25 de mayo de 2013

Chacal

A principio de la década de los 60, Francia vivía unos años convulsos por culpa de la amenaza terrorista de la OAS, una organización que rechazaba la perdida de los territorios colonizados de Argelia. Este grupo armado intentó asesinar al presidente Charles de Gaulle en 1962. Un fallido atentado comandado por el coronel Jean Marie Bastien-Thiery. Tras el fracasado plan, el escritor norteamericano Frederick Forsyth nos plantea un texto ficticio y paralelo a la realidad a través de una compleja trama para asesinar al jefe de estado francés. La novela, por tanto, nace al lado de este proceso histórico bajo las apariencias de un complot secreto y por la inevitable persecución policial, secreta también, que nos sirve para contrastar ese magnífico punto infantil que separa el viejo discurso clasista de buenos contra malos. Cabe destacar en este caso que el autor sitúa al asesino profesional como protagonista y comienza a relatarnos una minuciosa descripción de los preparativos para cometer su atentado. El estudio del terreno, los múltiples matices del plan, el arma adecuada, los documentos necesarios, etc. Toda una parafernalia perfeccionista que podría parecer una excesiva colección de detalles que aletargan el ritmo de la lectura. Sin embargo Forsyth logra mantener vivamente el relato gracias a ciertas peripecias que sirven para hacernos una idea del envidiable cuidado de nuestro personaje principal. A la vez que nos va dando ligeras migas de pan sobre lo peligroso que puede llegar a ser el Chacal si algo o alguien llega a obstaculizar sus planes.

El necesario contrapunto surge en el segundo acto del libro. Si el asesino contratado por la OAS nos ha mostrado una excelente profesionalidad, su opositor no podría quedarse atrás. El comisario Claude Lebel es la persona elegida por la cúpula policial francesa para dar caza a el Chacal. Destacar en este sentido que el escritor sitúa a Lebel como un hombre sencillo, dentro de los parámetros normales, algo menudo y para colmo familiar. Nada de problemas internos que deriven hacia otros lugares que nada tengan que ver con el tema principal del relato. Lo que interesa es el proceso de búsqueda y de captura. Para ello, el escritor se centra en un simple detective frente a promocionados superpolicias que solemos ver más bien en el cine. Una vez metidos en harina, el comisario Lebel organiza una extraordinaria búsqueda a nivel mundial y capaz de mover a todo funcionario posible con tal de atrapar a su enemigo. La tensión de la novela se dispara por momentos al enfrentar a estos contendientes memorables, cada uno con sus armas. La inclinación que padece el lector por el asesino comienza a rivalizar con el propio detective Lebel, quien debe superar por su parte las zancadillas que recibe de los altos estamentos franceses hacia su misión. El autor además suma con esmero personajes secundarios que enriquecen el tronco principal de su relato. No tiene problemas en explayarse en detalles de sus personalidades y los motivos que les empujan a actuar de un lado o del otro si finalmente colaboran en el objetivo final del libro.


Esta novela de Frederick Forsyth es ya un clásico moderno de la literatura. Se agradecen libros como este, realizados con mimo y una profunda investigación sobre el material que está tratando. A pesar de vastas descripciones detalladas, el relato no pierde comba y las páginas van cayendo una tras otra, logrando engatusar a los lectores a través de varios episodios que incrementan el interés de la narración cuanto más estrecho es el cerco sobre el asesino, mientras esté se acerca a su vez hacia su objetivo final. Un placer de lectura en una antigua edición de hace cuarenta años donde la textura del papel y la tipografía me recuerdan a tiempos pasados. Tiempos donde se disfrutaba del descubrimiento de algunos libros que terminan siendo imprescindibles.


Si desea usted conservar el anonimato, debería tener un apodo, un nombre cifrado.
¿Se le ocurre alguno?
El inglés reflexionó unos momentos.
- Puesto que estamos hablando de una cacería, ¿qué le parecería el nombre de el Chacal? ¿Le va?
Rodin asintió.


Chacal de Frederick Forsyth
Ediciones G.P. 1973
 

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