Diferentes muestras de muros de piedra seca. Muro en Cordel del Toril. |
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La tapia permite el paso del arroyo del Tejo |
La ley de memoria histórica ha contribuido a cambiar el nombre de algunas calles. Y en Guadarrama se ha recuperado una antigua nomenclatura, que derivaría del uso que se hacía por esos lares. La calle de Las Fraguas precede a un antiguo camino, conocido en la actualidad como Calleja de Los Pradillos. Pero hace menos de 100 años, la vía se llamaba Camino de La Fragua. En realidad es una pequeña válvula de escape, un camino trillado por paseantes y vecinos gracias a su escaso desnivel. Cercado por muros descuidados, que guardan algunas fincas particulares y con la apetecible primavera rebrotando con verde esplendor. Bosco va sorteando charcos y el murmullo del arroyo del Tejo pretende esconder su cauce bajo un puente más bien feuco. Nada que ver con las bellas oquedades que ofrece el muro de la izquierda, donde la elaborada colocación de las piedras permite el paso del agua y pese a la caída de alguna losa que debería recuperarse.
El paseo continua recto, con la Torre guadarrameña a espaldas, cuyo baluarte verifica la excursión del dominguero con su perro, y tal vez, presumiendo el peaje de la vuelta. La calleja se bifurca, y como buenas decisiones electorales tiramos a izquierdas, hasta alcanzar la Colada de los Navarros. Allí, donde afloran en una nueva intersección parcelas privadas que se acogen al reciclado de vallas, lonas y demás basuras para guardar huertos, perros y otras tantas mierdas. Pero la barbacoa que no falte.
Colada de los Navarros. Sí, hay que pasar por ahí. |
La colada prosigue hasta cruzarse con la M622 y encaminarse a dehesas molineras. El paseo continua de remontada, donde busca encajonarse nuevamente en estrecheces. Tras una torre de alta tensión se llega a un nuevo camino cercado, una delicia verde cuyas tapias apenas oprimen la sensación de libertad que aporta el coqueto recorrido, y que esconde alguna dificultad en su trayecto. A medio camino se cruza el arroyo del Toril. Mientras que otro riachuelo, Los Irrios, circula mansamente en medio de la colada después de vadear el Toril. En realidad es un divertimento sortear tal arroyo, o predecir cómo coño será transitar tal camino en épocas más húmedas. Para algo inventaron el gore-tex, mientras que el bastón saca a relucir otras funciones más violentas sobre las zarzas y otras floraciones que intentan retener a los caminantes. El entretenimiento se acaba cuando la colada alcanza una exagerada vía, el Cordel del Toril.
A ambos lados prevalecen las fincas. Con ganaderías, hípicas y asilos principalmente. Los muros se mantienen alejados en esta especie de autopista natural que permite el paso de vehículos de ruedas gordas. Por lo menos queda el consuelo de encontrarnos con una virgen. Ligada al Espino y cuya efigie anda guarecida bajo una covachuela. Además cuenta con la colaboración del cambroño, cuyas flores adornan el entorno enrejado de la ermita rocosa. A izquierdas hay un pequeño caño y también un abrevadero donde Bosco se refresca a la espera del almuerzo. El día luce espléndido y las laderas de La Peñota andan recubiertas del florido color pajizo.
Colada de los Navarros |
Se nota que la mañana avanza y que el tráfico aumenta. Aunque la suerte nos otorgue un sendero paralelo que acude raudo al rescate de tener que tragar polvo. Muy cerca del casco urbano destaca, hacia el norte, la abandonada mole del sanatorio de La Marina, hospital abandonado y a merced de los vándalos. Ya en el casco urbano seguimos el paso por diversas y llamativas calles; Paseo de los Transeúntes, Travesía del Molino de la Cruz... para terminar de llegar al Matadero. Pero sin tener que llegar a tal extremo, avivamos el paso hasta la Vereda del Canto de la Pata. Senda protegida y bastante utilizada por andarines y bikers. En algún mapa, algún listo quiso darle más lustre al camino, sustituyendo la pata por la plata. Aunque tal apreciado mineral es inexistente y por aquí sólo entonan peros una pierna y una pata.
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Vereda del Canto de la Pata |
La simpática vereda del Canto de la Pata alcanza la M614. Atrás quedan las laderas del sistema montañoso y el delito paisajista de las múltiples torres de alta tensión. Se cruza el asfalto hasta la cercana entrada de la Urb. Vallefresnos... La idea inicial era tomar una variante, una opción más divertida y reivindicativa entre cercas, como corresponde al título del post. Sin embargo toca acortar y enfilar por una acera en paralelo de la carretera, hasta que resurge un camino a izquierdas que bordea un picadero y se dirige directo hacia Guadarrama. El casi perdido Cordel de la Serranilla, ahogado por la invasión del hombre y la dejadez de la administración.
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Calleja de Los Pradillos |
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Álbum de fotos
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