13 de marzo de 2013

Toledo, cruce de desatinos


Alfonso X y Violante
Hace ya más de un año que se estreno en Antena 3 Tv la serie de Toledo, cruce de destinos. Una arriesgada propuesta televisiva que contaba con un holgado presupuesto. La pasada lectura de El puente de Alcántara me ha animado a visionar un producto netamente español, arrastrado por la influencia positiva de la novela y de mi amor hacia la historia. Ciego en algunos casos. Porque el libro narraba las desventuras de tres personajes principales relacionado con las religiones predominantes en la península ibérica de la interesante época medieval. La serie de Boomerang Tv partía por tanto con un llamativo arranque centrándose en la capital del reino de Castilla, la ciudad de Toledo, donde el famoso monarca Alfonso X, el sabio, gobierna sobre cristianos, judíos y musulmanes. En una edad donde las principales religiones monoteístas compartían país, ciudades, calles y recelos.


La ciudad de Toledo
Sin embargo la serie adolece de los males endémicos de las producciones españolas. Creadas para ocupar todo el prime time de la franja horaria de mayor audiencia. Y ese todo es la perdición de las productoras, porque mantener el tipo de una serie durante más de una hora, es una empresa bastante complicada. La caída de estos productos de las parrillas es por culpa de las propias televisiones. Y Antena 3 Tv en este caso, la principal responsable de la baja calidad del producto que intenta vender en sus mejores horas. La trampa está servida por su precioso envoltorio. Una vez abierta la caja, la sorpresa decae por si sola. No solo en Toledo, sino en la gran mayoría de estupideces que se producen en España. En esta serie en particular fallan muchas cosas, aunque inicialmente contenga buenos planos para construir algo correcto. En primer lugar dejo de lado la inconexa interpretación histórica. Tampoco es necesario seguir fielmente la pasada historia porque esto es ficción, a pesar de la riqueza que contiene este país sin necesidad de inventar nada. Pero dejemoslo ahí, por si el responsable del grupo de guionistas tenía alguna idea mejor. Que va a ser que no. Lo cierto es que a los veinte minutos del primer capítulo ya deseé dejar de martirizarme. ¿Acaso me pagan? La serie deambula tristemente en busca de una idea central más fuerte que la requeteconocida venganza personal centrada en Rodrigo o la búsqueda de paz entre cristianos y musulmanes. Una paz que podría dar más juego si fuese el tema central de toda la serie, pero está prefiere perderse por otros ámbitos al margen de un rey que quiere la paz, Alfonso y un desaprovechado personaje, Abu Bakr como representante musulmán. Excluido además porque no sabemos a quien representa, ni porque firma una paz que no quiere y ni siquiera por ser realmente el enemigo de la susodicha paz, ni tampoco como rival del protagonista en muchos capítulos.

Los argumentos se encaminan pues en historias cerradas, pequeñas tramas episódicas que incumplen el objetivo de sumar a un tronco central inexistente. Centradas en completar la función de la noche a través de un decrépito ritmo que alarga escenas, diálogos sin gracia ni función y las eternas miraditas entre personajes que ahondan en el desconsuelo. Se hace tan largo todo que nadie tiene reparos en disimular que pretenden rellenar la maldita franja horaria.

Moros y cristianos
El reparto coral sirve para crear las múltiples subtramas que necesariamente deben contribuir al enriquecimiento de la serie. Casos clásicos como las complicadas relaciones entre personajes de diferente religión o de clase. También las tramas palaciegas deberían aunar esfuerzos en rellenar lo posible el exceso de minutaje. Sin embargo falta mucho fondo y una propuesta mejor que las simples tramas propuestas. Las complicaciones son tan débiles y normalmente superficiales que apenas consiguen superar el episodio narrado. Desconozco si en el carácter latino reside tanta melosidad o yo estoy demasiado mal influenciado por el mundo sajón. Lo cierto es que la madurez escasea en las relaciones entre personajes y en la profundidad de las tramas. Falta elaboración, complejidad, traiciones y sobre todo mala leche. Y cuando cito madurez no me centro en la manía de mostrar los atributos femeninos, otro mal condicionado de este país que apenas sabe cuando mostrar un pecho, un tobillo o un culo cuando sea necesario y no por el mero hecho de alegrarnos la vista. La madurez y la mala leche son necesarias en una producción que pretende ser adulta, una serie que contenga de verdad problemas más serios que los simples amoríos entre personajes. Tanto sufrir en amor que ni siquiera un rey puede mandar cortar ciertas cabezas cuando se requiere. Y es ahí donde falta mala leche, en la maldad y la inteligencia de los malos, que más bien son caricaturas que no desprenden ningún sentimiento encontrado en los espectadores.

Hay momentos infames, como la pretensión de dar lecciones morales, el episodio de los esclavos es un verdadero insulto hacia la inteligencia de cualquiera que pretenda acercarse al modo de vida de las gentes en la era medieval. Una cosa es una supuesta actualización temática y televisiva, pero otra muy distinta es tomar por idiotas al público y el poco respeto hacia el trabajo bien hecho cuando se adapta una fase histórica sin la molestia de conocer y representar la vida como era antiguamente. Que distinta obra frente a la cercana Los pilares de la tierra. Que poca gracia y esmero en una frente a la otra. De Toledo nada me creo, ni siquiera esos extras tan pésimos. Está claro que debo ser más selectivo y ahorrarme la perdida del tiempo.

  

Toledo, cruce de destinos. En Imdb
Boomerang Tv 2012.


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