20 de febrero de 2013

Asesinato en el Orient Express

No es este un genero que me entusiasme demasiado, pero la variedad esta en el gusto y de vez en cuando es necesario desintoxicarse un poco y cambiar hábitos de lectura. La elección de Asesinato en el Orient Express se debe a simple vaguería, una novela corta para fulminar rápidamente el mono perdido de abrir un libro de manera diaría. Para colmo vi la película hace un tiempo, así que a la hora de adentrarme en este particular cluedo férreo, mi mente simplemente se despista en colocar al reparto cinematográfico con los personajes impresos de la novela. Sean Connery es el coronel, Anthony Perkins como McQueen, Vanessa Redgrave como.... mierda. La asistenta sueca o la princesa? No consigo recordarlo y encima la supuesta magia o interés de esta obra ya está perdida de antemano al conocer perfectamente la resolución del misterio. Y entonces ¿para qué?? Pues la vaguería, la vaguería. Aunque bueno, tampoco está de sobra conocer la obra en su origen.
 

La novela arranca con el detective, Hercule Poirot, quien tras resolver satisfactoriamente un caso en Siria, se embarca en el famoso tren Orient Express para regresar a Europa. Sin embargo, en el transcurso del viaje se comete un extraño delito que necesitará de la habilidad del detective belga para poder resolver el crimen cometido. Aquí es donde radica la gracia del asunto, hacer participé al lector de la complejidad del asesinato, conocer las mismas pistas que nuestros protagonistas e intentar descubrir que sospechoso es finalmente el asesino. Incluso el buen detective continua con su reto realizando algún que otro resumen y haciéndonos participé de sus avances. En este caso la gracia del asunto ya está resuelta en mi caso, aunque tampoco podría explayarme más pues siempre considero que la escritora inglesa hace trampa y me pone nervioso tanta prueba, tanta sospecha o el simple buen criterio para desvelar misterios. No son de mi agrado o por lo menos no lo considero un juego que me atraiga en exceso.

Así pues, solo nos queda la escritura. Y es en este lugar donde realmente se puede disfrutar del buen manejo de la escritora. Una cuestión personal es que me encanta ese lenguaje refinado y repleto de buenos modales, donde las inquisiciones más hirientes toman forma de celebres sentencias. El libro se lee de corrido, gracias a un estilo directo donde imperan los diálogos entre personajes. Obviamente la investigación requiere tomar declaración de los testigos y posibles culpables en ese juego exquisito que propone la autora. La idea es muy buena, todo hay que decirlo, en el transcurso de ese viaje en tren de sobra conocido, encerrando a los múltiples personajes junto a reducidos espacios entre compartimientos y el vagón restaurante como únicos escenarios. Todo junto para construir la atmósfera adecuada que acompañe el misterioso asesinato cometido. Un espacio recluido que ahonda la fatalidad y que suma además la detención del tren por la acumulación de nieve.

Agatha Cristie es una reputada escritora de la literatura occidental, nada nuevo sobre esta señora denominada como la maga del suspense por su habilidad de tejer complejos actos criminales que derivan en la consecuente investigación y resolución por parte del protagonista. En esta ocasión su famoso detective Hercule Poirot. Un singular personaje que tiene una habilidad especial para evaluar los diferentes prismas que suelen acompañar a esta serie de tramas. Nada más que añadir a una agradable lectura, rápida y correcta sobre los malabares de asesinos y detectives. Tan agradables para mucha gente que sin embargo adolecen de perder todo interés una vez descubierto el misterio. ¿O alguien puede volver a ver por ejemplo El sexto sentido como la primera vez? El encanto se pierde, y apenas puede encontrarse motivos en repetir está lectura.


¿Recuerda que bromeamos sobre aquello de recostarse y reflexionar? Bien, pues voy a poner en práctica mi sistema ahora mismo y ustedes me imitarán. Recostémonos y reflexionemos. Uno o varios viajeros mataron a Ratchett. ¿Cuál de ellos?

Hercule Poirot

Aghata Christie

Ed. El País
Serie Negra

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