20 de mayo de 2014

La tía Tula

Esta película es una de esas joyas nacionales que debería estar incluida en algún supuesto listado de la cinematografía española. La tía Tula supuso el brillante debut de Miguel Picazo, adaptando una obra de Miguel de Unamuno a los tiempos de exhibición de esta cinta, mediados de los 60 del siglo pasado. Una labor que fue reconocida en el festival de San Sebastián al premiar al novel director por su trabajo. Otro dato importante es que también se suele incluir a esta película dentro de una corriente denominada como Nueva Ola del cine español, donde destacan ilustres cineastas como Juan Antonio Bardem, Luis García Berlanga o Carlos Saura como principales abanderados.


"Tula, tengo que hablarte"
La historia de esta película narra la difícil convivencia entre Tula y su cuñado Ramiro, quien tras perder a su esposa, es acogido por Tula en su casa para que le ayude a criar a sus dos hijos. Pero cuando un pretendiente de Tula pide ayuda a Ramiro para que éste interceda en su favor para poder casarse con ella, solo consigue despertar en Ramiro ciertos sentimientos de atracción hacia su cuñada que se irán desarrollando a lo largo del filme. En este caso pesa la parte literaria para mostrar la evolución de los personajes principales a través de un ritmo pausado y de espacios cerrados que remarcan las conductas de ambos en un aspecto más psicológico, donde se encierran los sentimientos de los protagonistas. Aurora Bautista destaca como Tula, el personaje central de la cinta cuya voluntad, dedicación y esfuerzo sirve para catalogarla como una mujer excepcional pese a la época que le toca vivir, donde la mujer se encarga de las tareas del hogar y el hombre en ir a trabajar. De este modo, Tula ocupa el puesto de su fallecida hermana para hacerse cargo de los niños, y de cuidar del mismo modo de su cuñado Ramiro. El argentino Carlos Estrada da vida al protagonista masculino, el hombre que en ocasiones parece más bien un niño grande y que desencadena los conflictos del filme al formarse la idea de tomar a Tula como esposa.


Escena familiar, los deberes, la plancha y el periódico
A pesar de la excepcionales cualidades de Tula, las formas, el que dirán y la moral dominan su inquebrantable personalidad arrolladora, demostrando realmente quien calza el pantalón en su hogar pese a las inteligentes muestras que Picazo ofrece a los espectadores de la existencia de las dudas y del quiero pero no puedo. La cinta pues, sigue ese camino donde ambos protagonistas principales se enfrentan a un destino que les condena a parecer una familia pero sin llegar a consumarla, que es lo que finamente pretende Ramiro. La condena parece incluso una broma, ya que ambos parecen un matrimonio que discuten como cualquier pareja por la educación de los niños. "Has dejado muy suelto al niño" dice ella. "La mimas demasiado" contesta él. Discusiones normales sobre la prole quienes encima parecen una extensión de los personajes principales con el nombre incorporado, Ramirin el nene, Tulita la nena. 



Un grado importante es la pretensión sexual de Ramiro hacia Tula, reprimida en primera instancia por la enérgica forma de ser de la cuñada, cuyo personaje se obceca en su deber y a la memoria de su hermana. La calentura de Ramiro va subiendo de temperatura y destaca la forma de exponerla de Picazo en la atormentada mente del protagonista masculino, donde las sofocantes noches veraniegas impiden conciliar el sueño, y hasta los ladridos de los perros subrayan la condición de esa molesta sensación de locura. Para intentar disuadir a su cuñado, Tula impone un cambio de aires para combatir también los calores del verano marchando al pueblo, buscando la alegre sensación del campo, el refrescante baño del río y los recuerdos del pasado que parecen trastocar algo las ideas de esta mujer que se percata de la rapidez del paso del tiempo. Tan rápidos como los remarcados trenes de la vida, esos que vemos partir para no volver. 


La tía Tula de Miguel Picazo
1964

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