16 de julio de 2014

Posesión Infernal

Esta es una de esas pequeñas maravillas que logran alcanzar cierto estatus cinefilo a pesar de la calidad de la filmación (16mm), y de contener una serie de defectos que demuestran los escasos recursos con los que contaron un grupo de amigos para realizar la película. Una obra que obtuvo un inesperado éxito en el ámbito del alquiler, en concreto del sentimental formato del VHS, formato en pleno auge a principios de los 80 del siglo pasado. 

El grupo de amigos
Sam Raimi era un jovenzuelo que apenas superaba la veintena cuya realización y posterior montaje, destacó de tal modo que logró llamar la suficiente atención sobre un amplio espectro de espectadores, estos fueron quienes hicieron bueno el término del boca a boca. Incluso el conocido escritor de genero similar, Stephen King, se unió a los aduladores del filme, al catalogarlo como uno de las mejores cintas de terror del año.

Posesión infernal narra como un grupo de amigos llegan hasta una perdida cabaña en el bosque con el placido plan de disfrutar del fin de semana en tan apartado lugar. Lamentablemente para estos domingueros, invocan sin querer a unos espíritus malignos tras hallar en el sótano de la cabaña el Necronomicron, el denominado como libro de los muertos en un claro homenaje a las obras de Lovecraft, y al libro en cuestión. Este antiguo ejemplar, estaba siendo estudiado por un arqueólogo que dejo constancia de sus averiguaciones en un magnetófono y de las consecuencias de dar rienda suelta a los demonios. El filme se desarrolla entonces con el clásico esquema cinematográfico de la muerte de sus protagonistas, donde se guarda rigurosamente el orden, de uno en uno, para extender la tensión hacia los personajes que aun siguen vivos y en adivinar los espectadores quien será el siguiente en caer. A todo esto hay que sumar la curiosa predilección de rociar sobre los actores los diferentes fluidos del que dispone Raimi y sus ayudantes, todo tipo de menjunges asquerosos para impregnar a su equipo artístico y sumar gratuitos minutos en el metraje entre gorgoritos y griteríos varios.
Que viene, que viene
La base del éxito se sustenta en una especie de terror que se combina con el humor grotesco, algo así como que tampoco había necesidad de tomárselo todo muy en serio. Detalles importantes son varios, como seña de identidad queda ese peculiar movimiento de cámara que de manera subjetiva recorre el bosque personificando a los espíritus endemoniados. La cámara sobre una tabla sustentada por dos personas y a correr. El correcto montaje beneficia a la película donde se disimulan ciertas pobrezas de producción, destaca en este punto las escenas partidas en múltiples detalles o el juego de parejas de me hago el dormido, abro los ojos, ahora los cierro. También sobresale la inteligente utilización del sonido como remate de las situaciones más tensas o como acompañamiento de ciertas escenas. Estos son algunos elementos a destacar frente a otro tipo de pobreza, como las interpretaciones. Es lo que hay cuando la inexperiencia se junta con las ganas de llevar a cabo proyectos personales, donde Bruce Campbell por ejemplo, fue escogido como protagonista por ser el más resultón del grupo. 

El popular éxito vino acompañado con su correspondiente ración de polémica, al ser previamente censurada la película en tierras yanquis y en otras latitudes. Publicidad gratuita que siembra de interés a toda obra que llega a catalogarse como prohibida. Simplemente era el exceso de violencia sin ton ni son lo que alarmó a alguna mente bienpensante. Y un amago de violación llevado a cabo por las ramas de unos árboles. Como el dinero llama al dinero, se realizó posteriormente una secuela que en realidad es un remake, algo así como el moderno término del reboot, que acuña toda obra cuando se reinicia con vistas a convertirla en una especie de franquicia con sus correspondientes continuaciones y que tan de moda se ha puesto en Hollywood últimamente. 
Mi edición especial
A modo de resumen queda por repetir las bonanzas del filme, la buena dirección de Raimi, el elaborado montaje y la combinación del humor con el terror, ingredientes básicos que logran ocultar las lógicas deficiencias que contiene una película elaborada con escasos recursos. Un último reconocimiento a Stephen Woolley y a su compañía de Palace Video, por dar a conocer a un publico mayoritario está película, él fue el productor que adquirió los derechos de explotación en vídeo. En el XX aniversario del estreno, se editó una edición especial donde se explica en un pequeño documental, la múltiple producción de películas de bajo coste que se realizaban en EEUU por aquellos años. Un autentico boom que bien podría emparentarse con los tiempos actuales donde abundan numerosos proyectos gracias a las cámaras digitales y al uso de la red como distribución mundial. Hoy en día tenemos mil formas de conocer a esos talentos ocultos mientras que Stephen Woolley supo diferenciar en su momento, la basura con el talento por pulir del joven, por aquella época Sam Raimi. 

Posesión infernal de Sam Raimi
1981

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