15 de octubre de 2015

Cumplemes

El tiempo circula excesivamente rápido. Tanto tiempo esperando la llegada de Chloe y en un pis pas ya lleva un mes con nosotros. Inevitablemente toca comparar con su hermana, porque si Aldara tuvo prisas por conocer el mundo, a nuestra nueva pequeña hubo necesidad de darle un empujón. Fuera de cuentas y con los facultativos dándonos cita para su alumbramiento. Rompiendo el encanto de la sorpresa y echando por tierra cualquier porra, cambio de luna o extrañas contracciones. La gracia la puso, como no, la protagonista de esta entrada. Porque una vez indicado el camino o quitado el cerrojo interno, a Chloe no hubo bache que la impidiese abrirse paso, tal velocidad empezó a coger que su padre casi se pierde su nacimiento. 
Una de las primeras fotos de Chloe
Ante el aumento del dolor de las contracciones, Cristina pidió la divina providencia de la ciencia que anule parte del dolor. La llegada de la anestesista provoca la expulsión de la pareja masculina hacia los señalados espacios de la espera. Momento idóneo para apresurarse a tomar un bocado y algo de cafeína para cubrir algo la supuesta larga espera que nos esperaba. Apenas hube vuelto a sentarme a mirar el techo cuando aparece de pronto una enfermera llamando al correspondiente familiar de Cristina.

 - Aquí estoy.
 - Pues arreando que ya viene la muchacha. 
 - Cómo???

Pues eso, que corres por un leve pasillo y entras en el paritorio para contemplar una pequeña escena de guerra, y con bastante más gente en esa habitación desde que me mandarán a paseo. Matrona, enfermeras y otros operarios de la sanidad intentando poner orden. Tanto adulto alborotado para que Chloe llegase la mar de tranquila sobre las 16.13 horas del 15 de septiembre de 2015. Tan tranquila que tardó un par de segundos, que se me hicieron eternos, en protestar por las continuas caricias de los sabiondos del tema. Amoratada por el
Shhhssssss¡¡¡
esfuerzo de las prisas, enseguida encontró acomodo en el mejor lugar del mundo. Los brazos de su madre.


El resto de la película queda para nuestros recuerdos, al igual que los dolores de Cristina, cuya ración de epidural se quedó en el limbo. Si en mi anterior entrada, dedicada al cumplemes de Aldara, me quitaba el sombrero frente a mi mujer y al genero femenino en general, en esta ocasión no encuentro gesto que se equiparé ante el milagro de la vida que proporciona la mujer. Podéis quedaros con la costilla de Adán, o el costillar entero porque es increíble presuponer que hay quienes repiten. Y más en el pasado. Supongo que el llanto de ese bebé recién nacido será la señal de una música más alegre.

Pd. Obviamente repetí la famosa frase. Aunque en esta ocasión me las dí de entendido y las pronuncié en inglés.