10 de junio de 2015

Ofelia II cumple su primer cuarto de siglo

La particularidad de esta entrada se centra en querer rendir un sincero homenaje a esos hierros con ruedas que me han ido acompañando a lo largo de los años. Para ello cuento con el redondeo de este 10 de junio, pues hace un cuarto de siglo que recibí mi primera bicicleta todoterreno. Y si los vehículos motorizados adquieren la condición de clásicos a esa edad, mi bicicleta no iba a ser menos.


Feliz cumpleaños Ofelia II
Pero antes de adentrarme en el fabuloso mundo de las ruedas gordas hay que retrasarse aun más en el tiempo, para rebuscar en la memoria los cimientos hacia esta noble afición. Personalmente tengo un recuerdo difuso sobre mis primeros pasos sin los clásicos ruedines, corroborado posteriomente por mi padre, en la clásica escena del agarre trasero y la inevitable frase del "mira para adelante que no te suelto". Imagino que el resultado final sería toparse con el suelo de la calle situada enfrente de la casa de mis padres, c/ La Torre, Guadarrama, Madrid.

Este último dato es importante, porque a mediados de los 80, se llevó a cabo la restauración de la antigua iglesia que corona un pequeño cerro sobre esta localidad y la creación de un parque a su alrededor. Por aquellas fechas de obras, cemento, asfaltado de calles y plantación de árboles deambulan mis primeros recuerdos sobre una bicicleta en la planicie del cerro. Y con la estricta orden materna de no ir más allá de ese perímetro. Una vez concluidas las obras, quedó un atractivo parque que rodea al monumento con sus correspondientes calles arenosas.

La primera bicicleta, de la que tengo recuerdos, era la clásica denominada como de paseo, de color azul con algo de blanco, marca Torrot o a saber. Por aquel entonces la única diversión que nos permitíamos mi hermano pequeño y yo, era la de dar vueltas sin parar al parque de la torre. Como los burros que rodean continuamente los molinos. Un agradable incentivo fueron las competiciones frente a otro par de hermanos, David y Raúl, alrededor de un circuito improvisado en el dichoso parque. Hasta tal punto llegaron las carreras que incluimos una camiseta amarilla para distinguir al habitual ganador, David. Haciendo buenos los pronósticos de la mayoría de edad sobre los demás. Imagino que por aquel entonces, hartos de desgastar la arena del parque, mi hermano y yo desobedeceríamos las órdenes maternas de salir con las bicis del recinto para adentrarnos en las peligrosas calles de un pueblo de la sierra. Lo que descubrimos fue la libertad que proporciona poder recorrer diferentes lugares a una mayor velocidad. Como si hubiéramos cumplido los dieciocho y ya poseyéramos el codicioso carné rosa de la mayoría de edad.

Acercándome ya al inicio de la década de los 90 me agrada simplemente recordar un par de veranos que pasé en la localidad de Íscar (Valladolid), municipio del exciclista JC Domínguez, más que nada porque fue allí donde me dejaron usar por primera vez una bici de carreras para unirme a la chiquillería del barrio para marchar de excursión a Puente Blanca o rodar por los caminos de alrededor. Un mero recuerdo infantil que retengo con cariño.


El 10 de junio de 1990 recibí, junto a mi hermano, un hermoso regalo al cumplir el segundo sacramento de la religión católica. El presente consistía en una curiosa bicicleta que parecía ser de carreras, pero con unas ruedas anchas y un manillar plano. Eran unas mountain bike que bien pronto se harían notar en la sociedad. Por aquel entonces sumaba 11 años y siendo algo paticorto, recuerdo que tanto mi hermano como yo, teníamos que subirnos sobre los bancos del parque para poder acceder sobre el sillín, ya que la lógica inclinación de la bici, para montarla adecuadamente se nos hacía bastante complicado. Vicio que mantengo a día de hoy, ya que me sale de manera natural auparme sobre cualquier elemento del que disponga para colocarme encima de la bici. Como una roca o tronco en cualquier sendero a la edad de las 36 primaveras recién cumplidas. Esta primera Btt era de una desconocida
marca procedente de Portugal, denominada como Esmaltina. Tiene dos platos, cinco piñones, desviador y cambio de la marca Shimano, modelo SIS. Roja y plateada la mía, amarilla y negra la de mi hermano. Tan pesada ella que la bauticé con el nombre de Ofelia, en honor al personaje femenino que aparece en Las aventuras de Mortadelo y Filemón, una de mis debilidades lectoras de adolescente. 

Las mountain bike fueron extendiéndose e imponiéndose como una saludable moda de acercarse al monte. Y el pinar de la Jarosa es lo que estaba más cerca. En estos inicios valía cualquier cosa, como el casco de la moto de mi abuelo que usaba mi hermano o arrancar las mangas a un chandal viejo para simular mi primer maillot. Poco a poco la chavalería se iba juntando y dábamos nuestras primeras vueltas al pinar de la Jarosa, como el clásico circuito de "la mini", saliendo desde el antiguo restaurante El cordobés hasta la trialera de la cola del embalse, o penando en la mítica cuesta de Pío. En la dehesa cercana de Los Poyales, me ideé un circuito donde acudía con bastante frecuencia, incluso con nieve, sumando la agradable experiencia de los continuos resbalones y de acabar enfangado hasta las cejas. En esta época el boom del mountain bike fue espectacular y bien pronto llegó a convertirse en un ambicioso producto deportivo con las inolvidables carreras de la copa del mundo, patrocinadas por Grundig y las pruebas realizadas en España bajo el paraguas de la tabacalera Coronas. En una prueba celebrada en San Lorenzo de El Escorial, donde mi hermana ejercía de voluntaria de la Cruz Roja, recogió del suelo unas gafas que olvidó un anónimo biker en el circuito. Desde entonces me acompañan como parte de mi equipación ciclista.

La bicicleta seguía asociada a esa relación de transporte y libertad para explorar poblaciones y terrenos colindantes, como Alpedrete o Los Molinos. En este último, tuve un fuerte encontronazo con una escalera que rajó parte del cuadro de Ofelia. Esta pequeña desgracia se fue parcheando gracias a que mi padre soldaba la hendidura. Sin embargo la herida se reabría continuamente marcando un trágico destino final para mi primera Btt. De este modo me encontré durante un tiempo sin bicicleta y con el agravante de tener que compartir con mi hermano la suya. Por fortuna mi primo Sergio, también recibió el mismo regalo que nosotros en el añorado 1990. Y tras enterarse de mi perdida, no dudó en regalarme la suya al no darla ningún uso, ya que prefería patear una bola redonda como hobby principal. Solo fue cuestión de una breve espera para encontrar en el patio de la casa de mis padres mi agraciado regalo. Aún conservo esa imagen mental en el disco duro de mi memora. Las ruedas desinfladas y el polvo acumulado sobre el cuadro daban fe del poco caso que recibió esa bici. "No importa, debí susurrar a la rebautizada como Ofelia II, pronto cumplirás la función para la que fuiste creada". Así fue como obtuve mi segunda Btt, contento y feliz por volver a rodar libremente.


Restos de Ofelia III
Sin embargo la adolescencia es un período complicado donde poder contentarse con lo que se tiene. Las esmaltinas se fueron quedando anticuadas frente al resto, pesaban como demonios, la horquilla era terriblemente fina, de desarrollos andábamos escasos mientras que de los dos platos, el mayor era una autentica paellera. Como no me llegaba la pela y mis padres empleaban la lógica aplastante del "ya tienes una", mi egoísmo personal centraba su ira en "la mierda de bici que tengo". Mira por donde que por aquella época debió de salirme la vena ecológica, ya que me encontré una bicicleta roja en la basura. EN LA BASURA¡¡¡, pero que desalmado personaje abandona semejante tesoro. Que faltasen el manillar, las ruedas y otros elementos necesarios poco me importaron. Estaba el cuadro y el cambio trasero, suficiente para cargar con el hierro y llevarlo a casa pese al estupor materno. Así fue como me encabezoné en montar la bici con mis propias manos y en comprar poco a poco las piezas sueltas que faltaban. Primero me dediqué a lijar el cuadro para que después mi padre sacará a relucir su "arte" para pintarla de azul y morado. Después vinieron las compras en la tienda de un amiguete. Con el tiempo fui completando mi obra, ruedas, manillar, manetas, pedales.... hasta que finalmente Ofelia III vio la luz sobre el pinar de La Jarosa. Esto ya era otra cosa, siete piñones y TRES platos. Que descubrimiento el plato chico oigan, no había cuesta que se me resistiera. 

Ya con Ofelia III destaco dos anécdotas. La primera surgió durante el recreo del bachillerato, mientras conversaba con la pandilla de turno la notable cantidad de agua que había caído el día anterior. Un viejo amiguete, Albertito, se le ocurrió que debería molar rodar con las bicis por la Jarosa toda embarrada. Pocas palabras más debimos cruzar, pues terminamos por arrear hacia el monte para embadurnarnos de la felicidad que impregna el lodo. La segunda
La muesca
cita tiene que ver con un atropello, el único que he padecido y afortunadamente sin consecuencias. Fue dentro del casco urbano de Guadarrama y el único culpable fui yo, al querer atajar en dirección prohibida en una cerrada curva. Resultado. Un coche me arrolla mientras yo mismo me llamaba imbécil cuando el capo del vehículo me expulsaba hacia el asfalto. Por suerte, la bici asumió gran parte del impacto girando violentamente el manillar hasta crear una muesca sobre el cuadro a modo de perpetuo recuerdo. Salvo el susto y unas leves magalladuras, mi físico no corrió peligro, mayor preocupación tenía la pobre conductora que me preguntaba constantemente sobre mi estado y la necesidad de acudir al médico. Mientras que yo solo quería salir por patas al incumplir una simple señal de tráfico. Desde entonces nunca jamas he vuelto a circular sin respetar las normas de tráfico encima de la bici. Aunque con el coche ya me ha llegado alguna que otra multa.


A mediados de los 90, las salidas matutinas fueron sustituyéndose por la nocturnas, propias de la edad. El deporte va quedando en un segundo plano frente al fragor de la noche. Años en los que se acaba el bachillerato y el transito hacia la universidad hacen disminuir las salidas ciclistas hasta desparecer. El abandono es tal que para el 2004 recuerdo llegar a pesar 86
Ofelia IV
kilos frente a los 64 actuales. Ofelia III sufrió en silencio la dejadez. Para cuando me digno a quitar las telarañas, surgen los problemas, principalmente porque el desviador anda escacharrado. Conclusión, desmonto las ruedas y se las colocó a Ofelia II para al menos salir a a pasear. Para 2004/05, mi amigo Ina insistió bastante para que lo acompañará a montar en bici. En un principio mi negativa se basaba en mi penoso estado físico. Pero él insistió regalándome su antigua BH Top Line y animándome a acompañarlo. Aun recuerdo el primer día, y como me costo subir, (si es que la subí sin poner pie a tierra porque no lo recuerdo) la simple carreterilla que sube hasta los muros del embalse de La Jarosa. Poco a poco fui recuperando el gusanillo y las salidas fueron aumentando. De este modo volví a heredar otra bicicleta, que cara la mía, y que actualmente ocupa el cuarto lugar en la nomenclatura de Ofelias. Tanto vaivén le empezaba a dar a la bici que a mi hermano Edu se le despertó también la venilla biker de antaño, comprándose una bici y uniéndose a mis salidas, Valmayor, Cercedilla, San Rafael... Hubo una en concreto que todavía me la recuerda, al recorrer el cordal de GR 10 desde La Salamanca hasta Abantos en BICI. Para quien no conozca estos rincones citar simplemente que teníamos que subir los cerros a pata y tragar más que saliva para no matarnos en las bajadas. Con muchos tramos también a pata.



Recorriendo el GR10
El reenganche a la bici fue aumentando de tal modo que necesitaba recorrer y explorar nuevos caminos. Por fortuna Internet ya era una realidad para buscar nuevas rutas y parajes. Buceando por la red descubrí el portal del Foro MTB. Menudo descubrimiento, porque delante de una simple pantalla de ordenador, se agolpaban multitud de bikers que intercambiaban información, quedaban en grupos, solucionaban problemas, dudas... Al principió me limité a leer diferentes posts hasta que me animé a una quedada que hacia un grupo llamado Comando Sur, cobárdica de mi, en la Jarosa. Como sino hubiera tenido suficiente rodar por mi pinar, ahí estaba yo, preocupado por el nivel de la gente y si no sería una molestia. Poco después me fui fijando en un grupo recién creado denominado como Entreveredas, donde había un tipo que me sonaba bastante bajo el disfraz, el casco y las gafas. Un viejo zorro llamado Matés, quien respondía al nick forero de Garbu, estaba en ese grupo al que me adherí en algunas salidas. Empezando por una mítica y empapada ruta por Valsaín o pasando por el descubrimiento del famoso camino del Ingeniero, que rápidamente fue rebautizado como la Catedral de las Veredas. Como el nivel de las rutas eran cada vez más exigentes a la par de mis necesidades, me planteé adquirir una nueva bicicleta y jubilar a Ofelia IV.
Pinar de Valsaín

Una Lapierre Tecnic que no llegaba a los mil pavos fue mi capricho de 2008, y mi acompañante fiel desde entonces. Su estreno fue en una ruta circular que partía desde Collado Mediano hacia Cercedilla y la Barranca. Como disfruté del tacto de los frenos hidráulicos y de la suspensión delantera bajando por la Senda Ortíz primero y por las sendas Alakan después. El contraste fue tan grande que aun mantengo ese recuerdo intacto. Con Ofelia V continué un fantástico período biker donde deseaba la llegada de los fines de semana para salir con la bici mientras que entresemana pasaba gran tiempo en el foro, comentando la salida anterior, opinando sobre la siguiente, colgando fotos y participando activamente en el foro. Hubo muchas salidas y muchos buenos recuerdos a lo largo de la sierra de Guadarrama, principalmente con el grupo Entreveredas pero sin cerrarme a otro grupos. Incluso hubo salidas más lejanas como a Medina del Campo o Sotosalbos. En esta última volví a cargarme el cuadro de la bicicleta en un vertiginoso descenso, menos mal que estaba en garantía y la única pega fue usar la bici de mi hermano durante unas semanas. Esperemos que no haya una tercera ocasión que demuestre mi poco cuidado o mi torpeza al mando. 

Cercedilla, Jarosa, la Pedriza, Hoya de San Blas, Valsaín, Patones.... muchos lugares y otras tantas salidas individuales completaron ese período mágico donde solo me pongo el lunar de no haber acudido a la prueba de los 10000 del Soplao en Cantabria. Me lo planteé en más de una ocasión pero nunca con la convicción suficiente para llevarlo a cabo. 


Embalse Valmayor y cuestón de hormigón
Con Ina







Primera ruta con Ofelia V. Cercedilla

Cascada del Purgatorio

La Pedriza 

Marcha de Colmenar del Arroyo

Sacando a mi tocayo de las zarzas - Senda Mordor

Senda Mordor - Cañón Aulencia

La Barranca. Josean, un servidor y Viti

Valle La Paramera, Sotosalbos (Ávila)

Valsaín

Valsaín

Zetas de la Hoya de San Blas

Coronando Cueva Valiente

Penando por Patones

Otro que se abandona
Duatlón de Alpedrete

Baile en el embalse del Pontón Alto

Y por supuesto, La Jarosa

Poco a poco las salidas fueron menguando, el grupo Entreveredas se disolvió, el Foro MTB es un simple recuerdo en la sección de favoritos de mi navegador, me independicé junto a mi pareja.... El resto está ya muy cerca del presente, donde Ofelia V acumula polvo en un trastero, cumpliendo con el extraño ciclo de dejadez que parece repetirse en mi vida.

O mejor aun, a la espera de sumar nuevos capítulos. Y años. 


Ofelia V reposa junto al arroyo Mayor. San Rafael (Segovia)



3 comentarios:

  1. Mae mia, que entrada! Que recuerdos! Te ha faltado mencionar la piedra que rimpiste con el cuadro en la bajada de Tablada!! XD
    Y que vengan muchas mas!

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    1. Cierto amigo, muchas rutas y muchos recuerdos como las carreras esas que hicimos por la jarosa con la famosa cuesta de hierba. Obviamente he tenido que abreviar porque se me iba de madre aunque me ha encantado escribir esta entrada tan personal. Por cierto, no encuentro la foto de la ruta que hicimos con el club por la Barranca, contigo, Josean y demás. Seguro que tú la tienes y así contribuyes a la causa.

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