27 de febrero de 2014

Posiciones perdidas: Los Tomillares

Que vago soy. Un poco más y parece que he abandonado mis rutas bélicas alrededor de Guadarrama. Menos mal que no tengo que rendir cuentas a nadie. Toca pues regresar y culminar esta sección, esa es la idea, antes del verano. Que para entonces quiero enfrascarme en otros andurriales y dejar finiquitada tanta ruina. En esta ocasión incluyo las posiciones
Nido de ametralladora semicircular. Nº 4
republicanas de Los Tomillares, gracias en parte a que el ayuntamiento de Guadarrama ha creado una guía de los restos de la guerra civil que hay en su termino municipal. En esta guía se catalogan los restos y elaboran una serie de rutas para senderistas con interés turístico. Un buen trabajo de campo del cual pongo el enlace correspondiente al final de la entrada. De hecho, no pensaba incluir estas posiciones enclavadas en la Dehesa de Los Poyales en el blog, pero ya que te hacen el trabajo sucio todo parece resultar más fácil. De primeras hay que dejar claro que los restos de esta zona están bastante deteriorados y rodeados de arbustos. No hay ninguna construcción que destaque sobre otras y la intención municipal debería salvaguardar lo poco que queda o simplemente limpiarlo de tanta maleza. Aunque eso ya es otro cantar en una zona de amplia explotación ganadera.


El punto de inicio parte desde la urbanización Miranieves (Guadarrama) a través de una pista conocida como calleja de los poyales. Quien quiera que sea paciencia, porque hay que andar un buen trecho, poco más de cuatro kilómetros, hasta el primer punto de interés. Un nido de ametralladora fácilmente identificable al estar al lado de la pista de ascensión. Los restos de piedra están bastante dispersos aunque se  mantienen un par de muretes que dan salida a una trinchera que continua ascendiendo casi en paralelo al camino. Detrás de esta pequeña colina apenas quedan algunas oquedades conectadas por trincheras y cubiertas practicamente por arbustos y zarzas. La mejor opción es seguir la linea de la trinchera anterior hacia arriba, donde se supera un pozo de tirador, visible pese a la vegetación, para continuar ascendiendo hasta un muro casi natural y que divide la trinchera en otra pequeña cima alomada. A lo largo del leve cerro aparecen más muros y restos de parapetos. Posteriormente la trinchera gira para cubrir la retaguardia y perderse en una finca particular hacia el norte. El cordal de la sierra se encuentra de frente, donde los nacionales dominaban el Alto de El León y el cerro de la Sevillana. A la mitad se aprecia la estación de La Tablada y un túnel bajos las vías del tren por donde desciende el Cordel del Toril.


Nido de ametralladora con La Peñota de fondo. Nº 3
En este punto viene un pequeño error de la guía. Tras superar el primer lugar de interés, el mapa sitúa el siguiente elemento a visitar justo en el trayecto de bajada del cordel del Toril, pero la vegetación es tan abundante que el supuesto camino se encuentra devorado por la maleza, obligando a un humilde senderista a atravesar la espesa flora con la única orientación del todo recto por si acaso. Una vez superada la particular jungla de la dehesa me encuentro con un roquedal a mi izquierda que me invita a explorar sus aledaños graníticos. Lógicamente aparecen varios restos de muros y abrigos pegados en la roca. Por encima del roquedo descubro una trinchera y un pozo de tirador con algo de hormigón que delatan a este enclave como el punto de visita número tres. La trinchera asciende muy cerca de unas torres de electricidad que sitúan al enclave número dos algo más arriba, también reaparece el cordel del Toril tras los intensos arbustos anteriores para descender hacia las dehesas de Los Molinos. Lógicamente subo hasta la base de la torre donde se encuentra una vivienda como elemento constructivo más notable. La misma trinchera que une ambas posiciones continua bajando hacia el vecino termino municipal, destacando la altura de su hendidura en la tierra pese al creciente afloramiento de la madre naturaleza.

Queda solo por recorrer el ultimo nido de ametralladora destacable. Y a la postre el único reseñable por encima de la media. Se trata de un ruinoso conjunto circular hormigonado y precedido por un muro con tronera. Pegado hay otro acceso semicircular en similares condiciones de ruindad. Momento idóneo para reponerse algo del esfuerzo acumulado y disfrutar de las vistas que ofrece este amplio espacio abierto. De tanto mirar las nevadas
Muro natural con vivienda adosada
cumbres aprecio una trinchera que desciende desde esta posición hacia la pista del inicio de la ruta. Nada nuevo pues hay varias por ahí desperdigadas y que unen las simples elevaciones de terreno. Pero mira por donde que me da por seguir esta trinchera y tras unos cuantos pasos llego hasta un nuevo roquedal que forma un muro natural. Detrás de la roca y de amplias zarzas aparecen varias viviendas que culminan en un amplio pozo parapetado. Esa formación semicircular destierra la posibilidad de que fuese de carácter ganadero, al menos en su origen. La cercanía de la pista de regreso da por finalizada esta excursión bélica en la Dehesa de los Poyales, desandando la calleja inicial para volver a la casilla de salida. Por ultimo conviene detallar que es fácil encontrarse con ganado suelto a lo largo de la dehesa aunque considero evitar a otro tipo de animales durante la temporada de caza. Porque son bastantes 
 los hombres armados que deambulan por este paraje desde octubre hasta enero pegando tiros. Otro pequeño matiz que debería aparecer en la guía municipal como simple advertencia.

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Enlace turístico
PDF Guía

Álbum Fotográfico
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17 de febrero de 2014

Los duelistas

El título de esta película invita a la fácil relación que existe entre dos ámbitos enfrentados. Algo asi como los polos opuestos de un imán o del blanco y el negro. De estos dos colores hay una amplia gama de grises que tienden a convertirse en los necesarios matices que toda obra necesita. En la primera película del director Ridley Scott esta dualidad se sustenta a través de la dupla protagonista, quienes acaparan a su vez los matices del estreno fílmico del británico en Los duelistas. Una historia basada en un relato corto de Joseph Conrad. Porque haberlos haylos pese a la importancia de la envoltura y el cuidado que Scott presta a la imagen. Una característica propia de un autor que ha hecho buena parte de su carrera en la publicidad. 

La película narra el enfrentamiento de dos oficiales del ejército napoleónico a través de diversos duelos de honor. Un primer envite surgido en parte por la estupidez humana, se alargará durante años, creando un sentimiento tanto de necesidad como de odio hacia el rival. El duelo de honor se haya regido por una simple norma de caballerosidad que los necesarios testigos harán cumplir en cuanto uno de los contendientes sufra alguna herida no mortal que lo inhabilite para una lucha en igualdad de condiciones. Hete aquí la regla que extenderá varios años la pelea entre el templado D´Hubert frente al mayor apasionamiento de Feroud. Protagonistas interpretados por Keith Carradine y Harvey Keitel respectivamente. La gracia del asunto queda ligada al próximo envite y al lógico desarrollo de unos personajes que van asumiendo una loca necesidad de matar a su oponente mientras las guerras napoleónicas se recrudecen a lo largo de Europa. Lamentablemente el guión de Scott toma partido por uno de los contendientes. Transformando a D´Hubert en el clásico protagonista de la historia con su semblante sereno y mayor cordura respecto al pendenciero, y seguramente más interesante, Feroud. Y eso que los grillados suelen dar más juego que el correcto héroe, aunque este conserve algunas manchas en su currículo que lo humanice. Esta elección abandona el punto de vista de Feroud, otorgándole la posición del malo de la película. Queda pues contentarse con uno solo y su evolución como protagonista real del filme. 

Y es ahí donde entra la faceta personal de D´Hubert al mostrarnos el lado humano de este personaje hasta su meteórica ascensión a general con vistas a mantener su status tras la era
de Bonaparte. Mostrando también algunas facetas personales que le lleven a replantearse abandonar su enconada lucha frente a su rival por ciertos beneficios que obtiene en vida. Por el contrario, vuelvo a reiterar la falta de una muestra o pincelada del rival de turno, quien queda relegado a la condición de antagonista sin ofrecer cambios que salpiquen algo del odio interno que podría arrastrar hacia el hombre que puso en duda su honor, o por lo menos haberle dotado de algunos tramos donde desarrollar un punto de vista contrario al protagonista. Queda pues suponer como este exagerado alegato del ego le consume por dentro en una época donde los hombres se mataban por mantener intacto ese preciado tesoro que solo ellos mismos conocían.

Por lo menos Feroud asciende paralelamente como su rival, dando a entender que estos lunáticos del honor consiguen valerse por si mismos y hacer carrera militar. Al centrarse la película en su protagonista y en los susodichos duelos, se dejan las guerras del emperador francés en un discreto segundo plano. Ni el presupuesto ni la finalidad del argumento invitaba a explayarse en berenjenales ajenos. Únicamente destaca el pasaje de la fracasada invasión rusa. Incluso ahí, en la mayor de las derrotas y en la helada retirada general, los contendientes son incapaces de enarbolar un simple trapo blanco en su disputa personal.

La película tampoco busca ahondar en mayores inquietudes que las expuestas y se dedica a
poner de manifiesto una de las mejores armas de su director. La fotografía y la hermosa composición de imágenes. Scott es un majestuoso autor de imagen y en Los duelistas iba a debutar mostrando sus dotes como buen empalagador. El cine de época también acompaña a representar escenarios naturales o aspectos tan belicosos como la invasión rusa. A pesar de que los protagonistas son oficiales del vasto ejercito de Napoleón no aparece el emperador ni se cuenta nada sobre el devenir de la historia, centrando la linea argumental en el dueto principal y las secuelas que imponen años de tragedias bélicas.

Los duelistas es un buen debut a pesar de mis querencias personales. Una película que inexplicablemente queda relegada a un segundo plano dentro de la extensa filmografía de Ridley Scott, un director que a lo largo de su extensa carrera cinematográfica aglutina una superficial lista de seguidores como de detractores. Y es que parece que hay quien no se explica como un tipo puede firmar algunas obras imprescindibles como Alien, con otras tan olvidables como El reino de los cielos.



Los duelistas de Ridley Scott
1977

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7 de febrero de 2014

Cualquier otro día

Llevaba un tiempo con ganas de leer alguna obra de Dennis Lehane, autor norteamericano que ha ido adquiriendo cierto renombre tanto en crítica como de público. La elección de Cualquier otro día está basada simplemente en el descarte, ya que el escritor cuenta con varias de sus obras adaptadas al cine para beneficio de su bolsillo. De momento son tres las películas llevadas al celuloide, Mystic River, Shutter Island y la ópera prima de Ben Affleck, Adiós pequeña, adiós. Cintas que ya conozco y que por lógica deseché al conocer el argumento. En cualquier caso el título que hoy ocupa espacio en mi humilde blog parece que pronto cobrará vida más allá de las letras de la mano de unos de mis directores favoritos, Sam Raimi. 

Sin más dilación puedo confirmar que Lehane cumple con creces las expectativas que había ido acumulando en el tiempo. Da gusto empezar el año con una lectura tan gratificante. Cualquier otro día narra un breve período de los EEUU sobre los convulsos años
El libro y el ladrillo de Luther
tras la Gran Guerra acaecida en Europa. Por un lado suma la presión adjunta de la reciente revolución rusa de 1917. Un triunfo del supuesto mundo obrero que amenaza con extenderse al continente americano a través de los explotados trabajadores del primer cuarto de siglo. Si a este importante proceso histórico se le une el auge de la lucha obrera y sindical existentes en Norteamérica junto a los problemas económicos derivados de la I Guerra Mundial, la coctelera resultante es un esperanzador marco dramático donde colocar a los actores de la función, quienes por supuesto arrastran sus propios problemas a añadir a la explosiva mezcla.


Lehane se toma su tiempo. En primer lugar prefiere presentar a sus personajes en un momento determinado de sus vidas para después construir la progresión de las historias ficticias con los problemas reales de la época. El verdadero protagonista de la novela es Danny Coughlin, hijo de un capitán de la policía de Boston y que intenta obtener una placa de oro que le reconozca como el inspector más joven del departamento. Mientras que Luther Laurence es un negro que comparte algo del protagonismo principal. La singularidad de Luther es que se verá obligado a una particular odisea personal que consiga salvaguardar sus pecados del pasado. Ambos personajes principales circundaran por separado hasta el clásico cruce de caminos que avivará las relaciones personales frente al proceso histórico que se desarrolla en Boston. En esta ciudad los policías llevan años soportando unas penosas condiciones de trabajo y con salarios por debajo del indice de la pobreza. La posibilidad de que los agentes de la ley vayan a la huelga es un dato que políticos y terroristas anarquistas evaluaran de distinto modo.

La gracia interna esta en ver la evolución de los personajes por separado, donde ambos cuentan con sus propios problemas e historias alternativas que enriquecen el relato. De estas
Policías con mascarilla
Imagen extraída de Wikipedia
diversas lineas argumentales surgen los necesarios secundarios. Una buena oleada contiene esta novela donde varios de estos secundarios tienen una importancia capital, tan necesaria como generosa a la hora de acompañar la historia vehicular de los protagonistas. Especialmente satisfactoria es el patriarca de la familia Coughlin. Un caramelo sin dudarlo para la adaptación cinematográfica por lo que representa un capitán de la policía de Boston, padre de familia ejemplar y orgulloso emigrante que ha ayudado a construir parte de esa ciudad.


Más allá de hechos y personajes puramente históricos, el escritor sabe tejer una sociedad completa donde abundan las diferentes clases sociales y coloca a sus personajes dentro de un marco lineal de sus vidas. Todos tienen un pasado pero la acción arranca desde un punto inicial que da rienda suelta a la trama principal. Los protagonistas evolucionan a través de abrir y cerrar ciertos episodios importantes. En parte parece que la novela acaba cerrando historias demasiado pronto aunque la intención sea empujar los cambios que se avecinan en la trama. El ejemplo más claro es la llegada de una epidemia en forma de gripe (la llamada gripe española) a Boston y que pronto se explaya por todo el país. Una vez superada esa crisis, el relato, avanza  simplemente porque la vida sigue rugiendo pese a quienes se quedan atrás.



Antes prefería estar en los alrededores de la calle Uno y Admiral con los botones y los criados y los hombres que acarreaban cajas de limpiabotas y de herramientas. Hombres que ponían el mismo empeño en el trabajo que en el juego. Hombres que no deseaban nada más, como solía decirse, que un poco de whisky, una partida de dados y un coñete para hacer la vida más agradable.

Dennis Lehane
Ed RBA 
2008