15 de septiembre de 2016

El pino de las Tres Cruces

Se desplomó hace 25 años. Las inclemencias y el paso del tiempo terminaron por hacer mella en este viejo gigante del Guadarrama. Sin embargo, fue la mano del hombre quien terminó por darle el último empujón. Dicen las buenas lenguas que sumaba cerca de 500 años y que era necesaria la participación de tres personas para poder abrazar su perímetro. Tales eran las dimensiones de este ejemplar de pino laricio, enclavado en el interior de un angulo perfecto dentro del valle de Cuelgamuros, en la base del cerro de la Carrasqueta en dirección hacia el Collado de la Portera del Cura. 


Parte del tronco del pino de las Tres Cruces
Su ubicación privilegiada está relacionada con su nombre, pues el árbol cumplía la función de hito al separar los términos de tres pueblos, Guadarrama, Peguerinos y San Lorenzo de El Escorial. De ahí que se grabaran en su tronco las tres cruces por las que se terminó conociendo a este majestuoso pino. Ya en viejos anales, en los contratos de los tapiadores de la Cerca de Felipe II, se citaba a un anterior "pino copado" como demarcación territorial. El pino de las Tres Cruces vino a sustituir esta función a lo largo de los siglos y tal fue su importancia, que aparece señalado en mapas del siglo XIX. El pino fue testigo mudo de la empalizada que mandó construir el rey Sol para acotar los bosques y jardines que rodeaban a su exagerada obra de San Lorenzo. Llegando a situar al pino en una esquina perfecta. La denominada también como Pared Real, sufrió modificaciones y arreglos por parte de sus predecesores a los que poco debió importarles la presencia de un árbol que crecía lentamente a 1530 metros de altura. 

Para llegar hasta el lugar donde se encontraba este coloso, no se me ha ocurrido mejor ruta que seguir en paralelo la misma pared que separa los valles de Cuelgamuros con los de la Jarosa. Recordar en este punto, que está prohibido sobrepasar estos muros e internarse en Cuelgamuros, conocido también como Valle de los Caídos. Terrenos que pertenecen a Patrimonio Nacional y a los que solo se accede pasando por caja. Se recomienda por tanto evitar la tentación de auparse hacia el otro lado, sobretodo en diversos puntos del recorrido donde se observa la facilidad humana de saltarse la normas. En teoría hay multas para los brincadores. 

La vereda

Un buen punto de partida puede ser el acceso al segundo quiosco del embalse de la Jarosa, donde podemos tomar de referencia un punto azul, cuya finalidad indica una pequeña ruta local que marcha a la búsqueda del agua. De inicio se transita tranquilamente hacia la cola del embalse por una ancha pista forestal. Una malla metálica que nos ha ido acompañando, a nuestra izquierda durante un buen trecho desaparece antes de atacar una fuerte subida. En este punto, puede apreciarse que el último arroyo en alimentar al pantano es en realidad un trasvase subterráneo, cuyas aguas conecta con el embalse de la Aceña. Al otro lado de la montaña. Cabe destacar la importancia de esta obra de ingeniería civil, que suministra al embalse de la Jarosa del líquido elemento desde tierras abulenses.



El camino correspondiente con el pateo prosigue por una pequeña pared, un ligero escarpe que sirve de aperitivo del fuerte desnivel que aguarda hacia el final. Sirva esté leve repecho sin importancia como aviso, y cuyo horizonte amenaza vigilante una enorme cruz de granito. Silueta cargada de historias, recelos y discusiones que no vienen al caso en el día de hoy. La susodicha ruta local se desvía hacía la izquierda, por una ancha pista a la búsqueda de la famosa Cerca. Catalogada como BIC en 2006. Alcanzado el murete toca ascender en paralelo, to´parriba hasta el final, buscando en estos primeros compases los divertidos entresijos que otorga la vegetación y la roca. Enseguida se alcanza una pista que atraviesa el muro, con la salvedad de que la verja metálica contiene un potente candado a prueba de intrusos. Esta abertura debió de realizarse posteriormente, ya que el muro carece de jambas en los laterales y parece ser, que queda algún resto del muro pedregoso en el suelo. La subida continua a través de un sendero y con una pendiente asequible. Antes de alcanzar un nuevo camino, aparece una buena colección de rocas. Vestigios de alguna antigua construcción adheridas al muro. Posiblemente restos de la Guerra Civil que vigilarían el camino citado. Camino cuyo trazado prosigue alegremente al otro lado de la cerca a pesar de la prohibición. Habitual paso donde los osados se aventuran a descubrir los encantos del valle prohibido. 


El tocón
Sin embargo recomiendo seguir por la senda paralela al muro. La de la legalidad, por escondida y por contar con la belleza del silencio del bosque. Un bosque que comienza a rodear la vereda con su habitual encanto, solo roto por el sonido de alguna alimaña escondida o por el alegre canturreo de los arroyos. Riachuelos que cuentan con acceso propio en la cerca a través de trabajados hoyuelos en los bajos del muro. Se acerca el momento de atacar el cordal montañoso. El premio gordo de la excursión llega con un fuerte desnivel final a lo largo de una jodida pendiente a superar en zigzag. La dichosa pared va ganando altura y elevándose firme sobre la ladera de la montaña. El tramo es hosco y hasta resbaladizo pero finalmente la Cerca de Felipe II gira en angulo recto hacia el sur, hacia el collado de la Portera del Cura, mientras que en el interior de la esquina yace un tocón, el ultimo resto del pino de las Tres Cruces anclado sobre la tierra. Parte de su tronco permanece recostado, blanco e inerte a la espera de la lenta descomposición de esté antiguo Gigante del Guadarrama. 


El pino en 1991.
Cortesía de Miguel Ángel Blanco



En 1991, el artista Miguel Ángel Blanco, estuvo presente en su caída final. Recogiendo partes de su madera para elaborar los libros caja de una colección de su obra titulada Biblioteca del Bosque. En uno de estos libros caja conserva un fragmento de su corazón lígneo. Al parecer se plantaron tres pinos laricios como homenaje al viejo tótem serrano. Fui incapaz de adivinar si todavía perduran o donde diablos fueron colocados. En el cordal del la montaña se pasea el conocido GR10 que atraviesa toda la sierra del Guadarrama. El viento resopla con gracia las alturas aprovechando el trampolín de la ascensión. Hacia el sur, la Cerca de Felipe II se mantiene casi recta hasta donde la vista alcanza. Solo el simpático saliente de la antigua vivienda de la Portera del Cura interrumpe las lineas. Hacia el norte, el cerro de la Carrasqueta, y más allá, la figura sobresaliente de un pino cuyas formas parecen querer aprovecharse del empuje de los vientos, como una vela que se acopla al constante devenir de las brisas de montaña. Ya saben a donde me dirijo.

Álbum
Panorámica Collado Portera del Cura


Bibliografía
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Diario ABC (Madrid) 15/8/1973. Página 11. Luis Manuel Auberson
Catálogo Árbol Caído. Miguel Ángel Blanco. Octubre-Diciembre de 2008



En rojo el camino de vuelta


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