25 de septiembre de 2013

XXXIV Pedestre Popular de Guadarrama


Segunda participación consecutiva en la pedestre de Guadarrama, una prueba deportiva que cumple ediciones al mismo paso que yo sumo años. Para la futura 2014 ambos entraremos en la sección de veteranos, manda narices, esperemos poder participar de todos modos. La carrera de este año me ha dejado un extraño sabor agridulce ya que las sensaciones de la misma no han sido las mejores. Para esta ocasión contaba con la compañía de mi primo Alejandro, quien venía de debutar en los 21Ks deValladolid el domingo anterior. Con 161 inscritos y cambio de horario de la carrera a por la tarde, me planto a las 19 horas en la salida con la firme intención de rebajar el tiempo del año anterior. Empujado por mi primo, nos colocamos algo más avanzados de lo que me suele gustar. Una vez dada la salida Alex sale como un maldito Sputnik, quien sabe hacia donde, y por un instante intento seguir su estela pero rápidamente corrijo el intento para buscar mi propio ritmo. Poco a poco el grupo de corredores se va estirando y llegamos al primer kilómetro donde empiezo a notar una molestia en el bajo vientre, no es flato pero este leve dolor me obliga a bajar algo el ritmo mientras los corredores que me rodean se van yendo poco a poco. Entro en la fase agría.


Como estamos casi al principio intento centrarme y regular para ver si desaparece, pero de aquí a final de carrera la comedura de tarro es casi constante, obviando algo tan importante como "disfrutar" de la carrera. Alrededor del Km 3 se pasa por meta y el recorrido busca un largo tramo de tierra. En esta parte parece que me voy encontrando algo mejor donde incluso alcanzo a un tipo que previamente me había superado. Sin embargo vuelven las malditas molestias y, aunque aguanto en un grupete un rato, nuevamente me veo en la necesidad de aflojar antes de salir del
Los primos
tramo de tierra. Ya en el asfalto se desciende hacia el pueblo pasando por encima de un puente peatonal y dos rectas antes del final. Pero mi cabeza ya no estaba donde debía, apenas queda el ultimo Km y tengo la idea clavada de que voy fatal, vacío y con ganas de terminar cuanto antes. En los últimos metros ni sprinto a los corredores que osan adelantar un mísero puesto, paso de todo, estoy cabreado y en nada ayuda esa pequeña ratonera que la organización ha colocado tras la meta para que los participantes se sienten en los bancos y aligeremos en la devolución de los malditos chips. Que enfado más tonto, ni me siento. Necesito espacio para aligerar las piernas, aire y a desahogar la cabeza en un rincón de la plaza mayor. Al rato vienen unos amigos con su buena intención de felicitarme, también mi pareja Cris, que me animaba en la meta. Toca lo dulce.

Estos amigos me indican que el speaker ha dicho algo sobre que la carrera lleva 39 minutos, mi cara de sorpresa debía ser mayúscula, ya que tiene pinta de que he hecho mejor tiempo que el año anterior. Alejandro aparece algo jodido, reconociendo que no tendría que haber salido tan a saco. Seguro que habría acabado mejor si hubiera regulado algo. También me dice que tiene un mensaje en el móvil del tiempo realizado. Busco el mío donde compruebo un tiempo provisional de 37:43. Me quedo un poco en blanco, como buscando una explicación lógica al rebajar unos tres minutos la marca del año anterior. Más si el año anterior acabé mucho más contento que en esta edición. Tampoco es que importen mucho los tiempos pero todos tenemos algo de amor propio y gusta ver que uno se ha superado así mismo. Relajado posteriormente de la carrera, estos simples datos sirven para hacer algo de autocrítica y aprender de la experiencia vivida. El cierto cabreo personal, por las malas sensaciones, se ha apaciguado algo al constatar que a pesar del molesto dolor, los entrenamientos previos han servido para asentar cierta base. Si al final me planteo distancias más largas y exigentes, debo aprender a tranquilizarme, ralentizar más el ritmo si es necesario y a usar mejor el coco en lugar de estar dándole vueltas todo el rato al supuesto motivo de las molestias. Maldito cabezón. Hasta la próxima carrera.

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Atletismo Guadarrama



18 de septiembre de 2013

Retiro Run

Uno de esos pequeños y tontos placeres con los que se conforma uno es cuando hace algo que le gusta, y encima lo realiza dentro de un lugar simbólico que le otorga un mayor interés personal. Correr por el parque de El Retiro no es nada extraordinario si vives en Madrid o si se acude a participar en alguna prueba deportiva de la capital, pero para alguien que lleva trabajando en Madrid siete años, hacerlo por primera vez tiene algo de sentimiento. Una mayoría de personas asocia Central Park con Nueva York y también asociamos a ese cinematográfico parque con el running. En Madrid hay muchos lugares donde ir a corrotear pero el susodicho parque de El Retiro es sin duda el más reconocible y popular. Cada gran urbe tiene su encanto y más aun en esta época llena de matices personales que rellenan blogs, caralibros y demás redes sociales. 

Convertir esa notable sensación en una costumbre diaria me sirve para hacer un pequeño resumen a mi abandonado plano deportivo. El pasado 16 de junio volvía

nuevamente acoger el hábito de salir a correr de manera más habitual, aprovechando el mayor número de horas de luz, además de las cercanas vacaciones para tener encima aun más tiempo. De este modo calibré la posibilidad de proponerme algún reto de mayor envergadura e imponerme un calendario de entrenamientos. En primer lugar quería disfrutar y repetir en el duathlon de Alpedrete, donde incluso parecía que íbamos a juntarnos unos cuantos amiguetes. Finalmente un viaje familiar a ultima hora trastocó mis planes iniciales. También me planteé debutar en la media distancia de la maratón como previo paso a saltos más ambiciosos, básicamente continuar entrenando y realizar alguna media más para ver como reaccionaba mi cuerpo antes de intentar abarcar la mítica cifra de los 42.195 metros. Incluso había escogido debutar en los 21Ks en la pequeña localidad segoviana de Cantalejo. Eligiendo como base un lugar más bien humilde ante cimas más ambiciosas. Nuevamente el destino ha echado abajo el plan previsto al cancelarse la prueba. 

Sin embargo lo importante es la constancia y no dejarse caer en la vagueza. Para recuperar algo el animo voy a volver a participar en la Pedestre Popular de Guadarrama el próximo 21 de septiembre  así me quito el escaso mono de competición que queda tras el verano. Para terminar en positivo nada mejor que volver al título de la entrada. El nuevo plan es aprovechar ese largo espacio de tiempo libre del que dispongo en el trabajo para disfrutar de una hora diaria corriendo por Madrid y continuar poniendo a punto el motor. Ya tengo el tiempo, el polideportivo cerca del trabajo y el parque de El Retiro a un kilómetro de distancia. El conocido parque de la Fuente de El Berro ofrece pendientes suculentas que ayuden a variar los trazados y la dureza de los entrenamientos. Después de una leve exploración quedan jornadas para delimitar tiempos y distancias, ahora toca ser constante y que la llegada de la próxima estación fría no amilane mi espíritu  Ya veremos más adelante si nos planteamos algún objetivo que se pueda completar.

5 de septiembre de 2013

Tejos del arroyo Valhondillo


No recuerdo donde ostias escuché que si a la historia de la humanidad se la mide en siglos, para la medición del planeta estas centurias son simples minutos, por no reducirlo al simple
El tejo más viejo y amurallado
segundo. Tal vez los seres vivos más antiguos de la península ibérica lleven otro ritmo. Desde luego más pausado del que desearían en estos tiempos de ajetreo. Estos tatarabuelo peninsulares son los tejos milenarios del arroyo Valhondillo, los arboles más longevos de España y que se encuentran resguardados  en un rincón de la sierra de Guadarrama. Aguantando pacientes la numerosas visitas que reciben en esta época moderna donde el ocio senderista crece año tras año. Incluido mi propia persona. Esta visita tenía un carácter especial pues llevaba demasiado tiempo buscando el hueco para poder conocer a estos gigantes. Nada mejor que las vacaciones veraniegas para irrumpir en el bosque en cualquier día laborable para caminar tranquilo en soledad y con Bosco suelto sin derivar problemas.
Bastante temprano llego al km 35 -36 del puerto de Cotos, donde en una curva cerrada hay un pequeño espacio para poder estacionar el coche. En este punto nace una vereda que desciende en paralelo al arroyo Peñalara hasta alcanzar en pocos pasos una ancha pista que desciende junto al arroyo Angostura. Rodeado de pinos, helechos y el rumor del agua saltando entre diferentes piedras y pozas. Siguiendo el curso del arroyo alcanzo el viejo puente de la Angostura y que permite acceder a otra pista paralela al otro lado del arroyo, donde nace otra pista a la derecha en continuo y leve ascenso. Tras una serie de curvas se llega a una cerrada curva hacia la derecha con una fuente de hormigón como hito para señalar por donde ubicarnos. Este giro nace para sortear al arroyo Valhondillo. En esa misma curva hay un sendero que abandona la pista y sube en paralelo al arroyo, fácil del seguir en la espesura donde destacan algunos pequeños acebos. La senda atraviesa el afluente de las Zorras hacia la derecha y la vereda empieza a disiparse poco a poco, sin importar mucho, pues el arroyo sirve como principal guía. Saltando su curso según nos convenga para ascender lo más fácil posible.

El tejo Hermoso
Poco a poco van apareciendo los primeros tejos, jóvenes descendientes de esta particular tejeda escondida donde los pinos intentan ocultar a sus ilustres patriarcas. El primer gran tejo es soberbio, agraciado y enorme. Un gran tronco sostiene una gran copa donde surgen alargadas ramas que parecen pedir su propio espacio de exhibicionismo, mientras otros parientes le rinden pleitesia a su alrededor, adulando a este tejo al que solo me queda por bautizar como el Hermoso. Un poco más arriba se encuentra el ejemplar más antiguo y ligeramente mimado al rodearle un murete, lustre de jardín al más viejo de los bosques españoles. Más de mil 1500 años dicen, incluso 2000 dicen otros, vete tú a saber la edad justa, aunque tampoco importa mucho, se ve al rodear el muro su extenso tronco ramificado, o tocar algunas ramas que se extienden más allá de la recomendación. Junto al vallado una placa pide respetuosamente a los visitantes evitar acceder hasta el árbol para cuidar sus raíces y el terreno donde se asienta. Así que nada mejor que dar ejemplo y retratar al gigante desde la distancia que se nos aconseja. Pues aun quedan tejos alrededor, como otro ejemplar menos afortunado con ramas resecas que aventuran sequedad o enfermedad. Tanta molestia en amurallar a uno solo que bien se podría haber tomado medidas para el conjunto. Como con el tercer gran tejo de la zona aun más arriba, muy cerca del final de la ancha pista forestal que concluye su camino justo en el arroyo. Ahí se encuentra señalado con un hito el tejo Feo, o mejor aun el Superviviente, por encontrarse agarrado como una lapa en la caída de la ladera, su enorme tronco resiste retorcido ante su frágil posición, sujetando la tierra que le otorga la vida, siendo el primero en ser visitado si los excursionistas acceden por la pista forestal que en este caso sirve de salida.

Una vez rendidas viejas cuentas con estos colosos abandono el venerable arroyo Valhondillo,
Trocha de bajada
dejando una posible ascensión hasta su nacimiento para otra ocasión. Mientras sigo por la pista no puedo dejar de mirar hacia la derecha donde los tejos sobreviven en su pequeño rincón, así localizo a otros dos jóvenes tejos algo alejados de sus congéneres, dando muestras de que bien podrían extenderse más allá de su recóndito arroyo, que tengan suerte.

La excursión continua por la pista hasta una bifurcación donde hay una cancela, sigo de frente ignorando el desvío de la derecha. Un poco más adelante nace un pequeño camino a la derecha y aunque no sea tan claro hay que seguirlo a pesar de que se pierda la pista pues reaparece un poco más adelante hasta llegar a una poza natural rodeado de arbustos. Esta claro que me hago mayor porque años atrás no hubiera dudado en calibrar el frescor del agua, sin embargo el arroyo Angostura queda muy cerca y sus cristalinas aguas me atraen más que este pequeño charco situado en la zona conocida como Raso del Baile. Decido pues echarme al raso para tomarme un descanso y dejar el baile para el arroyo de abajo.  

Tras el parón vuelvo sobre mis pasos hasta la perdida del camino anterior y para dejarme
caer sobre la pronunciada pendiente. Enseguida aparece una trocha que desciende con rapidez hasta la pista paralela al arroyo Angostura. Muy cerca del puente se encuentra la poza principal del arroyo ocupada por algunos bañistas, aunque para evitar la posible molestia de mi amable mascota remonto algo el arroyo para encontrar la necesaria soledad de terminar esta excursión con un chapuzón.


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Bibliografía.
Bosques y árboles singulares de Madrid. Andrés Campos. Ed. La libreria


Como plantar un tejo
Trashumando - Plantar tejos
Noticia
ARBA Sierra de Guadarrama

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Mapa