26 de junio de 2016

María llena eres de gracia

Las mulas son unos animales entrañables, no solo cumplen su función para la carga y el transporte, sino que enciman suelen tener un carácter manso. Ideales para llevar a cabo las arduas tareas que les imponen. Curiosamente se establece la asociación de la palabra mula, hacia otro tipo de transporte, el dedicado a saltarse fronteras alojando drogas en el interior del cuerpo de las personas. Este singular medio de locomoción, también suele arrastrar un temperamento sumiso frente a quienes manejan el negocio desde la comodidad que otorga la distancia. 


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La película, María llena eres de gracia, con la que debutaba Joshua Martson, aprovecha este singular procedimiento para mostrarnos un necesario punto de vista, el de la mula, y los motivos que empujan a estas personas a proceder de este modo. Obviamente, es fácil caer en el tópico de las gentes más desfavorecidas, principalmente económicas, que permitan obtener unos ingresos extras con el fin de mejorar sus perspectivas de futuro. Motivos más que suficientes para jugarse la vida, ya que si una de las drogas alojadas y que han sido empaquetadas previamente, terminan por deshacerse en el interior de su cuerpo, la mula en cuestión, obtendría bastantes números para cambiar de destino y encaminarse hacia otro el barrio.

El director americano se interesó por este singular modo de operar y decidió rodar esta película con la idea clara de evitar caer en el mero espectáculo. Para ello planea un lógico esquema lineal, que se inicia con la presentación de sus personajes y los problemas a los que se enfrentan diariamente. Posteriormente desarrolla cronológicamente su historia, con cierto grado documental al exponer los diferentes pasos a los que debe hacer frente la protagonista del filme. La actriz colombiana, Catalina Sandero, capitaliza la historia de la joven María hasta el punto de que fue nominada al Oscar de la academia americana, un claro reconocimiento a su labor personal y a la repercusión que tuvo la cinta a nivel internacional, pues fue una de las agradables sorpresas cinematográficas del 2004. 


Pedazo de cartel
Martson acierta con ese toque intimista, cercano y elaborado por las que va pasando el personaje de María, donde coloca al espectador a la misma altura de miras que la joven protagonista. De este modo logra simpatizar con la deriva de su situación personal y verla caminar hacia la atractiva puerta abierta que le otorgan los traficantes. María llena eres de gracia sobresale por ese ambiente, sin estridencias, tranquilo y sosegado que presenta el colorido ambiente colombiano. Solo se tuerce algo el gesto con los inevitables grises que surgen en el supuesto mundo desarrollado, allí donde las mulas deben lograr acceder para entregar la mercancía. Es cierto que en todo ese proceso la película cuenta con cierto beneplácito crítico, obtenido al logrado origen de los problemas de María y de su pensamiento inconformista. Sin embargo hay escenas que no cuelan, como el registro de la frontera con la intervención policial americana de por medio. Concesiones que se otorgan porque el metraje avanza y no se puede evitar querer conocer el resto de la historia. Podrían señalarse otros inconvenientes que no vienen al caso, ya que el conjunto de la película demuestra mejores maneras que la convierten en un acertado viaje y una necesaria visión hacia uno de los mayores problemas de la sociedad. La utilización de una parte de la población por parte de los poderosos, quienes no llevan corbatas en esta ocasión. 


María llena eres de gracia
Joshua Martshon
2004

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