27 de enero de 2010

Los hijos del capitán Grant

He tenido una dura semana de trabajo que me ha impedido actualizar la entrada dedicada a Verne. Después del agradable sentimiento que me dejo la lectura de "La isla misteriosa", no había otra opción que seguir con Verne y nada mejor que con el principio de esta singular trilogía.

Los hijos del capitán Grant: Camino de la aventura

Retomo la lectura con cierta avidez, mis recuerdos infantiles me llevan a la confusión de creer que "Los hijos del capitán Grant" era una novela noña e infantil. Después de devorar las primeras páginas me percato de mi mala memoria. La acción nace cuando Lord Glenervan al bordo de su barco, el Duncan, se hace con un extraño mensaje dentro de una botella que se encontraba en el interior de una especie de escualo. El mensaje que se haya en su interior esta escrito en varios idiomas con numerosas perdidas en frases y palabras, la unión de los textos en diferentes idiomas marca el destino del capitán Grant, componiendo el problema de su ubicación exacta y dando así, pie a la aventura. Los hijos de Grant acuden al Lord y este, loable y noble, decide partir en búsqueda del capitán según las diferentes interpretaciones que van dando al mensaje cifrado.

Así nace la aventura que se desarrollará en América del Sur, Australia y los mares del Pacífico. En este caso me gustaría destacar el desarrollo de los personajes que Verne dota a esta novela al sumar un buen número en esta aventura. Lord Glenervan, lady Elena, el sobrio McNabbs, el delirante Santiago Paganel, el capitán del Duncan, John Mangles, los rudos marineros, el propio cocinero Oblinnet, la figura de Ayrton (Ben Joyce) y por supuesto los hijos, Mary y Roberto Grant. A todos estos personajes, Verne los emplea de manera brillante, es difícil mantener una linea ascendente sobre los personajes secundarios, y más aun cuando los personajes son tan numerosos.

Lo más fácil es hacer brillar a los personajes principales pero Verne consigue hacernos interesantes a todos y cada uno de los personajes que aparecen a lo largo de la novela, incluyendo unas sugerentes subtramas que dan vigor al conjunto, como el acercamiento romántico entre Mangles y Mary Grant, alcanzando su cúspide cuando Mary le pide a Mangles que si tiene que morir, que sea la mano de quien la ama, antes que caer sobre los indígenas caníbales que les tienen retenidos. Otro ejemplo es el marinero Mulrady, herido de muerte por la banda de Ben Joyce en Australia, el buen marinero acompaña a su señor por todas las situaciones posibles, su grave herida ayuda a crear el desasosiego al resto de aventureros en su afán de llegar a la costa, el lance de Mulrady ayuda al conjunto de la obra a pesar de ser una figura menor.

Sin embargo, los personajes de Paganel y McNabbs son la guinda del autor, el despistado y charlatán geografo francés frente a la tranquilidad y sobriedad del escocés. Julio Verne consigue los mejores párrafos y diálogos cuando estos dos personajes se encuentran de por medio, literalidad pura, algo tan sano que se disfruta leyendo y consigue arrancarnos la sonrisa en muchas ocasiones.

Lo mejor de "Los hijos del capitán Grant" es su indudable sencillez de introducirnos en la aventura, dentro de la acción y encadenando situaciones memorables, en especial cuando la búsqueda se desarrolla en América del Sur, Verne nos guía de manera excepcional a través de los Andes, el condor, el indio Thalcave, los lobos rojos, la inundación de la Pampa,... una cosa detrás de otra, pim pam pum, acción y aventura.

Sin embargo, también noto los peores momentos de Verne, su manía educativa o excesiva sabiduría. Ya me ocurrió con "La isla misteriosa", cuando aprovechaba a Cyrus Smith para explicar obstinadamente la creación de todo tipo de artilugios aprovechando la naturaleza para la supervivencia de los náufragos (el ascensor, el telégrafo...), con "20 mil leguas de viaje submarino" será peor y los desgranaré en la próxima entrada.

En esta novela, Verne se dedica a explicar en más de un capítulo completo, a los exploradores reales de las aantípodas con fechas y nombres que retrasan lo verdaderamente importante, la acción de nuestro aventureros. Esta merma considerable no resta valor al conjunto de la obra, aunque la entorpece de manera directa en la linealidad de la acción. Estos capítulos se podrían suprimir sin ninguna duda ya que nada aportan a lo que realmente nos importa.

La linea argumental lleva a los personajes a buscar erróneamente al capitán Grant en América del Sur, una reinterpretación posterior les llevará hasta Australia, donde surgirá el misterioso Ayrton, contramaestre de la Britannia, el buque de Grant. Pero Ayrton se ha transformado en un peligroso criminal, Ben Joyce y urde una trama a nuestros protagonistas para hacerse con el buque del Lord. El resultado será la llegada de los aventureros a las peligrosas costas de Nueva Zelanda, donde los indígenas se encuentran en medio de una guerra contra los invasores ingleses. Ayrton es desembarcado y abandonado en la isla de Tabor, donde doce años más adelante será rescatado por los personajes de "La isla misteriosa" y donde el criminal se redimirá. Grant es rescatado finalmente.

Verne completa una excelente novela de aventuras, lo malo es que empiezo a verle la flojera al autor o a mi propia opinión, la excesiva descripción del entorno o la historia de elementos ajenos al argumento de la novela, No ayudan ni enriquecen, en mi opinión solo lastran, una pena aunque no le resta merito a esta novela. "20000 leguas de viaje submarino" sin embargo se llevará la peor parte.

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