13 de enero de 2014

Hacia rutas salvajes

El final de 2013 ha sido algo duro. Por un lado la acumulación de trabajo profesional, sumando incluso algunos extras los fines de semana. Tampoco ayudó, para desconectar algo la cabeza, la exigente lectura de Obsesión. De la cual ya escribí suficiente en el anterior post. De esta guisa tan atractiva, me decante por repetir e incluir en el blog un libro que ya había leído con anterioridad. Hacia rutas salvajes de Jon Krakauer. Una lectura sencilla a la par de estimulante. Aunque las vacaciones navideñas me han retrasado en la escritura de esta entrada, perdiendo algo de esencia y de ganas tras acabar la lectura a mediados de diciembre pasado. Capón personal.


Ultima imagen del Street View en la Senda de la Estampida
 Hacia rutas salvajes no es una novela, sino la ampliada recolecta periodística del autor sobre la trágica muerte por inanición de Christopher McCandless. Un joven americano que decidió romper con su vida anterior y que inició un aleatorio peregrinaje por el Oeste americano hasta su fatal resolución en un paraje natural de Alaska. La muerte del joven y la posterior reseña periodística del suceso en la revista Outside suscitó un buen número de comentarios de los lectores y de cierta repercusión mediática. Krakauer, impresionado por las correrías del muchacho y de ciertos paralelismos personales, se propuso ahondar con mayor profundidad sobre los motivos que llevaron a un prometedor estudiante e hijo de una adinerada familia de la costa Este, a cambiar su modo de vida para transformase en una especie de trotamundos durante dos años antes de internarse sólo en Alaska. El resultado de su trabajo es un entretenido libro donde se intentan buscar respuestas al comportamiento y a las andanzas del peculiar protagonista. 


El visible autobús desde Google Earth
El punto de partida del libro nos sitúa en la aventura final, cuando un conductor traslada a un joven autoestopista a una pista de tierra conocida como Senda de la Estampida. Un camino para internarse directamente en tierras salvajes y donde el osado personaje pretende sobrevivir durante un tiempo en solitario. Meses después, unos cazadores hallarían el cuerpo en descomposición del muchacho dentro de un autobús abandonado en el interior del bosque. Tras esta presentación, el autor se embarca en la reconstrucción del camino realizado con anterioridad por el protagonista y en la búsqueda de los motivos que llevaron a McCandless a emprender su particular odisea individual. El amplio trabajo de investigación lleva a conformar un relato bastante dinámico, sobre todo cuando se recorre y se ficciona algo los lugares donde Alexander Supertramp, el alias que escogió McCandless para presentarse al mundo, estuvo moviéndose mediante entrevistas a diferentes personas que se cruzaron en su vida. Algunos de estas personas aparecen en varias ocasiones y conforman parte de la familia nómada de Chris frente a otras ocasionales que aportan simples datos de encuentros y ocasiones fortuitas. También ayuda algo una especie de diario que fue escribiendo, fotografías del propio Chris y la diversa correspondencia que McCandless mantuvo con la gente que se encontró por su camino.

La obra decae algo cuando se intenta acercar a la personalidad del joven buscando comparaciones con otros supuestos trotamundos o soñadores. Como buen trabajo de investigación es necesario este análisis. Krakauer se ve forzado por los diversos comentarios contrarios recibidos a buscar una excusa o complemento para salvaguardar el idealismo de McCandless. Es aquí donde aparece la paralela e interesante historia de Everett Ruess, otro joven intrépido que padeció el mismo ansia de vivir más tiempo en soledad y junto a la naturaleza que en sociedad. El autor por su parte nos relata una experiencia personal que pretende ser un ligero parentesco con la aventura emprendida por McCandless. 



La pregunta ahora sería. ¿Merece tanto revuelo esta historia personal? Resulta obvio decir que el trágico desenlace ayudó bastante a desatar la curiosidad humana. Porque seguramente haya bastantes McCandless desperdigados por el mundo en este momento. Algunos anónimos mientras que otros estarán comunicados y alimentando egos vía Internet. A mi entender y bajo mi estricta opinión personal, la respuesta solo puede hallarse en uno mismo si mientras, se lee la interpretación de Krakauer, algo en tú interior arde, se siente, te relaja o entusiasma. Me cuesta encontrar una palabra más exacta porque básicamente es un sentimiento que cada uno tiene dentro y lo expone como quiera. La verdadera proeza de McCandless fue que un día decidió vivir la vida que él consideraba feliz. Agarró su existencia y la dirigió hacia donde quiso. La mejor explicación la da el propio Chris al amable anciano que intenta acogerlo como un hijo. Gracias, pero no soy un vagabundo, vivo así porque quiero. 



Es en las experiencias y recuerdos donde puede descubrirse el significado auténtico de la existencia. ¡Dios, qué fantástico es estar vivo! Gracias, gracias. 

Alexander Supertramp.

Ningún hombre que conserve alguna huella de la vitalidad de la infancia puede haber olvidado estos sueños
Wallace Stegner sobre Everett Ruess


Hacia rutas salvajes
Jon Krakauer
Ed. B. Bolsillo Zeta

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Articulo de Outside. En inglés

2 comentarios:

  1. Me esta encantando este libro porque hace eco de todo ese idealismo que todo joven deberia experimentar o q al menos yo siento... de no dejar nunca de ser contemplativo frente a la naturaleza, me hace dar cuenta de el poder de la conviccion, de no dejar de creer en los sueños. Me encanta una frase de la carta que le escribe a Franz en donde lo exhorta a ser audaz, a tomar iniciativas para ser feliz y me pregunto si acaso yo me animare a serlo. Quiero pensar que voy a eligir mis horizontes y me gustaria tener esa cuota de valentia para ser quien quiero ser y no quien quieren que sea.

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    1. Muy buena frase final. Esa es la teoría y te animo a que la pongas en practica. Cuando termines el libro deja correr un poco el tiempo para refrescar después la mente con la película que dirigió Sean Penn.

      Gracias por la visita y el comentario.

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