12 de abril de 2018

Cerro del Diablo

La sierra de Guadarrama contiene una buena colecta de historias, fabulas y leyendas. Abundan personajes y caminos históricos con otros cuentos igual de entretenidos. Incluidas algunas referencias fantásticas dedicadas al Diablo. Una de las más curiosas tiene relación con la construcción de la catedral de Segovia y con el conocido arquitecto Juan Guas de por medio. Parece ser que éste llegó a entablar tratos con el Diablo, debido al continuo retraso que sufrían las obras. El servidor del mal cumplió con su parte, al aumentar la llegada de suministros a un elevado ritmo a pesar de tener que cruzar la sierra por el complicado paso del Reventón. Antiguo puerto que separa las provincias de Madrid y Segovia. Sin embargo, el pilluelo de Guas debió planear como romper su compromiso y darle largas a Satanás. Mal negocio debió elucubrar el demonio, pues la única represalia conocida fue la de transformar al ultimo carromato en un monumental conjunto rocoso. 


¿Una carrera?


Al final la catedral pudo ser concluida, con la única molestia de apañar una de las torres en menor altura de lo planificado. De esta guisa se explica la figura de una emblemática peña cabellera en el término de Rascafría, y cuya ubicación precede a un pequeño cerro que heredó la toponimia del Diablo. Como compensación a los chanchullos del famoso arquitecto. La verdad es que Guas solo trabajó en el claustro de la Catedral, pero eso ya es otro relato fuera de las diversiones que proporcionan las historietas. 


Seguramente, el Maligno no se ande con tanta benevolencia sobre el negocio de las almas desde entonces. Y como medida de precaución, decido acercarme a sus dominios por la puerta trasera, remontando el abrupto barranco creado por el río Artiñuelo. Precioso nombre que atraviesa también el sugerente municipio de Rascafría. Punto de inicio del pateo del día. 



Presa del Artiñuelo
Las abundantes lluvias y nieves de marzo han contribuido a elevar el caudal del riachuelo, cuyo cauce resuena sobre el silencio del amanecer. Hay tanta agua, que parte del camino que sale de las desiertas calles se encuentra encharcado, cercado a su vez por fincas particulares. En breve se alcanza un primer elemento a destacar, las ruinas del molino del Cubo. Lamentablemente derruido pese alargar su actividad hasta los años 50 del siglo XX. Y por estas fechas todavía puede verse en su interior la rueda de molienda entre los cascotes. 

El río Artiñuelo continua parejo al ancho camino, rematado por diversos robles desnudos y las cumbres nevadas sobre los primeros rayos del sol. Un poco más adelante, el alegre soniquete de las aguas es sustituido por una laminada caída que retumba sobre el pequeño muro de la presa del Artiñuelo. A su derecha, destacan unos aguados escalones que pretenden ayudar a la trucha en su natural remontada del río. Ole sus branquias. Porque tras un eterno minuto de espera, por ahí solo circula la constancia del río encajonado. A derechas hay una leve elevación, tras superarla nos permite acceder a la garganta del río, a través de una bella estampa donde la roca domina las laderas. También toca probar algún que otro lodazal que ponga a prueba la membrana de las botas. 


Río Artiñuelo
La remontada anda vigilada por diversos espolones rocosos que sobrevuelan los horizontes. Infernales centinelas de piedra que parecen estar situados estratégicamente en las alturas. El río continua saltarín sobre el fondo, pudiendo acercarnos a su cauce en contadas ocasiones, porque en otras toca sumar altura que nos permita superar los naturales obstáculos que proponen las yermas laderas. Justo en las de enfrente, sobresalen algunos buenos ejemplares de roble, cuyas medidas parecen enormes en las distancias, aupados por una llamativa pelambrera sin cubrir. 

Una pena no poder encontrar la forma de superar el río, con algún puente mágico o alas de prestado... Superada la tentación que propone la otra orilla, seguimos subiendo por los requiebros de la ribera. El Artiñuelo recibe refuerzos de los arroyos Calderuelas, Cancha y Redonda, en un reducido valle donde ciertas señales indican el uso experimental de la pesca. Se vadea el Calderuelas para continuar sobre breves sendas que acompañan al río, entre la maleza, bardagueras, algunas nieves y los primeros pinos de repoblación. En un recodo, el Artiñuelo gira bruscamente a derechas, empeñado en despeñarse en pequeños acantilados. Tal vez lo fácil hubiera sido vadearlo y seguir el curso del otro afluente, el arroyo Redonda, pero antes de atender extraños susurros que culebrean alrededor de mis orejas... me mantengo firme al Artiñuelo y a su asilvestrado paso. De premio, unos tejos adheridos como lapas a la inclinada ribera, y uno de ellos con buenas dimensiones de base, en esa particular manía de crecer en las laderas más complicadas. Igual de obstinada que la ascensión, entre piedras, zarzas y el silencio del bosque, roto por la continua acción del agua.

Pero seguir el cauce se complica con el alzamiento constante de la roca, que amenaza con expulsarme al pinar para poder continuar sin mayores dificultades. Menos mal que un viejo del lugar, un gordo eremita en forma de melojo, me chiva un paso sobre el Artiñuelo que me permite escapar a la encerrona de tanta subida al libre albedrío. También es de justicia reconocer que estaba hasta los mismos. De modo que iniciamos una breve escalada para despedirnos del río. Bosco lo celebra restregándose sobre las nieves, para después tropezarnos con otro tejo bien distinto de sus congéneres salvajes, pues éste parece mimarlo un paisano con algunas podas regulares que dotan al ejemplar cierto aire de árbol de jardín.


El ejército del cerro del Diablo
Esta nueva posición anda cerca de una civilizada pista forestal que recorre parte del monte. Una buena vía de escape para contemplar horizontes, cumbres y corzos a la carrera. El camino llega hasta una encrucijada donde se eleva el imponente Carro del Diablo. El último cargamento hacia Segovia. Petrificado en forma de tortuga. Dan ganas de dar un empujón a ver si arranca, o apelar a las mágicas palabras de Klaatu barada nikto que rompa el malvado sortilegio. Pero nada quiebra el mutismo del monte, salvo el mecánico click de la retratadora. El propio carro apunta al Cerro del Diablo. Una escasa cota elevada cuya propiedad debe servir al Diablo para evadirse de la rutina diaria. Tanto caldero, colecta de almas y el olor del azufre necesariamente invita a despejar la mente en algún sitio donde destaque la pureza del aire. Como un pescadero necesita escapar del perfume que le otorga su oficio. Con cautela buscamos acomodo para alegrar el estomago, y en plan okupa merendar en pinar ajeno.

Al finalizar el convite toca merodear por el lugar, donde destacan diversos vigías rocosos repartidos alrededor del cerro. Pero impresiona más el inmenso ejército de pinos, perfectamente alineados. Tan cuadriculados en su formación, que parecen estar dispuestos
El robledal
para pasar revista sobre sus filas. Incluso da la sensación de que acechan el paseo del intruso y de su mascota. Seguro que los capitanes son las hieráticas piedras. Congeladas al antojo del Diablo y con imaginaciones personales de facciones que enmascaran poses endemoniadas. Y en un momento de acojone, pierdo la orientación del camino, el salvador trazado que me permita huir de este cerro Encantado. Ante tal perspectiva, salimos por patas, con el curioso resultado de volver al inicio. Al Carro del Diablo. Menudo rodeo tonto. 


La suerte es que orientado nuevamente por el sendero, Bosco, un servidor y una mosca detrás de mi oreja, descendemos por el pinar con la sospecha de volvernos a topar con el carro de los cojones. Por suerte, alguien se ha aburrido de jugar con nosotros y se nos permite alcanzar el coqueto Robledal de Horcajuelos. Un bonito camino rodeado por jóvenes arboles desnudos. Larguiruchos imberbes que premiaran a los veraneantes con una presumible sombra bajo su techado en fechas más veraniegas. Aunque ahora, en el estertor invernal, ofrece mejores vistas de la Cuerda Larga y el divino perfil del santuario religioso de El Paular. Pero la muerte también ronda el lugar, al toparme con los restos de un ternero que aviva el paso del excursionista. No sea que el Diablo se haya dado un festín y piense en mi tierna figura como postre.

El sendero alcanza una cancela que nos invita a serpentear entre los robles para llegar a una plataforma natural de bello nombre, las Arroturas. Las oscuras cumbres de los Montes Carpetanos se arremolinan sobre las nubes. El cerro del Diablo queda escondido entre la multitud verdosa de los pinos perennes. Mientras que Rascafría sobresale en el enorme Valle del Lozoya, como una balsa de salvación. 

Sin embargo esta excursión planeaba desviarse de los Horcajuelos por un camino marcado como PR-10 y que lleva hasta el mismo monasterio de El Paular. La intención era purgar pecados andarines en la cercana ermita de la Virgen de la Peña, al lado del citado monasterio. Pero dicha ermita se encuentra dentro de una finca privada. Después pretendía cruzar el puente de El Perdón y retornar finalmente a Rascafría por el Camino Natural del río Lozoya. Sin embargo y pese a estar señalizado el trazado por el Instituto Geográfico Nacional, dicho PR-10 se interna en una finca privada dedicada a la explotación de ganado, sin ningún tipo de obstáculo ni señalización. Cerrada la correspondiente salida que alcanzaría el bonito monasterio cartujano. A pesar de ser una parcela privada, el camino tiene servidumbre de paso. Información aportada por el técnico municipal del ayuntamiento de Rascafría. 

Fuente ign.es

Álbum de fotos
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Paseos por Rascafría www.rascafriaturismo.org
guadarramistas.com
ign.es
Juan Guas y la Catedral de Segovia

6 de abril de 2018

La fortuna de los Rougon

Con esta novela, Émile Zola inicia una serie de obras denominada como Los Rougon-Macquart, cuyo fin es analizar el período del II Imperio francés, con fechas comprendidas entre 1852 hasta 1870, a través de una rama familiar que acoge diversas generaciones desde una óptica social, y que recoge los diversos cambios que suceden en ésa época. Política, urbanismo, desarrollo industrial, movimientos obreros... cambios que le valió para liderar un movimiento literario llamado naturalismo. Los Rougon-Macqurart comprende veinte novelas de carácter independiente entre ellas, una buena perspectiva para que puedan leerse por separado. En realidad Zola copia una idea de Balzac, quien ejerció un experimento similar con La comedia humana. Pero la gracia del creador de La fortuna de los Rougon es que se centra en las experiencias de unos individuos normalmente ligados a la clase obrera y su peculiar situación ante los acontecimientos de esos años. Personas vulgares ante los drásticos cambios de la historia.  

La raíz de este peculiar árbol genealógico tiene forma femenina, y responde al nombre de Adélaide. Mujer atormentada por una especie de ataques en plan epilépticos, tomará por esposo a un simple campesino de nombre Rougon. A la rápida muerte de su marido, Adélaide busca consuelo en los brazos de un contrabandista fronterizo, llamado Macquart, singular personaje aficionado también a empinar el codo. 

Pero el grueso de la novela lo copan lo hijos, los descendientes de los padres cuyos nombres titula a la progenie en la fictica ciudad provinciana de Plassans. Émile Zola juega con los tiempos para presentar y desarrollar a sus personajes en grandes descripciones, para después detenerse en algunos pormenores importantes. En un principio, el autor se explaya en destacar las dos ramas de los apellidos y los intereses privados que mueven a los descendientes de Adélaide. Pierre Rougon y Antoine Macquart, hermanastros que coparan buena parte de la novela con sus vidas y posteriores disputas. Ambos vierten sobre Plassans nuevos hijos que terminan de sumar al núcleo de la obra cierto aire a culebrón, con una serie de rencillas propias de la clásica familia mal avenida. Con tanto interprete surge el titiritero Zola, y con cierta mala leche al depositar en sus protagonistas las perores mentalidades y deseos que pueda encarnar el ser humano. La gran mayoría de los personajes son tan repulsivos como avariciosos, estúpidos arrogantes que llegan a acumular vicios y deseos muy por encima de la corrección que tanto quieren aplicarse los llamados humildes. Por suerte hay pequeños posos de esperanza, como si la mala sangre llegara a revertir sus síntomas en determinadas ocasiones, aunque sean dados en menor medida en algunos jóvenes e idealistas personajes.

Para 1851 Luis Napoleón Bonaparte junto a sus correlegionarios, toman el poder por la fuerza, derrocando a la República. Y como siempre ocurre en estos conflictos, existen dos bandos que extreman sus posturas. Esos históricos días sirven a Zola para ficcionar la postura de sus personajes, hábilmente divididos en las dos facciones políticas enfrentadas y como maniobran para sacar tajada del asunto, al fin y al cabo es lo que cuenta para la gente practica frente a los clásicos soñadores. Éstos últimos son los enfermos que creen en la justicia y en el bien común. Idealizados por Zola en las juventudes amorosas de Silvére y Miette, y con mayor enfasis en la niña, que termina por abanderar la clásica imagen francesa de la libertad que guía al pueblo. 

Fue en esa negra y fría noche de diciembre, entre los agrios lamentos del rebato, cuando Miette y Silvère intercambiaron uno de esos besos que atraen a la boca toda la sangre del corazón.

Zola es un gran narrador aunque en ocasiones se pierda en un exceso de creatividad que subraya alguna situaciones con tanto elogio y tanto talento, que las palabras asaltan el texto remarcando frases de manera repetitiva. Da la sensación que tanta descripción forma parte del ansia narrativa de Zola por hallar la perfección de sus textos, donde seguramente le sobrarian algunos matices que sobrepasan tanta exposición.

Rougon-Macquart / BBC Radio 4
Uno de los grandes aciertos es el supuesto caos que parece predominar en la estructura. Se tiene la sensación de ser una obra que persiga la linealidad u orden cronológico, pero ésta termina por romperse por la fuerza desarrollada por el escritor, como cuando introduce a un nuevo personaje importante. Ahí es donde Zola arranca una necesaria presentación de varias páginas, saltando en el tiempo, si es menester, para explicar los orígenes del personaje, su relación con el resto y las necesarias características a destacar. La historia natural y social de una familia bajo el segundo imperio choca con las clásicas novelas históricas. Ésas donde los personajes suelen destacar por actos honorables, valientes o decisivos. Sin embargo Zola adopta un tono más cercano a la realidad, reduciendo las acciones del vulgo al simple comportamiento de los cobardes y de los manipuladores, con tantas carambolas que pueden llegar a reconocer sus actos como heroicos. Si encima se le añade la benevolencia que otorga el tiempo, se llega a la turística necesidad de aupar ciertos acontecimientos en memorables, gracias a los interesados vendemotos que abundan en la política. 

Creyó entrever por un instante, como en un relámpago, el futuro de los Rougon-Macquart, una jauría de apetitos desencadenados y saciados, en un resplandor de oro y sangre. 
                                                                                                                                 
Adélaide Fouque

La fortuna de los Rougon
Émile Zola 
Alianza editorial, 1981
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La taberna

29 de marzo de 2018

Acción mutante

Cada cierto tiempo surgen películas que alcanzan cierto estatus de referencia generacional. Pero el debut de Alex de la Iglesia se quedó a medio camino, (lo lograría después con El día de la bestia) y eso que contaba con el gancho de tocar un genero tan atractivo como la ciencia ficción. Algo poco recurrente en el cine español que sin embargo, no termino de cuajar como filme de culto. Acción mutante expone un provocador futuro de la perfección, donde el culto al cuerpo y las visitas a la cirugía han logrado casi extirpar de la sociedad el exceso de las grasas y los rostros poco agradecidos. Ante tal perspectiva de ninguneo, se rebelan los despojos y los apartados de la sociedad feliz. Éstos aparecen caracterizados como mutantes, donde destaca la imaginación del director y de Jorge Gerricaechevarria, su habitual socio en el guión, quienes acaban por denostar con malformaciones físicas y psíquicas, derivadas de ese futuro distópico, a sus protagonistas. 


Parte de la panda - DR
La película fue estrenada en 1993. Con una producción que contó con un presupuesto holgado sobre la media de aquellos tiempos. Dineros destinados a mostrar el trabajo de un debutante con ganas de mostrar su peculiar estilo, gracias al buen ojo de la productora de los hermanos Almódovar. Una de las virtudes del director vasco es su fuerza visual, a la par de una poderosa originalidad a la hora de plasmar temáticas en sus narraciones. Para su estreno abarca géneros tan bien avenidos como el cine negro con el SciFy, culminada por la comedia más gamberra. Sin embargo, la buena propuesta inicial de la película termina siendo devorada por lo exagerado del ejercicio, además de un continuo camino hacia que termina en desmadre. Con el trascurso del tiempo queda claro que tales excesos forman parte del sello de de la Iglesia. El clásico marca de la casa, constante en una rica filmografía, variada en temáticas, con múltiples aciertos y algunos patinazos. 


Imagen para el recuerdo - DR.
Quien acuda virgen al visionado de la película, puede sentir cierta sorpresa y agrado en un prometedor inicio al ingerir la interesante propuesta del director. Después llega el abuso del dulce, y la fanfarria constante de Acción mutante termina por agotar. Quienes ya han visto más de una ocasión el filme, desconectan antes de la fiesta. En este caso resulta curioso que el único personaje que parece tomarse en serio la representación, sea el líder del grupo terrorista, Ramón Yarritu, interpretado por el siempre eficiente Antonio Resines. A pesar de estar rodeado de idiotas y situaciones estrambóticas, continua representando su papel sin perder nunca el horizonte, como si fuera el único capaz de tomarse en serio la verbena en la que participa. Suele ocurrir como con las escalas de las borracheras, el punto de canticos regionales precede al delirium del libertinaje, y en esa orgía Acción Mutante llega a perderse. 

Obviamente la película llega a ser divertida y se deja ver gracias a la nostalgia que despierta su autor. El recuerdo de tiempos pasados, algunos cameos destacables, incursiones musicales y ciertas anécdotas como la moneda del rescate, 100 millones de Ecus, trasladan al espectador la sencillez del entretenimiento dominguero. Más propio del frío invernal, con mantita y porque la caja tonta apenas ofrece algo mejor. 

Acción mutante
Alex de la Iglesia, 1993

19 de marzo de 2018

Crematorio

Existe una cantinela que suele darse en competiciones deportivas. Normalmente citadas a coro por la hinchada del presumible equipo inferior, y que se ha convertido en todo un clásico."Si se puede, si se puede..." El mismo termino debería llevarse a la supuesta industria televisiva española. Porque si se quiere, se puede hacer una serie como Dios manda. Bien hecha, realizada, interpretada, escrita y un montón de etc´s acordes a diferentes labores de producción. Y para colmo, expuesta en una espacio de tiempo inferior a la hora. El acabose para algunas mentes que echan por tierra la malsana costumbre hispana de estirar los tiempos en sus producciones televisivas. Crematorio y su única temporada de ocho capítulos, tiene el honor de erigirse como un referente de la televisión patria, con una temática tan nuestra que aun quedan múltiples matices por explorar, como bien pudo verse por ejemplo en la película, La caja 507 de Enrique Urbizu. Temas tan nuestros como la especulación urbanística y la corrupción política. Vamos, que en España tenemos bacalao por cortar. Un paraíso donde los hermanos Cabezudo han sabido adaptar una obra literaria del escritor Rafael Chirbes, para elevar la autoestima de los espectadores con negocios bien conocidos por todos y exhibirlos de una manera por encima de lo digno.


El capo Sancho - Canal + España
La serie fue exhibida en 2011, con cercanos referentes de éxitos ligados a la HBO americana como Los Soprano, incluso el soberbio primer capitulo recuerda a la mafiosa saga El padrino, con la presentación estelar del gran patriarca, Ruben Bertomeu para mostrar como gestó parte de su imperio en pequeños saltos temporales, a la par de presentar su situación empresarial y familiar como aperitivo de los próximos episodios. Los saltos al pasado serán una constante que sirven para dotar de protagonismo a ciertos personajes por capitulo y la relación que les une a Bertomeu. José Sancho dio vida al gran gerifalte, encabezando un amplio reparto coral que abarca todos los ingredientes necesarios para dotar a la serie de los enriquecedores conflictos paralelos. Las necesarias sumas que cumplan por aupar al conjunto de Crematorio. Pero con la diferencia de no volverse locos con secundarios y temáticas eternas. Es injusto realzar solo al trabajo de Sancho, pues el resto de personajes cumplen sobradamente su parte. Incluso la constante mala leche de Alicia Borrachero, cuya figura canta un viaje similar al de Michael Corleone. La heredera que disiente del negocio familiar.

Sin embargo todo gira en torno al gran empresario, todos se alimentan de sus negocios y crecen a través de sus actos, porque él puede permitírselo a los demás. Como las sobras del plato. Habrá roces, discrepancias familiares, ambiciones y demás parafernalia, pero el mundo empieza y acaba por Bertomeu, en su afán de conquistar más dinero y más poder frente a sus pequeños actos benéficos para el resto. 


Canal + España
La serie cuenta con numerosos alicientes por discernir, cuyo arranque memorable viene dada por las clásicas torpezas que amenazan con arruinar todo un imperio. Ésas que son tan hispanas como humanas, donde el hombre torpe comete una simple imprudencia que deja el culo al aire a quienes se han enriquecido vilmente del ladrillo, de los menudeos y hasta de los muertos. Y de ahí al constante ritmo de tapar baches en los siguientes capítulos, la capacidad de Bertomeu de combatir las nuevas fugas con vueltas de tuerca y las avaricias del querer más y más en un último proyecto final. La obra cumbre de su vida, de querer sepultar con hormigón la última zona virgen de la ficticia localidad de Misent. Y para ello se emplea los sortilegios necesarios, arreglos políticos o empresariales, el uso de la fuerza bruta si es necesario o por el contrario más sigilo si se tercia. Crematorio se disfruta en pequeñas cantidades a pesar de dar por sentado que todo lo que nos rodea es tan real como la vida, al percatarnos de reconocer la sociedad que nos muestra la serie. Queda mucho por crear y mostrar de estas vergüenzas. Si se quiere, porque está seria ya ha demostrado que se puede. 

... a ti lo que te hubiera gustado, es que hubiera heredado la empresa, que pasará por encima de todo el mundo, para que la gente pudiera decir que tú hija tenía más cojones que un hombre. 
 - Y qué hay de malo en desear eso?
 Silvia y Rubén Bertomeu

Crematorio
Originales Canal +, 2011
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Los disparos del cazador de Rafael Chirbes

9 de marzo de 2018

El país desnudo

Más que en bolas, el país del título pilla realmente a tomar por culo. En un pequeño intento por destacar alguna característica de Australia, me asaltan a la mente las vulgares ideas de tan apartado lugar. Como los guiris, cuando sitúan a todos los españoles entre toros y artistas de la castañuela, pues lo mismo, al deducir que de esa enorme isla deben destacar las ratas saltarinas y cazadores con bumeranes por encima de todo. A ojo podría situar que la mayor proporción de civilización se encuentra en las costas, mientras que el interior del continente domina una amplia planicie de terrenos, baldíos, explotados o desérticos, a saber. Aunque ahora podría añadir un nuevo conocimiento en la figura de Morris West, quien tiene el crédito de ser el mayor superventas del lugar, gracias sobre todo a otras novelas más conocidas, como Las sandalias del pescador.

Sin censura
Pero en esta pequeña novela de El país desnudo, donde curiosamente firmó con el seudónimo de Michael East, el autor ofrece una historia que se centra en el interior continental. Un sitio donde la vida del hombre blanco se desarrolla entre grandes espacios abiertos. Existe la posibilidad de realizar un pequeño paralelismo con la conocida conquista del oeste americano, seguramente más conocida gracias a una temática similar, en el clásico enfrentamiento de indios y vaqueros. Aunque en este caso hay que sustituir a los nativos de un lugar por los aborígenes australianos. Tribus ancladas en sus viejas tradiciones y que chocan con el medio de vida de los nuevos colonos. Y de ese conflicto nace el punto de partida de la novela, protagonizada por un vaquero que intenta sacar adelante su finca de ganado, pagar las deudas contraídas y superar la soledad del entorno junto a su mujer. Al contar con breves páginas, la trama planteada por West se concentra en el viejo ejercicio deportivo de la caza, a través de una prolongada persecución entre presas y cazadores. A la supuesta acción se le añade la lógica transcendencia de los problemas personales de los protagonistas de la narración. En ese punto es donde West destaca a sus personajes en diversos tramos individualizados, donde lideran la historia que nos están contando desde sus propios puntos de vista. Como cuando los intereses privados del hombre blanco chocan con la singular forma de entender la vida de los aborígenes, y como cada bando actúa en consecuencia de las lógicas que imperan en sus mundos vitales.

Lance Dillon es el ambicioso vaquero protagonista, acuciado por las deudas y cuya esposa Mary no anda del todo contenta por tener que lidiar en ese mundo rural, tan apartado de las comodidades que ofrecían sus orígenes de la ciudad. El clásico triangulo lo culmina el policía Neil Adams, responsable de investigar los sucesos acaecidos frente a una antigua tribu. El otro bando anda liderado por el poderoso hechicero Willinja, quien mantiene su particular disputa con Mundaru, un joven guerrero que suspira por Menyán, la joven esposa del citado Willinja. 

La ambición personal de cada personaje desemboca en un viaje que transformará a todos los protagonistas de un extremo a otro. Tal literatura sobrevive a la persecución, a las pesquisas y al peligro de la naturaleza de forma sobria y con pequeños elementos de cierta tensión bien resueltas por el escritor. La historia principal se desarrolla en un breve espacio de tiempo y posteriormente se observa el resultado de la evolución de los personajes. La novela entonces queda atrapada a la fácil resolución del entretenimiento, algo corto por la escasez de un mayor desarrollo o porque la historia apenas daba más que para enmarcarse en la superficie frente al desvelo interno. Queda también un pequeño acto divulgativo sobre los procedimientos de ciertas colonias humanas atrapadas en el edad de piedra. Al final siempre se aprende algo más allá del tópico. 

La muerte era el último temor, pero una vez que se pasaba este miedo, sólo existía la tranquila desilusión de que la vida había significado tan poco. 

El país desnudo
Morris West.
Ed GP Colección Reno 1973