19 de mayo de 2016

Ivanhoe

El caballero negro y el libro
La inercia que provoca la ensoñación caballeresca del Quijote empuja a buscar nuevas aventuras perpetradas por hombres engalanados de metal. Historias de caballerías en antiguos reinos medievales, con sus correspondientes monarcas, bellas damiselas en apuros, notables ladrones, leales escuderos y los necesarios bufones, que logran rebajar las estrictas normas del honor hacia la mundana realidad de la sonrisa. Ante tantas figuras idealizadas, solo cabría echar en falta a algún dragón, aunque realmente este animal mitológico está representado por el escritor Walter Scott. Un autentico monstruo, en el buen sentido, de las letras británicas gracias a esta memorable novela, catalogada por el devenir de sus historias como de aventuras. Irremediablemente y con el paso del tiempo también se la cuelga la etiqueta peyorativa de juvenil, por ciertos trazos, llamemoslo blancos que contiene la obra. En realidad persiste una idea más madura que cualquier lector adulto puede obtener del subtexto. Es cierto que se pasa de puntillas por ciertos pasajes, pero la mera exposición de estos no hace que el contenido, gratuito en ese caso, adquiera la condición de adulta. Cualquier avezado lector sabe que la época medieval debía de ser una era sucia y violenta, donde se exponen los mayores pecados del hombre sobre sus conquistas, y de ahí surge el ejemplo del personaje de Ulrica, la vieja bruja sajona del castillo de Torquilstone, cuyas carnes sufrió durante años el triste destino de convertirse en el trofeo de los conquistadores.

Otro grado de madurez, apegado a la realidad de la época, es la brutal exposición racial de los diferentes pueblos que habitan estas tierras inglesas. La lucha política y militar entre normandos y sajones alcanza grandes cotas de desprecio que surgen por la imposición de unos principios de superioridad sobre el pueblo derrotado en pasadas batallas. La raza judía se encuentra incluso en un par de escalones sociales más bajos, clara muestra del abuso y de la persecución que tradicionalmente ha sufrido este pueblo a lo largo de la historia.  

Ivanhoe del escocés Walter Scott es una de las novelas más importantes de la literatura británica, enmarcada en la corriente literaria del romanticismo del siglo XIX. A su favor cuenta con el atractivo argumento del medievo con una ristra de personajes donde la leyenda supera en numerosas ocasiones el rigor histórico. Ricardo Corazón de León, su antagonista hermano Juan Sin Tierra, Robin de Locksley o el propio Ivanhoe. protagonistas variados que pueblan uno de esos libros imprescindibles de cualquier biblioteca. El argumento es bien sencillo, el rey Ricardo se encuentra preso en alguna cárcel europea. Hecho que aprovecha su hermano Juan junto a otros nobles para hacerse con el poder, mientras que diferentes caballeros, leales a Ricardo, regresan desperdigados a Inglaterra tras combatir en las cruzadas. Como el personaje que da título a este libro. Las grandes confabulaciones de poder se mezclan con los diferentes intereses de los protagonistas quienes se mueven advertidos por sus propios intereses y maquinaciones futuras. Pocos regalan algo sin saber que van a sacar provecho por otro lado. Tal vez falte algo más de la acostumbrada mala leche que con tanta gracia se desarrolla en estos tiempos. Mayores traiciones o destacados golpes de efecto. Sin embargo, la destreza de Scott para cuadrar los roles de sus personajes en la historia destaca por la sencillez con las que estos contribuyen a hilvanar las tramas que se van sucediendo.


 Rapto de Rebecca; Wallace Collection, Londres, obra de León Cogniet / Loslaberintosdelarte.com
A pesar de que Ivanhoe es el protagonista de la historia, bien pudiera decirse que el amplio reparto coral destaca por encima del individual. Hay incluso pequeñas intervenciones tan redondas que demuestra el talento de Scott para sumar desde diferentes ángulos el conjunto del relato. El personaje de Ivanhoe no solo destaca por la fuerza de su brazo, sino también por su encomiable cabeza y buen hacer, prototipo del perfecto paladín sin ningún tipo de reproche. Su opuesto, el caballero del temple Brian de Bois-Guilbert, también destaca por su faceta guerrera, pero su moralidad y faltas pasionales lo transforman en un personaje más interesante gracias a sus marcadas aristas. A la par se puede citar la versión femenina, representada en la judía Rebecca, exponente de una fuerza de voluntad tan terca como encomiable. Es tal la fuerza de su figura, con las dudas de sus sentimientos, su valentía y perseverancia, que la convierten en la heroína de la novela sin llegar a portar arma alguna. El propio rey Ricardo comparece con un aire más jovial y romántico del ideal del caballero, donde se reconoce esa faceta suya e histórica de ardor guerrero, hechos destacados que suelen favorecer a transformar al personaje histórico en leyenda. 

..seré el rey en mis propios dominios, pero en ningún sitio más. Y mi primer acto de dominación será colgar al abad

Athelstane

Ivanhoe

Walter Scott
Ed. El País Aventuras - 2004
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