Resulta curioso y hasta positivo vivir una experiencia ajena al modo de vida que normalmente uno lleva consigo. Asistir al mercado de ganado en dos de las ferias más grandes e importantes de España da como resultado una vivencia llamativa, porque una cosa es acudir a tal evento como un simple curioso o un turista ocasional y otra muy distinta es la de participar en la compra de animales para su posterior explotación. Tengo que matizar que acompañaba al comprador y aunque mi asistencia era eventual, he tenido la oportunidad de vivir en primera persona el gitaneo propio del mercadillo de barrio trasladado a los negocios ganaderos en una inmensa nave.
Compradores y tratantes con la firme intención de elevar o bajar el precio de las crías con la histórica peseta como moneda de cambio. De esta guisa me presente en Torrelavega primero y en Pola de Siero una semana más tarde. Convirtiéndome en espectador y supuesto alumno de los diferentes aspectos que se deben tener en cuenta para adquirir y comparar al distinto ganado expuesto a la venta, buscando a ojo la mejor opción (si el animal realiza la rumia, si está implao, si tiene mocos, que si el culo del animal....) y terminando por rebuscar el precio que augure el mayor beneficio tras el posterior engorde y cría del animal.
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Mercado de Pola de Siero |
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