31 de mayo de 2013

El diablo sobre ruedas

A día de hoy es uno de los grandes, y lleva décadas a un nivel tan alto que pocos directores en todo el mundo pueden presumir estando él a su lado. Es Steven Spielberg, un autentico hacedor de grandes producciones cinematográficas y uno de los pocos afortunados de poseer una filmografía tan extensa como sobresaliente. Incluyendo sus cintas más comerciales y palomiteras. Es curioso que su debut tras la cámara se produjera en un filme menor destinado al mercado televisivo. El diablo sobre ruedas marca el principio de unos de los realizadores más importantes de la potente industria norteamericana. De hecho será imposible obviar su nombre en cualquier listado dedicado al cine durante las últimas décadas. A la que habrá que sumar el período en que nos encontramos, porque Spielberg lleva tiempo siendo una leyenda viva que continua trabajando para seguir extendiéndola.  

La película fue un encargo que solventó de manera más que satisfactoria sobre la corta idea de una singular persecución de un camionero sobre el protagonista, a través de una larga carretera con el desierto como marco. La película versa básicamente en la persecución, sin explicar motivos ni segundas apariencias. En clave televisiva, parece un extendido capítulo de los famosos Hitchcock presenta. Y no es de extrañar la redundante menciones posteriores del orondo director inglés, porque El diablo sobre ruedas juega con muchos aspectos temáticos del denominado como mago del suspense. Para empezar el protagonista, un personaje corriente que se ve atrapado en una situación inverosímil de la que debe salir airoso. Como casi todos los protagonistas de las películas de Hitchcock. Porque el único dato que tenemos de su vida privada es una discusión que ha tenido con su mujer. Casi al comienzo, cuando habla con ella por teléfono en segunda plano mientras una lavadora en primer término nos recuerda que los trapos sucios deben lavarse en casa. Esta es la única información personal sobre la travesía en el desierto que le espera a nuestro protagonista, castigado quien sabe porqué por un camión al que ha adelantado previamente y donde su conductor, al que solo veremos las botas y los brazos, intenta provocar un accidente fatal tras tomarse a mal dicho adelantamiento.  

El duelo
El monotema podría caer en el tedio absoluto sino fuera porque detrás de la cámara hay un tipo que sabe lo que está haciendo. Spielberg utiliza muchas claves hitchkconianas para mantener el interés de una cinta que realmente ofrece más de lo que a primera vista pudiera parecer. Ahí andan pinceladas como la desestructuración del espacio y el tiempo, al ofrecer numerosos planos en las persecuciones desde diferentes puntos de vista, ocupando mucho espacio en algo que debería pasar en muy poco tiempo. Un uso habitual en su cine y que se aprecia muy bien en la saga de Indiana Jones, donde Indy, por ejemplo, cae sobre un camión, se agarra con las manos, ahora sube un pie, el malo le ve por el espejo, el camión acelera, Indy termina de subir... y así sucesivamente. Lo mismo ocurre en esta película, al montar numerosos puntos de vista de la persecución entre el camión y el coche. Espejo retrovisor, ruedas, pies que aceleran... Otras claves son el uso de la información por parte del público frente al desconocimiento de los protagonistas como en la escena  cuando el protagonista intenta llamar a la policía desde una cabina mientras los espectadores vemos como el camión se abalanza salvajemente hacia su víctima con la firme idea de atropellarlo. Repitiendo la operación en varias ocasiones, o sonoras, como cuando después de una larga carrera el protagonista consigue esquivar a su rival y se oculta junto a una vía del tren, la estruendosa bocina posterior nos despertará de nuestro leve descanso para recordarnos que un elemento tan simple como el sonido es tan terrorífico como efectivo.  

A pesar de las buenas propuestas del director que mantiene cierto carácter a todo el film, a ver quien es el guapo que rueda tan bien tantas escenas de vehículos y persecuciones, la película decae en ocasiones por la lentitud de unas secuencias que sobrepasan la paciencia del espectador moderno. Hay mucho relleno, mucho plano repetitivo y mucho estirar la cuerda del suspense. Un ejemplo es la secuencia del autobús de los niños. Nuestro protagonista se ve empujado a intentar ayudar al conductor de un autobús, atrapando su propio coche en la operación, después intentan liberar el vehículo hasta que la aparición del camión sobreexcite al protagonista a intentar proteger a los múltiples mocosos del peligroso camionero. En toda la secuencia hay una buena preparación, con su emboscada y la complicación añadida por parte de niños y del coche atrapado. Sin embargo tanto interés en tensar la escena crea un exceso que puede volverse en contra de la idea original al extenderla en demasía. Como se da también en otros tramos de la película.  

Por otro lado es raro contemplar como el paso del tiempo es capaz de elevar ciertas cintas mientras que entierra a otras con suma facilidad. El diablo sobre ruedas es un caso atípico sobre un director que ha realizado tantas grandes películas posteriores que parece que esta obra inicial quede algo aislada en su excelsa filmografía. Sin embargo, con el paso del tiempo hay quien se da cuenta del valor del pasado. Y sí está bien hecho mejor. Este es el caso de la ópera prima de Steven Spielberg. Recuperada como se merece un director que antes de morir ya se encuentra en el olimpo de los grandes cineastas. Como todo en la vida nos quedaremos siempre con lo mejor. 

Duel de Steven Spielberg
1971

Minority report

25 de mayo de 2013

Chacal

A principio de la década de los 60, Francia vivía unos años convulsos por culpa de la amenaza terrorista de la OAS, una organización que rechazaba la perdida de los territorios colonizados de Argelia. Este grupo armado intentó asesinar al presidente Charles de Gaulle en 1962. Un fallido atentado comandado por el coronel Jean Marie Bastien-Thiery. Tras el fracasado plan, el escritor norteamericano Frederick Forsyth nos plantea un texto ficticio y paralelo a la realidad a través de una compleja trama para asesinar al jefe de estado francés. La novela, por tanto, nace al lado de este proceso histórico bajo las apariencias de un complot secreto y por la inevitable persecución policial, secreta también, que nos sirve para contrastar ese magnífico punto infantil que separa el viejo discurso clasista de buenos contra malos. Cabe destacar en este caso que el autor sitúa al asesino profesional como protagonista y comienza a relatarnos una minuciosa descripción de los preparativos para cometer su atentado. El estudio del terreno, los múltiples matices del plan, el arma adecuada, los documentos necesarios, etc. Toda una parafernalia perfeccionista que podría parecer una excesiva colección de detalles que aletargan el ritmo de la lectura. Sin embargo Forsyth logra mantener vivamente el relato gracias a ciertas peripecias que sirven para hacernos una idea del envidiable cuidado de nuestro personaje principal. A la vez que nos va dando ligeras migas de pan sobre lo peligroso que puede llegar a ser el Chacal si algo o alguien llega a obstaculizar sus planes.

El necesario contrapunto surge en el segundo acto del libro. Si el asesino contratado por la OAS nos ha mostrado una excelente profesionalidad, su opositor no podría quedarse atrás. El comisario Claude Lebel es la persona elegida por la cúpula policial francesa para dar caza a el Chacal. Destacar en este sentido que el escritor sitúa a Lebel como un hombre sencillo, dentro de los parámetros normales, algo menudo y para colmo familiar. Nada de problemas internos que deriven hacia otros lugares que nada tengan que ver con el tema principal del relato. Lo que interesa es el proceso de búsqueda y de captura. Para ello, el escritor se centra en un simple detective frente a promocionados superpolicias que solemos ver más bien en el cine. Una vez metidos en harina, el comisario Lebel organiza una extraordinaria búsqueda a nivel mundial y capaz de mover a todo funcionario posible con tal de atrapar a su enemigo. La tensión de la novela se dispara por momentos al enfrentar a estos contendientes memorables, cada uno con sus armas. La inclinación que padece el lector por el asesino comienza a rivalizar con el propio detective Lebel, quien debe superar por su parte las zancadillas que recibe de los altos estamentos franceses hacia su misión. El autor además suma con esmero personajes secundarios que enriquecen el tronco principal de su relato. No tiene problemas en explayarse en detalles de sus personalidades y los motivos que les empujan a actuar de un lado o del otro si finalmente colaboran en el objetivo final del libro.


Esta novela de Frederick Forsyth es ya un clásico moderno de la literatura. Se agradecen libros como este, realizados con mimo y una profunda investigación sobre el material que está tratando. A pesar de vastas descripciones detalladas, el relato no pierde comba y las páginas van cayendo una tras otra, logrando engatusar a los lectores a través de varios episodios que incrementan el interés de la narración cuanto más estrecho es el cerco sobre el asesino, mientras esté se acerca a su vez hacia su objetivo final. Un placer de lectura en una antigua edición de hace cuarenta años donde la textura del papel y la tipografía me recuerdan a tiempos pasados. Tiempos donde se disfrutaba del descubrimiento de algunos libros que terminan siendo imprescindibles.


Si desea usted conservar el anonimato, debería tener un apodo, un nombre cifrado.
¿Se le ocurre alguno?
El inglés reflexionó unos momentos.
- Puesto que estamos hablando de una cacería, ¿qué le parecería el nombre de el Chacal? ¿Le va?
Rodin asintió.


Chacal de Frederick Forsyth
Ediciones G.P. 1973
 

19 de mayo de 2013

Posiciones perdidas: Peña Cervera

Entrada complicada por varios motivos. En primer lugar por que los restos de la guerra que se encuentran en estas posiciones son retales, derruidas construcciones que penan en el olvido por la ladera y los salientes de la montaña. Otra complicación es saber a ciencia cierta el bando al que pertenecen. Tan próximas unas de otras que forman una especie de "islote", un frente de guerra tan cercano que en gran medida formaba parte de la avanzada posición nacional en forma de cuña que culminaba en el cerro de La Viña. Acompañada en este caso por las posiciones de Corralete y Espolón, contra las republicanas de Fontán, Lister y la fácilmente reconocible como Hispano. El sanatorio de tuberculosos que cambió su finalidad curativa por la destrucción del hombre. Otros restos perdidos están situados más abajo, cerca de los depósitos del Canal de Isabel II pero antes de citarlos conviene situar el principio del paseo de hoy en el kilometro 51 de la nacional VI. Ahí nace una pista forestal que asciende por la ladera y donde ya vislumbramos una vieja conocida, la Cruz de los Sanatorios.

Pozo ametralladora
Una vivienda abandonada esta situada también en este escogido punto de salida. Después de una curiosa visita a estos restos abandonados comienzo a subir por la pista forestal, sin embargo poco tiempo aguanto por el camino "cómodo" ya que en uno de los roquedales que sobresale intuyó una formación rocosa con visos de haber sido manipulada. Obviamente comienzo la ascensión a través de matorrales, jaras y otros arbustos hasta que alcanzo la roca. El resto es bien pobre y se encuentra prácticamente derruido aunque todavía mantiene cierto hormigón en su base y parte del muro. La siguiente aglomeración de roca es donde está situada la cruz, un buen balcón que nos permite disfrutar de unas buenas vistas del valle del Guadarrama. El acceso a este mirador se hace a través de unas pequeñas escaleras graníticas. Ya en lo alto podemos ver hacia el este el embalse de las Encinillas y el remodelado sanatorio Hispano americano. En esa misma orientación las jaras ocultan diversos restos, separados escasamente unos de otros, muretes y viviendas en pésimo estado sucumben ante la creciente floresta. Merodeo un poco para ver si encuentro algo llamativo a pesar de que las zarzas y las jaras impiden un paso sencillo. Al final desisto y vuelvo hacia la torre de alta tensión y el roquedal, donde hay una trinchera que asciende levemente hasta llegar a un pozo de ametralladora excavado en el terreno. De lo mejorcito que queda por estos lares. Un estrecho acceso y la posición vigilante hacia la carretera.

Perfil de la Cruz de los Sanatorios
La trinchera continua hasta bifurcarse en dos sentidos, hacia arriba nos va a ir descubriendo diferentes construcciones, viviendas, pozos de ametralladoras y algunos muretes perdidos. Se hace un poco complicado seguirla por la creciente flora por lo que hay que echarle un poco de intuición y rodear algún roquedal hasta que vuelve a aparecer. La trinchera finalmente alcanza la alambrada que nos separa de la autovia AP6 y desaparece para siempre bajo el asfalto del progreso. Al otro lado conectaría con los nacionales de las posiciones Cañas y Batería de la Solana de la Teja. Junto a la alambrada queda la base de una maltrecha vivienda. Toca regresar hasta la bifurcación anterior no sin antes visitar leves muretes en algunos roquedales. Una vez alcanzada la divisoria de las trincheras seguimos hacia abajo hasta un nuevo roquedal donde termina la trinchera. No quedan restos ni nada destacable salvo que esta ultima formación rocosa contiene algunos enganches que alguien habrá colocado para realizar escalada. Fin de los restos, creo que nacionales de Corralete y Espolón, en este lugar donde destaca principalmente la formación rocosa donde esta situada la cruz, más conocida como Peña Cervera por los autóctonos.


Anexo

La torre de alta tensión,
 los pinos y el pozo de tirador
Para finiquitar esta entrada queda por situar dos simples posiciones que hacen bueno el termino de perdidas. Son más bien una simple reseña de catalogación que una especie de ruta como he realizado con las otras entradas dedicadas a los restos de la guerra civil. El primer punto a citar se encuentra en el antiguo circuito de motocross de la Jarosa. Ya señalé otro circuito en la dehesa de Arriba y conocido popularmente como Atope. A este otro lugar se accede primero por la calle San Macario y luego nos desviamos por una pista forestal que nos llevaría hasta el embalse de las Encinillas, hoy transformado en parque de aventuras, Forestal Park. Antes de seguir el camino señalado hacia ese parque, topamos con un amplio depósito de agua que pertenece al Canal de Isabel II, a su derecha se encuentra el circuito de motocross, cerrado hace tiempo aunque todavía se aprecia el trazado pese a una simple reforestación que lo ocultará con el tiempo. La lógica modificación del terreno para dar forma al circuito arraso con los restos que pudieran darse en este lugar. Solo una pequeña construcción ha sobrevivido, se encuentra entre dos pistas del circuito, muy cerca de la torre de alta tensión que proviene del peñascal anteriormente nombrado. Oculto tras unos pinos se encuentra la maltratada posición con tres troneras que apuntan hacia terreno nacional y el cercano sanatorio Hispanoamericano. Poco más de este pozo de tiradores que acabó sus días cercado por el estrepitoso ruido de otras máquinas más ociosas.



La otra reseña se encuentra casi en la cumbre de este cerrillo. Al lado del depósito de aguas hay una pista que sube hacia lo alto del cerrillo y deja el parque de aventuras a nuestra derecha. Mientras ascendemos se aprecia una reforestación más antigua en las hileras de pinos colocados a la izquierda. Esta pista forestal muere sin salida muy cerca de la AP6 pero mucho antes se acerca hasta la alambrada que nos impide acceder a la autovía. Por suerte para esta fecha de la publicación se ha limpiado de matorrales el espacio de esta valla y han creado un lindo paseo que antes estaba bastante obstruido. Por tanto seguimos la alambrada ahora hacia la izquierda, nada de seguir hacia adelante. Al poco tiempo ya se observan varias oquedades en el suelo que ocultarían a los soldados y serían recubiertas con sacos terreros. Seguimos junto a la alambrada que gira hacia la derecha y unos cuantos metros más adelante aparecen un par de pozos de tirador en barbeta. Los restos están algo cubiertos por la maleza y destaca la dirección de su tronera hacia posiciones republicanas, por lo que deduzco que serán nacionales. También reconozco que este pequeño hallazgo me lleno de satisfacción cuando lo descubrí hará más un año. Verdaderamente perdido y olvidado. Al otro lado de la valla se intuyen algunas rocas que debían formar algo más, lógicamente la autopista arruinó cualquier vestigio interesante que bajaba desde el cerro de la Viña. Una trinchera en zigzag justo después de estos restos nos indica el camino de salida, nuevamente junto a la alambrada y dejándonos caer hasta la carreterilla que sube al embalse de la Jarosa y bajo el viaducto de la AP6.


Álbum fotográfico:
Peña Cervera 
Anexo Restos

13 de mayo de 2013

The Troll Hunter

Culmino este breve recorrido sobre el género found footage con esta tercera obra audiovisual tras The River y Chronicle. Tal vez algún día me anime y me explaye todavía más sobre esta categoría en auge también en España con el reciente estreno de Emergo. Pero solo como género y los matices que lo acompaña desde el supuesto
origen en Holocausto Canibal. Nada de embarcarme en otra locura recopilatoria que en este caso acabaría en continuos mareos. La película que hoy me ocupa es una simpática cinta noruega de 2010. Gracias a Internet supe de su existencia y de su llamativo argumento sobre un fantástico ser de la cultura popular, los trolls. El argumento es bien sencillo, un grupo de estudiantes inician un reportaje sobre el aumento de ataques de osos hacia el ganado local. Pronto descubrirán, junto a un cazador furtivo, que las extrañas agresiones son realizados por estas fantásticas criaturas y como el gobierno noruego intenta ocultar la existencia de estos seres en su territorio. A través del estilo de falso documental, el director André Ovredal, nos introduce por el interior del país escandinavo en un agradable viaje con la excusa de cazar trolls como cebo superlativo.


La película cumple con su objetivo de entretenimiento y se deja ver con cierta naturalidad. Gracias sobre todo a su condición fantástica. La red la ha aupado a ciertos altares aunque contenga numerosas lagunas por cubrir. La más clara sin duda el cambio de parecer del cazador, demasiado sencillo y frío, incluso para esta gente del norte. El protagonista Hans, es realmente el cazador y su trabajo o parecer queda retratado por los ávidos estudiantes sin ningún compromiso previo o algo tangible que realmente haga creer al espectador el cambio en la mentalidad del personaje, muy simplón en este caso la excusa que se nos da cuando acepta ser filmado frente a la oposición inicial. A partir de aquí, la película tiene vía libre para extenderse por los bonitos parajes nórdicos, relatar cutremente los chanchullos gubernamentales y salir en pos de la caza a través de distintas variedades e historias de los trolls. Nada nuevo ni digno de mención solo que en este caso tenemos como único narrador a la cámara que todo lo graba. Un único y monocorde punto de vista que significativamente nada muestra en evolución. Solo toca temas sin profundizar en ellos ni molestarse en desarrollarlos. Como la evocación del cazador sobre una supuesta matanza de estos seres. Queda como una frase suelta para un personaje que parece tener remordimientos al realizar su trabajo pero ahí se queda, una idea al aire sin ton ni son, nada cambia ni evoluciona hacia algún lado por lo que la motivación de ese comentario pierde toda su valía.

Este ejemplo es una muestra de los problemas de Troll Hunter, el falso documental toca varios temas sin profundizar en ninguno de ellos. Una falta de identidad que impide ubicar temáticamente a la cinta dentro del terror, la conjura gubernamental o los motivos personales del cazador. Tanto ingrediente y tanta mezcla no termina de cuajar porque no se trabaja sobre el material presentado, por lo menos el resultado no termina siendo vomitivo. Ya he dicho que la cinta resulta simpática y se deja ver, puesto que así hay que tomarlo desde una perspectiva simplona hacia el puro entretenimiento. Cabe destacar la inclusión de los monstruos que no desentonan a lo largo de la película. Los trolls están dignamente realizados y la opereta de la cámara sirve para darles ese toque de ciencia ficción que también quedan en ciertas películas. Troll Hunter cumple con su propósito aunque me deje ese sinsabor de una buena idea en manos de un grupo de jóvenes que simplemente querían divertirse.

Trolljegeren de André Ovredal
2010

7 de mayo de 2013

Dead Set. Muerte en directo

Zombis, zombis, zombis, estamos acorralados por la moda contemporánea de adaptar cualquier cosa que tenga que ver con los muertos vivientes. Una verdadera oleada que abarca diferentes ámbitos de entretenimiento. Cine, comic, televisión, literatura, ... nada detiene a la horda de infectados capaces de regenerarse en tantos apartados que llegan a alcanzar la vida real en forma de carreras o concentraciones populares. También es cierto que algunas obras alcanzan buenos grados de entretenimiento y llegan a formar
parte de la cultura actual. The walking dead es un buen ejemplo en este caso. Una serie de televisión que va aumentando espectadores a su causa según pasan las temporadas. Tanta suma de productos van a terminar creando un subgenero propio, sino lo es ya, dentro del mismo género del terror. Para desmarcarse un poco de la idea general seguiremos viendo como aterrizan productos similares pero con el mismo envase. Porque al fin y al cabo siempre es lo mismo, un grupo de personas se ven de repente atrapadas por múltiples carroñeros que quieren comérselos vivos. El punto de partida o donde situemos a los personajes es la única novedad digna de mención. Este es el caso de la serie inglesa Dead Set donde plantea que los únicos supervivientes a la hecatombe zombie sean los concursantes de un programa de televisión que estaban encerrados en una casa mientras el público los seguía a través de la pequeña pantalla. De entrada llama mucho la atención que los supervivientes sean los majaderos de Gran Hermano. El defenestrado reality que lleva tropecientas ediciones en España.

Este singular enfoque fue tan llamativo en su día que no podía perderme esta serie, bastante corta por cierto al tener solo cinco capítulos. Finalmente ha caido, aunque con la misma determinación caerá en el olvido. No es por nada estrafalario ni por baja calidad, ya que Dead Set mantiene el tipo dentro de la correción. Pero no es un bombazo ni tampoco contiene nada nuevo salvo su particular inicio. Una vez superado el llamativo arranque la serie cae en la redundancia de tópicos que abarca este tipo de producciones. Los zombies o infectados son en este caso agiles depredadores de carne humana en contra de los lentos zombies originales de George A. Romero. Por no retroceder más en el tiempo en citar la semilla de los muertos vivientes como en la cinta de Jacques Tourneur.

The Big Brother
La acción transcurre casi por completo en los alrededores de los estudios donde se graba el programa y embadurnado con los personajes tipo de este concurso, la idiota, la tía buena, el paleto, el loco, el pasota, el dragqueen, etc, etc. Liderados por la protagonista, una ayudante de producción llamada Kelly, este personaje femenino es el hilo conductor que nos mete dentro de los entresijos del plato y del control de realización, presentándonos levemente a algunos personajes. Tras la hecatombe, los objetivos, sueños o metas del grupo recluido queda reducido básicamente a la supervivencia y a los enredos que arrastraban en el interior de la vivienda. Solo Kelly tiene un enlace con el exterior, su novio Rick. La única vía de escape de los espectadores fuera del entorno de los estudios televisivos que sirve para mostrarnos, más bien poco, la extensión de la epidemia por el resto de la isla británica.

La gracia de Dead Set queda pues anclada a ese remoto lugar y a las pocas peripecias que nos muestran los autores. Tan escaso que apenas sale fuera de los parámetros vistos en otras producciones audiovisuales de este pequeño y alentador genero. Nada nuevo de un proceso visto mil veces, y peor rodado. Sin duda la televisada escena final bien vale una visita a este pequeño proyecto televisivo. Esta claro que este boom mantiene los intereses del público. Tanto como las variadas adaptaciones vampíricas que eclipsan el genial germen de partida. Habrá que rendir honores a los verdaderos creadores de estos monstruos. No sea que perdamos el respeto a quien realmente corresponda.


Dead Set 2008
Zeppotron


 

1 de mayo de 2013

101

El blog acaba de cumplir una pequeña cifra redonda, gracias a esta excusa aprovecho para abrir un leve paréntesis para celebrar y analizar el recorrido del blog en estos tres años y medio largos. Un tiempo en el que he ido modelando la estructura del blog hacia mis propios gustos. De hecho nació sin una finalidad concreta salvo la de tratarse de una leve recopilación personal, un arrebato momentáneo que se ha ido construyendo con el paso del tiempo. El primer hecho destacable tiene que ver con el aumento de publicaciones en los últimos meses, derivado seguramente por la necesidad de obtener un pequeño reducto solitario de tranquilidad, un rincón dedicado a otras preocupaciones que nada tengan que ver con la rutina habitual y despejar la cabeza hacia otras imposiciones. Solo con las entradas expuestas hasta abril ya he copado la mitad de las publicadas el año anterior, quedando los meses de mayo y junio para completar el ecuador de este 2013. También sería correcto señalar, de manera autocrítica, que los últimos meses he ido repitiendo un mismo esquema en los temas publicados. De momento es lo que da de si. Un libro, una película, una serie y una excursión dedicada a los restos de la guerra en los alrededores de Guadarrama. La idea inicial era recorrer toda la sierra en busca de fortines y otras construcciones, pero ahora que estoy apunto de terminar con los restos cercanos a esta localidad, he ido acumulando cierto hastío y pereza ante la tarea autoimpuesta. A ojo me faltan cuatro más, dos excursiones y dos complementos que tengo en la cabeza (Suñol y una breve descripción histórica).

¿A dónde vamos ahora Bosco?

Una vez terminadas y expuestas en el blog, las etiquetas dedicas a Fortines, parapetos y trincheras se tomaran un descanso para dar paso a otras excursiones serranas. Aquí es donde planeo buscar otras rutas con atractivos más naturales que bélicos. Y tengo una buena lista preparada. Cuando escribí la entrada de Crimen y castigo mencioné cierto paralelismo entre las montañas y los libros, pasado este tiempo tal vez el blog debería haberse centrado en estos dos únicos temas, literatura y montaña, o llevarlo directamente por ese camino. El problema está en otra tarea que yo mismo me he buscado. Las operas primas. El cine es otra de mis pasiones y ya que he empezado no veo lógico dar tal portazo, teniendo además dos entradas en la recámara para su publicación futura. Otra opción sería crear otro blog específico para esta tarea, pero a poco que he pensado un poco, (a lo mejor el año que viene cambio de opinión,) El día que me hice mayor continuará aglutinando experiencias personales, mezcladas pero no agitadas. A fin de cuentas es un blog personal y de temática particular. Escribo más bien por gusto que por el mero hecho de ser leído. Con el tiempo seguramente será un cajón de sastre donde se acumule tanto trasto que solo las especificaciones temáticas podrá ordenar.

Del resto de entradas poco que aportar, las futuras excursiones montañeras deben aumentar el número de las entradas dedicadas a RincoNes y a DeRuta. En cuanto a la olvidada sección deportiva veremos, hay proyectos en mente pero llevarlos a cabo conllevan tiempo y dinero que ahora mismo no puedo permitirme. Cuando sea oportuno intentaré realizarlos y darles cabida. Solo como avance me gustaría repetir en el duahtlon de Alpedrete, a ver si engaño a más de un primo para que me acompañe en el pique. Nada más, gracias por tener la molestia de pasarte por aquí.

Seguiremos sumando.