30 de noviembre de 2015

Star Wars. El imperio contraataca

Después del éxito cosechado por el anterior filme, la continuación de las aventuras galácticas llegaba con la anhelada perspectiva de mantener el nivel cinematográfico que logró aglutinar a crítica y público en la misma acera. El imperio contraataca sobrevuela por encima del filme de Lucas, quien cedió el testigo a Irvin Kershner en la dirección, tras negarse a situarse
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detrás de las cámaras después del agotador esfuerzo que le supuso poner la primera piedra. 
Kershner, a quien siempre se le sitúa como a un simple artesano del negocio, recoge el testigo y logra su mejor trabajo con esta película, que aúna numerosos elementos del buen cine junto al necesario toque comercial que acapare a toda clase de espectador. Por cierto, a un tal Michael Curtiz también se le citaba con la etiqueta de artesano, después dirigiría Casablanca.


Tras sufrir la destrucción de la Estrella de la Muerte por parte de Luke, el imperio pasa a la ofensiva persiguiendo a la alianza rebelde por todos los rincones de la galaxia. Los protagonistas por su parte se encuentran ocultos en un perdido planeta helado con la idea de pasar desapercibidos. La necesaria confrontación bélica del inicio separa la linea argumental en dos vertientes. Por un lado, la huida de algunos personajes en el Halcón Milenario supone una excelente muestra del termino aventura. Una escapada hacia adelante donde se tiene que superar una concatenación de problemas de todo tipo. La nave comandada por el capitán Solo, se enfrenta a una denodada persecución espacial a través de asteroides, gusanos gigantes y averías de todo tipo que pondrán a prueba la pericia de los personajes ante tales adversidades. La película logra contener el ritmo a través del humor y con la pausas necesarias, donde florecen los sentimientos personales entre la princesa y el consabido sinvergüenza.

La segunda historia está protagonizada por Luke, quien encamina sus pasos hacia el lado más solemne de la mitología galáctica, a través del conocimiento de la
Remasteres varios/Team Starkid Confessions
fuerza que imparte un muñeco de color verde. Ya podría estar hecho de poliester o plasticurri, pero está representación del maestro Yoda tiene más vida que cualquier recreación digital posterior. La aparición del maestro de jedi es tan relevante como significativa, al mostrarnos la idiosincrasia del poder que puede desencadenar un caballero jedi perfectamente adiestrado. También la importancia del fin por encima de los medios para alcanzarlo, como cuando intenta evitar la marcha de Luke para salvar a sus amigos en una escena tan importante que contradice la teoría de los supuestos buenos frente a los malos. En paralelo a esas dos lineas argumentales podemos introducir una tercera perspectiva externa capitalizada por Vader. El ogro negro que persigue incansable a los tripulantes del Halcón al mando de la flota imperial. Aparte de mostrarnos su curiosa afición de castigar los errores con una ejecución similar a la de sacar a los peces fuera del agua, su personaje cobra mayor envergadura como representante del mal, gracias a esos aires autoritarios e impecable negociador. La aparición del emperador y sus planes, con respecto al hijo de Anakin, incluyen mayores cotas de importancia sobre el drama que representa el apellido Skywalker.




Los efectos visuales fueron mejorados respecto al anterior filme, gracias también a un mayor presupuesto y bien aprovechado por el director, donde destaca su maestría al conjugar una batalla general sobre una planicie helada, o enfrentamientos más personales que se dan en una serie de galerías donde se sostiene una ciudad en la nubes. A lo largo de la película hay imágenes impagables, como las cuadrúpedas figuras blindadas del imperio avanzando sobre la nieve o las piruetas del Halcón en el espacio. Kershner logra una autenticidad loable gracias a la frágil apariencia de los rebeldes frente al imperio, quienes parecen tener a la alianza rebelde contra las cuerdas. También habría que señalar el guión firmado por Leight Bracket y un joven Lawrence Kasdan. Todos a una para solventar esta obra maestra recordada también por su conocido clímax final. Poco puede decirse frente al inesperado giro que supone conocer la verdad de tú pasado, tan sorprendente que hasta Homer Simpson quedó fascinado en su momento. 


El imperio contraataca
Irvin Kershner
1980
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La amenaza fantasma
El ataque de los clones
Las guerras Clon
La venganza de los Sith
La guerra de las galaxias. Una nueva esperanza


El retorno del Jedi
El despertar de la fuerza 

21 de noviembre de 2015

Nueve reinas

El cine latinoamericano lleva bastante tiempo sobresaliendo en el panorama actual. A la brillante nomina de directores de diferentes países, habría que sumar la aportación del argentino Fabián Bielinsky a principios del siglo. Y eso porque Nueve reinas es una de las mejores películas argentinas de su historia, y para colmo, supuso el debut de su director en el largometraje. Lamentablemente Bielinsky fallecería en el 2006, a la temprana edad de 47 años por culpa de un infarto. Cortándose una prometedora carrera que continuó con una sola película más, titulada El aura. Aunque hoy toca visionar su ópera prima.
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Una correcta proyección de Nueve reinas debería empezar en su cabecera con una advertencia en forma de texto, donde se informa que el guión de esta película fue premiado en 1998 por alguna organización del país argentino. Este apunte viene a resaltar uno de los grandes valores del filme, la escritura del guión por parte del mismo Bielinsky. El argumento cuenta la historia de dos caraduras, dos supuestos artistas del timo que por diferentes circunstancias unen sus caminos por Buenos Aires. En la pareja protagonista se resalta por un lado la figura del experimentado trampero junto a la del novato, quien empieza a abrirse camino en el arte del engaño. Tras una brillante puesta en escena, el director se mete rápidamente en faena, al mostrar la necesidad de un compadre para desarrollar correctamente el negocio junto a la necesidad de obtener dinero rápido.

Poco a poco sospechamos las virtudes y los defectos de los protagonistas y qué fines mueven sus actos. El veterano mangante se agranda en la pantalla gracias a la poderosa figura de Ricardo Darín, especialmente dotado para engatusar al resto pese a resultar ser un verdadero hijo de mala madre. Gastón Pauls encara al tipo simpático, quien acude al negocio por necesidad y contrasta la candidez de su rostro frente a una posición de reserva hacia su compañero de viaje, que para algo ambos se dedican a lo que se dedican. Las denominadas como nueve reinas, vienen a ser unas estampillas de gran valor y que terminan de transformarse en un alocado mercadeo que les viene como caído del cielo a la dupla principal. Aunque en realidad proviene de la vertiente femenina, cuya posición condiciona al veterano mangante de lo ajeno por su relación familiar con la femina de turno, quien acapara el carácter honesto y formal frente al de los chorizos. 



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La película adquiere una velocidad de crucero a causa del trapicheo y del escaso tiempo que disponen para cerrar el beneficioso negocio. Donde hay que sumar, necesariamente una serie de problemas para que los protagonistas hagan uso de todo su arte para poder ir superándolos. Este continuo encadenado de dificultades llega a tensar tanto la cuerda, que roza en muchas ocasiones con la credibilidad del espectador, donde normalmente pasamos por alto algunos giros exagerados con tal de que no se nos arruine la fiesta. Sobretodo si a este jolgorio se le unen las buenas maneras de su director y a un ágil montaje que conlleva un ritmo tan trepidante como adictivo. La conocida charlatanería argentina ayuda también a superar los momentos más agrietados del filme. 

Una vez que somos devorados por el frenético ritmo y por el magnífico encaje de bolillos, queda por recoger los restos de esta fiesta del mangoneo. Y es ahí donde podemos colocar el pero a Nueve reinas, tras conocer los trucos y las cartas marcadas. Obviamente no puede verse igual que la primera vez, no solo por descontar las posibles sorpresas, sino más bien por las concesiones que se han ido realizando en un primer momento por la natural gracia que destilan los ladrones de guante blanco. Las situaciones más forzadas son las que pierden comba en posteriores visionados pese al gran valor global que aúna esta buena película.

Nueve reinas de Fabián Bielinsky
2000

12 de noviembre de 2015

Los últimos días de Pompeya

Los restos de Pompeya deben ser impresionantes, lamentablemente no tengo el gusto de conocerlos, y más aún si uno hubiera llegado a pasearse en tiempos pretéritos. Como el afortunado diplomático inglés, Edward George Bulwer-Lytton, quien vivió por estas tierras italianas en 1832. Hombre de letras y políticas, supo aprovechar tal circunstancia para documentarse en persona sobre el lugar que las cenizas del Vesubio ocultó tras su erupción en el año 79. Y así componer una atractiva novela que con el tiempo ha sido su obra más conocida. En parte, la gracia consiste en crear una trama lo suficientemente interesante que haga olvidar al lector el conocido final de la ciudad. Algo parecido como la famosa película Titanic de James Cameron, donde todos deberíamos saber donde y como acaba el barco. Y para enlazar tragedias nada mejor que una historia de amor en ese marco histórico, con sus correspondientes dificultades y que termine por encajar con el apoteósico final que impone la madre naturaleza.

El protagonismo principal recae en Glauco, un joven y adinerado ateniense que disfruta de los placeres de la vida junto a sus amigos romanos del lugar para suplir, en parte, la nostalgia de
Amor ciego
tiempos mejores de su patria de origen. En uno de sus viajes, tiene la fortuna de conocer a su media naranja, una bella mujer que responde al nombre de Ione, tan ideal y perfecta que Cupido apenas tiene que hacer nada, ya que encima es griega. Y el colmo de la fortuna acaba llevándola a residir en Pompeya, junto a su hermano.


A la hermosa, adinerada y empalagosa pareja, la surge el necesario rival que se dedique a extender una serie de baches a superar para deleite del lector, ya que así se hace más entretenido el relato. En Arbaces recae la poderosa figura del antagonista, personaje atribuido en esta ocasión a un egipcio descendiente del linaje de los últimos faraones. Es decir, otro ricachón más de esta villa al que hay que sumar un notable poderío físico e intelectual, virtudes que lo convierten en un apetecible malvado, tan perverso que llega a acumular más méritos que el propio Glauco a capitalizar la novela.

Si yo tengo el genio para imponer leyes, ¿no tengo el derecho de librarme de mis propias creaciones?
Arbaces

En ese duelo entre el bien y el mal, la novela pierde comba por la repetición de las adulaciones por parte de los enamorados, y en ese rango, se incluye la notable caída de su protagonista frente al mayor interés que acarrea el egipcio. Menos mal que a Lytton se le ocurre rodear a los principales con toda una cohorte de personajes que terminan de glorificar el termino coral hacia esta obra. El escritor acierta sobremanera en este aspecto, gracias a un amplio abanico de tramas paralelas e historias menores que pululan alrededor del trío protagonista. En especial Nidia, la joven ciega que apela por ingresar en el supuesto barco del trío amoroso, quedándose sin sitio pese a sus notables intentos. La hermosa y celosa Julia, los intereses de Clodio, las nobles intenciones de un gladiador... no son más que pequeñas pinceladas de la exposición del autor sobre los diferentes estratos sociales que habitaban por esa ciudad marcada por el pecado y el exceso. Ante tanta corrupción, incluida la política que esa viene de largo, Bulwer-Lytton añade una pequeña e importante reseña de esperanza en la religión verdadera. Los primeros pasos de la cristiandad y su poder de convicción frente a una sociedad que idolatra a tantos dioses cuya finalidad de proporcionar paz espiritual y sentido al ser humano, se ha perdido en el camino por las trampas del sacerdocio. Los denominados como nazarenos, irrumpen desde la perspectiva histórica que les corresponde y con el beneplácito del autor para sumar en la mejora del conjunto de la novela.

Si los cristianos primitivos se hubieran guiado por "las solemnes conveniencias de la costumbre", si hubieran sido menos democráticos, en el sentido más puro de esta palabra tan pervertida, el cristianismo hubiera perecido en su cuna.

La novela podría separarse en dos partes. Una primera algo más lenta, casi de eterna presentación cuyo único interés reside en quien conquistará el corazón de la dama. La segunda, más elaborada, se sustenta gracias a la planeada venganza del egipcio, junto a la necesaria intervención de los personajes secundarios, quienes intentan cumplir cada uno sus respectivos objetivos. Con este amplio catalogo de personajes se eleva el interés de la novela, destacando la indudable aportación de la ciega Nidia por encima de la dupla enamorada, cuyo continuo ensimismamiento apenas aporta nada nuevo. Gracias a esos secundarios recorremos toda la sociedad pompeyana, desde ricos mercaderes, adinerados romanos, políticos corruptos y los necesarios esclavos. Todos ellos con matices e historias personales que rellenan de vida el pequeño universo de la ciudad de Pompeya para glorificarla ante su desastre final. El de la ciudad claro. 


Viva Tito - gritó Pansa, - Ha prometido a mi hermano una plaza de cuestor, porque se ha arruinado.
Y ahora desea enriquecerle a costa del pueblo, Pansa mio - dijo Glauco.
Así es - dijo Pansa.
Lo cual demuestra que el pueblo sirve para algo - dijo Glauco.

Los últimos días de Pompeya
Edward G. Bulwer-Lytton

5 de noviembre de 2015

La guerra de las galaxias

Icónica puesta de sol - Lucasfilm Ltd.
El denominado como Epiodio IV es curiosamente el inicio de una trilogía fundamental en la historia del cine. Y aunque resulte tedioso, porque poco o realmente nada nuevo se puede contar sobre este filme elevado a los altares del fanatismo, me toca intentar explicar algo sobre la facilidad de convertirse en una especie de película intocable. Corría el año 1977, fecha del estreno de una película concebida, en su inicio, como un modelo para recuperar el entretenimiento cinematográfico a través de un épica aventura de ciencia ficción. Y que para ello contaba con la ayuda de un amplio batiburrillo de géneros. Un joven George Lucas ideó una confrontación espacial, con la facilona base del bien contra el mal como punto de partida, en un supuesto universo lejano. Allí donde un grupo de rebeldes hace frente a la tiranía impuesta por el llamado Imperio Galáctico.


Al conflicto armado llegan los espectadores algo tarde, porque desde el inicio del filme se dan por hechos ciertos acontecimientos explicados en las letras iniciales. Justo después, una gigantesca nave invade la pantalla en su parte superior, sorprendiendo seguramente a los espectadores de entonces por la espectacularidad de la entrada. Gracias a este arranque, que obvia cualquier tipo de lenta introducción, la película se pone al servicio de dos elementos mecánicos, dos droides sobre la planicie desértica de un planeta perdido con la difícil misión de encontrar a un viejo caballero Jedi. La leve sucesión de acontecimientos favorece la presentación de personajes y de sus tramas personales, que se adhieren con una facilidad pasmosa a la mezcla de géneros y al ritmo de la película. 


Palote¡ - Lucasfilm Ltd.
Empezando por la medieval figura de una princesa capturada por la siniestra figura del caballero oscuro, caracterizado bajo ese imponente casco y voz de fumador con bomba respiratoria a cuestas. A continuación viene el héroe, necesariamente humilde, presentado como un simple granjero del oeste americano para después iniciarse en los caminos de una antigua religión bajo la mano del supuesto maestro o sabio. Ni más ni menos que el clásico viaje del héroe visto en todas las grandes obras, y que necesariamente deber ser guiado por un mentor que acapara ese extraño eremita interpretado por sir Alec Guinness. El actor de renombre y con aires de clasicismo que eleva el tono de la fantasía inicial con su sola presencia frente al nutrido elenco de interpretes desconocidos. En este viaje hacia adelante, contarán con la ayuda del cómico de turno, en la carismática figura de un sinvergüenza en forma de contrabandista que rompe el modelo estándar de la vieja gloria del honor, esa que arrastra el viejo fósil y su endeble aprendiz. 

De la influencia del medievo se pasa al paisaje del salvaje oeste americano que es Tattoine. El desértico y peligroso planeta donde no podría faltar la correspondiente bronca de saloon. Las ropas, las espadas láser y el deber hacia una antigua secta incluye también semejanzas al mundo de los samurais en todo este cocktail, tan bien ejecutado donde incluso pueden habitar seres tan extraños como los wookies y notables peluches como secundarios sin desentonar. Porque incluso ese satélite espacial llamado, Estrella de la muerta, parece una fortaleza donde nuestros héroes deben cumplir el requisito de abordar para rescatar a la princesa de su particular mazmorra. Y a pesar de seguir con las semejanzas, la película avanza notablemente con la gracia de un ritmo tan afortunado como eficiente. Lucas sabía muy bien lo que estaba realizando por aquel entonces, con una excelente sucesión de peripecias que se encadenan con otras dificultades y resueltas hasta con gracia. "Quiere alguien quitarme a este felpudo con patas".


Lucasfilm Ltd.
Obviamente ha pasado el tiempo, y aunque la película mantenga la esencia del buen vino, es cierto que los efectos especiales decaen frente a las inevitables e innecesarias comparaciones actuales. Principalmente en el desangelado enfrentamiento entre Vader y Kenobi. Un reencuentro que merecía una mayor glorificación, sobre todo por un personaje clave, aunque se entienda mejor su función 22 años después. El final del filme reserva una espectacular operación para librarse del temido satélite vuela planetas, donde se juega hábilmente con el montaje para ofrecer diferentes puntos de vista sobre un enfrentamiento entre naves espaciales y los rostros de las personas que escuchan el fragor del combate desde la distancia. La guerra de las galaxias es el nacimiento del mito, de la religión o el punto de encuentro de una necesidad espiritual que busca mayores experiencias en la fantasía de un universo muy muy lejano. 


La guerra de las galaxias. Una nueva esperanza. 
George Lucas 1977
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La amenaza fantasma
El ataque de los clones
Las guerras Clon
La venganza de los Sith

El imperio contraataca

El retorno del Jedi
El despertar de la fuerza