sensación de querer más novela para poder saciarme de la historia que me están contando. Cuando no se logra, suelo buscar los habituales peros donde buscar alguna excusa que reafirme mi parecer. Como esa supuesta victoria moral de doña Kristina frente a su esposo, al ser rechazado su estúpida vanidad varonil de complacer a su esposa con un último deseo carnal. No hacía falta que Freire añadiera una última supuesta sorpresa soterrada en textos anteriores. Hubiera bastado que su buena mano para la escritura hubiese elevado el grosor del volumen que representa La flor del norte.


La flor del norte
Espido Freire
Ed Planeta - 2011
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Fundación Princesa Kristina de Noruega

29 de noviembre de 2016

En tierra de nadie

Echaban a andar los primeros años del siglo XXI, y medio mundo andaba enamorado de una simpática película francesa, y cuyo título coincidía con el de la protagonista, Amélie de Jean-Pierre Jeunet. Tanto éxito acumulaba que ya se daba por seguro su triunfo a mejor película de habla no inglesa en los Oscars de Hollywood. Sin embargo y para sorpresa del público popular, el muñeco dorado fue a manos de Danis Tanovic, director de origen bosnio afincado curiosamente en Francia, por su debut cinematográfico titulado En tierra de nadie. Esta es una pequeña película de origen bélico que arrastraba una pequeña colecta de premios internacionales, mejor guión para el propio Tanovic en Cannes, a los que sumó la repercusión final del premio gordo.


No disparéis ostias, que estamos en gayumbos - Golem
Pocas veces un debut aúna tantas virtudes como las que se recogen en esta pintoresca película, al mostrar un tema bien conocido por su autor, la guerra que desmembró Yugoslavia a finales del XX. El bagaje del director se sustentaba gracias a sus trabajos en el campo documental e informativo que desarrolló en los inicios de la contienda. De partida, la sinopsis de la cinta nos vende a dos soldados ubicados en una trinchera que se encuentra situada en mitad del frente de guerra. El terreno que separa a serbios de bosnios. Ambos personajes llegan a ese indeterminado punto a través de la violencia que implica la guerra. Y lógicamente son dos soldados enemigos atrapados en una insólita situación. Pues cualquiera asoma la jeta o pide ayuda sin que las suspicacias de los que se encuentran en el frente escojan la clara opción de disparar primero y preguntar después. Atrapados y heridos, los dos protagonistas Çiki y Nino, intentan superar sus diferencias para lograr sobrevivir, además de contar con la agradable compañía de una estratégica bomba alojada debajo del cuerpo de un soldado abatido, y su constante amenaza de explotar al mínimo movimiento. 


La película comienza a derivar a una sucesión de conflictos cada vez más extravagantes, con unos atónitos espectadores, situados a ambos lados del frente que no saben como actuar. Superados por las circunstancias, se busca la neutralidad de las naciones unidas para resolver el extraño percance de dos tipos perdidos en mitad de la guerra. La chirigota continua con los llamados cascos azules y la clara denuncia a la inutilidad de los altos cargos, incapaces de aportar soluciones más allá de la mera observación. La incorporación de los medios de comunicación terminan por añadir una nueva pizca de gracia al espectáculo, transformando el embrollo militar en un pequeño reducto circense, similar al que montó Billy Wilder en El gran carnaval. La dificultad de entenderse entre diferentes naciones sitúa al idioma como otra pequeña clave de la película, porque resulta curioso que quienes vengan a ayudar, entre los diferentes países de la ONU se muevan sin interpretes para mediar con la población local, mientras que los mismos que se están matando puedan mantener cierto dialogo hasta que vuelvan a apuntarse con el fusil. 


Pitufos y medios, todos a una - Golem
Un gran acierto de la película es el equilibrio que logra mantener entre la chanza y la realidad, porque a pesar de la grotesca situación que va creciendo, siempre queda algún elemento que nos recuerda la crueldad de la guerra y la situación personal de quienes participan en ella, como una simple fotografía que evoca una vida y una historia más allá del enfrentamiento armado. Obviamente también hay espacio para la supuesta figura de la moralidad, esa que suele representar al típico personaje harto de no hacer nada bajo las ordenes imperantes y empezar a actuar por su cuenta en pos de querer cambiar las cosas.  

A pesar del lógico compadreo que se desarrolla entre los dos soldados, los recelos se mantienen alerta ante el enemigo, a fin de cuentas ambos personajes están en guerra en un país donde es fácil echarse las culpas. Y donde suele mandar quien lleve consigo el poder, en este caso un arma. 

En tierra de nadie de Danis Tanovic
2001