2 de octubre de 2009

Fortines, parapetos y trincheras: La Jarosa



Es curioso ver los vaivenes que da la vida, en un reducido espacio de tiempo unas simples fortificaciones dispersas por la sierra de Guadarrama me han ido acechando de diversas maneras. En primer lugar porque siempre han estado ahí, tan cerca de mi vida que incluso un antiguo bunker fue derribado al lado de mi casa para que un vecino se construyera un pequeño palacio en pleno centro de Guadarrama. En un futuro intentaré encontrar alguna fotografía de ese fortín que fue presa de la piqueta y que estaba situado muy cerca del centro cultural La Torre.
Ya en la actualidad, un buen amigo, Ina, me indicó que había estado haciendo fotografías a diversos restos en La Molinera (camino que une el pueblo de Los Molinos con el Alto del León), y acordamos ir hasta el collado de La Sevillana a fotografiar unos esplendidos fortines.

Pocos días más tarde, otro amigo Carlos Matés y yo fuimos juntos a la marcha de MTB en Colmenar del Arroyo organizado por el club el Lanchar. Después de apreciar el magnífico bunker que hay en esta localidad y los que están en la entrada de Navalagamella mi interés se fue incrementando. El pasado lunes 21 de septiembre de 2009, fui a una librería para recoger un encargo, y ahí, en un estante esperándome estaba “Senderos de guerra”, de Jacinto M. Arévalo, editorial La librería.

En este completo libro vienen veinte rutas históricas por la sierra de Guadarrama con sus correspondientes fortines y parapetos. El colmo del destino se completó el miércoles 23, cuando en mi trabajo me cambiaron el horario y me dieron la mañana libre.

Interesante cuestión, ¿Qué hacer?


Explorando La Jarosa.


Nada mejor que empezar por el jardín de mi casa, el pinar de La Jarosa se encuentra enclavado entre la autopista de la A6 y el Valle de los Caídos, un pequeño pinar que me sigue guardando secretos. Comienzo subiendo hacia el embalse por el tradicional camino asfaltado, en un santiamén enlazo con la subida de Pío1 y llego al primer punto del día, la zona más adelantada del frente nacional, una posición denominada como Arjimiro. Justo antes de un cruce de caminos con dos depósitos de agua. En un primer momento me desilusiono un poco, no veo nada reseñable salvo unos simples parapetos y un corrimiento de tierras (trincheras) bastante oculta por la vegetación.


Vuelvo a la bicicleta y continuo la ascensión dando la espalda al cerro de la Viña, donde supuestamente hay más restos pero que obvio al indicarme el libro que podría intentar localizar algún resto, prefiero adelantar y aprovechar la mañana. Para hacer el recorrido más entretenido tomo una veredita que me lleva hasta el principio de la pista2 que me lleva al puerto de Guadarrama. Tras solventar un pinchazo asciendo unos 400 metros para desviarme en una revuelta a izquierda que me lleva hasta la segunda parada, un magnífico puesto de mando, bien conservado. A este punto se llega al seguir una trinchera en línea recta, además quedan restos de algún muro y un barracón. Este sitio no está nada apartado y me sorprendo de no haber conocido el emplazamiento de este bunker con anterioridad.


Hechas una serie de fotos y tras apreciar el vuelo de un búho, al que seguramente debí molestar con mi presencia, sigo ascendiendo hasta la Solana de la Teja, buscando resquicios entre el cortafuegos y algunos muros que me hacían dudar sobre su uso o procedencia. Nada, busco pero no hallo, no importa decido bajar por la misma pista hasta que observo restos de construcciones a mi derecha. Descabalgo de mi montura y me interno en el cuarto punto de la ruta, poco a poco dentro del bosque.


En un primer lugar veo un montón de restos de construcciones, dudo de si serian antiguas viviendas para el ganado o barracones de soldados, según voy descendiendo el número de edificaciones se amplia y un largo socavón(trinchera) enrevesado me lleva hasta los restos de un puesto defensivo con el techo semihundido y con la tronera dispuesta para vigilar el collado. Sin duda este punto estuvo bien ocupado y custodiado. Lo malo es que los pies empiezan a protestar, llevo puesto las zapatillas de la bicicleta y las calas no ayudan a botar entre rocas ni abrirme paso por zonas escarpadas.


Más fotos y me dejo caer hasta la pista forestal asfaltada para pasar ahora a buscar las posiciones republicanas. Después de un leve rodeo cruzo el arroyo3 que servía como marca fronteriza entre los frentes para subir por una pista mil veces transitada.

Cuantas veces habré bajado por el cortafuegos que desciende de La Salamanca y más aun por el sendero que surge entre jaras tras una pequeña pradera y que nos lleva directo a los Subibajas, estoy aburrido de pasar por este sitio pero hasta ahora no lo había visto de esta manera, comienza la búsqueda, parapetos y trincheras bastante derruidos por la zona del cortafuegos, subiendo un pequeña loma y rebuscando pero hay un fortín que se me oculta, doy un par de rodeos, miro y remiro pero no lo encuentro, queda apuntado para otro día mientras descanso un poco con una vista preciosa del embalse de La Jarosa. La Peñota y Siete Picos irrumpen desde otro punto de vista. Hace un día estupendo y la jornada lo merece.

Bajo por el sendero4, no tan rápido como otras veces, ya está claro que voy más pendiente del horizonte que de las ruedas. Cruzo la pista ancha de los Subibajas y a la izquierda persigo una trinchera hasta que el arbolado me exige volver al modo senderista, hay un montón de bloques de piedras. En este último punto busco unos parapetos en forma de media luna y restos de barracones, doy vueltas, bajo, subo, a un lado y a otro hasta que me doy cuenta que lo tengo delante de las narices.

Las piedras, los árboles y la vegetación le confieren un esplendido camuflaje. Los muros están muy bien conservados aunque con abundante vegetación en su interior. Los huecos marcados y con ladrillo en su base, la naturaleza ayuda al darle un toque romántico a estas viejas construcciones.

Mi ruta se acaba, pero antes debo volver a encontrar la bicicleta, eso de dejarla por ahí tirada… la verdad es que me desoriente un poco después de tanto merodear, simplemente no recordaba donde la había dejado pero muy lejos no andaba. Finalmente remonte los Subibajas, llego a la encrucijada de caminos con depósitos de agua para dejarme caer por la vereda paralela a Pío, luego hasta casa con apenas 16 kms y un buen dolor de pies, las calas no están hechas para caminar, pero encantado de conocer aun más este paraje que tan cerca tengo de casa.

Se oyen chocar las balas contra la tierra
pero yo río
y saco de mi armónica cantos de guerra
llenos de brío
Piedra… Cemento… Troncos…
¡Dadme tormentas de fuego y de metralla!
¡Suenen los roncos
Estampidos, que suenan en la batalla!
Nada hay que mida
La cantidad inmensa de mi contento,
Porque alguien puso, entre ellos y mi vida.
Troncos… piedra… cemento…

Gonzalo Blanco, Batallón alpino. Poema destacado en el libro. A mí también me parece perfecto.

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1La subida de Pío es el nombre popular que recibe el tramo asfaltado que sale justo al final del muro del embalse. Hay una señal de tráfico en su inicio y una cancela unos metros más adelante que impide el paso de vehículos justo en la entrada de una finca ganadera.
2 Hay un cartel de la Comunidad donde las letras han desparecido.
3 Arroyo de La Jarosa, según el libro era la frontera natural de los frentes.
4 Este sendero esta en dirección sur partiendo desde el cortafuegos. Hay un pino seco (gris) en su inicio.

Álbum Fortines de la Jarosa