11 de marzo de 2026

El ojo del huracán

El ojo de un huracán es un efecto meteorológico bastante curioso, a la par de hermoso y peligroso. Visualmente, llama mucho la atención ese rechoncho agujero, supuestamente más calmado que el vendaval que gira a su alrededor. Menos gracia tendrá si te pilla en medio del mar, alojado en un trasto flotante que pondría a prueba la entereza de cualquier estomago y la capacidad del buque de mantenerse a flote. Por ahí van los tiros del libro dedicado a esta entrada. Ese atractivo salvaje, es una buena pista para indicar un título literario, y hasta repetir frase si es necesario. Porque esta novela concreta, fechada por primera vez en 1976 y con título original de Storm Warning, fue traducido al español como: El ojo del huracán. Con una historia particular durante la II Guerra Mundial.

Unos cuantos años más tarde, otra novela del mismo autor, publicada en origen en 1992 y con título original, Eye of the Storm, fue trasladado al castellano con el reiterativo titular de El ojo del huracán, una llamativa casualidad chapucera que engloba a dos novelas distintas pero firmadas por el mismo autor; sin mayor relevancia que manifestar una singular anécdota dentro de la melopea editorial española.
La novela objeto de esta entrada, es una entretenida aventura comercial que muestra a diferentes protagonistas de la II Guerra Mundial destinados a luchar contra los elementos. A través de un tejido bastante solvente de Jack Higgins, autor con una abundante producción literaria y que se especializó en el genero de espionaje, thrillers, suspense y derivados.

Desde el Brasil parte hacia Europa un navío. Una vieja goleta sueca rebautizada como Deutschland, y que anda guiada por un grupo de marinos alemanes que desean volver a su nación para a reunirse con sus familiares, al constatar la previsible derrota de su país en la contienda. Al mando está el veterano capitán Eric Berger, quien se ve forzado a aceptar a un grupo de monjas como parte de la tripulación, en un peligroso trayecto que incluye cruzar el Atlántico y sortear además a los navíos y submarinos aliados.
-¿Han rezado hermana?
-Sí.
-Bien, para que lo sepa, sus plegarias fueron escuchadas. En este cachivache debe haber alguien que vive virtuosamente. Yo no soy, de modo que debe ser usted. Berger 
Entre las religiosas, se encuentra una novicia de nombre Lotte, cuyos votos se verán comprometidos ante la imponente figura y habilidades de Helmut Richter, el contramaestre del barco. Ambos formarán una sosa e infantil dupla amorosa con el único problema de la condición inicial de la muchacha y el qué dirán del resto. 

En el bando contrario, la novela escoge a sus protagonistas con otro parecer bien distinto, en especial a un viejo almirante americano llamado Carey Reeve, cuyo estado físico da muestras de las medallas obtenidas en su trayectoria militar: tuerto, manco y cojo. Una especie de Blas de Lezo yanqui que parece haber sido desterrado a una remota isla de las Hébridas escocesas. Desde allí, removerá toda la influencia que le sea posible para que lo acepten devolver a la primera línea del conflicto. 

Mayor interés despierta la sobrina del almirante mutilado, porque la enfermera Janet, no solo cumple con solvencia su oficio bajo las bombas que caen sobre su destino en Londres, sino que adquiere un notable protagonismo con la determinación que adquiere una personalidad tan marcada, que es capaz de sostener el relato sin acudir al fácil planteamiento físico o uso de las armasPara completar el tablero multitudinario, Higgins introduce a Paul Gericke, un comandante alemán considerado como uno de los ases en la guía de submarinos y las batallas navales. Los vericuetos que recorre su aventura personal, cosecha un modelo de entretenimiento clásico de superar numerosos obstáculos, una aventura constante que incluye la mejor parte de la novela al incluir continuos giros que embaucan al lector a continuar con la lectura. Y a coger cierto aprecio sobre el educado alemán.

Parte del título ya indica cierto spoiler, aunque Higgins demuestra conocer el oficio para amenizar el relato a través de diversas peripecias. La espina dorsal lo marca el itinerario de la goleta, que pasará por toda clase de vicisitudes hasta parecer un verdadero milagro que logre alcanzar las costas británicas. En ese buque, los tripulantes harán frente a diversas ventiscas naturales (bastante repetitivas) que les obliga a una lucha constante por mantener a flote su viejo cascarón y la cordura humana. Una situación que lógicamente se tambalea por la sucesión de problemas y los días acumulados rodeados de agua. Obviamente, el reparto coral anda encaminado hacia la tradicional resolución donde todos los protagonistas se juntan hacia el final. En un viaje constante que mantiene el interés a lo largo del texto gracias al buen hacer de Higgins y a los personajes que ha ido incorporando. La resolución, el culmen final es otro cantar. Una especie de canto a la colaboración humana frente al caos o catástrofes ajenas a nuestras manos, porque los enemigos pueden incluso colaborar cuando la situación lo requiera. Demasiado exagerado para un genero que merodea con el suspense y expone una realidad poco creíble. 

Oliver Wendell Holmes dijo en una ocasión que el hombre debía compartir la acción y la pasión de su tiempo, pues de lo contrario corría el riesgo de que dictaminaran que no había vivido, y durante casi toda mi existencia he obedecido este precepto con inusitada perseverancia. Por ahora me encuentro atrapado en la telaraña de los días, y el tiempo pasa con una especie de movimiento retardado, y ¿para qué? ¿con qué fin?
Contralmirante Carey Reeve

El ojo del huracán
Jack Higgins
Plaza y Janés, 1982