27 de abril de 2026

V de Vendetta

Un poco antes del cambio de milenio, llegó a los cines una película que logró imponer una estética relevante a través de una flipada mental que terminó por convertirse, con el tiempo, en un referente visual dentro de la historia del cine. El ciberpunk The Matrix (1999) vio la luz gracias a las hermanas Wachowski, con una narrativa y espectáculo visual tan arrollador a lo largo del mundo, que la calculadora capitalista estiró la recaudación hacia una trilogía y posteriores añadidos extras de colaboradores cinematográficos, como la conocida antología, The Animatrix (2003). El impacto del filme fue tan importante, que con paso de los años cualquier producción paralela, asociada al apellido Wachowski, contenía una atención extra. Como por ejemplo la adaptación de uno de los comics más conocidos de uno de los más grandes autores del noveno arte. Alan Moore con su V de Vendetta, cuyo estreno fue en 2006, donde todavía perduraban los ecos y parabienes de la trilogía citada. 
Touché a tú bolsillo, Moore - Warner Bros
La adaptación fue capitaneada por James McTeige, un tipo de origen australiano y con bastante oficio en el sector audiovisual (principalmente como asistente de dirección), el cual recibió el encargo de trasladar a la pantalla grande una obra que ya arrastraba cierta repercusión por su propio peso. Curiosamente, recuerdo abandonar una primera lectura del cómic en aquellos tiempos. Simple y llanamente porque me aburría. Por aquel entonces, era incapaz de conectar con la distopía creada por Moore, y hubo de pasar algunos años para que por fin me obligará a concluir la lectura y el visionado de los dibujos de David Lloyd, cuyas monótonas figuras me resultan pesadas y de difícil seguimiento por el simple hecho de que un buen número de personajes me parecen todos iguales. 

V de Vendetta propone una historia alternativa hacia finales del siglo XX. Conviene recordar que el tebeo fue concebido a mediados de los 80, en una Inglaterra gobernada por una señora (Margaret Tatcher) cuyo sobrenombre quedaba genial en cualquier historieta dibujada: La Dama de Hierro; y puestos a imaginar el futuro, Moore previó una guerra nuclear que dejaría a medio mundo alelado, salvo una aislada isla a cuyo gobierno ascendería un partido fascista que aprovechará la imperiosa necesidad humana de sobrevivir, de echarse a los brazos del primero que le ofrezca cierta seguridad y control frente al caos. Lo que ofrece Nayib Bukele hoy día. Una similitud de ascenso similar al nazismo con un control absoluto, por parte del Estado, de fiscalizar todo el relato.

La historia recae en un pavo que oculta su rostro bajo una mascara teatral, a través del conocido actor Hugo Weaving, quien se ve obligado a actuar a través de la voz y los gestos tras un antifaz versada en una historieta inglesa que evoca a un hombre del pasado llamado Guy Fawkes, el cual intentó volar por los aires el parlamento británico. Como se quedaron con las ganas, un contemporáneo que acapara la V como firma y nombre, toma el relevo de alzarse frente a la tiranía y erigirse en el adalid de la libertad. Esa a la que han renunciado el resto de los ingleses. Una sociedad acobardada bajo la firme suela del opresor y que ha olvidado la clásica referencia española de Fuenteovejuna para sobreponerse. La idea del héroe es una clara muestra de incentivar una revolución por parte de un confeso anarquista como Moore. 
Nuestra reina Amidala - Warner Bros
En el cómic, los habitantes de Inglaterra andan escasos de lo que hoy entendemos por necesidades básicas, mientras que en la película se contentan simplemente con el recorte de las libertades más mundanas. La dupla femenina está protagonizada por Natalie Portman bajo el nombre de Evey, quien intenta ejercer la prostitución para sacarse un extra, aunque confunde al potencial cliente con policías de paisanos que intentarán aprovecharse de ella. Mientras que en el filme su vida corre peligro por el mero hecho de saltarse el toque de queda. El cómic, en ese aspecto, anda más elaborado que la adaptación cinematográfica, cuya limitación de tiempo prefiere centrarse en el recorte de libertades y en la manipulación mediática, incluidos los actos terroristas del protagonista, los cuales se asumen en la desvergüenza de mantener el relato con la perspectiva directa del mundo orwelliano de 1984. Es un ejemplo de la distancia exagerada entre ambos visiones, porque en el cómic hay mayores motivos para rebelarse que en la pose simplona de la película de el gobierno miente a la población para ocultar sus problemas o carencias. 

Por supuesto, la adaptación cinematográfica contiene los elementos necesarios para que esta producción esté destinada a ser un éxito, además de actualizar algunas cuestiones del cómic ochentero frente a un audiovisual que llegó dos décadas más tarde. Por ahí gana la estética, la factura y el buen hacer del dinero bien empleado para crear una atmósfera y mundo propio. Sin embargo, y como suele ocurrir en las adaptaciones, la tijera hace acto de presencia. La película de McTeige se centra justo en lo más importante: la distopia que tiene enjaulada a su población pero que no añade ninguna subtrama del cómic original, ni siquiera aspectos propios de cierta importancia que enriquezcan una película llamativa de inicio. Básicamente, es un calco de las viñetas, exceptuando a algunos personajes. Como el amado líder fascista, al que se le sitúa como un malvado gritón que imparte ordenes a través de una pantalla. Otro secundario, llamado Gordon (amante y contrabandista de Evey en el tebeo) se transforma aquí en un bonachón presentador de TV, que tiene a buen hacer, incluir un sketch homenaje al gran Benny Hill, sintonía y velocidad de reproducción incluidos. Una única y acertada aportación de una película que llega a dejarse ver gracias a su notable apariencia, que cobraría mayor importancia si el espectador desconociese el cómic original. 

En comparación, gana la obra de Moore y el dibujante Lloyd. Gracias sobre todo a esas historias secundarias y transversales que tan bien maneja el guionista, porque esos adornos exteriores embellecen un conjunto del que adolece una película, que a pesar de su presupuesto, termina siendo del montón y su mejor función es favorecer el interés del personal hacia el cómic. 

V de Vendetta
James McTeige, 2006

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