29 de noviembre de 2016

En tierra de nadie

Echaban a andar los primeros años del siglo XXI, y medio mundo andaba enamorado de una simpática película francesa, y cuyo título coincidía con el de la protagonista, Amélie de Jean-Pierre Jeunet. Tanto éxito acumulaba que ya se daba por seguro su triunfo a mejor película de habla no inglesa en los Oscars de Hollywood. Sin embargo y para sorpresa del público popular, el muñeco dorado fue a manos de Danis Tanovic, director de origen bosnio afincado curiosamente en Francia, por su debut cinematográfico titulado En tierra de nadie. Esta es una pequeña película de origen bélico que arrastraba una pequeña colecta de premios internacionales, mejor guión para el propio Tanovic en Cannes, a los que sumó la repercusión final del premio gordo.


No disparéis ostias, que estamos en gayumbos - Golem
Pocas veces un debut aúna tantas virtudes como las que se recogen en esta pintoresca película, al mostrar un tema bien conocido por su autor, la guerra que desmembró Yugoslavia a finales del XX. El bagaje del director se sustentaba gracias a sus trabajos en el campo documental e informativo que desarrolló en los inicios de la contienda. De partida, la sinopsis de la cinta nos vende a dos soldados ubicados en una trinchera que se encuentra situada en mitad del frente de guerra. El terreno que separa a serbios de bosnios. Ambos personajes llegan a ese indeterminado punto a través de la violencia que implica la guerra. Y lógicamente son dos soldados enemigos atrapados en una insólita situación. Pues cualquiera asoma la jeta o pide ayuda sin que las suspicacias de los que se encuentran en el frente escojan la clara opción de disparar primero y preguntar después. Atrapados y heridos, los dos protagonistas Çiki y Nino, intentan superar sus diferencias para lograr sobrevivir, además de contar con la agradable compañía de una estratégica bomba alojada debajo del cuerpo de un soldado abatido, y su constante amenaza de explotar al mínimo movimiento. 


La película comienza a derivar a una sucesión de conflictos cada vez más extravagantes, con unos atónitos espectadores, situados a ambos lados del frente que no saben como actuar. Superados por las circunstancias, se busca la neutralidad de las naciones unidas para resolver el extraño percance de dos tipos perdidos en mitad de la guerra. La chirigota continua con los llamados cascos azules y la clara denuncia a la inutilidad de los altos cargos, incapaces de aportar soluciones más allá de la mera observación. La incorporación de los medios de comunicación terminan por añadir una nueva pizca de gracia al espectáculo, transformando el embrollo militar en un pequeño reducto circense, similar al que montó Billy Wilder en El gran carnaval. La dificultad de entenderse entre diferentes naciones sitúa al idioma como otra pequeña clave de la película, porque resulta curioso que quienes vengan a ayudar, entre los diferentes países de la ONU se muevan sin interpretes para mediar con la población local, mientras que los mismos que se están matando puedan mantener cierto dialogo hasta que vuelvan a apuntarse con el fusil. 


Pitufos y medios, todos a una - Golem
Un gran acierto de la película es el equilibrio que logra mantener entre la chanza y la realidad, porque a pesar de la grotesca situación que va creciendo, siempre queda algún elemento que nos recuerda la crueldad de la guerra y la situación personal de quienes participan en ella, como una simple fotografía que evoca una vida y una historia más allá del enfrentamiento armado. Obviamente también hay espacio para la supuesta figura de la moralidad, esa que suele representar al típico personaje harto de no hacer nada bajo las ordenes imperantes y empezar a actuar por su cuenta en pos de querer cambiar las cosas.  

A pesar del lógico compadreo que se desarrolla entre los dos soldados, los recelos se mantienen alerta ante el enemigo, a fin de cuentas ambos personajes están en guerra en un país donde es fácil echarse las culpas. Y donde suele mandar quien lleve consigo el poder, en este caso un arma. 

En tierra de nadie de Danis Tanovic
2001

15 de noviembre de 2016

Como conocí a vuestra madre. T5

Han pasado dos años desde que esta serie echó el cierre. Habría que añadir otros dos más desde mi última publicación en el blog. Demasiado tiempo. Y no recuerdo el motivo del parón. Seguramente otras ocupaciones más interesantes y porque sé, que llegué a vislumbrar varios capítulos de la sexta temporada. Pero en la quinta se quedó ahí, en el limbo, sin registro ni exhibición particular. Tal vez se deba al extraño flojeo que se dio a lo largo de esta temporada. Debido en parte a la perdida de un sentido general, algo así como un esquema que pudiera llegar a sintetizar el conjunto y poder así explicar, con algo de alegría, la aglomeración de los veinticuatro capítulos de turno. Obviamente se ha perdido el hilo tras el abandono de casi un lustro. Nada mejor que repasar viejas entradas para rememorar parte de este pequeño mundo visual de Como conocí a vuestra madre. Un pequeño letargo que se nota pese al intento de ponerse algo al día.


Como debe ser, en un bar - 20th Century Fox Television 
La parte positiva de esta quinta temporada es la base. Gracias a los buenos cimientos de temporadas pasadas. Con esta baza, puede decirse que se logra mantener el objetivo de salvar algo el nivel de esta comedia. A pesar del leve descenso de la denominada calidad en numerosos episodios a lo largo de esta temporada. Pero en este sustento se pueden aglutinar muchos capítulos que podrían ser emitidos en cualquier otra temporada, o ser visionados de manera suelta. Un aspecto a destacar y que habla muy bien de esta serie, de lo bien asentados y asimilados que tiene el publico al elenco de personajes. Pero en contra hay un pequeño abuso, el echar la vista atrás, cuando los protagonistas eran adolescentes y se les remarca el ridículo paso por la pubertad con peinados estrafalarios. Algo que ya hizo Friends en su día. También es cierto que ya se hizo con anterioridad, pero en este caso el exceso es notable. Y como en todo, hay varios casos acertados y otros no tantos. Más novedoso sería dedicarle un episodio entero al pasado y no como simple refuerzo del chiste de turno. 

Al principio hay un pequeño acaparamiento por ver como funciona la relación de Barney con Robin. Lógica experiencia que debe superar una comedia basada en las relaciones. Y con mayor razón si ésta es explotada por los protagonistas, quienes deben pasar por la inevitable experiencia de cruzarse entre ellos. Pero en cuanto se superan un nutrido grupo de episodios, los
No es no - 20th Century Fox Television 
guionistas buscaron la opción fácil de recuperar al sinvergüenza de turno. Atado a una relación, las mayores excentricidades se quedaban en el tintero, y la mayor gracia de Barney es que vuelva a ser el crápula que todos queremos que sea. De esta manera se recuperan algunas señas de identidad de la serie, con la estructura del narrador y sus habituales saltos temporales que logran alcanzar la genial cuota de calidad que suelen regalarnos en algunos capítulos. Manual de juego o Por supuesto


A la otra parte de la pareja le toca dar, curiosamente, el único viaje evolutivo. A Robin se la encasqueta una nueva relación, cuya aparición logrará tocar ciertos mimbres interiores que parecían impensables en la canadiense. Bien resumidos por Ted al final de Doble. Algo ha cambiado en ese lustro y parece ser que hay visos de optar a otras metas para la sexta temporada. Aunque la madre de marras no ande incluida. Y eso a pesar de las interesantes perlas que suelen colocarse de manera espontanea, como el paraguas amarillo o más directos, como la adquisición de una vivienda.

A groso modo queda un regusto amargo. Es cierto que sigue habiendo notables excepciones y que la serie mantiene una linea interesante gracias a lo trabajado anteriormente. Pero en esta serie la exigencia es algo que viene dado desde el inicio. Justamente ganado, pero en mantenerlo es otra cosa. Veremos si por fin cojo carrerilla y finiquitamos rápido la sexta, séptima y octava.

Como conocí a vuestra madre
20th Century Fox Television - 2009

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Ccavm T.1
Ccavm T.2
Ccavm T. 3
Ccavm T.4

Pero en - Chupito

5 de noviembre de 2016

El olor de la lluvia en los Balcanes

Las tierras fronterizas suelen acumular numerosos episodios bélicos a lo largo de la historia. Enfrentamientos que son acentuados por su importancia a nivel estratégico para los mandamases de turno. En el caso de los Balcanes está situación adquiere mayores dimensiones por su ubicación geográfica, al estar situadas sus tierras en medio del tradicional enfrentamiento entre oriente y occidente. Y como no, con las locuras religiosas por parte de cada bando, y que siempre actúan como acicate entre los hombres. Tanta guerra y tanta frontera sirve para juntar, en ese reducido espacio, a un amplio número de etnias después de tantos años de ocupaciones. Cada una con sus costumbres y sus dioses, y gracias a alguno de éstos terminan por convivir sin mayores problemas por la estabilidad que proporciona la paz. Aunque está venga impuesta por la fuerza. La rutina diaria termina por imponer una lógica convivencia de respeto, hasta que la locura del hombre vuelva a cebarse con los más débiles a través del estúpido argumento de las nacionalidades por delante.

En lugar de seguir resaltando los males del hombre, merece la pena quedarse con los aspectos positivos. Como por ejemplo esta notable novela, El olor de la lluvia en los Balcanes. Todo un éxito editorial en el habitual avispero de Europa, en los países que formaban parte de la extinta Yugoslavia. Seguramente parte de su éxito sea por el reconocimiento que hacen sus habitantes de una sociedad repleta de diferencias, expuesta a través de la sencillez de las buenas costumbres, las que otorga la convivencia tranquila y sosegada de diferentes culturas que comparten un mismo espacio. Y eso que los protagonistas del relato vienen precedidos de otro tipo de violencia. En este caso histórico, y con cerca de cuatrocientos años de migración forzosa. La expulsión de los llamados, judíos sefardíes de sus hogares y de su patria, a cargo de las católicas majestades de la península ibérica. Éstos descendientes se propagaron por diversos países europeos con el orgullo de su origen hispano, y manteniendo no solo sus creencias religiosas, sino algo tan importante como la lengua materna. El ladino, o español como citan los propios sefardíes, es una variante romántica de la lengua de Cervantes, y que ha pervivido gracias al amor de estos judíos por sus ancestros y tradiciones. Por orden de la autora se mantiene en el texto numerosas frases en el ladino original, fácilmente traducible en su contexto para los lectores españoles, aunque fallemos en alguna palabra suelta.

La novela cuenta la historia real de la familia de la autora a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Una mitad tan fascinante como dolorosa, por hallarse entre sus décadas, las dos grandes guerras que asolaron el continente europeo. En especial la segunda, ligada además al desvarío de las supuestas razas superiores y al exterminio del resto. Del libro cabe destacar el protagonismo del género femenino por encima del masculino. Un pequeño acto de justicia que hace buena la frase de una mujer adelantada a su tiempo, solo que en este caso se multiplica por cinco, pues cinco son las hermanas Salom cuyas vidas relata Gordana Kuic, hija de Blanka Salom. También es de justicia citar que las hermanas parten gracias a la solida base de su madre. Trabajadora incansable y guardiana moral de las tradiciones, aunque finalmente tenga la suficiente libertad de miras para dejar volar la independencia que sus hijas reclaman pese a los tiempos en que viven.

¿Cómo...? -se escucho decir a sí misma-. ¿Cómo vas a casarte conmigo?
-Ya veremos la forma.
-Pero nadie ha hecho nunca algo así...
-Alguien ha de ser el primero.

Las dos hermanas mayores, Buka y Nina, emprenden su propio negocio en la ciudad de Sarajevo para poder mantener al resto de la familia, incluidos a los hombres, padre y hermanos que ejemplifican en este caso al sexo más débil. De partida, parece ser que este arranque empresarial puede suponer un ejemplo para el resto de hermanas. Sin embargo, se da el caso de que gracias a este sustento, las hermanas menores logran adquirir una cierta personalidad que va más allá de limitarse a continuar las labores iniciadas por las mayores. Klara por ejemplo, avanza con absoluta resolución a guiar su vida fuera del amparo familiar, marchándose incluso a otros países hasta lograr encontrar su lugar en el mundo. La más pequeña, Riki, tiene sin duda el proceso literario más interesante. De niña consentida e inquieta, pasa a convertirse en una joven esperanza del ballet yugoslavo. Labor artística que la lleva a conocer y a actuar en otros países europeos mientras nos muestra el contraste del colorido vivo y bohemio de Belgrado frente al más austero Sarajevo. De todas ellas, la madre de la autora del libro es quien capitaliza la mayor parte del relato y resulta imposible no encariñarse de la dulce, callada y trabajadora Blanki, incluida esa tenaz determinación para obtener el mayor premio que pueda permitirse, el corazón de Marko Korac. 

Superada la fase del comercio entra en juego otro tipo de negocios menos rentable y más básico en la literatura, los diferentes amores por los que pasan las hermanas Salom. Tal vez la parte más devaluada de la novela se vea en sus inicios, pues parte de un sencillo juego de enamoramiento, casi visual, que contrasta bastante con los interesantes devaneos posteriores. Las hijas de mamá Ester vuelven a rebelarse ante la dictatorial fórmula de emparentarse solo con los de su misma tribu. Nina será quien abra la puerta a otras nacionalidades y a las mentes cerradas de las gentes de principios de siglo XX. Gracias a la resolución de las hermanas y a la normal exposición de los acontecimientos por parte de la escritura, las idas y venidas de Cupido triunfan frente al escándalo que supone el cotilleo de las mentalidades atrasadas. 

El olor de la lluvia en los Balcanes
Gordana Kuic. Ed Funambulista - 2015