15 de abril de 2015

Gengis-Kan

El escritor ruso, Vasili Yantchevetski, quedó fascinado al contemplar las ruinas de grandes ciudades que fueron arrasadas por las hordas mongolas a lo largo del medievo. La fascinación dio paso a un minucioso trabajo sobre las invasiones de estas tribus nómadas, que dieron pie a una serie de novelas recogidas bajo el explotado termino de la trilogía y que se publicaron en la primera mitad del siglo XX. La primera de estas obras se titula Gengis-Kan, en referencia al legendario jefe militar que ocupa su particular altar en la historia de los grandes conquistadores de la humanidad. Esta primera obra arranca con el avance del imperio mongol, comandado por su ilustre líder, desde el centro de Asia hacia la conquista de Occidente. 

En principio, la novela contiene todos los ingredientes necesarios para triunfar y convertirse en una lectura imprescindible. La historia que narra es entretenida, didáctica y épica; además de aglutinar otros muchos elementos que la transforman en una lectura recomendable. Sin embargo, cada vez que se completa alguno de los numerosos capítulos, surge la necesidad de querer más novela, más ficción  o simplemente un mayor desarrollo para seguir disfrutando de la narrativa de Yan. La escritura del autor no cojea, salvo por la sensación de resumen que comienza a darse en diversos pasajes, e incluso en capítulos completos.

La narración se detiene en varios momentos clave para entender personajes, tramas y demás conflictos, pero, dada la cantidad importante de información que se acumula, se hecha en falta una mayor profundidad y desarrollo de los argumentos que trata. Es una pena, porque este peso se incrementa en algunos tramos donde el autor apenas profundiza en los personajes. El supuesto personaje principal, es un derviche llamado Hadji-Rahim el Bagdadi, que no es otra cosa que un peregrino tunante en continua búsqueda de la sabiduría a lo largo de sus viajes. A partir de este personaje inicial, desfilarán toda una pléyade de nombres que desfilarán a lo largo de la novela e irán interactuando convenientemente entre si. Grandes nombres históricos, legendarios y anónimos que rellenan la obra sin cobrar, prácticamente ninguno, un protagonismo superior que se sitúe por encima del conjunto de la obra.

El escritor, contrariamente a lo que pueda parecer, toma partido por el reino musulmán de Karezm, apostando inteligentemente por situar a los mongoles como una amenaza externa, un rumor de bárbaros que proviene de las lejanas estepas y que apenas pueden inquietar el poder del elevado oligarca de turno. Como el sha Mohammed, quien cegado por quienes le suben a las nubes, es incapaz de vislumbrar la negra nube de polvo que asoma por el horizonte. El peligroso run run que propone Yan, irrumpe con tal fuerza sobre este reino que desencadena rápidamente los efectos de las guerras. Caos, miseria y destrucción. Por fin aparece el gran Kan en un período histórico donde ya ha sido erigido emperador y donde solo la vejez empieza a hacer huella en su figura. A pesar de otorgar con su nombre la cabecera del libro, el protagonismo recae más en el desarrollo de la historia que en describir la persona del todopoderoso Gengis-Kan.


El kurgan del Kan
Así pues, la novela se centra en la continua conquista por parte de los mongoles y las diferentes resistencias que proponen las ciudades asediadas. A lo largo de la invasión nómada me reitero en la multitud de nombres, territorios y batallas que en ocasiones pasan tan fugaces como la necesidad de centrarnos en alguna historia concreta. Yan abre ese espacio con las idas y venidas de algunos de los personajes, pero nuevamente ni la profundidad ni el protagonismo sobresalen por encima de la correcta narrativa lineal. En este punto incluyo un inciso personal, dada la situación geográfica donde se desarrolla la acción, se echa en falta una simple ayuda como un mapa donde poder consultar la ubicación de ciudades y fronteras. Algo muy dado en libros de aventuras pero necesario en esta obra donde se acumula tanta información. A favor, se incluyen numerosas notas de autor que aclaran algunos términos y personajes.

Del amplio reparto coral de protagonismos, Gengis-Kan cobra el suyo propio, pero con la misma mirada superficial de su perfil que el resto de grandes nombres. Obviamente se hace necesario avanzar en lineas argumentales y recortar algunos fragmentos históricos que apenas podrían aportar una simple descripción de batallitas. Pero esto arrastra también a la perdida de elaborar complejas tramas que enreden algo al personal. En otras ocasiones se cierran correctamente historias secundarias, como la del bandolero Kara-Kontchar, mientras que algunas terminan en falso, como la resistencia de Djelal ed-Din, despreciado a una simple nota cuasi final. 

A lo largo de la novela de Vasili Yan noto que siempre prevalece ese punto donde es necesario una mayor extensión, curiosamente hecho en falta que el escritor no sea el típico pesado que describe hasta el último rincón de cualquier habitáculo. Queda claro que las escasas 400 páginas de esta novela se me quedan cortas. Tan a gusto y enganchado se encontraba uno en la épica narrada por Yan, que lamentablemente se eche en falta un mayor grosor en el contenido del libro. 


Mi padre, el único y grande Gengis-Kan, conquistó la mitad del universo e Iskander el Magno, la otra mitad, ¿qué te queda pues a ti para conquistar, Batu-Kan?
El muchachito respondió sin mucho pensar:
- ¡Le cogeré a Iskander todas sus tierras!


Vasili Yan
Ed. Valdemar - 2003

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