31 de julio de 2013

Gomorra, de Matteo Garrone

Puff, que pereza más tonta me ha dado tras el triste visionado de la película de Matteo Garrone. Una simple exposición del conocido libro de Roberto Saviano sin la mayor profundización o interpretación artística del mismo. Porque Gomorra, la película, padece
el mal de no estar a la altura de un libro relevante de la sociedad occidental. Demasiado respeto hacia una obra tan gratificante como excesiva en los datos que aporta. No descubro nada al incluir que Saviano vive desde entonces con la preocupación diaria de que su cabeza siga intacta sobre sus hombros. La mafia italiana le tendrá señalado de por vida. Esta adaptación cinematográfica ha sido galardonada con diversos premios, una palmadita a la espalda del típico buen rollismo europeo que suele tener efecto cuando se alza un poco la voz. Alguien recuerda la vergonzosa y politizada palma de oro a Farenheit 9/11. Pues eso. Sin embargo toca hablar de la película de Garrone y el lejano punto de vista que adopta, con aires de documental, hacia el sórdido retrato de la vida en las zonas controladas por la Camorra.

El director pretende mostrar una realidad a través de diferentes fragmentos compuestos por otros tantos personajes principales. En ningún momento toma partido de lo que muestra su cámara exceptuando el camino que los protagonistas han tomado. Podría agradecerse que Garrone se limite a filmar lo que ocurre en el sur de Italia donde se dicta la ley del más fuerte. Pero algo falta o falla en su simple posición de narrador, no se implica en las historias de los individuos ni consigue que el espectador se involucre tampoco en los hechos que se nos están narrando. Tan cercano está del documental que bien podría olvidarse la importancia de lo que se nos cuenta, como cuando cambiamos de canal en la franja de informativos. Las cinco historias que componen Gomorra conjugan un buen ejemplo de los actos criminales que se suceden en esta comarca cercana a Nápoles. Un par de jóvenes que piensan hacer su propia carrera delictiva, un chiquillo que se introduce en un clan, un experto modisto que falsifica vestidos de lujo y que trajina con la competencia, una guerra sucia entre clanes rivales con un soso contable entremedias y por ultimo, el negocio redondo de los residuos industriales sobre suelo ajeno.


La película contiene material suficiente para construir una historia de envergadura. Por contra, el director opta por no posicionarse en ningún lado y se limita a dejarse llevar, a retratar una supuesta realidad como si así fuera lo que ocurre en el sur de Italia. Menuda cinta promocional para el turismo. Su vista, que es la que muestra al espectador, se encuentra situada en la lejanía que otorgan sus amplios planos generales y que solo contrastan con la cercana miseria de su cámara al hombro, donde se recrea en algunos aspectos para mostrar lo desagradable. Estos son los negocios de la Camorra y su devastador poder criminal que alcanza todos los estamentos económicos posibles, contrabando, drogas, falsificación, construcción... y un largo etcétera. A Garrone no le tiembla el pulsa cuando expone la muerte y la facilidad con la que se ejecuta. Tampoco con la pose cutre de unos mafiosos horteras y chulos, pero significativamente más peligrosos que los trajeados gánsteres del cine americano.

Gomorra, la película, es una potente cinta visual sobre algo tan cercano que se desarrolla en el sur de Europa. La cruel trama que muestra se queda sin embargo fría como el color de su fotografía. Falta humanidad y conexión con las historias que estamos presenciando al ser una simple exposición de unos hechos que ocurren en una localidad, como Casal di Príncipe por ejemplo, porque la vida allí es como se ve en la película. La denuncia que Saviano describía en su libro queda lejos de la obra fílmica, al ser un mero recopilatorio de crímenes, negocios sucios y dinero, mucho dinero.

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Gomorra de Matteo Garrone
Gomorra de Roberto Saviano
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23 de julio de 2013

Por quien doblan las campanas


Después de un leve acercamiento senderista a los restos de la guerra civil española por la sierra de Guadarrama, ya iba siendo hora incluir alguna novela en el blog sobre el mismo tema bélico. Por quien doblan las campanas de Ernest Hemingway cuenta además con la ventaja de que su argumento se desarrolla en esta misma cadena montañosa. Tan cercana que casi dan ganas de echarse al monte, como los protagonistas de la novela, e intentar adivinar por donde andarían ocultos las ficticias bandas de Pablo o del Sordo. Y es que el autor centra el argumento del libro en esta sierra, con los bosques de Valsain y la ofensiva republicana hacia Segovia como lugares y hechos históricos más destacados. Robert Jordan es un joven norteamericano que recibe el encargo de volar un puente para cortar la comunicación por carretera de los nacionales en cuanto se produzca el ataque republicano. Para llevar a cabo esta misión, Jordan se internará en los pinares de la sierra de Guadarrama, donde deberá contar con la ayuda de partidas de milicianos que sobreviven en el bosque realizando pequeñas emboscadas contra los sublevados. La voladura del puente y los riesgos que conlleva planeará sobre las cabezas de los personajes a través de tres días completos. Tres complejos e intensos días donde el protagonista deberá superar diversas dificultades y donde también hallará el amor en María, una joven rescatada por los milicianos.

Lo mejor del acercamiento de un extranjero sobre la fratricida guerra civil, es su independiente punto de vista, además de la propia experiencia personal de su

autor, adquirida como corresponsal de guerra. A pesar de la clara postura antifascista del mismo Hemingway, al escritor no le tiembla el pulso al describir que malnacidos hay en ambos bandos, ahondando más en el lado republicano donde estaba instalado y donde convivían exageradas propuestas ideológicas, llevadas al extremo y a la desfachatez de la cordura. Anarquistas, comunistas y derivados enfrentados entre ellos a pesar de que el enemigo estaba al otro extremo de la trinchera. Por otro lado esta la propia novela y su resultado desigual. Por quien doblan las campanas contiene buenos pasajes pero no termina de finiquitar ni de cuajar en toda la obra, normalmente se pierde parte del interés en algunos tramos, como la excepcional matanza que describe Pilar en su propio pueblo. Cabe destacar que la amplia descripción no solo sirve para acentuar la violencia primitiva del hombre, sino que también alarga un hecho que Hemingway subraya en exceso, prolongando un capítulo donde muestra el salvajismo ibérico de los primeros compases de la guerra.

El libro arranca con el protagonista, que es conducido hasta una conocida banda liderada por Pablo, un singular personaje que ha perdido el valor que le llevó a asolar terreno nacional. Sin embargo no ha perdido la cabeza, aunque trate de emborronarla constantemente con vino, y enseguida se da cuenta de que la misión del dinamitero americano es más peligrosa de lo que aparenta. La novela contiene un alto interés personal, al destacar los personajes dentro del vasto paisaje de los pinares. El amplio marco natural es acompañado por la agreste personalidad de los individuos que conforman los milicianos. Empezando por Pilar, gitana y mujer de Pablo, tan malhablada como entregada a su causa. La vertiente femenina continua por María, la mujer por la que Jordan hará temblar el mundo, quizá el personaje más flojo y con un proceso de enamoramiento tan infantil al principio que el supuesto flechazo queda bastante diluido entre ambos a lo largo de esos días. El resto de la milicia esta compuesto por un buen conglomerado de secundarios que aportan veracidad, fuerza y aristas al conjunto de la novela.

Por quien doblan las campanas es una buena novela que carece de ese punto extra para convertirla en imprescindible. Destaca particularmente en los momentos de mayor acción, la descripción de las batallas y las peripecias que se ven obligados a acometer diferentes personajes. También me encanta la elaboración de los ambientes tensos entre los protagonistas, normalmente entre Pablo y Jordan sobre la misión del puente y el parecer de cada uno. Dominando Hemingway hábilmente estos pasajes donde la lucha de gallos parece llegar siempre a puntos extraordinariamente calientes. Sin embargo falta algo, el remate o la excelsa continuación en otros ámbitos. El libro no consigue engancharme del todo, hay baches pese al buen cumulo de problemas y soluciones. No se consigue cerrar bien todo lo que se toca y esa falta de punch hace perder parte de la grandeza de una buena novela que no llega a cotas más altas.

 

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¡Alto! ¿Quién Vive?. - Oyeron el ruido del cerrojo de un fusil que era echado hacia atrás y luego el golpeteo contra la madera al impulsarlo hacia delante.

- Somo camaradas- dijo Anselmo

- ¿Qué camaradas?

- Camaradas de Pablo - contesto el viejo. ¿No nos conoces?

- Sí - dijo la voz -. Pero es una orden ¿Sabéis el santo y seña?

- No, venimos de abajo.

- Ya lo sé - dijo el hombre de la oscuridad -; venís del puente. Lo sé. Pero la orden no es mía. Tenéis que conocer la segunda parte del santo y seña.

- ¿Cuál es la primera? - pregunto Jordan.

- La he olvidado - dijo el hombre en la oscuridad, y rompio a reír.


 

Por quien doblan las campanas.
Ernest Hemingway
Ed Debols!llo

 

13 de julio de 2013

El puerto de El Berrueco - Peña Blanca

... a porto del Berroco qui dividit terminum Abulae et Segoviae usque ad portum de Loçoya am ómnibus intermediis montibus...
... el puerto del Berrueco que divide términos de Ávila y Segovia, hasta el puerto de Lozoya, con todos sus intermedios montes y valles...

Concesión de Alfonso VII en 1152 al Concejo de Madrid.

berrueco

1. m. Roca, peñasco granítico.
2. Tumorcillo del iris de los ojos



Hace ya tiempo que este puerto ha caído en el olvido y superado por nuevas vías de comunicación. Incluso ha sido relegado a la condición de simple collado, llamado de Hornillo, al mediar entre Cueva Valiente y Cabeza Líjar como cumbres más elevadas. Un destacable
Peña Blanca - antiguo Berrueco
número de caminos surgen de esta antigua cima con la pista forestal que une el Alto de El León con Peguerinos como vía más destacable, y también como mediana entre las sierras de Guadarrama y de Malagón. Es el propósito de esta ruta circular, recuperar algo de la memoria a este antiguo paso medieval, camino de pastores y ganado trashumante donde formaba parte de la Cañada Real Leonesa, indicado como GR88 en la actualidad. Tras un leve madrugón dejo el coche en la primera calle del municipio de San Rafael, colonia de El Espinar, según desciendo de el Alto de El León a mano izquierda. En esta calle hay espacio suficiente para aparcar en batería, justo enfrente de un panel de una ruta local hacia el mirador de la Peña del Águila, que incluiré en parte en el paseo de hoy.
 


En esta misma calle hecho a andar por la parte asfaltada que en realidad es una pista forestal que une ambas poblaciones. Con el bastón en la mano y mi perro ovejero como compañía solo me faltan las merinas y un disfraz acorde para trasladarme en el tiempo y concordar con la utilidad de este puerto. Tras pasar unas cerradas curvas se llega a la fuente de la Virgen de las Nieves y detrás hay un camino que invita a adentrarse
Tramo empedrado
por fin en el pinar. En poco tiempo aparece un ancho claro en el bosque, a modo de anécdota es donde se rodó gran parte de la película El laberinto de el fauno. Cruzo esta pradera y surgen las primeras dudas al no estar indicadas las franjas del GR, no importa, hay varios caminos que finalmente confluyen más adelante, incluso en un cruce veremos un poste de la ruta local, camino a evitar por tanto, o simplemente escoger la senda de la derecha según dejamos atrás la pradera del fauno. El camino correcto va en paralelo al arroyo Mayor, aun con buen torrente a pesar de estar a principios de verano. El ascenso contiene algún tramo con algo de desnivel pero se hace sencillo subir, solamente otros tramos empedrados intentan bachear el paso. Curiosamente mi mente salta y fantasea sobre estas piedras y que formasen parte del antiguo camino medieval, mudas al paso del tiempo y colocadas casi ordenadamente. Dejo de soñar y acelero el paso hasta un vallado que separa la provincia segoviana de la abulense, después otro tramo empedrado y vuelta a soñar... Prosigo el ascenso dejando que el arroyo se lleve locas ideas hasta encontrar alguna franja roja y blanca del GR que sobrevive al paso del tiempo, además de corroborar que vamos por buen camino.


La subida confluye finalmente con otro sendero que viene recorriendo la ladera, será el camino de retorno, esta unión culmina en una ancha pista forestal pero el camino del puerto sigue recto y por lo tanto lo seguimos. Ahora si que toca superar el tramo más duro, empinado y abrupto hasta que finalmente se completa la ascensión al Puerto del Berrueco. Conocido hoy día como Collado Hornillo a 1637 metros. En este collado se entrecruzan varios caminos, nada más llegar a la cima dos sendas se pierden por la derecha, hacia Cueva Valiente. De norte a sur y reconocible por el asfalto en el lado castellano, la pista que une Peguerinos con el Alto de El León. El GR88 continua en ascensión hacia el cordal del cerro de La Salamanca, donde al otro lado de la montaña existía un poblado medieval llamado Herrería del Berrueco. Nada que añadir a la denominación del nombre salvo completar esta excursión con la susodicha mole granítica que tan alegremente ha ido prestando su nombre. Para ello toca descender algo por la pista asfaltada hasta la primera curva que gira a la izquierda. En ese punto nace un agradable sendero que recorre la ladera. En algunos troncos prevalecen algunas marcas amarillas que designaban el sendero aunque el tiempo ha ido ocultando estas huellas, no importa, la senda se sigue fácilmente hasta una división que separa en dos el camino a recorrer, tiramos de ideología hacia una breve ascensión por la izquierda, seguido de otro leve descenso. La senda desaparece en un conjunto de grandes rocas que hay que rodear guiado por los hitos.

En un momento uno se detiene dudando si ha traspasado algún atajo y nos
hubiéramos colado en algún rincón perdido de La Pedriza, tal es la aglomeración de moles graníticas que El Berrueco sobresale del resto al final de esta línea rocosa. Tampoco esta roca ha perpetuado su nombre, mutado al contemporáneo término de Peña Blanca, quedando su antigua denominación y la supuesta valija de oro que el diablo depósito en su cumbre, en viejas historias que contar en su base mientras reponemos fuerzas. Aunque Bosco prefiera no perder de vista las viandas que saco de la mochila bajo una sombra, pasando completamente de mis relatos y del maravilloso paisaje de Pinares Llanos. Concluida la subida al puerto y a la efigie que gustosamente cedió su nombre, toca regresar al punto de salida. En primer lugar hay que vuelvo por la misma senda hasta la citada curva asfaltada. En el trayecto pierdo algo el tiempo intentando fotografiar algunas mariposas que me confunden con un antiguo propósito de retratar a la supuesta especie autóctona Graells Isabelae, pero esa es otra historia. También oteo el vecino cordal, donde el GR88 se une al GR10, marcando una X a próximas visitas bélicas. Una vez alcanzada la pista forestal vuelvo al collado del Hornillo, aunque se me ha pasado señalar la existencia de una fuente por debajo de la curva anterior por si a alguien le hiciese menester rellenar la cantimplora.


En el Hornillo hay una ancha pista paralela a la ascensión anterior donde una cancela evita el paso de los vehículos, la tomamos por ser más cómoda aunque menos directa que la anterior trocha de subida. Ahora toca disfrutar del paseo a paso ligero y sin castigar tanto pies y rodillas. La pista se cruza nuevamente con el camino por donde subimos anteriormente, bajamos por esta senda hasta la anterior bifurcación, solo que en este caso seguiremos por la derecha para evitar pasar nuevamente por donde ascendimos. Este nuevo ramal nos lleva hasta una valla con su correspondiente compuerta. Nada más traspasarla y a unos veinte pasos a mano izquierda se encuentra el mirador de la Peña del Águila. El culmen de la ruta local del principio es un coqueto balcón que muestra buenas vistas de esta parte del pinar y de la planicie castellana al fondo. Había un panel que mostraba los nombres de las cumbres lejanas, como La Mujer Muerta y de otras montañas. Así como toda clase de bichos que habitan estos lares. A fecha de esta entrada el panel es solo un lienzo a la espera de recuperar sus perdidos colores.



Marca del GR
Tras una leve pausa vuelta a la senda anterior y continuo por este ancho camino, casi en horizontal, que recorre la ladera de Cabeza Líjar y sin atender a otras variantes que nos invitan a descender rápidamente. Sin embargo el trazado elegido es el de la ruta local que lleva hasta el mirador anterior. Cada cierto rato encontraremos los postes indicativos de la ruta, algunos partidos o en el suelo, mientras prosigo el agradable paseo bajo la sombra de los pinos. Finalmente se llega un cruce de caminos, donde ahora sí, el trayecto correcto es seguir el primero hacia la izquierda. Ayuda a ubicarnos algo la cercanía de la nacional VI y el sonido de los coches, a donde llegaríamos si continuásemos de frente. El camino de la derecha asciende hasta el collado de La Gasca. Poco a poco el descenso se va haciendo más pronunciado hasta que se alcanza una cancela, se sobrepasa y un pequeño puente se eleva sobre el arroyo Mayor para dejarnos alegremente en la calle donde iniciamos esta pequeña ruta circular con una perdida piedra como protagonista. 

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Albúm

Pano Berrueco
Pano Mirador Peña de El Águila

Bibliografía. Caminos del Guadarrama, José Carlos Rodríguez Lafuente.
Ed. Desnivel
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3 de julio de 2013

Sin nombre


Suele ser habitual que algunas cintas independientes destaquen por encima de otras películas y se conviertan en pequeñas joyas que animen algo el cotarro cinematográfico. En este caso en 2009, con la ópera prima de Cary Joji Fukunaga,
cuyo primer filme arrastraba cierto aroma de buen cine. Contaba también con el empuje de los premios en el festival independiente de Sundance al propio director y a la fotografía. Sin nombre sumaba razones suficientes para quitarla definitivamente del numeroso listado de películas que tengo que ver y que uno va engordando hasta que por fin cumplo con el visionado. Lo malo de las altas expectativas es que perjudiquen a la cinta en el futuro, sobre todo sino se trata de una obra maestra que confirme las buenas predicciones anteriores. Sin nombre es una buena película que anda por encima de la corrección, sin embargo no llega a alcanzar cotas más altas. Y eso que contiene material del bueno, con un tema tan de actualidad como es la inmigración ilegal. El peligroso viaje donde miles de personas se aventuran cada año en búsqueda de un porvenir mejor.

La estructura de la película contiene dos historias independientes que terminan por confluir en ese viaje que es la vida a lomos de un tren. Ambos personajes principales huyen por distintas razones hacia adelante. Por un lado la adulterada idea de una oportunidad en la rica vida occidental frente al desesperado lamento del amor perdido. La película esta compuesta por adolescentes que tienen que crecer por fuerza ante la dureza del lugar donde han nacido. Sayra (Paulina Gaitán vista hace poco en The River) es una joven que inicia su particular camino hacia el sueño americano junto a su padre y a su tío. Abstraída y firme ante la oportunidad de mejora a través de los peligros de las selvas naturales y humanas que se forman alrededor de las estaciones de trenes. El personaje masculino, Casper (Edgar Flores), será quien dé un vuelco a la trama. Su vida forma parte de esa organización tribal que es la mara. La básica necesidad humana de asociarse a otros seres de su especie para encontrar socialización y refugio es llevado al extremo por este peligroso grupo que convive con la violencia como medio de vida. Interesante introducción hacia algo tan desconocido como estereotipado para quienes vivimos ajenos a esta realidad.




La unión de ambos personajes añade complejidad y drama al ya de por si complicado viaje a través de México. Con un buen guión que dota un notable significado a ciertos elementos u objetos, como la cámara fotográfica de Casper y rico en detalles externos, tan pronto se apedrea a los inmigrantes como se les regala comida por su valiente odisea. Peor se desenvuelve con el tema principal, al contener varios tramos previsibles, más bien básicos que son también culpa de la conocida fórmula de cerrar las historias en círculo. Smiley como aprendiz frente al maestro es el ejemplo más claro. Mientras que por otro lado la relación entre Sayra y Casper no termina de cuadrar, ni tampoco se hace tan veraz como se muestra ni resulta tan creíble como debiera ser. Fukunaga se posiciona y denuncia un problema tan grave de la actualidad como es la inmigración, a través de una historia intima que no cuaja en pareja y que se ve perjudicada por los demonios que arrastran los personajes por separados. Más interesantes en sus historias anteriores que juntos, cuando terminan por cerrar la historia que les ha unido con anterioridad. Pequeñas lagunas que no desmerecen el conjunto global de una notable película, que ha servido como una buena carta de presentación para su autor. Todo un lujo y un reconocimiento para quien escoge un tema como este para mostrarse al mundo.

Sin nombre de Cary Joji Fukunaga
2009