21 de febrero de 2018

El señor de los anillos. El retorno del rey

Hay ocasiones que cuesta abrir las tapas del libro, ya que es muy fácil comprobar como se va reduciendo el tamaño que resta para concluir el texto. Sucede entonces una extraña sensación de contrariedad, al enfrentarse los deseos de culminar el relato con la nostalgia que provoca el punto final. Suele ocurrir con las mejores historias. Y al concluir la lectura ocurre un pequeño momento de mágica rareza, cuando la mente vuelve al mundo real y empieza a elucubrar la satisfacción personal que causa la lectura de uno de los libros fundamentales del siglo XX. 


La corona playmobil del rey
El retorno del rey es el titulo del capítulo final, cuya trama narrativa cierra los últimos compases derivados de la enorme aventura que representa la denominada Guerra del Anillo. Tras los prolegomenos expuestos en el tomo anterior, Tolkien continua por el camino bifurcado al separar conscientemente los hilos de la historia en dos partes. Tras muchos vaivenes, Frodo y Sam andan internados en el peligroso país de Mordor. Mientras que el resto de personajes se preparan para la necesaria beligerancia final entre los clásicos representantes del bien y del mal. Hay que destacar en este aspecto la facilidad del autor por ceder el hilo de la historia a la otra dupla de hobbits, Merry y Pippin. Hábilmente separados entre los reinos de Rohan y Gondor. Ambos personajes participan, desde su peculiar distancia, en los quehaceres de la próxima guerra, otorgando al lector una visión más humilde sobre los preparativos de los grandes señores de la Tierra Media. Con los hobbits de por medio, se reduce la banal sensación gloriosa de las batallas, ya que prevalece un sentimiento más humano y lógico en esos lances, el miedo. Un notable acierto del escritor al derivar la gloria de los grandes guerreros en la distancia, porque aunque Merry y Pippin logren alcanzar ciertos honores, cabe destacar la congoja personal que les provoca tales acontecimientos. Un sentimiento más literario y real que el simple griterío de las reproducciones audiovisuales. 

El autor tampoco se precipita en ir directo a la acción, pues sabe como crear una compleja tensión que acobarda los espíritus del bando de los hombres. Como el simple uso de la luz, al oscurecer Sauron al astro sol y tratar de minar las esperanzas de los hombres bajo el paraguas de las tinieblas. Y todavía hay tiempo para exponer nuevas dificultades y dudas que aumentan el interés del relato. Un grandísimo ejemplo es el personaje de Denethor, el poderoso Senescal de Gondor, cuya personalidad es tan fuerte como las sentencias que dictan sus órdenes. Una buena muestra del extenso abanico que maneja Tolkien para conferir esta enorme aventura de épica y fantasía. 

Las loas hacia el texto podrían seguir enumerándose en las descripciones de las batallas, sobre la angustia que provoca la sitiada ciudad de Minas Tirith o la destacada narración del choque en los campos del Pelennor. Sin embargo prefiero optar por colocar algún pero a la fantasiosa solución de problemas. Porque tampoco es plan de dejarse llevar por un exceso de adulación. Tras dejar atrás tantas peripecias y aventuras, no pasa nada por destacar cierto colmo de credibilidad. Y ésta llega con la irrupción de Aragorn sobre el llamado Sendero de los Muertos, a través de la particular llamada a filas de tan singulares huestes. La providencial irrupción de los Ents en Las dos torres, bastaba para cumplir el fácil recurso de la ayuda inesperada como para tener que repetir tal ardid a través de una supuesta leyenda sacada de la chistera más cercana. Tal suceso inesperado, sirve al menos para un nuevo encuentro entre los desperdigados miembros de la Compañía inicial (Legolas, Gimli y los hobbits), y que permita a Tolkien saltar sobre el relato de los muertos desde la cómoda distancia del cuento dentro del cuento.
Hasta dentro de otros 20 años

La segunda parte del texto lleva emparejada la necesidad de concluir el viaje final de Frodo. Inevitablemente se llega a un punto donde las desventuras y complicaciones apenas pueden alargarse más. Y en realidad la novela bien podría ser finiquitada varios capítulos antes. Seguramente sea está una opinión compartida por múltiples lectores de la obra. Porque los últimos capítulos no son un mero epílogo estirado para mayor gloria de su autor, realmente vienen a confirmar una continuación cronológica, aun después de acabarse la guerra. Tal vez a Tolkien le pudieran las ganas de dejar bien claro que los hobbits eran los verdaderos protagonistas. Sin embargo surge el pero, y la sin razón de estirar una narrativa que acumula acontecimientos menos estimulantes que los protagonizados anteriormente. A pesar del ligero bajón en esté último tomo, El señor de los anillos completa una extraordinario viaje repleto de grandes momentos que suma ese gentil momento de no querer despegarte de sus páginas. Porque cuesta despedirse de un libro memorable.

Allá en el mundo la oscuridad se desvanece. ¡Me gustaría saber qué está pasando!
Sam

El retorno de el rey
JRR Tolkien
Ed Minotauro 2003
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